miércoles, 31 de marzo de 2021

Cierra por problemas económicos Cuarto Poder, un medio de comunicación crítico y/o alternativo

Hoy, último día de marzo, dejará de publicarse el periódico digital Cuarto Poder. Lo anunciaron el pasado viernes con una entrada que se encabezada de esta manera: "La noticia que no queríamos dar: cuartopoder dejará de publicarse el 31 de marzo". Nacido hace once años, habría que encuadrarlo dentro de los medios de comunicación que pueden considerarse como críticos y/o alternativos, una vía por donde se fue encauzando en los últimos años. No ha podido resistir la competencia que hay en el mundo del periodismo, en el que la independencia se paga cara.
 
Sabido es que los grandes medios están ligados al sistema, porque son las grandes corporaciones empresariales las que los alimentan, a lo que hay que unir el aderezo frecuente que aportan algunas instituciones públicas. Para ello se valen de las inversiones que dicha empresas hacen y de la cuantiosa publicidad que reciben del espectro de económico e institucional. Eso lleva a que los grandes medios sirvan para defender la voz (y los intereses) de sus amos y para crear la (falsa) ilusión de que vivimos en un sistema de libertades plenas. Incluso llegan a arrogarse el monopolio de que en ellos recae la libertad de expresión.

Fuera de ese grupo de medios se encuentran otros, independientes de esos grandes grupos económicos y que en su mayoría, si no en su totalidad, luchan de distintas formas por subsistir. El contexto en que la red electrónica se ha convertido en la principal vía de información para una buena parte de la población, ha hecho que el formato digital sea el medio de llegar a la gente, descartando la edición tradicional del papel. Todo esto ha supuesto que se hayan cambiado los hábitos de acceso a la prensa escrita, que está muy diversificada y que, además, se ha complementado con la multiplicidad de formas de expresión (mediante páginas, cuadernos, portales... electrónicos), donde hay una clara impronta de lo personal. Los medios digitales ofrecen mayor rapidez, dinamismo, flexibilidad e incluso atractivo a la hora de publicar. A su vez, han conocido un aumento en su número. 

Todo esto ocurre también, como es lógico, en el caso de los críticos y/o alternativos. Entre otros, se encuentran Público, elDiario.es, infoLibre, La Marea, El Salto, 3 Información, Nueva Tribuna, ctxt o el propio Cuarto Poder. Pero el principal problema con el que se encuentran es la financiación. Una parte ha optado por las suscripciones, si bien permiten, en distintos grados y momentos, el acceso completo a la información que ofrecen. Otros piden aportaciones económicas para equilibrar las cuentas. Y están también aquellos que echan mano de la publicidad, algo que resulta difícil, dada su naturaleza. Es lo que se hacía en Cuarto Poder, pero al final les ha resultado imposible mantenerse, incluyendo en ese aspecto las dificultades con las que se han encontrado para obtener publicidad institucional, de la que se aprovechan más y mejor -vaya casualidad- los grandes medios. 

La red electrónica permite que diariamente (y a lo largo de cada jornada), en unos casos, o cada cierto tiempo, en otros, podamos hacer un rueda de acceso a los diferentes medios. Grandes y pequeños, independientes o no, de derecha o de izquierda, del sistema o críticos/alternativos, del país o de otros países... En mi caso, entre los que puedo considerar más próximos y/o más fiables, varios son los que ofrecen la suscripción para acceder a la información. Lo están haciendo ya elDiario.es, en mayor medida, e infoLibre, y sospecho que Público no tardará en que así sea también. Por distintas razones, no considero pertinente suscribirme a todos, así como hacerlo también a otros medios, de los grandes (por ejemplo, El PaísEl MundoEl Confidencial...), cuya información también resulta necesaria, pues ayuda al contraste y complemento.   

La subsistencia y pervivencia de los medios críticos y/o alternativos en la actual situación resulta, pues, difícil. Y no sé cuál puede ser la solución. La desaparición de Cuarto Poder está dando lugar a numerosas muestras de solidaridad y  preocupación. En la entrevista  a su director, Sato Díaz, que La Marea publicó el mismo día 26, dijo cosas interesantes. Una fue: "sería una noticia muy buena la unión, desde la diversidad y pluralidad e independencia, de todos estos medios que hacemos un periodismo necesario, crítico e independiente. Generar un medio potente, que no esté al servicio de los discursos dominantes, ayudaría a profundizar democráticamente en nuestra sociedad.". Y otra,  "hace falta evitar el oligopolio de las empresas de información que hay en este país. Reforzar los medios públicos para que sean independientes de las estructuras de los partidos políticos. Y generar y facilitar que crezcan medios comunitarios: aquellos que nacen de la propia sociedad civil".

Una lástima.

domingo, 28 de marzo de 2021

Si Delacroix levantara la cabeza...

El 28 de julio de 1830 París volvió a ser escenario de una revolución. Después que en 1814 la monarquía borbónica fuera restaurada, siendo entronizado primero Luis XVIII  y luego, desde 1824, su hermano Carlos X, la población, cansada de tanto despotismo, salió a las calles para hacerse valer, como un eco de lo habido años atrás, entre 1789 y 1899. Es cierto que el resultado acabó siendo frustrante. Con la llegada de una nueva dinastía en la figura de Luis Felipe de Orleans y la nueva Carta otorgada, que apenas amplió algunos derechos y mantuvo el sufragio censitario, la mayor parte de la población se vio defraudada. Más tarde, en 1848, se reanudaría un nuevo impulso popular, pero no es el momento de detenerse ahora en ello.

La jornada de ese 28 julio ha pasado a la historia a través de una imagen que sigue perdurando en el tiempo: el cuadro "La Libertad guiando al pueblo", obra del pintor Eugène Delacroix. Una representación simbólica de lo ocurrido en las calles de la capital francesa. La composición esta ordenada de forma piramidal, con la figura de una mujer que se eleva en el centro del escenario y cuya mano portando la bandera tricolor se erige en su cúspide. Su figura está tratada dentro del canon clásico de belleza, como se percibe en sus pechos desnudos, y, a la vez, con la naturalidad que se desprende de su sensualidad. Estamos ante una alegoría de la Libertad. 

En el cuadro se perciben contrastes de luz y color, que, a la vez que aportan una sensación de profundidad, nos adentran en los vericuetos de dramatismo que están viviendo sus protagonistas. Se refleja, así mismo, un ambiente en movimiento a través de las formas ondulantes y los gestos corporales de los personajes. Éstos, numerosos, se reparten de izquierda a derecha, representando los distintos sectores sociales (burguesía, artesanado…) y grupos de edad (adultos, jóvenes y un niño), quedando en la base del cuadro un lecho de las víctimas caídas en el combate. Expresión, en su conjunto, del ambiente revolucionario que se está viviendo en ese momento, sin que falte la expresión de valores como el compañerismo, el heroísmo e, incluso, el patriotismo. Eso ocurrió en 1830 y así fue como un artista lo dejó reflejado.

Pues bien, en estos días, sin embargo, otra capital europea, en este caso Madrid, está siendo escenario de algaradas de distinto signo. Y una fotografía que circula por las redes sociales electrónicas parece estar volviéndose icónica, pues está reflejando el ambiente que se está viviendo. Su autor o autora, hasta donde llego, se encuentran en el anonimato. En el centro de la imagen también puede verse una mujer, en este caso portando a modo de bandera la bolsa de unos conocidos almacenes. Quienes la rodean, en buen número, gritan y ríen con alborozo, en el conjunto se perciben contrastes de luz y de colores, y movimiento. 

