lunes, 16 de marzo de 2026

“Dos momentos para la segregación de Barbate”



El pasado 11 de marzo impartí en la Biblioteca Municipal una conferencia con motivo del 88º aniversario de la independencia de Barbate. Su título, “Dos momentos para la segregación de Barbate”. No es la primera vez que he sido invitado por el Ayuntamiento a participar en el evento. En 2013 presenté la ponencia “La escuela de Barbate durante la etapa franquista” y en 2022 hice lo propio con la conferencia “Barbate, entre el horizonte y la realidad de la segregación”. Ahora voy a exponer las líneas generales de lo que fue mi intervención.

El título guarda relación con las dos etapas que hubo en la localidad de Barbate dentro del proceso hacia la independencia. La primera, en los años 20, que coincidió con la publicación de los periódicos locales Heraldo de Barbate (1925-1927) y La Independencia de Barbate (1930-1931), y la constitución en abril de 1930 de la primera Comisión Pro-Independencia. Y la segunda, una vez iniciada la Guerra Española, con la constitución en abril de 1937 de la segunda Comisión Pro-Independencia, que enero de 1938 pasó a ser la Comisión Negociadora, culminando el 11 de marzo cuando el pleno del Ayuntamiento de Vejer de la Frontera aprobó la separación de las localidades de Barbate y Zahara de los Atunes.





1. Los años 20: un contexto económico favorable

Durante los años 20 Barbate estuvo inmerso en un importante crecimiento económico y demográfico. Acogía la primera flota en volumen de capturas de la costa suratlántica española. Las actividades principales eran la pesca de cerco y de almadraba, cuyos trabajadores pasaron de más de un millar en 1920 al doble en 1925. No menos importante eran las industrias de conservas y de salazones, que al final de la década ocupaban a casi un millar de personas, en su mayoría mujeres, de las cuales algo más de la mitad lo hacía en el Consorcio Nacional Almadrabero. El transporte de pescado, fresco o manufacturado, ocupaba a 700 personas y también cobraban importancia las actividades auxiliares, como los varaderos, los efectos navales o el suministro de cebos.

Ese empuje económico conllevó un fuerte crecimiento demográfico, de manera que la población pasó de 3.500 habitantes en 1923, más otros 600 de Zahara de los Atunes, a casi el doble al final de la década. A ese crecimiento no fue ajena la atracción de mano de obra procedente de diversos lugares: el término de Vejer de la Frontera y municipios próximos, como Conil de la Frontera; las provincias andaluzas de Huelva, Málaga y Almería; y hasta del Algarve portugués.

La barriada de El Zapal fue testigo de la secuela más negativa de ese proceso migratorio. Se había ido formando a base de chozas muy humildes, donde sus habitantes sufrían el hacinamiento y la falta de servicios básicos, a lo que se unía la precariedad laboral.

El impulso del proceso segregador surgió entre la burguesía local y los sectores sociales intermedios, estos últimos con personas vinculadas a la pequeña propiedad, funcionariado municipal o empleados administrativos de las empresas. Eran conscientes que existía una gran diferencia existente entre los recursos económicos que se generaban en la localidad y el abandono que sufrían por parte de las autoridades municipales vejeriegas, con graves deficiencias en infraestructuras, tanto económicas como públicas.

La procedencia geográfica del empresariado era diversa. De origen autóctono eran las familias Crespo (Vejer de la Frontera), Agustín Malia Corrales o Alonso Malia Alvarado. Serafín Romeu Fages, la familia Llorca Prieto, Francisco Pérez Llorca o Demófilo Vitorique Merino procedían del levante mediterráneo. Por otro lado, Manuel Gallardo Montesino había llegado de Chiclana de la Frontera; Aniceto Ramírez Rey, de Zafra (Badajoz); o Ramón Corrales Sánchez, de Daimiel (Ciudad Real)…

