domingo, 29 de septiembre de 2019

En reconocimiento de Luis García Perulles, compañero y amigo

Leí ayer el mensaje que publicó Luis en una red social. Ya sabía desde el principio la decisión que había tomado, que fue hace unos cuantos meses. No fue, pues, como consecuencia de los resultados de las elecciones municipales, sino por unas razones perfectamente comprensibles y coherentes que afectan a la esfera de su privacidad.

Quienes lo conocemos -en mi caso, desde hace bastantes años-, sabemos valorar muchas cosas de él. Además de lo que le corresponde como profesional del derecho, donde ha dado muestras de preparación y honradez, prefiero destacar la faceta propia de la actividad política dentro de IU, donde no le ha faltado lo anterior, pero resulta obligatorio añadir su generosidad con la gente y su entrega con la organización. 

Hablo de generosidad, porque ha puesto al servicio de los movimientos sociales su saber. Lo ha hecho con las personas afectadas -en realidad, perjudicadas- por las hipotecas, en favor de la recuperación de la gestión del agua como un servicio público para el municipio y buscando soluciones para los problemas que tiene la depuradora, ayudando a su compañera Gema en el asesoramiento laboral a la marinería...

Y hablo de entrega, porque desde 2015 asumió dos retos políticos de enorme responsabilidad, como han sido ser el candidato de IU en las elecciones municipales de 2015 y 2019, y ser el coordinador local de la organización. Dos tareas difíciles, para lo que contó con la ayuda impagable de sus compañeros y compañeras, cada cual dentro de sus posibilidades, pero siempre llena de generosidad. 

Como primer responsable de IU ha cumplido a la perfección. Coordinando e impulsando el trabajo político, asistiendo a cuantas reuniones ha podido de tanto dentro como fuera, siendo uno más en las tareas de intendencia... Ha tenido presente siempre su republicanismo, siendo un participante activo en cuantos eventos se han ido dando.  

Como concejal ha sido capaz de haber llevado el peso de la oposición al gobierno municipal ocupado por el PA en 2015. Un gobierno lleno de despropósitos, incapaz de haber hecho frente a los problemas crónicos del municipio, de haber frenado -todo lo contrario, la ha aumentado- el crecimiento de la deuda financiera, de haber incumplido las promesas hechas cuando su cabeza estaba en la oposición... Un gobierno centrado en el ir tirando como sea, seguir prometiendo lo imposible, repartir prebendas, apelar al victimismo... 

Y en todo eso Luis ha sido implacable denunciándolo. Pese a ello, la gente no  ha sido capaz de reconocerle su labor, su coherencia, su honradez y su valentía. Cosa que no tengo reparos en decirlo. Cuando se está en el campo electoral, lo que valen son los votos. Ni  quito ni pongo sobre lo que mucha gente decidió, pero no me callo sobre lo que ha ocurrido y lo que pueda venir en el futuro.

Con Luis la gente de IU seguirá teniendo un compañero, porque, como ha dicho, sólo se ha escorado hacia un lado en sus responsabilidades para dar paso a otra gente y, además, poder adecuar mejor su vida a sus necesidades. Y también seguirá teniendo un amigo. Y yo, por supuesto, me encuentro ahí.       

sábado, 28 de septiembre de 2019

viernes, 27 de septiembre de 2019

Quería...

Quería hablar,
pero no podía.
También gritar, gritar fuerte, 
muy fuerte,
pero no podía.
Quería hacer muchas cosas,
tantas como quisiera
y que calmaran sus deseos,
sus ilusiones,
pero no podía.
¡Ay si pudiera poder!
Pero no le dejaban.

(1975/1976) 

Hace 44 años, pocos días después

Fue un día al que, muy poco después, le siguió otro con su madrugada. Fui testigo de oír la voz de mi hermana que le decía a mi hermano: "¡está aquí la policía!" y de ver cómo se alzó de golpe desde su cama, impulsado por la sorpresa y el miedo. Testigo de oír la voz de un policía, que resultó ser el comisario, que con con un tono grave le decía a mi hermano algo así como "¡Venga, vístete rápido!", mientras yo escondía mi miedo agazapado en la cama. Testigo de lo que vino después, calmándonos los nervios, aclarando algunas cosas, desprendiéndonos de algunos papeles que se filtraron por las desagües, ocultando otros que se camuflaron entre libros de medicina... No lo olvido, hermano. Gracias, hermana. ¿Te acuerdas, hermano mayor? 

Hace 44 años, cuando las cinco ejecuciones...

Sí, han pasado 44 años ya de los últimos fusilamientos de la dictadura franquista. Ocurrió en la madrugada de un día aciago de septiembre 1975. Al alba, como dice la canción que, según se dice, dedicó Luis Eduardo Aute a las cinco víctimas, que no son otra cosa que cinco mártires. Hoy sabemos que  conocieron unos juicios injustos, que previamente habían sido torturados y que sus condenas obedecieron a un escarmiento de quien, ya sentenciado de una muerte natural que le llegaría dos meses después, hizo de su vida un camino permanente de muertes ajenas.    

jueves, 26 de septiembre de 2019

Errejón: ¿unir fragmentando? (y algo más)

Siendo previsible, mal asunto lo de Íñigo Errejón. El anuncio de su candidatura, con el apoyo de algunos grupos en determinados territorios, supone una mayor fragmentación en el electorado de la izquierda. Posiblemente se haga con votos del PSOE, afectará en mayor medida a Unidas Podemos y, ante todo, abre la puerta para que pueda repetirse lo ocurrido en Andalucía en diciembre pasado y en algunos ayuntamientos y comunidades tras elecciones de mayo. 

Está claro lo que representa él y su nueva marca, la de Más País: un espacio político situado entre el PSOE y UP, que no es nuevo y que ha ido aflorando con distintos nombres y diferente dimensión. Sin irnos a los años 80, es el espacio de los llamados renovadores de la IU de los 90 y su derivación en eso de la Nueva Izquierda, que acabó integrada en el PSOE. Ese el espacio de la gente del voto útil y parte del abstencionismo de  la primera década del siglo actual. El que hizo posible la enorme irrupción de Podemos cuando saltó a la arena política en 2014. El que aportó buena parte de las primeras deserciones en forma de abstención del voto desde el electorado de este grupo cuando se formó en 2016 UP, entonces en masculino. 

Es el espacio del Errejón que fue derrotado internamente en Podemos en dos ocasiones. Se mostraba como el moderado, el de la transversalidad, el del diálogo... Pese a lo cual fue mimado en su partido hasta el punto que le ofrecieron ser el candidato en la Comunidad de Madrid. 