Analizando a sus protagonistas, podemos distinguirlos de dos tipos. De un lado, invisibles, unas autoridades autonómicas y municipales que instan a hacer de esa ciudad un parque de atracciones de una nueva variante del botellón. Y de otro, un público, en buena medida proveniente de otros países, que ha tomado las calles para dar rienda suelta a lo que dicen que es un espacio sin restricciones en el contexto de pandemia. 

El Madrid que antaño fue el rompeolas de las Españas, como definió Antonio Machado, capaz de resistir heroicamente durante un tiempo los embates del fascismo, es ahora un lugar que busca simbolizar esa idea de libertad que la señora Ayuso, sus colegas de partido y el entorno de medios de comunicación afines están propagando. La libertad del consumismo, la irresponsabilidad, la insolidaridad. No la del anhelo democrático, solidario, fraterno…  

¡Ay, si Delacroix levantara la cabeza y viera las hordas de conciudadanos y conciudadanas que se trasladan en avión para aterrizar en medio de un paisaje diferente al que plasmó en 1830! Sin esos contrastes de luz y color, sin ese movimiento de formas ondulantes o esos gestos de los personajes, sin ese heroísmo, sin ese anhelo de libertad que, aun cuando estaba cargado de dramatismo, desprendía una corriente de fraternidad.     

Acerca del libro El gran error de la República, de Ángel Viñas

Es Ángel Viñas un historiador prolífico. Y no por ello, superficial, sino todo lo contrario. Sus obras están basadas en una amplitud y un rigor documentales sin concesiones. Algo que resulta poco usual, por no decir que casi inexistente, entre la historiografía (cuando no historietagrafía, como le gusta calificarla a Francisco Espinosa) conservadora, más o menos vinculada al paradigma ideológico del franquismo. 

En esta ocasión voy a centrarme en su último libro, recién salido en las librerías y ya bastante divulgado mediante entrevistas y recensiones: El gran error de la República. Entre el ruido de sables y la ineficacia del Gobierno (Barcelona, Crítica, 2021). En cierta medida, el libro es un capítulo más de los anteriores, y especialmente su ¿Quién quiso la Guerra Civil? Historia de una conspiración, en su intento por demostrar que lo ocurrido durante los años de la Segunda República y lo que acabó siendo una guerra desde julio de 1936 ha tenido unos claros responsables. Sí, responsables que no fueron otros que quienes conspiraron contra la República, nacida democráticamente y orientada hacia unos objetivos que buscaban la modernización de la sociedad española, en un contexto tan difícil que culminó a partir de 1939 en el conflicto bélico más violento habido en la historia de la humanidad. 

El nuevo libro se centra, citando las propias palabras del autor,

"en el único peligro que, en realidad, acechó la República. El que provino de un sector de las derechas (esencialmente monárquicos [alfonsinos] y carlistas, con la CEDA en retaguardia y persiguiendo objetivos específicos). Bajo el impulso y dirección de los primeros actuó la Unión Militar Española (UME) en el seno del propio Ejército para ir generando 'anticuerpos' con los que cortar la posibilidad de que el régimen republicano derivara de nuevo hacia la izquierda y envolviendo sus actividades en el discurso anticomunista" (p. 426). 

Pese a que las autoridades republicanas disponían en la primavera de 1936 de abundante información sobre los planes conspirativos, lo cierto es que no actuaron debidamente. En ese sentido, hace una especial mención a Manuel Azaña (primero, y a la vez, como jefe del Gobierno y ministro de Guerra, y luego, desde mayo, como presidente de la República) y Santiago Casares Quiroga (sustituto de Azaña al frente del Gobierno). Es cierto que para ello no contaron con la colaboración de determinados personajes de la cúpula del Ejército (por ejemplo, los jefes del Estado Mayor Masquelet o Sánchez-Ocaña). También lo es que sufrieron la penetración de miembros de la sublevación en los distintos niveles del aparato de información y contrainformación. Pero la mezcla de indecisiones, inoperancia y, en ocasiones, ingenuidad que mostraron dichas autoridades se reflejó en que no supieran y también, a veces, no quisieran cortar de raíz el peligro. Como el que representaban militares de primera línea (Franco, Goded, Mola, Cabanellas e incluso Queipo de Llano), de los que se disponía información sobre sus intenciones. 

A ello hay que unir los errores estratégicos que cometieron. Un ejemplo es el cometido por el propio Azaña, que siempre vio como enemigo principal para la República a los sectores obreros más radicalizados (sobre todo, del anarquismo). Otro ejemplo, el considerar que se podía hacer frente a las movimientos conspirativos en el seno del Ejército mediante el empleo de las distintas fuerzas de orden público. Y entre tantos otros ejemplos, la actitud de Casares Quiroga, sobre el que el autor reconoce que a lo largo del libro ha cargado las tintas.

Uno de los aspectos donde Viñas se detiene, incidiendo, y profundizando a la vez, en lo que ya expuso en su anterior ¿Quién quiso la Guerra Civil?, es en el papel jugado por la Italia fascista a la hora de encontrar otra de las claves de lo que acabó ocurriendo a partir del 17 de julio de 1936. En ese libro puso de relieve la ligazón existente entre los conspiradores  españoles y el régimen fascista italiano desde, al menos, 1934, que se acabó concretando en la firma de un acuerdo para la compra/suministro de material de guerra moderno (en un primer momento, aviones). Entre los primeros estaban los Calvo Sotelo, Goicoechea, Sainz Rodríguez, dirigentes de la fascistizada Renovación Española, o generales relevantes como Sanjurjo, que  contaron a su vez con el apoyo operativo de la UME para crear en el seno del Ejército y su entorno el clima de alarma necesario. 

Por cierto, que sobre esa organización militar nos proporciona, dentro del (siempre) interesante "Anexo Documental", una "Relación de los militares que figuran en los ficheros" de la misma. Un listado amplísimo de 50 páginas, inexplorado y sobre el que Viñas deja caer como un "futuro sendero a hollar".   

Y en lo que respecta a la intromisión del régimen fascista, jugando un papel decisivo se encontraba, por supuesto, el propio Mussolini, que hizo de España una pieza importante en su estrategia del sueño imperial mediterráneo. Para ello Italia debía doblegar diplomáticamente a Francia (presente en Túnez, Argelia y Marruecos), neutralizar al Reino Unido y seguir aproximándose a la Alemania nazi. ¿Y qué pintaba España? Con un gobierno de izquierdas no podía hacer nada, de ahí que Mussolini necesitara otro gobierno que le resultara útil para sus planes de expansión. España, como un aliado que le ayudara a contrarrestar la presencia de Francia y el Reino Unido en el Estrecho, pero, por supuesto, supeditado a la hegemonía italiana. 

Es lo que explica que haya dedicado el último capítulo del libro al "vector exógeno", reincidiendo en lo que expuso en ¿Quién quiso la Guerra Civil?, pero también aportando nuevos datos/pruebas. Para Viñas, empero, fue en este aspecto donde los gobernantes republicanos (y, sobre todo, los del periodo del Frente Popular) no consiguieron la información necesaria. Es en las conclusiones del libro donde sintetiza todo esto a través de esta frase o, más bien, sentencia, tan atrevida como rotunda:

"Mussolini declaró la guerra a la República el 1º de julio de 1936" (p. 433).

¿Por qué esa fecha? Porque fue el momento en que Sainz Rodríguez  firmó los contratos con la Società Idrovolanti Alta Italia, esto es, la compra de aparatos aéreos, lo que estuvo acompañado de la selección de pilotos y mecánicos, dotados de documentación falsa, para que pudieran desplazarse al territorio del Protectorado español en Marruecos. Esto es, donde, a la postre, se iniciaría el día 17 al sublevación militar.

