jueves, 23 de septiembre de 2021

16 poemas en el equinoccio del otoño


Canto de otoño

1

Pronto nos sumergiremos en las frías tinieblas;
¡adiós, viva claridad de nuestros veranos demasiado cortos!
Escucho ya caer con golpes fúnebres
la leña que retumba sobre el pavimento de los patios.

Todo el invierno va a penetrar en mí ser: cólera,
odio, escalofríos, horror, trabajo duro y forzado,
y, como el sol en su infierno polar,
mi corazón no será más que un bloque rojo y helado.

Oigo temblando cada leño que cae,
el cadalso que se erige no tiene más que un eco sordo.
Mi espíritu es semejante a la torre que sucumbe
bajo los golpes del ariete infatigable y pesado.

Me parece, sacudido  por este choque monótono,
que en alguna parte estamos clavando con prisa un ataúd.
¿Para quién?...  Ayer era verano; ¡he aquí el otoño!
Este ruido misterioso suena como una partida.

2

Amo de tus largos ojos la luz verdosa,
dulce belleza, aunque hoy todo me es amargo,
y nada, ni vuestro amor, ni el tocador, ni el hogar,
valen para mí el sol radiante sobre el mar.

Y, a pesar de todo, ¡ámame, tierno corazón!, sé madre,
lo mismo para un ingrato que para un malvado;
amante o hermana, sé la dulzura efímera
de un glorioso otoño o de un sol poniente.

¡Corta tarea! La tumba espera; ¡está ávida!
¡Ah, déjame, con mi frente puesta sobre tus rodillas,
probar, añorando el verano blanco y tórrido,
la estación que se va, el destello amarillo y dulce!

(Charles Baudelaire).


El otoño

El otoño es un barco que navega
con abrigos, silencios y paraguas,
sobre los parques y las arboledas.

¡Gaviotas amarillas!
Son las hojas que vuelan
y caen lentamente
hasta pisar la tierra.

El cielo frío se parece al humo
de los barcos sin velas
que dibujan el sueño de los vientos
con los pinceles de sus chimeneas.

Yo soy el marinero del otoño.
Mira mi barba seca
y las bellas gaviotas melancólicas
volando en mi cabeza.
En la orilla dormida de la tarde
hay olas de silencio y de tristeza.

Por las ramas desnudas,
por el agua secreta,
por los abrigos grises,
el otoño navega
como un barco perdido
sobre las arboledas.

(Luis García Montero).


El otoño se acerca

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

(Ángel González).


El primer otoño de tus ojos

Hojas color de hierro, color de sangre, color de oro,
pedazos del castillo del día
sobre los muertos pensativos.

Mientras la luz se filtra entre las ramas,
el aire frío esparce las memorias.

Es el primer otoño de sus ojos.

Cuánto camino andado hasta la huesa
donde se han ido ahilando
los amigos nocturnos del vino
y los lejanos maestros.

Quedar como ellos profiriendo flores,
quedar como ellos perfumando umbrosos,
quedar juntos y dialogar
en plantas renacientes,
para que nuevos ojos escuchen mañana
en el cristal de otoño
los murmullos de corazones desvanecidos.

(Roberto Fernández Retamar).


Equinoccio de otoño


La vida es, también, corazón,
resignar algo de luz en cada otoño,
cada vez que el dorado,
desviste melancólico,
la copa de los árboles caducos
y arrebata despiadado
el nutrido verdor de la hojarasca.
 
Sin embargo y a pesar de ello, amor,
el otoño es, además, la edad de oro
para los hombres sabios:
dan frutos los membrillos,
florecen las violetas y huelen
a castaños las horas cenicientas.

Es tregua y melodía de las hojas que caen
ante el recogimiento de los silentes días.
La incurable nostalgia que gotea en las ventanas
trae consigo el cielo de tus ojos amados
y entonces el morir, ese morir un poco
que regresa en otoño, se torna en prodigiosa,
en radiante primavera.

(Ana María Broglio).


Equinoccio de otoño

Los días van pasando y el otoño
al tiempo está llamando.
Triste se encuentra el oro de la luz
bajo un azul de sierras del invierno
jugando al escondite
con nubes de ceniza
que llenan poco a poco
vientos de aromas frescos y mojados.

Metamorfosis de fulgores cálidos
que en dorado despiertan
por las voces del tiempo
entre las sombras de crecidas ramas,
en este sol tiznando con sus besos
senderos y ramajes.

En la nostalgia queda el dulce beso
de la mar lisonjera,
largos andares por
el paseo marítimo
bajo el aroma a tardes marineras.
La música celeste de las olas
rizadas por la brisa
en la hora de los sueños...
Huracán de caricias inefables
al despuntar el alba
sobre la franja que une mar y cielo.

