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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Una visita a Éibar llena de recuerdos

 

Éibar fue el municipio pionero en la proclamación de la Segunda República. Se adelantó unas horas a Madrid. Fue en la madrugada del 14 de abril de 1931, dos días después de las elecciones municipales, cuando los concejales de la coalición republicano-socialista de la villa guipuzcoana decidieron poner fin a la monarquía borbónica. Casi al unísono del municipio leonés de Sahagún y del oscense de Jaca. Horas después, ya por la tarde, los eibarreses y las eibarresas volvieron a celebrarlo, cuando supieron que la capital española lo había hecho oficialmente y muchos más municipios del país lo secundaran. Se inició, así, el apoteosis de las banderas tricolores enarboladas en un ambiente festivo por las calles y plazas. 


Años después, en su exilio venezolano, el escritor eibarrés Toribio Echevarría dejó reflejado ese momento en su libro Viaje por el país de los recuerdos:

" (...) antes de las seis de la mañana habíase congregado el pueblo en la plaza que se iba a llamar de la República, y los concejales electos del domingo, por su parte, habiéndose presentado en la Casa Consistorial con la intención de hacer valer su investidura desde aquel instante, se constituyeron en sesión solemne, acordando por unanimidad proclamar la República. Acto seguido fue izada la bandera tricolor en el balcón central del ayuntamiento, y Juan de los Toyos dio cuenta desde él al pueblo congregado, que a partir de aquella hora los españoles estábamos viviendo en República".


Hace unos días estuvimos en Éibar. Fue una visita entrañable, que contó con la amabilidad de Marian, Xabi, Marisol y Rubén. Recorrimos algunas de sus calles, vimos algunos de sus rincones, nos detuvimos en la fachada del  legendario Ayuntamiento, compartimos un vino en lo que fue la antigua Casa del Pueblo... Y no faltó una espléndida comida ofrecida por Xabi y Marian en una sociedad gastronómica... También afloraron los recuerdos. Los propios, los de familiares, los de las amistades... Y algunos -sí, así fue- de gente que, en común, sabíamos de lo ocurrido o hasta conocíamos. Nos acordamos de ese Roberto Pérez Jáuregui baleado en diciembre de 1970; de las hermanas Arranz y su hermano, una de las cuales estudió en Salamanca; de María José, amante de Zahara de los Atunes y asidua de la memoria de la "desbandá" malagueña... 

¡Como para olvidarnos de Éibar!    

sábado, 21 de noviembre de 2020

Tres poemas para Ascen y Marcos por su "Paquita"

Ascen y Marcos están muy tristes. Se les ha muerto "Paquita", su perrita. Años atrás "Sura" se quedó reposando en el pinar y "Flora" se adelantó junto a la marisma para recibir a Luis. También hace años Jose, Tere y sus niñas se quedaron sin "Bruno", que tanto gustaba recibirnos con sus saltos y ladridos. No sé qué habrá sido de "Rony", el mismo que se refugió entre mis piernas cuando la "Flora" en celo buscaba darse satisfacción. Amigo de las escapadas aventureras, me contó Josemari que un día dejó de volver.  Ahora le ha tocado a "Paquita". Aguanta, "Neuri", que aún me quedan por darte unas cuantas chucherías.

   

A “Niebla”, mi perro
 
“Niebla”, tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
 
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
 
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
 
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
 
“Niebla”, mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

(Rafael Alberti)
 

Mi perro ha muerto
 
Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una máquina oxidada.
 
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
 
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.
 
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
 
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
 
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba en mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestare nunca,
y sin pedirme nada.
 
