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viernes, 19 de junio de 2026

Una Comisión Técnica reconoce 63 asesinatos cometidos por las fuerzas policiales y los grupos de extrema derecha entre 1979 y 1983


En abril de 2024 el Gobierno aprobó la formación  de una Comisión Técnica  encargada de estudiar los casos de vulneración de derechos humanos, con resultado de muerte, por parte de las fuerzas de seguridad  y los grupos de extrema derecha. El periodo objeto de investigación ha sido el comprendido entre 1979, una vez aprobada en diciembre del año anterior la actual Constitución, y 1983. La disposición se ajustaba a la Ley de Memoria  Democrática que se había aprobado dos años antes, con arreglo a la disposición adicional 16ª.

La citada Comisión se constituyó en julio de 2024, estando formada por personas expertas en "en el ámbito de los derechos humanos, las ciencias sociales, la historia contemporánea o el derecho penal": Nicolás Sartorius, Federico Mayor Zaragoza, José Álvarez Junco, Araceli Manjón-Cabeza Olmeda, Carme Molinero Ruiz, Antonio Rivera Blanco, Encarnación Lemus López, José Antonio Martínez Soler, Sophie Baby, Jon-Mirena  Landa  Gorostiza y Paz-Mercedes  de  la  Cuesta  Aguado. De ellas ya no se encuentran José Álvarez Junco, que dimitió por razones personales, y Federico Mayor Zaragoza, fallecido.

El resultado de los trabajos llevados a cabo ha sido la elaboración de un "Informe" (cuyo contenido completo puede leerse a través de  elDiario.es), en el que se ha reconocido un total de 63 personas asesinadas, 28 de las cuales lo fueron por las fuerzas policiales y las restantes 35 por los grupos de extrema derecha. 

El listado de víctimas mortales, expuesto por orden cronológico, es el que sigue:

06/01/1979 Felipe Baz González
06/01/1979 José Luis Muñoz Pérez
04/03/1979 Ursino Gallego Nicasio
29/04/1979 Andrés García Fernández
06/05/1979 José Ramón Ansa Echevarría
03/06/1979 Gladys del Estal Ferreño
10/06/1979 Vicente Vadillo Santamaría
25/06/1979 Valentín González Ramírez
14/07/1979 Salomé Alonso Valera
25/08/1979 Justo López de Zubiria Arteaga
25/08/1979 Félix Mingueta Sanz
31/08/1979 José Prudencio García
01/09/1979 Ignacio Quijera Zelarin
13/09/1979 José Luis Alcazo
19/09/1979 Valeriano Martínez Pérez
28/09/1979 Tomás Alba Irazusta
06/11/1979 Francisco Caballero Requejo
09/12/1979 Victoria Arranz
09/12/1979 Manuel Álvarez Blanco
11/11/1979 Mikel Arregui Martín
13/12/1979 Emilio Martínez Menéndez
13/12/1979 José Luis Montañés Gil
09/01/1980 Ana Teresa Barroeta Álvarez
15/01/1980 Carlos Saldise Corta
19/01/1980 Liborio Arana Gómez
19/01/1980 Manuel Santacoloma Velasco
19/01/1980 María Paz Armiño Borán
19/01/1980 Pacífico Fica Zuloaga
01/02/1980 Yolanda González Martín
02/02/1980 Jesús María Zubikarai Badiola
10/02/1980 Vicente Cuervo Calvo
28/03/1980 Jorge Caballero Sánchez
19/04/1980 Felipe Sagarna Ormazábal
01/05/1980 Arturo Pajuelo Rubio
06/05/1980 Juan Carlos García Pérez
08/05/1980 María José Bravo del Valle
11/05/1980 Aquilina Fernández Crespo
29/06/1980 Manuel Luciano Pérez
25/08/1980 Joaquín Mendoza Lavera
28/08/1980 Jesús María Etxeveste Toledo
06/09/1980 Luis Quintana Monasterio
06/09/1980 Julio Martínez Navarro
07/09/1980 Miguel María Arbelaiz Echevarría
07/09/1980 Luis María Elizondo Arrieta
08/09/1980 José María Fernández Carrión
16/10/1980 José Luis Sancha Lasa
14/11/1980 Joaquín Antimasbere Eskoz
23/11/1980 José Camio
23/11/1980 Jean Pierre Haramendi
30/12/1980 Francisco José Rodríguez López
03/03/1981 Francisco Javier Ansa Cincunegui
23/03/1981 María Asensio Morales
07/06/1981 Carlos Idígoras Navarrete
10/05/1981 Juan Mañas Morales
10/05/1981 Luis Montero García
10/05/1981 Luis Manuel Cobo Mier
13/05/1981 Juan Abel Muñiz Corral
14/06/1981 José Félix Centenera Sánchez
07/07/1981 Luis Arribas Santamaría
02/01/1982 Pablo Garayalde Jauregizabal
20/06–07/1982 Sebastián García García
05/12/1982 Salvador Sampedro de Dios
19/02/1983 Juan Félix Domínguez 

Al final del "Informe" se expresan varias recomendaciones, proponiendo  "el reconocimiento institucional, moral y simbólico de las personas que perdieron la vida en el periodo 1978-1983 como consecuencia de violaciones de derechos humanos en el contexto de violencia política analizado".  Todo ello se basa en los principios 

"reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y plasmados  en  instrumentos  tales  como  la  Declaración  sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder (Resolución 40/34 de la Asamblea General de la ONU, 1985) y los Principios y Directrices Básicos sobre el Derecho de las Víctimas a Interponer Recursos y Obtener Reparaciones (Resolución 60/147, 2005)".