Los días van pasando, hay huellas de ocre
yaciendo en los caminos,
huellas verdes y rojas
y amarillas que penden de las ramas
ajenas al tic-tac del segundero
que serán huecos de un ayer florido.

Equinoccio de otoño,
vientos, lluvias y claros,
llega la fresca brisa destapando
el tarro de perfumes
y los olores de melancolía...
vuelan por los tejados.

Por el bosque de bronce,
apenas, vagas sombras aletean,
ya huele a nube triste,
a hoja marchita planeando al viento,
al besar empapado
de la niebla a la tierra;
a tardes de nostalgia en ventanales...
al crepitar de leña en chimenea.

Hojarascas doradas, por el río
bogan a la deriva,
y en este sol nostálgico y enfermo,
el campo florecido,
se funde con dolor por la llegada
de un gris que apena el cielo.

Y en el grisáceo ocaso de las cinco,
la fuente solitaria inicia el sueño,
en tanto que el estío,
ya hiberna en el valle del silencio.

(Luis Prieto).


Memoria

El otoño es una promesa de sucesos y barcos, una Jerusalén de noches 
    dislocadas.
Tiene carreteras solitarias como muslos y una luz que invita a la ferocidad 
    y a creer en la belleza de rectas y precipicios.
Es mentira su sinfonía de pérdidas verticales, el acuerdo general para el llanto.
En verdad se reconoce a octubre por la máscara veneciana 
    y el sexo frotándose las manos.

Te hice el amor en cada instante despoblado de cuerdas y deber.
Te hice el amor en cada ocio y cuando no lo tuve te hice el amor en atascos 
    y rutinas, por calles en las que, inmóvil, corría tras la súbita herida en el pecho,
    tras el desmayo.
Te hice el amor cuanto monte soy capaz y fue mi frente un universo 
    que dejaba al Pacífico en relato de ciclos sencillos, de agua y cantidad.
Hice cuanto pude por arruinarme.
El deseo es un hueso al que nadie puso nombre.

(Julieta Valero).


Otoño

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha.

(Mario Benedetti).


Quiénes son quiénes son...

Alma, Azul, Poema, Numen

Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.

(Idea Vilariño).


Sin embargo...

Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias
de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: "sensación",
la nombramos,
la describimos... la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.

De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de m
me sobrevuelo.

(Chantal Maynard).


Tan, tan

Tan, tan.
¿Quién es?
El Otoño otra vez.
¿Qué quiere el Otoño?
El frescor de tu sien.
No te lo quiero dar.
Yo te lo quiero quitar.

Tan, tan.
¿Quién es?
El Otoño otra vez.

(Federico García Lorca).


Una botánica de paz: visitación

Tengo una flor
de la que no sé el nombre
En el balcón,
en común acuerdo
con otros aromas:
la flor del beso, un rosal,
una mata de hierba luisa
Pero esos son prodigios
de la mañana siguiente;
es que esta flor
generó hojas de verde
asombro,
minúsculas y leves
No la amenazan bombas
ni románticos vientos,
ni misiles, o tornados,
ni ella sabe, aunque esté cerca,
de la sal inversa
que el mar trae
Y el cielo azul de Otoño
fingiendo Verano
es para ella una bendición,
con la poca agua
que le dio
Debe ser esto
una especie de paz:
un secreto botánico
de la luz.

(María Luisa Amaral).


Versos a la tristeza de Buenos Aires

Tristes calles derechas, agrisadas e iguales,
por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
me apagaron los tibios sueños primaverales.
Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
en el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina!— No llames. Ya no respondo a nada.
Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
viendo en días de otoño tu ciclo prisionero
no me será sorpresa la lápida pesada.
Que entre tus calles rectas, untadas de su río
apagado, brumoso, desolante y sombrío,
cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

(Alfonsina Storni).


Vientos de otoño

Cuando los vientos otoñales,
soplen sobre los sueños
y las ideas vibren
en los planos más profundos,
más allá de lo vivido,
en la simplicidad de la muerte,
podré rehacer los cielos rotos
y las hojas amarillas.

Cuando mi alma flote,
más allá de mis huesos,
y mis muertes den origen
a nuevos nacimientos,
más allá de donde se inicia
la sinfonía de las esferas,
desnudaré todos mis rostros,
y finalmente seré libre...

Cuando los rojos soles,
se oculten por siempre
y avancen todos los muros
sobre las noches que se hunden,
más allá de mis lechos de jade,
del musgo que vistió mis espejos,
lograré aceptar la fortuna
de haber sido la Hija del Fuego.

Cuando mi cuerpo
se consuma entre llamas
y de mis letras solo queden
lúgubres cenizas,
más allá de mis casas en ruinas,
del murmullo de las aguas,
renaceré salvaje
de entre mis flores mustias.

