sábado, 29 de julio de 2023

Elecciones 23-J: y 3) los grupos de izquierda y el futuro de Sumar


Los grupos situados a la izquierda del PSOE tienen una larga historia de fraccionamiento desde 1977. De entrada, está la marcada por el ámbito territorial en el que actúan, bien sea el del conjunto del estado o bien lo sean lo que hoy constituyen las comunidades autónomas. En el primer caso, hasta 2011 el principal grupo había sido IU, casi siempre en coalición con la catalana IC. Los grupos nacionalistas de izquierda, por su parte, han tenido, y siguen teniendo, una importante presencia en Cataluña (ERC, CUP), País Vasco (HB, EH-Bildu) y Galicia (BNG). Diferente es el caso del País Valenciano, donde Compromis ha estado coaligado con grupos de ámbito estatal (Podemos, Más País o Sumar). 

Las elecciones de 2015 pusieron de manifiesto una grave crisis del bipartidismo reinante desde 1977. Dicha crisis tuvo dentro de los bloques de izquierda tal alcance, que el PSOE fue superado en votos (que no en escaños) por su flanco izquierdo (Podemos y UPC/IU, por separado) en 600.000 votos, que se elevó hasta los 1'5 millones si añadimos los votos de los grupos nacionalistas de izquierda (ERC, EH-Bildu y Nos/BNG). 

Cuadro 1
Número de votos (en millones) de PSOE, izquierda federalista e izquierda nacionalista

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

PSOE

5,5

5,4

7,5

6,8

7,75

Izq. fed.

6,1

5,1

3,9

3,6

3

Izq. nac.

0,9

0,9

1,4

1,5

1,1



Cuadro 2
Número de votos (en millones) de los grupos de izquierda federalistas

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

IU/UPC

0,9

-

-

-

-

Podemos

5,2

-

-

-

-

UP

-

5,1

3,7

3,1

-

Com/MP

-

-

0,2

0,5

-

Sumar

-

-

-

-

3

Total iz. fed.

6,1

5,1

3,9

3,6

3


Lo ocurrido en 2015 fue una situación entre desconocida y compleja, que se ha interpretado como la expresión del movimiento 15-M, surgido en mayo de 2011 y que ya tuvo un antecedente en la irrupción de Podemos, con un 8% de los votos, en las elecciones europeas. No está de más recordar que IU en esas elecciones obtuvo un 10%, lo que, sumado, ascendería a un 18%. 

En 2015 Podemos estuvo a punto de sobrepasar al PSOE (se quedó a 300.000 votos), aprovechando el gran malestar existente en buena parte de la sociedad española, con una crisis económica galopante y la aplicación de duros ajustes, a la vez, que empañada por la corrupción de los grandes partidos y en especial el PP. Por su parte, IU, a través de Unidad Popular en Común, obtuvo casi un millón de votos, si bien tuvo que competir en solitario por la negativa desde Podemos de crear una candidatura unitaria. 

¿Por qué eso último? En esos momentos Podemos, con la experiencia de las europeas del año anterior, favorecido por los resultados obtenidos en las municipales y autonómicas de mayo de ese año (en las que estuvo presente mediante una gran diversidad de confluencias municipales) y basándose en los sondeos que se estaban haciendo, se sintió con fuerza para erigirse en opción de gobierno. De ahí que despreciara a IU ("comunistas"), a la que incluyó entre los grupos del sistema y creyendo, a la vez, que iba a absorber su electorado. Es cierto que Podemos atrapó electorado del PSOE, IU, grupos nacionalistas, abstencionistas y votantes jóvenes, lo que explica la bajada tanto del PSOE como de IU, pero los 5'1 millones de votos conseguidos fueron insuficientes para hacer cumplir sus expectativas.   

Para las elecciones de 2016 sí se logró la confluencia entre Podemos e IU, que adquirió el nombre de Unidos Podemos, si bien en esta ocasión se produjo un retroceso en el número de votos, con la pérdida de un millón. También al PSOE perdió votos (100.000), mientras los grupos nacionalistas se estancaban en los 900.000. Esos resultados no fueron ajenos al aumento en 4'4 puntos de la abstención, que afectó en mayor medida, como viene siendo habitual, en la izquierda. El bloque de la derecha españolista, por su parte, subió en 200.000 votos. 