Al final de su libro Viñas reproduce un fragmento de un escrito que un agente francés de la embajada en Madrid elaboró en marzo de 1934, cuando se debatía en las Cortes la aprobación de la amnistía de los sublevados de la "sanjurjada" de 1932:

"El futuro nos dirá si el magnífico gesto de perdón y concordia de que ha dado muestra la República española tendrá la recompensa que se merece. En lo que a mí respecta, por desgracia sigo siendo bastante pesimista tras haber recogido tantos y tan diversos rumores inquietantes de cara a ese futuro". 

Y añado por mi parte: en ésas seguimos todavía en nuestros días. 

Post data

El artículo ha sido publicado, con fecha 5-04-2021, en el diario digital Rebelión.

viernes, 26 de marzo de 2021

Willy Toledo y Toni Cantó, las caras opuestas de una moneda


Willy Toledo acaba de publicar un mensaje sobre el fichaje de Toni Cantó 
por el PP. Muy escueto, ha definido al actor/político, cargado de sarcasmo, con una sola palabra: "Ídolo". En cierta ocasión, durante el programa No te metas en política,  Toledo contó que, siendo niño, llegó a veranear dos años junto a Cantó. Los dos eran hijos de médicos y comunistas. Añadió, además, que cuando coincidieron en la serie 7 vidas "no era tan facha como es ahora". Cosas de la vida.

Con el paso de los años Willy Toledo se ha mantenido en la senda de la lucha contra el sistema. Desde una radicalidad que le sigue reportando muchas dificultades. Una de ellas, el encontrar trabajo. A ello se unen ataques continuos desde los medios de comunicación de la derechona, querellas y juicios, y hasta problemas de salud. Pero ahí sigue, coherente y con la dignidad indemne.

Toni Cantó, por su parte, se ha incrustado en el propio sistema. En su caso, desde una radicalidad que le lleva a aprovecharse de él y ayuda a apuntalarlo. Y, lejos de las dificultades de su amigo de niñez, con un éxito en el que no le importa el precio a pagar. A la incoherencia de la que está haciendo gala, se puede añadir oportunismo, desfachatez, sinvergüencería, caradura, veleta, cambio de chaqueta... e indignidad (¿qué se puede decir de ese partido?).

Uno y otro representan, en fin, las dos caras de la misma moneda. 

martes, 23 de marzo de 2021

Otra frase más de las que retratan a la derechona

Ahora le ha tocado el turno a Diego Movellán, 
diputado por Cantabria y, como no podía faltar, del PP. Ayer, durante la sesión en una comisión del Congreso, que contaba con la presencia de la ministra de TrabajoYolanda Díaz, inició su intervención con estas palabras: "Hablan mucho de igualdad en su partido y su propio líder nos ha dejado claro que ahí dentro las mujeres sólo suben en el escalafón si se agarran bien fuerte a una coleta". Como era de esperar, la respuesta de la ministra fue calificarlo de machista y pedirle que rectificara sus palabras. Y el hombre, ni corto ni perezoso, no tuvo otra cosa que decir: "bueno, como me acusa directamente de machista, que nunca lo he sido ni lo seré nunca (...), en este caso no tendré ningún inconveniente en retirarlo, porque todos los españoles sabemos cómo funciona su partido". Y tan pancho se quedó el tío. 

Pero es que lo dicho ayer en tono denigrante sobre las mujeres no es algo nuevo. Como nos recordaron ayer en el programa El Intermedio, de La Sexta, hace unos años, siendo concejal en Camargo, su pueblo, se refirió a la alcaldesa, Esther Bolado, del PSOE, acerca de su "incapacidad intelectual. La propia Bolado llegó a denunciar públicamente a Movellán a principios de 2017 por "los insultos, vejaciones personales, las continuas faltas de respeto y las descalificaciones" de las que estaba siendo objeto. Por entonces ya simultaneaba su cargo de concejal con el de diputado en el Congreso, que es de lo que ejerce ahora y perteneciente al sector casadista de su partido. ¡Valientes escuderos tiene el tal señor!

lunes, 22 de marzo de 2021

Continúan las agresiones contra la memoria antifascista

Fue un mensaje que me llegó ayer. Lo suscribo, por supuesto. Mi respuesta a quien me lo envió fue: "Están crecidos". Y quizás ése sea el problema. Lástima, además, porque, quienes lo hacen, están recuperando en cada vez más sectores de la población el discurso del fascismo. Hasta no tienen empacho en decir, como hizo el otro día la propia presidenta de la Comunidad madrileña, que "Cuando te llaman fascista, sabes que estás haciendo bien". Para combatirlo se requiere inteligencia, como se indica en el mensaje del inicio, pero tampoco está de más seguir recordando y reconociendo. Como hizo Luis Cernuda en su poema "1936", dedicado a un brigadista internacional de la Brigada Lincoln, recién fallecido en 1961, que empieza con el verso "Recuérdalo tú, recuérdalo a otros" y acaba con estos otros:

Gracias, compañero, gracias
por el ejemplo. Gracias porque me dices
que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
uno, uno tan sólo basta
como testigo irrefutable
de toda la nobleza humana.

domingo, 21 de marzo de 2021

20 poemas de 20 mujeres para el Día Internacional de la Poesía


Hoy, 21 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Poesía. Y apara la ocasión he optado por recuperar la poesía hecha por mujeres. Mujeres de otro tiempo y más concretamente aquellas que escribieron durante el primer tercio del siglo XX, hasta 1939, cuando se puso fin a la Guerra Civil española. Se trata de mujeres, colectivamente, excepcionales, más allá de los méritos de cada una o de la mayor o menor profusión que dedicaron a hacer poemas. Mujeres de varias generaciones poéticas -la del 27, la de 1930, la de la guerra...-, si es que se las puede encasillar en ellas, dado que en la mayor parte de los casos fueron marginadas, si no ninguneadas, por quienes valoraban y decidían 
-varones, por supuesto-  
si llegaban a la altura literaria debida.

Mujeres que en algunos casos ya escribieron en los años 20, entre los momentos previos a la dictadura primorriverista y su plenitud, y que con su audacia se atrevieron a romper moldes. Literarios y de costumbres. Por ejemplo, "las  Sinsombrero", entre las que también estuvieron mujeres del mundo del arte y contaron con la complicidad de algunos varones (Lorca, Dalí...). 

Mujeres, claro, que aprovecharon el aire fresco que trajo la Segunda República, a cuyo rebufo se lanzaron, como nunca había ocurrido, a la aventura de las palabras y, a la vez, dejaron sus sombreros, dinamizaron sus peinados, se pusieron pantalones, llenaron sus ropas de colores... La guerra trajo un tiempo de turbulencias que no impidió -e incluso en algunas de ellas las impulsó más- que siguieran en la senda iniciada. 

En sus versos hay de todo. En el estilo y en los temas. De éstos, el amor, el amor lésbico, los desengaños, los recuerdos, la naturaleza, la guerra... y hasta el reproche a esos "mis amigos de entonces, aquellos que leíais mis versos".

Otra cosa fue lo que vino después, en forma y fondo, de represión, dictadura y exilios. En plural, sí. La mayoría sufrió el exilio exterior, porque hubieron de refugiarse en otros países, sobre todo de allende el océano. Allí hicieron lo que pudieron, algunas regresaron con el paso de los años, y algunas también alcanzaron la cima de su madurez intelectual.  Hubo otras que sufrieron el exilio interior, donde, como pudieron y cuando pudieron, siguieron escribiendo a la sombra de ese fascismo que estuvo acompañado de oscurantismo cultural y llevó a las mujeres a los ámbitos de los que habían intentado salir años atrás. Pero esto último pertenece a otro momento.     

