Saber dónde se encuentran los restos mortales de Federico García Lorca sigue siendo un misterio. Sus asesinos y cómplices firmaron en su día un pacto de silencio, y lo acompañaron con una serie de falsedades, que con el paso de los años lo siguieron manteniendo. Sí sabemos que todo ello ocurrió entre los términos municipales de Víznar y Alfacar, y que en esos momentos tan dramáticos estuvo acompañado de Dióscoro Galindo, el maestro de Pulianas, y de los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas Cabezas.
Desde Granada los nacionalistas llevaron a "La Colonia" a un grupo de masones, a los que añadieron otros "indeseables", para que efectuaran el trabajo de enterramiento. Entre los masones figuraban Manuel Plaza, Henares, Lopera, Bocanegra, un tal Fernando (nadie recuerda su apellido) y A.M., que vive todavía y nos ha informado plenamente sobre el funcionamiento de "La Colonia".
Junto a los masones trabajaba de enterrador un muchacho de 17 años, M.C., quien fue llevado a Víznar para ser fusilado. Por suerte, y a instancias de unas señoras de derechas que intercedieron por él ante [el capitán] Nestares, pudo salvarse de la muerte, destinándosele a servir de enterrador. No quiere M.C. que consignemos su nombre completo, y resulta perfectamente comprensible. Él fue quien enterró a García Lorca y sabe que, de ser identificado, los periodistas del mundo entero le hostigarían. Acompañados por él hemos ido en dos ocasiones a Víznar (en 1966 y en 1978), y nos ha confirmado y ampliado sobre el terreno la información proporcionada por A.M.
Y entonces de forma natural, sin ninguna afectación, [Manuel Castilla Blanco] dice:-Yo lo enterré. En Fuente Grande.Estoy emocionado. Le miro a los ojos. No puedo hablar. Sólo le tomo una mano y se la aprieto con fuerza. Cuando me repongo le pregunto:-Dónde está exactamente...? ¿Lo recuerda?-¿Cómo me podría olvidar de una cosa así...? Está cerca de la fuente, en el camino que lleva a Víznar, a la izquierda. En un olivar pequeño, al lado de un barranquillo, cerca de un olivo, a tan sólo diez metros de la carretera. Allí está, casi debajo del olivo.
"A la memoria de Federico García Lorca y de todas las víctimas de la guerra civil. 1936-1939".
Y a pocos metros puede verse un olivo. En ese paraje no se han encontrado los restos mortales del poeta ni de ninguna otra persona asesinada durante ese tiempo. Con toda seguridad la tumba se ha ido removiendo, como una forma de seguir haciendo efectivo el tenebroso manto de silencio.

