(Fanny Jem Wong).


(Fotografías tomadas desde el pinar de Sancti Petri de Chiclana de la Frontera).

lunes, 20 de septiembre de 2021

Lo ocurrido en el barrio de Chueca, una muestra del fascismo que sigue creciendo

Hace algo más de cinco años la revista El Jueves publicaba una portada en la que resaltaba el crecimiento de los movimientos fascistas en Europa. En ese momento la visualización de ese movimiento político en nuestro país era bastante pequeña y no se tenía conciencia de que podría acabar siendo una realidad. Pero desde hace tres años, con la irrupción de Vox en las instituciones políticas -precisamente aquí, en nuestra Andalucía-, la cosa ha cambiado. Además de la presencia de ese partido en las instituciones autonómicas, central y europea, los grupos y la ideología de extrema derecha, en sus distintas variantes, se han irradiado por otros ámbitos. Uno de ellos son las redes sociales, donde hacen una apología profusa de los valores sobre los que se sustentan (nación y raza, de un lado, y antifeminismo, xenofobia, homofobia, transfobia, etc., de otro ) y van expandiendo sin tapujos noticias falsas sobre aquellas personas y aquellos colectivos sociales que no son de sus agrado. Y está también, claro está, el uso de las calles, donde se dejan ver con sus símbolos y mensajes, cuando no se dedican a acosar a determinadas personas, como ha ocurrido en la vivienda familiar de Pablo Iglesias e Irene Montero. Hace dos días alrededor de un centenar de fascistas desfiló por las calles del barrio madrileño de Chueca, dejando constancia de su odio hacia los colectivos LGTBI, mientras enarbolaban banderas con sus colores y símbolos. Todo un signo del tiempo en que nos encontramos, en el que el fascismo está más que presente. 


domingo, 19 de septiembre de 2021

Mario Camus, excelente adaptador de obras literarias

Ayer falleció Mario Camus, director de cine y televisión. A lo largo de su extensa carrera h
a tratado temas diversos y, a su vez, muy interesantes. Se prodigó en la adaptación de obras literarias, de las que extrajo lo mejor, respetando su espíritu y aportando una maestría que, en ocasiones, estimulaba su lectura o relectura. Por su mundo cinematográfico desfilaron José de Espronceda, Benito Pérez Galdós, Federico García Lorca, Arturo Barea, Ignacio Aldecoa, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Antonio Gala, Eduardo Mendoza... Y como común denominador en casi todas sus obras, al menos en las que he podido ir viendo a lo largo de los años, se encuentra la dureza de la vida. 

De niño vi por televisión algunos trabajos suyos, aunque sin saber por entonces que detrás de ellos estaba Mario Camus como su director. Es el caso de la serie Cuentos y leyendas (1968 y 1969), de la que recuerdo el capítulo El estudiante de Salamanca, basada en un poema narrativo de José de Espronceda. Fui fiel seguidor de Curro Jiménez, de cuya serie dirigió algunos de sus capítulos. Y en  menor medida lo fui de Paisaje con figuras (1976 y 1977), cuyos capítulos tenía como guionista a Antonio Gala y que fue motivo de polémica durante el gobierno del "reformista" Carlos Arias Navarro. No me faltó tampoco el haber visto en el cine del colegio, en mis años del bachillerato elemental, la película en blanco y negro Young Sánchez (1964), con Ignacio Aldecoa como inspirador literario. 

Luego, ya de joven, le siguieron varias películas, que tenían también títulos homónimos de otras tantas obras literarias: Los pájaros de Baden-Baden (1975), basada en un relato de Ignacio Aldecoa; La colmena (1982), en la famosa novela de Camilo José Cela; y Los santos inocentes (1984), en la de Miguel Delibes. En medio, Fortunata y Jacinta (1980), de nuevo en forma de serie televisiva y con Benito Pérez Galdós como referente literario. Y años después vi algunos capítulos de La forja de un rebelde (1990), que recientemente volví a visionarla en su totalidad, después de que hubiera leído la trilogía homónima que Arturo Barea escribió durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando se encontraba exiliado en Gran Bretaña.

Ayer recordaron en distintos medios de comunicación algunas de esas obras y otras que no he logrado verlas todavía. Es el caso, por ejemplo, de La casa de Bernarda Alba (1987) o La ciudad de los prodigios (1999), basadas en sendas obras de Federico García Lorca y Eduardo Mendoza. 