Presento ahora 20 poemas de otras tantas poetas. Sólo de una, Concha Zardoya, he incluido un texto posterior, de 1947, por no haber podido encontrar algún poema publicado durante la guerra. De otras, sin embargo, no he encontrado siquiera ninguno de sus poemas. Por ejemplo, de Ruth Velázquez. Por suerte, también fue pintora e ilustradora, y para compensarlo he encabezado esta entrada con la fotografía de uno de sus libros, cuya portada fue hecha por ella misma. 

Los poemas de todas estas mujeres han construido -creo- para este día un bonito monumento a base de sus versos.   


Te regalo mis días…

Te regalo mis días
y mis noches,
azul viento,
viento azul.
Que así te quiero
con ese esmalte
de ojos, ese bogar
marinero y esas
ráfagas, antojos
de destrozar mi velero.

(María Dolores Arana, 1910-1999).


Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana

Madre, ¿los ves?
ahí están los pájaros en mi ventana cantando a mi perdida juventud.

Nací el 31 de agosto de 1887 cerca del mar. De esa infancia solo queda hoy un recuerdo:
los pájaros amarillos golpeando la luz
la luz de un verano en el mar.

Madre, ¿no los ves?
son lo único que me salva estos días mientras mi encierro comienza
mira a las muchachas caminando por las aceras
¿y los niños?
¿y nosotras?

Frente a mí hay un espejo que ni siquiera miro.
¿Por qué se fijó en mí, madre?

Me gustan los árboles porque crecen sujetos a la tierra pero despliegan sus raíces por el mundo
son como los pájaros de mi ventana,
están ahí porque quieren arrancarme este dolor. 

Hoy me desperté llorando, madre
¿no es el horizonte lo que tiembla?
Golpes, madre
es el futuro que no veré quien golpea en mi ventana.

¿Puedo hablar de amor? Cuando escribí mi primer poema acababa de nacer
tenía ocho años siete años seis
estaba al borde de la cama con las hojas grises sobre mis rodillas
¿adónde van los sueños, madre?

Una vez escribí que tenía miedo de la muerte miedo al fin que te sobreviene como una gran ola que lo cubre todo
por eso este silencio, madre
y mi propia vida atravesada por la suya.

Solas, estamos solas
hasta que nuestro vientre sangre.

(Zenobia Camprubí, 1887-1956).


La sílice es una afirmación...

La sílice es una afirmación con un círculo duplicado. Tierra y Dios: mi barro y mi atmósfera.
La química lo afirma; pero se engaña. No existe la saturación.
Hidrocarburos que dais la vida: Sabed que se puede morir aunque sigáis reaccionando; porque no tenéis risa ni aliento, ni mirada ni voz. Sólo cadenas.
Balanza, urna de sensibilidad: Eres el crucifijo de la mirada.
La sonoridad de las ebulliciones y de los alambiques es como un viento sin mar y sin molinos.
¡Ansia de la transmutación! Para conseguirte, cada vez más pequeña, más minúscula, más átomo

(María Cegarra Salcedo, 1899-1993).


A la orilla de un pozo (II)

A Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!

Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.

¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.

¡La vida es gracia y el reír no cuesta!

(Rosa Chacel, 1898-1994).


Ahora

Goce íntimo y quedo en que el alma se admira
de su propia belleza:
minuto de egoísmo eterno como el mundo,
divina complacencia
de todo lo creado
al contemplarse mudo
en la múltiple esfera del corazón humano.
Delirante alegría
de palpar la consciencia que hace cierta la vida.
¡Silencioso placer de escucharse sin miedo
y arrancar a la nada nuestros propios secretos,
mientras huye la tierra, bulliciosa y maldita!

(Ernestina de Champourcín, 1905-1999).


XXVIII

Costado a costado, boca a boca, cuerpo a cuerpo, el Tiempo y yo esta noche nupcial de inauguración del invierno.
Guerra. Me aprieta la sangre sus collares de venas. Guerra. Suben por mi cuerpo los pasos que dejé de andar voluntariamente. Guerra. Aprieto mis manos contra mis piernas tensas, duras y morenas. Guerra. ¡Guerra con barro, sangre, plumas de ángeles y de palomas, mantos de Mediterráneo y aleluyas de cielos dispares!
Mano a mano, nosotros, Tiempo amante, llevamos la órbita de la Guerra.

(Carmen Conde, 1907-1996).


¡Soy… lo que no soy!

Soy pobre falena con el ala rota,
que inestable y feble, por el aire flota.
Caña sin azúcar, colmena sin miel;
soy de jugo amargo, de exprimida hiel.
Zarzal espinoso que no tiene flores,
nido del que huyeron greguescos cantores.
Soy árbol sin savia, que no cría fruta
invernada triste, que todo lo enluta.
Campana sin voz, arpa sin cordaje,
surtidor sin linfa, mar sin oleaje.
Amustiada rosa que perdió fragancia,
candela apagada de fúnebre estancia.
¡Soy lo que no soy!
porque soy incierta,
soy arcilla viva con el alma muerta.

(Maruja Falena/María Ferrer, 1905-197¿?).


No moriré mientras tú vivas…

No moriré mientras tú vivas.
Desesperadamente
mis raíces se alargan.
Eres agua y te busco.
Me revuelco como un pez en la tierra
cuando tú pasas.

(Margarita Ferreras, 1900-¿1964?).


Muerto al nacer

No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante
bebió la luz. Sus ojos no tuvieron
color. Ni yo miré su boca tierna...

Ahora, ¿sabéis?, lo siento.
Debisteis dármelo. Yo hubiera debido
tenerle un breve tiempo entre mis brazos
pues sólo para mí fue cierto, vivo...

¡Cuántas veces me habló, desde la entraña,
bulléndome gozoso entre los flancos!...

(Ángela Figuera Aymerich, 1902-1984).


Soy como esa isla ignorada…

Soy como esa isla ignorada
que late acunada
por árboles jugosos
-en el centro de un mar que no me
entiende,
rodeada de nada, sola sólo-.

(Gloria Fuertes, 1917-1998).


De muchas cosas he de hablaros...

De muchas cosas he de hablaros.
Quiero decirlas a tapadas en estas hojas que nadie leerá.
He salvado apenas unas cenizas alegres, vivido una lección. Estoy en ese punto doloroso que es como un gemido que avergüenza y que mis maestros de moral llamaban arrepentimiento.
Llevo los ojos cargados de verdades, que no me pertenecen.
No sé cómo hacerlas salir.

(María Teresa León, 1903-1988).


A Elisabeth Mulder

Mujer-esfinge,
misteriosa, enigmática, compleja.
Abismo de inquietud, sima profunda.
Captadora de estrellas
y de humanos dolores;
poeta
de la luz y la sombra,
fe la nube y la tierra.
Supremamente erguida en el dolor.
Fuerte y serena,
contra todos los vientos
y mareas.
Ferviente apasionada
de la Idea.
Iluminada creadora
De Belleza.
Alma noble y limpia,
Que todo lo mezquino y lo bajo desdeña.
Corazón apasionado y bondadoso,
espíritu alerta,
en la clara aurora de los sueños,
y en la noche negra de las penas.
Mujer-enigma de pupilas verdes,
altiva, torturada, sensitiva y bella.
Inexpugnable en la cima de tu vida
cernida de tormentas.
¡Qué mano audaz sosegará el tropel,
de tus horas fantásticas e inquietas!
¡Y qué agua prodigiosa hará el milagro
de colmarte la boca de sedienta!

