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miércoles, 29 de julio de 2026

¿Recuerdas, hermano?

 

A mi querido hermano Jorge, in memoriam

El piano.
Muchos fueron los años que formó parte del paisaje de la casa.
Cuando las dulces manos de mi hermano acariciaban sus teclas,
el sonido que desprendía inundaba la atmósfera circundante
y nos hacía vibrar al escucharlo.
No en todas las casas se podía tener ese lujo.
Porque lo era escuchar los compases rutinarios
y, por supuesto, degustar las bellas melodías
de Beethoven, Mozart, Chopin, Schubert, Mendelson…
y tantos otros maestros de la música.
Con el tiempo aumentó la dificultad,
y con ella ganaron terreno la experiencia y el virtuosismo.
Después fueron apareciendo otras melodías,
que ya eran frutos de su propia inspiración.
Y surgieron, así, sus acuarelas.
¿Recuerdas, hermano?

miércoles, 8 de abril de 2026

Un paseo por el pinar en busca de un amigo

 

Salí ayer a pasear por la mañana con una clara intención: en busca de uno de esos "amigos que se van, / pero se quedan".

Lo hice deprisa, porque me amenazaba la lluvia. Cayó liviana, pero no como la del día en que nos congregamos para cumplir tu deseo.


Y así llegué a ese "lugar que elegiste, en nuestro entorno natural, entre los pinares, el viento y la mirada infinita hacia nuestra bahía". 

Y ahí sigues, "en el pinar de tus palabras...".

En ese lugar donde puedes oír en cada momento "el susurro del viento / que sopla entre las ramas".

jueves, 20 de noviembre de 2025

Fue a finales de septiembre de 1975


A Jose, que lo pagó con la cárcel.
A papa y mamá, que lo sufrieron.
A Conchi y Juan Miguel, que tan bien se portaron.

Dormíamos.
Oí la voz de mi hermana que exclamaba:
"¡Está aquí la policía!".
Y sentí cómo mi hermano se alzaba desde su cama,
impulsado por la sorpresa y el miedo.
Surgió el tono grave de un policía:
"¡Venga, vístete rápido!".
Agazapado en la cama,
me esforcé para esconder mi miedo.
Y vino el después.
Con papá y con mamá,
buscando reponerse del golpe recibido,
y ese intento por calmar los nervios,
por aclarar cosas…
Nos desprendimos de papeles,
que se consumieron por el fuego
o se filtraron por las desagües.
Y ocultamos otros,
camuflados entre los libros de Medicina
-¿lo recuerdas, hermano?-.
No puedo olvidar lo que ocurrió.
Y como siempre, gracias, hermana.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Velas por Palestina y contra el genocidio en Zahara de los Atunes

 

Una noche más 
las velas han hecho presencia en la calle. 
Esta vez, en Zahara de los Atunes. 
No se ha asomado la Luna, 
sí el viento de levante.
Han estado presentes los corazones,
las banderas -esas que quieren prohibir-,
las palabras, 
los aplausos
y el silencio.
Y se han quedado los carteles,
pegados en la pared,
como grabados que quieren perdurar.
Mientras lo hagan,
serán un grito contra el dolor.  

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Si esto es un niño...


Ustedes que viven seguros
en sus cálidos hogares,
ustedes que al volver a casa
encuentran la comida caliente
y rostros amigos,
pregúntense...
(Primo Levi, "Si esto es un hombre", 1947)

Así alzó su voz ante el mundo el escritor judío, 
horrorizado por lo que habían visto sus ojos. 
Despojos de seres humanos,
secuelas de la maldad más extrema 
salvajemente pensada por unos cerebros sin corazón 
ejecutada por unas manos sin alma.
A ninguno le tembló el pulso
cuando los reducían, sin apenas vida,  
a esos amasijos de carne que dejaba ver sus huesos,
cuando los llevaban al matadero hasta asfixiarlos
o cuando los enterraban amontonados para hacerlos desaparecer.
A ninguno de esos malvados se le retorció el alma, 
porque hicieron de su raza -proclamaban- la razón de su existencia...