En mi memoria de aficionado al cine he podido retener numerosas imágenes y secuencias de esas películas y series. Algunas, incluso, de las que son memorables. No puedo olvidar la escena de la derrota por k.o. con que acaba la película que protagonizó Ángel Mateos. Tampoco, a Catherine Spaak, interpretando a una chica cultivada y de bien, en medio de sus dudas amorosas. ¿Qué podemos decir del ambiente entre angosto e hipócrita de los años de la Restauración, con una Ana Belén y una Maribel Martín representando dos mundos socialmente antagónicos? ¿O de los sinsabores de la vida más que gris que se vivió durante la postguerra española, reflejados en los semblantes y los gestos de Paco Rabal, José Sacristán, Ana Belén, Rafael Alonso, Concha Velasco y el resto de habitantes de la colmena madrileña? El infierno del latifundismo ha quedado como una huella permanente a través de la humillación sistémica y la humanidad inocente de los personajes que interpretaron Alfredo Landa y Paco Rabal. Lo ocurrido entre la guerra del Rif y la Guerra Civil está presente en la sucesión de vicisitudes vividas por el personaje encarnado por Antonio Valero...  

Todo un trabajo, el de Mario Camus, que se ha caracterizado por una pulcritud y una corrección formal exquisitas, y del que no tengo duda en calificarlo como excelente.

martes, 14 de septiembre de 2021

De artista a artista (de Paco a Luis)


De artista a artista, si. Lo fue Luis Valverde Luna, fallecido en marzo de 2011, y lo es Paco Malia. Luis, excelente artista plástico, que se dedicó preferentemente a la pintura y la escultura, pero también al diseño gráfico y al tratamiento digital de imágenes. Paco, dibujante, excelente creador de unas viñetas cargadas de humor y humanidad. Los dos, docentes, Luis como profesor de secundaria y Paco como maestro de primaria. Los dos, personas comprometidas por tener como horizonte hacer de este mundo algo mejor. En enero de 2012 el Instituto Trafalgar de Barbate, donde trabajó Luis entre 1990 y 2011, organizó un homenaje. Y entre quienes prestaron su colaboración, estuvo Paco, que creó unas viñetas en las que incorporó a Luis como un personaje más de su serie "Manué El Barba-teño". Se me ocurrió que podía añadir un fondo musical, para lo que escogí un fragmento de la "Pequeña serenata diurna", de Silvio Rodríguez. Es lo que puede verse y escucharse en el pequeño vídeo 
De artista a artista. 

lunes, 13 de septiembre de 2021

El incendio en el el valle malagueño del Genal, síntoma de un modelo económico insostenible

El  espacio natural  del valle del río Genal, en la Serranía de Ronda, está siendo pasto de las llamas. Un incendio devorador que lleva destruidas, por ahora, más de siete mil hectáreas de bosque y está obligando al desalojo de viviendas esparcidas por el monte e incluso de algunos de los pueblos. 
No se sabe si el origen ha sido intencionado. Lo haya sido o no, estamos ante una catástrofe que pone de relieve, una vez más, las consecuencias de una acción humana despiadada, basada en la obtención de beneficios inmediatos a toda costa para sostener un sistema que hace de la apropiación de una minoría y el despilfarro sus baluartes. Una constatación más de la realidad del cambio climático, con consecuencias cada vez más agresivas en forma de incendios, inundaciones, deshielos...
La relevancia del ecosistema es muy grande. No deja de ser un vestigio de lo que supone la armonía entre la naturaleza y una acción humana que viene de milenios. Un vestigio, así mismo, del sincretismo cultural de quienes han morado  en esas tierras a lo largo de los siglos y han sufrido los avatares históricos que se han ido sucediendo. En las proximidades se encuentra el recién declarado Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, lo que realza el valor de todo lo que allí se encuentra.
Hace seis años visité por última vez los pueblos de ese valle. Fue un viaje precioso, en el que un grupo de siete amigos y amigas disfrutamos de los pueblos y su entorno: Alpandeire, Benadalid, Benalauría, Benarrabá, Gaucín, Genalguacil, Jubrique, Júzcar y hasta el  colindante karst de Casares, este último sito en la sierra de Utrera. En su día dejé constancia de la visita en una entrada, que titulé "Es-cultura en Genalguacil", entre  otras cosas  porque me quedé sorprendido por el cúmulo de esculturas instaladas en sus calles.
Lástima lo que está ocurriendo. Buena parte de lo destruido no va a poder ser recuperado. Se requiere, en todo caso, una labor de reconstrucción y reparación decidida. Que tenga en cuenta que el crecimiento económico per se no es el camino. No caben, por tanto, la urbanización especulativa ni la producción irracional. A no ser que se quiera seguir ahondando en la destrucción del planeta donde vivimos.

