domingo, 9 de agosto de 2026

Víctimas mortales del fascismo relacionadas con Barbate: 3) José Miranda de Sardi


Con José Miranda de Sardi estamos ante un personaje relevante en su tiempo en las localidades donde residió: Chipiona, la de nacimiento, Barbate, Tarifa y Cádiz [1]. Fue escritor (periodista, poeta, y autor de pequeñas obras de teatro y cuentos), desarrolló una trayectoria profesional polifacética (además de periodista, fue administrativo, maestro…) y mantuvo siempre su sensibilidad social como militante sindical y político (CNT, PSOE, Partido Social Revolucionario Ibérico y Partido Sindicalista). En el caso de Barbate vivió entre 1923 y 1931, dejando una profunda huella que todavía perdura en nuestros días.


Chipiona

Nació en Chipiona en 1899 y fue el tercero de los cuatro vástagos de José Miranda Tirado y Francisca de Sardi Landa. Su padre pertenecía a una familia de pequeños agricultores que se dedicaban al cultivo de la vid, una tarea a la que también se sumó desde temprana edad. Fue buen estudiante, pero sólo pudo completar los estudios primarios. Eso no impidió que acabara adquiriendo de una forma autodidacta, mediante el estudio y la lectura, una buena formación cultural. A ello  unió también su afición por la escritura y la poesía, lo que llevó a que recibiera el apodo de “el Poeta”. En su poema “Yo creería en Dios” pueden leerse versos como éstos:

(…)
Pero habiendo fronteras y reinados,
y esclavos que se inclinan bajo el yugo,
jueces que se truecan en verdugos,
y mendigos que duermen en los prados,

mientras haya fiscal, exista el reo,
y coma pan de avena el proletario,
muriéndose de tedio el millonario,
aunque digan de mí que soy ateo,
¡no creo!


Desde joven se fue vinculó al mundo asociativo y más concretamente al anarcosindicalista. Sabemos que en el verano de 1920 ya presidía el Sindicato Único de Trabajadores de la CNT,  lo que motivó que en  una ocasión llegara a ser retenido y maltratado por la Guardia Civil. En febrero de 1921 fue detenido en Granada, después de haber huido de Chipiona, en el contexto de una redada antisindicalista que afectó a militantes de la provincia de Cádiz. Ignoramos cuándo fue liberado, pero tuvo que ser pronto. No cesó en su labor sindical, publicó en 1922 su poemario Pétalos sangrantes  y mantuvo relación con la prensa anarcosindicalista, a la que ayudó a distribuir, envió escritos y consiguió que difundieran sus poemas.


Barbate

A finales del verano de 1923 acabó recalando en Barbate, donde trabajó en varios oficios: primero, como listero en el puerto; luego, como administrativo en varias empresas; vinculado al Pósito Pescador, lo hizo en la secretaría e incluso dio clases como maestro. Paralelamente desarrolló una actividad intensa como periodista, impulsando, y hasta dirigiendo, los periódicos locales Heraldo de Barbate (1925-1927) y La Independencia de Barbate (1930-1931), y colaborando con otros periódicos provinciales y hasta de Madrid. Era frecuente que sus escritos aparecieran en forma de poesía. Entre finales de 1925 y principios de 1926 llegó a conocer un episodio de cierre del primero de los periódicos por la autoridad militar de Algeciras y se advirtió sobre su militancia pasada en Chipiona. 

Muy involucrado en la realidad política y social, participó en el proceso de segregación de Barbate, que por entonces formaba parte del municipio de Vejer de la Frontera. Desde el Pósito Pescador luchó por la mejora de las condiciones sociales de las personas trabajadoras. Suyas son estas palabras, en un artículo de agosto de 1925, tras la inundación sufrida por los habitantes de la barriada más pobre de Barbate, El Zapal:

“yo he visto a esos hombres, templados al rigor de las tempestades, curtidos por el yodo del mar, tostados por el sol ‘inmisericorde’, llorar como niños al mirar sus modestos hogares de pajas, envueltos en la fulgente cabellera del incendio. Sus dantescas figuras, agrandadas inconmesurablemente por el terrible fenómeno óptico, danzaban como sombras macabras de un aquelarre medieval, alrededor de las llamas flexibles y ondulantes que hacían pasto de las chozas humildes, cebándose en los míseros ajuares.
Y he pensado con dolor en las irritantes barreras sociales que tornan al hombre insensible al dolor; el egoísmo infamante que anquilosa las fibras cardiacas, tornándolas incapaces de hacer sentir la desdicha agena [sic], secando las lágrimas que pugnan por salir como tributo de solidaridad al dolor al dolor torturante de los demás”.

 

También acabó manteniendo un fuerte vínculo con el empresario almadrabero y conservero Serafín Romeu Fages, que era el concesionario de las almadrabas de Barbate y Zahara de los Atunes, y que formaba parte de la oligarquía española.


Durante su estancia en Barbate contrajo matrimonio con la chipionera Eulogia Lugo Montalbán, de cuya relación nacieron Custodia (en Madrid) y Augusto.


Tarifa

En marzo de 1931 se trasladó a Tarifa, donde dirigió hasta agosto el periódico El Progreso. Fue una decisión que estuvo relacionada con el interés de Serafín Romeu Fages, de filiación monárquica liberal, por conseguir la alcaldía para Diego Piñero Moreno frente a Carlos Núñez Manso, que era el candidato primorriverista. Eso no le impidió participar de una forma activa en la proclamación de la Segunda República. En septiembre de ese año nació una nueva hija, Laura, que falleció en Sevilla al año siguiente. 

En ese mismo mes participó en la constitución de la Agrupación Socialista de Tarifa y en noviembre pasó a dirigir el periódico local Vox Populi, firmando sus escritos y poemas con el pseudónimo de A mí Prim. En febrero de 1932 fue uno de los componentes de la comisión municipal que viajó a Madrid para tratar el problema de la reforma agraria, en su caso como representante de Sindicato de Pequeños Labradores.


Tampoco le faltó participar desde la distancia en la vida política de Chipiona, publicando escritos críticos contra la derecha gobernante en el municipio.

Las disputas periodísticas con Carlos Núñez Manso y el director del semanario Unión de Tarifa, Francisco Terán Fernández, fueron constantes. El primero presentó en junio contra José Miranda de Sardi una denuncia por injurias graves y en el mismo mes un grupo de sus seguidores le infligió una agresión física, causándole lesiones.


Cádiz

Esos enfrentamientos lo llevaron a tener que cambiar de residencia a una nueva localidad, Cádiz, entre finales de 1932 y enero de 1933. Está documentado que a principios de enero de 1933 ya estaba residiendo en la capital, momento en que nació un nuevo hijo, Mario. Un hecho que coincidió con la condena de pena de destierro, consecuencia de la denuncia de junio de 1931. Al poco del natalicio falleció su esposa, contrayendo con posterioridad un nuevo matrimonio, esta vez con su hermana María, con quien tuvo dos nuevos hijos, Eulogio y José María, de los que sobrevivió el segundo.

En fecha indeterminada, quizás después del verano de 1932, se alejó del mundo socialista, retornando al anarcosindicalismo. Primero  a través de su  colaboración con el Ateneo de Divulgación Social de Cádiz, y entre febrero y mayo de 1933 escribiendo para el periódico Tierra y Libertad, órgano de la FAI. De febrero de ese mismo año hasta quizás la primavera del siguiente, además, fue uno de los dos maestros que atendieron a varios huérfanos de las víctimas de Casas Viejas.


