Ayer fue detenido Julian Assange. Tras la deriva seguida por el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, ha resultado lógico. Desde el primer día de su mandato empezó a alejarse de lo que había sido la conocida como "revolución ciudadana", con el presidente Rafael Correa al frente. Desde entonces todo ha sido un cúmulo de decepciones y entre ellas, su acercamiento a EEUU y apoyando su política exterior. Y lo ocurrido ayer forma parte de ese nuevo rumbo.
Detenido Assange, tiene por delante tres contenciosos en tres países diferentes, dos de ellos con la amenaza de la extradición. El primero, en el propio Reino Unido. Siendo el menos grave, con una acusación por haber quebrantado la libertad provisional, de las autoridades de este país depende lo que pueda ocurrir en los otros dos. En el segundo, Suecia, tiene pendiente acusaciones de acoso sexual a dos mujeres, algo que, desde un primer momento, tiene visos de ser una grave manipulación. Y en el tercero, EEUU, con el asunto de WikiLeaks de por medio, se enfrenta a la triple acusación de conspiración, robo de propiedad gubernamental y violación de la Ley de Espionaje, lo que podría suponer la pena capital. Recomiendo leer un artículo de Eloy Osvaldo Proaño que publica hoy Rebelión.
Que el gobierno de Ecuador se ha bajado los pantalones, resulta evidente. Que los argumentos esgrimidos son ridículos, también. Lo importante es que las presiones de tres estados, dos de ellos poderosos, han surtido efecto. Assange no es una persona cualquiera. Su plataforma digital, WikiLeaks, ha puesto al descubierto las maniobras que EEUU lleva realizando desde tiempos atrás. El espionaje a amigos y enemigos, como práctica habitual.
¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Lo iremos viendo. Pero la cosa parece complicada. Para Assange, claro, pero también para quienes osen desentrañar las trampas del imperio.
Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
viernes, 12 de abril de 2019
jueves, 11 de abril de 2019
En Collioure, en la tumba de Antonio Machado

domingo, 7 de abril de 2019
Con José Couso, 16 años después
sábado, 6 de abril de 2019
El silencio de los otros... y el fascismo que no cesa
En el documental van desfilando personajes de las distintas generaciones que han ido coexistiendo a lo largo del tiempo. Y se va construyendo un relato que parte de un pasado, pero que entronca con un presente vivo. Porque lo es el permanente recuerdo de María Martín ante la fosa donde enterraron a las víctimas. Y la lucha de Ascensión Mendieta por encontrar los restos de su padre. Y la búsqueda de los niños y las niñas que se robaron incluso entrados los años ochenta. Y el empeño de "Chato" Galante, torturado reiteradamente por un policía que sigue premiado por sus gestas represivas, para llevar ante la justicia a quienes fueron responsables de la represión. Y el papel como jurista desarrollado por Carlos Slepoy, que experimentó en sus carnes el dolor de la tortura sufrida en sus Argentina natal. Y la coherencia de María Servini, la jueza también argentina que no ha desestimado en ningún momento el derecho de las víctimas en nombre de la justicia universal.
Un relato que debe seguir construyéndose. Porque queda mucho por descubrir y conseguir. Ahora, sin María y Carlos, que fallecieron durante el tiempo de filmación del documental. Con una Ascensión que ya ha conseguido el deseo de poder ser enterrada junto a su padre. De una "querella argentina" inconclusa, pero no muerta todavía, ante la tenaz resistencia de quienes, en su competencia de juzgar, han heredado la voluntad de seguir negando y ocultando.
En medio de la maraña de personajes reales no faltan otros, hechos de piedra, que ilustran un estado de cosas donde se une lo ocurrido con el devenir. Son las esculturas que Francisco Cedenilla ubicó en el Torno, una de las cimas que flanquean el valle del Jerte. Cuatro esculturas desnudas cuyas miradas transmiten la búsqueda de sus orígenes arrancados violentamente.