Pese a ello, apostó por un proyecto propio al lado de Manuela Carmena. Consiguió llevarse la mayoría del electorado de Podemos en las elecciones municipales y autonómicas de Madrid, quizás porque mucha gente creyó que Carmena, desde el Ayuntamiento de la capital, proponía la continuidad de un gobierno progresista. Se olvidaba esa gente que la actitud de Carmena, acompañado de Errejón, suponía, desde la equidistancia entre la izquierda de UP y el PSOE, algo más peligroso. En la batalla electoral ocupó un lugar central el proyecto urbanístico de Madrid Norte y se minimizó por parte de Carmena y Errejón la defenestración del concejal de Economía, Carlos Sánchez Mato. Artífice, este último, del saneamiento financiero del ayuntamiento de la capital, la moderación de Carmena la llevó a contentar a Montoro y su disciplina presupuestaria. 

Y al final, con la derecha gobernando en la Comunidad y el Ayuntamiento, el proyecto Madrid Norte ha sido aprobado con el apoyo de PP, Cs, Vox, PSOE y el Más Madrid de Errejón, Carmena y compañía. 

En fin, eso es Errejón y lo que pretende ser su Más País. Aviso, pues, para navegantes.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

El inagotable Ángel Viñas y su nuevo libro ¿Quién quiso la Guerra Civil?

Ángel Viñas es un historiador prolífico, autor de una extensa obra que en los últimos años lo está siendo aún más. El último libro que acaba de publicar -el penúltimo, por lo que él mismo ha apuntado- lo ha titulado ¿Quién quiso la Guerra Civil? Historia de una conspiración (Barcelona, Crítica, 2019). Se centra en el papel que jugaron los grupos monárquicos en la conspiración contra la IIª República y especialmente en los sectores "calvosotelistas", desde donde se fue tejiendo una red que abarcó a militares, aristócratas y oligarcas, el propio Alfonso XIII y su entorno, sin olvidar la implicación directa del régimen fascista italiano.

La clave de su contenido proviene de documentos desconocidos a los que ha podido acceder y que le han permitido poner de relieve la amplitud de la trama conspirativa y sus interioridades. A través de archivos italianos ha podido documentar, entre otras cosas, que los contratos firmados por los conspiradores españoles con las autoridades fascistas italianas con el fin de proveerse de armamento moderno -léase aviones- suponían la posibilidad de una guerra, aun cuando la previeran de corta duración. Desde otros archivos ha podido demostrar o corroborar la red de financiación y el juego sucio desarrollado con el fin de desacreditar a la República, para lo que utilizaron grupos paramilitares, como provocadores de violencia, y medios de comunicación afines, siempre con el fin de crear un clima propicio para la intervención militar. Sin olvidar los ocultamientos o las falsedades, según los casos, que a lo largo de los años de la dictadura e incluso en nuestros días han buscado  sobredimensionar o edulcorar  comportamientos de figuras más o menos relevantes.     

A lo largo del libro afloran personajes con nombre propio, como los civiles Calvo Sotelo, Goicoechea, Sainz Rodríguez y March, o los militares Sanjurjo, Galarza, Vigón, Ansaldo, Mola... Aporta datos muy interesantes sobre las relaciones con el fascismo italiano, que en los primeros momentos fue superior a la alemana y decisiva. Pondera la influencia de otros grupos o corrientes, como la CEDA, el carlismo o el falangismo. Y dimensiona el papel jugado por Francisco Franco, que fue de poco relieve antes del golpe de estado, pero que fue adquiriendo importancia con posterioridad, después del descabezamiento de la conspiración tras las muertes sucesivas de Calvo Sotelo y Sanjurjo.   

lunes, 23 de septiembre de 2019

La violencia represiva durante la Transición (a propósito de la ignorancia atrevida de Carmen Calvo)

El diario El País  ha publicado hoy unas entrevista a la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, en la que, al hilo de su comentarios sobre la actual situación política, con las elecciones generales a la vista, ha querido dar valor a la Transición española. En este sentido, ha declarado que durante esos años "Salimos de una manera tan brillante de una dictadura a la democracia sin un solo roce de violencia, salvo ETA". Decir esto, así, resulta no tanto una distorsión de la realidad como una falsedad. Y dicho por una persona que, además del cargo que tiene, es profesora universitaria de la especialidad de Derecho Constitucional, deja en entredicho los conocimientos que puede tener sobre la historia más reciente.

Hace un par de años escribí el artículo "La izquierda radical durante la Transición. En busca de una explicación de la derrota política" (publicado en 2018, dentro de Las otras protagonistas de la transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales; Madrid, FSS-Ediciones, pp. 737-752), en uno de cuyos apartados traté brevemente el problema de la acción represiva desplegada por el estado durante los años de la Transición y más concretamente entre 1975 y 1983. Lo hice, claro está, basándome en las investigaciones históricas llevadas a cabo, entre las que destaco las de Mariano Sánchez Soler, Gonzalo Wilhelmi y Sophie Baby. 

He decidido reproducir ese apartado, "La acción represiva del estado", porque creo que ilustra sobre algo que la señora Carmen Calvo o bien ignora o bien ha decidido ocultar. No olvidemos que su partido fue protagonista a partir de 1982 de uno de los episodios más turbulentos de esos años a través de la conocida como "guerra sucia" contra ETA, siguiendo la herencia de gobiernos anteriores.      

La acción represiva del estado

No cabe duda que el primer semestre de 1976 fue el momento de mayor y más variado movimiento reivindicativo habido durante el franquismo y la Transición [1]. Confluyeron huelgas de la clase obrera urbana y rural, reivindicaciones vecinales, protestas y huelgas estudiantiles, y hasta movilizaciones de pequeños agricultores y ganaderos. Habría que añadir conflictos propiamente políticos, como la lucha por la amnistía o los de carácter nacionalista y autonomista. Y también la acción de grupos armados, como las dos ramas de ETA y el incipiente GRAPO. Se ha llegado a calificar de clara naturaleza rupturista la dimensión política del movimiento huelguístico y vecinal en las zonas más conflictivas, capaz de acabar con el gobierno de Arias Navarro y obligar a su sucesor a introducir medidas políticas más atrevidas, como el primer decreto de amnistía, la legalización de partidos políticos o el proyecto definitivo de reforma [2].

Entre las razones de que este movimiento no se extendiera no debemos perder de vista la dura acción del aparato represivo. La matanza de Vitoria, con cinco manifestantes muertos, marcó uno de los momentos culminantes, pero en 1976 hubo al menos 18 muertes sólo de huelguistas y manifestantes [3], a lo que habría que unir numerosas personas heridas y torturadas, un incontable número de detenciones y la militarización de algunos servicios públicos [4]. Hubo zonas fuertemente castigadas, en especial el País Vasco y Navarra (que sumaron 12 muertes), pero también Madrid, Barcelona, Alicante, Canarias y varias provincias andaluzas. Fue también el año en que el TOP abrió el mayor número de procedimientos desde su creación en 1963, afectando, a su vez, a un mayor número de personas, después que en 1975 se hubiera duplicado su número en relación al anterior [5]. Otra cosa fue el número de sentencias y de personas procesadas, que bajo ostensiblemente sobre 1975, lo que refleja una contradicción entre la actitud de las  autoridades judiciales y las específicamente represivas.