En junio de 1933 se vinculó al Partido Social Revolucionario Ibérico, con tintes anarcosindicalistas moderados, y en mayo de 1935 lo hizo al Partido Sindicalista, después que los dos grupos acabaran fusionándose. Y en medio, en mayo de 1934, solicitó su adhesión a la logia masónica Hermano Vigor. Con el paso de los meses su protagonismo en el nuevo partido fue aumentando, llegando a ser nombrado en abril de 1936 concejal en el Ayuntamiento de Cádiz, en cuya institución se mostró muy activo.

Como ya había ocurrido desde los años 20, continuó con su labor periodística, publicando artículos en El Sindicalista, El Liberal de Sevilla o El Sol de Madrid. A su vez, en mayo, fue nombrado por el Ayuntamiento de Chipiona, donde su hermano Manuel ostentaba la alcaldía, como apoderado en la capital.

El golpe militar del 18 de julio le cogió al poco de regresar de un viaje a Madrid como miembro de una delegación municipal que gestionaba recursos para la zona franca. Desde el primer momento estuvo entre los concejales, miembros de la Guardia Municipal y vecinos que participaron en la resistencia dentro de la sede del Ayuntamiento. En las primeras horas del día 19 fue detenido, siendo recluido en el barco carbonero “Miraflores”, que había sido reconvertido en una prisión flotante. Fue en ese momento cuando se le abrió, junto a otras personas, el Proceso Sumarísimo de Urgencia 320/37 [2].


De esos días data la carta que le envió a su esposa María [3]:

“Nuevamente nos han cambiado de alojamiento y seguramente no te has enterado todavía.
(...) te recomiendo que no te preocupes por mí pues estoy perfectamente de salud y con muchas ganas de comer.
El rancho que nos dan aquí es bastante aceptable y por ello no tienes que mandarme nada, ya que supongo lo difícil que te resultará adquirir lo necesario para las atenciones de casa”.


Asesinato y persecución judicial tras su muerte

No sabemos cuándo fue ejecutado, mencionándose en algunas fuentes la fecha del 8 de agosto [4]. Años después, en junio de 1947, el Auto emitido por el Juez Especial número 1 del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo reflejó lo siguiente [5]:

“(…) el citado individuo fallecio en Cadiz en fecha no determinada, por lo que no ha podido acreditarse dicho extremo documentalmente”.


No sabemos dónde fue ejecutado. Se han mencionado que pudo haber ocurrido en el paraje de las Canteras de Puerto Real o en la playa de la Puntilla de El Puerto de Santa María [6], no faltando quienes han apuntado que fue llevado a su pueblo natal, para luego ser abandonado en alguna cuneta [7]. Todo son especulaciones, salvo el hecho cierto de que sus restos mortales siguen estando desaparecidos.

Las vicisitudes judiciales de José Miranda de Sardi continuaron tras su asesinato.  En octubre de 1938 el Juzgado Delegado de la Comisión Provincial de Incautaciones publicó en el Boletín Oficial de la Provincia la apertura de un expediente, con las acusaciones de pertenencia al Partido Sindicalista, haber sido concejal del Ayuntamiento de Cádiz durante el periodo del Frente Popular y por su condición de aspirante a la masonería. También fue procesado por el Juzgado Provincial de Responsabilidades Políticas [8]. No conocemos el resultado de esos expedientes.

Finalmente, ya a principios de 1947, fue el Tribunal Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo [9] el que retomó su procesamiento, después de que en julio de 1940 se le abriera un Sumario por la Comisaría General de Información, perteneciente a la Dirección General de Seguridad,  que se dirigió a la Delegación Nacional de Servicios Documentales, con sede en Salamanca. En el escrito se pedía

“la remisión a este Centro de los antecedentes masónicos que dicho individuo existan”.

Al cabo de un año, en 1948 y después de diferentes trámites, a cuáles más absurdos, el presidente del Tribunal, el general Enrique Cánovas, ordenó el archivo del sumario con carácter provisional:

“Dada cuenta y no apareciendo documentalmente acreditando el fallecimiento del encartado, archívese hasta tanto no aparezcan nuevos datos”.



Epílogo: el recuerdo en la familia y la memoria que no cesa

La desaparición de José Miranda de Sardi sumió a la familia en el dolor. Hubo de abandonar Cádiz y trasladar su domicilio a Sevilla, en el barrio de la Ciudad Jardín de Sevilla, donde vivía una parte de la familia de María. Los primeros momentos fueron de mucha incertidumbre, no faltando las estrecheces materiales. Peo eso no supuso que todo quedara en el olvido. María, dentro de la tristeza, lo recordaba en la soledad. Francisca se convirtió en Chipiona en la albacea de los poemas del hermano asesinado y fue transmitiendo, en la medida que pudo, los recuerdos que había conservado. Sus hijos Augusto y Mario, principalmente, se interesaron por saber más y conservar los recuerdos de su padre. Ya fallecidos, ahora son algunos de sus nietos los que han recogido el relevo.

En 1976 el músico Julio Matito, que había sido miembro del grupo de rock progresivo Smash, incluyó en su álbum ¡Salud! varias canciones con poemas de José Miranda de Sardi y  le dedicó otra [10].


En Chipiona se le dedicó en 1982 el nombre de una calle; en el cementerio de Chipiona pueden leerse desde diciembre de 2005 unos versos suyos en el monumento en honor de las víctimas mortales de la represión fascista; en  junio de 2019 se inauguró la Biblioteca Municipal con el nombre de “Poeta José Miranda de Sardi”; en febrero de 2024, con motivo del 125 aniversario de su nacimiento, se sustituyó la placa antigua adosada al monumento de la Cruz del Mar.

En Cádiz su nombre aparece en la placa de mármol colocada el 14 abril de 2016 en el exterior del edificio del Ayuntamiento, junto al de los miembros de la Corporación entre febrero y julio de 1936.

En la novela de Luis Miguel Rossi Jiménez, El chófer de don Blas, se reproducen algunos de los versos del poema “Bueno se está lo bueno” [11].  Su nombre forma parte de la Ruta Literaria de la localidad, confeccionada por Antonio Aragón Fernández, lo que ha llevado a instalar una placa conmemorativa en la misma calle que lleva su nombre. Y Francisco Malia Sánchez, pionero junto a Antonio Aragón Fernández en 1988 de lo ha sido la primera biografía sobre su figura, no se ha olvidado de él en su reciente poemario Azul y verde con el soneto “José Miranda de Sardi, periodista y poeta” [12]:

El periodista obrero y proletario
lleva su humilde condición a gala
y sostiene que su pluma es ala
que sobrevuela un cielo solidario.

Sus desprendidos versos nos regala
este poeta libre y libertario
que hizo de su vida un ideario
que le honra, le distingue y que le avala.

Llegó hasta aquí, con quien anda,
el hombre desdoblado en su persona,
buscando esa verdad que tanto agranda

su figura. Y, aún hoy, nos emociona
la forzada ausencia de José Miranda,
el que un día arribó de Chipiona.