(Imágenes. las dos primeras fotografías son de Felisa Rico Amores; las otras, por orden, están hechas en 2015 en Benarrabá, Alpandeire, Genalguacil y Benadalid). 

viernes, 10 de septiembre de 2021

Ecos del 11 de septiembre chileno en mi memoria

Me resulta inevitable con Inti Illimani: escuchar su música me emociona. La melodía de “Palimpsesto”* me resulta tan profunda, tan cálida de sentimientos, que mi corazón se encoge y saca a relucir toda esa nostalgia de un tiempo de esperanza truncado por la muerte. En esa tristeza que impregna la música existe un trasfondo de esperanza, se atisba lo que aletargado crece en silencio hasta que un grito y golpe colectivo acabe con la terrible pesadilla que al pueblo chileno le embarga. Desde mucho tengo en mi memoria y mi corazón la gesta más lejana y más cercana de los moradores de la franja estrecha de tierra que está más allá de la cordillera andina y contempla la puesta del Sol mirando al océano Pacífico. Y tuvieron que ser -fue hace dos años- las voces mágicas de esas hermosas muchachas que cantaban hablando, entonando una preciosa melodía con sus palabras, su tono, su acento y su modulación. Los ojos relucientes que encendían la noche camino de la morada, bajo un cielo sin estrellas visibles y por entre los edificios de líneas rectas que se elevaban majestuosos e imparables desde el suelo frío de la tierra eslava. Veía feliz a esa gente, a esos muchachos y esas muchachas casi infantiles en sus sonrisas, pero de madurez en sus destellos sonantes. Me viene a la mente el Santiago que dejaron para instruirse y que uno se imagina a través de los poemas, las canciones o lo que las televisiones nos han mostrado. Esa capital de las grandes alamedas que se abrirán y por donde caminarán las gentes humildes que sueñan con la esperanza. Qué bellas y emocionantes me siguen resultando esas palabras del presidente caído, mártir de la única causa por la que merece la pena morir. Palabras que, insufladas de ese optimismo que impregna a los que luchan día a día por mejorar la existencia y lo existente, resultan proféticas. Chile es para mí lo imaginado y  lo visto. Son las gentes que habitan allí y se esfuerzan por labrar cada instante de su vida, y son las gentes que vagan por las fronteras del mundo, ensanchándolas con su paso, y que preparan la vuelta de la apoteosis. Chile es la patria del poeta, del gran poeta que cantó por las cordilleras y sobrevive a los vientos, a las nieves y a las tempestades. Ese aliento catártico de toda una colectividad en marcha. Allí resuena aún la voz del cantante mutilado y asesinado, y las cuerdas de su guitarra emiten arpegios y ritmos para llorar y para danzar.

(27 de febrero de 1986).

* La canción, en su letra y música, es obra de Patricio Manns. La versión que ofrezco está interpretada por el propio autor y el grupo Inti Illimani.

El 11-S del 2011 y lo que vino en los 20 años siguientes


Hace 20 años, recién llegado a casa, me encontré con la retransmisión televisiva del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, este último en las cercanías de Washington. Lo que vino después, en forma de guerras, ya se sabe: de inmediato, la de Afganistán; dos años después, la de Irak; hace diez años, las de Libia y Siria; en 2014, la de Yemen...  Guerras, guerras y más guerras.  

Por aquel entonces uno de los personajes más relevantes del mundo era Osama Bin Laden, un árabe saudí formado y protegido por la CIA en su lucha contra el régimen progresista afgano durante los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, que devino con el tiempo en un combatiente contra los propios EEUU. Entre sus reacciones por el ataque del 11 de septiembre dijo cosas como éstas:  
 
“Aquí está América golpeada por Dios Omnipotente en uno de sus órganos vitales, con sus más grandes edificios destruidos. Por la gracia de Dios. El horror ha sido vertido sobre América de norte a sur, de este a oeste, y agradecemos a Dios que lo que América está padeciendo ahora es sólo una muestra de lo que nosotros hemos padecido. Nuestra nación islámica ha estado padeciendo lo mismo durante más de ochenta años, humillación y desgracia, sus hijos asesinados y su sangre derramada, sus lugares santos profanados”. 

Quien por entonces era el presidente de EEUU, George Bush jr., justificó la guerra declarada contra el gobierno talibán con palabras como éstas:

“Cruzada, justicia infinita, libertad duradera. Seremos pacientes. Esta batalla nos costará tiempo y determinación, pero que nadie se equivoque: venceremos. Éste será un monumental combate del bien contra el mal, y el bien prevalecerá”. 