El caso de Serafín Romeu Fages resulta muy llamativo, dada su pertenencia a la oligarquía española. Era hijo de Serafín Romeu Portas, que obtuvo en 1880 la concesión de la almadraba de Barbate y posteriormente también la de Zahara de los Atunes. Propietario de almadrabas y fábricas de pescado en las provincias de Huelva y Cádiz, fue diputado del Partido Liberal por Daimiel (Ciudad Real) entre 1914 y 1918, y por Medina Sidonia entre 1918 y 1923. En 1922 le fue concedido el título de Conde de Barbate y dos años después fue nombrado Consejero del Banco de España. Presidente de la Federación de Armadores de Barcos de Pesca en (1925), estuvo desde 1928 entre los principales socios del Consorcio Nacional Almadrabero. No le faltó su presencia en la prensa estatal, convirtiéndose en 1931 en uno de los accionistas principales de El Sol y La Voz. Ante la desidia que mostraron las autoridades municipales vejeriegas, fue donante de obras como la conducción de agua, la construcción de la sede del Pósito Pecador, el cementerio o sendas escuelas en Barbate y Zahara de los Atunes.






2. Los primeros pasos hacia la segregación: dos periódicos locales

El movimiento tuvo la complicidad del Pósito Pescador, que estuvo presido en esos años José Sánchez Ponce “Sanchecito”. Los pósitos, formados bajo el impulso de Alfredo Saralegui, eran una institución interclasista donde convivían, entre acuerdos y tensiones, armadores y marineros, que se incardinaron con el proyecto corporativista que pretendía la Dictadura primorriverista. José Sánchez Ponce contó con el apoyo relevante de José Miranda de Sardi, chipionero de origen que llegó a Barbate en 1923, y trabajó como, entre otras cosas, como periodista, y en el Pósito, como maestro y secretario.

En abril de 1930 se formó la primera Comisión Pro-Independencia, cuyos cargos principales fueron copados por representantes de la burguesía local: Aniceto Ramírez Rey, como presidente; Juan Crespo Manzanares, como vicepresidente; y Agustín Malia Corrales, como secretario. Los otros dos puestos fueron ocupados por los comerciantes Francisco Serván Varo, en el cargo de tesorero, y Diego Soler García, en el de vicesecretario.

Los periódicos Heraldo de Barbate (de agosto de 1925 a junio de 1927) y La Independencia de Barbate (de abril de 1930 a febrero de 1927) se convirtieron en los portavoces del movimiento, basado en el hecho irreprochable de que las inversiones públicas municipales no se correspondían con los recursos que la actividad económica generaba para el Ayuntamiento. José Miranda de Sardi fue la figura clave, dado que fue su director (no constó como tal en los 4 primeros números del Heraldo). Se financiaban a través de la venta de ejemplares y de anuncios comerciales de empresas y profesionales tanto locales como foráneas.

El Heraldo de Barbate tenía una periodicidad quincenal y en su cabecera se proclamaba como “Órgano del Pósito Pescador y defensor de los intereses locales”. Su administrador era José Sánchez Ponce y mostró una mayor sensibilidad en los asuntos sociales. En el otoño de 1925 sufrió una suspensión administrativa, tras las denuncias de José Manuel Rebollo Verano, Alcalde Pedáneo, y Jaime Mora Figueroa, Alcalde de Vejer. Finalmente, su publicación se reanudó el 5 de enero.

La Independencia de Barbate, por su parte, tuvo una periodicidad semanal y, como su nombre indicaba, estuvo más volcado con el objetivo por el que se formó. Su administrador era el empresario Aniceto Ramírez Rey.

En los dos casos buena parte de los escritos (artículos, poemas, cuentos…) fue obra de José Miranda de Sardi, pero también contó con bastantes colaboraciones de barbateños como José de Quevedo, José Crespo Pacheco, José Guerrero, Agustín Malia Corrales o Agustín Varo Varo, o faltando algunas foráneas, como las del escritor gaditano José María Pemán, el isleño Juan Rodríguez Aragón o el intelectual y político catalán Antonio Fabra Rivas.

Entre los temas tratados se reflejaron también las fricciones existentes entre Serafín Romeu Fages, de un lado, y los armadores locales dedicados preferentemente a la pesca de cerco, por otro, que fueron apoyados por los empresarios locales y los sectores sociales intermedios. Una de dichas diferencias, manifestada entre 1926 y 1927, tuvo relación con la prohibición de la pesca de la sardina durante los meses de trabajo de las almadrabas, ubicadas en las aguas próximas a la costa. Y la otra tuvo que ver con la ubicación del puerto pesquero a construir, dado que mientras el almadrabero defendió la opción de un puerto fluvial, al abrigo del mar, los armadores defendieron la zona de La Albufera.