Mucho se habló sobre los resultados, siendo llamativas las declaraciones que hizo Íñigo Errejón, en esos momentos número dos de Podemos y opuesto a la coalición, con eso de que a veces "sumar resta", que no dejaba de ser una clara alusión a IU ("comunistas"). A partir de ese momento se fueron sucediendo las crisis en Podemos, en las que se combinaron diferencias de estrategia, personalismos, estilos de dirección, una organización interna débil, etc. Sin menospreciar tampoco los ataques de todo tipo recibidos desde amplios sectores de los medios de comunicación y determinados grupos de interés, con denuncias judiciales incluidas, basados en mentiras e infundios.

Entre las consecuencias de los problemas internos estuvieron importantes salidas de personas relevantes de la dirección y el alejamiento de buena parte de la militancia. Hubo dos momentos clave: uno fue la salida de Errejón, a finales de 2018, y la consiguiente formación de Más País, que se coaligó con el Compromis valenciano; y el otro, la salida del sector Anticapitalistas, con mayor presencia en Andalucía, que se consumó en 2020 por su oposición a que UP participara en el gobierno de coalición con el PSOE.

Pero siguiendo con la evolución de las elecciones, en las de abril de 2019, que conocieron un nuevo aumento de la participación, hubo dos cosas dignas de reseñar: que el conjunto de los grupos de izquierda superó a los de la derecha españolista (PP, Ciudadanos y Vox) en 1'4 millones de votos, esto es, 4'25 puntos porcentuales; y que se diera un cambio en la correlación de fuerzas dentro de la izquierda. En primer lugar, el PSOE recuperó la primacía: sus 7'5 millones de votos superaron claramente, hasta duplicarlos, los 3'7 de Unidas Podemos (ya había feminizado su nombre), a los que había que añadir los 200.000 votos de Compromis, que contó con el apoyo de MP de Errejón, todavía ausente en las elecciones. ERC, EH-Bildu y BNG, por el contrario, subieron en 500.000 votos, llegando a los 1,4 millones.

Después que fracasara la estrategia del PSOE de gobernar con Ciudadanos, rechazando, a su vez, un acuerdo con UP, derivó finalmente en unas nuevas  elecciones, que se desarrollaron en noviembre. La subida de la abstención en 8'5 puntos no impidió que en la correlación de fuerzas entre los bloques izquierda/derecha el primero aumentara la diferencia hasta los 1'7 millones de votos (casi 7 puntos). Además, se dio el fracaso de Ciudadanos, que perdió casi las 2/3 partes de sus votos en abril (2'5 millones y 9 puntos). En ese contexto el acuerdo entre PSOE y UP para formar un gobierno de coalición fue inmediato, lo que fue respaldado en el Congreso por Más País, Compromis, PNV, BNG, Nuevo Canarias y Teruel Existe, mientras ERC y EH-Bildu se abstenían y la CUP se oponía. 


Los resultados obtenidos por los grupos de izquierda el 23-J

Es así como llegamos a las recientes elecciones del 23-J, después de una legislatura convulsa en la que hay que partir de la actitud mostrada por los tres grupos de la derecha españolista, que han calificado permanentemente al Gobierno de ilegítimo y han votado en contra de casi todas las iniciativas. Y también hay que mencionar la presencia de dos factores externos, claramente negativos, como han sido la pandemia internacional y la guerra de Ucrania, esta última conllevando la aparición de un proceso inflacionario.

Pese a que los grupos que han conformado el gobierno de coalición han estado   por debajo del bloque de la derecha españolista en 400.000 votos (1'7 puntos porcentuales), si unimos los 1'1 millones (4'3 puntos) obtenidos por los grupos nacionalistas de izquierda, la situación cambia. La derecha españolista no tiene posibilidad de gobernar, cosa que no ocurre de cara a poder revalidar una mayoría parlamentaria para formar de nuevo un gobierno de coalición progresista. Toca, por tanto, negociar.

¿Pero qué ha pasado en el seno de los grupos de izquierda? La correlación no sólo sigue siendo favorable al PSOE, recuperada en abril de 2019, sino que ha ampliado la diferencia en 4'75 millones de votos con respecto a la izquierda federalista, en este caso Sumar. Resulta evidente que tanto PSOE como PP han aumentado su votos, beneficiándose de un voto útil que ha les ha permitido optimizar la obtención de escaños y en detrimento de sus competidores: Sumar, por la izquierda, y Vox, por la derecha. ¿Se está dando una vuelta hacia el bipartidismo?  