Las reacciones contra la barbarie desatada fueron numerosas. Un de ellas fue la de Toni Negri, conocido pensador de izquierdas, quien desde su crítica al neoliberalismo puso en duda esos argumentos tan falaces como eran los de Bin Laden o Bush. Apuntó, por el contrario, a que el verdadero enfrentamiento en el mundo se estaba dando entre la riqueza y la pobreza. Es así como nos lo explicó:

“Los que han perpetrado los atentados son verosímilmente hombres de la red Bin Laden formados por la CIA y los servicios secretos de Pakistán para combatir (en la modalidad terrorista) al régimen prosoviético afgano. Son, por lo tanto aliados de uno de sus objetivos: el Pentágono. Obteniendo sus fondos de la especulación financiera y aprovechándose de la liberación total del movimiento de capitales (impuesta por EEUU a todo el mundo para financiar su deuda pública y la enorme deuda privada con el sistema de la burbuja financiera). Por lo tanto no eran extraños ni a las Torres Gemelas ni a Wall Street  (...). Es necesario absolutamente terminar este estado de guerra permanente y ahora ya universal y crear unas condiciones que no permitan ni a Bin Laden ni a Bush sentarse sobre la gente con el poder del ‘mercado’ en nombre de la lucha entre el bien y el mal. Un movimiento contra la violencia y la tiranía de los mercados es siempre más necesario si queremos defender la seguridad, la vida y la democracia en todo el planeta. El capitalismo globalizado está enfermo de la violencia y de la miseria que genera. Es necesario organizar el éxodo de los pueblos y crear en la misma resistencia las nuevas relaciones sociales si no queremos morir con él”.  

Y es que Bin Laden y Georges Bush no dejaban de representar dos formas o versiones de un mundo dominado por quienes ostentaban la riqueza, aunque entre ellos pudiera existir una lucha enconada por ver quiénes eran los que controlaban el mundo islámico. Bush, como cabeza simbólica del imperio, pretendía mantener la hegemonía desde EEUU,  el país más poderoso, que había resultado vencedor de la Guerra Fría. Bin Laden, desde el orgullo de una civilización milenaria, representaba una forma de rebeldía frente a la autoridad central, pero no contra los fundamentos del sistema de mercado mundial.

Hace unas semanas, después de 20 años,  EEUU decidió levantar el acelerador en Afganistán. Detrás ha ido dejando un reguero de muertes y víctimas de todo tipo que se cuentan por millones. O, mejor dicho, sigue dejando, porque en otros lugares, aunque con menor intensidad, el horror sigue presente. Como seguirá en Afganistán, ahora en manos de esos enemigos que en su día fueron creados y utilizados como amigos por EEUU y sus aliados.

Estamos ante un sistema de mercado mundial, llamado capitalismo, que sojuzga a la mayoría de los habitantes de la Tierra.

sábado, 4 de septiembre de 2021

Más sobre la localización de los restos mortales de Federico García Lorca

Ian  Gibson  ha revelado una nueva posible localización de los restos de Federico García Lorca. Tal como ha escrito Javier H. Rodríguez y publicado elDiario.es, se encontraría "cerca de la acequia de Aynadamar, a la afueras de Alfacar (Granada), justo en el parque que hoy lleva el nombre del poeta". Se trata de una información que el hispanista irlandés recogió hace más de medio siglo, en 1978, por boca de Manuel Castillo, uno de quienes participaron en el enterramiento del poeta, del maestro Dióscoro Galindo y de los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas Cabezas. Ahora Pablo Romero-Fresco lo ha sacado a la luz en su documental Donde acaba la Memoria.

Estamos ante un nuevo episodio sobre las vicisitudes de los restos mortales del poeta granadino. Si sobre los últimos momentos de su vida existe una información bastante aproximada sobre lo ocurrido, no estamos en la misma situación en lo referente al destino final de sus restos. 

A la espera de lo que pueda aportarnos el documental, el pacto de silencio de quienes participaron directamente sigue siendo una realidad. Esa muerte no deja de ser una metáfora del brutal contexto socio-político en el que se produjo. Si no hay cuerpo, no hay delito. El fascismo, de esa manera, sigue quedando impune. 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Nos seguirá quedando la música de Mikis Theodorakis

Correría 1973 ó 1974 cuando fui a ver con mi hermano Jorge la película Zorba el Griego (de Mihalis Cacoyiannis, 1964), estrenada en España una década después de su aparición. Más allá de los papeles protagonistas de Anthony Queen e Irene Papas, o del impacto que supusieron para mis 15 años algunas escenas, me resultó reconocible de su banda sonora la ya conocida melodía del "Sirtaki"Años después de ver Zorba el Griego supe que esa música era de Mikis Theodorakis. 

El artista griego acaba de fallecer. Fue profuso y variado en su creatividad. Tocó géneros que van desde lo propiamente sinfónico hasta las bandas sonoras del cine, pasando por la ópera, el ballet o los himnos. Una parte de sus composiciones tienen como protagonistas a personajes de la rica y ancestral historia de su país. No le faltan otros personajes, individuales o colectivos, de tiempos más actuales y extraídos del pueblo, como combatientes antifascistas o luchadores sociales. 

