viernes, 12 de abril de 2019

Assange, detenido. ¿Y ahora qué?

Ayer fue detenido Julian Assange. Tras la deriva seguida por el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, ha resultado lógico. Desde el primer día de su mandato empezó a alejarse de lo que había sido la conocida como "revolución ciudadana", con el presidente Rafael Correa al frente. Desde entonces todo ha sido un cúmulo de decepciones y entre ellas, su acercamiento a EEUU y apoyando su política exterior. Y lo ocurrido ayer forma parte de ese nuevo rumbo.

Detenido Assange, tiene por delante tres contenciosos en tres países diferentes, dos de ellos con la amenaza de la extradición. El primero, en el propio Reino Unido. Siendo el menos grave, con una acusación por haber quebrantado la libertad provisional, de las autoridades de este país depende lo que pueda ocurrir en los otros dos. En el segundo, Suecia, tiene pendiente acusaciones de acoso sexual a dos mujeres, algo que, desde un primer momento, tiene visos de ser una grave manipulación. Y en el tercero, EEUU,  con el asunto de WikiLeaks de por medio, se enfrenta a la triple acusación de conspiración, robo de propiedad gubernamental y violación de la Ley de Espionaje, lo que podría suponer la pena capital. Recomiendo leer un artículo de Eloy Osvaldo Proaño que publica hoy Rebelión. 

Que el gobierno de Ecuador se ha bajado los pantalones, resulta evidente. Que los argumentos esgrimidos son ridículos, también. Lo importante es que las presiones de tres estados, dos de ellos poderosos, han surtido efecto. Assange no es una persona cualquiera. Su plataforma digital, WikiLeaks, ha puesto al descubierto las maniobras que EEUU lleva realizando desde tiempos atrás. El espionaje a amigos y enemigos, como práctica habitual.   

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Lo iremos viendo. Pero la cosa parece complicada. Para Assange, claro, pero también para quienes osen desentrañar las trampas del imperio.

jueves, 11 de abril de 2019

En Collioure, en la tumba de Antonio Machado






























Esta mañana he visitado la tumba de Antonio Machado en Collioure. Donde llegó "ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar" y recordó "estos días azules y ese sol de la infancia". Donde llegó acompañado de su madre, huyendo, como lo hicieron por decenas de miles, si no más, de civiles y militares en el duro invierno con que comenzaba el año 1939. Y allí, como su madre, se quedó, quizás para siempre. Es mucha la gente, de todas las edades, que acude a visitar su tumba. Una señal de que sigue recordándolo, que no deja de ser una forma de quererlo. 

domingo, 7 de abril de 2019

Con José Couso, 16 años después

Han pasado 16 años, pero su muerte -un asesinato y un crimen de guerra, no lo dudemos- sigue impune. La justicia, con el imperio de por medio, sigue ausente. Con la complicidad de los gobiernos de José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y, ahora, Pedro Sánchez. No fue un disparo lanzado desde un tanque al azar ni siquiera desviado. En el hotel Palestine de Bagdad había testigos de la ocupación del ejército estadounidense y eso no interesaba. Todo se había montado desde la mentira. En ese momento, más que indiciaria. Después, demostrada. Fue un momento de mucha rabia en el mundo. De millones de personas movilizadas con el lema "No a la guerra". Lanzar un bombazo, entre amenazador y de escarmiento, podía permitir marcar el territorio. Y allí, ese día y a esa ahora, estaba José Couso, que con su cámara grababa lo que por allí ocurría. Le tocó a él (no fue el único), pero le podía haber tocado a otro o a otra periodista. Lo que vino después ha sido un maratón hacia el silencio... o, dándole la vuelta a la cosa, hacia la verdad y la justicia.    

sábado, 6 de abril de 2019

El silencio de los otros... y el fascismo que no cesa


Desde semanas antes no pararon de enviarse mensajes sobre el estreno en La 2 de TVE del documental El silencio de los otros, dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar. Un trabajo esperado y más desde que a principios de año recibió un premio Goya del cine español. 
Después de haber visto otros documentales sobre el tema (el último por mí, ¡Dejadme llorar!), podría pensarse que es uno más. Pero no es así, porque cada uno de ellos sigue resultando imprescindible. 