La violencia ejercida por el estado durante los años de la Transición fue elevada, a lo que hay que unir la violencia que protagonizaron los grupos de extrema derecha [6]. Ambas adquirieron formas y grados diferentes, y tuvo una procedencia variada. Las fuerzas policiales, los grupos paramilitares vinculados al estado, los grupos de extrema derecha y hasta un sector del funcionariado de prisiones llevaron a cabo acciones en las calles, los calabozos o las cárceles que acabaron en muertes, heridas, palizas, torturas, malos tratos, violaciones, etc. En el caso de las víctimas mortales su cuantía varía según las investigaciones: 188, para Sánchez Soler; y 245, para Wilhelmi [7]. Su número en cada año, entre 30 y 40, tendió a ser estable hasta 1980 [8].

Hubo momentos de gran importancia. Uno, entre marzo y mayo de 1976, con los sucesos de Vitoria y Montejurra, además de las muertes habidas sobre todo en varias ciudades vasco-navarras. Otro, en enero de 1977, con la matanza de Atocha, pero acompañada de otras muertes y secuestros, en algunos casos procedentes del GRAPO. Si el primero coincidió, como ya se ha señalado, con el momento álgido de las movilizaciones contra el régimen, el segundo lo fue con el que acabó llevando al PCE al camino definitivo de la moderación. Si el primero conllevó que el régimen tuviera que acabar maniobrando para acelerar el proceso de reforma, como ocurrió con el nombramiento de Suárez, el segundo supuso el abandono definitivo por parte del PCE de cualquier veleidad movilizadora, contribuyendo a dividir por la base los distintos ámbitos de actuación de los sectores sociales y políticos más activos contra la dictadura.           
Notas

[1] DOMÈNECH SAMPERE, Xavier, “El cambio político (1962-1976). Materiales para una perspectiva desde abajo”, en EspaiMarx, 4 de marzo de 2003, en www.moviments.net/spaimarx. Ver también EQUIPOS DE ESTUDIO, “Madrid-Enero: un mes crítico”, en Prueba de fuerza entre el reformismo y la ruptura, Madrid, Elías Querejeta, 1976, y  las obras citadas de Emmanuel RODRÍGUEZ LÓPEZ, Gonzalo WILHELMI, etc.
[2] DOMÈNECH SAMPERE, Xavier, ob. cit.
[3] Las dos terceras partes de las cuales fueron en los seis primeros meses: además de las 5 de Vitoria (marzo), las hubo en Elda (febrero), 1; Tarragona (marzo), 1;  Basauri (marzo), 1;  Baracaldo (abril), 1; Montejurra (mayo), 2; Madrid (mayo), 1; Santurce (julio), 1; Almería (agosto), 1;  Madrid (setiembre), 1; La Laguna (setiembre), 1; Santesteban (noviembre), 1; Madrid (diciembre), 1, en ASOCIACIÓN REPUBLICANA IRUNESA “NICOLÁS GUERENDIAIN”, www.asociacionrepublicanairunesa.org, que se ha basado en el libro de Alfredo Grimaldos La sombra de Franco en la Transición, Madrid, Oberon, 2004.
[4] En enero y febrero se militarizaron los servicios de RENFE, Metro y Correos de Madrid, y el funcionariado municipal de Barcelona; y en octubre y noviembre, los autobuses madrileños (SOTO, Álvaro, La transición a la democracia. España, 1975-1982, Madrid, Alianza, 1998, p. 153; y CARBÓ, Rosa, “Precedentes: Las movilizaciones durante la transición política”, en  www.ub.es/tsociologica).
[5] ÁGUILA, Juan José, El TOP. La represión de la libertad (1963-1977), Barcelona, Planeta, 2001, p. 260. Los procedimientos abiertos llegaron a 5.312, mil más que 1975 y alrededor de 3.000 que 1974.
[6] BABY, Sophie, “Estado y violencia en la transición española. Las violencias policiales”, en BABY, Sophie, COMPAGNON, Olivier y CALLEJA, Eduardo González (dirs.), Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX. Europa del Sur - América Latina, Madrid, Casa de Valázquez, 2009; JOTAKE, “Listado de Gudaris muertos de organizaciones armadas vascas de voluntarios 1968-2003”, en La Haine, 4-06-2003, www.lahaine.org; SÁNCHEZ SOLER, Mariano, La transición sangrienta: una historia violenta del proceso democrático en España 1975-1983, Barcelona, Península, 2010; WILHELMI, Gonzalo, “Las otras víctimas de la transición nada política”, en MUGA, José Luis y VEGA, Santiago, Verdad, justicia y reparación. Actas del I Congreso de víctimas del franquismo, Madrid, Atrapasueños, 2012.
[7]  SÁNCHEZ SOLER, Mariano, ob. cit., p. 353; WILHELMI, Gonzalo, “Las otras víctimas…”, p. 5. Para  BABY, Sophie, ob. cit., p. 184,  el número de muertes provocadas por las fuerzas de orden fue de 178.
[8] WILHELMI, Gonzalo, “Las otras víctimas…”, p. 5.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Una inmersión por el metro de Moscú

Visitar Moscú y acercarse a su metro es algo que resulta imprescindible. Estamos ante una obra colosal -en el buen sentido- y deslumbrante. Y muy diferente a los metropolitanos de otras grandes ciudades, de los cuales conozco los de Madrid, Barcelona, Londres, París o Roma. Siendo eminentemente funcional, como lugar de tránsito diario para la gente corriente, que es la mayoría de una sociedad, fue concebida también como un espacio de contemplación y disfrute. En cierta ocasión escuché a Enrique Líster decir en una emisora de radio, entre finales de los años 70 y principios de los 80, que el socialismo en la URSS lo vivió personalmente en la construcción del metro moscovita, donde trabajó durante un tiempo haciendo uso de su experiencia previa en España como cantero. 


Para conocer mejor las entrañas del proyecto y su realización recomiendo un artículo de Marcel Panchard, "El metro de Moscú", en el que se adentra en algunos pormenores de su cronología, los objetivos urbanísticos y los rasgos estéticos. Por mi parte, lo que pretendo ahora es reflejar las sensaciones que tuve durante mi visita el pasado el mes de junio, haciendo un esfuerzo por contextualizarlas. Fue al día siguiente de haber llegado a Moscú y después de haber visitado durante la mañana el monasterio de Sergei Posad, y en cuyo interin tuve la suerte de aprovechar la breve parada en el Centro Panruso de Exposiciones para fotografiar la majestuosa escultura "El obrero y la koljosiana" de Vera Mújina. Un aperitivo apropiado para lo que iba a venir de inmediato.