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
 
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
 
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
 
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

(Pablo Neruda)


Perro convaleciente
 
Estaba a duras penas comprendiendo
y me encontré en la calle como perdido
los gritos y bocinas se colaban
insolentes en mi áspera congoja
 
palpé las cicatrices que dejó tu mirada
ignoraba si era azul o castaño o verdosa
pero la sabía fatalmente buena
de algún modo notaba que aún estaba vivo
que no había sucumbido a una endémica angustia
así que empezaron de nuevo a funcionar
mis articulaciones y mis candores
 
fue sólo entonces que olfateé el mundo
como un perro convaleciente
y sentí que a ese aire concurrían
rostros y móviles y sombras y manos
que aquí y allá empezaban a sonar
rebeldías como vientos armándose
y también que muchísimas piernas se apoyaban
sobre las muertes y los sacrificios
y empezaban a andar y caminábamos
 
y aunque estaba en la calle como perdido
perro convaleciente que lame sus heridas
de pronto supe que tu ausencia y yo
estábamos rodeados por un abrazo prójimo
y sin pensarlo dos veces me fui
con tu ausencia y con ellos
a faenar desconsuelos
a bregar otra vez por el hombre.

(Mario Benedetti)

domingo, 29 de septiembre de 2019

En reconocimiento de Luis García Perulles, compañero y amigo
























Leí ayer el mensaje que publicó Luis en una red social. Ya sabía desde el principio la decisión que había tomado, que fue hace unos cuantos meses. No fue, pues, como consecuencia de los resultados de las elecciones municipales, sino por unas razones perfectamente comprensibles y coherentes que afectan a la esfera de su privacidad.


Quienes lo conocemos -en mi caso, desde hace bastantes años-, sabemos valorar muchas cosas de él. Además de lo que le corresponde como profesional del derecho, donde ha dado muestras de preparación y honradez, prefiero destacar la faceta propia de la actividad política dentro de IU, donde no le ha faltado lo anterior, pero resulta obligatorio añadir su generosidad con la gente y su entrega con la organización. 

Hablo de generosidad, porque ha puesto al servicio de los movimientos sociales su saber. Lo ha hecho con las personas afectadas -en realidad, perjudicadas- por las hipotecas, en favor de la recuperación de la gestión del agua como un servicio público para el municipio y buscando soluciones para los problemas que tiene la depuradora, ayudando a su compañera Gema en el asesoramiento laboral a la marinería...

Y hablo de entrega, porque desde 2015 asumió dos retos políticos de enorme responsabilidad, como han sido ser el candidato de IU en las elecciones municipales de 2015 y 2019, y ser el coordinador local de la organización. Dos tareas difíciles, para lo que contó con la ayuda impagable de sus compañeros y compañeras, cada cual dentro de sus posibilidades, pero siempre llena de generosidad. 

Como primer responsable de IU ha cumplido a la perfección. Coordinando e impulsando el trabajo político, asistiendo a cuantas reuniones ha podido de tanto dentro como fuera, siendo uno más en las tareas de intendencia... Ha tenido presente siempre su republicanismo, siendo un participante activo en cuantos eventos se han ido dando.  

Como concejal ha sido capaz de haber llevado el peso de la oposición al gobierno municipal ocupado por el PA en 2015. Un gobierno lleno de despropósitos, incapaz de haber hecho frente a los problemas crónicos del municipio, de haber frenado -todo lo contrario, la ha aumentado- el crecimiento de la deuda financiera, de haber incumplido las promesas hechas cuando su cabeza estaba en la oposición... Un gobierno centrado en el ir tirando como sea, seguir prometiendo lo imposible, repartir prebendas, apelar al victimismo... 

Y en todo eso Luis ha sido implacable denunciándolo. Pese a ello, la gente no  ha sido capaz de reconocerle su labor, su coherencia, su honradez y su valentía. Cosa que no tengo reparos en decirlo. Cuando se está en el campo electoral, lo que valen son los votos. Ni  quito ni pongo sobre lo que mucha gente decidió, pero no me callo sobre lo que ha ocurrido y lo que pueda venir en el futuro.

Con Luis la gente de IU seguirá teniendo un compañero, porque, como ha dicho, sólo se ha escorado hacia un lado en sus responsabilidades para dar paso a otra gente y, además, poder adecuar mejor su vida a sus necesidades. Y también seguirá teniendo un amigo. Y yo, por supuesto, me encuentro ahí.       

viernes, 19 de octubre de 2018

Con el Barba-teño





























Hace unas semanas mi amigo Paco Malia me anunció que iba a preparar unas viñetas con motivo de mi jubilación. Maestro también jubilado y excelente profesional, se trata de una persona con una gran bonhomía. Le gusta ejercer de ser de su pueblo, Barbate, y ha llegado a inventar una palabra para ello: barbatero. A todo esto se le une su  impresionante capacidad para crear: relatos breves, poesía, historia local... y viñetas. 