Ayer mismo, al día siguiente de ver el documental, me preguntaba un amigo qué me había parecido y le respondí de esta manera: "Interesante. Es lo que tenemos en este país. El fascismo triunfador en su día y que no cesa". Porque es lo que explica que todavía, después de ocho décadas, siga habiendo miedo y, lo que es peor, que quienes ganaron la guerra sigan campando a sus anchas, negando la dignidad de quienes tuvieron que sufrir todo tipo de atropellos.
jueves, 4 de abril de 2019
El obispo y el Papa ante la homosexualidad y la homofobia
El otro día el papa Francisco, durante al entrevista de Jordi Évole en el programa "Salvados", se refirió a la homosexualidad. Lo hizo con dudas, teniendo incluso que matizar sus primeras palabras sobre el tema. Lejos de condenarla como pecaminosa, no mencionó expresamente la palabra enfermedad, pero se refirió a ella como algo raro y de la que era necesario que en los primeros años de vida fuese tratada por profesionales. Un marco demasiado estrecho y una frontera lo suficientemente difusa que permite que obispos, como el ya citado, promuevan distintas modalidades de terapias, que no dejan de ser una forma de calificar el hecho como enfermedad. Terapias que esconden una homofobia entre descarada y compasiva.
Considerar que la homosexualidad se cura, resulta degradante, porque atenta contra la dignidad de las personas. Sí lo requiere, sin embargo, la homofobia.
martes, 2 de abril de 2019
Seis poemas para el fin de una guerra
De ayer para hoy
Después de
este desorden impuesto, de esta prisa,
de esta
urgente gramática necesaria en que vivo,
vuelva a mi
toda virgen la palabra precisa,
virgen el
verbo exacto con el justo adjetivo.
Que cuando
califique de verde al monte, al prado,
repitiéndole
al cielo su azul como a la mar,
mi corazón
se sienta recién inaugurado
y mi lengua
el inédito asombro de crear.
(Rafael
Alberti, de Entre el clavel y la espada;
en Antología poética, Buenos Aires, Losada,
1972)
Lamento y esperanza
Soñábamos
algunos cuando niños, caídos
En una
vasta hora de ocio solitario
Bajo la
lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la
revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como
una mies los cuerpos poderosos.
Jóvenes
luego, el sueño quedó lejos
De un mundo
donde desorden e injusticia,
Hinchando
oscuramente la ávidas ciudades,
Se alzaban
hasta el aire absorto de los campos.
Y en la
revolución pensábamos: un mar
Cuya ira
azul tragase tanta fría miseria.
El hombre
es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién
podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo
bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma
este soplo de muerte que nos lleva
Pisando
entre ruinas un fango con rocío de sangre.
Un
continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho
de este loco país, está esperando
Que vencido
se hunda, solo ante su destino,
Para
arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le alienta
únicamente su propia gran historia dolorida.
Si con el
dolor el alma se ha templado, es invencible;
Pero, como
el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo
digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará
antes, presa ya de la muerte,
Y vedle
luego abierto, rosa eterna en los mares.
(Luis
Cernuda, de Las nubes; en Francisco
Robles, Cernuda para jóvenes, Sevilla,
Signatura, 2003)
Habla el prólogo
Oh, si la
Poesía fuese tan sólo el callejón torcido de los sueños… un sitio equivocado de
sombras y delirio… vahos subconscientes, como queráis vosotros… ¡una pesadilla!
Y alguien, cualquiera, tú, por ejemplo, pudiese sacudirme ahora por los hombros
y gritarme: ¡Eh, sonámbulo, despierta… sal de la cueva… mira la luz!
¡Ah, si
aquí, en esta Elegía, no hubiese más que un mundo de trampa y de cortina… y
alguien, cualquiera, tú, por ejemplo, pudiese decir al cabo de leerla: Eh,
señores, riamos de nuevo, que todo han sido chanzas de juglar…!
¡Ah, si
esto no fuese más que una comedia!... ¡otra comedia!... Y uno cualquiera del
público, de arriba o de abajo, del patio o de las gradas, del bando rojo del
exilio o del bando negro de la traición y la victoria de pronto de levantase de
su asiento para increparme enfurecido: ¡Fuera! ¡Que esa no es la voz de la
casta!
¡Ah, si mi
verso no fuese sino sueño o burla… broma inofensiva… pura broma… veneno en
broma… poison in jest!
(León
Felipe, de El hacha. Elegía española;
en Antología rota, Buenos Aires, Losada,
1974)
Cruzando la frontera
España de
tiniebla y de amapola
cómo estos
verdes frágiles
pueden
fingirte ante mis ojos duros
que vienen
deslumbrados de mirarte.