Entramos en el metro por la estación Prospekt Mira (Avenida del Mundo), de la que ya me llamó la atención que estuviese situada en la planta baja de un edificio. Fue el primer contacto con la apoteosis de mármoles, escayolas, teselas y metales en el que nos fuimos sumergiendo a lo largo de las aproximadamente dos horas que duró la visita. Fue el momento de irnos sorprendiendo de los relieves alusivos a la vida de la antigua URSS y de la simbología característica, en la que la hoz y el martillo o la estrella de cinco puntas cobraban la primacía, sin olvidarnos de la omnipresencia de la figura de Lenin. El objetivo, tal como nos indicó nuestra guía Katia, estaba en visitar algunas de las más bellas estaciones del metro moscovita.


La bajada por las escaleras mecánicas nos llevó al interior de los túneles por los que transitamos en busca de la línea circular, conocida como Koltsevaya, y del andén correspondiente. En Prospekt Mira, dentro de una estética clasicista con esculturas exentas, medallones y casetones en sus bóvedas, contemplamos la abundancia de motivos florales y agrícolas que son propios de la vida campestre.


El siguiente destino fue la estación de Komsomolskaya, a la que llegamos pronto por situarse en la siguiente parada de la línea. Su nombre alude a la organización juvenil del Partido comunista de la URSS y no por un motivo gratuito. Y es que en el proceso de construcción del metro la gente joven jugó un papel importante a la hora de aportar con su trabajo el esfuerzo necesario para que acelerar la finalización de las obras.



En el espacio  de esta estación se despliega una estética que nos recuerda la de un palacio barroco, quizás rememorando los lujosos palacios construidos durante el siglo XVIII en San Petersburgo. La diferencia estriba, sin embargo, en que se trata de un palacio del pueblo, la antítesis de los palacios imperiales y aristocráticos de la era zarista. Y es que, en palabras del que fuera primer comisario del pueblo para la Cultura tras la revolución de octubre de 1917, Anatoli Lunacharski, "el pueblo también tiene derecho a columnatas". Todo ello lo delatan las columnas octogonales con capiteles jónicos, las formas vegetales de las molduras o las lámparas de araña, donde el lujo antaño elitista se ha puesto al servicio de la gente corriente.


Los mármoles y la pintura de tonalidad amarillenta del techo recubren buena parte de la estructura, y cuando no es así, aparecen los mosaicos para recordarnos escenas de algo muy presente en esta sociedad, como es la lucha del pueblo ruso y sus hermanos para hacer frente a las sucesivas agresiones, desde los siglos medievales, de los imperios mongol, sueco, polaco, turco, francés o alemán. Y de este último, por coincidir con el esplendor de la construcción del socialismo y de la URSS, cobra una importancia especial la lucha contra el fascismo entre 1941 y 1945, en lo que gustan denominar como Gran Guerra Patria.


Desde Komsomolskaya nos dirigimos a Novoslobodskaya. A través de sus abundantes vidrieras, obra de los artistas letones E. Veylandan, E. Krests, y M. Ryskin, se tiene la sensación de encontrarse en una catedral medieval. Una de las diferencias formales, eso sí, es que están iluminadas artificialmente con luz eléctrica.


En esta estación también se encuentra uno de los mosaicos más conocidos: el de la "Paz para todo el mundo", cuyo autor, Pável Korin, es uno de los pintores más reconocidos de la URSS. La alegoría de la paz está representada en la figura de una mujer que sostiene un niño sobre sus brazos un niño. Remodelado parcialmente tras la muerte de Stalin, su figura acabó siendo sustituida por las tres palomas que vuelan sobre las cabezas de la mujer y el niño.


La última estación fue la de Kievskaya. Alusiva a la capital ucraniana, está dedicada la antigua república soviética de Ucrania y los lazos de amistad que mantuvo con Rusia, algo que nos puede resultar sorprendente en nuestros días, tal como subrayó nuestra guía. Por lo demás, en los numerosos mosaicos diseñados por A. V. Myzin se reiteran escenas alusivas a la lucha revolucionaria anterior a 1917, los logros económicos de los planes quinquenales, la vida cotidiana o la resistencia contra el fascismo entre 1941 y 1945, en lo que gustan denominar como Gran Guerra Patria. Fuertemente idealizadas, son una fiel muestra del estilo del realismo socialista.



La salida la hicimos por la plaza Karmanitskiy, próxima a la famosa calle Arbat y a la que espero poder dedicar una entrada en otra ocasión. La anécdota derivada del despiste de dos compañeras me permitió, entre otras cosas, fijarme en la fachada exterior del acceso de la estación, donde se sigue manteniendo el recuerdo de la época pasada, como se refleja, por ejemplo, en el medallón que rememora la revolución de 1917. 

Claro que me hubiera gustado haber visitado otras estaciones. Las imágenes que pueden verse a través de la red invitan a que, si se tiene la ocasión de volver a Moscú, se satisfaga el deseo. Y ojalá que pueda hacerlo, cosa que no descarto.  

jueves, 19 de septiembre de 2019

Ante el escenario de las nuevas elecciones, una apuesta unitaria desde la izquierda

Algo había salido en las últimas semanas, pero esta mañana los medios de PRISA han lanzado con decisión la noticia acerca de la presentación a las próximas elecciones del grupo de Íñigo Errejón y de la presencia de Manuela Carmena. Al estilo de lo que fue Más Madrid y con la participación, en un principio, del valenciano Compromís, a la espera de otros posibles grupos en otras comunidades. Y en la búsqueda de un espacio político entre el PSOE y Unidas Podemos, que, por lo que vimos en las elecciones municipales y autonómicas de Madrid, perjudicaría en mayor medida al segundo y, de una manera especial, a Podemos. 

De ser así, estaríamos ante un tercer actor por la izquierda, fragmentándola aún más y allanando el camino para que los grupos de la derecha puedan coger las riendas del gobierno. 

Se constataría, así, la ruptura definitiva de Podemos, que sigue haciendo aguas por todos los lados: en la cúpula y en los distintos ámbitos territoriales. Lo último por ahora, en Andalucía, donde desde la corriente de anticapitalistas se apuesta por la confederalidad electoral. A través de la experiencia de Adelante Andalucía, donde convergen Podemos, IU y grupos andalucistas, se pretende imitar el modelo de confluencias como Galicia en Común o la catalana En Comú Podem.

Por otro lado, Alberto Garzón, en un entrevista publicada hoy en eldiario.es, ha lanzado una propuesta atrevida y de gran calado. Ha afirmado que "Yo sí veo un bloque histórico en el que estén Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Compromís, Ada Colau e Izquierda Unida", adelantándose a un escenario que resultaría poco halagüeño para la izquierda. Porque sería la única forma de cortar una posible hemorragia en el electorado situado a la izquierda del PSOE, además de abrir la posibilidad de atraer votos del electorado descontento de este último. 