Hace cuatro años, cuando presentó su libro de poemas Piel de otoño, le dediqué una entrada, pero ahora voy a resaltar su faceta de dibujante, como creador de un personaje entrañable: "El Barba-teño". Durante varios años sus viñetas estuvieron presentes en Debate Ciudadano, el boletín que IU de Barbate editaba casi mensualmente. Las situábamos en la contraportada y vaya si daba lustre, junto con las ilustraciones en la portada y las páginas interiores de Luis Valverde, a una publicación cargada de política. "El

Barba-teño" aportaba la sabiduría de un abuelo del pueblo, que en el fondo, como heterónimo, era la del propio Paco. 

Ahora, con su regalo-dedicatoria me ha investido como miembro de esa orden ficticia que tiene en la gorra y el bastón los elementos más típicos de su indumentaria. Gracias, amigo.


(Fotografía primera: Felisa Rico)

jueves, 11 de octubre de 2018

A un compañero que se jubila..., a un amigo

























Ha estado más de 36 años en el instituto Trafalgar de Barbate y ha sido una persona que ha sabido identificarse con él. Se ha involucrado como el que más a través del trabajo, pero no sólo. Ha participado en fomentar el buen rollo con el profesorado, el alumnado, el personal no docente y los padres y las madres, y se ha convertido en uno de los principales propagandistas, en el buen sentido de la palabra, del centro.

Amante del deporte, ha sido coherente en practicarlo, especialmente el fútbol, donde se mantuvo hasta muy tarde. Fue uno de los baluartes de los partidos que jugábamos los profesores con los alumnos en mayor medida, pero también con veteranos del deporte y los maestros de los colegios. Coincidí con él en los “años dorados” de la primera mitad de los noventa, cuando jugábamos casi todas la semanas, llegamos a ser terceros en el campeonato de veteranos y no teníamos rival entre los colegios.

Otra de sus facetas has sido su amor por la escritura. Es un asiduo de las Cartas al Director del Diario de Cádiz, habiéndose convertido casi en un corresponsal-articulista del periódico. No le ha faltado El País, que de vez en cuando se ha hecho eco de sus misivas. Como una reciente en la que recordó a una antigua alumna, Rosa Castillo, que jugó algunas veces con los alumnos y llegó más tarde a ser componente de la selección española. En la carta que publicó ese diario reivindicó el papel de la mujer en el deporte y no le faltó la ocasión para sacar a relucir a su querido Barbate.

Recientemente se ha dedicado también a hacer uso de los correos electrónicos, a través de los cuales nos manda sus reflexiones personales, más sobre lo humano que sobre lo divino, con especial interés por lo ocurre con el Trafalgar y sus gentes. Y en todo ello nunca le ha faltado el sentido del humor, que rezuma en cada momento.

He coincidido con él durante 29 años y puedo presumir de haberme llevado bien, que no es poco por mi parte. Hemos compartido muchas conversaciones y también inquietudes. Sobre la política, el deporte... A él le debo una de las dedicatorias más emocionantes que he recibido, la que dedicó el día de mi jubilación y que hasta ahora no me había atrevido a publicarla en este cuaderno.

Puedo decir que eso de las prisas no era lo suyo, sin que por ello dejara de cumplir con sus obligaciones, y que las mejores de sus virtudes han sido siempre la amabilidad y la generosidad. Y puedo decir también que es una persona culta, que no tiene por qué estar reñido con tener o no tener títulos universitarios. Y a José Antonio Cabeza Cabeza no creo que se le pueda negar el haber obtenido el doctorado de la vida.