En el documental van desfilando personajes de las distintas generaciones que han ido coexistiendo a lo largo del tiempo. Y se va construyendo un relato que parte de un pasado, pero que entronca con un presente vivo. Porque lo es el permanente recuerdo de María Martín ante la fosa donde enterraron a las víctimas. Y la lucha de Ascensión Mendieta por encontrar los restos de su padre. Y la búsqueda de los niños y las niñas que se robaron incluso entrados los años ochenta. Y el empeño de "Chato" Galante, torturado reiteradamente por un policía que sigue premiado por sus gestas represivas, para llevar ante la justicia a quienes fueron responsables de la represión. Y el papel como jurista desarrollado por Carlos Slepoy, que experimentó en sus carnes el dolor de la tortura sufrida en sus Argentina natal. Y la coherencia de María Servini, la jueza también argentina que no ha desestimado en ningún momento el derecho de las víctimas en nombre de la justicia universal.

Un relato que debe seguir construyéndose. Porque queda mucho por descubrir y conseguir. Ahora, sin María y Carlos, que fallecieron durante el tiempo de filmación del documental. Con una Ascensión que ya ha conseguido el deseo de  poder ser enterrada junto a su padre. De una "querella argentina" inconclusa, pero no muerta todavía, ante la tenaz resistencia de quienes, en su competencia de juzgar, han heredado la voluntad de seguir negando y ocultando.

En medio de la maraña de personajes reales no faltan otros, hechos de piedra, que ilustran un estado de cosas donde se une lo ocurrido con el devenir. Son las esculturas que Francisco Cedenilla ubicó en el Torno, una de las cimas que flanquean el valle del Jerte. Cuatro esculturas desnudas cuyas miradas transmiten la búsqueda de sus orígenes arrancados violentamente.    

Ayer mismo, al día siguiente de ver el documental, me preguntaba un amigo  qué me había parecido y le respondí de esta manera: "Interesante. Es lo que tenemos en este país. El fascismo triunfador en su día y que no cesa". Porque es  lo que explica que todavía, después de ocho décadas, siga habiendo miedo y, lo que es peor, que quienes ganaron la guerra sigan campando a sus anchas, negando la dignidad de quienes tuvieron que sufrir todo tipo de atropellos.       

jueves, 4 de abril de 2019

El obispo y el Papa ante la homosexualidad y la homofobia

No es la primera vez que me he referido a este señor, con la condición en la Iglesia de monseñor, dada su categoría de obispo. Amante de frases antológicas, a José Antonio Reig Tapia le gusta referirse a la ideología de género como perversa, a los matrimonios canónicos como menos dados a la violencia doméstica, a la homosexualidad como pecado... (allá por 2010 le dediqué en exclusiva la entrada "Vaya canallada la del obispo"). Estos días ha vuelto a saltar a la actualidad como valedor y promotor de terapias contra la homosexualidad. Allá por donde ha ido como obispo (diócesis de Castellón, Cartagena y Alcalá de Henares) lo ha hecho acompañado de una asesora dedicada a impartir terapias para curar lo que consideran una enfermedad y un pecado. 

El otro día el papa Francisco, durante al entrevista de Jordi Évole en el programa "Salvados", se refirió a la homosexualidad. Lo hizo con dudas, teniendo incluso que matizar sus primeras palabras sobre el tema. Lejos de condenarla como pecaminosa, no mencionó expresamente la palabra enfermedad, pero se refirió a ella como algo raro y de la que era necesario que en los primeros años de vida fuese tratada por profesionales. Un marco demasiado estrecho y una frontera lo suficientemente difusa que permite que obispos, como el ya citado, promuevan distintas modalidades de terapias, que no dejan de ser una forma de calificar el hecho como enfermedad. Terapias que esconden una homofobia entre descarada y compasiva.

Considerar que la homosexualidad se cura, resulta degradante, porque atenta contra la dignidad de las personas. Sí lo requiere, sin embargo, la homofobia.