Notas

[1] Este artículo está basado en el trabajo José Miranda de Sardi. Una aproximación a su vida y obra, que fue subvencionado en 2025 por el Servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cádiz; a través de cuya página electrónica puede leerse el texto completo (https://www.dipucadiz.es/prensa/actualidad/8-nuevas-investigaciones-fortalecen-la-coleccion-de-Memoria-Democratica-de-la-provincia-de-Cadiz). Por eso evito indicar en lo posible el origen concreto de la información, salvo en determinadas ocasiones.
[2] ATMT2-S (Sumario 320-1937). 
[3] Carta conservada en la familia, escrita entre finales de julio o principios de agosto de 1936.
[4] Así lo han hecho Sebastián Bernal Malia (2005, pp. 43-44) y Concha Langa Nuño (Langa, 2014, p. 1102).
[5] CDMH-S (TERMC, caja 205 B 40).
[6] Augusto Miranda Lugo (1985).
[7] Moreno Tello (2008, p. 40).
[8] Gómez, Martínez y Barragán (2015, CD-rom); su nombre aparece en este trabajo como una de las personas expedientadas, pero no se concreta la fecha de publicación, bien en el BOP o bien en el BOE.
[9] CDMH-S (TERMC, caja 435, expedientes personales, 1940 y 1947; y caja 205 B 40, sumario, 1947).
[10] Naval Molero y Jurado Domínguez (2000, p. 404); Naval Molero y Jurado Domínguez (2000, p. 404); el disco, editado en la República Federal de Alemania, financiado por el PSOE y con presentación de Felipe González, no llegó a difundirse en España; el motivo seguramente estuvo relacionado con el hecho de que Matito creyó que Miranda de Sardi había sido militante socialista, cosa que es cierta, pero sólo entre 1931 y 1932.
[11] Rossi Jiménez (2018, pp. 69 y 181).
[12] Malia Sánchez (2023, p. 89).


DOCUMENTACIÓN

Dentro de la numerosa documentación e información utilizada, procedente de archivos, hemerotecas, bibliografía y hemerografía,  y testimonios personales, cuya descripción detallada puede verse en el trabajo base,  voy a destacar lo que considero más relevante.

Archivos y hemerotecas

Archivo Histórico Municipal  de Cádiz
Archivo Histórico Tierra y Libertad
Archivo Municipal de Vejer de la Frontera
Archivo del Tribunal Militar  Territorial número 2. Sevilla /ATMT2-S
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital
Biblioteca Provincial de Cádiz. Hemeroteca
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
Centro Documental de la Memoria Histórica. Salamanca / CDMH-S
Hemeroteca Histórica de Tarifa. Fundación Wenceslao Segura
International Institute of Social History. Amsterdam

Bibliografía

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Bernal Malia, Sebastián [2005]. Mi cuaderno de bitácora. Primera singladura. Tarifa, Ayuntamiento de Barbate.
Espinosa, Francisco (2006). “Apuntes para la historia de la sublevación de julio de 1936 en Cádiz”, en Contra el olvido. Historia y memoria de la guerra civil. Barcelona, Crítica.
Florido del Corral, David (2002). Un siglo de política e instituciones pesqueras en Andalucía. Sevilla, Junta de Andalucía/Consejería de Agricultura y Pesca.
Florido del Corral, David (2013). “Las almadrabas andaluzas bajo el Consorcio Nacional Almadrabero (1928-1971): aspectos socio-culturales y políticos”, en SEMATA. Ciencias Sociais e Humanidades, v. 25 (https://www.academia.edu/6571427/LAS_ALMADRABAS_ANDALUZAS_BAJO_EL_CONSORCIO_NACIONAL_ALMADRABERO_1928_1971_ASPECTOS_SOCIO_CULTURALES_Y_POL%C3%8DTICOS?email_work_card=title
Gómez Oliver, Miguel, Martínez López, Fernando y Barragán Moriana, Antonio (coords.) (2015). El “botín de guerra” de Andalucía. Cultura represiva y víctimas de la Ley de Responsabilidades Políticas, 1936-1945. Madrid, Biblioteca Nueva.
Gutiérrez Molina, José Luis (1994). Crisis burguesa y unidad obrera. El sindicalismo en Cádiz durante la Segunda República. Madrid, Madre Tierra / Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.
Gutiérrez Molina, José Luis (2024). El carbonero Miraflores, una checa golpista en la Bahía de Cádiz (julio-octubre de 1936), dentro de Nuevas investigaciones de memoria deocrática. Diputación de Cádiz / Memoria Histórica y Democrática (https://www.dipucadiz.es/memoria_historica/de-interes/Nuevas-investigaciones-de-memoria-democratica/).
Guzmán Martín, Sebastián (2008). Luces y sombras de la historia de Chipiona. Segunda República, Guerra Civil y represión militar. Chipiona, Ayuntamiento de Chipiona.
Guzmán Martín, Sebastián (2014). “José Miranda de Sardi”, en Foro por la Memoria Democrática de Sanlúcar de Barrameda, n. 3, noviembre, reproducido en Todos (…) los Nombres (https://todoslosnombres.org/biografias/jose-miranda-de-sardi/).
Langa Nuño, Concha (2014). “Periodistas gaditanos masones y su represión en el primer franquismo”, en José Miguel Delgado Idarreta y Antonio Morales Benítez (coords.), Gibraltar, Cádiz América y la Masonería. Constitucionalismo y libertad de prensa, 1812-2012; Universidad de Zaragoza / Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (https://www.academia.edu/9268230/Periodistas_gaditanos_masones_y_su_represi%C3%B3n_en_el_primer_franquismo).
Malia Sánchez, Francisco y Aragón Fernández, Antonio (1988). “José Miranda de Sardi, periodista y poeta: su papel en la independencia de Barbate”, en Autoría colectiva, Cuadernos de estudios de Barbate y su comarca, v. 1. San Fernando, Asociación Cultural Círculo Amigos de Barbate-La Janda.
Montero Barrado, Jesús María (2023). Fascismo y represión en Barbate durante la guerra y la postguerra. Mancomunidad de La Janda / Diputación Provincial de Cádiz.
Montero Barrado, Jesús María (2025). José Miranda de Sardi. Una aproximación a su vida y obra. Servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cádiz (chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.dipucadiz.es/export/sites/default/memoria_historica/Investigaciones-2025/jose-miranda-de-sardi-1.pdf).
Moreno Tello, Santiago (2008). Periodistas represaliados en Cádiz. Cádiz, Asociación de la Prensa de Cádiz.
Naval Molero, Juan Luis y Jurado Domínguez, Manuel (2000). Recopilación de la obra literaria de José Miranda de Sardi. Chipiona, Asociación Cultural Caepionis / Asociación Cultural Década 60-70.
Segura González, Wenceslao (2000). Tarifa en la II República. Apuntes para la historia del republicanismo tarifeño. Tarifa, Acento.
Segura González, Wenceslao (2001). “Las elecciones republicanas en Tarifa”, en Aljaranda. Revista de estudios tarifeños, n. 41. Tarifa.

Otros documentos

Malia Sánchez, Francisco (2023). “José Miranda de Sardi, periodista y poeta”, soneto publicado en el poemario Azul y verde. Cádiz.
Rossi Jiménez, Luis Miguel (2018). El chófer de don Blas.

Agradecimientos

Por la documentación aportada; José Luis Gutiérrez Molina, Sebastián Guzmán Martín, Jesús Malia Gandiaga, Francisco Malia Sánchez y Luis Miguel Rossi.