El corazón
me pesa como un monte,
mis pasos
se retardan esperándote,
tiro de ti
como un barquero tira
de su barca
a la orilla de los mares.
El mundo se
entreabre a mi camino;
dicen que
el mundo es grande...
Pero había
tantos mundos todavía
que
descubrir entre tus besos, Madre.
(Pedro
Garfias, de Poesías de la guerra española;
en Francisco Moreno Gómez, Pedro Garfias,
poeta del exilio español en Méjico, Madrid, ACAHM, 2002)
Canción última
Pintada, no
vacía:
pintada
está mi casa
del color
de las grandes
pasiones y
desgracias.
Regresará
del llanto
adonde fue
llevada
con su
desierta mesa
con su
ruinosa cama.
Florecerán
los besos
sobre las
almohadas.
Y en torno
de los cuerpos
elevará la
sábana
su intensa
enredadera
nocturna,
perfumada.
El odio se
amortigua
detrás de
la ventana.
Será la
garra suave.
Dejadme la
esperanza.
(Miguel
Hernández, de El hombre acecha; en Cancionero y romancero de ausencias. El hombre
acecha. Últimos poemas, Buenos Aires, Losada, 1975)
España, aparta de mí este cáliz
Niños del
mundo,
si cae
España -digo, es un decir-
si cae
del cielo
abajo su antebrazo que asen,
en
cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué
edad la de las sienes cóncavas!
¡qué
temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto
en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo
vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del
mundo, está
la madre
España con su vientre a cuestas;
está
nuestra madre con sus férulas,
está madre
y maestra,
cruz y
madera, porque os dio la altura,
vértigo y
división y suma, niños;
está con
ella, padres procesales!
Si cae -digo,
es un decir- si cae
España, de
la tierra para abajo,
niños ¡cómo
vais a cesar de crecer!
¡cómo va a
castigar el año al mes!
¡cómo van a
quedarse en diez los dientes,
en palote
el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el
corderillo a continuar
atado por
la pata al gran tintero!
¡Cómo vais
a bajar las gradas del alfabeto
hasta la
letra en que nació la pena!
Niños,
hijos de
los guerreros, entretanto,
bajad la
voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía
entre el reino animal,
las
florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la
voz, que está
en su
rigor, que es grande, sin saber
qué hacer,
y está en su mano
la
calavera, aquella de la trenza;
la
calavera, aquella de la vida!
¡Bajad la
voz, os digo;
bajad la
voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la
materia y el rumor menos de las pirámides, y aun
el de las
sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el
aliento, y si
el
antebrazo baja,
si las
férulas suenan, si es la noche,
si el cielo
cabe en dos limbos terrestres,
si hay
ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis
a nadie, si os asustan
los lápices
sin punta, si la madre
España cae -digo,
es un decir,
salid,
niños, del mundo; id a buscarla!...
(César
Vallejo, de España, aparta de mí este cáliz;
en Obra poética completa, Madrid,
Alianza Tres, 1983)
viernes, 29 de marzo de 2019
Dueños de las imprentas, libertad de prensa y opinión publicada
El título alude a una frase pronunciada hace unos años, en 2012, por Rafael Correa, cuando era presidente de Ecuador, ante un periodista de TVE: "la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta". Lo hizo cuando se enteró que Ana Pastor había sido sustituida como presentadora del programa "Los desayunos de TVE" con la llegada del PP al gobierno. Meses antes Correa había mantenido una discusión con dicha periodista cuando lo entrevistaba. Ella defendió con fervor la profesionalidad de los y las periodistas como garante de la libertad de prensa, mientras que Correa pronunció una otra frase memorable acerca de que no es lo mismo "opinión pública que opinión publicada". Eso me dio motivo para escribir una entrada que titulé "Opinión pública y opinión publicada".
Robo de móviles y la mafia de las cloacas del estado
Podemos, utilizado en su día para dividir el voto de la izquierda (a costa de IU y del PSOE), generó una gran preocupación en las altas esferas del poder cuando las encuestas le daban mejores resultados que los deseados. Acabar con él, con su partido y/o con quien estuviera en su entorno se convirtió el principal objetivo. Con el montaje de mentiras (cualesquiera que fueran: la financiación desde Venezuela, las relaciones con Irán, la beca de Íñigo Errejón, los ingresos de Juan Carlos Monedero...) se pretendía frenar el efecto Podemos. Y luego, tras los resultados de las elecciones 2015, que hubiera un acuerdo de gobierno entre el PSOE, Podemos, IU... No importaba que se fueran archivando en los juzgados las querellas presentadas, porque el daño ya estaba hecho y con ello, conseguido el objetivo principal.
