martes, 4 de diciembre de 2018

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 2) los municipios

Las elecciones están dando situaciones no sólo sorprendentes, sino también, a veces, paradójicas. 

Observando los dos mapas (el primero, referido a la fuerza más votada, y el segundo, a la segunda), en una primera instancia tiende a reflejarse el predominio del PSOE en la mayoría de los municipios, lo que le confiere ante todo su hegemonía en las áreas rurales. A su vez hay una mayor presencia del PP, aderezada por Ciudadanos, en las zonas costeras y las áreas metropolitanas, que son las más pobladas. 

Adelante Andalucía tiene una presencia notable en bastantes municipios, sobre todo de carácter rural y en su mayoría del interior, que se corresponden con una tradición ligada a IU. Llama la atención la presencia que tiene en la Bahía de Cádiz y el área metropolitana de Sevilla, donde la influencia de Podemos es mayor.   

Partido Socialista Obrero Español

Ha sido el partido ganador, pero el 28% de los votos y los 33 escaños obtenidos han supuesto pérdidas importantes sobre 2015: 400.000 votos, 8,4 puntos y 14 escaños. Ha ganado en 7 de las 8 provincias y en la mayoría de los municipios, no así en las capitales de provincia, salvo Sevilla y Málaga; entre los 20 municipios más poblados, ha sido la fuerza más votada en Marbella, Dos Hermanas y Alcalá de Guadaira. Las zonas costeras, sobre todo las mediterráneas, y la provincia de Almería son sus lugares más débiles.

Partido Popular

Siendo ahora el partido con más opciones para obtener la presidencia de la Junta de Andalucía, llama la atención que lo haga con los peores resultados de su historia, excepto los de 1982. Sus 750.000 votos (20,8%) y 26 escaños han supuesto la pérdida de 310.000 votos, 6 puntos y 7 escaños. Ha sido la fuerza más votada en la provincia de Almería; entre las capitales, en Córdoba, Jaén, Almería y Granada; y entre los 20 municipios más poblados, en Roquetas de mar, Vélez-Málaga y Mijas. Al contrario que el PSOE, tiene más apoyo en las áreas urbanas, sobre todo las costeras, y  mantiene un enorme déficit en las zonas rurales, sobre todo de las provincias occidentales.

Ciudadanos

Ha subido de una forma espectacular, beneficiándose de votantes del PP y del PSOE. Ha pasado de 370.000 a 660.000 votos; del 9,3% al 18,3%; y de 9 a 21 escaños. Ha estado a punto de erigirse en la segunda fuerza andaluza y la primera de la derecha, quedándose a 2,5 puntos del PP. Como este partido, está asentado en las áreas urbanas y apenas tiene apoyos en las rurales. Ha sido el más votado en Jerez, Algeciras, San Fernando, El Puerto y Chiclana.

Adelante Andalucía

Los resultados han estado por debajo de lo esperado y de la suma de lo obtuvieron por separado en 2015. Han perdido 280.000 votos, 5,5 puntos y 3 escaños, y ha acabado como cuarta fuerza. La abstención ha sido su peor aliada, si bien las explicaciones resultan complejas. Van desde el difícil encaje entre Podemos e IU dentro de sus respectivos electorados hasta la clave española que han tenido estas elecciones. Entre las capitales ha sido la fuerza más votada en Cádiz y la segunda en Sevilla, y entre los municipios más poblados ha sido la más votada en Puerto Real y la segunda en El Puerto y Dos Hermanas. En el medio rural donde la gran propiedad sigue presente, mantiene su impronta, heredera de una tradición ligada a IU. 

Vox

Ha sido la gran sorpresa y la que está acaparando en mayor medida la atención, cuando no preocupación. Sus 400.000 votos, 11% y 12 escaños le han permitido acceder a un parlamento autonómico por primera vez y, como consecuencia, lo hará también en el Senado. Su discurso ha calado sobre todo en las áreas donde la inmigración es mayor, localizada en los municipios costeros. En la provincia de Almería ha alcanzado casi el 17%, siendo la fuerza más votada en el Ejido (29,5%) y la segunda en Roquetas de Mar (22,6%). En el Campo de Gibraltar ha llegado al 19,5% en Algeciras, el 16,4% en Los Barrios y el 15,8% en La Línea.  