Así como, dentro de la legislación española, 

"en términos equiparables a los establecidos para otras víctimas de violencia política o institucional, y debe realizarse conforme a lo dispuesto en la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, y en particular conforme a su artículo 3.4 la aplicación de la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito, en cuanto sea procedente".

jueves, 19 de marzo de 2026

Un llamamiento (entre tantos) desde Cuba contra la agresión imperialista


"Carta abierta al mundo: desde Cuba, una mujer de a pie denuncia el crimen que n quieren ver"

A la humanidad entera, a las madres del mundo, a los médicos sin fronteras, a los periodistas con dignidad, a los gobiernos que aún creen en la justicia:

Me llamo como millones. No tengo apellidos conocidos ni cargos importantes. Soy una cubana de a pie. Una hija, una hermana, una patriota. Y escribo esto con el alma desgarrada y las manos temblando, porque lo que hoy vive mi pueblo no es una crisis. Es un asesinato lento, calculado, fríamente ejecutado desde Washington.

Y el mundo mira hacia otro lado.

DENUNCIA POR MIS ABUELOS:

Denuncio que en Cuba hay ancianos que mueren antes de tiempo porque el bloqueo impide que lleguen medicamentos para el corazón, la presión, la diabetes. No es falta de recursos. Es prohibición deliberada. Empresas que quieren venderle a Cuba son multadas, perseguidas, amenazadas. Sus gobiernos callan. Y mientras tanto, un abuelo cubano aprieta el pecho y espera. La muerte no avisa. El bloqueo sí.

DENUNCIA POR MIS NIÑOS:

Denuncio que hay incubadoras en Cuba que han debido apagarse por falta de combustible. Que hay recién nacidos luchando por su vida mientras el gobierno de Estados Unidos decide qué países pueden vendernos petróleo y cuáles no. Que hay madres cubanas que han visto peligrar la vida de sus hijos porque una orden firmada en una oficina de Washington vale más que el llanto de un bebé a 90 millas de sus costas.

¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde están las organizaciones que tanto defienden la infancia? ¿O es que los niños cubanos no merecen vivir?

DENUNCIA POR EL HAMBRE INTENCIONAL:

Denuncio que el bloqueo es hambre programada. No es que falte comida porque sí. Es que nos impiden comprarla. Es que los barcos con alimentos son perseguidos. Es que las transacciones bancarias son bloqueadas. Es que las empresas que nos venden granos, pollo, leche, son sancionadas.

El hambre en Cuba no es un accidente. Es una política de Estado del gobierno de Estados Unidos, refinada durante 60 años, actualizada por cada administración, recrudecida por Donald Trump y ejecutada con saña por Marco Rubio.

Ellos llaman a esto "presión económica". Yo lo llamo terrorismo con hambre.

DENUNCIA POR MIS MÉDICOS:

Denuncio que nuestros médicos, los mismos que salvaron vidas en la pandemia mientras el mundo entero colapsaba, hoy no tienen jeringas, ni anestesia, ni equipos de rayos X. No porque no sepamos producirlos. No porque no tengamos talento. Sino porque el bloqueo nos impide acceder a los insumos, a los repuestos, a la tecnología.

Nuestros científicos crearon cinco vacunas contra la COVID-19. Cinco. Sin ayuda de nadie. Contra viento y marea. Contra bloqueo y mentiras. Y aún así, el imperio nos castiga por haberlo logrado.

AL MUNDO LE DIGO:

Cuba no les pide limosna.
Cuba no les pide soldados.
Cuba no les pide que nos quieran.

Cuba les pide justicia. Nada más. Nada menos.

Les pido que dejen de normalizar el sufrimiento de mi pueblo.
Les pido que llamen al bloqueo por su nombre: CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.
Les pido que no se dejen engañar por el cuento del "diálogo" y la "democracia" mientras nos aprietan el cuello.

No queremos caridad. Queremos que nos DEJEN VIVIR.

A los gobiernos cómplices que callan:
La historia les pasará factura.

A los medios que mienten:
La verdad siempre encuentra grietas.

A los verdugos que firman sanciones:
El pueblo cubano no olvida y no perdona.

A los que aún tienen humanidad en el pecho:
Miren a Cuba. Miren lo que le hacen. Y pregúntense: ¿De qué lado de la historia quiero estar?

Desde esta isla pequeña, con un pueblo gigante,
Una cubana de a pie que se niega a rendirse.

SI ESTE TEXTO TE MOVIÓ POR DENTRO, COMPÁRTELO.

No me importa si tienes 10 amigos o 10 mil seguidores.
No me importa si tu muro es público o privado.
No me importa si nunca compartes nada.

Pero esto es diferente.

Esto no es una foto de un atardecer.
Esto no es una noticia de farándula.
Esto no es una opinión más.

Esto es un GRITO. Y los gritos no se guardan. Se ESCUCHAN. Se REPLICAN. Se VUELVEN MULTITUD.

Hoy no te pido un "me gusta".
Te pido que uses tus pulgares para algo más grande que desplazar la pantalla.

COMPARTE.

Para que el mundo sepa que en Cuba no hay una crisis.
Hay un CRIMEN.

Para que las madres de otros países sepan que aquí hay bebés luchando en incubadoras apagadas por el bloqueo.

Para que los abuelos de otras tierras sepan que aquí hay ancianos que mueren esperando medicamentos que Washington no deja entrar.

Para que los gobiernos cómplices sientan vergüenza.
Para que los medios mentirosos no tengan escapatoria.
Para que los verdugos sepan que NO NOS CALLAMOS.

Una sola persona compartiendo esto no cambia el mundo.
Miles, millones, SÍ.

No te quedes con este texto guardado.
No seas cómplice del silencio.

HAZ QUE ESTA DENUNCIA LLEGUE MÁS LEJOS QUE EL BLOQUEO.

COMPARTE. AHORA.