(Anna María Martínez Sagi, 1907-2000).


Ancho es el mar…

Ancho es el mar; él ha de separamos;
quedarán nuestras almas enlazadas.
Como un último retrato, en nuestros ojos
impresas lucirán nuestras miradas.

El barco en que he de ir está en el puerto;
a éste seguirá otro en que tú vayas.
Te esperarán mis brazos, no sé en dónde...
tal vez en algún puerto... en una playa..!

(Concha Méndez, 1898-1986).


Fondo

…Y bendita tú seas.
Bendita tú que esparces
un puñado de estrellas
sobre las cosas feas
de la vida. Bendita seas
tú que dices palabras
milagrosas y bellas,
con aroma de nardos
y fulgor de centellas.
Bendita seas.
Tú, que sientes y labras
y palpitas y creas,
bendita seas!
Profunda y sensitiva.
Tu alma ―lava impalpable― se derrama
por las vertientes de la vida.
Te has hecho toda llama,
¡oh lámpara votiva!
Te has hecho toda llama…
Acaso, te has hecho toda herida.
(La espina que desgarra
deja abierto un resquicio
por donde se evapora la sonrisa.
Mas luego…
Tras nocturna penuria
viene el oro del sol,
y tus manos se tienden, trémulas
de celeste ambición).
La voz de tu alma es pura
y desnuda, sin un solo reflejo
que empañe la armonía de su cuerda.
Solo tu acento de mujer acierta
a darle ese temblor a la materia.
La mujer es mujer… Compendio suave
del bien y el mal disperso por la tierra.
Pero el alma no sabe de locuras.
Pero el alma, asexuada, es siempre buena.
Tu alma está es cada verso de tus rimas
y en casa vibración de tus ideas.
¡Oh, tú, que das tu alma, que golpeas
con tu alado talón las altas cimas!
¡Bendita seas!

(Elisabeth Mulder, 1904-1987).


Alarma

Por tejas y chimeneas,
entre veletas y agujas,
por aceras y calzadas,
por callejuelas oscuras,
corre la Alarma de noche,
corre en un grito,
Ojos de fuego, y melena
al viento entregada, aúlla.
Asoma por las esquinas
en rauda, indecible fuga (…).

(María Luisa Muñoz de Vargas, 1898-1975).


La vida es así…

La vida es así.

Tú y yo.

Pero
por muy corta
que sea la distancia
de tu corazón
al mío,

tú no puedes sentir
mi sed,
mi doler,
mi hambre;
no puedes
reír mi risa
ni llorar mis lágrimas

(Hay sociedades benéficas,
almas caritativas,
generosos filántropos).

En la arena cálida
de las playas,
y a dos pasos
tan sólo
del agua
boca arriba
mirando al cielo,
está vacío
y seco,
el caparazón de la tortuga.

(Marina Romero, 1908-2001).


Caminos del arco-iris

Eché mi corazón al mar
en busca de tu huella
Eres lo que no se sabe
bruma
Yo iba abriendo caminos de arco-iris
para alcanzarte
y tras tus pasos
seguían mis antorchas
cuando tu mano de oro
abrió mi costado izquierdo

(Lucía Sánchez Saornil, 1895-1970).


Mis amigos de entonces…

Mis amigos de entonces,
aquellos que leíais mis versos
y escuchabais mi música:
Luis, Jorge, Rafael,
Manuel, Gustavo…
¡y tantos otros ya perdidos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
¿por qué este hueco entre las dos mitades?
Vosotros ayudasteis
a la blandura del que fue mi nido.
Yo me formé al calor
que con vuestras palabras me envolvía.
me hicisteis importante.
Con vuestro ejemplo,
me inventé una ambición
y tuve
vuelos, insospechados de gaviota.
Gaviota, sí,
porque fue el mar mi espejo
y reflejó mi infancia, mis septiembres…
¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
A la mitad vertiente de mi vida
hoy os llamo.
¡Tendedme vuestras manos!
Yo me sentí nacer,
para luego rozar de los cimientos
la certera caricia.
Pero de pronto,
un día me cubrió lo indefinible,
algo sin cuerpo, sin olor, sin música…
y me sentí empujada,
cubierta de ceniza,
borrada con olvido.
¿Dónde estabais vosotros, compañeros,
vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
vuestra defensa
contra el desconocido ataque?
¡Oh, amigos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
nombre que no responderán mi voz.
Manuel, Gustavo,
lejos…
Luis, Jorge, Rafael…
Que aunque el afán
vientos nos dé para encontrarnos,
ignoro en qué ciudad
y si llegará el día
en que vuelva a sentirme descubierta”.

(Josefina de la Torre, 1907-2002).


Ni brisa ni sombra…

Ni brisa ni sombra.
¿Por qué, muerte, así te escondes?
Sal, salte, sácate de tu abismo,
escápate tú, ¿Quién te retiene?
¿Por qué no borras con tu mirada el universo?
¿Por qué no deshaces las piedras
con tu sombra, muerte, sólo con tu sombra,
con tu mano desnuda,
con tu rostro de estatua,
desnuda presencia a quien nada resiste?
Enseña, muestra tu cara a los mundos,
que ya no haya espacio,
ni cielos, ni viento, ni palabras.
Quiero hundirme en el silencio.

(María Zambrano, 1904-1991).


Los desaparecidos

Teníais una patria, dulces novia
que en los ojos besabais muchos días.
El amor con sus flores, como un río,
os anegaba el pecho dulcemente.
. . . . . . . . . 
Erais la noble savia del mundo.
Mas un viento de muerte, brisa oscura,
acechaba terrible desde sima
donde el odio se esconde y no envejece.

(Concha Zardoya, 1914-2004).

Frases que retratan a la derechona de nuestros días


Hace unos años, allá por 2012, la diputada del PP Andrea Fabra soltó desde su escaño del Congreso un "¡Que se jodan!". Y lo hizo cuando se acabó aprobando un recorte en las prestaciones que debían recibir las personas en paro, para, como dijo Mariano Rajoy, incentivar el empleo. Andrea, miembro de una larga estirpe familiar en Castellón, es hija del corrupto Carlos Fabra, el mismo que dijo eso de "¿Te gusta el aeropuerto del abuelo, que batió una marca en premios gordos de lotería y que llegó a estar condenado, y encarcelado, por delitos fiscales.

Hace cuatro días Íñigo Errejón proponía en la misma cámara que se creara un plan de salud mental, a lo que Carmelo Romero, también diputado del PP, no se lo ocurrió otra cosa que gritar desde su escaño: "¡Vete al médico!". Ingenioso el hombre, en 2013, siendo alcalde de su municipio, el onubense Palos de la Frontera, publicó un tuit con un poema en forma de pergamino. Se refería a gobernantes españoles del siglo XX, en el que, rimas aparte, decía cosas como éstas: "Cuando mandaba Franco / todos teníamos dinero en el banco". Una glosa, claro, que no le faltó tampoco a su querido compañero del bigotito: "Cuando mandaba / Aznar, todos a ganar".

Y para que la cosa no quedaría ahí, dos días después, otro representante del PP, esta vez en el pleno de la Diputación de Burgos, le lanzó a una diputada del PSOE un "¡A la cocina!". Ángel Guerra, como se llama el hombre, no tuvo otra cosa que decir después que "se han malinterpretado sus palabras", añadiendo sus disculpas a la diputada, "por si se ha podido sentir ofendida con la expresión utilizada". Y el tío, tan pancho.