(Fotografia: Ángeles Vélez)

lunes, 13 de junio de 2016

Juan José y Genoveva, una amistad desde Bretaña






















Hace once años conocí a Juan José y Geneviève. Formábamos parte de un grupo de amigos y amigas que nos dedicamos durante un año a recorrer distintos lugares de la provincia de Cádiz, con algunas escapadas a otras provincias cercanas de Andalucía. Pateábamos caminos, a veces agrestes, y aprovechábamos para degustar la cultura culinaria que nos ofrecía cada lugar. Juan José y Geneviève viven en Francia, en la ciudad de Brest, el extremo más occidental de la península de Bretaña. Pero llevan años yendo y viniendo a Barbate a pasar algunas temporadas en busca de la suavidad de su clima y, como les gusta decir, de la amabilidad de sus gentes.

Brest es la capital occidental de una región bella, de cultura ancestral y en parte misteriosa. Y una ciudad donde se divisa la inmensidad del océano en la plenitud de su bravura, rodeada de espléndidos acantilados graníticos y por cuyas costas, por el norte y por el sur, se diseminan pequeñas ciudades y pueblos que a lo largo del tiempo han hecho del mar su vocación. 

Geneviève es francesa, pero la llamamos Genoveva, castellanizando así su nombre para hacer más fácil su pronunciación. Originaria de Saint-Germain-en-Laye, una pequeña ciudad próxima a París, siendo estudiante acabó recalando en Rennes, la capital oriental de Bretaña, donde estaba estudiando Juan José. Éste nació como tal, aun cuando en Francia se le conozca como Jean. Y es que lo hizo en España, en Santander. Fue en un momento malo, porque muy de niño, en julio de 1937, tuvo que huir del país con destino a Francia junto con su madre Sabina y su abuela también Sabina, cuando las tropas fascistas, después de haber tomado Vizcaya, prosiguieron su camino hacia la provincia cántabra. Su padre, al que llamaban Pepín y era oficial del Ejército Popular republicano, hubo de permanecer un mes más en España, hasta que se vio obligado a huir al país vecino.

Juan José me ha ido contando con detenimiento las vicisitudes que pasaron él y sus progenitores por esos años. Como la salida desde el puerto de Santander en un barco que les llevó a Saint Nazaire junto a centenares de personas, en su mayoría vascas. O su recorrido en ferrocarril por varios departamentos franceses y el reparto en pequeños grupos que se iba haciendo en cada estación. Y en una de ellas, en la pequeña ciudad de Mayenne, del departamento del mismo nombre situado entre Rennes y Le Mans, les correspondió bajar a las dos Sabinas con el pequeño Juan José. Allí permaneció durante su niñez y adolescencia, hasta que a mediados de los cincuenta marchó a la cercana Rennes para iniciarse en sus estudios universitarios.

Su padre, por su parte, hubo de pasar lo suyo desde que llegó a Francia. Fue en París donde se le informó en la embajada española de la situación de su familia. Y cuando parecía que podía reiniciar su vida junto a ella, aunque fuera alejado de su patria, como le ocurrió a tanta gente forzada al exilio, se encontró con que lo que llegó fue aún peor. Enrolado en la Legión Extranjera francesa al inicio de la Segunda Guerra Mundial, allá por 1939, y prisionero del ejército alemán cuando Francia fue ocupada en junio de 1940, evitó ser deportado a los campos de concentración que prepararon para quienes el fascismo alemán consideraba indeseables.

Aunque Juan José no tiene recuerdos de la guerra española más allá de lo que le fueron contando en casa, sí los tiene propios de la contienda bélica mundial. Y entre los horrores sufridos su mente tiene retenido el bombardeo angloamericano que sufrió la población de Mayenne en junio de 1944, en los días previos al comienzo del desembarco de Normandía. Pero lo que vino después, ya acabada la guerra, pertenece a otro momento.

Fue el año pasado cuando Juan José me habló de una de las peripecias por las que pasó, concretamente la relacionada con el barco que les llevó desde el puerto de Santander al de Saint Nazaire. Sabe que su salida de España tuvo lugar el primer domingo de julio, que fue el día 4. Y sabe también que dicho barco era el Sarastone, de bandera británica, cuyo capitán se llamaba John Jones, que a su vez llevó a cabo labores de evacuación de personas refugiadas hacia Francia. El mismo barco  que acabó siendo hundido en plena guerra mundial por un avión alemán frente a las costas de Huelva. En todo caso tiene motivos suficientes para haber mostrado interés por saber algo más de lo ocurrido.  

