jueves, 10 de septiembre de 2020

PP, SD (3)

Cuando el diablo está por medio

Sabido es que Jorge Fernández Díaz es una persona al que le gusta hacer gala de su fe católica. Entre sus devociones, prácticas y vínculos se encuentra su pertenencia al Opus Dei. Poco hay que descubrir del papel que ha jugado desde su nacimiento  dicho instituto religioso a lo largo y ancho del mundo. Ha supuesto una vía de renovación ultraconservadora (aunque pueda parecer un oxímoron) del mensaje católico, haciendo de la santificación por el trabajo, a modo de la versión católica del calvinismo, la base de su incardinación directa y sin tapujos con el capitalismo. 

En España, donde nació su fundador, mantuvo unos lazos estrechos con el régimen franquista y miembros relevantes del mismo fueron quienes desde finales de los años 50 lo sacaron del atolladero económico en que se encontraba. En el Vaticano arraigó con fuerza entre la Curia y la burocracia, hasta el punto que, pasada la fiebre de los Juan XXIII y Pablo VI, el papa Juan Pablo II, campeón del anticomunismo, lo convirtió en uno de sus baluartes operativos e ideológicos.

La devoción católica del exministro del Interior tiene también una vertiente mariana. La misma que le llevó en 2014 a conceder la medalla al mérito policial a la Nuestra Señora Santísima del Amor y en 2015 la Cruz de Plata de la Guardia Civil a la Virgen de los Dolores. O a manifestar el año pasado que fue gracia a la Virgen del Pilar como se ganó la Guerra Civil. Sólo le faltó nombrar a Franco y sus secuaces. 

Y para rematar su fe religiosa, nada mejor que lo dijo en el pasado mes de junio, cuando reveló parte de una conversación mantenida con Joseph Ratzinger, el emérito Benedicto XVI, posiblemente en 2015: "Me dijo: 'Mire, el diablo quiere destruir España, el diablo sabe los servicios prestados por España a la Iglesia de Cristo; conoce la misión de España, la evangelización de América por España, (...) el diablo ataca más a los mejores, y por eso ataca especialmente a España y la quiere destruir'”.

Policía, juez, sacerdote... y confidente

Estos días ha salido en algunos medios de comunicación un personaje relacionado con la trama Kitchen y que resulta altamente curioso por poliédrico y algo más: Silverio Nieto. Se inició como marino mercante; pasó luego a la policía, donde actuó como confidente hasta para la interpol; opositó a juez y llegó a ser miembro del Tribunal Superior de Justicia de Madrid; de vocación tardía, se ordenó sacerdote a finales del anterior siglo; no le faltó convertirse en asesor de la Conferencia Episcopal Española, especializado en temas de pederastia... 

Pero no quedó ahí la cosa, porque, por lo que sabemos, ha vuelto a ejercer de hecho en sus funciones de la que fue su antigua profesión de confidente policial. (Me pregunto si alguna vez la ha perdido: ¿qué haría como juez?). Por un lado, se ha dedicado a prestar servicios a los jerarcas del Vaticano y la Iglesia española, contribuyendo a desactivar con malas artes algunas de las denuncias hechas contra clérigos involucrados en la corrupción sexual de menores. Y por otro, que es lo que ahora nos interesa, ha prestado sus servicios también a Jorge Fernández Díaz.

Amigos y colegas en lo religioso, al parecer Silverio Nieto es también el confesor de Jorge Fernández Díaz. Y desde que saltó el caso Bárcenas el entonces ministro ha sabido aprovechar la experiencia del personaje poliédrico. Según ha contado El Plural, Nieto era una persona de confianza del comisario Enrique García Castaño, el topo de José Manuel Villarejo en la policía. Incluso Nieto se encontraba en compañía de García Castaño cuando éste fue detenido en 2018 por su relación con Villarejo, ya preso desde el año anterior.

Para Religión Digital se trata de un "agente doble" que está implicado en la operación Kitchen. Lo considera como el que fue intermediario entre Jorge Fernández Díaz y Francisco Martínez en el ministerio del Interior. Y ahora, en el informe de la Fiscalía Anticorrupción consta el intento de Nieto para exonerar al exministro de su imputación en el procedimiento judicial.