No olvidar el 4 de diciembre del 77, seguir construyendo la luz

El 4 de diciembre es una fecha histórica en Andalucía. Fue el día en que cientos de miles de personas salieron a las calles de las ciudades y pueblos para reclamar la autonomía. Nunca hasta entonces se había hecho un despliegue de banderas blanquiverdes como símbolo de una tierra, una historia y un pueblo combativo. Fue también el día en que un joven malagueño, Manuel José García Caparrós,  cayó muerto bajo los disparos de la policía heredera del franquismo. Un crimen que todavía mantiene ocultos a sus responsables. 

Ese 4 de diciembre fue el primer gran paso de lo que acabó siendo algo más de tres años después el 28 de febrero, abriendo el camino definitivo de lo que acabó siendo el primer Estatuto de Autonomía. Y todo, pese a la oposición de los partidos de derecha: UCD, gobernante entonces, y AP, antecesora de lo que hoy es el PP. Como herederos de un pasado negro, oscurecido aún más durante el franquismo, no fueron capaces de entender que el pueblo andaluz pudiera ser un sujeto político activo. Eso que Isidoro Moreno denominó por entonces como nacionalidad emergente.


Andalucía es un pueblo lleno de dignidad. Sojuzgado desde siglos, sus gentes no han dejado de dar muestras en la lucha por la libertad, la justicia, la democracia... El "pedid tierra y libertad" que se entona en su himno lo sintetiza. En numerosos lugares, sobre todo en esos pueblos del interior donde la presencia de la gran propiedad ha dado lugar a un campesinado sin tierras, se sigue entonando el himno y se siguen enarbolando las banderas blanquiverdes con ilusión.  


Y en estos momentos de dolor, con una derecha movilizada y crecida, expresión del señoritismo, amante sólo de la Andalucía superflua y con mensajes de intolerancia, no está de más recordar unos versos del poeta David Eloy Rodríguez que, además de bellos, animan a no desistir, a seguir buscando pese a las inclemencias que estamos viviendo estos días:


Mientras haya luz
y párpados capaces de distinguirla,
mientras haya luz
celebraremos la piel del oso
mientras lo estamos cazando,
agarremos la sartén por el fuego.
Y si no hubiera luz,
si no la hubiera,
buscaríamos un faro en la tormenta,
construiríamos la luz.

Y es que esta tierra, con un largo recorrido a lo largo del tiempo, contiene mimbres suficientes para que no vuelva a ser apropiada por quienes tanto dolor le han infligido. Es necesario seguir construyendo la luz  y para ello son las gentes que lo habitan, su mayoría, quienes pueden hacer que eso ocurra.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 1) los resultados

Anoche, cuando conocimos los resultados, escribí un mensaje a un grupo de amigos y amigas: "En estado de shock". No era menos, después de ver cómo todos los sondeos previos habían quedado destrozados por una realidad oculta que había aflorado de una forma en parte sorprendente, pero que nos puede resultar comprensible a posteriori. En relación a lo ocurrido en 2015 se ha dado todo un vuelco.

La derecha, aun dividida, ha ganado las elecciones, con el 50,1% de los votos y 59 escaños. Sorprendente. Como también lo ha sido que el PSOE se haya quedado en un 28%, perdiendo 8,4 puntos porcentuales y consiguiendo los peores resultados de su historia. Y que Adelante Andalucía, con el 16,2%, haya quedado bastante por debajo de lo que Podemos e IU habían obtenido por separado en 2015, sumando entonces el 21,7%. Y sorprendente ha sido, por supuesto, que Vox, el tercer partido de la derecha, expresión de lo que es en la actualidad la extrema derecha europea, haya conseguido el 11% de los votos y 12 escaños, con presencia en todas las provincias. 