#CubaDenunciaAlMundo
#ElBloqueoMata
#NiñosSinIncubadoras
#AncianosSinMedicinas
#HambreIntencional
#CrimenDeLesaHumanidad
#CubaVive
#COMPARTEporCuba
#QueElMundoNosEscuche
#DenunciaQueDuele
#CubaGrita
#ElBloqueoEsCrimen
#ViralizaLaVerdad
#PatriaOMuerte
#Venceremos


Ikay Romay

viernes, 3 de octubre de 2025

En Conil, contra el genocidio del pueblo palestino y el ataque a la Flotilla Internacional de Solidaridad


Ayer me acerqué a Conil y estuve en la concentración organizada para denunciar los atropellos permanentes contra los Derechos Humanos y el Derecho Internacional que está ejerciendo Israel. Si alzar la voz contra el genocidio que sufre el pueblo palestino es un deber ético, porque sobrepasa en grado sumo el respeto de los Derechos Humanos, ayer sumamos lo ocurrido con la conocida como Flotilla Internacional de  Solidaridad. 

El brazo armado de Israel, al dictado de su gobierno, sigue destruyendo edificios e infraestructuras, asesinando a personas e impidiendo la llegada de ayuda. Entre ayer y anteayer sumó a sus desmanes el apresamiento de un buen número de las personas que componían la Flotilla. Saltándose todas las normas del Derecho Internacional, con la complicidad de EEUU y ante la pasividad, si no también complicidad, de buena parte de los gobiernos europeos.  

Por numerosas ciudades del país y del mundo se han realizado concentraciones, manifestaciones y diferentes actos de protesta, y entre ellas ha estado Conil. Me ha sorprendido la asistencia numerosa, de varios centenares de personas, quizás cercana al medio millar. Mayores, jóvenes, niños y niñas hicieron sentir su grito solidario. Un pueblo combativo.

martes, 16 de septiembre de 2025

Y la Vuelta se paró... en solidaridad con Palestina y contra el genocidio en Gaza


Ese "Madrid, rompeolas de todas las Españas", que escribiera Antonio Machado, se mostró con orgullo el pasado domingo ante el mundo entero, cuando miles y miles de personas salieron a las calles para alzar su voces y las banderas palestinas denunciando el genocidio que se está cometiendo en Gaza. Contra las decenas de miles de asesinatos, de los cuales casi 20.000 son de niños y niñas, víctimas de las bombas, las balas o el hambre que está planificando el gobierno del estado de Israel y ejecutando su ejército. 

Lo que ocurrió el domingo, que dio lugar a la suspensión -por fin- de la Vuelta Ciclista a España, no fue una acto de violencia, sino de solidaridad y de justicia frente a la barbarie. Como tampoco lo fueron las diversas acciones que se fueron sucediendo, de mayor o menor calado, desde el primer momento: Figueres, Bilbao, Pontevedra, Valladolid y tantos otros lugares. Nunca faltaron las banderas palestinas, pese a los intentos por invisibilizarlas o los voceros de los medios de prensa que buscaban distorsionar la realidad y ocultar los crímenes. 

Frente al apoyo de EEUU y la pasividad de la Unión Europea, no podemos quedarnos en nuestras casas. 

Goya, a través de la viñeta de Julio Rey, también se ha dejado ver. ¿O acaso el artista se hubiera quedado indiferente ante el horror?       

sábado, 6 de septiembre de 2025

Velas por Palestina en Barbate

La noche de ayer fue de solidaridad con Palestina. Alrededor de un centenar de personas, con la luz de la luna en lo alto del horizonte, acudimos a la llamada de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. El viento de levante deslució en parte el acto, pero no impidió que  pudiéramos mostrar nuestra repulsa contra el genocidio que el estado sionista de Israel está llevando a cabo impunemente contra la población de Gaza. Y es que, como pudimos escuchar durante la lectura de un manifiesto, "frente a la barbarie no podemos permanecer en silencio". Por eso, como luego se añadió, "nuestras velas en Barbate iluminan un mensaje claro: la solidaridad trasciende las fronteras. Cada luz encendida es un símbolo de resistencia, memoria y esperanza, un compromiso con la justicia y la humanidad".



sábado, 2 de agosto de 2025

¡Por Palestina! ¡Contra el genocidio que sufre la población de Gaza!

 

"Escribo esto antes de que mi lenguaje me abandone por completo. No tanto para ser entendida, sino para permanecer trazable, para dejar atrás la forma del pensamiento, antes de que se escabulla hacia el silencio.
(...)
Y aunque el mundo haya mirado hacia el otro lado, que esto quede como recuerdo: nombramos el hambre. La aguantamos. Perduramos. Que eso quede". 
Alaa Alqaisi.

(Revista Anfibia, 29-07-2025).

martes, 6 de mayo de 2025

El mal: Mauthausen (80 años), Gaza (nuestros días)...

Escalera de la cantera de Mauthausen (Francesc Boix)


El mal

El mal recorre el mundo. No hay lugar
para el bien. No lo hay. Al menos, no lo he visto.
Aquí,
entre estos cuatro estantes,
flanqueada por libros,
miro hacia atrás. Y estuvo.
Y miro el día. Y fue.
E intuyo lo que queda. Y será doblemente.

El mal. Sobrevivir al mal. Esa es la vida.

Atlas. Historias
de la literatura. Mitos.
Más cerca aún, las flores
de Baudelaire. Los tigres. Los exilios.
Las sombras de las prosas.
Las amarillas páginas. El tinte
ocre de los fragmentos recortados
-nuevos huesos de sepia en esta playa.

En todo, el mal y, a veces, la belleza.

Convertir la maldad en un poema.
Los ojos de esos niños
ante el fusil de asalto.
Los ojos de las niñas aquel día.
Los ojos de las niñas de esas niñas.

En todo, el mal. La angustia. El desconcierto.