Pues que Dios los coja confesados.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

PP, SD (2)

Levantamiento del secreto del sumario

El lunes pasado el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón decidió levantar el secreto del sumario de una pieza de la macrocausa abierta en el caso Villarejo. Conocida esa pieza con el nombre de Kitchen, está relacionada con la trama parapolicial montada para espiar a Luis Bárcenas y su familia. 

El contenido del informe de la Fiscalía Anticorrupción no deja la menor duda de la implicación de las altas esferas del gobierno, del estado y del PP. En el mismo se ha solicitado  la imputación (investigación, según el eufemismo introducido por el gobierno de Rajoy hace unos años) de Francisco Martínez Sánchez, exsecretario de Estado de Seguridad, y Jorge Fernández Díaz, exministro del Interior, por delitos de prevaricación, descubrimiento y revelación de secretos, y malversación de caudales públicos. Tampoco se ha dudado en hacerlo con Mariano Rajoy, exjefe del gobierno, y María Dolores de Cospedal, exsecretaria general del PP. 

Francisco Martínez Sánchez, un personaje clave

Desde su responsabilidad al frente de la secretaría de Estado de Seguridad, y a la sazón número 2 del ministerio, fue el encargado de coordinar todo lo relacionado con la operación Kitchen. Sus declaraciones, por ahora, están resultando cruciales. O, dicho a las claras, está cantando, porque no estaría dispuesto a comerse todo el marrón él solito. De lo que vamos sabiendo, como ha desvelado el diario InfoLibre, están unas declaraciones suyas realizadas hace un año durante una conversación telefónica mantenida con José Ramón Navarro, presidente de la Audiencia Nacional. En ella dice cosas que resultan altamente reveladoras:

"Tú sabes que me han utilizado vilmente, unos y otros".

"[Lo que he hecho ha sido] trabajar con un enorme coste personal y familiar, y ahora esto".

"Ésta será la primera declaración de un político, a la que seguirán varias más".

"[He cometido un grandísimo error [por] ser leal a miserables como Jorge, Rajoy o Cospedal".

"En fin, gracias por todo. No sé si un presidente puede ser siendo amigo de un imputado... queda fatal".

martes, 8 de septiembre de 2020

PP, SD (1)

Glosario de términos

Brigada patriótica. Caja B. Centro Nacional de Inteligencia. Dirección Adjunta Operativa. Destrucción de discos duros. Espionaje. Fondos reservados del estado. Francisco Martínez. "Indemnización en diferido, efectivamente, en forma de simulación". Jorge Fernández Díaz. José Manuel Villarejo. Luis Bárcenas. María Dolores de Cospedal. Mariano Rajoy. "Mi error fue ser leal a miserables como Jorge, Rajoy o Cospedal". Ministerio del Interior. Moción de censura. Operación Kitchen. Pago de sobresueldos en sobres. Partido Popular. Secretaría de Estado de Seguridad. 

Informe de la Fiscalía Anticorrupción (extracto)

“En el estado actual de la instrucción, tras las diligencias practicadas se habría venido corroborando que el encargo asumido por el Ministerio del Interior a través de la Secretaría de Estado de Seguridad; al menos entre los años 2013 y 2015, encomendado en su ejecución a la Dirección Adjunta Operativa (DAO) del Cuerpo Nacional de Policía y denominado operación ‘Kitchen’ o ‘Cocina’, habría partido de altos representantes del PP, por lo que resulta necesario continuar con esta línea de investigación mediante la práctica de nuevas diligencias”.

domingo, 6 de septiembre de 2020

50 años de la elección de Salvador Allende como presidente de Chile

El 4 de septiembre de 1970 tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Chile. El candidato más votado fue Salvador Allende, que encabezaba la coalición de la Unidad Popular. Obtuvo el 36'6% de los votos, superando en 1'7 puntos a Jorge Alessandri, el candidato de la derecha, y 8'8 puntos a Rodomiro Tomic, de la Democracia Cristiana y representante del ala izquierda de su partido. Mes y medio después el Congreso y el Senado, reunidos conjuntamente, eligieron como presidente  a Allende, para lo que contó con el apoyo, además de su bancada parlamentaria, de la mayor parte de la Democracia Cristiana. 