Ahora contemplo la fotografía de una madre con su hijo.
El mismo cuerpo que los cuerpos que vimos décadas atrás.
El suyo, como tantos otros, consumido por el hambre.
El de tanta más gente, de todas las edades,
reventados por las bombas, por las balas o por el fuego.

Antaño lo hicieron por la raza.
Ahora, a ese niño y decenas de miles más de su pueblo, 
lo hacen -lo proclaman- quienes se sienten elegidos,
sea en nombre de su Dios o lo sea por la razón que les viene en gana.

Si esto es un hombre..., preguntó, horrorizado, el escritor judío.
¿Y el niño de la fotografía? 
Eso mismo pregunto al mundo.

miércoles, 23 de abril de 2025

Los libros


Siempre he vivido rodeado de libros.

Formaron parte de mi paisaje diario,

situados entre las estanterías del despacho familiar.

Libros del pasado y del momento,

que iban y venían,

y que poco a poco íbamos leyendo.

Sigo viviendo entre libros.

Son como árboles de papel 

que están llenos de vida,

ricos en contenido y en matices.

Siento gusto por ese paisaje,

me deleito en su contemplación 

y, a la vez, en la lectura.

Lo heredé -lo heredamos- de mi padre.

Bonita herencia.

Cultura pura.

 

(2010/2025)

jueves, 13 de febrero de 2025

Dos poemas sobre la luz


Leo de vez cuando los poemas que, en libros o en mensajes sueltos, me va ofreciendo José Gilabert Ramos. Ayer me llegó otro, "La luz del calendario", que ha sido publicado en su poemario Geografía de la Fragilidad (Granada, Támesis, 2024). Iba acompañado de una fotografía, tomada en la playa del Palmar de Vejer por José Manuel Ramos Pérez. El poema es un canto a la vida, alienta la esperanza de aferrarse a ella, aun cuando la muerte nos aceche.

Después de leerlo me vino a la mente una idea, que respondía a dos recuerdos: uno, de décadas atrás, sobre el triste aniversario de un episodio ocurrido entre Málaga y Almería en medio de la guerra; el otro, reciente, de  mi paso hace unas semanas por las playas de Benajarafe, que fueron testigo de esa barbarie.

Dejo para su lectura el poema de José Gilabert Ramos y otro mío, "La luz que no olvida", que me fue saliendo entre los recuerdos y mientras miraba una de mis fotografías. 


La luz del calendario

Lo que da luz debe soportar la quema.
Viktor Frankl.

Esta luz compasiva y amigable
empeñada en borrarnos los contornos
del paso inexorable de las horas.

Vivir es mantenerse cada día
vibrando con la voz del universo,
sosteniendo la débil construcción
de la precariedad de la existencia.

Andamos aferrados a la tierra,
deseosos de abarcar el infinito
y todo se nos muestra quebradizo,
efímero, fugaz, inalcanzable.

Pero queda la luz del calendario
iluminando el tiempo de la espera
y las horas ganadas a la muerte.


La luz que no olvida

Caballitos de los montes
no bajéis a la playa.
F. Montoya Fernández (1937).

Miré hacia la lejanía
y me acerqué a ese tiempo, ya pasado, 
del crimen y de la infamia.
Me vinieron imágenes de gentes que por miles huían, 
formando durante días un reguero inacabable
que caminaba hacia la vida para evitar la muerte.
Sentí la tristeza, el dolor y el miedo 
que tuvieron que cargar sobre sus espaldas.
Y recordé unos versos,
esos que alertaban a los caballitos de los montes
para que no bajaran a la playa.
Estaba acabando el día
y contemplé el sol que poco a poco se perdía en el horizonte.  
En ese momento no quería que su luz se apagara,
para que nada quedara en el olvido.

miércoles, 2 de octubre de 2024

De tú a tú, con la llegada del otoño


Hace unos días me envió Pepe Gilabert Ramos su poema “Aceptar el otoño”, que puede leerse en su cuaderno
Luz en la materia:

Cuando atardece de pronto
y las luces se duermen en las ramas
hay que buscar a ciegas
las lindes del camino.

Cuando hay que volverse
aceptando el otoño
hay que hacerse paisaje
con las hojas caducas
que juegan en el aire
antes de besar el suelo.