Por los testimonios: Mario Miranda Moreno, Marina Miranda Serrano, Rosa Pérez Gil y Joaquín Vidal Rodríguez.


martes, 4 de agosto de 2026

Ceuta: cómo entender el trasfondo de lo ocurrido a través de cuatro artículos


Ofrezco la lectura de cuatro artículos que analizan lo ocurrido hace unos días en Ceuta y que dan mucha luz para entender el trasfondo. Sus autores son: José Enrique de Ayala, general de brigada retirado; Rafael Lara, Coordinador Internacional de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía; Mahjub Mohamed Salem, refugiado saharaui; e Ismael Sánchez Castillo, miembro de IU y del PCE/PCA.
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Ceuta, asaltada por los desamparados

José Enrique de Ayala 

El asalto que ha sufrido la ciudad española norteafricana de Ceuta por parte de una descomunal masa de emigración descontrolada, proveniente de Marruecos, es el peor de su ya difícil historia, superando con mucho el de mayo de 2021. Alrededor de 50.000 personas habrían accedido al enclave español en apenas dos días, la mayoría desde el mar, salvando a nado el espigón de El Tarajal que lo separa del territorio marroquí, pero después, en medio del caos y el desbordamiento de las fuerzas de seguridad existentes, también por las fronteras terrestres. Incluso ha habido una cierta réplica en Melilla con algunos centenares vulnerando la frontera para acceder a territorio español.

Ceuta se ha visto sumida en una grave crisis, también de seguridad, pero sobre todo humanitaria, porque no podía absorber a los recién llegados. La ciudad carece de medios, no tiene servicios sanitarios o alimenticios, ni de alojamiento, para hacer frente a tal cantidad de gente. El resultado ha sido una multitud de emigrantes, en su mayoría jóvenes, caminando sin rumbo o durmiendo en las calles, intentando obtener comida o incluso agua, en medio de una población autóctona asustada. Ante esta falta de recursos, o quizá porque se lo ordenaron, la mayoría de los que entraron regresaron a Marruecos apenas un día después, pero aún quedan en la ciudad suficientes para que la crisis no se dé por terminada. En todo caso, ya se puede extraer una primera lección: es necesario disponer de depósitos de alimentos no perecederos, agua, ropa, y capacidad de reparto, no solo en Ceuta, sino en todas las ciudades, para hacer frente a una emergencia porque pueden surgir en cualquier momento, y no solo migratorias sino de muchos tipos.

El Gobierno ha dado la impresión de haber sido sorprendido por una crisis de esta envergadura; se ve que los servicios de inteligencia españoles no son capaces de prever incidentes tan masivos como éste. Tardó horas en reaccionar, pero finalmente lo hizo, el propio presidente se desplazó a Ceuta, se enviaron refuerzos de seguridad a las dos ciudades, y se puso en marcha una presión diplomática sobre Marruecos que empezó a dar resultados con un aumento de la acción policial, bastante tímido hasta que llegaron órdenes (¿de quién?) de actuar con contundencia sobre los querían pasar a territorio español, y entonces todo se acabó, salvo pequeños grupos que se resistieron a abandonar.

Como siempre que hay una crisis sobrevenida, como en la pandemia, como en los incendios, la oposición, lejos de colaborar, de aportar soluciones, de acceder a un consenso para buscar una posición común aceptable para todos, no solo coyuntural sino de futuro, aprovecha para atacar al Gobierno -en particular a su presidente- y culparle de lo que pasa, aunque sea con argumentos falsos, contradictorios o absurdos, dirigidos a un público muy bien dispuesto a respaldar cualquier acusación o invectiva contra él. En este caso, además, con especial fruición pues la cuestión migratoria es tal vez el arma política principal a la que recurren para obtener réditos electorales. Es fácil provocar el miedo o el egoísmo de la gente esgrimiendo tópicos como la invasión, que en Ceuta ha sido una realidad, pero para España son solo unos pocos miles de personas en un país con casi 50 millones de habitantes -de los cuales la inmensa mayoría de los más de 10 millones nacidos en el extranjero están perfectamente integrados- o el aumento -absolutamente minoritario- de la delincuencia. Demagogia populista.

La acusación principal contra el Gobierno es la inacción, si bien no dicen muy claro qué debería hacer y no está haciendo, salvo decretar la emergencia nacional, aunque el Sistema Nacional de Protección Civil no reconoce los flujos migratorios entre los supuestos que permiten declararla. Se podría acudir a la Ley de Seguridad Nacional, pero esto implica elevar el nivel de la crisis, que por el momento solo es un problema de orden público y logístico, y probablemente aumentar la tensión con Marruecos. Por otra parte, la declaración de emergencia nacional no resolvería el problema, como tampoco lo resuelve esencialmente el refuerzo del contingente de la Guardia Civil o el despliegue del Ejército para reforzarla. Estas últimas medidas, aprobadas por el gobierno, han sido muy importantes para garantizar el orden público y la seguridad de la población, así como para evitar la vulneración de las fronteras terrestres, pero, en lo que respecta a la llegada irregular desde el mar, no pueden mejorar la situación, porque el verdadero problema ha sido la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio en la que prohíbe las devoluciones en caliente de las personas que lleguen a nado, determinando que el rechazo exprés solo es aplicable a quienes tratan de entrar “superando los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas”. Ante esa sentencia, ni la Guardia Civil ni el Ejército, ni una declaración de emergencia nacional, pueden hacer gran cosa para evitar la entrada de emigrantes desde el mar; solo pueden -y deben- socorrerlos.

Es difícil comprender que una persona que se cuela por un paso fronterizo o una valla puede ser expulsada sin más trámites pero una que accede desde el mar, con los mismos derechos o falta de ellos, no puede serlo. Sin embargo, el propio Tribunal Supremo indica que, al referirse a elementos de contención fronterizos sin especificar que sean terrestres, queda abierta la posibilidad de que se establezcan elementos de contención en el mar, como podrían ser redes sujetas a una línea de boyas, lo que permitiría legalmente aplicar las devoluciones exprés a quienes llegan a nado. Por supuesto, la devolución en caliente de inmigrantes, hayan llegado por tierra o por mar, es una medida contraria al respeto a los derechos de recurso y asistencia jurídica que tienen estas personas, pero es inevitable en casos como éste en el que es imposible que Ceuta pueda acoger a 50.000 personas durante los tres o cuatro meses que requieren las tramitaciones, además de lo difícil que sería dar apoyo jurídico a todos ellos.

Es evidente que la sentencia del Supremo, aunque no haya sido ni de lejos la causa principal del asalto, ha contribuido a la creación y propagación de bulos en las redes sociales que aseguraban que la frontera con España estaba abierta y que los que entraran en Ceuta serían acogidos e iban a recibir documentación para saltar a la Península y Europa. Una muestra más de que el asalto no ha sido espontáneo, sino instigado y dirigido.

La oposición aduce que el efecto llamada lo ha producido la regularización de emigrantes que ha aprobado el Gobierno español, pero este es un argumento extraordinariamente falaz, puesto que la llegada clandestina de inmigrantes se ha producido desde hace muchos años sin que hubiera regularizaciones. Los que entran en España en pateras, escondidos en camiones, o con visado de turista, para buscar una vida mejor o huyendo de regímenes represivos, asumen que estarán en situación irregular, y lo seguirán haciendo igual si no son regularizados, aunque su falta de documentos les someta a condiciones laborales abusivas. La anterior crisis migratoria en Ceuta, en mayo de 2021, no se produjo después de una regularización de emigrantes.