Fue un momento histórico, porque por primera vez en Chile accedió a la presidencia el representante de los grupos de izquierda y con ellos de los sectores más humildes de la sociedad. Incluso, en el ámbito internacional, nunca había sido elegido como presidente de un país una persona que se declaraba como marxista. Y lo más importante, su figura representaba las aspiraciones de amplios sectores populares, deseosos de una sociedad donde imperase la justicia social.

Pese a ello ese camino se vio plagado de presiones desde EEUU, desde cuyos círculos de poder, con el presidente Richard Nixon a la cabeza, contemplaron todo tipo de acciones, incluido el golpe de estado. Pese a que en ese momento fracasaron, los sectores más reaccionarios del país y la CIA no desistieron hasta conseguir el objetivo de derrocar al nuevo gobierno. 


Durante tres años el gobierno de socialistas, comunistas, radicales y cristianos de izquierda inició un proceso revolucionario de nuevo tipo. Aunó la aplicación del programa electoral con el empleo de las instituciones del país, en lo que se denominó como la vía chilena hacia el socialismo. Los sectores más importantes de la economía se vieron nacionalizados, como la minería del cobre y la banca, lo que afectó al capital extranjero. Se intensificó el proceso de redistribución de las tierras desde los latifundios. Se garantizaron los alimentos básicos a los sectores más humildes. 

Pero tres años después, el 11 de septiembre, el proceso quedó cortado de raíz. Los sectores más reaccionarios del país, utilizando a las fuerzas armadas como ariete y contando con el apoyo activo del gobierno de EEUU, dieron un golpe de estado. Allende intentó inútilmente resistir en el Palacio de la Moneda, acosado por la aviación golpista. Al final prefirió quitarse la vida antes que aceptar la propuesta del general traidor Augusto Pinochet, que le había ofrecido la salida del país. Fue en esas horas cuando pronunció su último discurso, emitido lleno de interferencias por Radio Magallanes, cuyas últimas palabras fueron: 

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! 

Tres días después el poeta Pablo Neruda, recluido en su vivienda por los militares, escribió unas líneas dedicadas a Allende, que acabaron formando parte de lo que fueron sus memorias Confieso que he vivido. He aquí tres extractos:         

Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.
(…)
Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.
(…)
Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera, aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.

El 16 de septiembre fue asesinado el cantor Víctor Jara. Encerrado en el Estadio Nacional, junto a miles de personas, no hubo piedad con su persona. Torturado y humillado, se acabó con su vida. "Canta ahora... a ver si ahora cantas, huevón", le dijeron mientras le machacaban los dedos de sus manos. Durante esos días escribió sus últimos versos:


Somos cinco mil aquí

en esta pequeña parte de la ciudad.
(...)
Canto, qué mal me sales.
Cuando tengo que cantar, espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las meta de este canto.
Lo que  nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...  

También esos días, el 23 de septiembre, murió Neruda. Creyó que Allende había sido asesinado por los militares, como así se defendió durante un tiempo y así lo reflejó en sus memorias. Testimonios posteriores de testigos, amigos de Allende, lo desmintieron. Neruda estaba enfermo de cáncer, pero no en su fase terminal. Es cierto que se vio muy afectado por lo ocurrido y por el acoso permanente de los militares que vigilaban su vivienda. Hoy sabemos que su muerte fue con toda probabilidad producto de un asesinato, perpetrado en el hospital donde había sido ingresado.


Miles de personas perdieron su vida durante la dictadura militar y decenas de miles fueron torturadas. A lo largo de los años, desde 1990, se han ido elaborando diversos informes sobre las violaciones de los derechos humanos producidas. En este siglo la Comisión Valech ha publicado dos informes. En el informe II, del año 2011, se reconoce que el número de víctimas  ha sido superior en relación al primero: 30 nuevos casos de personas ejecutadas o desaparecidas, hasta sumar 3.225; y 9.800 más torturadas y prisioneras políticas, para llegar a alrededor de 37.000. 