martes, 2 de abril de 2019

Seis poemas para el fin de una guerra






















Han pasado 80 años desde el fin oficial de la Guerra Española: aquello de "en el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado 
las tropas nacionales sus últimos objetivos militares". Un 1 de abril que, lejos de poner fin al a contienda bélica, supuso su continuación por otras vías, en las que represión de cada momento y de cada día se cernió atrozmente contra quienes perdieron en el campo de batalla. Atrás quedó la traición última del coronel Casado y sus secuaces, a los que el propio Franco, que supo utilizarlos -y de qué manera- aplicó esa ley no escrita del "Roma no paga traidores". En esta  ocasión me voy a quedar en la poesía. En poemas escritos en ese tiempo en que la amargura invadía los corazones de la gente (Alberti), la ilusión se iba perdiendo ante la amenaza de la derrota (Cernuda), la rabia se hacía notar ante el drama de lo que quedaba por llegar (León Felipe), la lejanía de la distancia se iba alargando irremediablemente (Garfías), la esperanza aparecía como un deseo que acabó siendo baldío (Hernández), la llamada a los niños del mundo buscaba que esa esperanza nunca se perdiera (Vallejo)... Podía haber buscado más poetas, pero los seis que aquí presento, creo, sirven para recordar lo que tanta gente sintió y sufrió en ese tiempo.




De ayer para hoy

Después de este desorden impuesto, de esta prisa,
de esta urgente gramática necesaria en que vivo,
vuelva a mi toda virgen la palabra precisa,
virgen el verbo exacto con el justo adjetivo.

Que cuando califique de verde al monte, al prado,
repitiéndole al cielo su azul como a la mar,
mi corazón se sienta recién inaugurado
y mi lengua el inédito asombro de crear.

(Rafael Alberti, de Entre el clavel y la espada; en Antología poética, Buenos Aires, Losada, 1972)


Lamento y esperanza

Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.

Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchando oscuramente la ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.

Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, solo ante su destino,
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.

Si con el dolor el alma se ha templado, es invencible;
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte,
Y vedle luego abierto, rosa eterna en los mares.

(Luis Cernuda, de Las nubes; en Francisco Robles, Cernuda para jóvenes, Sevilla, Signatura, 2003)


Habla el prólogo

Oh, si la Poesía fuese tan sólo el callejón torcido de los sueños… un sitio equivocado de sombras y delirio… vahos subconscientes, como queráis vosotros… ¡una pesadilla! Y alguien, cualquiera, tú, por ejemplo, pudiese sacudirme ahora por los hombros y gritarme: ¡Eh, sonámbulo, despierta… sal de la cueva… mira la luz!

¡Ah, si aquí, en esta Elegía, no hubiese más que un mundo de trampa y de cortina… y alguien, cualquiera, tú, por ejemplo, pudiese decir al cabo de leerla: Eh, señores, riamos de nuevo, que todo han sido chanzas de juglar…!

¡Ah, si esto no fuese más que una comedia!... ¡otra comedia!... Y uno cualquiera del público, de arriba o de abajo, del patio o de las gradas, del bando rojo del exilio o del bando negro de la traición y la victoria de pronto de levantase de su asiento para increparme enfurecido: ¡Fuera! ¡Que esa no es la voz de la casta!

¡Ah, si mi verso no fuese sino sueño o burla… broma inofensiva… pura broma… veneno en broma… poison in jest!

(León Felipe, de El hacha. Elegía española; en Antología rota, Buenos Aires, Losada, 1974)


Cruzando la frontera

España de tiniebla y de amapola
cómo estos verdes frágiles
pueden fingirte ante mis ojos duros
que vienen deslumbrados de mirarte.
El corazón me pesa como un monte,
mis pasos se retardan esperándote,
tiro de ti como un barquero tira
de su barca a la orilla de los mares.
El mundo se entreabre a mi camino;
dicen que el mundo es grande...
Pero había tantos mundos todavía
que descubrir entre tus besos, Madre.

(Pedro Garfias, de Poesías de la guerra española; en Francisco Moreno Gómez, Pedro Garfias, poeta del exilio español en Méjico, Madrid, ACAHM, 2002)


Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

(Miguel Hernández, de El hombre acecha; en Cancionero y romancero de ausencias. El hombre acecha. Últimos poemas, Buenos Aires, Losada, 1975)


España, aparta de mí este cáliz

Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entretanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
en su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera, aquella de la trenza;
la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir,
salid, niños, del mundo; id a buscarla!...

(César Vallejo, de España, aparta de mí este cáliz; en Obra poética completa, Madrid, Alianza Tres, 1983)

viernes, 29 de marzo de 2019

Dueños de las imprentas, libertad de prensa y opinión publicada

No soy mucho de centrar mis entradas en lo que otra gente escribe, salvo utilizarlo como fuentes o resaltar artículos que considero destacables. En esta ocasión voy a recomendar uno que no sólo así lo considero, sino que además me ha resultado maravilloso: "Villarejo y el dueño de la imprenta", escrito por Jonathan Martínez y publicado en la revista ctxt. Utilizando como hilo conductor o, si se prefiere, como excusa lo ocurrido con la trama de corrupción en las cloacas del estado, pone al descubierto el papel que están jugando en nuestra sociedad los medios de comunicación. Y, por supuesto, de quiénes son propiedad los principales. y el papel que juegan los y las periodistas. 