Aprendizajes.
Para sobrevivir al mal.
Para esquivar el mal.
Para cumplir el mal por mal:
Mauthausen, Gaza.

(Rosa Romojaro)


Bombardeo sobre Gaza (Mahmud Hams/AFP via Getty Images / Amnistía Internacional)

viernes, 2 de mayo de 2025

"Desolación... Desolación y cólera", un testimonio desgarrador de Cristina Ruiz-Cortina Sierra sobre la realidad en Gaza




Me ha llegado esta mañana un correo de mi amigo Chema, de Salamanca, acompañado de un archivo que contiene un artículo que me parece muy interesante. Está escrito por Cristina Ruiz-Cortina Sierra, geógrafa, y lo que cuenta refleja lo vivido durante su estancia en Palestina. Estamos, pues, ante un testimonio directo sobre el horror que está sufriendo el pueblo palestino en general y, de una forma más terrorífica, el gazatí.

Reproduzco el texto tal como me ha llegado, manteniendo las imágenes en el mismo orden.  


DESOLACIÓN... DESOLACIÓN Y CÓLERA

Yo he conocido esas calles bulliciosas, con hermosos flamboyanes a cuya sombra se sentaba la gente en los veranos. Como un soplo de aire fresco, un repartidor de butano, con un carrito empujado por un burro, se anunciaba por megafonía con el “Para Elisa” de Beethoven. El aire fresco de la mañana se llevaba el bullicio de la gente con esa melodía que, cada día, alegraba las calles. Yo he conocido esas calles llenas de luz.

He conocido las mezquitas y las iglesias de Gaza. San Porfirio está enterrado en Gaza. A la viejísima iglesia había que entrar por el coro pues la nave había quedado semienterrada en las volubles arenas de Gaza. Es de una riqueza ascética y comedida, con grandes pinturas y poderosas columnas que, en los últimos meses, da alojamiento a cualquier vecino que hubiera perdido su casa o buscara un lugar, creando comunidad y sentimiento de pertenencia entre el horror de las bombas.

En los campos de refugiados crecían sicómoros y los niños subían a coger los frutos de los árboles que, generosamente, dan cosechas de pequeños higos varias veces al año. En las afueras de Gaza, sobre un monte desde el que se ve toda la ciudad y el mar, hay un sicómoro del que se dice que dio alojamiento y sombra a la Sagrada Familia en su huida a Egipto. Me pregunto si siguen allí, si aún pueden con su generosidad natural, paliar el hambre de los niños. Son árboles sagrados, como los olivos, pero igualmente los arrancarán los tanques de la tierra y la regarán con sal para que no crezca nada.


Allí mismo, en esos paupérrimos campos de refugiados, muchos niños y niñas deambulaban descalzos por las calles y se calentaban junto a la lumbre improvisada de un poco de leña arrimada a los portales.


Alguien me tomó una fotografía en la que estoy sentada en una silla de plástico escribiendo en mis cuadernos los testimonios que me habían contado, los datos que iba recogiendo, la impresionante visión de las ruinas que tenía delante. Varios niños están a mi alrededor, miran al fotógrafo y miran mis cuadernos. Uno de ellos se apoya en uno de los brazos de la silla y da saltitos nerviosamente. El viento me despeina y me dificulta la visión de lo que escribo. Llevo, en ese momento, todo el día trabajando. Cada foto que veo con niños es una pregunta sin respuesta: dónde están, qué ha sido de ellos, si es que aún siguen con vida esos niños. Sobre todo, si aún siguen vivos.

He estado dentro de esos altos edificios que, golpeados por bombas “made in U.S.A.”, caen ante las alucinadas cámaras de TV. He subido sorteando los recodos de las oscuras escaleras que ya entonces carecían de luz eléctrica por el asedio de Israel.

Conozco a la gente que vivía allí, los pequeños tesoros de sus casas, los grandes tesoros de sus vidas y sus recuerdos. Hace años las niñas estudiaban en casa con sus abrigos, pues no había luz, ni calefacción, nada. Subir cada uno de los escalones hasta arriba era una tortura cotidiana, un castigo de Israel como tantos otros que iba imponiendo a la población. El sadismo de la ocupación se intensifica y se sigue demostrando cada día. No hay horror que no pruebe el ejército de ocupación.

He visto crecer a los hijos de mis amigos de Gaza. Mis pensamientos vuelan constantemente hacia ellos. Sus recuerdos, sus juegos, las comidas compartidas, solo consiguen atormentarme el ánimo. Solo puedo escribir porque no sé qué hacer.

Jawdat atesoró durante toda su vida restos arqueológicos que iba encontrando por Palestina. El día que visité su hermoso museo, caía una tormenta bíblica sobre el Mediterráneo oriental. El aire sabía a sal y el cielo estaba negro. Para variar, Israel había cortado el suministro de luz y de combustible. Allí nada era fácil nunca, pero Jawdat era sobre todo un optimista que creyó que, con el fin de las colonias en Gaza, había una oportunidad allí de reconstrucción, de inversión, de vida digna. En 2008 financió la construcción del museo en Gaza y donó toda su colección. Me veía rodeada de hermosas antigüedades primorosamente expuestas. Nos calentábamos alrededor de un brasero de carbón y susurrábamos en la semioscuridad palabras de confianza y también de admiración no solo por la colección, sino por la hermosa construcción que la albergaba. La gente ha luchado denodadamente para dignificar su vida y la de su pueblo.


Hace poco he visto a Jawdat en la TV. Cada vez que veo a alguien conocido, me invade la desazón y Jawdat, un hombre de una humanidad tan enorme como sus sueños, había perdido la luz de sus ojos, el gesto animoso, la sonrisa que aún bajo el embargo y en la oscuridad de Gaza, mantenía: el museo, con todas sus antigüedades, había sufrido el mismo final que la gran mezquita del siglo V, el Palacio del Pachá otomano, el antiguo puerto de Anthedon. Jawdat es solo una pequeña historia dentro del genocidio cultural de Palestina.