3. La figura de José Miranda de Sardi

Sobre su relevancia dentro del movimiento independentista hay muchas muestras, pero nos vamos a detener en tres. En el primer número del Heraldo de Barbate, en agosto de 1925, publicó un poema, el primero de la sección “Coplas de la quincena”, donde deja clara su postura:



Cinco años después, en abril de 1930, se publicó en los números 2 y 3 de La Independencia de Barbate el “Informe circunstanciado relativo a la situación actual de Barbate”. El documento exponía razonadamente el objetivo a cumplir, marcando la enorme distancia entre la riqueza que se estaba generando en la localidad a través de la explotación de los recursos del mar, y el estado de abandono en las infraestructuras y los servicios públicos por parte de las autoridades municipales vejeriegas. Ésta es una pequeña muestra:

“Barbate figura como una parroquia o anexo del ayuntamiento de Vejer de la Frontera distante diez kilómetros del primero. Por las respectivas industrias de que viven ambas poblaciones los intereses de las mismas son esencialmente distintos ya que están representados por la pesca e industrias derivadas del mar (dinamismo, movilidad, iniciativa y audacia) en la primera, y por la ganadería y agricultura (sedentarismo y rutina) en la segunda.

Esta disparidad de intereses genera una absoluta incomprensión por parte del ayuntamiento del Vejer agricultor y ganadero respecto a los múltiples y complejos problemas planteados en el Barbate pescador. La incompatibilidad en este aspecto es marcadamente manifiesta según se acusa con singular relieve en la somera descripción que hacemos en otro lugar de este escrito (…). Pero donde con mayor claridad se evidencia la incompatibilidad a que nos venimos refiriendo es en todo lo relativo a las obligadas relaciones que Barbate ha de mantener constantemente con las autoridades de Marina”.

Cuatro meses después, en el último día de agosto, publicó su famoso artículo “Una calle de Vejer”, en el que podían leerse cosas como éstas:

“Cuando se habla de Barbate en el sentido de encomiar sus inagotables fuentes de riquezas y de prejuzgar por su prosperidad presente el alto puesto que indudablemente le está reservado en el porvenir, los enemigos de nuestra aldea, que no pierden ocasión de zaherirla, afirman campanudamente ‘que Barbate no llegará nunca a ninguna parte, porque es simplemente una calle de Vejer’ (…). Barbate no es, ni ha sido nunca, una calle de Vejer. Si lo fuera, a los Sres. Vejeriegos les daría vergüenza de tenerlo relegado a un punible abandono que pide justicia por todas las innumerables bocas de sus calles. Barbate es una viña, o una vaca de leche, propiedad del Ayuntamiento de Vejer”.





4. El paréntesis de los años republicanos

Los cinco años republicanos coincidieron con la paralización del proceso. No están caras las razones, pero quizás guarden relación con las prioridades que surgieron al amparo de las esperanzas que la República albergó en los sectores populares. Fue el momento en que se formaron los primeros sindicatos, con la CNT como el hegemónico, defendiendo las mejoras en las condiciones laborales. Así, durante la primavera de 1936 se convocaron huelgas en las obras de construcción del puerto fluvial y en las almadrabas.

Las alcaldía pedáneas estuvieron los primeros años en manos de miembros del moderado Partido Republicano Radical: José Pinto Malia, entre 1931-1935); y José Villanueva Rebollo, entre 1935-36. Tras la victoria del Frente Popular, en febrero de 1936 accedió al cargo Francisco Tato Anglada, que también fue nombrado concejal en el Ayuntamiento vejeriego. En el caso de Zahara de los Atunes, entre 19365 y 1936 Juan Varo Valdés fue el que ocupó el cargo.

Francisco Tato Anglada empezó a cobrar protagonismo político en 1935. Formuló denuncias por las irregularidades que estaban cometiendo el alcalde pedáneo José Pinto Malia, los médicos Patricio Castro Núñez y Francisco Valencia Recio, el farmacéutico Manuel Guerra Virués, el encargado del matadero Ramón Lara Jiménez, el sepulturero José Enríquez Pedreño y hasta el barbero Juan Varo Valdés, que actuaba como practicante. En su “Informe (…) referente al estado sanitario”, del 2 junio 1935, elevó a las autoridades sanitarias provinciales el estado lamentable de la salud pública de la localidad.