El título alude a una frase pronunciada hace unos años, en 2012, por Rafael Correa, cuando era presidente de Ecuador, ante un periodista de TVE: "la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta". Lo hizo cuando se enteró que Ana Pastor había sido sustituida como presentadora del programa "Los desayunos de TVE" con la llegada del PP al gobierno. Meses antes Correa había mantenido una discusión con dicha periodista cuando lo entrevistaba. Ella defendió con fervor la profesionalidad de los y las periodistas como garante de la libertad de prensa, mientras que Correa pronunció una otra frase memorable acerca de que no es lo mismo "opinión pública que opinión publicada". Eso me dio motivo para escribir una entrada que titulé "Opinión pública y opinión publicada". 

Robo de móviles y la mafia de las cloacas del estado

El robo del teléfono móvil de Dina Bousselham, colaboradora de Pablo Iglesias en Estrasburgo cuando éste era europarlamentario, está poniendo al descubierto muchas cosas más cosas de las que sospechábamos. No hay duda que existió (¿sigue existiendo?) una especie de policía política paralela a la oficial, comandada por altos cargos del gobierno del PP , coordinada por altos cargos del ministerio del Interior, puesta en práctica por policías y agentes del CNI, y auxiliada por periodistas que se dedicaban (siguen dedicándose) a airear lo que conviniera. Cosas que ya sabemos, como fabricar pruebas falsas, esconder otras para tapas casos de corrupción, manipular a la judicatura, robar documentos...

Podemos, utilizado en su día para dividir el voto de la izquierda (a costa de IU y del PSOE), generó una gran preocupación en las altas esferas del poder cuando las encuestas le daban mejores resultados que los deseados. Acabar con él, con su partido y/o con quien estuviera en su entorno se convirtió el principal objetivo. Con el montaje de mentiras (cualesquiera que fueran: la financiación desde Venezuela, las relaciones con Irán, la beca de Íñigo Errejón, los ingresos de Juan Carlos Monedero...) se pretendía frenar el efecto Podemos. Y luego, tras los resultados de las elecciones 2015, que hubiera un acuerdo de gobierno entre el PSOE, Podemos, IU... No importaba que se fueran archivando en los juzgados las querellas presentadas, porque el daño ya estaba hecho y con ello, conseguido el objetivo principal. 

Ha habido diarios que lo han denunciado, en especial Público y una de sus periodistas: Patricia López. Lo último que hemos sabido es lo del robo del móvil antes mencionado y su relación, entre otros, con el policía José Manuel Villarejo, el periodista Eduardo Inda o el monigote al que llamaban pequeño Nicolás. En ello no falta la presencia de personajes de primer nivel, como la anterior vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. 

Curiosamente los grandes medios escritos (El País, El Mundo,  ABC, La Razón...) lo están ocultando o minimizando. Lo mismo están haciendo Pedro Sánchez, Pablo Casado o Albert Rivera, tan dicharateros en otras cosas.  Y es que todo esto resulta muy grave. Pone al descubierto que existen unas cloacas en el estado que mantienen una actividad muy intensa. Una actividad que en muchos casos es claramente delictiva.        

jueves, 28 de marzo de 2019

De conquistas y perdones (a propósito de la petición del presidente de México)

En 2014 publiqué una entrada que titulé "Lo que siguió al 12 de octubre de 1492". Refleja mi posición ante lo que se festeja en este país como su día nacional. El día de la llegada a una tierra extraña que da comienzo a una conquista. Las conquistas suelen ser cruentas. Tienen como objetivo principal la obtención de los recursos naturales, aun cuando suponga el expolio más atroz; conllevan la explotación laboral de la población autóctona o, llegado el caso, de la que se lleva forzada para sustituirla; pueden provocar genocidios cuando las condiciones se tornan extremas, hasta, a veces, hacer desaparecer a poblaciones enteras; pueden suponer la conversión forzosa a una religión extraña a la población que allí vivía... Y como resultado, la destrucción de lo existente y con ello la deestructuración de las sociedades y culturas anteriores.