Voy a tener tiempo estos días para ir exponiendo mis reflexiones. Ahora me voy detener en la participación, donde considero que se encuentra una de las claves de lo ocurrido. De entrada ha habido 300.000 votantes menos que en 2015, lo que supone 4,3 puntos menos, pasando la participación del 64% en 2015 al 59,7% actual. En cuanto a los votos nulos y en blanco, han aumentado en unos 42.000.

¿Por qué digo que en la participación y/o abstención se encuentra una de las claves? A la espera de estudios demoscópicos que lo analicen, me atrevo a decir que el aumento de la abstención ha afectado en mayor medida al PSOE y a Adelante Andalucía, que han sumado 680.000 pérdidas de votos. De ellos 280.000 lo han sido de Adelante Andalucía, que en su mayoría habrían ido a la abstención. Las pérdidas del PSOE, por su parte, habrían ido una parte a la abstención y el resto a otros partidos, quizás en mayor medida a Ciudadanos, el partido más "centrado" de la derecha. 

El voto de la derecha, por el contrario, se ha movilizado. En primer lugar, por el deseo obsesivo en el electorado conservador de desplazar al PSOE del gobierno andaluz y a un posible pacto por su izquierda. En segundo lugar, consecuencia de la competencia existente entre los tres partidos contendientes, que en el caso del PP y Cs suponía dirimir quién iba a obtener la primacía dentro del bloque. Y en tercer lugar, por el esfuerzo desplegado en los medios políticos y de comunicación más extremos por dotar a Vox de una plataforma institucional, con un discurso en la línea de la extrema derecha europea. 

Los grupos de la derecha apenas habrían sufrido el aumento de la abstención, dándose entre ellos un recomposición de los votos. Las pérdidas del PP, con un total de 310.000 votos, habrían ido en parte a Cs y en su mayoría a Vox, que ha subido 380.000 sobre 2105 (cuando obtuvo 18.000). Cs, que ha aumentado en 290.000 votos, se habría beneficiado de los votos más "centrados" del PP y del PSOE. Y Vox se habría aprovechado de los votos más extremos del PP, a la vez que habría obtenido votos entre primeros votantes o procedentes de la abstención habida en 2015.

En todo caso, lo ocurrido ayer en Andalucía va a tener importantes repercusiones en el conjunto del estado y cada uno de los territorios. Una derecha movilizada, con un discurso en general radicalizado: neoliberal en lo económico y nacionalista español, pero también, en distintos grados, centralista, xenófobo, homófobo, anticatalán, neofranquista... Y dentro de la derecha, el aumento considerable de votos de un partido de su ala más extrema con rasgos fascistas. 

Aviso para navegantes.

sábado, 1 de diciembre de 2018

¿Habrá importantes novedades en las elecciones andaluzas?

Mañana tenemos elecciones en Andalucía. Votaremos, una vez más, para elegir la composición del Parlamento. Unas elecciones en gran medida diferentes. Y no por el partido que resulte vencedor, teniendo en cuenta que va ser otra vez el PSOE. Los sondeos han apuntado a dos posibles novedades: el triple empate entre PP, Adelante Andalucía y Ciudadanos; y la entrada en el Parlamento de Vox. Qué partido va a ser el segundo, está por ver, pero tanto el PP como Adelante Andalucía son las principales opciones, resultando poco probable en Ciudadanos. 

EL PSOE se mantiene en la cabeza. Es la maquinaria política más y mejor implantada. Gracias a su presencia permanente en el poder autonómico, lo ha  conformado a su medida y le ha permitido crear una red de influencias muy compleja y eficaz. En un principio, ante una derecha que le dejó todo el terreno libre, incapaz de entender al pueblo andaluz. Y luego, actuando con astucia a la hora de conseguir apoyos cuando los necesitaba. Su candidata, del ala más a la derecha del partido, sabe utilizar los mecanismos de la imagen a través de los medios de comunicación que controla, lo que le permite limitar el crecimiento electoral de los grupos nominalmente de la derecha.   