En el mundo del cine, algunos años después (¿1976, 1977...?) de Zorba el Griego pudimos ver en España Z (de Constantin Costa Gavras, 1969), una película que había estado prohibida durante la dictadura, entre otras cosas porque trataba de la gestación del golpe de estado de los coroneles en Grecia. De ella sí supe que el autor de su banda sonora era Theodorakis, como lo fue de las de Estado de sitio (de Constantin Costa Gavras, 1972), Serpico (de Sidney Lumet, 1973) o Actas de Marusia (de Miguel Littin, 1976), también estrenadas en este país nuestro tardíamente. En la primera de ellas el músico griego echó mano del grupo argentino Los Calchakis, cuyos componentes pusieron sus instrumentos andinos al servicio de una melodía cargada de la épica de las acciones de los tupamaros uruguayos.

Conozco de Theodorakis algunas obras más. Por ejemplo, la orquestación que hizo de poemas del Canto General (1971) de Pablo Neruda o la cantata que le dedicó a Federico García Lorca (1983). También, el "Canto Olímpico" que, con letra de Dimitra Manda, compuso con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Y, claro está, su participación en el disco colectivo dedicado a García Lorca, Poetas en Nueva York (1988), para el que musicó el poema "Son de negros en Cuba", que fue interpretado por Georges Moustaki. 

Toda esa actividad estuvo acompañada de un compromiso político a lo largo de su vida. Fue antifascista y comunista. Combatió en su juventud las ocupaciones militares sucesivas de su país durante la Segunda Guerra Mundial por parte de Italia y Alemania. Luego, ya adulto, hizo lo propio contra la dictadura de los coroneles instalada en 1967. Es cierto -todo hay que decirlo- que no le faltaron comportamientos más que sorprendentes, como ocurrió cuando se acercó a la derecha de su país. Hace unos años, en 2012, volvió a salir a la luz cuando, a sus 87 años, tuvo el arrojo de estar en la punta de lanza de la resistencia de su pueblo frente a una nueva agresión exterior, en esta ocasión la de los gobernantes neoliberales de la Unión Europea. Así lo reflejé en una entrada, que titulé "La dignidad de un anciano llamado Theodorakis".  

Con Theodorakis se nos ha ido un personaje cargado de una experiencia vital muy rica. En lo cultural y hasta en lo político. Se le echará de menos, pero nos seguirá quedando su música.     

lunes, 30 de agosto de 2021

La poesía desesperanzada de Nadia Anjuman


Nadia Anjuman fue una poeta afgana, nacida en 1980 en Herat, una ciudad situada en el noroeste del país. En su juventud fue integrante de uno de los círculos de costura de su ciudad, una de las pocas actividades permitidas a las mujeres por los talibanes durante el periodo 1996-2001. Fue ahí donde Nadia se puso en contacto, clandestinamente, con la literatura  universal. Casada luego con un licenciado en Filología y empleado universitario, pudo empezar a estudiar en la Universidad de Herat. Pero no fue suficiente, porque la presión familiar para que abandonara sus actividades culturales estuvo en el origen de su muerte en 2005. Se cree que fue su propio marido el que, después de golpearla brutalmente, acabó con su vida.

Sus poemas, carentes de esperanza, reflejan el ambiente opresivo que vivió. Aunque están escritos en primera persona, no suponen sino un retrato colectivo de las mujeres afganas. Así mismo, su muerte, que se intentó disfrazar en su día como un suicidio, no deja de simbolizar el destino cruel que se espera de todas ellas en una sociedad fuertemente impregnada del sistema patriarcal, que además está aderezado de un rigorismo religioso extremo.  
  

Cadenas de acero
 
¡Cuántas veces se ha quitado de los labios mi canción
y cuántas veces silenciado el susurro de mi espíritu poético!
El significado de la alegría ha sido enterrado por la fiebre de la tristeza. 
Sí, que mis versos noten una luz:
sería el resultado de mi imaginación profunda.
Mis lágrimas no se utilizan para nada
y no puede haber más esperanza.
Aunque soy la hija de ciudades de poesía,
mis versos son mediocres.
Mi trabajo es como una planta carente de atención
de la que no se puede esperar mucho.
En los archivos de la historia es todo lo que soy.
 
 
Después de todo
 
En un instante
la memoria cava recuerdos,
quita nudos y vendajes,
entierra sudarios,
trae del cielo su mirada oscura,
escarba en el último relámpago
y lo ciega todo,
toma la forma de la soledad
y uno se ve como un perro
que llora en vano.
 
 
Estoy enjaulada…
 
Estoy enjaulada en este rincón,
llena de melancolía y pena…
Mis alas están cerradas y no puedo volar…
Soy una mujer afgana y debo aullar.
 
