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viernes, 30 de diciembre de 2022
jueves, 30 de diciembre de 2021
jueves, 31 de diciembre de 2020
En la llegada del 2021 (con una pandemia de fondo)
El año que en pocas horas va a acabar ha sido inesperado. Cuando empezó, no nos imaginábamos que un coronavirus mortífero, extendido como una pandemia, iba a poner patas arriba a la humanidad. Y no creo que esté exagerando con estas palabras. Ha desbaratado muchos planes, desde los más insignificantes hasta los más grandes, y como especie del planeta nos ha puesto, sobre lo que llevamos haciendo, ante un dilema: seguir o no seguir.
Sí, porque si optamos por lo primero, seguiremos tropezando sobre la misma piedra y lo que venga, en nuestra vida o en la de quienes nos sucedan, hará la situación irreparable. Y si optamos por lo segundo, será el momento de replantearnos todas esas cosas que habíamos naturalizado como normales, pero que resultan más que nocivas.
En los momentos más difíciles de la pandemia, cuando estábamos confinados hasta la médula, se demostraron varias cosas: la primera ha sido, quizás la más importante, que la sobrevivencia sólo se puede hacer desde la cooperación; también, que si queremos evitar situaciones como las que estamos pasando, se necesita de una mayor inversión pública/social en todos los ámbitos de la vida, donde el interés particular quede desterrado en favor del colectivo; y, cómo no, que lo más saludable es que podemos vivir con menos cosas superfluas.
Cuando esta mañana preparaba el mensaje de bienvenida del nuevo año para enviar a quienes, en mayor o menor, se sitúan en mi cercanía de afectos y complicidades, encontré en un poema de Jesús Munárriz el sentido de lo que pretendía. Se corresponde con lo que deseo para todo el mundo, porque concuerda con lo que antes he apuntado. Titulado "Manifiesto", pertenece al libro Esos tus ojos, publicado en un ya lejano año 1981. He aquí los versos del poema:
En defensa del cardo y de la ortiga,
en defensa del burro y su rebuzno
y de su condición intrascendente,
a favor de los bosques y su antiguo
modo de ser, a favor de la piedra
que el invierno cubrió de oscuro musgo,
para que vivan peces en las aguas,
pájaros en el aire, rododendros
en los jardines, luces en la noche,
y los hombres se olviden de la prisa
con que van a la nada y no se enteran,
víctimas de un progreso establecido,
para que todo cobre otro sentido
una vez asumido el sinsentido
que es todo, y concentrados en su paso
veamos sin dolor pasar el tiempo
y vivamos minutos, horas, días,
bocanadas de ser, riqueza única,
para que todo vuelva a ser sí mismo,
lo que pasó, lo que es, lo que perdura,
lo que no deja huella de su paso,
para que no dé miedo tener hijos
ni dejar de tenerlos, y el amor
vuelva a ser verdadero, a ser inmenso,
para poder tomar el sol y el aire
y sentarse en la hierba con la gente
y ponerse a charlar largo y tendido,
a favor del cansancio y del descanso,
a favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos,
por los colores y por los sonidos,
por los gustos, los tactos, los olores,
por el juego y el sueño, y los amigos,
en defensa de lo que se ha perdido,
de la paz verdadera, del sosiego,
en defensa del burro y su rebuzno
y de su condición intrascendente,
a favor de los bosques y su antiguo
modo de ser, a favor de la piedra
que el invierno cubrió de oscuro musgo,
para que vivan peces en las aguas,
pájaros en el aire, rododendros
en los jardines, luces en la noche,
y los hombres se olviden de la prisa
con que van a la nada y no se enteran,
víctimas de un progreso establecido,
para que todo cobre otro sentido
una vez asumido el sinsentido
que es todo, y concentrados en su paso
veamos sin dolor pasar el tiempo
y vivamos minutos, horas, días,
bocanadas de ser, riqueza única,
para que todo vuelva a ser sí mismo,
lo que pasó, lo que es, lo que perdura,
lo que no deja huella de su paso,
para que no dé miedo tener hijos
ni dejar de tenerlos, y el amor
vuelva a ser verdadero, a ser inmenso,
para poder tomar el sol y el aire
y sentarse en la hierba con la gente
y ponerse a charlar largo y tendido,
a favor del cansancio y del descanso,
a favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos,
por los colores y por los sonidos,
por los gustos, los tactos, los olores,
por el juego y el sueño, y los amigos,
en defensa de lo que se ha perdido,
de la paz verdadera, del sosiego,
de la palabra limpia y del silencio.
martes, 31 de diciembre de 2019
Para el nuevo año 2020, con unos versos de Shigeharu Nakano

jueves, 27 de diciembre de 2018
Un 2019 que nos ilusione
domingo, 31 de diciembre de 2017
sábado, 31 de diciembre de 2016
Feliz 2017, en especial...
El
año 2016 llega a su fin. Uno más de un proceso que parece eterno. El otro día,
paseando por la Breña de Barbate, vi una flor amarilla preciosa, de color
radiante. Quizás una margarita. Estaba junto a la Torre del Tajo, un paraje
acantilado impresionante de la costa atlántica gaditana. Parecía escondida
entre el matorral que acompaña al bosque de pinos piñoneros que componen el
parque natural. En una estación en que parece que se detiene el colorido de la
naturaleza, me impresionó la luz que desprendía. Quizás dejando ver que pronto
llegará la primavera. La esperanza, en suma, de lo que ha de ser la naturaleza
encendida en su plenitud. Quizás dejando ver la esperanza de que todo cambie a
mejor. ¡Feliz 2017, con salud, trabajo, amor y dignidad! Lo deseo para la
gente, pero en especial la más castigada: por la guerra, la pobreza, la falta
de un empleo, el trabajo precario, los maltratos, la emigración forzada...
viernes, 1 de enero de 2016
Un nuevo año y mis deseos de fraternidad

Acaba de llegar un nuevo año y, como en los anteriores, deseamos que todo vaya bien: en salud, en amor, en trabajo... Cosas que no dejan de ser, en parte o en su totalidad, una ficción para mucha gente.