Esta tesis del efecto llamada de la regularización ha sido asumida también por otros gobiernos de la Unión Europea, como el de Italia, que ha suspendido parcialmente el acuerdo de libertad de circulación con España, o incluso por algunos muy alejados del escenario de la crisis como Finlandia, Suecia o Dinamarca, que han solicitado que se excluyera a España del acuerdo de Schengen, algo que no hicieron cuando Angela Merkel dejó entrar en Alemania a un millón de refugiados sirios, en 2015. Pero estas posiciones no parecen realmente muy motivadas por los hechos que están sucediendo en Ceuta. Las probabilidades de que los que han entrado en la ciudad -la mayoría muy jóvenes y pobres- lleguen a coger un avión para volar hasta Italia -¡o Finlandia!- es bastante cercana a cero. Se trata más bien de aprovechar este incidente para reforzar su oposición respecto a la decisión del Gobierno español sobre una regularización que, además de ser consistente con el respeto a los derechos humanos, está siendo muy positiva para la economía, que ellos no han tenido el valor de tomar, y cuya adopción -exitosa- en un Estado miembro de la UE les deja en evidencia. Habrá que estudiar si la decisión de Giorgia Meloni vulnera el Acuerdo de Schengen, pero en todo caso la falta de solidaridad que demuestran estas posiciones es escandalosa y prueba el deterioro de la cohesión entre Estados miembros que amenaza ya con destruir la Unión Europea.

El origen de esta crisis, como de otras anteriores, no está en ninguna regularización, sino en Rabat. Por mucho que el Gobierno español elogie -tal vez por tacticismo diplomático- la cooperación con Marruecos y eche la culpa a las mafias -que en este tipo de irrupciones no obtienen beneficios-, una concentración de decenas de miles de personas en Fnideq, antiguo Castillejos, a las puertas de Ceuta, no pasa desapercibida, no se produce por sorpresa, ni mucho menos sin la permisividad de las autoridades marroquíes. El rey Mohamed VI, asesorado por el majzén -su auténtico gobierno antidemocrático en la sombra- utiliza a su pueblo, incluidos menores, para lanzarlo hacia las plazas de soberanía españolas cuando le interesa políticamente, con absoluto desprecio a su futuro, e incluso a su vida, que en este caso han perdido al menos 67 personas. Se trata de una agresión, se quiera llamar de “zona gris” o de guerra híbrida, para la que el sátrapa marroquí no se atreve a utilizar a sus soldados sino a una masa de desamparados, a los que lo único que les queda es la esperanza de lograr una vida mejor, aunque entre ellos haya también elementos disruptivos no tan inocentes.

El momento en el que ha sucedido no ha sido tampoco casual. La mayor entrada de inmigrantes se produjo precisamente el día siguiente de la fiesta del trono, en la que Mohamed VI suele hacer un discurso nacionalista después del cual siempre se producen manifestaciones reivindicativas. No habló de Ceuta y Melilla, pero sí de la nueva relevancia internacional de Marruecos, probablemente refiriéndose al apoyo de Trump. El asalto sucede 10 días después de que el presidente Sánchez visitara Argel para cerrar un acuerdo político y comercial, que no ha sentado nada bien en Rabat, y solo siete desde que el Congreso aprobó la concesión de la nacionalidad española a los saharauis nacidos cuando el territorio era una provincia española, lo que en cierto modo desafía la soberanía marroquí. Probablemente la crisis de Ceuta es la respuesta de Mohamed VI.

Con todo, lo que hay detrás de este episodio -como de los anteriores y otros que vendrán- es la negativa de Marruecos a reconocer la soberanía española de Ceuta y Melilla, cuya marroquinidad reivindica sin cesar, aunque solo se puede basar en razones geográficas puesto que ambas ciudades eran españolas más de 400 años antes de que existiera un reino de Marruecos independiente. El derecho internacional da la razón a España y establece que ninguno de los dos enclaves es una colonia. En 1976, Marruecos presentó el caso ante Naciones Unidas para exigir su descolonización, pero la ONU desestimó la petición y nunca las ha incluido en su lista de territorios no autónomos o pendientes de descolonización, al reconocer que forman parte integrante del territorio y la soberanía de España desde mucho antes de la creación del Estado marroquí moderno. Es revelador que Rabat jamás ha reclamado un referéndum en estas ciudades -que por otra parte sería imposible con la actual Constitución española-, porque sabe que si pasaran a ser marroquíes sería en contra de la voluntad de sus habitantes, incluidos los de origen marroquí, que lógicamente prefieren ser españoles -y europeos- antes que marroquíes. Su estrategia se basa en aumentar la presión comercial y especialmente la migratoria, con la esperanza que los habitantes de ambas ciudades y el Estado español se cansen de sufrirla y le cedan su soberanía, algo que por ahora está muy lejos de pasar.

Los gobiernos españoles, éste y los anteriores, siempre han reaccionado ante las reivindicaciones y muestras de agresividad marroquí intentando minimizarlas y desescalar las crisis. En marzo de 2022, el presidente Sánchez puso fin a cuatro décadas de apoyo político a la independencia del pueblo saharaui, con el que España había contraído una responsabilidad histórica, aceptando por escrito la soberanía de Rabat sobre el territorio, en favor de una autonomía que todavía es puramente teórica. A cambio, en abril, Sánchez y Mohamed VI firmaron un acuerdo que ponía fin a la tensión producida por el asalto de emigrantes a Ceuta de 2021. Se suponía que la traición a los saharauis conllevaría el cese de la presión sobre Ceuta y Melilla, incluida la apertura de una aduana comercial de nueva planta en Ceuta y la reapertura de la de Melilla, que las autoridades marroquíes cerraron unilateralmente en agosto de 2018. Pero no ha servido de nada, ese acuerdo no se ha cumplido, las fronteras se abren de forma intermitente, por la sola voluntad de Rabat que las cierra unilateralmente cuando lo cree conveniente.

Esto debería recordarnos una lección que Marruecos viene dejando clara desde hace muchas décadas en sus relaciones con España. El apaciguamiento no funciona con ellos, solo sirve durante un tiempo muy corto. Rabat entiende las cesiones como debilidad y en seguida vuelve a por más, con renovadas reivindicaciones y demandas, utilizando el bloqueo de las ciudades o, como en este caso, el arma de la emigración irregular. Solo una posición de firmeza, clara, consistente y creíble, podrá frenar esta falta de respeto a los acuerdos y a la convivencia entre vecinos, que puede conducir -si no se corta- a situaciones más peligrosas. Y en esa posición se debe exigir a la Unión Europea el apoyo absoluto e incondicional, hasta llegar si es preciso a la suspensión del acuerdo comercial preferente, en aplicación del contenido de los Tratados europeos.

Como suele suceder en regímenes autoritarios o no democráticos, la reivindicación de la soberanía de Ceuta y Melilla, igual que anteriormente la del Sahara, pretende incitar un nacionalismo que cubra políticamente una situación interior deplorable, tanto en términos de derechos humanos -recuérdese la reciente detención del periodista Ali Lmrabet por difamación- como en las condiciones de vida, que condenan a una gran parte de los ciudadanos a la miseria, mientras aumentan los enormes dispendios del rey, que solo pasa temporadas en el país y es fiel amigo de Trump y de Netanyahu, en contra del sentimiento lógicamente favorable a Palestina de la mayoría de la población. Y es muy probable que esas amistades tengan mucho que ver con lo que ha pasado en Ceuta.

Los que se juegan la vida para alcanzar territorio español son los que menos culpa tienen. Huyen de la represión, de la pobreza, de la falta de futuro. Están en una situación desesperada e intentan mejorarla, como haría cualquiera en su lugar. Las migraciones tienen siempre raíces políticas y económicas. El producto interior bruto per capita español es más de ocho veces superior al marroquí, y esta es la mayor diferencia existente en el planeta entre países fronterizos. Es necesario ir a la causa, no al efecto, porque si la causa perdura, si Marruecos no mejora sus condiciones económicas y políticas, si se sigue permitiendo a Mohamed VI utilizar la presión migratoria como arma política, el efecto se repetirá inevitablemente y nos enfrentaremos una y otra vez al mismo problema, sin que la represión sirva para nada más que para castigar a los desamparados que osan desafiar su destino, y amenazar nuestro confortable bienestar.