Insolidaridad social, insensibilidad hacia las personas enfermas, nostalgia del dictador, sexismo machista... Frases que son ejemplos de muchos más y que retratan a un partido y, por extensión, a la derechona de nuestros días.

jueves, 18 de marzo de 2021

La Comuna de París, 150 años después

 

Estudiaba COU, allá por 1976, cuando hice un trabajo de historia junto a un compañero de clase, llamado José Manuel Gómez Cantera, a quien, en su día, dediqué una entrada en este cuaderno. “La Comuna de París de 1871” fue el título que le dimos, a modo de homenaje de lo ocurrido en ese año, pero también, como muestra de nuestra rebeldía antifascista juvenil. Fue él quien se encargó de pasarlo a máquina, conservando todavía una copia en papel cebolla, dado que la original pasó a manos de nuestra profesora. Andaluza y con un acento que la delataba, todavía recuerdo su nombre: Pilar Morillo. Curiosamente estaba casada con Javier Fortea, quien al año siguiente, ya en la Universidad, fue mi profesor de Prehistoria. 

El trabajo, de 31 páginas, estaba basado en la lectura de varios libros. Para la ocasión leí la Historia de la Comuna, de Prosper Lissagaray, La guerra civil en Francia, de Karl Marx, y los comentarios que Lenin hizo en El estado y la revolución.

Este año coincide con el 150 aniversario de la Comuna parisina. Un hecho muy presente en la memoria del movimiento obrero y, a la vez, muy mencionado en numerosas obras de historia. Otra cosa es su tratamiento en profundidad. No conozco muchas obras en ese sentido e incluso hay historiadores que en sus obras generales o lo han pasado por encima o ni siquiera lo han hecho. El trabajo que hicimos en 1976 estuvo basado en gran medida en escritos lejanos en el tiempo: Marx, Lissagaray, Lenin, Dolléans…

Inicialmente mi intención en esta ocasión era dedicar al acontecimiento una entrada a modo de memoria. Pero el interés y la curiosidad me han ido llevando por otros derroteros. Por supuesto que no he pretendido hacer un estudio histórico profundo, pero sí he ido consultando poco a poco, a lo largo de tres días, diversas obras, bien de los libros que tengo en casa o bien de lo que he ido encontrando en la red electrónica.

El resultado ha sido un escrito más largo de lo esperado, en el que he tratado diversos aspectos, no tanto inconexos como complementarios. Marx acabó su obra dedicada a la Comuna con estas palabras: “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera”. Emotivas palabras, que suscribo.

La Guerra Franco-Prusiana

La Guerra Franco-Prusiana, que se había iniciado en julio de 1870, estaba casi decidida en septiembre. Se trataba de la primera de las disputas por la hegemonía europea entre dos de las potencias occidentales, que, además, eran vecinas. Alemania, en el culmen de su proceso de unificación territorial, acabó siendo rotundamente la vencedora frente a la pantomima política de lo que se llamó con el nombre de Segundo Imperio de Francia, que tuvo al “farsante” Napoleón III al frente.

La derrota francesa en Sedan a principios de septiembre, en la que el propio emperador fue apresado junto a decenas de miles de soldados, supuso la primera de las humillaciones. Cercada la capital durante casi cuatro meses, devino la segunda a finales de enero del 71, cuando el Palacio de Vesalles se convirtió en el escenario de la proclamación de Guillermo I como emperador alemán. Fue en mayo cuando tuvo lugar una tercera humillación, más dolorosa aún, que consistió en la firma del Tratado de Francfort, mediante el cual Francia se vio obligada a pagar como indemnizaciones de guerra una suma muy elevada y entregar los territorios de Alsacia y Lorena.

París, centro neurálgico de la guerra y la revolución

¿Qué pasó, mientras tanto, en París? Su población se rebeló en el mismo mes de septiembre del 70 contra el poder napoleónico, precisamente en el momento en que se iba a iniciar el cerco de la ciudad por las tropas prusianas. La primera consecuencia de ese acto fue la caída del Segundo Imperio, que fue sustituido por la III República, con un gobierno provisional y un remedo de cuerpo legislativo, formado por representantes republicanos.

Pero lo peor vino cuando el cerco se prolongó hasta enero del año siguiente, dando lugar a una situación vital extrema entre la población parisina. La firma del armisticio y la consiguiente salida de las tropas prusianas no impidió que la rebelión continuara. Y más cuando al frente del nuevo gobierno francés, ya instalado en Versalles, se situó un militar conservador, antiguo orleanesista, llamado Adolphe Thiers. Sustentado por una Asamblea Nacional, representaba, ante todo, el poder económico de la gran burguesía francesa acumulado desde décadas atrás y, especialmente, durante el periodo del Segundo Imperio.

Fue a partir del 18 de marzo cuando la rebeldía de la población parisina se tornó en una revolución popular más profunda, cuyo carácter, radicalmente diferente, hubo de dejar una impronta de cara al futuro. Es lo que ha pasado a denominarse con el término de Comuna de París, de Commune, la forma como en Francia se denominaba a los ayuntamientos. Un episodio que resultó altamente ilustrativo de lo que estaba ocurriendo en ese momento y marcó, en cierta medida, algunos aspectos, de diverso tipo, de lo que le siguió en el tiempo.

La insurrección popular iniciada el 18 de marzo acabó con la autoridad del gobierno establecido y creó otro nuevo basado en la participación asamblearia de la población. Cada distrito elegía sus representantes y debatía en común los asuntos, habiendo por encima un Consejo municipal. Su duración fue efímera, es cierto, como también lo es la represión posterior, cuya contundencia, por brutal, marcó otro hito de cara a considerar el precio a pagar por quienes osaran rebelarse contra el orden burgués.

La Comuna fue expresión de un cúmulo de tendencias políticas y del malestar de la mayor parte de la población, especialmente los sectores populares. En esa gran movilización confluyeron blanquistas, republicanos radicales, federalistas, marxistas, proudhonianos, bakuninistas… El papel que jugó la Asociación Internacional de Trabajadores, cuyo Consejo General se encontraba en Londres, no fue muy grande. Marx, que controlaba el citado Consejo de la AIT, estuvo atento a lo que estaba ocurriendo, como reflejó en los informes que presentó. Solidario con la Comuna, no impidió que considerara lo prematuro del levantamiento.

Sus protagonistas actuaron con audacia y valentía, pero dieron muestras de las divergencias que contenían en relación, por un lado, a sus referentes político-ideológicos y, por otro, a la diversidad de intereses según el grupo social e incluso el sexo.

Para Marx fue la primera experiencia de gobierno de la clase obrera, si bien achacó su fracaso a la falta de una mejor organización política, precisamente el aspecto que generó más fricciones con la tendencia anarquista del movimiento obrero. En el Congreso de 1872 en La Haya se consagró la ruptura de la AIT, cuando se expulsó al ala proclive a Bakunin y a la vez se decidió el traslado de la sede del Consejo de Londres a Nueva York. Pero esto último pertenece a otro aspecto.

Marx y Engels ante la Comuna parisina

No tardó mucho tiempo Karl Marx en dedicar un análisis de lo ocurrido. Fruto de ello fue su obra La guerra civil en Francia. Para su publicación incluyó tres escritos, correspondientes a sendos manifiestos que acabaron siendo aprobados por el Consejo General de la AIT. Los dos primeros son de julio y septiembre  de 1870, cuando, respectivamente, se inició la guerra y se produjo la revuelta parisina contra el gobierno imperial en el momento del cerco prusiano. El tercero de los manifiestos, de mayor extensión, fue escrito a finales de mayo de 1871, semanas después del sofocamiento sangriento de la Comuna.