Y escribo:

Los israelíes son asesinos; los colonos son asesinos callejeros, malhechores, la escoria de una sociedad enferma, gente sin más ley que el palo o el arma que llevan. Como dice Norman Finkelstein, éste no es un crimen de Estado, sino un crimen nacional, avalado por las calmadas conciencias de los ciudadanos israelíes.

Las sinagogas están calladas y sus puertas cerradas a la razón. Parece que también estos “hombres santos” avalan la destrucción y el asesinato.

Los hippies que antaño ocuparon algunas aldeas históricas palestinas, como la hermosa Jaffa o EinHud, siguen catatónicos pintando cuadros floridos sin mirar por las ventanas; ajenos a la negritud de sus almas.

El ejército es una banda de salteadores y asesinos. Busco calificativos, pero es imposible, no existen; hay que crearlos para ellos.

En Israel, la izquierda de la Internacional Socialista, no dice nada; de hecho, ya no existe. Tampoco la Internacional Socialista dice nada.

La derecha “moderada”, que allanó el camino a esta desolación, se da ahora patéticos golpes de pecho, como si la cosa no fuera con ellos.

En Gaza, donde en el momento de escribir esto la cifra de setenta mil muertos se ha sobrepasado, han desaparecido los flamboyanes, las casas, los talleres, las escuelas, los hospitales, los museos y las alamedas. Y, un terrible día, también desaparecieron las panaderías.

¡¡¡Y no grita el mundo!!! Los gobernantes del mundo han establecido la doble vara de medir: Unas guerras son más importantes que otras; unas víctimas valen más que otras. La guerra palestina es como la otra cara de la luna: nadie la ve. Y eso que aparece cada día en la televisión.

Cuando todos estén muertos, los dirigentes de Occidente querrán hacernos creer que lloran; cuando todos hayan muerto, querrán revisar la historia, salvarse ellos mismos con algunas recriminaciones a destiempo.

Cuando sea demasiado tarde, querrán hacer algo. Pero yo digo:

Tiraron veinte casas y mataron a cincuenta personas, y no dijeron nada. Tiraron el aeropuerto que pagamos los europeos, y no se dijo nada.

Crecieron los asentamientos ilegales en Cisjordania construidos sobre tierras robadas a los palestinos, y todo seguía igual.

Construyeron el muro ilegal, y todos se callaron. Hicieron de Jerusalén su capital, y nadie mudó el gesto.

Ni cuando las distintas operaciones militares mataban a miles de palestinos,

Ni cuando los miles fueron decenas de miles, dijeron nada.

Unos tanques arrasaron el campo de refugiados de Jenin y expulsaron a cuarenta mil personas, y no dijeron nada.

Primero le retiraron la financiación y luego expulsaron a la UNRWA, y no pasó nada.

Acusan a los organismos internacionales de comunistas y antisemitas, y no hacen valer argumentos de justicia.

Pero antes, mucho antes, la Franja de Gaza estaba cerrada y la ayuda humanitaria entraba contada, pesada, medida: sobrevivir en la indigencia. Un dirigente israelí se permitió decir que no quería matarlos, solo hacerles adelgazar. Nadie, en el universo de “valores” de Occidente, respondió a semejante brutalidad y cinismo asesino.

Europa siempre “entendió” el mensaje de Israel y replegaba sus intenciones para “no dañar las relaciones”. Nunca cuestionó el Acuerdo de Comercio Preferente con Israel, a pesar de que su mantenimiento está vinculado al respeto a los derechos humanos.

Llevan Europa y Estados Unidos calculando las palabras de condena, para que no se duelan los asesinos, ya más de setenta años. En ese peligroso equilibrio de funambulistas expertos dejan al mundo desamparado, porque su indiferencia frente al genocidio les condenará a ser algo más que cómplices.

Han cerrado las panaderías, no hay alimentos, no hay agua limpia. Y, una y otra vez, les piden que abandonen las ruinas de lo que fueron sus casas. Cuando la gente, cargando con los vivos y los muertos, no pueda moverse, caerán exánimes por los caminos ante la enésima orden de desalojo, ¿no sería mejor llamarlo expulsión?

Morirán en silencio, las madres junto a los niños, los padres aún intentando llevar la carga de las pocas cosas que les quedan. Pienso en las estadísticas que se nos escapan entre los dedos: en Gaza, cada día, un niño o una niña es amputado como consecuencia de esta guerra. ¿Pueden seguir este juego macabro de ir y venir para intentar salvarse, sin una pierna, con el trauma del dolor, sin comida, ni agua, ni medicamentos? ¿Qué especie de sadismo criminal se ha apoderado de la sociedad israelí que permite todo esto sin pestañear?

Espero solo que los asesinos tengan una vida larga llena de dolor y desesperanza, sepultados en las cárceles. Les deseo lo peor para los años venideros, porque si no fuera así, este mundo se habría convertido en una jungla inhabitable.

Y porque creo que en el mundo no hay lugares apartados donde el respeto a la vida y a los derechos humanos no sea de rigurosa aplicación, tambiénespero que cada uno de nuestros dirigentes muera de remordimiento y vergüenza. Que no levanten la cabeza, que no puedan sonreír más.

Y que la historia no tenga piedad con ninguno de ellos.

oOo

He vomitado toda mi cólera; aún debo pensar; no excluirme ni exculparme: el simple dolor no me salvará. El horror traspasa las puertas de mi casa y me habita. Me horrorizo yo misma, incapaz de hacer algo tangible que marque alguna diferencia.

Soy una mujer sentada ante un ordenador al que no le faltará la energía para funcionar.

Vivo en una casa que no será bombardeada.