Toda la luz entonces,
toda la claridad posible,
toda la esperanza
es un débil candil
en la conciencia.

Hace tres años publiqué la entrada "18 poemas  en el equinoccio de otoño", ilustrada con fotografías que tomé desde la playa de la Barrosa de Chiclana en el momento en que el verano astronómico daba paso al otoño. Para quien quiera, abro la puerta para la lectura de esos versos, con la esperanza de que hacerlo será un verdadero deleite.

Ahora voy a devolverle a Pepe su regalo con el fragmento de algo que escribí bastantes años atrás en Salamanca. Esa ciudad, de ese otro lugar, donde la delimitación de las estaciones es más clara que donde vivo. Y, además, cuando los signos del cambio climático apenas se dejaban ver. He aquí lo que escribí en 1982:

Es otoño. Hace días que llovió. Bastante, incluso. Ahora estamos en tiempo de sol, tiempo seco, tiempo agradable. Es otoño, cuando mueren la hojas, que caen irremediablemente al suelo, muertas, inertes, amarillas. Se las ve caer todos los días. Y lo hacen de día y de noche. El viento, cuando bate, las lleva de un lado a otro. Verde sólo están la hierba y los arbustos. Los árboles y el suelo que los rodea se han tornado en tonalidades de color amarillento. El sol de la tarde da al ambiente una sensación de agradabilidad, e incluso de conformidad, después del verano que se va alejando y a la espera de lo que vendrá. Resignación natural. Esto, que algunos lo llaman amablemente, benignamente, "veranillo", es una especie de último aviso para quienes aún no se hacen a la idea de que el tiempo de calor ya pasó y que se inicia en poco su antítesis. El otoño es para muchos un símbolo de vejez, de lo caduco, de lo que se va, de lo que muere. En realidad no es otra cosa que estamos ante un nuevo tiempo. 

lunes, 15 de abril de 2024

Un poema en el Día Internacional del Arte


El capitel y la guitarra

Os miro desde la distancia del tiempo,
pero no soy capaz de encontrar el momento.
¡Han pasado tantos años desde que os retraté!
Contemplo vuestras formas,
los colores que os cubren,
la luz que llena el espacio donde estáis.
Sí, sois el arte, la belleza...
¿y también un deseo de felicidad?
Indago en la memoria,
me retuerzo en los recuerdos,
pero ahí me quedo.
El motivo se desvanece.
¿Acaso todo fue una ilusión? 

jueves, 21 de marzo de 2024

"La poesía, la música y el amor" (de hermano a hermano)


Cuando ese verano recibí la pintura,
no fui capaz de recordar el año en que la hice.
¿Fue el 77, el 79…? –me preguntaba.
Y pensando se me encendieron los recuerdos.
Los de esos dulces años de juventud
-que mi hermano hizo volar en su acuarela de notas-,
cuando la poesía y la música iban de la mano.
La poesía, impresa sobre el papel.
La música, en forma de guitarra,
como una mujer tumbada, 
quizás desnuda,
a modo de una Venus que muestra su belleza.
Las dos, mirándose.
Y contemplándolas, una margarita y un clavel,
dos flores salidas de la naturaleza,
prestas a testificar ese momento.
La poesía y la música.
El papel y la guitarra.
La palabra escrita y la melodía.
Una representación del amor.
 
Post scriptum
 
Y entre sus entrañas
-fiel palimpsesto del último mes de 1985-
descubrí el motivo:
"un nuevo lenguaje, otra forma de hacer";
y la intención, que quería ser un agradecimiento:
"la generosidad e ilusión con que acoges mis colores".
¡Qué tiempos aquellos, hermano! 
 