Fue también el impulsor de un nuevo periódico local, El Destello, del que desconocemos los pormenores de su contenido, dado que no se conoce ningún ejemplar.

Durante el periodo de Frente Popular Barbate estuvo presente en el Ayuntamiento a través de 5 concejales: Francisco Tato Anglada Anglada y Gregorio Moreno Conesa, por Izquierda Republicana; Francisco Braza Basallote y José Ferrer, por el PSOE; y Antonio Guerrero Aragón, por el Partido Sindicalista.

Un aspecto llamativo de ese momento fue el decantamiento hacia el fascismo en 1936 de sectores sociales intermedios. En abril estuvieron detenidos durante unos días, junto con otras en Vejer, varios militantes de Falange, después que se hubiera ilegalizado en marzo el partido y en consonancia con lo ocurrido en otros lugares, bajo la acusación de cometer disturbios y, en ocasiones, provocar la muerte de adversarios. Entre ellos estaban los comerciantes Agustín Varo Varo, José Marchán Núñez, José Márquez Rendón, Manuel Márquez Rendón, José Pinto Malia, José Rebollo Verano, Antonio Soler Aragón y José Villanueva Rebollo; y los sanitarios Patricio Castro Núñez y Manuel Guerra Virués.

En julio, tras el asesinato en la localidad de los hermanos Juan y Manuel Caro Marín, militantes de la CNT, a manos de un pistolero falangista, fueron detenidos Agustín Varo Varo, Manuel Márquez Rendón, Francisco Valencia Recio, Patricio Castro Núñez, Manuel Gómez Barrera y José Luis Graña Vera.





5. El golpe militar y la aceleración del proceso hacia la independencia

El golpe militar tuvo dos consecuencias de gran trascendencia: el fin de las movilizaciones que aspiraban a la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares; y la aceleración del proceso de segregación.

Entre julio de 1936 y marzo de 1937 fueron asesinadas personas. Once eran vecinos de la localidad: además de los dos hermanos antes mencionados, estaban Francisco Braza Basallote, Francisco Tato Anglada, Antonio Oliva Ramírez, Juan Porta Crespo, Francisco Domínguez Benítez, Francisco López Ramírez, Francisco Utrera Rivera, José Melero Ladrón de Guevara y José Utrera Rivera. Manuel Abel Romero, por su parte, era el maestro de Zahara de los Atunes. José Miranda de Sardi, que desde 1933 viví en Cádiz, también fue asesinado. Y existen dudas sobre Diego Ligero Ligero, sobre el que no hay constancia de su asesinato, aunque en la familia se defiende que lo hubo. Fueron meses, e incluso años, en el que se vivió un estado de terror generalizado entre quienes habían estado relacionados con los grupos de izquierda, con detenciones y encarcelamientos, sanciones económicas, destituciones…

La primera gestora fascista de Vejer se formó el 27 de julio, teniendo a José Mera Salguero como presidente. A su vez, fueron nombrados alcaldes pedáneos Agustín Varo Varo, de Barbate, y José García Madera, de Zahara de los Atunes. La segunda gestora fue nombrada el 30 de marzo del año siguiente, esta vez con Juan Morillo Muñoz de Arenillas como Alcalde, incorporándose en abril como concejal Agustín Varo Varo.

Ese mismo mes de abril fue un momento importante para Barbate, pues fue cuando se constituyó la segunda Comisión Pro-Independencia. Estuvo presidida por Agustín Varo Varo y contó con la presencia de Aniceto Ramírez Rey, Francisco Crespo Manzanares, Francisco Pérez Llorca, Manuel Gallardo Montesino, Agustín Malia Corrales y Alonso Malia Alvarado, de la burguesía local; y Juan Alvarado Martínez, de la pequeña burguesía. Había viejos falangistas, como Agustín Varo Varo y Manuel Gallardo Montesino, y nuevos, como Agustín Malia Corrales y Juan Alvarado Martínez.