Todo hace pensar que puede haber habido más víctimas, cuyos nombres permanecen en el olvido. A lo que se añade otro problema, como vienen denunciando los familiares de las víctimas, dado que la mayor parte de quienes llevaron a cabo esas violaciones de los derechos humanos siguen impunes:

“Aquí hay un tema fundamental que viene de las comisiones anteriores, que califican víctimas pero no hay victimarios. Recordemos que hay una ley que esconde el nombre de los genocidas, entonces no es un Estado que intenta hacer justicia, sino que siente que esto es caridad, es un favor, sin asumir la responsabilidad y la obligación de dar respuesta a las víctimas y no seguir sometiéndolas a maltratos sicológicos permitiéndole impunidad a los genocidas”.

Fue la eterna sombra de 17 años que se cernió sobre Chile, que no era lo que habían soñado Allende y sue pueblo.

Salvador Allende, el hombre que se convirtió en el intérprete de tantas voluntades. De las multitudes. El mismo que en su discurso de 5 de noviembre de 1970 en el Estadio Nacional, ya elegido presidente, dijo:

Este Chile que empieza a renovarse, este Chile en primavera y en fiesta, siente como una de sus aspiraciones más hondas el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano.   

miércoles, 2 de septiembre de 2020

El asesinato de Arturo Ruiz y la impunidad de quienes lo perpetraron y encubrieron

Arturo Ruiz era "estudiante de Bachillerato Unificado Polivalente del entorno de la JGRE". Así se inicia la breve referencia a su persona que en el libro PTE. La lucha por la ruptura democrática en la Transición (1) se dedica a quienes tuvieron una vinculación con el PTE y la JGRE y murieron en la lucha contra el franquismo. Era originario de Granada y tenía de 19 cuando fue asesinado. Trabajaba durante el día en la construcción y estudiaba por noche (2), sin que le faltara tiempo para su compromiso social y político. 

Arturo fue una de las víctimas mortales de la dictadura agonizante, pero que a principios de 1977 todavía seguía dando muestras de su rabia represiva. En su caso concreto fue víctima de los grupos paramilitares fascistas que campaban a sus anchas en las manifestaciones y en los centros universitarios, agrediendo inclementemente a quienes luchaban contra la dictadura. Famosos fueron los Guerrilleros de Cristo Rey y luego, las milicias vinculadas a Fuerza Nueva, el partido que acabó aunando en esos años a los franquistas recalcitrantes. Esas huestes que no se sumaron a la mayoría de cargos, funcionarios y estómagos agradecidos que vio en la reforma del régimen la única salida para su supervivencia. 

Se trataba de grupos y personas que actuaban bajo la protección de mandos de las distintas fuerzas de seguridad, incluidos los servicios secretos, y del mundo de la judicatura. Eso les permitió salir indemnes o ver minimizados sus cargos penales en los casos donde se vieron involucrados. Uno grupos en los que no faltó la presencia de matones provenientes de otros países, refugiados en el nuestro y bien protegidos desde las alcantarillas del estado. Fascistas italianos, involucrados en las matanzas cometidas desde finales de la década de los sesenta en su país, y argentinos de la Triple A, protagonistas de la caza de militantes de izquierda, sindicalistas y guerrilleros antes del golpe de estado de 1976. 

Algunos de esos refugiados estuvieron en Montejurra (Navarra), en mayo de 1976, apoyando al carlista Sixto de Borbón en el asalto que llevaron a cabo contra los carlistas antifranquistas y que acabó con dos personas muertas. Y estuvieron también en el asesinato de Arturo Ruiz.