Nada de lo antes expuesto es ajeno a lo que ocurrió en lo que hoy llamamos América. Un inmenso continente, formado a su vez por tres subcontinentes y extendido de norte a sur, llegando cerca de los respectivos polos del planeta. Un continente que hace cinco siglos empezó a conocer la llegada masiva de población procedente de Europa con la intención de ser colonizado. Estados como el castellano, el portugués, el francés, el inglés o el holandés se fueron instalando y fueron conformando diferentes formas de explotación del territorio y de sus gentes. Sus consecuencias, siendo variadas, supusieron enormes beneficios para las metrópolis respectivas y enormes perjuicios para las poblaciones autóctonas. 

Un continente que está formado actualmente por un abanico de estados que acogen en su interior una amalgama de grupos raciales perfectamente jerarquizados. Grupos que se han ido superponiendo, mezclando y desplazando a lo largo del tiempo, desde la gran variedad de pueblos indígenas hasta las poblaciones de origen europeo llegadas en diferentes olas migratorias, pasando por las poblaciones llevadas a la fuerza desde el continente africano o llegadas en busca de trabajo procedentes de Asia. Y también, por supuesto, esas categorías intermedias que en otro tiempo fueron producto de mestizajes raciales, en los que casi siempre predominó el elemento blanco-europeo y masculino. Múltiples combinaciones que dieron lugar a lo mestizo, lo mulato, lo zambo, lo cuarterón, lo cholo... 

Hace unos días el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pronunció unas palabras dirigidas al jefe del estado español para que pidiera perdón por el papel que jugó nuestro país en la conquista y colonización de su territorio. La reacción en la mayor parte de los grupos políticos y de los medios de comunicación ha sido unánime y airada, sintiéndose ofendidos por lo que consideran una afrenta contra nuestro país. Porque, según han respondido, no hay nada que perdonar. Bien porque eso ocurrió hace cinco siglos, en la postura más moderada, o bien porque nada malo hubo en nuestra llegada y presencia, sino todo lo contrario, como le gusta presumir al actual líder del PP.

Puede dar la sensación de que López Obrador ha errado en el momento. Porque estamos en pleno fragor de la lucha contra ese enemigo interior que es el nacionalismo catalán, el mismo que está poniendo en peligro la unidad de España. Y estamos, por ello, en pleno fervor patriótico, español, por supuesto. Y tal está la cosa, que los tres partidos de la derecha tildan de traidor al que hoy gobierna el estado por su relación con los separatistas. Y tal está también, que este último partido, que durante un tiempo habló de lo plurinacional, lo federal y el diálogo, ha acabado dejándolo atrás para acabar escenificando su profunda españolidad con un fondo de banderas monárquicas y europeas.

No han faltado algunas voces del mundo de la cultura que se han unido a ese coro que clama contra el presidente mexicano. Como, a modo de ejemplos, la de Mario Vargas Llosa, peruano de origen, con su "tenía que haberse enviado la carta a sí mismo"; la del nicaragüense Sergio Ramírez, para quien "el problema (...) no es del pasado"; o la de ese cantor de las hazañas imperiales llamado Arturo Pérez Reverte y su "que se disculpe él", que ha acompañado de insultos de la índole de "imbécil" y "sinvergüenza".

Y en medio de estas muestras de soberbia, me quedo con lo que hace años dejó escrito otro escritor, el uruguayo Eduardo Galeano: "La aventura de la usurpación y el despojo no descubre: encubre".

(Imagen: mural "La conquista de México", de Diego Rivera)

miércoles, 27 de marzo de 2019

La clase trabajadora como sujeto de cambio, motivo de análisis y consideración

Hace unas semanas llegó a mis manos el libro La clase trabajadora. ¿Sujeto de cambio en el siglo XXI? (Madrid, Siglo XXI, 2018), coordinado por Adrián Tarín Sanz y José Manuel Rivas Otero y en el que participan otras 12 personas, sin contar el breve "Prólogo" escrito por Diego Cañamero Valle. Estamos ante una obra interesante, por supuesto, y novedosa, en la medida que buena parte de los planteamientos que se ofrecen buscan superar esquemas que se consideran caducos, fracasados y/o incompletos. El interrogante que refleja su subtítulo deja, no obstante, una puerta abierta a la duda. 