Desde las alturas de Podemos (Ione Belarra, Pablo Iglesias) se ha destacado de inmediato la importante pérdida de votos de Sumar en relación a Unidas Podemos, con el añadido de que en noviembre de 2019 ya se había presentado Más País. Es un hecho claro, pero no tiene en cuenta que la pérdida de votos del espacio político de la izquierda federalista (principalmente UP) ya se inició en 2016 y afectó en mayor medida en las dos elecciones de 2019 (véase el cuadro 2). El impacto que supuso la irrupción de Podemos, con máximos en las municipales y autonómicas de 2015, y las generales de 2015 y 2016, ha desaparecido, perdiendo fuelle electoral a la par que se han sucedido y agravado sus desavenencias internas. 

Pero hay otros factores que pueden ayudar a entender esa bajada. ¿Acaso no lo ha sido la actitud de tensión hacia el proyecto liderado por Yolanda Díaz,  mostrada desde el primer momento? Que eso ha ayudado poco o nada, si no restado votos, resulta evidente. Y más teniendo en cuenta que el adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez pudo tener entre sus motivos evitar que Sumar pudiera asentarse tanto política como organizativamente. 

Tampoco puede perderse de vista otro hecho, que se ha  puesto de manifiesto en las recientes elecciones municipales y autonómicas, así como en las autonómicas habidas con anterioridad (Madrid, Galicia, País Vasco, Andalucía): el prestigio de Podemos ha decaído de una forma vertiginosa. Ya no es la marca electoral que atraía votos. Y eso no es ajeno a la deriva organizativa de los últimos años: una dirección hipercentralizada, una fuerte presencia en la sombra de Pablo Iglesias y una disminución drástica de sus bases, sin apenas vida organizativa.

Distinto ha sido lo ocurrido durante las últimas elecciones municipales en varias ciudades y pueblo. Por ejemplo, en Barcelona, donde la candidatura de En Comú, liderada por Ada Colau, ha obtenido unos resultados dignos (19'8%), empatando con el PSC. ¿O es que acaso Colau y su equipo no han sido objeto de ataques infundados de todo tipo? Otro ejemplo: en Zamora IU sigue conservando la alcaldía y después de tres elecciones. Más: numerosos municipios de Andalucía (sobre todo, en Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Sevilla ) siguen manteniendo una fuerte presencia de IU, bien por sí misma o bien coaligada con otros grupos, donde no falta la consecución de alcaldías. En Cádiz IU ha obtenido 9 alcaldías, entre las que están las de Puerto Real y Sanlúcar de Barrameda. Y un dato importante: en varios municipios ha habido candidaturas de Podemos compitiendo con IU o con coaliciones donde IU ha estado integrada.


De cara al futuro

La existencia de Sumar ha estado condicionada desde el primer momento por tres factores: apenas acaba de arrancar, ha nacido con tensiones no deseadas (hay que decirlo: por parte de Podemos) y está formada por una amalgama numerosa de grupos. Y ahora va a tener como primer reto, que es el más urgente, el proceso de negociaciones de cara a la conformación de un gobierno de coalición progresista.

Otra cosa es la voluntad que tengan los distintos grupos que la forman para mantener una buena armonía, en la que prime el interés general y se marginen los particulares. La generosidad y el espíritu constructivo, pues, deben ser dos de los pilares. Como proyecto político existen importantes elementos comunes que son suficientes para calificarlo como útil, sin menoscabo de que se puedan mantener posiciones diferentes en aspectos concretos.

Nos estamos jugando mucho: continuar avanzando en la línea del gobierno de coalición entre PSOE y UP, y ser una parte importante de la barrera que frene a esa derecha españolista que pretende dar marcha atrás. Que no es poco.

jueves, 27 de julio de 2023

Las elecciones del 23-J: 2) la evolución de los bloques políticos desde 2015


Para el análisis del voto atendiendo a los bloques políticos he tenido en cuenta la evolución habida desde las elecciones de noviembre de 2015, que es cuando se trastoca el bipartidismo que se había instalado desde 1977. He prescindido del reparto de los escaños, dado que la representación en el Congreso está distorsionada doblemente por un sistema electoral que, como ya he calificado en algunas ocasiones, es injusto: en primer lugar, porque el reparto de escaños por circunscripciones, que se corresponden con las provincias (salvo las dos ciudades autónomas), no es proporcional, ya que las menos pobladas están sobrerrepresentadas y las más pobladas, infrarrepresentadas; y en segundo lugar, porque el sistema de asignación de escaños, aun cuando es proporcional, prima a los partidos más votados por hacerse mediante el método D'Hont. Analizar el reparto de los votos por bloques, pues, nos acerca más a la realidad. 