Uno de ellos era Stefano Delle Chiaie (3), que había participado en 1969 en el atentado de la Piazza de la Fontana de Milán, donde murieron 17 personas, y en el fracasado golpe de estado de diciembre del año siguiente, lo que le obligó, junto con decenas de fascistas, a refugiarse en España. Se convirtió en el personaje principal de ese grupo, del que no debemos olvidar que estaban relacionados con la red Gladio, auspiciada por la OTAN, con presencia de veteranos nazis y protegida por las las cloacas de los estados integrantes y aliados de la organización atlántica (4). Delle Chiaie acabó yéndose de España entre 1975 y 1976 a otros lugares más seguros, ofreciendo sus servicios de sangre a las dictaduras de Chile, Argentina y Bolivia. No le faltó su participación en 1980 en otra masacre, de nuevo en Italia, cuando murieron 85 personas y más de 200 resultaron heridas en el atentado de la estación de ferrocarril de Bolonia. Y como premio a toda su carreta, el triste honor de no haber sido nunca detenido.

Otro de esos personajes fue Jorge Cesarsky Goldstein, miembro de la Triple A argentina, refugiado durante un tiempo en España y cómplice en el asesinato de Arturo Ruiz. En el nada sospechoso diario argentino Clarín se escribió sobre hace tres años él lo siguiente (5): 

"El personaje en las tinieblas se llamaba Jorge Cesarsky, fanático anticomunista que iba y venía de Madrid a Buenos Aires como activista al servicio de operaciones 'de escarmiento'. En ambas orillas hubo una Triple A, siniestra organización incubada para infundir el terror y antesala de lo que luego sobrevendría en la Argentina. Cesarsky, vinculado a la matanza de los abogados laboralistas en Atocha y del estudiante Arturo Ruiz un día antes, fue el único juzgado por esos crímenes".

Pero ¿qué ocurrió realmente en el caso de Arturo Ruiz? Veámoslo con más detalle.

Su muerte fue la primera de las habidas durante la semana trágica del mes de enero de 1977, que precedió en un día a la matanza de cuatro abogados y un administrativo en el despacho de la calle de Atocha de Madrid. Sucedió en la mañana del 23 de enero, durante una manifestación por la amnistía. En un momento determinado un comando de fascista se presentó frente a las personas que se manifestaban amenazándolas con armas. Según se hizo constar en el sumario, uno de eso asaltantes fue José Ignacio Fernández Guaza, que se hizo con el arma que portaba Jorge Cesarsky Goldstein y disparó a bocajarro por la espalda contra Arturo Ruiz. 

Lo que vino después fue una concatenación de despropósitos. José Ignacio Fernández Guaza era miembro de los Guerrilleros Cristo Rey y logró huir. Según ha contado Manuel Ruiz (6):

"Dicho individuo se fugó al día siguiente con la ayuda de un amigo que era Guardia Civil, varios de sus allegados testificaron en la investigación judicial que trabajaba para la policía. No hubo ningún intento de detención y no se cursó ninguna orden internacional de búsqueda y captura. Algunos medios periodísticos lo situaron en Argentina, pero en la actualidad está en paradero desconocido".

Primero se refugió en el País Vasco, posiblemente en los círculos de la Guardia Civil, y luego pudo haber huido a Francia. Nada más se ha sabido de él, porque estuvo bien protegido desde el primer momento. Tal como Manuel Ruiz ha dicho, “Puede que incluso viva en Madrid con una identidad falsa” (7).

Jorge Cesarsky Goldstein fue detenido y juzgado. “Le condenaron a cinco años por terrorismo, seis meses por tenencia ilícita de armas y 10 millones de pesetas de indemnización a la familia que no tuvo que dar por entregarse voluntariamente”, ha explicado en otra ocasión Manuel Ruiz (8). Pero su estancia en la cárcel fue corta, pues sólo cumplió seis meses de condena. Después desapareció, si bien se le ha visto en alguna ocasión acompañando al Raúl Menem, que fue presidente de Argentina (9). 

Pero en toda esta trama falta otro pieza: la del juez Rafael Gómez Chaparro.
Fue el encargado de llevar a cabo la instrucción. Y como propio de un veterano miembro del Tribunal de Orden Público, reconvertido en ese momento en Juzgado de Orden Público, no destacó en su tarea investigadora ni puso las cosas fáciles al abogado de la acusación, Juan Ignacio Ruiz de Urbina, que sufrió continuas amenazas (10). Fue el mismo juez que, ya como miembro de la Audiencia Nacional, fue sancionado años después por haber concedido en 1979 un permiso penitenciario a uno de los condenados en la matanza de los abogados de Atocha (11). 