La batalla en la derecha españolista, dividida más que nunca desde que a principios de los noventa el PP acabara absorbiendo los restos de otros, está en pleno auge. Tres partidos se encuentran en liza. El PP sufre un declive, ante la competencia mayor de Ciudadanos y la más reciente de Vox. Los tres han pujado por demostrar que son más españoles que nadie, lo que les ha escorado a la derecha. Los resultados, en todo caso, están por ver.

El PP ha perdido la pujanza de otras ocasiones, limitada siempre por una mayoría en votos y escaños de los grupos de la izquierda. La competencia en su espacio electoral, la división interna, la debilidad de su candidato o los errores que siguen cometiendo al norte de Despeñaperros, donde el desprecio a esta tierra parece permanente, explican su actual situación. No deja de ser para mucha gente el partido de los señoritos, el grupo social que tanto daño ha hecho a la gente desde siglos. 

Ciudadanos busca erigirse en el primer partido de la derecha, algo que le está costando mucho y puede resultarle imposible. Si ya en el conjunto del estado está falto de una implantación amplia y eficiente, en Andalucía lo sufre más. Tampoco le ayuda su líder, de perfil muy plano, y su pacto legislatura con el PSOE.  

Parece que Vox ha sido el más beneficiado, no tanto por la cuantía (los sondeos le dan una horquilla que va del 2% al 7% y de ninguno a 6 escaños) como por el significado. Andalucía puede convertirse en el primer territorio donde consiga representación en un parlamento autonómico, posible punta de lanza de otros logros: ayuntamientos, Parlamento Europeo, Congreso... Dada su naturaleza de extrema derecha, introduciría en las instituciones lo que ya es común en otros países, sean o no europeos. Autoritarismo, racismo, xenofobia..., pero también centralismo, nostalgia del franquismo... 

Adelante Andalucía es una apuesta novedosa, porque ha introducido la unidad en los  grupos de izquierda, más allá de lo que representa el PSOE. Ha posibilitado que Podemos e IU hayan optado por la confluencia, y ha atraído a algunos restos del antiguo Partido Andalucista a través de Primavera Andaluza e Izquierda Andalucista. Una lástima que Equo, desde el ecologismo, u otros grupos no hayan participado en la confluencia. Sería importante que alcanzara el segundo puesto y que superara el techo marcado en los sondeos, en torno al 21%. Sería positivo desde posiciones de izquierda, porque condicionaría el rumbo del futuro gobierno de la comunidad y, a la vez, aportaría una esperanza al resto de territorios del estado de cara a próximas coita electorales. 

Una huella sobre el suelo (pasado ya el 25-N)



























El domingo pasado fue 25 de noviembre. Numerosos fueron los actos que se celebraron para denunciar las violencias que sufren las mujeres. Víctimas de un sistema que las sigue humillando, discriminando, maltratando, acosando, asesinando... Pasó ese día y hoy, casi una semana después, me he acordado de una imagen que vi el verano en la localidad portuguesa de Covilha mientras paseaba por sus calles y que fotografié. Se trataba de un texto breve impreso sobre el suelo, 
junto a la Cámara Municipal, en el que se denunciaba una agresión sexual. Covilha es una ciudad que ha hecho del arte urbano una de sus señas de identidad, embelleciéndola. Si las paredes de sus calles nos permiten pasear deleitándonos con la creatividad humana, alguien supo dejar una huella en el suelo para dejar constancia de la violencia sufrida. No está de más que nos fijemos en su mensaje. Y lo mantengamos grabado. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Borrell, en la cuerda floja