(2023/2024)

miércoles, 14 de febrero de 2024

Afrodita iluminada


A Jorge, mi hermano

Fuiste concebida cuasi desnuda,
pero tu cuerpo desprende una sensualidad contenida.
Naciste con el nombre de Afrodita,
para tornar después a la Venus luminosa,
presente durante las noches al alba.
Te han representado siempre como la más bella
y por eso tu embrujo seduce a quien se acerca.
De ti se han inventado mil historias
-de celos, de desencuentros, de peleas…-
y hasta han llevado tu morada a la boca de un volcán.
Tu figura, pintada o esculpida,
se la han disputado, hasta sublimarla, los mejores artistas.
Muchos han mostrado tu desnudez con recato
y tantos otros lo han hecho en toda su plenitud.
Hay quien se acordó de tu nacimiento
y te retrató llegando del mar sobre una concha,
empujada por Céfiro y recibida por la Primavera.  
Está ese genio que -pudoroso, acaso temeroso o virtuoso-,
jugó con el mito y la realidad,
situándote vuelta de espaldas,
pero sin olvidarse de tu cara,
que, aun difusa, quedó reflejada en un espejo.  
Se dice también que eres la que, desde una ventana,
apareces en medio de un bombardeo,
portando una vela con tu mano derecha 
y alertando sobre la destrucción de la vida.
En cierta ocasión te hicimos posar para retratarte
y te situamos sobre una silla.
No sé qué fue de lo que hicieron los otros
-¿lo recuerdas, hermano?-,
tan sólo lo que mis ojos vieron.
Dejé de lado ese tinte de bronce simulado que tenías
para iluminarte con trazos encendidos.
Y ahora puedo contemplar el contorno de tu silueta
y los colores que te recubren. 

jueves, 24 de agosto de 2023

Oda a una guitarra


Llegaste un día de la mano de dos hermanos.
Luego te llevaron durante un tiempo a otra parte,
pero regresaste para quedarte.
Y encajaste a la perfección en el paisaje de la casa y sus iconos.
Los había religiosos,
otros nos recordaban a los miembros de la familia
y no faltaban los musicales.
El almirez de bronce que asomaba su sonido en las navidades,
el piano majestuoso que invadía de notas todos los espacios,
tú misma, con la sonoridad tras el rasgueo de tus cuerdas,
y hasta esa flauta dulce que se convirtió en tu fiel compañera.
Soportaste con paciencia mis primeras envestidas
y me acompañaste en ese rabioso “Mundo cruel” adolescente.
Y así, poco a poco, fueron llegando las canciones,
propias y ajenas,
en solitario y en compañía,
en casa, fuera de ella y hasta en la calle.
Ahora, según escribo estos versos, te miro en una fotografía.
Ahí, en medio del paisaje de libros, te veo entre mis manos.
Y es que mi hermana quiso que allí estuviéramos.
Algunas veces, pocas, me atreví a retratarte.
En esta ocasión te situé sobre un viejo sillón,
de los dos que conservaba mi madre de sus ancestros.
Te llené de luz y te adorné de colores.
Quise realzar esa fuerza que desprendías
en los momentos que acompañabas a mi voz.
Una forma de reflejar alegría y esperanza.

domingo, 11 de junio de 2023

Con mi gente...


... me quedo con mi gente,
con quienes hombro con hombro miran de frente,
pelean y se ilusionan.

viernes, 21 de abril de 2023

Fue un 20 de abril (lo de Julián Grimau)


(Un recuerdo de mayo de 1963: 
mi hermano y yo, mandil en mano, toreando,
y mi madre, con la voz entrecortada, 
anunciándonos la muerte del Papa Bueno).

Supe del crimen a través de un poema
y, en tantas veces que lo leí,
me reía de ese general con “la letra muy bonita”.  
Supe del crimen a través de una canción
y fueron muchas las veces que la cantamos,
llevando "la pena dentro del cuerpo".
A Julián se lo llevaron,
lo torturaron,
lo asesinaron,
mientras el silencio sonaba con amargura.
Han pasado 60 años, pero sigue aquí,
en el recuerdo,
en nuestra memoria,
con su gente.
Y seguirá estando.

viernes, 7 de abril de 2023

Aquel soplido mortal


A José y sus compañeros de infortunio

Llevamos días de levante.
Ese viento que tanto exaspera.
Han pasado los años –quince, camino de uno más-
desde aquel soplido mortal
que se llevó para siempre a ocho marineros.
Tres quedaron en las profundidades del mar
para pasto de sus habitantes
y, por ello, para horror infinito de sus familiares.

