Entre el mar y la meseta
Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
domingo, 28 de junio de 2026
jueves, 25 de junio de 2026
El Barranco de Víznar, lugar de la memoria de centenares de víctimas del fascismo y de Federico García Lorca
Si viniendo desde Las Colonias se sigue por el camino que va a Alfacar, en la primera revuelta se encuentra uno con el barranco, el lugar en donde la mayoría de los fusilados están enterrados.
Más adelante, todo este camino forma una especie de anfiteatro natural colocado ante la Vega de Granada y respaldado por suaves colinas formadas por las lomas de sierra caliza. Todavía hay olivos (los restos de un viejo olivar) en toda esta parte de monte abajo. Desde el barranco las laderas y paratas de alrededor están llenas de tumbas anónimas de miles de fusilados que fueron enterrados sin ninguna clase de señalización.
Para añadir luego (2):
En todos los terrenos vallados que hay en los alrededores de este camino han plantado y siguen plantando pinos. Sobre muchas tumbas hay ya un pino pequeño. Cuando crezcan se convertirán en un bosque entrelazará sus raíces a los cuerpos enterrados acabando por deshacerlos… Y la gente olvidará…
Durante el primer mes de la represión los verdugos de "La Colonia" no efectuaban sus muertes en el barranco, sino al lado de la carretera, entre Víznar y Alfacar. Así ocurrió con García Lorca, y no cabe duda de que el cuerpo del poeta no se encuentra entre los enterrados en el barranco.
Pretendemos proteger el lugar. Proteger a todos. Ahí van a salir los restos de muchos que sus familias no quieren sacar. Habrá quienes no sean identificados. Eso puede generar la violación de un lugar sagrado para muchas familias. Al estar todos ahí, todos son iguales ahora. Federico es sólo uno más. Preferimos mantenerlo en el terreno de lo público. Los García Lorca no queremos cambiar esa historia que otros escribieron con sangre. Ése es el lugar de la memoria. Sacándolo se borra esa memoria que nosotros no queremos que se olvide.

Las alamedas se van,pero dejan su reflejo.
Las alamedas se van.pero nos dejan el viento.
El viento está amortajadoa lo largo bajo el cielo.
Pero ha dejado flotandosobre los ríos sus ecos.
El mundo de las luciérnagasha invadido mis recuerdos.
Y un corazón diminutome va brotando en los dedos.
miércoles, 24 de junio de 2026
La Fuente Grande, de las Lágrimas o de Aynadamar en la muerte de Federico García Lorca
¿Es mi alejamiento de Aynadamar, que me detiene el pulso de la sangre, lo que hace brotar un chorro de lágrimas del fondo de mis ojos?
Sus aguas gimen con la tristeza de aquel que, esclavo del amor, ha perdido su corazón.
A su orilla entonan los pájaros melodías comparables a las del mismo Mosuli, recordándome el remoto pasado en el que entré en mi juventud.
Y las lunas de aquel lugar, bellas como José, harían abandonar a cualquier musulmán su fe por la del amor.
Mi corazón reposa junto a la fuente fría.
(Llénala con tus hilos,
araña del olvido).
El agua de la fuente su canción le decía.
(Llénala con tus hilos,
araña del olvido).
Mi corazón despierto sus amores decía.
(Araña del silencio,
téjele tu misterio).
El agua de la fuente lo escuchaba sombría.
(Araña del silencio,
téjele tu misterio).
Mi corazón se vuelca sobre la fuente fría.
(Manos blancas, lejanas,
detened a las aguas).
Y el agua se lo lleva cantando de alegría.
(¡Manos blancas, lejanas,
nada queda en las aguas!).
Ay, fuente de las lágrimas,ay, campos de Alfacar, tierras de Víznar.El viento de la noche,¿por qué os lleva la arena, y no la sangre?¿por qué entrecorta el agua cual mi llanto?
No le digáis al alba vuestro luto,no le quebréis al día su esperanzade nardo y verde sombra;pero en la noche aguda,sesgada por el dalle de los vientosque no olvidan, llorad, llorad conmigo.