Lo veo como una apuesta unitaria electoral, no organizativa. Debería permitir, conseguidos los objetivos electorales, la autonomía de cada grupo y de las confluencias que se crearan en cada territorio. Requeriría de inteligencia, altura de miras y generosidad. Pese a las contradicciones que contendría, permitiría frenar dos posibles peligros. Uno, el triunfo de la derecha españolista, que sigue manteniendo importantes apoyos y ha demostrado capacidad de llegar a acuerdos de gobierno donde lo ha necesitado. Y otro, la formación de un gobierno del PSOE con el apoyo de Ciudadanos, algo que tan deseado por el propio PSOE y los poderes económicos. 

La cosa está en el aire. Difícil, por supuesto, pero necesaria.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Tras el espectáculo de Pedro Sánchez y su tropel, ¿volvemos al bipartidismo?

Eso es lo que parece, si nos atenemos a lo que apuntan las encuestas. El PSOE y el PP se estarían beneficiando de la actual situación política. El primero, por los dos flancos: el derecho, a costa de los sectores de Ciudadanos que no ven bien el desplazamiento a la derecha del partido; y el izquierdo, a costa de Unidas Podemos, aprovechándose del electorado que prefiere la "utilidad" de tener al PSOE gobernando. El PP, por su parte, se aprovecharía también de Ciudadanos, por aquello de mejor el original que la copia, y de Vox, que sólo fragmenta el voto y está generando demasiados problemas con su actitud estridente. 

Lo hecho por Pedro Sánchez y su tropel, mareando la perdiz con peticiones a diestro y siniestro para que le dejaran gobernar y poniendo vetos, ha sido vergonzoso. Pero en la realidad no lo ha sido tanto en la medida que pocas voces se han levantado para denunciarlo, más allá de hacerlo con la cantinela de que "todos son iguales", como ya hiciera el PP con lo de la corrupción. Resulta evidente que Pedro Sánchez y su tropel han conseguido lo que el sistema quería: evitar un gobierno de coalición con UP. Podría haber resultado demasiado peligroso saltarse las líneas rojas marcadas sobre las directrices de la troika, la política exterior atlantista y Catalunya. 

Sobre Unidas Podemos ya me referí en su día a sus errores. Jugar con tanta insistencia a lo de un gobierno de coalición ha sido un error y más aún en los últimos días con lo de un "gobierno revisable". O bien desde el principio debió no planteárselo, vista la actitud esquiva de Pedro Sánchez y su tropel tras las elecciones municipales y autonómicas. O bien, de jugar en ello, debió haber apoyado la propuesta de julio, durante el último pleno de investidura, acerca de la entrada en el gobierno con una vicepresidencia y tres ministerios.

Ahora, en dirección a unas nuevas elecciones. Creo que no volveremos al bipartidismo de otros tiempos, con más de las dos terceras partes de los votos y el 90% de los escaños en manos del PSOE y el PP. Pero sí veremos que recuperarán apoyos y escaños. El PSOE, acabada la ficción del "mártir" Pedro Sánchez, siendo lo que nunca ha dejado de ser desde hace cuatro décadas: el principal baluarte (y no exagero) del sistema.  

Y por la izquierda... ¡ay! 

lunes, 16 de septiembre de 2019

Ascensión Mendieta, símbolo de la dignidad humana

Ha muerto Ascensión Mendieta, la mujer que quizás mejor simbolice la tenacidad por hacer posible que las víctimas del fascismo sean reparadas. Con su lucha consiguió que se recuperaran los restos de su padre, fusilado en Guadalajara en noviembre de 1936 y enterrado anónimamente en una fosa común. Y lo hizo pese a los múltiples obstáculos de las autoridades españolas y de esa administración de Justicia a la que a veces habría que antecederla con un "in". Gracias a la colaboración de lo que se conoce como "querella argentina" y el papel que en ella está jugando la jueza María Romilda Servini, que se hizo eco de algo primordial: los crímenes del franquismo lo fueron contra la humanidad. A Ascensión solíamos verla en algunos programas de televisión con su sonrisa permanente. Optimista como ninguna. Confiada en que su tesón iba a dar los frutos deseados. Hace un par de años se dio con los restos de Timoteo Mendieta y se confirmaron a través de una simple prueba de ADN. El día que eso ocurrió Ascensión dijo que ya podía morir tranquila, recordando que, cuando fuere, se la enterrara junto a su padre. Todo un símbolo de la dignidad humana. Que descanse en paz. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

A Salvador Allende

Pocas veces se unen en una palabra
los sueños de un pueblo
y el nombre de su presidente.
Salvador es la palabra,
su nombre.
¡Y qué triste me encuentro ahora!
¡Y qué amarga fue aquella noche!
Sauces, alerces, cobre salitre, tierra, mar, 
                                   / llano, cordillera.
Santiago, capital de las grandes esperanzas 
                                            / y alamedas,
corazón de la patria ilusionada...
¡Y qué triste me encuentro ahora!
¡Y qué amarga fue aquella noche!

(Noviembre de 1982)




lunes, 9 de septiembre de 2019

"Picoque", un acto de amor de Jorge Falcone a su hermana María Claudia

Supe de la poesía de Jorge Falcone mientras, echando un vistazo a la prensa, hurgaba por el portal Resumen latinoamericano. Y buscando más poemas suyos, me topé con que era hermano de María Claudia Falcone, una de las víctimas de lo que se conoció como "La noche de los lápices", acaecida en septiembre de 1976, a los pocos meses de la dictadura militar argentina, que acabó con la detención y posterior desaparición de un grupo de estudiantes de secundaria, entre adolescentes y jóvenes, de La PlataUna historia dramática, llevada al cine en 1986 con el título homónimo y dirigida por Héctor Oliveira, con María Claudia entre sus protagonistas. Miembro de las Unión de Estudiantes Secundarios, muy activa en la lucha reivindicativa por hacer efectivo que el boleto estudiantil (matrícula) fuera accesible para todo el mundo, había iniciado la militancia en el grupo Montoneros. Eso supuso que el riesgo de ser detenida, torturada y desaparecida fuera muy elevado, algo que tristemente acabó ocurriendo cuando apenas tenía 16 años.

He visto en varias ocasiones la película y esta mañana me he reencontrado con la historia a través de un texto breve que su hermano Jorge leyó durante la presentación de un libro dedicado a su figura. Un relato de lo ocurrido, pero también un canto de amor. Y he decidido reproducirlo, como homenaje a María Claudia; a quienes sufrieron el mismo destino a partir de esa fatídica noche: María Clara Ciocchini, Horacio Úngaro, Daniel Racero, Francisco López Muntaner y Claudio de Acha; y, en fin, a quienes sufrieron los rigores de la dictadura, se hubieran mantenido o no con vida, o cuyo paradero siga sin conocerse.

Picoque


(Canto Coral Mariano)

Qué pena tiene la muerte
cuando de su calavera
siente crecer en silencio
la flor de la primavera.
(Manuel J. Castilla, Gustavo Leguizamón)

A menudo necesito recordarme que, entre los abortos y los falsos embarazos de mi madre, cabe computar uno ­que no fue precisamente el mío­ y que llegó a buen término el 16 de agosto de 1960. Desde la primavera de 1976 no hago otra cosa que resistirme a la odiosa condición de “hijo único”.