Ha habido diarios que lo han denunciado, en especial Público y una de sus periodistas: Patricia López. Lo último que hemos sabido es lo del robo del móvil antes mencionado y su relación, entre otros, con el policía José Manuel Villarejo, el periodista Eduardo Inda o el monigote al que llamaban pequeño Nicolás. En ello no falta la presencia de personajes de primer nivel, como la anterior vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.
Curiosamente los grandes medios escritos (El País, El Mundo, ABC, La Razón...) lo están ocultando o minimizando. Lo mismo están haciendo Pedro Sánchez, Pablo Casado o Albert Rivera, tan dicharateros en otras cosas. Y es que todo esto resulta muy grave. Pone al descubierto que existen unas cloacas en el estado que mantienen una actividad muy intensa. Una actividad que en muchos casos es claramente delictiva.
jueves, 28 de marzo de 2019
De conquistas y perdones (a propósito de la petición del presidente de México)
Nada de lo antes expuesto es ajeno a lo que ocurrió en lo que hoy llamamos América. Un inmenso continente, formado a su vez por tres subcontinentes y extendido de norte a sur, llegando cerca de los respectivos polos del planeta. Un continente que hace cinco siglos empezó a conocer la llegada masiva de población procedente de Europa con la intención de ser colonizado. Estados como el castellano, el portugués, el francés, el inglés o el holandés se fueron instalando y fueron conformando diferentes formas de explotación del territorio y de sus gentes. Sus consecuencias, siendo variadas, supusieron enormes beneficios para las metrópolis respectivas y enormes perjuicios para las poblaciones autóctonas.
Un continente que está formado actualmente por un abanico de estados que acogen en su interior una amalgama de grupos raciales perfectamente jerarquizados. Grupos que se han ido superponiendo, mezclando y desplazando a lo largo del tiempo, desde la gran variedad de pueblos indígenas hasta las poblaciones de origen europeo llegadas en diferentes olas migratorias, pasando por las poblaciones llevadas a la fuerza desde el continente africano o llegadas en busca de trabajo procedentes de Asia. Y también, por supuesto, esas categorías intermedias que en otro tiempo fueron producto de mestizajes raciales, en los que casi siempre predominó el elemento blanco-europeo y masculino. Múltiples combinaciones que dieron lugar a lo mestizo, lo mulato, lo zambo, lo cuarterón, lo cholo...
Hace unos días el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pronunció unas palabras dirigidas al jefe del estado español para que pidiera perdón por el papel que jugó nuestro país en la conquista y colonización de su territorio. La reacción en la mayor parte de los grupos políticos y de los medios de comunicación ha sido unánime y airada, sintiéndose ofendidos por lo que consideran una afrenta contra nuestro país. Porque, según han respondido, no hay nada que perdonar. Bien porque eso ocurrió hace cinco siglos, en la postura más moderada, o bien porque nada malo hubo en nuestra llegada y presencia, sino todo lo contrario, como le gusta presumir al actual líder del PP.
Puede dar la sensación de que López Obrador ha errado en el momento. Porque estamos en pleno fragor de la lucha contra ese enemigo interior que es el nacionalismo catalán, el mismo que está poniendo en peligro la unidad de España. Y estamos, por ello, en pleno fervor patriótico, español, por supuesto. Y tal está la cosa, que los tres partidos de la derecha tildan de traidor al que hoy gobierna el estado por su relación con los separatistas. Y tal está también, que este último partido, que durante un tiempo habló de lo plurinacional, lo federal y el diálogo, ha acabado dejándolo atrás para acabar escenificando su profunda españolidad con un fondo de banderas monárquicas y europeas.