Eso creo. Como también que no tardará mucho en dimitir o que "lo dimitan". Tiene demasiados frentes abiertos. Siendo catalán y con un acento que le delata (en el buen sentido, por supuesto), ejerce, si no de anticatalán, sí de españolista. Y añado: furibunfo. Hasta el punto que, afiliado o no, ha participado como un personaje de relieve en los actos organizados por Sociedad Civil Catalana, una de las puntas de lanza del españolismo no sólo contra el independentismo, sino contra el soberanismo, entendido éste como la defensa del derecho a decidir. En septiembre pasado ya montó el número, por no decir que hizo patéticamente el ridículo, con eso de las bombas de precisión, queriendo justificar la venta de armamento a Arabia Saudita. El otro día fue uno de los protagonistas de un rifirrafe en el Congreso: increpado por Gabriel Rufián, se sintió más que aludido por su vinculación con Sociedad Civil Catalana, de la que el diputado de ERC dijo que estaba vinculada a la extrema derecha. Lo que vino después, tras la expulsión de Rufián y la solidaridad de sus compañeros de grupo, fue lo del escupitajo de Jordi Salvador que nadie ha visto salvo él, pese a las cámaras de televisión. Esos días, además, lo eran de la aprobación del Brexit tanto en la UE como en el Reino Unido. Y como en este país lo de Gibraltar es un asunto de alto interés patriótico y electoral, cada partido jugó sus bazas. Y Borrell, pese a ser responsable de Asuntos Exteriores, debió de despistarse algo en sus obligaciones, por lo que tuvo que dejar el peso de las cámaras a su jefe Pedro Sánchez. Y para completar más los embrollos en los que está metido, anteayer volvió a salir lo de sus relaciones con la empresa Abengoa, de la que había sido consejero antes de ser ministro, y la multa de 30.000 euros por haber hecho uso de información privilegiada. Un episodio más de eso de las puertas giratorias, vamos. Pero hay más: ayer volvió a sacar a relucir sus ideas imperiales cuando dijo que los europeos que llegaron a EEUU, además de tener poca historia, lo único que hicieron fue matar a "cuatro indios". Demasiadas cosas para un alta figura del sistema. Por eso me atrevo a pronosticar que le queda poco como miembro del gobierno. 

martes, 27 de noviembre de 2018

Morir en Madrid (por culpa de un desahucio)

No, no se trata del título de la conocida película de Frédéric Rossif, sino de lo que ocurrió ayer en la capital de España. El suicidio de una mujer de 65 años, Alicia, que se tiró del quinto piso donde residía en alquiler cuando iba a ser desahuciada. Es lo que ocurre en este país nuestro, donde el derecho a la vivienda sólo existe sobre el papel. Donde priman los intereses de las inmobiliarias y de los bancos para hacer de la vivienda una mercancía dejada al mejor postor. Un país lleno de patriotas que hacen de su banderita el espejo de su vida, mientras se aprovechan con su dinero de quienes apenas tienen donde caerse. No es la única persona que ha optado por esa vía tan drástica. Son muchas las que mueren de una forma u otra por su sufrir ese tipo de violencia. La que se deriva de una injusticia tan flagrante. Son la expresión de la desesperación de un mundo cada vez más insensible ante el dolor ajeno, ciego ante quienes lo provocan. 

Bernardo Bertolucci, prodigioso en algunas de sus películas


La muerte de Bernardo Bertolucci está ocupando muchos espacios en los medios de comunicación. Para mucha gente puede ser considerado como uno de los grandes del cine. Al menos, de la obra que abarcó hasta los años 80. Es, desde luego, uno de los autores representativos del cine italiano de los años 60 y 70. El más joven entre los más jóvenes que continuaron, renovándola, la estela del neorrealismo. En ésta estaban los Rosellini, De Sica  Visconti, Fellini… Luego vinieron los Pasolini,  Antonioni, hermanos Taviani, Scola, Ferreri… o la Cavani. Un cine memorable en sus contenidos, estilos, formas narrativas, imágenes… Un cine, también y en cierta medida, militante, dada la cercanía, en distintos grados, de una buena parte al Partido Comunista Italiano, el mejor heredero del antifascismo en su país.