Quienes perpetraron su asesinato, encubrieron el delito o dificultaron la investigación no puede quedar impunes. 

Notas

(1) Autoría Colectiva. PTE. La lucha por la ruptura democrática en la Transición. Madrid, Asociación por la Memoria Histórica del partido del Trabajo de España y la Joven Guardia Roja, 2010, p. 233.
(2) Rafael Gil Bracero. "In memoriam Arturo Ruiz García. Una reflexión contra la impunidad de los asesinatos durante la transición española", El Independiente de Granada, 25-01-2010; 
https://www.elindependientedegranada.es/ciudadania/in-memoriam-arturo-ruiz-garcia-reflexion-impunidad-asesinatos-durante-transicion-espanola (consultado el 2-09-2020).
(3) "Muere Stefano Delle Chiaie, fascista italiano que participó en los sucesos de Montejurra", en Noticias de Navarra, 10-02-2020;  https://www.noticiasdenavarra.com/actualidad/politica/2019/09/11/muere-stefano-delle-chiaie-fascista/853926.html (consultado el 2-09-2020).
(4) Daniel Ganser. Los ejércitos secretos de la OTAN. La Operación Gladio y el terrorismo en Europa occidental. Barcelona, El Viejo Topo, 2005, pp. 161-162.
(5) Fabián Bosoer. "El terror de los ‘70", en Clarín, 4-02-2017;    
https://www.clarin.com/opinion/terror-70_0_rk_8rwz_g.html (consultado el 2-09-2020).
(6) Pablo Mayoral y Manuel Ruiz. "Martín Villa debe responder por el asesinato de Arturo Ruiz en 1977", en Público, 1-09-2020; https://blogs.publico.es/verdad-justicia-reparacion/2020/09/01/martin-villa-debe-responder-por-el-asesinato-de-arturo-ruiz-en-1977/ (consultado el 2-09-2020).
(7) María F. Sánchez. "Manuel, hermano de Arturo Ruiz: 'En España no hubo Transición, sino continuidad'", en Cuarto Poder, 24-01-2020; https://www.cuartopoder.es/derechos-sociales/2020/01/24/manuel-hermano-de-arturo-ruiz-en-espana-no-hubo-transicion-sino-continuidad/ (consultado el 2-09-2020).
(8) Íbidem.
(9) Jorge Comas. "El 'ultra' argentino Cesarsky reaparece en el Vaticano al lado de Menem", El País, 3-11-1990; 
https://elpais.com/diario/1990/11/03/internacional/657586813_850215.htm (consultado el 2-09-2020).
(10) Rafael Gil Bracero. "In memoriam Arturo Ruiz García. Una reflexión contra la impunidad de los asesinatos durante la transición española", El Independiente de Granada, 25-01-2010; 
https://www.elindependientedegranada.es/ciudadania/in-memoriam-arturo-ruiz-garcia-reflexion-impunidad-asesinatos-durante-transicion-espanola (consultado el 2-09-2020).
"El Juez Chaparro deja la Audiencia Nacional", en Diario 16, 5-05-1979;  
https://linz.march.es/Documento.asp?Reg=r-54835 (consultado el 2-09-2020).

Rodolfo Martín Villa, la "querella argentina" y los apoyos políticos recibidos























Está previsto que mañana, jueves, Rodolfo Martín Villa realice una declaración por teleconferencia ante la jueza argentina María Servini. Su caso está relacionado con la conocida como "querella argentina" contra los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen franquista y los primeros gobiernos de la Transición. Por fin, después de reiteradas negativas de presentarse ante ella y la protección de la justicia española, que hace uso de la ley de Amnistía de 1977, va a llevarse a cabo una declaración judicial, aunque tenga que ser sin la presencia física del imputado.