Juan José cuenta con la ventaja de conocer el diario que el capitán Jones escribió durante ese tiempo. Por él ha sabido muchas cosas, como, por ejemplo, que en cierta ocasión el Sarastone fue retenido por las autoridades francesas en el puerto de Burdeos bajo la sospecha de portar armas y que los trabajadores del puerto presionaron para que pudiera salir y proseguir así con sus actividades al margen de las propiamente comerciales.

Indagando por la red he podido ir conociendo algunas cosas más del Sarastone*. La prensa de Huelva le da dedicado algunos artículos y he localizado un breve escrito de un hijo de John Jones donde da cuenta de algunos párrafos del diario de su padre*. Se trataba de un barco perteneciente a una compañía británica ubicada en el País de Gales que se dedicaba al transporte de minerales desde algunas zonas mineras españolas, como Asturias y Huelva, hacia la isla. El hecho de que en algunos momentos de la guerra española también se dedicara a la evacuación de personas refugiadas, resulta entre curioso y sorprendente, teniendo en cuenta el papel poco amistoso que el gobierno británico mantuvo en relación al republicano. Hay constancia de que esa tarea solidaria no fue fácil, porque el acoso de varios buques de la marina fascista estuvo a punto de impedirlo en más de una ocasión de no ser por la ayuda prestada por otros buques de la marina republicana e incluso de la británica.  

El que el Sarastone se hubiera dedicado a realizar actividades comerciales con el gobierno republicano y hasta labores humanitarias no debió de gustar a las autoridades fascistas españolas, por lo que pasó a formar parte de una especie de lista negra. Y quizás así se explique el destino que sufrió años después, junto con otro carguero británico, el 29 de octubre de 1941, cuando un avión alemán, alertado por los servicios de espionaje español e italiano, los atacó frente a las costas de Mazagón. El Sarastone se llevó la peor parte, porque acabó hundiéndose en el fondo del mar. Con él lo hizo su capitán John Herbert, que había sucedido a John Jones por haberse retirado.

Juan José y Genoveva forman una pareja encantadora. No se han separado desde que tomaron la decisión de compartir sus vidas hace más de medio siglo. En 1966 recalaron en Brest, donde trabajaron como enseñantes hasta su jubilación. Y allí siguen, alternando su vida con algunas estancias en Barbate, después de haber dejado atrás una aventura atrevida que les llevó a recorrer los mares en su modesto velero.

Desde que nos conocemos, rara es la estancia en Barbate en que no encontramos la ocasión para vernos y pasar en compañía de amigos y amigas unos ratos agradables, disfrutando de manjares de la tierra y caldos de cualquier otro lugar, pero, sobre todo, charlando sobre lo divino y lo humano. Hace dos o tres años Felisa y yo tuvimos la suerte de recibir un precioso regalo: una acuarela, pintada por el propio Juan José, de un paisaje marino de su tierra bretona de adopción. Una muestra más de amistad. 

* En 1996 se publicó el libro Espías y neutrales: Huelva en la II Guerra Mundial, donde su autor, Jesús Ramírez Copeiro del Villar, trata sobre lo acontecido en torno al Sarastone. En los últimos años varios diarios de Huelva han informado sobre el hecho, como el huelva24.com en septiembre de 2011 o el huelvabuenasnoticias.com en octubre de 2014, entre otros. También he podido localizar por la red un artículo de  Charles Jones, titulado "Running Franco's blockade: captain John Jones, Aberarth, and the S.S. Sarastone" / "Rompiendo el bloqueo de Franco: capitán John Jones, Aberath y el S.S. Sarastone", en el http://welshjournals.llgc.org.uk, donde cuenta las peripecias protagonizadas por su padre basándose en el diario que escribió.




domingo, 19 de julio de 2015

Un encuentro de antiguos y antiguas militantes de Salamanca

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza
(Mario Benedetti)


Militamos en el Partido del Trabajo, la Joven Guardia Roja y/o la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores. También, en tres casos, en la Organización Revolucionaria de Trabajadores, con quien el PTE se unió, ya al final, en el Partido de los Trabajadores. Han pasado unos 35 años y ayer nos reunimos 14. Faltó mucha gente, porque fuimos bastantes más, pero fue un encuentro emotivo y bonito.