Caminaba con María Claudia por la Avenida 7, charlando sobre la necesidad de prever el contragolpe enemigo a la hora de planificar campañas de sabotaje en su contra. Tuve la impresión de advertir a la representante del bachillerato de Bellas Artes ­que además era mi hermana­ muy confiada en la capacidad de acción miliciana de la UES. Pero lo cierto es que ya nos íbamos quedando sin viviendas operativas. En una ciudad universitaria superpoblada de jóvenes, hacia fines del primer año de la dictadura, abundaban las casas con una docena de refugiados en su interior. No había retaguardia que resistiera una ofensiva eficaz del enemigo.

Tras albergar a Claudia, el departamento de nuestra anciana tía Rosa Matera ­última sobreviviente de seis hermanos­ había pasado a constituirse en bastión operativo de su agrupación, obviamente clandestina. María Clara Ciochini, dirigente perseguida de la UES de Bahía Blanca, también se refugiaba en aquel sitio que poco antes había sido “la apacible morada de la abuela de Caperucita”. La rutina de un consorcio de medio pelo se veía alterada de repente por la irrupción de grupos de adolescentes ruidosos. Nadie notaba, sin embargo, que, en su mayoría, los chicos llegaban tabicados, es decir, guiados por alguien que tomaba la precaución de hacerles dirigir la vista hacia el piso para no reconocer el sitio de reunión y, por ende, no exponerse a denunciarlo ante eventuales apremios. El lema en boga era el que no sabe, no confiesa. Pero no tardó en ser capturado un militante que pese a no conocer el paradero de aquel sitio, se contactaba telefónicamente con sus habitantes. Eso precipitó la decisión de evacuarlo.

En la tarde del 16 de septiembre de 1976, María Claudia y María Clara, ya alzadas* de su riesgoso refugio, se encontraron con mi padre y, confiándole que procuraban nuevo destino, le solicitaron algún dinero para moverse.

Al caer la noche, mi compañera y yo nos reunimos con mis padres y mi primo Jaime, huésped nicaragüense que estudiaba aquella misma carrera que me estaba decepcionando. Cenamos en el restaurante “Le tre palle”, cerca de mi hogar natal, más precisamente, frente al edificio de Obras Públicas (en cuya explanada un año antes se había producido la concentración que conquistó el Boleto Estudiantil Secundario y en la que mi hermana había tenido pleno protagonismo). La comida transcurrió en un clima distendido y sin sobresaltos. Nos despedimos temprano porque no eran épocas para circular a horas avanzadas. Pasó un tiempo considerable hasta que nos enteramos de que, mientras se desarrollaba nuestra velada familiar, María Claudia y María Clara retornaban abatidas al peligroso 586 de la calle 56, con la frustración de no haber encontrado otro albergue.

El portero contó que fueron intimadas a rendición por parte de un grupo de civiles armados que irrumpió violentamente en el hall. Las chicas corrieron escaleras arriba amenazando a los intrusos con abrir fuego, pero la conciencia fatal de que se hallaban en el estrecho pasillo de un edificio de departamentos lleno de familias las hizo desistir de armar un tiroteo. Y buscaron refugio en casa de la tía “Tata”, que a esas horas descansaba ignorándolo todo. Una vez que llegaron allí, trabaron la puerta como pudieron y pensaron en arrojarse hacia alguna terraza lindera, pero estaban en un octavo piso y toda opción era muy arriesgada. Durante esas cavilaciones, los matones tumbaron la puerta, encerraron a la sobresaltada dueña de casa en su habitación y redujeron a ambas dirigentes de la UES para encaminarse, acto seguido, al baño del departamento. Retirando la tapa plástica del botón del inodoro, recogieron un gancho del que pendía una bolsa de polietileno que protegía varias armas cortas y algunas pepas pertenecientes a la agrupación. La tía, que logró espiar sin ser advertida, pudo apreciar que se movieron con datos precisos. Por último, las sacaron a empujones conduciéndolas a un camión del Ejército apostado frente al edificio, en el que ­según testimonio de la peluquera del barrio­ aguardaba personal militar en uniforme de fajina.

El odio gorila volvía a conmemorar su Revolución Libertadora y se ensañaba con aquello que le resultó inaceptable: un puñado de adolescentes con un Proyecto de Nación. Esto último movería al Presidente Videla a delegar en el General Camps ­por entonces a cargo de la Policía Bonaerense­ ese operativo de escarmiento contra la osadía del movimiento estudiantil secundario al que los mismos represores bautizarían como “La noche de los lápices”. El Comisario General Miguel Etchecolatz tuvo a su cargo el procedimiento llevado a cabo con personal de la comisaría 9a de La Plata. Y el Comisario Luis Héctor “Lobo” Vides se encargó del interrogatorio durante las sesiones de tortura en el campo de concentración de Arana, antes del traslado hacia un destino final en el llamado “Pozo de Banfield”.

En el caso particular de los militantes del bachillerato de Bellas Artes, ya habían sido oportunamente vigilanteados por el celador Emilio Capalbo y prolijamente denunciados a las fuerzas de seguridad por la Decana María Elena Macaruk. Luego de alrededor de cinco meses de cautiverio, en que testigos presenciales dicen haberlos visto cantar la Canción con todos, de Armando Tejada Gómez, tomados de las manos en el patio de la prisión, todo indica que esos chicos habrían sido fusilados sumariamente a principios de 1977, en los subsuelos de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en el Paseo del Bosque de la ciudad de La Plata.

Pero en aquella infausta madrugada de 1976 ignorábamos todo esto. Nos despertaron los golpes de mi madre contra el postigo de la ventana.

-Se llevaron a María Claudia… -susurró.

Y fue suficiente para entrar en pánico. Cuando nos reunimos con mis padres, no podía dejar de temblar. Intentaba serenarme a toda costa, procurando meditar los próximos pasos. Mi compañera tomó la iniciativa de organizar la retirada. Nos cambiamos y afrontamos la madrugada impiadosa. La represalia más común para un opositor era, hasta entonces, la cárcel. Desde esa perspectiva recomendamos a mis padres que se movieran con criterios legalistas: ir a la curia, al regimiento de la zona y recurrir a las viejas amistades influyentes. Urgía hacer un hábeas corpus. Nos dejaron en Plaza Rocha y, aceptando nuestra recomendación, siguieron viaje hacia el domicilio de unos parientes. Esa noche, su casa volvería a ser allanada, ahora violentamente: un jeep derribó la histórica puerta metálica de cuatro hojas y la arrastró a lo largo del zaguán hasta el hall. Nosotros optamos por pernoctar en un hotel alojamiento. Era imprescindible guarecerse para, más serenos, ordenar la rutina de la jornada siguiente, que prometía ser abrumadora.

Ese sitio al que, juntos o cada uno con otro partenaire, habíamos convertido en templo del placer, ahora nos devolvía quejidos que nuestra duermevela atribuyó a los compañeros detenidos.