Me atrevo a decir que varios de los artículos del libro se pueden circunscribir a reflexiones que se hacen desde el entorno de Podemos. Esto no supone que sean posturas oficiales o que se viertan críticas a algunas teorías con gran influencia en algunos dirigentes de dicho grupo, como ocurre, por ejemplo, con la de Ernesto Laclau. Entiendo todo esto como el hecho de un grupo que recogió planteamientos teóricos de nuevo tipo, muchos de los cuales afloraron en los momentos culminantes del 15M, y críticos con la tradición marxista en sus distintas vertientes, así como con buena parte de las variantes del postmodernismo que surgieron en el último cuarto del siglo XX. 

Yendo a su contenido, interesante en la diversidad de aspectos que se tocan y en los puntos de vista que dejan traslucir, he clasificado los artículos en dos grandes bloques, atendiendo al grado de distanciamiento de lo que podrían ser los planteamientos marxistas. Empezaré por los más distantes y críticos. Seguiré con los que considero que no se alejan tanto, lo que no tiene por qué estar exento de crítica. Y acabaré con otros que se sitúan en paradigmas como el indigenismo, el anarquismo y el
 ecologismo. Dentro de la dificultad, voy a hacer un ejercicio de síntesis que permita completar el recorrido de los diferentes artículos.


La mayor distancia y/o crítica respecto a los planteamientos marxistas

En la "Introducción" Tarín y Rivas se refieren a lo ocurrido en 2011 en el 15M y se preguntan si lo que se reflejó fue una mutación del sujeto revolucionario, tradicionalmente atribuido a la clase obrera por la izquierda tradicional, para dar paso a un un sujeto más amplio, que pudiera denominarse "pueblo" o "los de abajo", lo que supone una ampliación del espectro social hacia las clases medias. Se preguntan también acerca de la confluencia política formada para las elecciones de 2016 con la denominación Unidos Podemos, de la que señalan que no dejó de ser una reproducción de la hegemonía de las élites, lo que a la postre ocasionaría los resultados adversos que tuvo. 


José Manuel Rivas ("De la clase al pueblo: una revisión crítica de la teoría marxista de la lucha de clases") se lanza de lleno, por limitados, a lo que destaca como tres aspectos fundamentales del marxismo tradicional: el historicismo, que conlleva la postura teleológica de la desaparición de las clases; la concepción objetivista, que supone que la conciencia viene dada, descartándose la autoconsciencia; y el reduccionismo de clase, en este caso considerando a la clase obrera como protagonista del cambio. Aunque el autor aporta los intentos desde el propio marxismo por superar estas limitaciones, defiende un discurso centrado en lo popular democrático, donde el pueblo y no la clase social, esto es, la dicotomía privilegiados/gente común, y no burguesía/proletariado, se convierta en el eje de construcción de una nueva alternativa.


Santiago Alba ("Sujetos políticos y relevo civilizacional") se centra en el cambio civilizatorio, basado en el relevo que se ha dado en el principio generador de la hegemonía. Considera que ahora es el mercado el que ha sustituido a la clase, de manera que la clase trabajadora tradicional, ubicada antaño en el espacio de la fábrica, se ha volatizado para dar paso a una clase consumidora, lo que conlleva la necesidad de un "Sujeto Humano global". Y en ello, por ahora, las derechas van ganando a las izquierdas. Las primeras han sabido asociar la protección de la gente con viejos significantes (nación, identidad cultural....) y con nuevos cuños reaccionarios (neomachismo, twiterización del exabrupto clásico, rechazo del elitismo progresista...). De las segundas considera que están carentes de "una propuesta común y realista", ancladas en el radicalismo, la especialización militante y el culturalismo.


Para Antonio Antón ("El sujeto de cambio"), que parte de las enormes transformaciones sociales y de comportamiento habidas en las últimas décadas, se está empezando a configurar "una identificación del adversario común, así como una conciencia emergente de un bloque social alternativo y democrático". Desecha el concepto de clase objetiva y se alinea con la consideración de la experiencia popular como forma de construcción del sujeto. Defiende los grandes valores (igualdad, libertad, solidaridad, democracia...), de los que dice que, lejos de ser significantes vacíos, son componentes fundamentales de un proyecto emancipador-igualitario. Por ello considera justificadas las reservas a la denominación de izquierda, que se asocia a la deriva  socioliberal de la socialdemocracia o al autoritarismo de los regímenes socialistas del este de Europa.