Por la ventana no escucho tanques, ni bombas ni el incesante ruido de los drones: en estas horas de la tarde son los mirlos los que acompañan el lento caminar del sol hacia el ocaso más allá de las montañas.

Tampoco parece que nada perturbará mi primavera, que transita por el año, y con el permiso del cambio climático, más o menos según lo acordado. No hay tanques que arranquen nuestros olivos, no hay colonos que ocupen nuestras moradas.

Siento que yo soy también parte del problema, del silencio de Occidente, del mutismo universal ante las atrocidades de Israel, porque, con las fuerzas que me quedan, debería afrontar, primero, mi falta de pasión, compasión y compromiso, y segundo, haber olvidado que no podremos vivir sin los otros, que sus muertes son nuestras muertes morales, y que no podremos nunca mirarles a la cara. Quizás tampoco mirarnos a nosotros mismos.

¡Si es que no somos capaces de parar este genocidio!



Imagen de contracubierta: Palestine.
Stanford's London Atlas of Universal Geography "Whitehall" Edition,1926, página 44.
© David Rumsey Map Collection,
David Rumsey Map Center, Stanford Libraries.
Texto: Cristina Ruiz-Cortina Sierra
Maquetación: José Ignacio Izquierdo Misiego




sábado, 23 de noviembre de 2024

Palestina. Genocidio y resistencia, de Víctor de Currea-Lugo


Llevo años preocupándome 
 por la historia y la actualidad de Palestina. He leído muchos libros y artículos sobre ello, y en este cuaderno le he dedicado numerosas entradas. Por mencionar algunos de los libros, se encuentran, entre tantos otros, Al Nakba (El Desastre). El desalojo sionista de Palestina en 1948 (Madrid, Nación Árabe, 1998), con prólogo de Pedro Martínez Montávez; La limpieza étnica de Palestina (Barcelona, Crítica, 2008), de Ilan Pappé; El judío errado (Tafalla, Txalaparta, 2010), de Alberto Pradilla; Conversaciones sobre Palestina (Tafalla, Txalaparta, 2016), de Noam Chomsky e Ilan Pappé; Voces de Palestina. Una tierra con gente (Barcelona, Descontrol, 2020), de Sofía Caamaño y Sònia Bajona; y, ya en este verano,  Gaza ante la historia (Madrid, Akal, 2024), de Enzo Traverso.  

Ahora he acabado Palestina. Genocidio y resistencia (Tafalla, Txalaparta, 2024), cuyo autor es el colombiano Víctor de Currea-Lugo. Polifacético donde los haya, es médico, cooperante internacional, periodista, escritor, activista por los derechos humanos... En noviembre del año pasado publicó el libro Un llamado urgente por Palestina -Desde el derecho- (Colombia, Periferia Editorial, y al que se puede acceder a través del enlace), escrito en el fragor del inicio de la última ofensiva israelí contra Gaza y que antecede al que presento en esta ocasión. 

De entrada, puede decirse que estamos ante un libro más, entre tantos, de denuncia del genocidio que lleva décadas perpetrando el estado de Israel con el apoyo de EEUU y sus aliados, de invocación al cumplimiento del derecho internacional y los derechos humanos,  y de apoyo al pueblo palestino. En gran medida reincide sobre lo que ya sabemos y podemos ir viendo cada día, como una fuerza, llena de horror y de crueldad, que parece inexorable. Pero resulta necesario, porque ayuda a no alejarnos de lo ocurre, a mantener la conciencia, a no perder la perspectiva...

En el libro se dicen muchas cosas. Veamos algunas muestras:

"El conflicto entre Palestina e Israel no es milenario ni tampoco religioso (...). Es un conflicto mucho más actual (...). [En Israel] abogan por un Estado solo para judíos (...)  y tal propósito implica dos tareas: 'limpiar' un territorio e imponer un sistema para judíos y no para ciudadanos" (pp. 60-61).

"Algunas [abuelas refugiadas] conservan las llaves originales que usaban en su casas antes de 1948. La llave es el símbolo, 'mi llave es mi casa y llevo mi casa conmigo'. Otra de las abuelas me dice: 'Tenemos aquí toda Palestina, la comida, la ropa, el idioma, el baile; todo, excepto la tierra'. Les rompe el corazón ir hasta el límite el Líbano e Israel, ver desde lejos, más allá del muro fronterizo, a la Palestina histórica, sin poder pisarla y mucho menos cultivarla" (p. 73).

"la ocupación no es un asunto exclusivamente militar, sino principalmente una dinámica que va a acompañada de un régimen en el que los colonos son beneficiarios y actores directos" (p. 92).

"Hubo una tensión entre dos narrativas: si el conflicto empezó el 7 de octubre [de 2023] versus si el conflicto lleva por lo menos 76 años. Se ha impuesto la segunda opción, lo que explica una ruptura mundial de las nociones de ''antisionismo' y 'antisemitismo'. Además de de la recuperación del contexto, se impuso la recuperación del derecho, incluido el derecho de resistencia; disminuyó el mito de que Gaza es una Palestina y Cisjordania, otra; y se aplazaron -entre tofos los sectores palestino- los debates internos al punto de que se impuso un discurso de unidad" (pp. 102-103).

"Los palestinos perdieron hace mucho tiempo el temor; los he visto enfrentarse a pecho descubierto. Ellos no renuncian a su derecho de celebrar la libertad" (p. 109). 

"Esta resistencia armada ha sido considerada en la citada resolución [de la ONU, la 37/43, de 3 de diciembre de 1982] como válida en el específico caso de Palestina dentro del derecho de autodeterminación de su pueblo y afirmando que la actitud de Israel constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacional" (p. 123).