 
Historias trágicas
 
¡Oh, historias trágicas,
han encontrado morada en nuestros corazones!
Estos ojos tristes, estas amarillentas mejillas huecas,
son las sombrías marcas de tu presencia.
¡Oh, ramas del dolor!
Cien primaveras y otoños han ido y venido,
brotes marchitos con corazones desgarrados,
cien bloqueos y cien caravanas pasan,
el Faraón ha muerto y la historia de Nemrod ha terminado,
aunque todavía estés joven y fresco
recién salido del útero del jardín.
 
¡Oh, ardiente miseria,
deja la extensión de nuestros corazones!
No son las únicas cosas por las que vale la pena arder.
Por una vez, pasa por la casa de otro.
 
¡Oh, historias trágicas,
su compañía nos abruma!
Si no buscan una nueva casa, deben tener cuidado.
Mañana nos iremos de las tristes ruinas de la vida
y ustedes quedarán miserables y descubiertas
en el limbo del tiempo
sin ninguna morada.
 
 
No deseo abrir la boca…
 
No deseo abrir la boca.
¿Qué podría cantar?
A mí, a quien la vida odia,
tanto me da cantar que callar.
¿Acaso debo hablar de dulzura,
cuando es tanta la amargura que siento?
¡Ay, el festín del opresor
me ha tapado la boca!
Sin nadie a mi lado en la vida,
¿a quién dedicaré mi ternura?
Tanto me da decir, reír,
morir, existir.
Yo y mi forzada soledad,
con mi dolor y mi tristeza.
He nacido para nada,
mi boca debería estar sellada.
Ha llegado, corazón, la primavera,
el momento propicio del festejo.
¿Pero qué puedo hacer si un ala
tengo ahora atrapada?
Así no puedo volar.
Llevo mucho tiempo en silencio,
pero nunca olvidé la melodía
que no paro de susurrar.
Las canciones que brotan de mi corazón
me recuerdan que algún día
romperé la jaula.
Volando saldré de esta soledad
y cantaré con melancolía.
No soy un frágil álamo
sacudido por el viento.
Soy una mujer afgana.
Entiéndase, pues, mi constante queja.
 
 
Recuerdos de leve tristeza
 
¡Oh, exilios de la montaña del olvido!
¡Oh, joya de sus nombres, durmiendo en el fango del silencio!
¡Oh, recuerdos destruidos, recuerdos de leve tristeza
en la turbia mente de una ola en el mar del olvido!
¿Dónde está lo trasparente, la corriente manando de tus pensamientos?
¿Qué mano ladrona saqueó la estatua de oro puro de tus sueños?
En esta tormenta que origina la opresión,
¿dónde se ha marchado tu barca, tu serena plateada luna de embarcación?
Después de este amargo frío que da nacimiento a la muerte,
debería la mar desprender la calma,
debería la nube liberar al corazón nudoso de penas,
debería la doncella de la luna brindarnos amor, ofrecer una sonrisa,
debería la montaña dulcificar su corazón, adornarse de verde,
volverse fructífera.
¿Cuál de tus nombres, en lo alto de la cima,
se vuelve luminoso como el sol?
El amanecer de tus recuerdos,
recuerdos de leve tristeza.
¿En los ojos de los peces fatigados por las inundaciones y
temerosos de la lluvia de la opresión,
se refleja la esperanza?
¡Oh, exilios de la montaña del olvido!
 
 
Un llanto sordo
 
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia,
nos llega desde la carretera.
Almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto.
Su ardiente respiración 
y el espejismo fundido de sus bocas secas y de polvo cubiertas
nos llegan, ahora, desde la carretera.
Sus atormentados cuerpos, chicas criadas en el dolor,
la alegría alejada de sus rostros,
corazones viejos y alineados de grietas.
No surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos.
¡Oh, Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia.
 
 
(Los poemas han sido adaptados desde las versiones publicadas en las siguientes páginas electrónicas: phttp://faustomarcelo.blogspot.com/2016/05/poemas-de-nadia-anjuman.html; https://circulodepoesia.com/2019/11/poesia-de-afganistan-nadia-anjuman/; y
http://mispoetascontemporaneos2.blogspot.com/2020/06/susana-zazzetti-recuerda-nadia-anjuman.html).

(Imágenes: retratos de Nadia Anjuman, tratados digitalmente desde imágenes publicadas en las siguientes páginas electrónicas: https://thebookadvisor.it/rubriche/di-versi-in-versi/la-denuncia-delle-poetesse-nadia-herawi-anjiuman-e-susana-chavez-castillo/; http://www.antena-libre.com.ar/2021/08/25/salvo-el-crepusculo-nadia-anjuman-poeta-y-periodista-afgana/; y https://eng.culturell.com/nadiya-anzhuman-biografiya-tvorchestvo-karera-lichnaya-zhizn-view-879546).