En esta ocasión se le acusa de delitos de homicidio agravado, cometidos durante su mandato como ministro de Relaciones Sindicales, con Carlos Arias Navarro (entre 1975 y 1976), y de Gobernación/Interior, con Adolfo Suárez (entre 1976 y 1981). Hace un par de días María F. Sánchez, en su artículo "Los hechos de la Transición que deberá explicar Martín Villa a la jueza Servini", publicado en Cuarto Poder, hizo un relato pormenorizado de los motivos de la acusación, en los que las actuaciones de las fuerzas de orden público y determinados grupos paramilitares fascistas provocaron que personas murieran como consecuencia de sus actuaciones más que contundentes. 

Se trata, en fin, de investigar, para luego dirimir, acerca de lo ocurrido en los sucesos de Vitoria, en marzo de 1976, donde murieron cinco personas y resultaron heridas más de 150; las muertes, entre 1976 y 1977, de otras tres personas que se manifestaban en Hondarribia (Guipúzcoa), Santurce (Vizcaya) y Madrid, respectivamente; las tres producidas en mayo de 1977 durante la semana pro-amnistía llevada a cabo en el País Vasco; o la ocurrida en julio de 1978 en Pamplona, cuando se estaban celebrando los Sanfermines.

No son todos los crímenes, sino sólo los que han sido denunciados, que son una pequeña parte. Hay que recordar que el número  de víctimas mortales habidas durante los años de la Transición, como consecuencia de la acción de las fuerzas del orden público o los grupos fascistas, varía según las investigaciones. Oscilan entre las 188 señaladas por Sánchez Soler y las 245, por Wilhelmi, que anualmente supusieron entre 30 y 40. Sobre esto puede leerse una entrada mía, publicada en septiembre del año pasado, con el título "La violencia represiva  durante la Transición (a propósito de la ignorancia atrevida de Carmen Calvo)".

Martín Villa tampoco es la única persona imputada, pues habría que sumar a otras 18 más. Otra cosa es que desde que hace diez años se inició la "querella argentina" ha ido falleciendo el resto de los cargos franquistas imputados y llamados a declarar.

Y precisamente Martín Villa no se ha quedado parado. Previo a su declaración ha conseguido el apoyo de cuatro expresidentes del gobierno (Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy), dos "padres" de la Constitución (Miquel Roca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón), varios exministros de UCD y PSOE (Rafael Arias-Salgado, Josep Borrell, etc.), cuatro secretarios generales de centrales sindicales (Nicolás Redondo y Cándido Méndez, de UGT, y Antonio Gutiérrez y José María Fidalgo, de CCOO)... Cada uno ha enviado una carta a la jueza Servini, con la intención de exculpar de sus responsabilidades al implicado. 

Hoy mismo eldiario.es ha publicado una entrevista a Rodríguez Zapatero, donde justifica su posición ante el asunto. Considera que "Son hechos que en algunos casos fueron juzgados, quizá no teniendo en cuenta que la Transición fue un éxito pero no perfecta. Quizá algunos no fueron depurados adecuadamente". Y ha concluido que "sin haberlo vivido no puede haber un juicio objetivo". 

El manto de querer silenciar y tapar lo ocurrido, al menos como intento, sigue presente. Es lo que tenemos. 

viernes, 28 de agosto de 2020

Miente, que (más que) algo queda, con tal de sacar a Unidas Podemos del gobierno

Es un dicho muy repetido. Como también lo es eso que se atribuye a Goebbels sobre la mentira repetida mil veces que se convierte en verdad.  Más de lo mismo. 

Es lo que estamos viendo estos días sobre Podemos y sus dirigentes: la el robo de la tarjeta de Dina Bousselham, asesora de Pablo Iglesias, y su deterioro (con el comisario Villarejo de por medio...); la caja B del partido, desde las acusaciones del exresponsable del gabinete jurídico del propio Podemos (en base a rumores)... Y que se puede extender a los últimos años: la financiación  por el gobierno venezolano e incluso el iraní (desestimado por la justicia), los delitos fiscales de Juan Carlos Monedero (sin recorrido administrativo), las malas prácticas judiciales de Victoria Rosell (con el juez acusador condenado por prevaricación, falsedad documental y cohecho)...   