Ante un destino incierto, y procurando descansar, busqué refugio en la palabra mágica que con María Claudia imaginamos de pequeños para conjurar la adversidad.

Picoque -repetí-. Picoque, hermana.

Y me dormí.


(Texto leído en la presentación de su libro MEMORIAL DE GUERRALARGA, un pibe entre cientos de miles, en la Feria del Libro, el jueves 25 de abril, con la presencia de Estela Carlotto, Nelva Falcone, Roberto Baschetti, Felix Pigna, Gabriel Fernandez, Bernardo Alberte, Gonzalo Chavez, Jorge Lewinger, Eduardo Gurrucharri, Juan Carlos COCO Manoukian, Lissy Lettner, Martin García y otros compañeros).      

viernes, 6 de septiembre de 2019

"Vista y plano de Toledo", del siempre sorprendente El Greco

Visité hace unas semanas la conocida como Casa-Museo de El Greco, sita en la judería toledana. Adquirida por el marqués de a Vega Inclán hace un siglo creyendo que había sido residencia del pintor, al parecer fue un error. Estuve en ella en 1981, durante un viaje que hicimos el último año de mis estudios universitarios, pero apenas tengo recuerdos más allá de algunos rasgos arquitectónicos que alberga y el tipismo  de su mobiliario. El Museo, en realidad, no estaba muy definido, careciendo de las obras más reconocidas del pintor, algunas de las cuales pude ver bien en el mismo Toledo, como "El entierro del conde de Orgaz", en la iglesia de Santo Tomé, o "El Expolio, en la catedral, o bien, ya en Madrid, en el Museo de Prado.  

El edificio contiene desde hace pocos años obras muy interesantes, bastantes de las cuales provienen del museo madrileño. Una de ellas es "Vista y plano de Toledo", pintado a principios del siglo XVII, en los últimos años de su vida. Una obra de una madurez técnica y expresiva que contiene a la vez lo que tuvo siempre de artista innovador y las concesiones propias de la época que hizo. 

En el primer plano  puede verse a un joven sosteniendo el plano de la ciudad, hecho con tal minuciosidad que pueden percibirse al detalle buena parte de sus viviendas. Hacia la izquierda se sitúa una alegoría del río Tajo, representada a través de una figura desnuda que sostiene un cántaro de donde mana el agua, que a su vez está acompañada de una figura cornucopia, que simboliza la prosperidad. Su contribución profana al clasicismo que siempre mantuvo. Detrás puede verse la ciudad en su conjunto, en la que destaca en primer lugar, extramuros, el edificio del Hospital Tavera. Por último, en el cielo tormentoso destaca un recurrente Rompimiento de Gloria, que contiene las figuras de la Virgen María y un pequeño tropel de ángeles. 

La vista general está orientada de norte a sur, lo contrario de otro cuadro parecido, también de esos años, que tituló "Vista de Toledo", actualmente conservado en Nueva York. Hay dos detalles que llevan a considerar quién pudo encargar el cuadro. De un lado, pudo hacerlo el administrador del Hospital Tavera, dado que la orientación permite que de la ciudad destaque ese edificio. De otro, se pudo hacer desde el mismo Ayuntamiento, ya que los ángeles portan la casulla de san Ildefonso, patrono de la ciudad. 

De lo que no hay duda es de la modernidad técnica, como pude observarse sobre todo en el tratamiento de los edificios de la ciudad, adelantándose en algunos aspectos a lo que fue el impresionismo decimonónico e incluso el postimpresionismo de Cezanne . Lo primero, mediante la técnica de pinceladas sueltas, flexibles, que adoptó de la escuela veneciana. Y lo segundo, por la manera de representar los edificios, sintetizados en sus formas cuasi geométricas y hasta en la coloración de tonalidades grises. 

El Greco, tan puesto en entredicho en su época y hasta olvidado en los siglos siguientes, es un artista del que felizmente vamos sabiendo cada vez más, más allá de la idealización religiosa que conoció en los años del nacional-catolicismo.  

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El pueblo, de Selina Todd, una historia de la clase obrera británica del siglo XX

Con tres años de retraso se ha publicado en España el libro El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010) (Madrid, Akal, 2018), cuya autora es la historiadora británica Selina Todd. Para mí, sorprendente y no tanto por el tiempo en sí como por la relevancia de la obra. En mayo pasado supe de ella a través de la crítica que Juan Andrade Blanco hizo en la revista electrónica Sin Permiso, por lo que cuando la tuve entre mis manos no dudé en adquirirla.   

A lo largo de más de 500 páginas la autora lleva a cabo una narración de la historia de la clase obrera británica durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Para ello ha hecho uso principalmente de un acopio de numerosos testimonios de sus protagonistas, extraídos de publicaciones, informes, encuestas e incluso entrevistas realizadas por ella misma a familiares y a compañeros y compañeras de estudios de  juventud. No en vano, como nos cuenta al principio, su intención inicial fue llevar a cabo una historia biográfica de su propia familia.  

El resultado ha sido muy interesante, permitiéndonos profundizar en la naturaleza de la sociedad británica y el papel que ha jugado, y sigue jugando, la clase obrera. Nos presenta los cambios que se han ido dando en distintos momentos en su seno, tanto en los subgrupos que la forman como en las actitudes sociales, políticas y culturales; el protagonismo creciente de las mujeres; el progresivo aumento de población inmigrante proveniente de otros continentes; la pervivencia permanente, incluso en nuestros días, de una memoria basada en las experiencias colectivas; y la diversidad de matices que han hecho de la clase obrera un grupo poderoso e influyente, pero al que no le ha faltado heterogeneidad. 

Que el título principal del libro sea El pueblo no es un capricho, sino la definición de una clase que en el momento decisivo de la Segunda Guerra Mundial jugó el papel primordial de sostener las bases del conflicto en los frentes de batalla y en la retaguardia. Su experiencia colectiva en las luchas sociales y políticas que venían de muchas décadas atrás y el empoderamiento que adquirió en esos años de guerra explican que en 1945, acabado el conflicto, fuera el Partido Laborista, con Clement Attlee al frente, el que ganara abrumadoramente las elecciones. Y explica que esas experiencias y ese empoderamiento se convirtieran en los pilares del estado de bienestar surgido a partir de 1945, que permitió, entre otras cosas, el pleno empleo, el aumento de los salarios, el acceso a la sanidad y a la educación secundaria universales o la construcción de numerosas viviendas públicas. 

Todd advierte, no obstante, que esos logros no consiguieron que Gran Bretaña dejara de ser una sociedad desigual, en la que las diferencias de clase, muy marcadas, sólo se atenuaron durante apenas tres décadas y no sin tensiones y altibajos. En las altas esferas del Partido Laborista nunca hubo la intención de construir una sociedad igualitaria, aunque su acento en poner en práctica medidas que favoreciesen a la clase obrera fuera claro, en contraste con las intenciones permanentes del Partido Conservador de reducir el gasto público, fomentar la propiedad privada y defender a las empresas.