Silvia Federici ("Acerca del trabajo de cuidado de ancianos y los límites del marxismo") se sitúa en el paradigma feminista. Parte del aumento de
 la población anciana en número y de la esperanza. Si bien su artículo se centra más en lo que está ocurriendo en EEUU, no por ello se supone que no pueda extrapolarse a la realidad de otros países. Su enfoque está inscrito dentro del feminismo, desde el que se ha focalizado la lucha anticapitalista en la casa, el barrio y el territorio. esto supone una crítica a la importancia que ha dado el marxismo al trabajo industrial asalariado y a la producción de mercancías, descuidando la reproducción de los seres humanos y de la fuerza de trabajo. E incluye, así mismo, a la teoría marxista más reciente del trabajo inmaterial y afectivo expuesta por Negri y Hardt, por eludir el análisis feminista del trabajo reproductivo en el capitalismo. En la actualidad  existe la paradoja de que las mujeres, asalariadas o dentro del hogar, cuando más cuidan a otros, menos reciben a cambio.


Adrián Tarín, por su parte ("La sociedad sin clases: tampoco la trabajadora"), se ocupa de una propuesta controvertida: la abolición del trabajo. Se muestra crítico con lo que considera un "fantasma" de la izquierda y del marxismo, como es la noción del trabajo como derecho. También lo hace con quienes desde la izquierda defienden actualmente la propuesta del trabajo garantizado, por considerar que la glorificación del trabajo coincide con los postulados del neoliberalismo. Desde la consideración de que "el trabajo sacrifica", el autor apuesta por la renta básica universal, que, en todo caso, obligaría "a los empleadores a aumentar las condiciones ofrecidas". No obstante, proponiéndolo como un horizonte a largo plazo, acaba proponiendo "la reducción de la jornada laboral a un mínimo compatible con las garantías sociales". 

El menor distanciamiento de los planteamientos marxistas

Jorge Luis Acanda González y Meysis Carmenati González ("La  problemática del sujeto desde una teoría critica del concepto") inician su artículo con una crítica a los postulados ilustrados y postmodernos del concepto sujeto. Niegan que Marx mantuviera una postura esencialista de la clase obrera y defienden, como ya apuntó el propio Marx, el sujeto colectivo, donde el individuo lo es en relación con otros y en conflicto. Desde lo que denominan la teoría crítica niegan al sujeto como sustancia y por ello con intereses individuales. Su concepto de sujeto lo relacionan con la teoría de la intesubjetividad, desde donde los individuos se relacionan entre sí de forma mediada. Consideran un error la idea de un sujeto revolucionario en sí mismo, siendo necesario superar la hegemonía burguesa, que es la que ha creado la subalternidad de la clase obrera. Esto supone optar 
por "la naturalización de la contrahegemonía, revolución cultural, capaz de [...] recrear una concepción del mundo [que permita] relacionarnos entre nosotros y con los objetos que nos rodean". 


Jorge Sola Espinosa ("La invisibilización de la clase trabajadora") considera que la invisibilización y la demonización de la clase trabajadora forman parte del "macizo ideológico" dominante, aun cuando lo segundo haya perdido peso. Lejos de desaparecer, la clase trabajadora, que en nuestro país supone al menos la mitad de las personas que venden su fuerza de trabajo, lo que ha conocido es una modificación en su composición: ha disminuido la tradicional y han aumentado las "nuevas clases medias" (diferentes a la vieja clase media vinculada a la pequeña propiedad). Y es en esta novedad y desde la vertiente de autopercepción donde se centra más el autor. Destaca el "clasemedianismo", al que califica como falsa conciencia por la ilusión de un mundo igualitario. Es lo que explica la idea de sentirse ante todo como ciudadano (que vota) y consumidor (que compra). Está fomentado desde los grupos que desarrollan el trabajo de representación (medios políticos y de comunicación) y ha estado presente desde la Transición e incluso en el movimiento 15M. Es desde aquel entonces, paralelo al proceso de neoliberalización de la economía, cuando la clase  trabajadora, que nunca fue homogénea, ha ido perdiendo su papel de actor político destacable y con ello ha ido invisibilizándose.