Un hecho importante fue la contratación de Fernando Albi Cholbi como asesor jurídico. Se trataba de un secretario de la administración local que a principios de 1937 se incorporó al Ayuntamiento de Chiclana y verano hizo lo propio en la Diputación Provincial. Conocedor de Derecho Administrativo local, elaboró el documento que sentó las bases justificativas de la independencia. Mostró, a la vez, habilidad para moverse en las autoridades del fascismo gaditano y militares de Andalucía. Fueron los casos de José María Pemán, que formó parte desde octubre de 1936 de la Junta Técnica del Estado (de hecho, el primer gobierno de los sublevados, presidido por Francisco Franco); y de Gonzalo Queipo de Llano, la primera autoridad militar en la Andalucía occidental.

A finales de noviembre de 1937 tuvo lugar en Zahara de los Atunes una reunión entre los miembros de la Comisión y representantes relevantes de la localidad, con el fin de atraerlos a la segregación. Estuvieron presentes, entre otros: José García Madera, Alcalde Pedáneo; Rafael Trujillo Serrano, el mayor propietario agrario de la localidad; Gaspar Guerrero Sierra, industrial; y Juan Varo Valdés, barbero, que había sido destituido tras el golpe militar, pero que de inmediato se afilió a Falange.

A principios de año se publicó el "Expediente de de Segregación de las aldeas de Barbate y Zahara de los Atunes del término municipal de Vejer de la Frontera (Cádiz)”, obra de Fernando Albi Cholbi. Consta de 15 páginas y en su contenido están formuladas las bases jurídicas para la segregación, con la aportación de importantes datos justificativos. En el texto puede leerse:

“desde hace más de veinte años, ha sido aspiración constante y unánimemente sentida por los vecindarios de estas aldeas la segregación de este término municipal y conseguir la categoría de Municipio (…). El factor principal para darnos la medida de la importancia de una ciudad, es su coeficiente de crecimiento”.

Sobre Zahara de los Atunes se indica:

“Identidad de orígenes, aspecto similar a la aglomeración urbana, economía esencialmente marítima (….). Una total coincidencia en los problemas y la mentalidad”.

En enero de 1938 se constituyó una nueva comisión, esta vez con la denominación de Comisión negociadora. Estaba integrada por Agustín Varo Varo, de nuevo como presidente, al que acompañaron Manuel Márquez Rendón, Agustín Malia Corrales, José Cabeza Malia, Manuel Gallardo Montesino, Francisco Crespo Manzanares, Francisco Pérez Llorca, Alonso Malia Alvarado, Aniceto Ramírez Rey, Pedro Carpio Cosano y Juan Varo Valdés.





6. La independencia definitiva

El 11 de marzo de 1938 en el pleno del Ayuntamiento de Vejer de la Frontera, formalmente Gestora Municipal, bajo la presidencia de Juan Morillo Muñoz de Arenillas, se aprobó por unanimidad la segregación definitiva de las localidades de Barbate y Zahara de los Atunes por la de de Vejer de la Frontera, presidida por José Morillo Muñoz de Arenillas. El 14 de marzo tuvo lugar la primera sesión plenaria del nuevo Ayuntamiento, cuyos nombramientos oficiales se fijaron con fecha de 22 de marzo. Pero hubieron de pasar casi ocho meses para que en el Boletín Oficial del Estado, en el número correspondiente al 9 de noviembre, se publicara la resolución.

La primera Corporación de Barbate, formalmente Gestora Municipal, estuvo formada por Agustín Varo Varo, Alcalde; Manuel Gallardo Montesino, 1º Teniente de Alcalde; Manuel Márquez Rendón, 2º Teniente de Alcalde; Francisco Pérez Llorca, Síndico; y Aniceto Ramírez Rey (industrial), Juan Alvarado Martínez y Juan Varo Valdés, concejales; este último, además, Alcalde Pedáneo de Zahara de los Atunes. Todos, afiliados a FET y de las JONS.

La decisión dio lugar a una fuerte polémica en sectores de la dirigencia política vejeriega. Antonio Muñoz Guzmán, que era jefe local de FET y de las JONS, lideró la oposición, contando con el apoyo de José Arbolí Navarro, Secretario General de la Corporación. El motivo principal estuvo en el reparto de las hazas de suerte, dado que se argumentó que según los reglamentos habidos quienes dejaban de ser vecinos de Vejer de la Frontera perdían el derecho a beneficiarse de los sorteos que se celebraban periódicamente sobre los bienes comunales a repartir.