Y son precisamente las películas que hizo Bertolucci en los años 60 y 70 las que mejor se inscriben en esa tradición. Tanto para ensalzarla (a su manera, eso sí) como para desmitificarla. En esto último entronca con el tiempo que vivió durante esos años, el de la generación del 68. En todo caso, estamos ante un director que, como dijo en cierta ocasión Manuel Gutiérrez Aragón, expresó “la intimidad más recóndita y prohibida de sí mismo”.

Las primeras películas que vi de él fueron El conformista (1970) y El último tango en París (1972). La primera, basada en una novela de Alberto Moravia, se inscribe en la tradición antifascista, para retratar un personaje gris, a la vez que confuso y contradictorio (su latente homosexualidad que quiere disimular), que se adapta al régimen fascista y acaba atrapado por él.

De esta etapa también son Antes de la revolución (1964) y La estrategia de la araña (1970). Dos películas donde se nota el eco de sus raíces, Parma y la Emilia Romana, uno de los ámbitos principales de la resistencia y, como en tantas otras ocasiones, de la relación entre la literatura y el cine. En Antes de la revolución hace uso de los protagonistas de La cartuja de Parma de Stendhal para llevarnos a la contradicción entre los orígenes de clase y los anhelos revolucionarios, sin que falte la tensión sexual y amorosa entre lo convencional y lo transgresor. En La estrategia de la araña hace uso del relato de José Luis Borges “El tema del traidor y del héroe” para llevarnos a una realidad que, por posible, invita a profundizar en los comportamientos humanos más perversos. Algo así como que no todo es lo que aparenta. Por eso presenta a un militante antifascista que ha traicionado a sus compañeros, pero con los que llega al acuerdo de suplantar su ejecución como si hubiera sido producto del enemigo. Un juego que acaba siendo descubierto por un hijo que tiene la curiosidad de indagar en la figura de un héroe que nunca lo fue realmente, para finalmente ser atrapado por la tela de una araña que deja las cosas como estaban.

Muy distinta es El último tango en París, la más conocida de sus obras y, claro está, la más polémica. Y quizás sea por estar hecha en otro entorno cinematográfico, Hollywood, lo que le dé esa dimensión. Su atrevimiento en dar rienda suelta a sus obsesiones sexuales, bajo influencias freudianas, dio lugar a una intrahistoria llena de anécdotas. La misma que lo llevó a ser condenado en su país o que en España fuera objeto del paso ritual de la frontera francesa por mucha gente mientras estuvo prohibida. Por lo demás, estamos ante a un grito desgarrador en medio de la soledad, la desesperación, el fracaso personal…

De todas las películas de Bertolucci me quedo con Novecento (1976). Una obra donde lo épico y lo lírico se entrecruzan, en medio de un momento histórico que ocupa la primera mitad del siglo XX. Un momento que coincide con el germen, el clímax y la derrota del fascismo en Italia. Y también, la apoteosis de una clase social, la obrera, que ha ido creando una tradición que responde a esos retos con su propia lucha y resistencia. La historia de dos amigos desde la infancia, hermanos de padre, pero separados por la pertenencia a clases sociales distintas. Un homenaje a la clase obrera y del partido que mejor lo representó, que comienza con la imagen fija del cuadro “El cuarto estado”, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, y la genial banda sonora de Ennio Morricone, y que continúa con una sucesión de escenas memorables donde la heroicidad, la solidaridad y el dolor están presentes.   
   
Lo que vino después fue diferente, certificando el fin de una etapa. Primero, con La Luna (1979) y luego, con La historia [tragedia, en el original] de un hombre ridículo (1981). Esta última nos lleva al tiempo presente, en medio del conflicto político que vivía Italia con el terrorismo y la reacción de un pequeño empresario de provincias cuando se ve sacudido por el secuestro de su hijo.      

Antes de hacer dos de sus más espectaculares películas, El último emperador (1987) y El pequeño buda (1993), Bertolucci participó junto con una pléyade de directores italianos en el documental L’addio a Enrico Berlinguer, un homenaje al secretario general del PCI, fallecido en el verano de 1984 durante un mitin electoral que se celebraba en Padua. Después de volver a verlo estos días, y conociendo lo ocurrido con ese partido, las imágenes me han llevado a pensar en un adelanto de su destino. Con el funeral y el entierro de Berlinguer se anticipó la del partido que llegó a ser el más poderoso del mundo occidental.