Es en la tercera parte del manifiesto de mayo de 1871 donde Marx hace una descripción de las características del nuevo poder instaurado en París en la Comuna, así como sus pretensiones de cara a conformar un nuevo orden político y social, que debía proyectarse al conjunto del país a través de una federación libre de comunas.

En ese sentido se refiere a la electividad de sus consejeros mediante el sufragio universal, que, a su vez, debían ser responsables y revocables. La formación de una milicia armada sometida al poder civil, como también debía ser con el funcionariado. La elección y revocabilidad en el campo de la justicia. La separación entre la Iglesia y el Estado. La generalización de la enseñanza, que debía ser gratuita y pública. La formación de cooperativas de producción y la regulación de la actividad económica. La introducción de medidas laborales como le eliminación del trabajo nocturno, la garantía de unos salarios dignos, la indemnización ante la pérdida del empleo, la creación de guarderías…

A Marx no le faltó remarcar lo prematuro de la rebelión a la hora de conformar una nueva sociedad. La clave se encontraba para él en lo insuficiente del desarrollo de la clase obrera en Francia. Eso no fue óbice para que escribiera: “La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo, dentro de ella, la emancipación económica del trabajo”.

Dos décadas más adelante Friedrich Engels publicó una nueva edición de La guerra civil en Francia, incluyendo una Introducción, en la que hizo diversas aclaraciones sobre algunos pormenores de lo escrito por Marx e incidiendo en el sentido que su amigo le había dado.

Interesantes son también sus alusiones a dos de los grupos que, para Engels, jugaron un papel más activo, destacando al blanquista, mayoritario, y al proudhoniano, minoritario. El primero, liderado por Louis-Auguste Blanqui, gozaba de una larga tradición revolucionaria, aunque Engels señaló que estaba falto de una teoría económica clara y decidida, lo que llevó a que, entre otras cosas, no tocara las reservas del Banco de Francia. Sobre el segundo, que estaba influido por las ideas del protoanarquista Pierre-Joseph Proudhon, resaltó su escaso apego por la formación de cooperativas obreras.

Pese a todo, Engels dejó constancia de su valoración de la Comuna en estas líneas: “Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’  han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz representa esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡He ahí la dictadura del proletariado!”.

El papel de las mujeres

Las mujeres estuvieron presentes en todo momento. Otra cosa es que esa presencia, como en tantas otras ocasiones, haya estado invisibilizada. Su activismo no fue algo nuevo, pues había una tradición en Francia, que provenía de 1789 y se mantuvo en los distintos episodios revolucionarios del siglo XIX, en la que jugaron un papel  muy activo. Y ese momento lo hicieron tanto en las movilizaciones populares como en sus reivindicaciones propias, tendentes a la igualación de derechos con los varones.

Como han señalado Anderson y Zinsser, en París llegaron a formar clubes de mujeres patriotas, reclamando poder hacer lo que cualquier varón ya hacía, como la defensa armada, o defendiendo la igualdad de los salarios, como hicieron las maestras. No les faltó proclamar su fuerte tenacidad, como a finales del siglo manifestó Louise Michel en su escrito La Comuna: “Nuestros compañeros varones son más vulnerables al desaliento que nosotras”.

Empero, el derecho al sufragio femenino más que quedar aparcado, no fue contemplado. Como ha señalado la historiadora Ludivine Bantigny, las mujeres no lo pidieron, pues en esos momentos “les parecía inimaginable y comprendieron que podían tener una gran influencia sin ser reconocidas como ciudadanas con todos los derechos”.

Pese a ello, el espíritu de lucha de las mujeres duró hasta los últimos momentos, esforzándose con denuedo cuando el ejército lanzó la ofensiva final para acabar con la Comuna. Y, como veremos a continuación, la represión también se cebó impenitentemente sobre ellas.

La represión y sus víctimas

El 21 de mayo se inició la acción militar del gobierno francés contra la Comuna, para lo que contó con la aquiescencia alemana. Cosas propias de los intereses de clase. La resistencia duró apenas una semana, dada la desigualdad de fuerzas existente. Las barricadas y los fusiles rudimentarios de los comuneros y las comuneras, junto con su heroísmo, no fueron suficientes para hacer frente al ejército de, al menos, 130.000 soldados que se lanzó sobre la capital francesa.

Como publicó Dolleans hace casi noventa años, el mensaje que lanzó al día siguiente Thiers en la Asamblea Nacional, que estaba reunida en Versalles, fue más que rotundo: “Yo seré despiadado; la expiación será completa y la justicia inflexible... Hemos alcanzado el objetivo. El orden, la justicia, la civilización obtuvieron al fin su victoria... El suelo está cubierto de cadáveres; ese espectáculo horroroso servirá de lección”.

La represión que le siguió fue brutal e inclemente. Los datos varían, pero, al margen de su  mayor o menor exactitud, denotan una magnitud en la violencia desconocida hasta ese momento. Se ha calculado que hubo unas 30.000 víctimas mortales, de las cuales una buena parte sucumbió durante lo que se conoce como Semana Sangrienta, tanto en los combates como en las ejecuciones sumarias. Pero estas últimas continuaron en los días posteriores y, aunque ya atenuadas, a  lo largo de los meses siguientes.

También, en torno a 40.000, hubo deportaciones a las colonias, donde las condiciones de estancia fueron tan duras, que, en un número indeterminado, muchas personas acabaron muriendo por enfermedades, inanición o exceso de trabajo. Se ha estimado, así mismo, que el número de quienes conocieron procesos por los consejos de guerra pudo haber ascendido a unas 70.000.

Existen también datos específicos sobre la represión sufrida por las mujeres. Siguiendo los que nos ofrecen Anderson y Zinsser, fueron miles las mujeres que murieron durante la Semana Sangrienta y  alrededor de un millar las que fueron procesadas con posterioridad. Se trataba de mujeres de todas las edades, pero en mayor medida entre los 30 y los 50 años, casadas o viudas, y abrumadoramente trabajadoras manuales.

Louise Michel, una mujer valiente entre varones

Es la mujer más conocida del proceso revolucionario parisino y quizás también fuera la que jugó un papel más destacado. Su persona simboliza, en todo caso, la participación de las mujeres. Era profesora de profesión y había estado vinculada a los grupos revolucionarios. Durante la Comuna se mostró muy activa, lo que le valió para formar parte del Consejo Municipal, siendo la única mujer en ese órgano de representación. Cuando fue inminente el peligro del ataque de las tropas instaladas en Versalles, no dudó en ponerse al frente de la defensa armada. Para ello organizó y dirigió un batallón formado por mujeres, en el que simultaneó la labor de combatiente con la de enfermera.

Tras la derrota estuvo escondida durante unos días, aunque al poco tomó la decisión de entregarse. Evitó, así, que su madre fuera represaliada, pues había sido detenida en su lugar como rehén y amenazada de muerte. Ante el tribunal que la condenó a diez años de cárcel no dudó en pronunciar estas palabras: “No me quiero defender. Pertenezco por entero a la revolución social. Declaro aceptar la responsabilidad de mis actos”. Finalmente fue desterrada a Nueva Caledonia, situada en el océano Pacífico.

Durante su estancia en la prisión de Versalles escribió varios poemas. Uno de ellos, “Versalles capital”, acaba con estos versos:

La ciudad donde late el corazón del mundo.
París duerme con el sueño de los muertos,
a pesar de vosotros el pueblo heroico
hará grande la República;
no se puede detener el progreso,
es la hora en que caen las coronas,
en que caen las hojas de los bosques.