No han faltado algunas voces del mundo de la cultura que se han unido a ese coro que clama contra el presidente mexicano. Como, a modo de ejemplos, la de Mario Vargas Llosa, peruano de origen, con su "tenía que haberse enviado la carta a sí mismo"; la del nicaragüense Sergio Ramírez, para quien "el problema (...) no es del pasado"; o la de ese cantor de las hazañas imperiales llamado Arturo Pérez Reverte y su "que se disculpe él", que ha acompañado de insultos de la índole de "imbécil" y "sinvergüenza".
Y en medio de estas muestras de soberbia, me quedo con lo que hace años dejó escrito otro escritor, el uruguayo Eduardo Galeano: "La aventura de la usurpación y el despojo no descubre: encubre".
(Imagen: mural "La conquista de México", de Diego Rivera)
miércoles, 27 de marzo de 2019
La clase trabajadora como sujeto de cambio, motivo de análisis y consideración
Hace unas semanas llegó a mis manos el libro La clase trabajadora. ¿Sujeto de cambio en el siglo XXI? (Madrid, Siglo XXI, 2018), coordinado por Adrián Tarín Sanz y José Manuel Rivas Otero y en el que participan otras 12 personas, sin contar el breve "Prólogo" escrito por Diego Cañamero Valle. Estamos ante una obra interesante, por supuesto, y novedosa, en la medida que buena parte de los planteamientos que se ofrecen buscan superar esquemas que se consideran caducos, fracasados y/o incompletos. El interrogante que refleja su subtítulo deja, no obstante, una puerta abierta a la duda. Me atrevo a decir que varios de los artículos del libro se pueden circunscribir a reflexiones que se hacen desde el entorno de Podemos. Esto no supone que sean posturas oficiales o que se viertan críticas a algunas teorías con gran influencia en algunos dirigentes de dicho grupo, como ocurre, por ejemplo, con la de Ernesto Laclau. Entiendo todo esto como el hecho de un grupo que recogió planteamientos teóricos de nuevo tipo, muchos de los cuales afloraron en los momentos culminantes del 15M, y críticos con la tradición marxista en sus distintas vertientes, así como con buena parte de las variantes del postmodernismo que surgieron en el último cuarto del siglo XX.
Yendo a su contenido, interesante en la diversidad de aspectos que se tocan y en los puntos de vista que dejan traslucir, he clasificado los artículos en dos grandes bloques, atendiendo al grado de distanciamiento de lo que podrían ser los planteamientos marxistas. Empezaré por los más distantes y críticos. Seguiré con los que considero que no se alejan tanto, lo que no tiene por qué estar exento de crítica. Y acabaré con otros que se sitúan en paradigmas como el indigenismo, el anarquismo y el ecologismo. Dentro de la dificultad, voy a hacer un ejercicio de síntesis que permita completar el recorrido de los diferentes artículos.
La mayor distancia y/o crítica respecto a los planteamientos marxistas
En la "Introducción" Tarín y Rivas se refieren a lo ocurrido en 2011 en el 15M y se preguntan si lo que se reflejó fue una mutación del sujeto revolucionario, tradicionalmente atribuido a la clase obrera por la izquierda tradicional, para dar paso a un un sujeto más amplio, que pudiera denominarse "pueblo" o "los de abajo", lo que supone una ampliación del espectro social hacia las clases medias. Se preguntan también acerca de la confluencia política formada para las elecciones de 2016 con la denominación Unidos Podemos, de la que señalan que no dejó de ser una reproducción de la hegemonía de las élites, lo que a la postre ocasionaría los resultados adversos que tuvo.
José Manuel Rivas ("De la clase al pueblo: una revisión crítica de la teoría marxista de la lucha de clases") se lanza de lleno, por limitados, a lo que destaca como tres aspectos fundamentales del marxismo tradicional: el historicismo, que conlleva la postura teleológica de la desaparición de las clases; la concepción objetivista, que supone que la conciencia viene dada, descartándose la autoconsciencia; y el reduccionismo de clase, en este caso considerando a la clase obrera como protagonista del cambio. Aunque el autor aporta los intentos desde el propio marxismo por superar estas limitaciones, defiende un discurso centrado en lo popular democrático, donde el pueblo y no la clase social, esto es, la dicotomía privilegiados/gente común, y no burguesía/proletariado, se convierta en el eje de construcción de una nueva alternativa.