El artículo de Arantxa Tirado Sánchez y Ricardo Romero Laullón (Nega) ("Los trabajadores culturales en el capitalismo del siglo XXI: obreros culturales o privilegiados sociales") presenta dos partes diferenciadas, pero relacionadas en entre sí. En la primera critican los discursos acerca de la desaparición de la clase trabajadora. También marcan distancia de teorías como la del capitalismo cognitivo, basado en los aspectos informacionales, culturales y del conocimiento, o la del fin del trabajo, con máquinas y robots sustituyendo a los seres humanos. Muy al contrario, consideran que la clase trabajadora es ahora más numerosa que nunca, pese a su mayor grado de heterogeneidad,  fragmentación y complejidad. En la segunda parte se centran en los trabajadores de la cultura, uno de cuyos rasgos es la creciente precarización. Defienden el aumento de la inversión pública para la realización de sus actividades, a la vez que advierten el riesgo que aspectos como las subvenciones sean una forma de comprar voluntades. No les falta resaltar como positivo el modelo cubano.


Carlos del Valle Rojas ("Clase trabajadora, lucha de clases y prensa obrera: repolitizar el trabajo periodístico") plantea que la mercancía de los medios de comunicación no es la información, sino las audiencias. Esto pone en desventaja a la clase obrera desde tres perspectivas: el control de dichos medios por parte de las grandes corporaciones transnacionales y su creciente concentración; la existencia de una prensa popular que banaliza los contenidos; y la clasificación de la audiencia en relación a su nivel de renta. Todo esto está conllevando el despojo de la identidad la clase trabajadora, por lo que defiende la recuperación de la prensa obrera, que tenga una conciencia crítica de clase, y una repolitización de la actividad periodística.

Indigenismo, anarquismo y ecologismo

Tomás Quevedo Ramírez ("Del indio como sujeto revolucionario: el caso del movimiento indígena ecuatoriano") nos recuerda que la raza ha sido históricamente el elemento esencial en la jerarquización social de América Latina. La situación de subordinación de la población indígena intentó ser paliada hace un siglo a través de la mediación indígena, en la que la izquierda jugó un "rol de ventrilucuo". Desde ésta se llegó a reconocer, como hizo Mariátegui, a lo indígena como sujeto revolucionario dentro de la lucha por la tierra, reivindicando, a su vez, los elementos comunitarios que han ido perviviendo. En el caso más concreto de Ecuador se ha estado dando  recientemente un diálogo intelectual con el mundo indígena desde posiciones marxistas y cristianas, pero siempre subordinando al mundo indígena. El levantamiento indígena de 1990 ha permitido la conformación del Movimiento Indígena Ecuatoriano, que abarca un triple condicionamiento: territorial, étnico y de clase. El autor, no obstante, defiende la necesidad de "puentes de diálogo con otros actores, como los obreros, ecologistas o estudiantes".

Miguel Vázquez Liñán ("Agenda para una memoria de la liberación") mantiene que existe una continuidad de la discusión habida a finales del siglo XIX entre el darwinismo social defendido por T. H. Kuxley y la defensa del instinto de sociabilidad y la solidaridad humana del anarquista Piotr Kropotkin. La caída del muro de Berlín habría servido para considerar como inevitable la derrota de un visión del mundo basada en el apoyo mutuo. El autor propone una memoria de la autogestión, de formas alternativas de consumo y de relación con la naturaleza apoyo mutuo; la recuperación de las luchas pasadas y las experiencias satisfactorias de vida; la memoria de las víctimas... Nos recuerda la dependencia de las élites político-empresariales y propone la necesidad de
 crear un circuito alternativo de medios de comunicación, junto con la democratización del sistema de medios. 


Una perspectiva ecologista del cambio social la plantea Jesús M. Castillo ("Clase trabajadora y ecología del trabajo"). Mantiene que la clase trabajadora, diversa y en continua metamorfosis, sigue siendo el sujeto revolucionario social. Propone huir de la práctica del hipercrecimiento y advierte que el crecimiento de las ciudades conlleva una mayor dependencia del mercado y el trabajo asalariado. El conocimiento colectivo, esto es, la noosfera, podría ser el comienzo de la transformación del trabajo hacia la sostenibilidad. Defiende el trabajo colaborativo, que puede generar nuevas fuerzas productivas, haciendo la propiedad privada más social, disminuyendo el impacto ambiental, mejorando las condiciones de las mujeres... Pero advierte del riesgo de que sea adueñado por el capitalismo. Considera, en fin, que la actual crisis económica y ecológica ha configurado en muchos lugares una nooesfera que aúna a comunidades indígenas, pequeño campesinado y gente trabajadora.