Otro de sus poemas, “Los claveles rojos”, se lo dedicó a su amigo y compañero de lucha Théophile Ferré, abogado y destacado comunero, cuando supo que iba a ser ejecutado:

Si voy a dar al oscuro cementerio,
arrojad sobre mí, hermanos,
como postrera esperanza,
rojos claveles en flor.
Cuando el imperio concluía
y el pueblo despertaba,
fue tu sonrisa, clavel rojo,
anuncio de que todo renacía.
Hoy floreces en la sombra
de oscuras y tristes prisiones,
cerca de la zozobra del cautivo.
Dile que le amamos
y que en el veloz flujo del tiempo
todo pertenece al porvenir.
Dile que el vencedor de lívida frente
puede morir más que el vencido.

Su valentía y fama es lo que hizo que dos conocidos escritores se acordaran de ella. En diciembre de 1871 el novelista Victor Hugo le dedicó estas palabras solidarias:

“Los que saben de tus versos misteriosos y dulces, de tus días, de tus noches, de tu solicitud, de tus lágrimas derramadas por todos, de tu olvido de ti misma por Socorrer a los demás, de tu palabra semejante a la llama de los apóstoles; los que saben del techo sin fuego, sin aire, sin pan, del catre y la mesa de pino, de tu bondad, tu dignidad altiva de mujer del pueblo, de tu ternura austera que duerme bajo tu cólera, de tu fija mirada de odio a todos los inhumanos, y de los pies de los niños calentados en tus manos; y ésos, mujer, ante tu majestad bravía, meditaban, y, a pesar del pliegue amargo de tu boca, a pesar del maldiciente que, encarnizándose contra ti, te lanzaban todos los dicterios indignados de la ley, a pesar de la voz fatal y alta que tu acusa, veían resplandecer el ángel a través de la Medusa...”

Paul Verlaine, por su parte, le dedicó unos años después, en 1886, un poema como reconocimiento. En su “Balada en honor de Louise Michel” dice:

Madame y Pauline Roland,
Charlotte, Théroigne, Lucile,
casi Juana de Arco, estrellada
la frente de la multitud necia,
nombre de los cielos, corazón divino que exilia
Este tipo de menos que nada
Francia burguesa con una espalda fácil,
Louise Michel es muy buena.

Ama al Pobre duro y franco
O, tímida, es la hoz
en el trigo maduro para el pan blanco
del Pobre y de Santa Cecilia
y la musa ronca y esbelta
del Pobre y su ángel de la guarda
así de simple, así de rebelde.
Louise Michel es muy buena.

Gobiernos de Malta,
megaterio o bacilo,
soldado crudo, petirrojo insolente,
o algún frágil compromiso,
gigante de barro con pies de barro,
todo eso su ira cristiana
la aplasta con ágil desprecio.
Louise Michel es muy buena.

Enviado.

¡Ciudadano!, ¡tu evangelio
se muere por! ¡Es el Honor! Y bien
lejos de Taxil y Bazile,
Louise Michel es muy buena.

Artistas y escritores que defendieron la Comuna

De los mundos del arte y de la literatura hubo quienes se involucraron, en distinto grado, en el proceso revolucionario. Casi todos lo pagaron caro, en forma de cárcel, destierro, multas, exilo...

Uno de ellos fue el pintor Gustave Courbet, que llegó a ser elegido representante por uno de los distritos de París, formó parte de la comisión de Enseñanza y presidió la de Artes. Detenido en junio, fue sometido a un consejo de guerra, que lo condenó a varios meses de cárcel y al pago de una multa. Ya en libertad, huyó como exiliado a Suiza, donde murió pocos años después.

Otro pintor conocido fue Honoré Daumier, que también participó en la comisión de Artes. Casi ciego, dejó constancia de lo vivido en esos momentos en dibujos como “Familia en una barricada durante la Comuna de París de 1870”.

Comuneros fueron también los artistas Jules Dalou y James Tissot. El primero fue subdirector del Museo de Louvre y los dos acabaron exiliándose en Gran Bretaña.

Un caso llamativo es el de Eugène Pottier, obrero, dibujante, cantante y poeta, que jugó un papel destacado como comunero, siendo elegido representante en su distrito. Evitó ser detenido y logró huir a Gran Bretaña, para dirigirse después a EEUU. Mientras estuvo escondido escribió parte del libro Cantos revolucionarios, uno de cuyos poemas  se convirtió en 1888 en la letra del himno “La Internacional”, musicalizado por Pierre Degeyter.

Jules Vallés, periodista y literato, fue condenado a muerte, si bien le fue conmutada la pena, tras lo cual tomó el camino del exilio a la isla vecina. También fue condenado a muerte, aunque en rebeldía, el músico Jean-Baptiste Clement. Había logrado escapar y exiliarse en Gran Bretaña. Jean-Marie Mathias Philippe Auguste, escritor de origen aristocrático, también conoció el exilio en el mismo país.

Los poetas Paul Verlaine y Jean-Arthur Rimbaud también participaron en el movimiento comunero. El primero lo hizo de una forma más activa, siendo nombrado jefe de la oficina de prensa del Ayuntamiento. El segundo, muy joven, estuvo en París desde el primer momento, después de haber huido de su familia. Amantes ya en la capital francesa, tras la derrota se refugiaron durante un tiempo en la capital británica.

Rimbaud dejó constancia de sus pulsiones emocionales en varios poemas, uno de los cuales contiene versos como éstos:

Todos los desgraciados, todos aquellos que al sok
han quemado sus espaldas y que caminan, caminan,
y que bajo su trabajo sienten que la frente estalla (…).
¡Descubríos, burgueses! ¡Ya que ésos son los hombres!
¡Nosotros somos obreros! ¡Obreros!
Somos nosotros, en los grandes tiempos nuevos,
por quienes se querrá saber
dónde se forjará el hombre de la mañana a la noche,
dónde, lento vencedor, someterá a las cosas,
persiguiendo los efectos, buscando las grandes causas,
pasando por encima de todo, como se monta a caballo (…).

Separados pronto en sus destinos, después de un dramático episodio cargado de violencia, los dos poetas mantuvieron el eco de esos meses. Verlaine, como nos hemos referido antes, lo hizo, entre otros recuerdos, a través de la figura de Louise Michel. Y Rimbaud, errante por varios países, no perdió nunca de vista su visión particular del comunismo como horizonte humano.

Victor Hugo, en fin, también estuvo presente en el escenario parisino,  mostrando en todo momento sus simpatías por la Comuna. Denunció con dureza la represión que le siguió, lo que le supuso su expulsión temporal de Francia. Volvió a estar de nuevo fuera de su país, como ya ocurrió en 1851 cuando se vio obligado a ir al exilio por denunciar el golpe de estado de Luis Napoleón y su conversión en Napoleón III. A su regreso no dudó en defender que se pusiera fin a la persecución contra quienes defendieron la Comuna.

Bibliografía consultada

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Ceruti, Leónidas (2011). “La Comuna de París, el primer gobierno obrero”, en Nodo50, 28 de marzo (https://info.nodo50.org/La-Comuna-de-Paris-el-primer.html).
Dolléans, Édouard (2009). “La Comuna”. SOV Baix Llobregat (file:///C:/Users/pc/Downloads/la-comuna-de-paris-3-dolleans%20(1).pdf).
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(Imagen: Honoré Daumier, “Familia en una barricada durante la Comuna de París de 1870”).