Santiago Alba ("Sujetos políticos y relevo civilizacional") se centra en el cambio civilizatorio, basado en el relevo que se ha dado en el principio generador de la hegemonía. Considera que ahora es el mercado el que ha sustituido a la clase, de manera que la clase trabajadora tradicional, ubicada antaño en el espacio de la fábrica, se ha volatizado para dar paso a una clase consumidora, lo que conlleva la necesidad de un "Sujeto Humano global". Y en ello, por ahora, las derechas van ganando a las izquierdas. Las primeras han sabido asociar la protección de la gente con viejos significantes (nación, identidad cultural....) y con nuevos cuños reaccionarios (neomachismo, twiterización del exabrupto clásico, rechazo del elitismo progresista...). De las segundas considera que están carentes de "una propuesta común y realista", ancladas en el radicalismo, la especialización militante y el culturalismo.
Para Antonio Antón ("El sujeto de cambio"), que parte de las enormes transformaciones sociales y de comportamiento habidas en las últimas décadas, se está empezando a configurar "una identificación del adversario común, así como una conciencia emergente de un bloque social alternativo y democrático". Desecha el concepto de clase objetiva y se alinea con la consideración de la experiencia popular como forma de construcción del sujeto. Defiende los grandes valores (igualdad, libertad, solidaridad, democracia...), de los que dice que, lejos de ser significantes vacíos, son componentes fundamentales de un proyecto emancipador-igualitario. Por ello considera justificadas las reservas a la denominación de izquierda, que se asocia a la deriva socioliberal de la socialdemocracia o al autoritarismo de los regímenes socialistas del este de Europa.
Silvia Federici ("Acerca del trabajo de cuidado de ancianos y los límites del marxismo") se sitúa en el paradigma feminista. Parte del aumento de la población anciana en número y de la esperanza. Si bien su artículo se centra más en lo que está ocurriendo en EEUU, no por ello se supone que no pueda extrapolarse a la realidad de otros países. Su enfoque está inscrito dentro del feminismo, desde el que se ha focalizado la lucha anticapitalista en la casa, el barrio y el territorio. esto supone una crítica a la importancia que ha dado el marxismo al trabajo industrial asalariado y a la producción de mercancías, descuidando la reproducción de los seres humanos y de la fuerza de trabajo. E incluye, así mismo, a la teoría marxista más reciente del trabajo inmaterial y afectivo expuesta por Negri y Hardt, por eludir el análisis feminista del trabajo reproductivo en el capitalismo. En la actualidad existe la paradoja de que las mujeres, asalariadas o dentro del hogar, cuando más cuidan a otros, menos reciben a cambio.
Adrián Tarín, por su parte ("La sociedad sin clases: tampoco la trabajadora"), se ocupa de una propuesta controvertida: la abolición del trabajo. Se muestra crítico con lo que considera un "fantasma" de la izquierda y del marxismo, como es la noción del trabajo como derecho. También lo hace con quienes desde la izquierda defienden actualmente la propuesta del trabajo garantizado, por considerar que la glorificación del trabajo coincide con los postulados del neoliberalismo. Desde la consideración de que "el trabajo sacrifica", el autor apuesta por la renta básica universal, que, en todo caso, obligaría "a los empleadores a aumentar las condiciones ofrecidas". No obstante, proponiéndolo como un horizonte a largo plazo, acaba proponiendo "la reducción de la jornada laboral a un mínimo compatible con las garantías sociales".
El menor distanciamiento de los planteamientos marxistas
Jorge Luis Acanda González y Meysis Carmenati González ("La problemática del sujeto desde una teoría critica del concepto") inician su artículo con una crítica a los postulados ilustrados y postmodernos del concepto sujeto. Niegan que Marx mantuviera una postura esencialista de la clase obrera y defienden, como ya apuntó el propio Marx, el sujeto colectivo, donde el individuo lo es en relación con otros y en conflicto. Desde lo que denominan la teoría crítica niegan al sujeto como sustancia y por ello con intereses individuales. Su concepto de sujeto lo relacionan con la teoría de la intesubjetividad, desde donde los individuos se relacionan entre sí de forma mediada. Consideran un error la idea de un sujeto revolucionario en sí mismo, siendo necesario superar la hegemonía burguesa, que es la que ha creado la subalternidad de la clase obrera. Esto supone optar por "la naturalización de la contrahegemonía, revolución cultural, capaz de [...] recrear una concepción del mundo [que permita] relacionarnos entre nosotros y con los objetos que nos rodean".
