martes, 2 de marzo de 2021

En apoyo del historiador Fernando Mikelarena

El historiador navarro Fernando Mikelarena está siendo acosado y amenazado. Su culpa: haber escrito el libro La [des]memoria de los vencedores. Jaime del Burgo, Rafael García Serrano y la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz en el que aparece, entre tantos nombres de vencedores de la guerra española del 36-39, el de Jaime del Burgo Torres. 

Recordemos: Pamplona, capital de Navarra, el epicentro de la sublevación militar contra la IIª República, que tuvo al frente al general Emilio Mola, autodenominado como "el Director", y que contó con el apoyo entusiasta del carlismo y sus milicias de los Requetés.  

El personaje motivo de polémica 

¿Quién fue Jaime del Burgo Torres? En primer lugar, uno de los jefes carlistas de Navarra en el momento del golpe militar de julio de 1936, que llegó a ocupar la jefatura interina de los Requetés de esa provincia entre el 17 de octubre y el 3 de noviembre de ese mismo año. Un periodo muy breve, en efecto, pero que coincidió con un hecho cargado de crueldad: los asesinatos de 64 personas en Tafalla, que fueron llevados a cabo por un grupo de requetés el día 21 de octubre. Un episodio más de la represión fascista, que se ha cuantificado, sólo en número de víctimas mortales, en más de 3.000*. 

Luego, con el paso del tiempo, Del Burgo Torres ocupó numerosos cargos institucionales, casi todos en la órbita navarra y de carácter cultural. A la vez, escribió algunas obras de historia y literatura, lo que le llevó a ser nombrado miembro de la Real Academia de la Historia o recibir en 1967 el Premio Nacional de Literatura. Sin olvidar que fue uno de "los intérpretes de la historia y de la personalidad de Navarra desde la perspectiva de la ideología que triunfó a la sombra de Franco"**.

La querella de un familiar

A la familia de quien fuera un destacado dirigente carlista -antes, durante y después de la guerra-, no le ha gustado el contenido del libro de Fernando Mikelarena. Las revelaciones que contiene y las referencias que se hacen sobre su persona, pese a tener el respaldo documental correspondiente, ha llevado a que uno de sus nietos, Arturo del Burgo Azpíroz, haya interpuesto una querella criminal contra el historiador, por entender que existe un delito de injurias y calumnias.

Sorprende en parte lo que está ocurriendo ya entrado el año 2021, pues el libro se publicó en 2019, además de constituir la última de las entregas de una trilogía dedicada a la historia de la represión en Navarra. Con anterioridad ya habían salido Sin Piedad (2015) y Muertes Oscuras (2017). 

Pero esa actitud no es nueva en la familia Del Burgo. Hace pocos años, en 2016, fue Jaime Ignacio del Burgo, famoso por haber jugado un papel político relevante en Navarra desde la Transición (primero en UPN y luego en el PP), el que ya exigió a quienes organizaron una exposición sobre la represión fascista en Navarra que retiraran la alusión que se hizo sobre su padre como uno de los jefes del golpe y uno de los responsables de lo que vino después. En su escrito expresó cosas como éstas: "es absolutamente falsa y contraria a la verdad histórica la idea (...) de que la sublevación del 19 de julio  en Pamplona y la posterior represión fue responsabilidad de los 'requetés carlistas de Del Burgo'"***.  Sí, palabras de  Jaime Ignacio, hijo de Jaime y padre de Arturo.  