El último emperador nos lleva a China y las vicisitudes de quien fue su último emperador, Puyi, desde una niñez que coincidió con el nacimiento de la república hasta su conversión en un humilde jardinero, ya durante el sistema socialista instaurado en 1949. El relato de un hombre que no dejó de ser nunca un monigote en manos de poderes ajenos a su persona: el milenario sistema imperial, el imperialismo japonés que lo llevó a ser rey de Manchuria y la nueva China, la misma que le hizo ver, en sus contradicciones, que nunca fue el dios con que le proclamaron emperador siendo niño y las atrocidades cometidas durante su colaboración con Japón.   

El pequeño buda es un trabajo que, en cierta medida, completa la evolución mental de Bartolucci. El budismo se unió, así, a una visión del mundo que había arrancado del marxismo y lo freudiano. En este caso, una religión sin Dios, extraña a lo occidental, pero que permite enlazar dos mundos alejados. La historia que cuenta a través de un niño nos lleva, a su vez, a todo lo que de infantil llevamos dentro.  

Nueve han sido las películas que he visto del cineasta italiano. Suficientes, creo, para poder ofrecer una visión de lo que su obra ha representado en la historia del séptimo arte. Para mí, uno de los grandes, prodigioso en algunas de sus películas y autor de algunas de las imágenes más bellas vistas a través de las pantallas.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Los varones de verdad, según el señor obispo

¡Cómo se ha estrenado monseñor Luis Argüello en su nuevo cargo de secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal! Ha lanzado varios pildorazos que, aun siendo viejos y no sorprendentes en el trasfondo, resultan novedosos en los términos empleados. Ha defendido que el ministerio sacerdotal sea cosa de varones, lo que ya es sabido y repetido hasta la saciedad. Ha hecho lo propio con el celibato, lo que también es sabido y repetido. Pero lo llamativo ha sido la forma de referirse a la heterosexualidad, para contraponerla a la homosexualidad. Pero, claro, ahí se ha metido en un buen charco, porque ha dicho más concretamente: "pedimos también que se reconozcan y sean enteramente varones y por tanto heterosexuales". ¡Uy! Veamos. Siendo el celibato la renuncia al matrimonio o, si se quiere, el mantenimiento de la soltería, en el sacerdocio católico esta condición se completa con el voto de castidad, que supone la renuncia a cualquier práctica sexual... por pecaminosa. Si eso es así, ¿qué más da ser heterosexual u homosexual ? ¿O acaso el señor obispo esté pensando que los primeros son varones de verdad y los segundos...?  ¡Ay, monseñor, monseñor!, como diría el amado Alberti.

García Lorca, en el corazón de Trebujena











































Estuve ayer en Trebujena. Un pueblo por el que siento un gran aprecio. Uno de tantos que hay en tierras andaluzas donde sus gentes, en su mayoría sufrientes de la miseria y la explotación, han luchado con denuedo en pos de su dignidad, la misma que los señoritos y sus secuaces quisieron siempre arrebatársela. Es frecuente en ellos ver en sus callejeros nombres diferentes, con alusiones a personajes y valores que tengan que ver con la democracia, la libertad, la cultura... No faltan de vez en cuando monumentos alusivos a las luchas obreras, la inmigración, el trabajo y también la cultura. Es lo que vi ayer en Trebujena, donde existe una magnífica escultura dedicada a Federico García Lorca, instalada hace dos años en la plaza a la que da nombre. Es obra del artista trebujenero  Augusto Arana, autor de varios monumentos públicos en distintas localidades, algunos de ellos en la suya propia. Ver la imagen del poeta y dramaturgo granadino en la calle, reconforta. Su presencia permite sentir que late en el corazón de un pueblo que ha sabido recordarlo.