El problema migratorio no es solo nuestro. En todo el mundo los flujos migratorios aumentan, y lo seguirán haciendo en la medida en que la globalización los facilita y las diferencias económicas entre países y regiones aumentan. Por ahora, la respuesta de los países ricos es la represión, brutal en EEUU con los crímenes del ICE, más disimulada en Europa, aunque igualmente cruel. Pero esta estrategia no va a dar resultado, no hay compuerta que detenga un tsunami, solo puede retrasarlo a costa de mucho sufrimiento.

Hay otra solución, que es nivelar progresivamente las condiciones de vida entre países ricos y pobres, y esa sí puede ser eficaz porque nadie quiere abandonar a su familia ni su país si no se ve obligado a ello. Asumirla exige una línea política diferente, que limite nuestro crecimiento en favor de la ayuda al desarrollo, y poca gente está todavía dispuesta a renunciar a una mínima parte de su nivel de vida. Los políticos lo saben, y actúan -en general- en consecuencia. Pero si no tomamos este camino, nos veremos abocados a un mundo en permanente tensión, y dominado por la violencia, con unos pocos países ricos viviendo rodeados de alambradas para proteger su bienestar mientras el resto intenta asaltarlas. Y no debemos olvidar que, si eso sucede, los que estarán confinados dentro de esas alambradas no serán ellos, sino nosotros.

(1-08-2026)


Ceuta: más de 70 muertos en el juego sucio de Marruecos

El Tarajal vuelve a cobrarse vidas mientras los gobiernos intercambian acusaciones y utilizan el drama humano con fines políticos

Rafael Lara

Más de 70 personas han muerto durante la entrada de miles de personas en Ceuta por la frontera del Tarajal. Una frontera, esta y la de Melilla, convertidas en auténticos dispositivos de muerte.

No es un fenómeno aislado: la frontera del Tarajal y la de Melilla acumulan una terrible historia de violencia. En 2005, once personas perdieron la vida por disparos de las fuerzas de seguridad de ambos lados. En 2014 catorce personas perdieron la vida bajo los disparos de pelotas y botes de humo por la Guardia Civil. Y en Melilla, en junio de 2024, 74 personas murieron encajonadas en una trampa mortal, en medio de disparos y cargas en las vallas.

Marruecos utiliza de forma de forma instrumental y cruel a sus ciudadanos como carne de cañón para conseguir sus objetivos políticos frente a España o la Unión Europea. Lo hizo en junio de 2018 cuando la gendarmería marroquí hizo la vista gorda y centenares de embarcaciones llegaron a la costa de Cádiz. Lo volvió a hacer en mayo 2021, cuando entraron 12.000 personas, muchos menores, en Ceuta. Y lo ha hecho ahora.

Porque el recurso a las mafias empieza a resultar manido. Porque se sabe que muchas personas fueron desplazados en camiones desde otras ciudades de Marruecos. Y porque Marruecos es un país con un gobierno teocrático y dictatorial; y que dispone de una maquinaria represiva colosal: nada se mueve sin permiso del Majzén, el aparato de poder marroquí.

¿Qué ha pasado esta vez? Es difícil saberlo con certeza, pero los analistas más informados apuntan a varias causas posibles. Por un lado, la reciente visita de Sánchez a Argelia, que permitió avanzar en acuerdos sobre el gas. Otros señalan la aprobación en el Congreso de la concesión de nacionalidad a los saharauis y descendientes de la antigua colonia española.

Finalmente, no somos pocos los que vemos la alargada mano de Trump y Netanyahu en estos sucesos. Uno y otro prometieron vengarse por la justa postura del gobierno de España de condenar el genocidio en Gaza, oponerse a la agresión a Irán, no permitir el uso de las bases de Rota y Morón para ello o no tragar con el imperativo de subir los gastos militares hasta el 5% del PIB para comprar armas a EE.UU.

No estamos ante un fenómeno migratorio, sino ante una acción de presión orquestada por el gobierno de Marruecos sobre España. Y en ese ataque no solo ha encontrado aliados en la ultraderecha europea, sino entre las derechas españolas, que actuando como traidores una vez más, utilizan la muerte de decenas de personas para dar alas a sus discursos de odio.

Pero, nuestro país no es Marruecos. España está obligada a garantizar una acogida digna a quienes permanezcan en Ceuta tras la salida de la mayoría de los marroquíes, y especialmente a atender y proteger a los menores que han cruzado solos una frontera mortal, como se ha comprobado. Y esa responsabilidad no corresponde solo a la ciudad de Ceuta que no tiene medios suficientes, sino al conjunto de las comunidades autónomas y al Gobierno.

Surgen, en todo caso, preguntas que el Gobierno debe responder. ¿Cómo es posible que nuestros servicios secretos, tan diligentes para vigilar a dirigentes de izquierda o independentistas, o para infiltrarse en organizaciones sociales, no detectaran nada? Marruecos llegó a instalar el programa espía Pegasus en el teléfono del presidente del Gobierno. Parece que nuestros servicios de inteligencia estaban, una vez más, ausentes ante un movimiento de esta magnitud.

O cabe una explicación aún más dolorosa: que el Gobierno confiara en Mohamed VI y su dictadura, creyendo que aceptar la postura marroquí sobre el Sáhara bastaba para garantizar estabilidad.

Se trata de un grave error. El gobierno de Marruecos no es fiable en ningún caso. Lo ocurrido estos días tiene causas, y entre ellas está una política migratoria desplegada por España y la UE que ha delegado el c
ontrol de los flujos migratorios en un país que no respeta los derechos humanos y que jamás será un socio seguro. El Majzén siempre pondrá sus intereses y los de Mohamed VI por encima de cualquier otra consideración, sin reparos para jugar sucio y sin escrúpulos para utilizar a sus propios ciudadanos y empujarlos a perder la vida en un dispositivo de muerte como es la frontera del Tarajal.




El carajal de El Tarajal

Mahjub Mohamed Salem

Llama la atención la tranquilidad con la que los tertulianos de radio y televisión opinan sobre la razón por la que 60 000 jóvenes marroquíes un día se despertaron, casualmente, con la coincidente idea de cruzar la frontera ceutí. Según unos, la locura de la política inmigratoria de Sánchez invadió repentinamente esos miles de jóvenes cabezas; según otros, la culpa es del TS, por declarar no susceptibles de expulsión a los llegados por mar…

Pues, creo que no. Lo ocurrido responde al enfado del sátrapa marroquí, por la reciente visita de Sánchez a Argelia y consiguiente declaración de «país amigo». Entre otras varias pruebas, lo demuestra la inmediata manifestación de Albares (promotor del cambio promarroquí respecto al Sáhara) de que Mohamed VI no tenía nada que ver y de que son inmejorables las relaciones entre los dos países. Pues…, mal andamos si se mantienen inmejorables relaciones con una satrapía en la que nada se puede decir, hacer o pensar, si no se tiene el visto bueno del dictador, satrapía en la que «elecciones democráticas» significa "arreglaos para que, como siempre, gane el partido del palacio real", y en la que la cuenta corriente del Señor engorda hasta la hiperobesidad, mientras sus ciudadanos se buscan la vida en Europa, si no la han perdido en el mar.

La participación del rey la demuestra también la inmediata aparición en escena del más impresentable de los neofascistas, Trump, amigo interesado de Marruecos (empresas estadounidenses en pesca, fosfatos y prospecciones petrolíferas en el Sáhara ocupado; siempre buscando dinero, incluso, si lo aporta un genocidio), diciendo que la culpa es de la política ultraizquierdista de Sánchez.