Solidaridad con el historiador

Y la tal querella, como es de suponer, ha hecho que se haya abierto un movimiento de apoyo al historiador que la ha sufrido. Numerosos están siendo los artículos publicados en distintos medios de comunicación que lo han puesto de manifiesto. Entre ellos, por ejemplo, se encuentra el firmado por Víctor Moreno, publicado el pasado 23 de febrero en el diario digital Nueva Tribuna, y cuyo título es "Jaime del Burgo Torres, de Jefe de Requetés a censor franquista". Leerlo ayuda a entender las claves de lo que está sucediendo, porque sintetiza la trayectoria política del personaje en cuestión, lo que ilustra y argumenta a través de diversas publicaciones de la época. En el mismo diario, tres días más tarde, apareció otro artículo, titulado "El historiador Fernando Mikelarena, ni calumnia ni injuria"esta vez firmado por varios componentes del Ateneo Basilio Lacort. Aunque abunda sobre el papel que jugó Del Burgo en el seno de la sublevación del 36 y lo que vino después, al final se hace una apreciación que resulta de gran importancia:  

"Fernando Mikelarena, tanto en su libro Sin Piedad como en La (des)memoria de los vencedores, no acusa a Del Burgo del hecho, ni de estar presente en la matanza, ni de haberla decidido. Pero sí plantea una hipótesis aterradora que ha quedado solapada y sin responder por parte de la historiografía, y es la siguiente: dada la simultaneidad en el ejercicio de la jefatura de requetés durante esa fecha, 21 de octubre, y la brutal carnicería llevada a cabo, ¿es lógico que el jefe de requetés no tuviera conocimiento del hecho?".

Un manifiesto con más de 300 adhesiones 

Dentro del movimiento de solidaridad ha aparecido también el "Manifiesto contra la judicialización de la investigación histórica", que ha sido firmado firmado por más de 300 historiadoras e historiadores. Se expresa en los siguientes términos:

"Mostramos nuestra solidaridad con Fernando Mikelarena, historiador de larga trayectoria.
Consideramos que las investigaciones históricas no merecen otro juicio que el de la historiografía, es decir, la valoración rigurosa sobre el aparato crítico utilizado en ellas y la ponderación de las conclusiones que en ellas se vierten.
Rechazamos la judicialización del quehacer historiográfico cuando los hechos investigados por Mikelarena se produjeron hace 85 años. No es un caso aislado. En días pasados se ha conocido que el gobierno polaco ha condenado a dos prestigiosos historiadores por sus investigaciones en torno al Holocausto. Este es un camino peligroso para la libertad intelectual.
Defendemos la libertad de investigación sobre los periodos más oscuros de la historia contemporánea, suficientemente dificultada ya por la ocultación y destrucción de fuentes históricas por parte de quienes manejaron los resortes de poder durante décadas.
Defendemos el derecho que la sociedad tiene a conocer cómo se gestó la violencia de los sublevados en 1936 y quiénes fueron sus responsables.
Por todo ello, confiamos en que la citada querella criminal sea retirada o, en su defecto, sea desestimada”. 

Hacer historia, ésa es la cuestión

El propio Mikelarena puso el dedo en la llaga a finales de 2019, después de que saliera a la luz su último libro. Sin que todavía hubiera recibido la amenaza de la querella, declaró lo siguiente en el Diario de Noticias: "Todavía estamos presos de la violencia simbólica y de la hegemonía cultural de la derecha". 

Esperemos que esa hegemonía no se traduzca en una condena judicial, para, así, no tener que pensar que el mundo de la administración de justicia, el tercer poder del estado, sigue dando muestras de lo que no debe.

Investigar sobre el pasado, para aproximarnos a la verdad de lo ocurrido, suele provocar reacciones contrarias entre quienes, en el caso que nos ocupa, se sienten aludidos. Y es que siguen teniendo poder. Demasiado poder.  

Notas

* Miguel M. Ariztegi, "Sorprende el volumen de la represión franquista en Navarra", entrevista a Emilio Majuelo Gil, elDiario.es, 15-04-2018 (https://www.eldiario.es/navarra/ultimas-noticias/sorprende-volumen-represion-navarra_128_2171690.html).
** Floren Aoiz Monreal, "El retorno de lo reprimido. Notas para la biografía a mala leche de Jaime Ignacio del Burgo"; en Florez Aoiz, Jose Mari Esparza y Patxi Zabaleta, Tres tristes trileros. Franquismo, transición y territorialidad (Tafalla, Txalaparta, 2016). 
*** Ibidem.