Partiendo de la doble perspectiva derecha/izquierda, he distinguido cuatro bloques, basados en los referentes territoriales donde actúan los distintos grupos, bien lo sea el ámbito estatal-español o bien se reduzca, en cada caso, a Cataluña, País Vasco y Galicia. De esa manera, en primer lugar están los grupos de izquierda que actúan en el ámbito estatal: el PSOE y esa gran variedad de fuerzas, coaligadas o no entre sí, de lo que he denominado como izquierda federalista; en esta última he incluido a Unidad Popular en Común/IU, Podemos, Unidos Podemos, Unidas Podemos, Compromis/Más País y Sumar. En segundo lugar están los grupos nacionalistas de izquierda: los catalanes ERC y CUP, el vasco EH-Bildu y el gallego BNG.

Los otros dos bloques pertenecen al campo de la derecha. Están primero los que podemos denominar como grupos españolistas: PP, UPyD, Ciudadanos y Vox, con el añadido de la navarra UPN. Y luego, los grupos nacionalistas: los catalanes CDC, JC y PdeCat, el vasco PNV y el canario CC.

No está de más recordar que entre estos dos bloques de la derecha existen  importantes diferencias en relación a la organización territorial del estado. Si bien el PP practicó desde los años 90 un gran pragmatismo, llegando a acuerdos con casi todos los grupos nacionalistas de derecha, desde finales de la primera década del siglo los lazos se han roto con los grupos catalanes (CDC, PdCat y JC) y se han ido diluyendo con el PNV. De este último se puede destacar tan solo el apoyo que en 2018 dio al gobierno de Mariano Rajoy en la aprobación de los Presupuestos Generales del año siguiente. 

Pero vayamos a los datos concretos, expresados a través del número de votos obtenidos

Cuadro 1
Número de votos (en millones) por bloques políticos

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

PSOE/iz. fed.

11,6

10,5

11,2

10,6

10’8

Nac. izq.

0,9

0,9

1,4

1,5

1,1

Dcha. esp.

10,9

11,1

11,2

10,4

11,2

Nac. dcha.

1

0,75

1

1

0,85


Cuadro 2
 Número de votos (en millones) por bloques izquierda/derecha

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

Total izq.

12,5

11,4

12,6

12,1

11,9

Total dcha.

11,9

11,9

12,2

11,4

12,1


Como puede observarse, la evolución habida desde 2015 en la correlación entre los bloques políticos ha ido cambiando, pero no está de más hacer varias apreciaciones: a) entre los bloques izquierda estatal y derecha españolista se ha mantenido, en general, una gran estabilidad; b) entre el conjunto de la izquierda y el bloque de la derecha españolista el primero ha superado al segundo en todas las elecciones; y c) entre el conjunto de la izquierda y el conjunto de la derecha ha habido algunas variaciones. 

El número de votos del bloque de la derecha españolista ha estado en torno a los 11 millones, con la salvedad de las elecciones de noviembre de 2019, que descendieron hasta los 10,4 millones. En su interior ha habido importantes variaciones, sobre todo entre 2016 y noviembre de 2019, cuando Ciudadanos, primero, y el añadido de Vox a partir de abril de 2019 minaron los votos del PP y dieron lugar a un fuerte fraccionamiento. Eso conllevó que su representación parlamentaria se viera perjudicada, al no poder optimizar los votos en las circunscripciones pequeñas, cosa que sí logró el PSOE. En las elecciones pasadas el PP se ha aprovechado de la desaparición de Ciudadanos, recuperando la primacía de ser el más votado entre todos los grupos, lo que le ha permitido optimizar su representación.  