"Hacer que los palestinos busquen en el cielo la ayuda que no le dan en tierra y que se disputen unas latas de comida no es solidario, es miserable (...). 
Israel lo permite con sorna, sabe lo que significa agregar a la humillación de la matanza y del hambre, la humillación de la ayuda" (p. 169).

"Hay 26 resoluciones solo del Consejo de Seguridad (entre 1967 y 2002) en relación con la aplicabilidad del IV Convenio de Ginebra en Palestina; en relación  con Jerusalén (entre 1948 y 1996), diecisiete resoluciones; y en relación con los asentamientos (entre 1968 y 1980), nueve resoluciones.
(...) una lista incompleta de las resoluciones violadas por Israel incluye especialmente las resoluciones: 181 de 1947 (Plan de Partición), 194 de 1948 (derecho de retorno de los refugiados palestinos), 242 de 1967 y 338 de 1973 (retiro de las tropas israelíes de los territorios ocupados durante las guerras de 1967 y 1973), 34/70 de 1979 (sobre el derecho de libre autodeterminación del pueblo palestino), 43/177 de 1988 (sobre la proclamación del Estado palestino acorde con la Resolución 181), y 476 de 1980 y 1322 de 2000 (sobre la aplicación del IV Convenio de Ginebra en el caso palestino y la ilegalidad de la adquisición de tierras por amenazas o uso de la fuerza) (p. 179).

"jurídicamente hablando, lo que hay en Palestina, además de una ocupación armada con grandes extensiones y graves consecuencias en las áreas económicas y sociales, es un régimen de apartheid" (p. 194).

"En la demanda que presentó Sudáfrica contra Israel por genocidio, en la introducción del documento, sostiene: 'Los actos y omisiones de Israel [...] tienen carácter genocida porque tienen por objeto  causar la destrucción de una parte sustancial del grupo nacional, racial y étnico palestino'. Sudáfrica cita la Convención contra el Genocidio, que fue impulsada en la comunidad internacional por Israel pensando en los millones de muertos, muchos de ellos judíos, en la Segunda Guerra Mundial" (p. 203).

"estamos frente a un proceso de descubrimiento de la nueva Europa, más cercana a  su herencia colonial e imperial que a la de los derechos humanos" (p. 226).

"El papel de Estados Unidos es claro: por un lado, mantiene militar y económicamente a Israel y, por otro lado, gracias a su derecho de veto, evita cualquier decisión en las Naciones Unidas que siquiera cuestione el comportamiento de Israel" (p. 228).

"Israel no es ni acepta ser un estado democrático, ha defendido su carácter de Estado judío, confesional y supremacista, especialmente en los últimos años. Pero todo indica que tampoco aceptaría la creación de un Estado palestino, por pequeño que fuera. Su naturaleza expansionista y colonialista lo condiciona" (p. 252).

"Estamos ante un escenario apocalíptico: limpieza étnica, apartheid, genocidio y hambruna" (p. 259).

Y para acabar, dejo un poema del propio autor, titulado "Contiguo". Ya utilizado en otras publicaciones suyas, en el libro aparece en las primeras páginas:

Mientras un tren avanza
como un mamut oxidado
repleto de migrantes,
y un guacamayo pinta el cielo de Caracas.
Mientras el invierno se sacude las hojas del otoño
y se alista para vestirse de noche escandinava.
Mientras un hombre bebe solitario en un oasis
y una mujer lo espera fingiendo que descansa.
Mientras el llamado a la oración se le adelanta al alba
y los rostros miran a La Meca.
Mientras tú lees y yo escribo,
y tú imaginas el dolor que te imagino,
otro niño es asesinado en Palestina.

miércoles, 29 de mayo de 2024

lunes, 22 de enero de 2024

25.000 víctimas mortales palestinas: ¿a cuántas equivaldrían en otros países?


Los datos de las víctimas mortales palestinas por parte del estado de Israel son aterradores. Hasta el día de hoy, después de 106 días desde el inicio de la agresión genocida, han muerto alrededor de 25.000 personas. Según ha informado el diario El País el 80% correspondería a mujeres, niñas y niños. Esto es, 20.000 en números absolutos. Teniendo en cuenta que la población de Gaza alcanza alrededor de los 2 millones de personas, las muertes suponen un 1,25%.

Si hacemos una traslación de todos esos datos a otros países, como los que se muestran en el cuadro estadístico, estos serían los resultados:

 


Población
(millones)

Víctimas
mortales

Muertes de  mujeres y menores

Israel

9’7

121.500

97.200

España

48

600.000

480.000

Alemania

83,2

1.040.000

832.000

EEUU

340

4.250.000

3.400.000

China

1.400

17.500.00

14.000.000

  
Lo dicho: aterrador. Un motivo más de reflexión.

domingo, 21 de enero de 2024

Movilizaciones en numerosas ciudades contra el genocidio que está sufriendo el pueblo palestino


Las calles y plazas de numerosas ciudades han sido ayer escenario de las movilizaciones en defensa del pueblo palestino y contra la agresión genocida del estado de Israel que se está perpetrando sobre Gaza. Y han sido decenas de miles de personas las que han estado presentes. En algunas de ellas, como las de Madrid, Valencia, Sevilla o Gijón, con una gran afluencia.

En las pancartas que se desplegaron, así como en los comunicados públicos que se leyeron, se han reflejado las denuncias sobre distintos aspectos de lo que está ocurriendo y las peticiones al gobierno español para que cese el envío de armas a Israel o incluso rompa relaciones. No ha faltado la petición de que nuestro país se sume a la querella interpuesta por el gobierno sudafricano ante el Tribunal Internacional de La Haya, en la que se acusa al estado de Israel de estar cometiendo el delito de genocidio.