Todo empezó en Salamanca en 1974 y seis años después, en 1980, nos disolvimos como grupo político. Luego cada cual, como quiso o pudo, fue derivando a otros grupos sociales o políticos, o simplemente a ninguno, a la vez que fue creando su propia trayectoria vital y profesional. En general nos hemos seguido viendo, en mayor o menor medida. Quizás haya sido yo quien, desde una mayor lejanía física, llevara unas tres décadas sin ver a bastantes de quienes ayer nos reunimos. 

Estuvo Chema, de la primera ornada del PTE, militante hasta el final y uno de los pilares de lo que fue la CSUT. Un incombustible. Y desde principios de los ochenta, un maratoniano del ecologismo, primero en el Comité Antinuclear de Salamanca y luego en Ecologistas en Acción.

También estuvieron Julio, Merche y Paco Regalado, de la JGRE y luego, a la vez, del partido. Julio, militante de la segunda hornada, desde 1975, y uno de quienes les tocó pasar por la cárcel de Valladolid siendo todavía un adolescente. Acabó como responsable de la JGRE, haciendo valer su joven veteranía. Merche, su compañera de ayer y hoy, una de las militantes más entusiastas que estudiaba BUP en el instituto transtormesino y acabó trabajando en lo que entonces llamábamos el Psiquiátrico. Y Paco, uno de los escuderos de Julio, también estudiante en ese instituto y luego mecánico en el negocio familiar.

Estuvieron, por supuesto, Maxi y Pedro, dos de cuatro hermanos militantes y herederos de un padre que había sufrido la represión feroz del franquismo durante los años de la guerra y la postguerra. Dos de quienes en los años siguientes decidimos seguir a nuestra manera. Maxi, perfecto maestro de ceremonias, el nexo entre el pasado y el presente. Un incombustible, a su manera, de lo que inició con 18 años. Un profesional que ha sabido mantener el principio de estar al lado de quienes sufren los rigores del sistema injusto en que vivimos. Y su hermano, paciente, riguroso y ordenado, hoy más distante en el quehacer político cotidiano, pero expectante de lo que ocurre.

Acudieron tres compañeros de los currantes: Paco Cuadrado, Jesús el “Pelirrojo” y Nacho. Los dos primeros, miembros de la célula de mundo obrero y, por ello, activistas de la CSUT, que han seguido como militantes de grupos de izquierda. Y Nacho, un caso particular, porque, estando afiliado a la CSUT, encabezó la lista del PTE en su pueblo en las elecciones de 1979 y estuvo a punto de ganar la alcaldía. Desaparecido su primer sindicato, encontró en CCOO su recambio.

No faltaron Carmen, Candi y Cari, de la ORT, con quienes compartimos militancia en el Partido de los Trabajadores durante casi un año. Carmen y Candi, las almas de su organización, que llegaron de fuera para impulsarla. Cari, creo recordar, originaria de esta tierra. Un grupo de gente que, mientras duró el nuevo partido, supo acoplarse con el nuestro, hasta el punto que la propia Carmen llegó a ser la secretaria política.

Por último, estuvo José Antonio, que, curiosamente, fue el animador de que nos reuniéramos. Un manchego inmigrante en Barcelona, joven militante comunista del PSUC en los años sesenta y participante de primera hora de lo que fue el PCEi y desde 1973 pasó a denominarse PTE. El típico militante abnegado dedicado a las tareas más inverosímiles que acabó recorriendo, como un trotamundos, pueblos y campos, organizando a la gente de campesina. Las circunstancias lo trajeron años después a Salamanca, donde se ha asentado definitivamente y sigue manteniendo su espíritu luchador. 