En el caso de los grupos de izquierda de ámbito estatal la horquilla es más amplia, oscilando entre el máximo de 2015, con 11'6 millones de votos, y el mínimo  de 2016, con 0'5 millones. En la disputa con la derecha españolista, la ha superado en dos ocasiones (2015 y noviembre de 2019), en otras dos lo ha hecho la derecha (2016 y 2023) y en una se ha dado un empate (abril de 2019).

Por otro lado, el conjunto de los grupos de izquierda, sean los del ámbito estatal o lo sean nacionalistas, ha superado en todas las elecciones al bloque de la derecha españolista, con máximos en 2015 (1'6 millones más) y abril de 2019 (1'4 más),  el mínimo en 2016 (0'3 más) y una situación intermedia en noviembre de 2019 (0'7 más ) y 2023 (0'7 más). 

Si nos atenemos a los votos de los bloques agrupados en izquierda y en derecha,  los de la  primera han superado a los de la segunda en tres ocasiones (2015 y las dos elecciones de 2019), mientras que la derecha lo ha hecho en las otras dos (2016 y 2023). Pero la realidad es que la derecha españolista le ha sacado poco, si no nulo, rédito. Rotos los lazos con los grupos catalanes conservadores, el gobierno de Mariano Rajoy tan sólo consiguió del PNV su apoyo en 2018 de los presupuestos generales para el año siguiente.

Cuadro 3
% de votos por bloques políticos

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

PSOE/iz. fed.

46,5

43,8

44

43,5

44

Izq. nac.

3,25

3,6

5,25

6,3

4,3

Dcha. esp.

43,5

46,5

43

43

45,7

Dcha. nac.

2

3,5

3,5

4,25

3,2


Cuadro 4
% de votos por bloques izquierda/derecha

 

2015

2016

2019(a)

2019(n)

2023

PSOE/iz. fed.

46,5

43,8

44

43,5

44

Total izq.

49,75

47,4

49,25

49,9

48,3

Dcha. esp.

43,5

46,5

43

43

45,7



Llegada a la actual situación, los resultados del 23-J han puesto de manifiesto que la derecha españolista, aun manteniéndose en unos apoyos que rondan los 11 millones de votos -que representan, con oscilaciones, alrededor del 45% de votantes-, siguen estando lejos de encontrar otros apoyos. Con los grupos nacionalistas de derecha chocan en cuanto al respeto por la diversidad territorial, con un ala derecha, ahora representada por Vox, que pretende una uniformización acelerada de España. 

Es verdad que la derecha españolista sigue siendo fuerte, pues ha aumentado algo en número de votos y ha corregido en parte el fraccionamiento sufrido entre 2016 y 2019, después que Ciudadanos se haya diluido hasta su desaparición. Pero también es verdad que se encuentra aislada, derivado de un proceso de radicalización en todos los órdenes (territorial, social, cívico...) y de la existencia de un ala extrema que está obligando al PP a competir con ella.    

Los grupos de izquierda, por su parte, además de haber frenado las expectativas de la derecha españolista, también siguen manteniendo un nivel de apoyos electorales que, pese a haber bajado algo, siguen siendo superiores. Si en  noviembre de 2019 fueron superiores en casi 7 puntos, en la actualidad lo son de 2,5. 

Pese a la gran diversidad de grupos, tienen bastantes puntos en común en valores como la redistribución de la riqueza, la solidaridad, la equidad de géneros, la lucha contra el cambio climático, la tolerancia cívica, etc. Difieren en otros aspectos, como la política exterior, el tratamiento del orden público o la forma de establecer la convivencia interterritorial. Pero la experiencia del gobierno de coalición desde 2020 ha demostrado que es posible seguir caminando en esa dirección. Pese a que se ha visto sacudida por problemas externos (pandemia, guerra de Ucrania...), por tensiones entre sus componentes y por tensiones discrepancias con los grupos que lo han sostenido.

Como en tantas otras ocasiones, se necesita inteligencia, generosidad, altura de miras y atrevimiento. De lo contrario, esa otra parte que representa alrededor del 45% de los votos y está al acecho acabará ocupando el lugar. Sí, la España negra que, en su afán de sentirse única, califica a la otra de anti-España y, cuando puede hacerlo, la masacra. 