Por mi pare estuve en la de Málaga, donde hubo una asistencia de varios miles de personas. Y sobre la información que transmiten los medios de comunicación locales quiero dejar constancia de lo que han hecho dos de ellos, como muestra se su grado de "profesionalidad". En la edición digital que hoy publica el diario Sur se dice que a la manifestación asistieron "cientos de manifestantes"; y en la de  La Opinión de Málaga no se da la noticia. Distorsionar u ocultar, las dos caras de la misma moneda.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Derechos Humanos: también para Palestina


(Imágenes: tratamiento digital de pinturas de Jumana el Husseini [sin título, izq.] y Javier Sánchez ["Llanto por Palestina", dch.]).

sábado, 4 de noviembre de 2023

Apoyemos al pueblo palestino y paremos el genocidio que está sufriendo


Ayer asistí a un acto de solidaridad con el pueblo palestino. Uno de otros tantos organizados por la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía que se celebraron en diversos municipios gaditanos y andaluces. Numerosas muestras de apoyo que no cesan para apoyar a un pueblo que está sufriendo las feroces investidas del ejército israelí. 

El mismo ejército que, sólo con las acciones de las últimas semanas, se está llevando la vida de miles y miles de personas, con un porcentaje muy elevado de niños y niñas. Está obligando a desplazarse a decenas de miles, mientras sufren el acoso de las bombas y los tanques, y se les castiga a la más extrema precariedad en los mínimos vitales. Está destruyendo viviendas y todo tipo de infraestructuras, incluyendo los hospitales tan urgentemente necesarios. 

Y todo eso lo está sufriendo un pueblo que lleva décadas de ocupación de lo que fueron sus territorios ancestrales. Que en una parte importante de su población se vio obligado desde 1948 a refugiarse en otros países. Que está siendo testigo de la creación dentro de Cisjordania de numerosos asentamientos coloniales con población israelí. Que en el caso de Gaza está recluido, rodeado de un muro infernal, en lo que no es otra cosa que una gran prisión... Un pueblo que lleva décadas sufriendo un genocidio. 

Todo ello llevado a cabo por un estado, el de Israel, que no ha dejado de incumplir sistemáticamente los acuerdos de la ONU, los acuerdos internacionales sobre derechos humanos, los acuerdos para proteger a las personas refugiadas... Siempre bajo el manto protector de EEUU, que le dota de armamento y veta en la ONU cualquier resolución que ponga en entredicho las tropelías que comete. Y, no lo olvidemos, la pasividad de las potencias europeas, que siguen viendo en Israel un modelo de democracia. 

Ayer mismo recibí una carta de un ciudadano palestino de Gaza, dentro de la campaña que está desarrollando UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para las personas refugiadas de Palestina y Oriente Próximo. Es lo que puede leerse a continuación.

Mi nombre es Amjad, vivo en Gaza y escribo historias para UNRWA España como productora de contenido independiente. Hoy les comparto mi propia historia:

Nací y crecí en el campo de refugiados de Jabalia, el campo de refugiados palestinos más grande de Gaza.

Este escrito podría ser lo único que le diga al mundo que una vez estuve aquí. Que yo existí.

Soy refugiada, nací de padres refugiados y mi hija de dos años y medio, Ghady, también es refugiada.

Crecí estudiando en escuelas de la UNRWA. No tenía ningún lugar para jugar excepto el club infantil y juvenil de la UNRWA, donde mis amigos y yo bailábamos dabke, hacíamos teatro, cantábamos y dibujamos. Cuando me enfermé, me trataron y me vacunaron en las clínicas de UNRWA.

He vivido los tiempos más oscuros de Gaza. Inmediatamente después de 2007, Israel impuso un estricto asedio a Gaza. Carecíamos de todo lo necesario, incluidos alimentos, agua potable, electricidad y suministros médicos.

Me convertí en escritora y periodista independiente para contar nuestras historias: tanto de nuestro sufrimiento como de nuestros éxitos.

Uno de mis mayores sueños fue tener mi propia casa y creo que está relacionado con mi constante sentimiento de no pertenecer a ningún lugar. Hace apenas unos días me enteré de que el pequeño apartamento por el que pasé años ahorrando para comprarlo fue destruido por un ataque aéreo militar israelí.

Han pasado 29 largos días desde el inicio de este infierno y parece que continuará para siempre. La vida era un poco más tranquila antes de esta pesadilla. Hemos aprendido a no confiar en la calma.

Siempre sentí que no podía renunciar a mi esperanza de un futuro libre para nosotros y quería que mi hijo trabajara duro como yo para llegar a ese día. En tiempos de guerra, mi única esperanza es sobrevivir.

Crecí escuchando las historias de mi abuela sobre la Nakba. Hoy cuento la historia de la catástrofe de 2023.

Hace diecinueve días tuve que evacuar la ciudad que amo y la casa con la que soñé, al sur de Gaza. Hay una carretera principal que une el norte con el sur de Gaza. Vi coches en cola en un tramo de más de 15 kilómetros (9 millas aproximadamente). Era una escena similar a la que mi abuela describió muchas veces sobre la Nakba.

Siempre noté que mi abuela se ahogaba en las lágrimas cuando nos hablaba de la Nakba. Nos contó muchas historias sobre lo pacífica que era la vida en su ancestral aldea palestina y lo horrible y brutal que fue la Nakba.

Escuché de ella la palabra "desarraigo" la primera vez. El sonido de la palabra era muy pesado. Siento que me están desarraigando ahora. Mi mayor temor es no volver a ver a Jabalia nunca más.

Hace escasos 3 días, el 31 de octubre, Jabalia fue masacrada y mi miedo se ha hecho realidad.

[...], por favor honra nuestras palabras. Amplifica nuestras historias. Apoya a Gaza.

Toma medidas para detener esta locura. Lo más importante es abogar por un alto el fuego para dejar vivir a Gaza.

Y si puedes, haz una donación o recauda fondos para ayudar a salvar vidas.

En paz,
Amjad Shabat