Los años pasan, es verdad, pero el espíritu sigue siendo joven. Porque, más allá de poder parecer un grupo de vejestorios y vejestorias, en todo caso seguimos siendo militantes de la vida, como decía Mario Benedetti. Ese tipo de personas que no nos conformamos con la sociedad en que vivimos y anhelamos hacerla más habitable para todo el mundo, sin que nadie quede en el camino.

miércoles, 23 de julio de 2014

Un cuarto de siglo después





























El año pasado tuvo lugar en el instituto Trafalgar un encuentro de quienes han ido pasando por el centro desde que en 1969 se fundara. Hubo mucha gente, en su mayoría de Barbate, pero también de Vejer, pues hasta finales de los ochenta el Trafalgar también lo fue de ese pueblo. Quienes lo organizaron lo hicieron coincidir con el 75 aniversario de la constitución del Ayuntamiento de Barbate, allá por 1938. En mi caso, como a otras personas, me pidieron que interviniera. Y así lo hice. Preparé para ello el texto que a continuación aparece, pero, en vez de leerlo, porque no lo vi adecuado en ese momento, preferí hablar basándome en él. No sé por qué no lo publiqué en su momento, pero ahora, al reencontrarme con él, he tomado la decisión de hacerlo. Al fin y al cabo sigue teniendo vigencia. 

"Llevo como profesor en Barbate desde 1989. Antes estuve en otros pueblos de Andalucía (Rute, Córdoba, en la Subbética…;  El Rincón de la Victoria, Málaga, en la Costa del Sol...). Y antes de todo esto, en Málaga y, por supuesto, en la ciudad donde nací y estudié, Salamanca, con la que me mantengo unido a través de un cordón umbilical de recuerdos y presencias.

Llegué a este pueblo sin saber cuánto tiempo iba a estar, pero el caso es que ha pasado un cuarto de siglo y aquí sigo. Junto a la costa Atlántica. Mirando al otro continente. Y no exagero. Llevo años en que casi cada día cojo mis bártulos de trabajo y me dirijo hacia el Paseo Marítimo, en un rodeo intencionado que acaba llevándome hacia el instituto. Años en que, con frecuencia, voy y vengo pisando la arena de la playa, junto al agua. Resulta reconfortante. Como lo es vivir en un lugar privilegiado de la naturaleza, a pesar de los peligros que nos acechan o de los problemas que su realidad social nos depara. Pero la vida humana se muestra así y lo ha hecho a lo largo de su historia.

No sé cuánta gente joven ha pasado por mis aulas - ¿en torno a 2.000 quizás?-, pero, en todo caso, bastante. Desde hace poco voy viendo, incluso, cómo van llegando hijos o hijas de quienes di clase años atrás. De una u otra manera cada año les vengo a decir que la vida es un permanente aprendizaje. Que ocurre desde que nacemos en la familia. Que luego, también, lo hacemos entre amigos y amigas, en los centros de enseñanza, en los medios de comunicación, en los viajes... Aprendemos de lo que vemos y sentimos, de nuestros aciertos y errores, y, por supuesto, del tiempo que dedicamos a leer, estudiar... Ante todo busco una máxima: comprender desde la razón, no desde las creencias y las supersticiones. Una forma de poder ir mejorando y, como personas que nos relacionamos, mejorándonos.

No sé tampoco el número de profesores y profesoras con quienes he compartido sala, reuniones, anhelos, discusiones… La mayoría se ha ido a otros lugares. Se fue gente entrañable para mí, como Consuelo, con quien llegué desde Málaga. O, por supuesto, Mariano, Paqui o Montse, cómplices, junto a Mª José, Luis o Joaquín, urdiendo aventuras por las mujeres, el arte, la paz, Alberti o lo que fuera surgiendo. Una parte pequeña se ha ido jubilando. Empezó el otro Mariano; luego le siguió Victoriano; después, Joaquín y Abelardo; más tarde, Antonio, María, Diego, Ignacio y Manolo; y en lo reciente, José Miguel y Mª José. Unos poquitos, por desgracia, se nos han ido para siempre: Fernando, Javier, Esteban, Rafael, Luis –el compañero, el hermano, el amigo-, el otro Rafael y me acabo de enterar que Pablo.