(Publicado en Rebelión el día 4-08-2023 con el título "Elecciones del 23-J: cómo han evolucionado los bloques políticos desde 2015"; https://rebelion.org/elecciones-del-23-j-como-han-evolucionado-los-bloques-politicos-desde-2015/).

martes, 25 de julio de 2023

Las elecciones del 23-J: 1) una primera mirada a los resultados


Los resultados de las elecciones del domingo pasado están dando lugar a numerosos comentarios y permiten, a la vez, muchas lecturas. Se reconoce que el bloque de la derecha política españolista (esto es, PP y Vox) han estado por debajo de las previsiones, no logrando por ello el acceso al Gobierno, mientras que el bloque de los grupos que han formado el Gobierno actual (PSOE y Unidas Podemos, con el aderezo electoral de Sumar) han resistido el embate y están a las puertas de poder reeditarlo. Diferentes son las perspectivas que se vislumbran de cara a los próximos meses. 

Lo que se dice en los medios de comunicación

Desde los medios de comunicación de la derecha se está hablando más de una repetición electoral, teniendo en cuenta que el bloque PSOE+Sumar no dispondría de los apoyos parlamentarios suficientes para la investidura de Pedro Sánchez. ¿Por qué? Porque, aun contando con el apoyo de los grupos nacionalistas de izquierda (ERC, EH-Bildu y BNG) o de algunos de los nacionalistas de derecha (PNV y CC), está el caso de Junts per Catalunya. 

En los medios progresistas se coincide, por ahora, en la posibilidad de que se reedite el Gobierno progresista. Sería lo lógico, se dice, como una forma de consolidar los avances de la legislatura anterior, aun cuando existan limitaciones con un Senado controlado por la derecha y en especial el PP. Diferente es lo que ocurra cuando el PSOE se pronuncie más claramente sobre lo que va a hacer, lo que conllevaría que algunos de esos medios (El País, cadena SER, El Plural, La Sexta...) tenderían a justificar una decisión diferente de la apreciación general que existe ahora. 

En todo esto hay un hecho que resulta primordial y que se está valorando de distintas maneras: el papel a jugar por JC. Algo que, hay que decirlo, resulta paradójico, pues la gobernabilidad del Estado depende en gran medida del grupo que ahora mantiene la mayor confrontación con el Estado. Desde los medios de derecha se está advirtiendo, todavía con poca fuerza, que ceder en eso sería como claudicar. Desde los medios progresistas no se ve eso como algo catastrófico, aunque haya matices. 

Lo que se dice en los grupos políticos

En cuanto a los propios grupos políticos, en el PP se nota desconcierto. Hay silencio. Mucho. Siguen digiriendo lo ocurrido y pensando en lo que hay que hacer de cara al futuro inmediato, porque el tiempo vuela. De momento se ha dado un aviso: los gritos de "¡Ayuso, Ayuso!" frente a la sede de la calle de Génova durante la noche electoral, mientras Feijóo intentaba salir del paso explicando los resultados obtenidos. 

En el caso del PSOE han optado por esperar. Prefieren ver la reacción del PP. Y lo que en su propio partido se respira internamente. No tanto en los órganos federales de gobierno, que los tiene controlados el sector de Sánchez, como en otros ámbitos. No lo olvidemos, pues en su seno hay importantes diferencias: están los barones que miran sólo para su terruño (en Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón...); también, los felipistas y guerristas recalcitrantes; y, cómo no, quienes han pedido el voto para el PP (Leguina, Corcuera, Redondo Terreros, Molina...). En fin, en el PSOE toca esperar, pese a que Sánchez ha sido el gran triunfador de las elecciones.

Desde Sumar, a través de su portavoz, Ernest Urtasun, se han manifestado con claridad a favor de la reedición del gobierno  de coalición, así como de llegar a acuerdos con los grupos que, de distintas formas, han sostenido el Gobierno actual. Esta misma mañana Yolanda Díaz ha sido rotunda: "tendremos Gobierno". Varios grupos que integran Sumar ya se han pronunciado en esa línea, entre ellos IU, que urge para que se forme el gobierno de coalición. Y todo eso sin entrar, por ahora, en las declaraciones hechas por miembros de las alturas de Podemos, que están dejando caer que consideran un fracaso los resultados de Sumar. ¡Ay!