Esta es la situación real: un déspota que vive a tiro de piedra de Gibraltar (no es verdad, porque vive casi todo el año entre París y la ciudad donde habite el amante de turno) chantajea a la UE, especialmente a España. Y, por cerrar el paso a inmigrantes africanos, recibe subvenciones y material militar (que también usa para reprimir a los saharauis que viven en el territorio ocupado). Su forma preferida de cumplir lo pactado es llevar a los inmigrantes al desierto del Sáhara y dejarlos allí con un litro de agua. Los huesos humanos que el sol quema en la arena dan fe de que cumple su misión. Pero, además, se le permite ordenar a su policía mirar para otro lado o, incluso, colaborar con las mafias, cuando tiene que manifestar enfado porque alguien en España ha dicho o hecho algo «inconveniente» respecto al Sáhara o a la Argelia defensora de los derechos saharauis.

A propósito de mafias. El presidente español ha querido explicar la entrada de esos 60 000 marroquíes en Ceuta diciendo que se trata de una nueva actuación de la mafia que trafica con personas. La mafia, señor Sánchez (y dejamos a un lado que la verdadera ha vivido y sigue viviendo opulentamente en Europa de lo que ha explotado y sigue explotando a África) opera con pequeños grupos de emigrantes, a los que cobra el viaje en una lancha de bolsillo que les vende. Hay que tener una pésima consideración del estado mental de sus ciudadanos para decirles que la mafia moviliza, de manera sincronizada, a tal increíble cantidad de marroquíes (que viven en los alrededores de Ceuta), para que naden unos cientos de metros hasta El Tarajal. ¿Qué capacidad tiene que poseer una mafia (macromafia) para lanzar al mar a la misma hora a decenas de miles de personas? ¿Para qué necesitan estas una mafia, si no reciben nada de ella? ¿No parece, más bien, que la policía marroquí hace correr la noticia de que se va a tomar un día de vacación?

El señor Sánchez sabe bien que el mafioso se asienta en un lujoso palacio de Rabat (no es verdad, porque casi todo el año suele asentarse entre París y la ciudad donde viva el amante de turno: no le gusta vivir cerca de súbditos pobres). E incluso sabe bien que hay que poner buena cara ante sus enfados. Veinte siglos después de que Europa fijara el Derecho en la condición de vivir honestamente sin hacer daño a los demás, llegamos a considerar conveniente arrodillarnos ante los tiranos, los usurpadores y los genocidas. Los llamamos «veinte siglos de progreso».

Un recuerdo para los cincuenta jóvenes a los que el capricho de su rey les ha costado la vida.

(Rebelión, 4-08-2026, https://rebelion.org/el-carajal-de-el-tarajal/; tomado de Naiz, 3-08-2026, https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/el-carajal-de-el-tarajal).


Ceuta fue el mensaje: Marruecos puso las personas y el eje Trump-Netanyahu, la amenaza

Nuestra respuesta debe ser exactamente la contraria a la que esperan: más soberanía, más servicios públicos, más solidaridad y más derechos humanos.

Ismael Sánchez Castillo

Lo ocurrido en Ceuta no ha sido una crisis migratoria más. Ni siquiera puede explicarse únicamente como una consecuencia de la pobreza, la desesperación o la falta de expectativas que padecen miles de jóvenes al otro lado de la frontera. Es, sobre todo, una crisis política y diplomática provocada mediante la utilización de seres humanos como instrumento de presión contra España.

Durante unas horas, decenas de miles de personas cruzaron una frontera que el régimen marroquí controla con enorme dureza cuando quiere controlarla. Muchas de ellas han regresado ya a Marruecos al terminar la fase más aguda del episodio. Precisamente por eso, porque aquella movilización masiva pudo permitirse y después detenerse, resulta difícil sostener que todo respondió a una concentración espontánea, a la actuación de unas supuestas mafias o a una interpretación interesada de una sentencia del Tribunal Supremo.

Mauricio Valiente, director general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), pidió analizar lo sucedido con serenidad y sin explicaciones simplistas. Recordó que las llegadas habían crecido antes de la resolución judicial y señaló la concurrencia de múltiples factores: la pobreza, la ausencia de expectativas, el movimiento extraordinario asociado a la Operación Paso del Estrecho y la saturación estructural de los recursos. También advirtió de algo evidente: una concentración humana de semejante magnitud difícilmente podía pasar inadvertida para las autoridades marroquíes. Su planteamiento obliga a separar dos planos que algunos pretenden confundir: las causas sociales que empujaron a aquellas personas y la decisión política que permitió que la frontera quedara abierta.

Marruecos volvió a utilizar a su propia población

El régimen de Mohamed VI convirtió de nuevo a una parte de su población civil, empobrecida y desesperada, en material de presión diplomática. No es la primera vez. Ya sucedió en mayo de 2021, cuando Rabat permitió la entrada de casi 10.000 personas en Ceuta como represalia por la asistencia sanitaria prestada en España a Brahim Ghali, secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Marruecos conoce perfectamente el valor político de la frontera. La abre cuando quiere presionar, la cierra cuando alcanza sus objetivos y presenta después su colaboración como si fuera un favor concedido a España y a la Unión Europea. Esa es una de las consecuencias más graves de haber externalizado la política migratoria europea hacia regímenes autoritarios: quienes deberían ser simples interlocutores terminan administrando nuestras fronteras y utilizando la vida de las personas como moneda de cambio.

Lo sucedido ha tenido una dimensión humanitaria terrible. Ha habido personas que murieron (59 en el momento de la publicación de esta reflexión) tratando de alcanzar a nado la costa ceutí. Miles llegaron sin comida, sin agua, sin un lugar donde dormir y sin los productos más básicos de aseo. Cada una de ellas tiene una historia, una familia y unas razones para haber arriesgado la vida. Ninguna debe ser reducida a una cifra, a una amenaza o a un arma arrojadiza.

Pero reconocer su humanidad no obligaba a cerrar los ojos ante la responsabilidad política de Rabat. Al contrario: denunciar la instrumentalización de la migración es también defender a las personas instrumentalizadas. Quienes fueron empujados hacia la frontera no son los culpables. Son las primeras víctimas de un régimen que les niega derechos, oportunidades y futuro, y que después utiliza su desesperación para enviar un mensaje a España.

Un aviso en un momento muy concreto

La pregunta no es solo qué ha ocurrido, sino por qué ha ocurrido precisamente ahora.

España ha comenzado a recomponer sus relaciones con Argelia, principal rival de Marruecos en el Magreb. Al mismo tiempo, el Congreso avanza en la tramitación de la proposición de ley para reconocer el acceso a la nacionalidad española de las personas saharauis nacidas bajo la administración española y de sus descendientes. La iniciativa, presentada por el Grupo Plurinacional Sumar e impulsada políticamente por Izquierda Unida y el Partido Comunista de España, con Enrique Santiago entre sus ponentes, ha aprobado ya su dictamen en la Comisión de Justicia y espera la votación definitiva del Pleno.

Tampoco puede separarse este episodio del contexto internacional. España ha venido asumiendo posiciones propias en cuestiones de enorme trascendencia: la denuncia de la masacre y del genocidio en Gaza, la negativa a asumir sin discusión la escalada del gasto militar exigida en la OTAN y el rechazo a sumarse a una nueva guerra contra Irán. Esas decisiones han molestado a quienes pretendían que Europa se limitara a obedecer las prioridades de Washington y Tel Aviv.