Jorge Sola Espinosa ("La invisibilización de la clase trabajadora") considera que la invisibilización y la demonización de la clase trabajadora forman parte del "macizo ideológico" dominante, aun cuando lo segundo haya perdido peso. Lejos de desaparecer, la clase trabajadora, que en nuestro país supone al menos la mitad de las personas que venden su fuerza de trabajo, lo que ha conocido es una modificación en su composición: ha disminuido la tradicional y han aumentado las "nuevas clases medias" (diferentes a la vieja clase media vinculada a la pequeña propiedad). Y es en esta novedad y desde la vertiente de autopercepción donde se centra más el autor. Destaca el "clasemedianismo", al que califica como falsa conciencia por la ilusión de un mundo igualitario. Es lo que explica la idea de sentirse ante todo como ciudadano (que vota) y consumidor (que compra). Está fomentado desde los grupos que desarrollan el trabajo de representación (medios políticos y de comunicación) y ha estado presente desde la Transición e incluso en el movimiento 15M. Es desde aquel entonces, paralelo al proceso de neoliberalización de la economía, cuando la clase trabajadora, que nunca fue homogénea, ha ido perdiendo su papel de actor político destacable y con ello ha ido invisibilizándose.
El artículo de Arantxa Tirado Sánchez y Ricardo Romero Laullón (Nega) ("Los trabajadores culturales en el capitalismo del siglo XXI: obreros culturales o privilegiados sociales") presenta dos partes diferenciadas, pero relacionadas en entre sí. En la primera critican los discursos acerca de la desaparición de la clase trabajadora. También marcan distancia de teorías como la del capitalismo cognitivo, basado en los aspectos informacionales, culturales y del conocimiento, o la del fin del trabajo, con máquinas y robots sustituyendo a los seres humanos. Muy al contrario, consideran que la clase trabajadora es ahora más numerosa que nunca, pese a su mayor grado de heterogeneidad, fragmentación y complejidad. En la segunda parte se centran en los trabajadores de la cultura, uno de cuyos rasgos es la creciente precarización. Defienden el aumento de la inversión pública para la realización de sus actividades, a la vez que advierten el riesgo que aspectos como las subvenciones sean una forma de comprar voluntades. No les falta resaltar como positivo el modelo cubano.
Indigenismo, anarquismo y ecologismo
Tomás Quevedo Ramírez ("Del indio como sujeto revolucionario: el caso del movimiento indígena ecuatoriano") nos recuerda que la raza ha sido históricamente el elemento esencial en la jerarquización social de América Latina. La situación de subordinación de la población indígena intentó ser paliada hace un siglo a través de la mediación indígena, en la que la izquierda jugó un "rol de ventrilucuo". Desde ésta se llegó a reconocer, como hizo Mariátegui, a lo indígena como sujeto revolucionario dentro de la lucha por la tierra, reivindicando, a su vez, los elementos comunitarios que han ido perviviendo. En el caso más concreto de Ecuador se ha estado dando recientemente un diálogo intelectual con el mundo indígena desde posiciones marxistas y cristianas, pero siempre subordinando al mundo indígena. El levantamiento indígena de 1990 ha permitido la conformación del Movimiento Indígena Ecuatoriano, que abarca un triple condicionamiento: territorial, étnico y de clase. El autor, no obstante, defiende la necesidad de "puentes de diálogo con otros actores, como los obreros, ecologistas o estudiantes".
Miguel Vázquez Liñán ("Agenda para una memoria de la liberación") mantiene que existe una continuidad de la discusión habida a finales del siglo XIX entre el darwinismo social defendido por T. H. Kuxley y la defensa del instinto de sociabilidad y la solidaridad humana del anarquista Piotr Kropotkin. La caída del muro de Berlín habría servido para considerar como inevitable la derrota de un visión del mundo basada en el apoyo mutuo. El autor propone una memoria de la autogestión, de formas alternativas de consumo y de relación con la naturaleza apoyo mutuo; la recuperación de las luchas pasadas y las experiencias satisfactorias de vida; la memoria de las víctimas... Nos recuerda la dependencia de las élites político-empresariales y propone la necesidad de crear un circuito alternativo de medios de comunicación, junto con la democratización del sistema de medios.
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