Llora, tú, fuente grande,ay, fuente de las lágrimas.Y sed ya para siempre mar salobre,oh campos de Alfacar, tierras de Víznar.
martes, 23 de junio de 2026
El olivo de Alfacar y el asesinato de Federico García Lorca
Saber dónde se encuentran los restos mortales de Federico García Lorca sigue siendo un misterio. Sus asesinos y cómplices firmaron en su día un pacto de silencio, y lo acompañaron con una serie de falsedades, que con el paso de los años lo siguieron manteniendo. Sí sabemos que todo ello ocurrió entre los términos municipales de Víznar y Alfacar, y que en esos momentos tan dramáticos estuvo acompañado de Dióscoro Galindo, el maestro de Pulianas, y de los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas Cabezas.
Desde Granada los nacionalistas llevaron a "La Colonia" a un grupo de masones, a los que añadieron otros "indeseables", para que efectuaran el trabajo de enterramiento. Entre los masones figuraban Manuel Plaza, Henares, Lopera, Bocanegra, un tal Fernando (nadie recuerda su apellido) y A.M., que vive todavía y nos ha informado plenamente sobre el funcionamiento de "La Colonia".
Junto a los masones trabajaba de enterrador un muchacho de 17 años, M.C., quien fue llevado a Víznar para ser fusilado. Por suerte, y a instancias de unas señoras de derechas que intercedieron por él ante [el capitán] Nestares, pudo salvarse de la muerte, destinándosele a servir de enterrador. No quiere M.C. que consignemos su nombre completo, y resulta perfectamente comprensible. Él fue quien enterró a García Lorca y sabe que, de ser identificado, los periodistas del mundo entero le hostigarían. Acompañados por él hemos ido en dos ocasiones a Víznar (en 1966 y en 1978), y nos ha confirmado y ampliado sobre el terreno la información proporcionada por A.M.
Y entonces de forma natural, sin ninguna afectación, [Manuel Castilla Blanco] dice:-Yo lo enterré. En Fuente Grande.Estoy emocionado. Le miro a los ojos. No puedo hablar. Sólo le tomo una mano y se la aprieto con fuerza. Cuando me repongo le pregunto:-Dónde está exactamente...? ¿Lo recuerda?-¿Cómo me podría olvidar de una cosa así...? Está cerca de la fuente, en el camino que lleva a Víznar, a la izquierda. En un olivar pequeño, al lado de un barranquillo, cerca de un olivo, a tan sólo diez metros de la carretera. Allí está, casi debajo del olivo.
"A la memoria de Federico García Lorca y de todas las víctimas de la guerra civil. 1936-1939".
Y a pocos metros puede verse un olivo. En ese paraje no se han encontrado los restos mortales del poeta ni de ninguna otra persona asesinada durante ese tiempo. Con toda seguridad la tumba se ha ido removiendo, como una forma de seguir haciendo efectivo el tenebroso manto de silencio.
lunes, 22 de junio de 2026
Los poemas de Federico García Lorca en el Parque dedicado a su memoria en Alfacar
A Salvador Quintero
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
El río Guadalquivir
tiene las barbas granates
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor¡
que se fue y no vino!
y viento en los naranjales
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay amor
que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.
Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.
La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.
¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?
¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca?
¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?
¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?
¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quite la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montando en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

A Gloria Giner y a Fernando de los Ríos
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con los ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas;
¡Dejadme subir! dejadme
hasta las verdes barandas,
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime,
dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

Cazador
¡Alto pinar!
Cuatro palomas por el aire van.
Cuatro palomas
vuelan y tornan.
Llevan heridas
sus cuatro sombras.
¡Bajo pinar!
A Conchita García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.
Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.
Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!
viernes, 19 de junio de 2026
Una Comisión Técnica reconoce 63 asesinatos cometidos por las fuerzas policiales y los grupos de extrema derecha entre 1979 y 1983
El resultado de los trabajos llevados a cabo ha sido la elaboración de un "Informe" (cuyo contenido completo puede leerse a través de elDiario.es), en el que se ha reconocido un total de 63 personas asesinadas, 28 de las cuales lo fueron por las fuerzas policiales y las restantes 35 por los grupos de extrema derecha.