Esta mañana me ha venido a la memoria una secuencia de la película Novecento -una de mis preferidas y para mí, entre las mejores-, el momento en que se produce un breve diálogo cuando un grupo de gente campesina, llegada de las montañas, despojada de sus tierras por los fascistas y con unos sencillos aperos, se dirige a otro que vive en una hacienda agraria perteneciente a un terrateniente:
-¡Eh, compañeros!, ¿es verdad que dais la tierra a quien la trabaja? (...). ¡Os lo pregunto a vosotros!, ¿es verdad que ahora dais la tierra a quien la trabaja? -pregunta una mujer, que aparece sola.
-¡Sí, es verdad, ven! -le responde otra que se encuentra en la plaza de la hacienda.
-¡Adelante, venid aquí, coño! -dice, gesticulando, la primera mujer a su gente, a la vez que va entrando en la plaza y entrando en la escena.
-¿Quiénes sois vosotros que nadie os conoce y decís palabras que tenemos todos en el corazón? -les habla ahora un guerrillero antifascista para corroborar su aceptación.
Toda una muestra de lo que es, en este caso, la solidaridad de clase, extensible a la humanidad formada por quienes viven de su trabajo y desean que la forma de relacionarse debe basarse en la cooperación, la ayuda mutua, la fraternidad, la igualdad.
Eso es lo que deseo para todo el mundo para este año y los que sigan.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Un 2015 con esperanza
Dicen que la esperanza debe ser lo último que se pierda. Estoy de acuerdo. Y para los tiempos que corren, por supuesto. Me ha venido a la memoria una canción de Silvio Rodríguez, "Venga la esperanza", que parece que cuadra a la perfección. En un día como hoy, extiendo el deseo para quien lo acepte. Venga la esperanza,
pase por aquí.
Venga de cuarenta,
venga de dos mil.
Venga la esperanza
de cualquier color:
verde, roja o negra,
pero con amor.
(Silvio Rodríguez)
(Fotografía: Pintura de René Portocarrero)
viernes, 31 de diciembre de 2010
Feliz año
Último día del año. Hace un año nevó. Hoy está lloviendo. Es lo de menos. Son días de invierno. Del meteorológico y en el hemisferio norte. El mundo, sin embargo, sufre. La mayoría, siendo más preciso. Hay mucha gente que ha nacido, por desgracia, condenada. La miseria, el hambre, las enfermedades endémicas no son cosas que hayan surgido del azar. Son expresión de la insensibilidad. De la peor de las insensibilidades. De ese casino en el que siempre gana la casa, que siempre son los mismos y pocos. Muy pocos. Para quien quiera ofrezco mi mano con un ramo de flores, como hizo en su día el pintor. Mano con mano y un poco de color. Y calor. Feliz año. jueves, 31 de diciembre de 2009
Salud, amor y felicidad para 2010
Desde que inicié la publicación de Entre el mar y la meseta he conocido una experiencia nueva escribiendo de una manera abierta y de cara a la gente. La red electrónica es una vía de comunicación muy interesante que estoy intentando utilizar, en este caso, desde la experiencia de un cuaderno electrónico. Mucho ha sido lo escrito, en forma de de comentarios, sobre todo, pero también de artículos, relatos breves y poemas. La mayoría, hechos en el momento presente, pero en algunos casos aprovechando cosas que ya tenía hechas en años anteriores, incluso de mi juventud. Prometo seguir, porque me gusta y me divierte; me viene bien, en la medida que me relaja; y además tengo cosas preparadas que irán saliendo según las vaya acabando.
He mirado el número de personas que han visto mi perfil. Después de medio año de vida, está en torno a 330. Para mí no está mal. Tampoco me he preocupado de hacer una campaña publicitaria para que la gente se acerque a mi cuaderno. Sé que hay personas que me leen asiduamente, lo que me satisface. Como también me satisface que haya gente que me lea de vez en cuando o de vez en poco. Hay hasta quienes me hacen comentario sobre lo escrito. También resulta bonito.
Y para acabar, ante todo quiero desear para quienes me leéis lo mejor: salud, amor y felicidad. ¡Hasta el casi inmediato 2010!
domingo, 7 de junio de 2009
Para empezar...
He creado mi primer blog (palabra que, de entrada, no me gusta), algo que llevaba rumiando desde algún tiempo. Ahora me he decidido. El objetivo es claro: salir a la red para comunicarme con cuantas personas quieran, mientras dejo mis escritos, imágenes, música... Por distintas razones soy una persona curiosa y creativa, con voluntad de aprender de la gente y de que sepan de mí. Se trata de de una complementariedad de intenciones que es, en todo momento, humana.
Pero no sólo es eso. No me gusta hablar por hablar, ni escribir por escribir, ni hacer por hacer... Me gusta darle sentido a las cosas. No entiendo las acciones humanas como meras anécdotas o singularidades ajenas a la realidad. Las cosas que hago salen desde la conciencia de hacerlas. Y mi conciencia de las cosas se inscribe en una concepción del mundo y de la vida que, por ejemplo, no concuerdan con los valores dominantes de las sociedad de nuestros días. En cierta medida este blog tendría un carácter alternativo, porque busca salirse de lo establecido. Una alternativa que intenta recoger e incorporar cuantas creaciones de la humanidad han servido o puedan ayudar a hacer de este mundo algo más justo, más libre, más igualitario, más tolerante, más respetuoso con la naturaleza...
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