De cuando llegué sólo quedan dos: Leo y Mari Carmen. Tres somos, pues, los restos de los años 80. De la década siguiente siguen Isabel, Vicente, Antonio, Beli y Marta, y hasta un vestigio de entonces ha tornado –creo- para quedarse: Ramón. Del tránsito al nuevo siglo están Isidoro y Agustín, y de las nuevas caras que han ido llegando, una de ellas, la de una antigua alumna: la otra Mª José. Y como este acto pretende recordar los lazos que unieron a dos pueblos en torno a un instituto, dos profesoras lo ilustran mejor que nadie: Mª Ángeles, de la última hornada vejeriega en el “Trafalgar”; y Olga, de las primeras en el “La Janda”. Es el paso del tiempo. El mismo que pende sin remisión".

(Barbate, 10 de mayo de 2013)


lunes, 16 de diciembre de 2013

Un intento de reparación a dos ausencias






































































A Montse y Juanjo

No estuve en su casa. No pude y me dio pena. No había hecho mis deberes, es cierto, pero es que las palabras no me salían. No es que no me pudiera la voluntad, que quisiera haberla tenido, sino que fue la impotencia del espíritu la que paralizó mi mente para crear, ordenar e hilar palabras. Imágenes tenía, esbozos de cosas me habían ido surgiendo, pero surgían débiles, distantes en sí, sin ritmo. Sentí la imposibilidad de materializar lo que mi mente –no sé si enferma- apenas entresacaba. No fue por falta de sentimiento, sino ausencia de pulso, lo que me impidió primero hacer y luego acudir. Por eso me quedé compungido. No ha sido la primera vez, ya me ocurrió a principios de año. Me resulta difícil decirlo y explicarlo. Me duele haberlo hecho. Dejé en febrero al vino y en octubre me quebré con los nómadas. Dos temas que dan para mucho y que me resultan entre próximos y bonitos.

El vino de Dionisos, de la eucaristía y el de cada día. El vino en multitud de matices de colores y sabores. La artesanía de un caldo que surge desde las entrañas de la tierra para  fructificar en racimos que, molteados, se fermentan hasta la apoteosis. Con él nada mejor que tener en cuenta el punto y la medida. La clave para saborearlo en su dimensión y la conciencia de tenerlo sin que nos sobrevenga lo no deseado. En ese equilibrio, aunque me repita, está la apoteosis.

Y, ¡ay!, los nómadas, el nomadeo, el nomadismo… El ir y venir sin cesar y sin prisas. El principio de la humanidad. La herencia que nos queda de los tiempos más remotos. Una realidad que todavía pervive en gente, en muy poca, manteniendo la esencia del trasvase continuo, del movimiento permanente. Para la mayoría, sin embargo, le queda un eco que se alberga en el subconsciente colectivo. El eco que nos lleva todavía a no parar, a querer trasegar, a buscar, también a curiosear…

Han pasado unos meses y ahora intento no sé si resarcirme, pero, al menos, sí desahogarme. Cómo nos han llevado con cariño a sus inocentes debilidades. Cómo han conseguido que, pasado el tiempo, sigamos saldando la deuda de la amistad contraída. Aunque haya sido en parte, aunque haya sido para mi propio consuelo, con estas breves líneas, apretadas por la necesidad y la premura, al menos he roto la impotencia que me llevó en dos ocasiones a la ausencia. 

(Invierno de 2012)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Descansa en paz, amigo













































Esta noche nos ha dejado Luis. Casi como si hubiera querido agarrarse a los versos del poeta -"temprano madrugó la madrugada". Lluvia y viento le acompañaron, "las dos hermanas corriendo furiosas por el terraplén" de la canción. Los mismos elementos que han sido constantes en su creación artística de los últimos años. Nos queda su huella, que es su obra, que es su bondad, que es su familia... No me salen palabras, sólo las lágrimas que llevaban tiempo escondidas. De tantas cosas que dijo o dejó grabadas, me quedo con éstas pronunciadas, quizás todavía sin saberlo, cuando su vida era horadada por lo irremediable: “Aunque las palabras se las lleva el viento, son palabras de Paz, de Buena Voluntad”.