En EH-Bildu también se ha manifestado sin rodeos que no quieren un gobierno de las derechas y que apoyarán uno progresista. El PNV, por su parte, ha rechazado pactar con el PP. Y eso se entiende: EH-Bildu ha igualado al PNV en votos y escaños en el País Vasco, a la vez que sigue superándolo en Navarra; a su vez, EH-Bildu ha igualado en escaños al PSOE (PSE y PSN, respectivamenteen las dos comunidades, desplazando, así, al PNV como primera fuerza del nacionalismo vasco. 

El panorama es distinto entre los grupos nacionalistas catalanes. De entrada, todos -y, por tanto, en el conjunto- han perdido votos en relación a 2019: un total de 700.000, si bien en mayor medida lo ha hecho ERC (9'6 puntos). A ello hay que unir que JC ha superado a ERC (en 70.000 votos y 2 puntos) y que la CUP no ha conseguido representación parlamentaria en el Congreso. Esa bajada puede explicarse por la inhibición de una parte de ese electorado, pero lo cierto es que su capacidad de influencia ha disminuido. En mayor medida, por parte de ERC, si bien está por ver lo que haga JC sobre la investidura de Pedro Sánchez. Y en ese contexto se encuentra el duelo de cara a las elecciones catalanas del próximo año, donde se hará valer el grado de fidelidad de dichos grupos en relación al procès pasado, así como el grado de afección o desafección de la población. 

Las diferencias territoriales

Cuando se mira el mapa territorial puede percibirse una situación dual. ¿Dos Españas? Veamos. 

Están las comunidades en las que el bloque de la izquierda (PSOE, Sumar y nacionalistas de izquierda) ha superado al de la derecha españolista (PP y Vox): Cataluña (62'9% vs. 21'1%); País Vasco (60'4 vs. 14'1; Navarra (57'8 vs. 37'5); Canarias (48'5 vs. 38), Galicia (50'2 vs. 49'3); Asturias (49'3 vs. 48'1). En el caso del País Vasco se sube al 84'1% si añadimos al PNV; y en Navarra, con GBai/PNV, al 60'7%. Llama la atención, en el caso gallego, que en Pontevedra el peso de los grupos de izquierda (PSG, Sumar y BNG) se eleva hasta el 54'2%, superando en diez puntos al de la derecha.

Ha habido dos comunidades donde el bloque de la derecha ha dado un vuelco, imponiéndose de nuevo sobre el de la izquierda: Baleares (46'7% vs. 50'7%); y País Valenciano (47'3 vs. 50'6).  

En el resto de comunidades y las dos ciudades autónomas la superioridad de los grupos de derecha sobre los de izquierda ha sido claramente manifiesta: Andalucía (+6'3 puntos), Aragón (+6'7), Cantabria (+25'6), Castilla-La Mancha (+15'3), Castilla y León (+15'8), Ceuta (+25'6), Extremadura (+5'6), La Rioja (+13'1), Melilla (+32'1) y Murcia (+28'3). 

Una mirada breve a Andalucía

Si en las comunidades del norte es donde se mantiene la hegemonía del bloque de la izquierda durante los últimos años, Andalucía se ha convertido en la principal pieza ganada por el bloque de la derecha. De ser uno de los feudos del PSOE, ha pasado prácticamente de golpe a serlo de la derecha y desde el año pasado, del PP. Esto último se  vio en las elecciones andaluzas de junio del 2022, en las que, además de seguir arrebatando votos al PSOE, lo hizo también a Vox, además de absorber los de Ciudadanos. 

Aunque en relación a las generales de noviembre de 2019 la diferencia entre los bloques ha aumentado en 3'7 puntos, no ha ocurrido lo mismo si ponemos como referente lo ocurrido en las elecciones andaluzas de 2022. En esta ocasión  la derecha sumó el 60% de los votos (sólo el PP, el 43'1%), casi 24 puntos por encima de la izquierda (24'1%, el PSOE; 7'7%, Por Andalucía; y 4'6%, Adelante Andalucía). La diferencia, pues, se ha reducido sustancialmente. 

Por provincias el bloque de la derecha ha ganado en siete: Almería (+26'8 puntos), Cádiz (+2'5), Córdoba (+5'9), Granada (+8'6), Huelva (+4'7), Jaén (+10'8) y Málaga (+12'3). La excepción ha estado en Sevilla, donde el bloque de la izquierda ha superado en 4'1 puntos al de la derecha.