Han pasado 40 años de la celebración del referéndum de la OTAN. Triunfó la opción del SÍ, esto es, la del mantenimiento de nuestro país en la alianza militar occidental. Atrás quedó la conocida transmutación del PSOE cuando pasó de su "OTAN de entrada NO" a, una vez ganadas las elecciones en octubre de 1982, defender lo contrario.
Fueron años de movilizaciones contra la OTAN y las bases americanas, y a favor de la paz y el desarme de los bloques militares existentes por entonces: la OTAN y el Pacto de Varsovia. Unas movilizaciones que se sucedieron de una manera continuada en muchos países y que en España se vieron potenciadas por el debate en torno a la entrada, primero, y la salida, después, en la citada alianza occidental. En mayo de 1982 el Gobierno de UCD, presidido desde febrero de año anterior por Leopoldo Calvo Sotelo, había tomado la decisión de integrarnos. Y no lo perdamos de vista: el relevo que hizo a Adolfo Suárez tuvo como uno de los ingredientes la integración.
Durante la campaña electoral en el mes de octubre de 1982 el PSOE defendió la realización de un referéndum para decidir sobre esa cuestión, pero, una vez en el Gobierno, desde el primer momento se negó a cumplir la promesa. Hubieron de pasar casi cuatro años cuando, forzado por las movilizaciones multitudinarias, decidió convocarlo para el 12 de marzo de 1986. Eso sí, defendiendo el mantenimiento, algo que ya hizo años atrás. Un año antes, en mayo, Ronald Reagan, presidente de EEUU, había visitado nuestro país, a lo que no fue ajena su presión para que en España no se rompieran los pactos militares: el de 1953, para la instalación de bases en Morón, Rota, Torrejón y Zaragoza; y el de 1982, para la entrada en al OTAN.
Fueron numerosos los colectivos antimilitaristas y pacifistas que se formaron en esos años a lo largo y ancho del país. En Salamanca estaban la Comisión Anti-OTAN y la Plataforma por la Paz. En las campañas y movilizaciones también participaron partidos políticos (PCE, MC y LCR), sindicatos (CCOO, CNT y STE), asociaciones vecinales y grupos ecologistas (Comité Antinuclear y Colectivo Social Ecologista). Yo estuve entre las numerosas personas que hicimos lo posible para que la OTAN y la bases se fueran de nuestro país. Manifestándome, pegando carteles, repartiendo folletos y, finalmente, estando presente en una mesa electoral.
Cuando supimos los resultados, la decepción fue grande, pese al gran esfuerzo desplegado: el 57% de la gente optó por el SÍ frente al 43% del NO.
No voy a entrar en detalles de tantos comportamientos personales, como la de esa gente que había luchado contra la dictadura y que acabó plegándose al atlantismo...
A los pocos días del referéndum escribí unas líneas sobre el momento que estaba viviendo. Ahora las he rescatado. Reflejan mi estado de ánimo del momento, pero traslucen también un análisis de la situación general. Dejo el escrito para su lectura.
Asistimos a un espectáculo sorprendente. Son tiempos de payasos que obedecen las órdenes de sus directores de escena. Dicen y hacen lo que les dicen. Interpretan su papel a la perfección en cuanto que la mayor parte del público les aplaude. Incluso hasta les aclama y ovaciona. Pero en las gradas hay voces de desagrado. Unas lo hacen permanentemente. Otras, sólo en diversos actos, escenas o pasajes. Las hay que abuchean, otras también patalean y hay quien incluso lanza objetos. El escenario, por ahora, está seguro. Sus actores sonríen ante la ovación mayoritaria. Las voces que se oponen están dispersas y sólo en algunos rincones se muestran más cohesionados y hasta implacables. La obra, hay que reconocerlo, es fácil de representar. El público lo facilita. Los actores no son de gran categoría. Eso sí, cumplen más que decentemente con lo que les dicen. Lo malo es que empresarios y directivos pueden perfectamente desecharlos en cualquier momento. No ahora, que parece que cumplen su cometido de divertir. La bufonada es perfecta. Se dice, como se ha dicho siempre, que el teatro está en crisis. Es cierto, lo está, pues sus obras adolecen de la calidad artística, técnica y humana que necesitan. Estará en crisis antagónica mientras subsista esta antítesis entre lo que representan y lo que representa su representación. Existe una manipulación de las mentes. Se hace ver la realidad de una manera diferente a lo que se refleja. Existe un enmascaramiento de la realidad, una ideologización en el sentido estrictamente marxista, pero, paradójicamente, bajo unas formas desideologizadas. Existe, en el fondo, un doble enmascaramiento y, por tanto, una doble ideologización. La que corresponde a todo proceso de justificación superestructural de una realidad y la que corresponde al proceso específico en el que la acción se desarrolla. Los espectadores ríen la bufonada presentada, ideologizada o enmascarada porque se creen que asisten a una obra que les representa. Ignoran eso. Están alienados con respecto a lo que les ofrecen. Pero olvidan también que todo ello obedece a un trasfondo que pretende justificar la realidad existente como la única manera de verla. Ante este panorama, los espectadores, si quieren descubrir cuál es la clave de todo el entramado en el que está sumergido, deben abuchear a sus actores preferidos y únicos y a la obra que representan. Luego, sólo les queda subir al escenario y convertirse en actores de una nueva obra. En el momento en que se conviertan en actores de sí mismos, habrán dejado atrás toda una etapa negra, dominada por directores falsificadores y actores de bufonadas, para romper con una obra falsa en sus esencias y elaborar una obra nueva, a su medida, verdadera, desideologizada, en su sentido estricto, y no enmascarada.(Salamanca, 18 y 19 de marzo de 1986)