Marruecos es, además, un aliado estratégico de Estados Unidos e Israel. Recibe respaldo político, militar y tecnológico israelí, también en su ocupación del Sáhara Occidental y en su guerra contra el pueblo saharaui. Por eso, mi lectura política de lo sucedido es clara: Ceuta ha sido un aviso a navegantes. Un mensaje emitido directamente por el sátrapa Mohamed VI, pero perfectamente funcional a los intereses de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.

No afirmo que exista una orden escrita ni una sala en la que los tres decidieran conjuntamente esta operación. Sería irresponsable presentar como hecho probado lo que constituye una interpretación política. Pero las alianzas, los intereses compartidos y el momento elegido permiten entender quiénes se benefician del debilitamiento de una España con voz propia y quiénes desean disciplinar cualquier gesto de autonomía exterior.

El mensaje parece evidente: cada paso hacia Argelia, cada defensa del pueblo palestino, cada negativa al rearme y cada avance en el reconocimiento de los derechos del pueblo saharaui puede tener un coste.

Firmeza no significaba racismo

Responder con firmeza no consiste en maltratar a quienes han cruzado la frontera. No consiste en devolver indiscriminadamente, impedir el acceso al asilo o negar la protección debida a niños, niñas y adolescentes. Marruecos no puede ser considerado automáticamente un país seguro para todas las personas, especialmente para quienes huían de persecuciones políticas.

Cada situación debe ser examinada individualmente, garantizando el derecho de asilo, la asistencia jurídica, la protección de la infancia y el cumplimiento de la legislación nacional e internacional. La alternativa al chantaje marroquí no puede ser copiar sus métodos ni sacrificar derechos fundamentales.

Firmeza significa defender nuestra soberanía política y exigir responsabilidades al Gobierno marroquí. Significa dejar claro que España no aceptará que se utilicen a seres humanos para condicionar su política exterior. Significa también revisar una relación bilateral construida sobre una dependencia cada vez mayor del régimen de Rabat y recuperar una política autónoma hacia el Magreb, el Sáhara Occidental y el conjunto del Mediterráneo.

Vox ha utilizado inmediatamente lo sucedido para propagar miedo, racismo y odio. Como siempre, señala a quienes estaban abajo para proteger a quienes mandan arriba. No ha dirigido su indignación contra Mohamed VI, ni contra la pobreza estructural que empujó a miles de jóvenes, ni contra un modelo europeo que ha entregado el control de sus fronteras a gobiernos autoritarios. La ha dirigido, una vez más, contra las personas migrantes.

No es casual. La extrema derecha española comparte alineamiento internacional con Trump y Netanyahu y mantiene una llamativa complacencia con la monarquía marroquí. Mientras el régimen de Rabat abría la frontera, Vox aprovechaba las consecuencias para atacar al Gobierno, cuestionar los derechos humanos y dividir a la clase trabajadora. Era difícil imaginar una actuación más funcional a la provocación marroquí.

Ceuta necesitaba recursos, no propaganda

Durante la emergencia, la prioridad debía ser garantizar la vida, la dignidad y la convivencia. Ceuta necesitaba suministros básicos suficientes: alimentos, agua potable, medicamentos, material sanitario, productos de higiene y medios extraordinarios de limpieza. La acumulación de miles de personas en espacios limitados exigía activar una verdadera contingencia sanitaria, prevenir enfermedades, asegurar la atención urgente y evitar que la falta de recursos derivara en problemas de salud pública.

Era imprescindible reforzar inmediatamente las plantillas sanitarias, los servicios sociales, los equipos de protección de menores, la limpieza, la logística y el personal encargado de la atención humanitaria. No se podía exigir a quienes sostenían los servicios públicos que afrontaran una situación excepcional con recursos ordinarios, turnos interminables y plantillas ya tensionadas.

La coincidencia con la Operación Paso del Estrecho agravaba todavía más el riesgo. Se necesitaba un plan especial de contingencia para impedir el colapso de la ciudad, del puerto y de las principales vías de comunicación. Ese plan debía coordinar al Gobierno de España, la Ciudad Autónoma, las comunidades autónomas y los servicios públicos implicados. Esto no se ha hecho y ahora se deben agilizar los traslados legales a la península, especialmente cuando existan plazas disponibles en el sistema de acogida. Como señaló Mauricio Valiente en una reciente entrevista, «el problema no es únicamente la cantidad de recursos, sino la lentitud para activar de forma coordinada el conjunto del sistema».

Merecen un reconocimiento especial las trabajadoras y trabajadores de la sanidad, los servicios sociales, la limpieza, los centros de acogida, las fuerzas de seguridad, las organizaciones sociales y cuantos sostuvieron la ciudad durante aquellas horas. Frente al caos planificado desde fuera y al odio agitado desde dentro, fueron los servicios públicos y la solidaridad quienes protegieron la convivencia.

Europa también estuvo en la frontera de Ceuta

Ceuta y Melilla no son solamente fronteras españolas. Son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea en África. Por tanto, aquella emergencia no debía descargarse exclusivamente sobre la ciudad autónoma ni tratarse como un problema bilateral entre España y Marruecos.

La Unión Europea debía aportar recursos económicos, equipos sanitarios, personal especializado y capacidad de acogida. Pero, sobre todo, debe abandonar un modelo migratorio basado en pagar a terceros países para que hagan el trabajo sucio. Mientras Europa continúe externalizando sus fronteras hacia regímenes que vulneran los derechos humanos, seguirá expuesta al chantaje.

Hace falta una política migratoria común, estable y solidaria, basada en vías legales y seguras, protección internacional, cooperación entre Estados y respeto absoluto a la dignidad humana. No una sucesión de alambradas, devoluciones sin garantías y acuerdos opacos con autócratas.

El verdadero mensaje que España debe enviar

La gran mayoría de quienes cruzaron retornó a Marruecos. La fase más crítica terminó, pero el problema político permanece. Porque una frontera que se abre y se cierra a voluntad de un régimen extranjero no constituye una política migratoria: constituye una dependencia estratégica.

España debe responder con serenidad, pero también con firmeza. Sin aceptar chantajes. Sin abandonar al pueblo saharaui. Sin renunciar a sus relaciones con Argelia. Sin retroceder en la defensa de Palestina. Sin someter su política exterior a Trump, Netanyahu o Mohamed VI. Y sin permitir que la extrema derecha utilice el sufrimiento humano para propagar racismo y fracturar nuestra sociedad.

Nos dijeron que nuestras decisiones soberanas tendrían consecuencias. Que defender la paz, los derechos humanos y la legalidad internacional podía ser castigado. Que Marruecos continúa dispuesto a utilizar la pobreza de su pueblo como arma política.

Nuestra respuesta debe ser exactamente la contraria a la que esperan: más soberanía, más servicios públicos, más solidaridad y más derechos humanos.

Porque un país digno no elige entre proteger sus fronteras y proteger a las personas. Hace ambas cosas. Y no permite que ningún rey, por muy respaldado que esté por Washington o Tel Aviv, decida su política exterior utilizando vidas humanas como munición.

(Mundo Obrero, 4-08-2026, https://mundoobrero.es/2026/08/04/ceuta-fue-el-mensaje-marruecos-puso-las-personas-y-el-eje-trump-netanyahu-la-amenaza/).


(Imagen: viñeta de Manel Fontdevilla y Bernardo Vergara, en elDiario.es, https://www.eldiario.es/opinion/crisis-ceuta-5-frases_131_13423134.html).