06/01/1979 Felipe Baz González06/01/1979 José Luis Muñoz Pérez04/03/1979 Ursino Gallego Nicasio29/04/1979 Andrés García Fernández06/05/1979 José Ramón Ansa Echevarría03/06/1979 Gladys del Estal Ferreño10/06/1979 Vicente Vadillo Santamaría25/06/1979 Valentín González Ramírez14/07/1979 Salomé Alonso Valera25/08/1979 Justo López de Zubiria Arteaga25/08/1979 Félix Mingueta Sanz31/08/1979 José Prudencio García01/09/1979 Ignacio Quijera Zelarin13/09/1979 José Luis Alcazo19/09/1979 Valeriano Martínez Pérez28/09/1979 Tomás Alba Irazusta06/11/1979 Francisco Caballero Requejo09/12/1979 Victoria Arranz09/12/1979 Manuel Álvarez Blanco11/11/1979 Mikel Arregui Martín13/12/1979 Emilio Martínez Menéndez13/12/1979 José Luis Montañés Gil09/01/1980 Ana Teresa Barroeta Álvarez15/01/1980 Carlos Saldise Corta19/01/1980 Liborio Arana Gómez19/01/1980 Manuel Santacoloma Velasco19/01/1980 María Paz Armiño Borán19/01/1980 Pacífico Fica Zuloaga01/02/1980 Yolanda González Martín02/02/1980 Jesús María Zubikarai Badiola10/02/1980 Vicente Cuervo Calvo28/03/1980 Jorge Caballero Sánchez19/04/1980 Felipe Sagarna Ormazábal01/05/1980 Arturo Pajuelo Rubio06/05/1980 Juan Carlos García Pérez08/05/1980 María José Bravo del Valle11/05/1980 Aquilina Fernández Crespo29/06/1980 Manuel Luciano Pérez25/08/1980 Joaquín Mendoza Lavera28/08/1980 Jesús María Etxeveste Toledo06/09/1980 Luis Quintana Monasterio06/09/1980 Julio Martínez Navarro07/09/1980 Miguel María Arbelaiz Echevarría07/09/1980 Luis María Elizondo Arrieta08/09/1980 José María Fernández Carrión16/10/1980 José Luis Sancha Lasa14/11/1980 Joaquín Antimasbere Eskoz23/11/1980 José Camio23/11/1980 Jean Pierre Haramendi30/12/1980 Francisco José Rodríguez López03/03/1981 Francisco Javier Ansa Cincunegui23/03/1981 María Asensio Morales07/06/1981 Carlos Idígoras Navarrete10/05/1981 Juan Mañas Morales10/05/1981 Luis Montero García10/05/1981 Luis Manuel Cobo Mier13/05/1981 Juan Abel Muñiz Corral14/06/1981 José Félix Centenera Sánchez07/07/1981 Luis Arribas Santamaría02/01/1982 Pablo Garayalde Jauregizabal20/06–07/1982 Sebastián García García05/12/1982 Salvador Sampedro de Dios19/02/1983 Juan Félix Domínguez
Al final del "Informe" se expresan varias recomendaciones, proponiendo "el reconocimiento institucional, moral y simbólico de las personas que perdieron la vida en el periodo 1978-1983 como consecuencia de violaciones de derechos humanos en el contexto de violencia política analizado". Todo ello se basa en los principios
"reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y plasmados en instrumentos tales como la Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder (Resolución 40/34 de la Asamblea General de la ONU, 1985) y los Principios y Directrices Básicos sobre el Derecho de las Víctimas a Interponer Recursos y Obtener Reparaciones (Resolución 60/147, 2005)".
Así como, dentro de la legislación española,
"en términos equiparables a los establecidos para otras víctimas de violencia política o institucional, y debe realizarse conforme a lo dispuesto en la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, y en particular conforme a su artículo 3.4 la aplicación de la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito, en cuanto sea procedente".