Cabe preguntarse cuáles fueron los motivos que propiciaron que las autoridades político-militares del bando sublevado, con sede entonces en Burgos, permitieran la independencia. Se ha aludido al papel jugado por Fernando Albi Cholbi, tanto como experto jurídico como por su habilidad para moverse en las alturas del poder. Pero no debemos perder de vista un hecho importante: el papel que Barbate jugaba en el suministro de alimentos y, especialmente, en las proteínas. Si se quiere, un papel estratégico: durante los años de guerra las conservas fueron una fuente de alimentos de primer orden para las tropas, dado que resultaban baratas y su transporte no era complicado. En ese contexto, entre los terratenientes de Vejer de la Frontera, de un lado, y los armadores y conserveros de Barbate, de otro, la decisión fue fácil.





7. El comienzo de la andadura del nuevo municipio

Lo que vino después para el nuevo municipio fue muy previsible. Barbate prosiguió en su proceso de crecimiento económico, que se vio reforzado en el contexto de las graves dificultades que surgieron tras el fin de la guerra. Siguió jugando, por tanto, con su papel estratégico, dada su relación con los recursos que ofrecía el mar, que aportaban al país una buena dosis de alimentos y, sobre todo, proteínas baratas. Ese conllevó la aceleración en su crecimiento, con la diversidad y pujanza de las actividades económicas, en cierta medida, inauditas en el contexto general.

La fuerte atracción migratoria hizo que prosiguiera el crecimiento demográfico, de manera que se pasara de 10.660 habitantes en 1940, a 13.866 en 1950 y a 20.297 en 1970.

Con los resortes del poder local se produjo un fuerte impulso de las infraestructuras económicas. Así, en 1940 se concluyó la construcción del puerto fluvial, y en los años siguientes se procedió a construir la Lonja de Pescado (1940-1943), el Mercado de Abastos (1946-1947), el Matadero (1948-1949), la nueva iglesia parroquial (1946-1954), el edificio del Ayuntamiento (1951-53), las viviendas Marqués de Valterra (acabadas en 1950), la Clínica del Instituto Social de la Marina (inaugurada en 1953), la Casa de la Juventud (1956) o el Puerto de la Albufera (1950-1964).

Casto Fernández Shaw, un relevante arquitecto del país, famoso por su vinculación a la corriente racionalista, dejó su impronta en la Lonja de Pescado. Distinto fue el caso del edificio del Ayuntamiento, con rasgos neoclásicos, y del Matadero o la “escuela de don Conrado”, dentro de la arquitectura popular andaluza.

Peor suerte corrieron las infraestructuras públicas, cuyas deficiencias se mantuvieron durante décadas: la red de alcantarillado, el asfaltado y el alumbrado de las calles. La barriada del Zapal siguió siendo testigo del abandono de una parte de la población y hubo de esperar hasta 1973 para ser derribada en 1973. La dotación de escuelas y atención a las necesidades en materia educativa no fueron una prioridad, de manera que durante muchos años el municipio estuvo a la cabeza en los índices de analfabetismo.

La corrupción estuvo presente en forma de estraperlo, fraude fiscal, contrabando, irregularidades administrativas… Y algunas autoridades locales no fueron ajenas a ella. Está documentada la destitución en 1941 del concejal Manuel Márquez Rendón, acusado por estraperlo. También, en 1946, la imposición de una elevada sanción económica por la Junta Provincial de Defraudación a Agustín Malia Corrales, que ejercía como Juez de Paz. O en 1955 la destitución como Alcalde de Agustín Varo Varo, en su caso por irregularidades administrativas. Fue sustituido por el empresario Manuel Gallardo Montesino, que había sido el número dos del Ayuntamiento entre 1938 y 1948.


Epílogo: ¿y el futuro?

Han pasado 88 años desde la independencia de Barbate. Las crisis sucesivas del sector pesquero (1970, 1990, 2000...), directamente relacionadas con las limitaciones en los caladeros del norte de África, han provocado que las actividades que en otro tiempo cobraron una gran pujanza, hayan perdido peso. 

Son décadas -muchas- de un futuro todavía por definir.