Yo conozco a uno de los supervivientes.
Supe que se libró de la  muerte desde el primer momento
y, como un azar del destino,
me topé con él, muy de mañana,
cuando -como si casi nada hubiera pasado-
se acercaba a visitar al médico.
Me fijé en su rostro,
que me pareció pálido,
y hasta sentí el contacto de sus manos,
que las tenía frías.
Y, pese a todo, mantenía el semblante sereno.

Hablamos.
Y me contó de su combate feroz a vida o muerte.
Y de su intento por salvar a un compañero,
de su impotencia -agarrado a sus manos-
cuando flaqueó por agotamiento.
Y de su afán por no rendirse
cuando se sumergió en el agua
hasta encontrar la luz del sol…

Han pasado los años –quince, camino de uno más-
y todavía me acuerdo de aquel soplido mortal,
del  horror sufrido por los que perecieron,
de la frialdad de la mano del superviviente
y de su semblante sereno.
Y me rindo ante la robustez
de quienes se juegan la vida
mirando de cara a la muerte.

Los restos de un cadáver marino


Yacían, tendidos, sobre la arena de la playa,
escoltados entre rocas y las huellas de algún perro.
No pertenecieron a un barco,
acostumbrado a forcejear con el poderoso mar.
Eran los de una humilde boya que instalaron en la cercanía.
Aún permanecen atados al metal incrustado en el hormigón
y en su extremo se adivina su pelaje,
que nos recuerda la cola de un habitante de las profundidades.
Quién sabe si los arrancaron del cordaje que se alejaba mar adentro,
si los abandonaron en el silencio de una noche
y si los olvidaron, para siempre, en el paso de los días.
Parecen zaheridos por la inclemente sal marina.
Se han convertido en los restos de un cadáver marino.

domingo, 26 de marzo de 2023

Colores y líneas


El mundo era una línea
en la mano de un niño. O en su puño apretado,
una centella de color. O el pie oprimía 
primera claridad pisando espumas.
La mar, la mar antigua… ¡Y más que historia!
(Vicente Aleixandre)

Fue en un día -ya lejano-,
cuando me iniciaba en sembrar futuros.
Surgió como un relámpago
que se encendió en forma de colores.
Sin pincel, 
con lápices de cera.
Líneas negras que delimitan espacios.
Tonalidades que emergen desde la pureza.
Y retazos de papel que, desde el fondo,
las resaltan con su negrura.
No hay un puño que golpea,
es sólo que advierte con su fuerza
que algo puede venir.
Hay miradas que se encuentran,
pero también anhelan.
Están las palomas, 
con sus ramas de olivo
y anunciando un deseo: 
lo que tenga que ocurrir,
que lo sea como un abanico de lluvia
dispuesto a regarlo todo.
Es, en fin, una llamada de amor,
de un amor compartido
y con vocación de proyectarse
en la busca de otros horizontes.

viernes, 22 de abril de 2022

lunes, 28 de marzo de 2022

Miguel Hernández, 80 años después de su muerte en la prisión de Alicante


    Miguel Hernández se llama
    quien escribió con bravura
    versos de gran pureza
    que hacen temblar la escritura.

    Terca muerte que le alcanzó
    en la cárcel tan odiada.
    Inmortal voz infinita
    que jamás fue amurallada
 
    Miguel, de los toros y lunas, 
    del amor, del sufrimiento..., 
    los jóvenes de hoy te admiran, 
    también los niños y viejos.

      (1975/1976)

viernes, 31 de diciembre de 2021

El último atardecer del año


Ha sido el último atardecer del año.
Esplendoroso, 
con ese sol que, cuando está a punto de fenecer,
se recrea formando un lienzo iluminado
de tonalidades rojizas, anaranjadas y amarillentas,
matizadas por unos tenues estratos blanquecinos.
Es lo que he contemplado, 
como en tantas ocasiones del mismo día,
desde esa atalaya privilegiada 
que es el balcón de la casa que me vio crecer.
Lástima que no haya podido presenciarlo,
como cada año,
esa hermana nuestra tan querida 
que nos dejó cuando se asomaba la primavera.