Fueron los años 70, coincidiendo primero con la caída de la industria británica y luego, desde 1973, con la crisis económica internacional, cuando empezó a romperse ese contrato social. Y lo hicieron tanto los gobiernos laboristas (Harold Wilson, James Callagham) como los conservadores (Edward Heath). No faltaron tampoco situaciones como el mayor grado de represión en los conflictos sociales y el control policial sobre sus líderes, e incluso determinadas maniobras en las alturas del ejército y los servicios de seguridad (general Walker, lord Mountbatten) tendentes a poner orden frente a lo que calificaban de peligro comunista.

La llegada de Margaret Thatcher fue la culminación de ese camino -sin remilgos, eso sí- y supuso el desmantelamiento de todo lo conseguido desde décadas atrás. Desde entonces Gran Bretaña dejó de ser lo que era, conviviendo con un paro crónico, empleos inestables y precarios, desprotección social, deterioro de los servicios sociales... Todo ello en un marco donde predominan los valores del individualismo salvaje, el sálvese quien pueda, la inutilidad de quien está en paro o es pobre... Y, por supuesto, bajo el dominio de quienes ostentan el poder real.

"Las auténticas conquistas del siglo XX fueron logradas por gente corriente, que buscaba u mayor control sobre sus vidas", nos dice la autora al final del libro. Para concluir que "si el pueblo quiere un futuro mejor, podemos y debemos crearlo nosotros mismos".

martes, 3 de septiembre de 2019

Murió Immanuel Wallerstein

Como si toda una generación del pensamiento progresista estuviera a punto de desaparecer físicamente, hace unos días murió Immanuel Wallerstein. Uno de los grandes. Sociólogo de formación, llegó a dar forma a un planteamiento de la historia, basado en los sistemas-mundo, que fue recogido con fuerza por una parte de la historiografía. Se centró fundamentalmente en el análisis del capitalismo y como tal se convirtió en uno de los analistas del presente más prestigiosos. 

Heterodoxo para mucha gente del campo del marxismo intelectual, su propuesta de análisis histórico desde los sistemas-mundo se ha convertido ya en clásica. Con raíces en quien fue su maestro, Fernand Braudel, uno de los pioneros de la Escuela de Annales, participó en la concepción circulacionista del análisis de los orígenes del capitalismo, lo que conllevaba la consideración de que era el intercambio de productos, y no la producción en sí, lo que había ocasionado su nacimiento. Se oponía, así, a la concepción, más propia del marxismo, que consideraba que eran las relaciones de producción y, por tanto, la producción las que lo explicaban. Fue famoso el debate que en los años setenta protagonizaron quienes se posicionaban en uno u otro lado, dando lugar a un enriquecimiento del conocimiento histórico importante. 

Wallerstein concretó su teoría en la obra El moderno sistema mundial, que fue apareciendo a lo largo de los años en cuatro volúmenes. Poseo y he leído los dos primeros, referidos, respectivamente, al siglo XVI (La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea; Madrid, Siglo XXI, 1984) y los años 1600-1750 (El mercantilismo y la consolidación de la economía-mundo europea; Madrid, Siglo XXI, 1984). No he llegado a leer, sin embargo, los otros dos: La segunda era de gran expansión de la economía-mundo capitalista, 1730-1850; y Centrist Liberalism Triumphant, 1789-1914

A diferencia de Braudel, introductor del concepto de la larga duración y con ello de la economía-mundo, extensibles al conjunto del tiempo histórico, para Wallerstein sólo ha habido una economía-mundo: el capitalismo europeo surgido en el siglo XVI. Lo habido en los cinco mil años anteriores habrían sido imperios, un medio primitivo de dominación económica. Los imperios conllevaban una unificación política interna, "cuya fuerza se basaba en el hecho que garantizaba flujos económicos desde la periferia hacia el centro por medio de la fuerza (tributos e impuestos) y de ventajas monopolísticas en el comercio. Su debilidad yacía en que la burocracia necesaria para su estructura política tendía a absorber un exceso de los beneficios".

Para Wallerstein lo que hizo la economía-mundo del capitalismo fue "ofrecer una fuente alternativa y más lucrativa de apropiación del excedente", de manera que los  estados ya no son la empresa económica central, sino el medio que permite asegurar los intercambios. La Edad Media europea habría sido, de esta manera, el preludio de la eclosión que se inició a finales del siglo XV y a lo largo del XVI. El proceso de feudalización anterior había acabado con lo que había sido el imperio romano, debilitando el poder político centralizado. Liberada Europa del lastre de la burocracia política, se abrió el campo de los intercambios desde un espacio que aunó el Mediterráneo (especialmente en las ciudades italianas), el noroeste y el norte (Inglaterra, Francia, Flandes, la región Rin-Elba) e incluso el este (a través de las ciudades de la Hansa), y se extendió hacia América. La dimensión geográfica del sistema-mundo capitalista fue en aumento y, a la vez, estableció diferencias en su seno entre el centro y la periferia.

Tal planteamiento desvinculó la ecuación revolución industrial/sistema capitalista, con el siglo XVIII como momento en que se inició el gran cambio;  y relativizó la consideración de la revolución francesa como principalmente burguesa, calificándola como radical en sus formas y en sus objetivos. 

Como analista del capitalismo, Wallerstein no olvido en ningún momento el momento presente. Fue autor de numerosos trabajos en los que buscaba dar explicaciones a la realidad actual, tan cambiante, eso sí, en las últimas décadas. Trabajos que dio forma como libros, artículos o conferencias. Desde Rebelión he podido acceder a una gran cantidad de sus escritos, en los que ha ido tratando esa realidad cargada de recovecos y entre los que se movió con agilidad y perspicacia. 

Uno de sus temas favoritos ha sido el análisis de EEUU como imperio político y, a la vez, como el centro de la economía mundo. En su libro La decadencia del imperio. EEUU en un mundo caótico (Tafalla, Txalaparta, 2005), escrito durante el mandato presidencial de George Bush jr., trazó las coordenadas de un mundo cambiante, esto es, en transición. Se refirió por ello a la nueva etapa globalizada del sistema-mundo, las relaciones entre los componentes del centro de ese sistema o las consecuencias derivadas sobre los países de la periferia, sin que faltara una crítica a la intelectualidad progresista. Fue claro a la hora de considerar el racismo como "la forma primaria para distinguir a quienes tienen derechos (o más derechos) y a los otros, que no tienen derechos o tienen menos".

Activo políticamente en las últimas décadas, acompañó a los foros alternativos internacionales y llegó a mostrar sus simpatías por movimientos como el zapatista mexicano. Siempre insistiendo en la necesidad de renovar los planteamientos de la izquierda, superando los que décadas atrás dejaron de servir, apostando "por un mundo relativamente democrático, relativamente igualitario", como un mundo así posible.