Hace tres días eldiario.es publicó el artículo Pascual Serrano "Ataque y acoso de Podemos a la prensa: lo que dicen las sentencias". Explica y desmonta en pocas líneas y con algunos ejemplos el papel que están jugando determinados medios de comunicación -que son muchos-, no tanto en la demonización de ese grupo político, que por supuesto que también, como en el cúmulo de falsedades en que se están basando para lanzar sus inusitados ataques y furibundas diatribas. 

Por esas líneas pasan los Tertsch, Inda, Rojo o Losantos  y sus reiteradas condenas judiciales por mentir, calumniar, insultar o denigrar a Pablo Iglesias, Javier Iglesias o Carolina Bescansa.

Es el brazo mediático de la derechona, lanzada a la ofensiva. Objetivo inmediato: sacar a Unidas Podemos del gobierno. Como sea. Luego ya irían viendo.

(Imagen: viñeta de Luiso García).

miércoles, 26 de agosto de 2020

Memoria y represión franquista: entre el miedo y la falta de voluntad política en los años de la Transición

Hace unos años el magistrado Joaquín Navarro Estevan [1], que en 1977 era militante del Partido Socialista Popular [2] y fue elegido senador por Almería en las elecciones celebradas el 15 de junio [3], escribió acerca de lo ocurrido durante la campaña electoral en Andalucía:

Los resultados fueron muy positivos para el PSOE, sorprendiendo a la propia ‘casa’. Pero en muchos lugares -como Sevilla- causaron miedo cuando se fueron conociendo. Muchos se asustaron al pensar que podían ganar. ‘Aquello –me decía un dirigente socialista de Sevilla- era demasiado’. No lo entendí. ‘Pensé –le dije- que queríais ganar las elecciones’. ‘Pero ¿qué dices? ¡Podría organizarse la de Dios es Cristo! ¡Con las fuerzas armadas que tenemos, el golpe sería inmediato!’. Éste era el clima. Por esas o parecidas razones, no pocos militantes del PCE votaron PSOE. Algunos me lo dijeron y me indigné hasta el punto de que se quedaron muy sorprendidos, como si yo estuviese fuera de la realidad de la historia.

En las líneas siguientes Navarro Estevan siguió abundando sobre el tema, en el que resaltó que “el miedo también votó”, una frase que dio título al epígrafe. Ignoramos en qué medida se concretó la afirmación hecha por parte del magistrado y, por tanto, cuántas personas pudieron cambiar su voto como consecuencia del miedo.

Se ha escrito bastante acerca de la actitud de la sociedad española durante los años de la Transición y la preeminencia de la “paz” muy por encima de otros valores como los de “justicia”, “libertad” y “democracia”, tal como han resaltado Rafael López Pintor o Paloma Aguilar [4]. También se ha escrito sobre el comportamiento de los principales partidos parlamentarios durante los años de la Transición, desarrollando una política de consenso que tuvo como momento culminó la aprobación de la Constitución de 1978.

Pero esa línea de interpretación no fue en su día unánime. Hay trabajos que plantearon en su día la existencia de otro estado de opinión en esos años, en este caso resaltando unas condiciones más favorables a un cambio político más avanzado, dentro de los parámetros de lo que durante los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición se denominó con el término ruptura democrática [5]. Más recientemente otros trabajos han abundado sobre ello, con algunas matizaciones, pero resaltando las limitaciones del modelo político conformado en la Transición y las repercusiones en el momento actual [6].

De lo que no hay duda es que el miedo estuvo presente en esas elecciones entre quienes habían vivido la guerra y los primeros años de la dictadura, y, como consecuencia, habían sufrido, directa o indirectamente, los rigores de la represión. Algo que también siguió perdurando en otros ámbitos de la vida durante las décadas de los ochenta y los noventa. Los ecos de la dictadura seguían presentes y es que, en palabras de Francisco J. Leira Castiñeira [7],

la guerra generó un curioso fenómeno, como fue la mentada necesidad de paz por parte de la ciudadanía y en gran parte de los excombatientes, junto con la imposibilidad de afirmar en público una memoria colectiva distinta a la defendida por la dictadura. Esto dio lugar a un silencio, no solo impuesto por los poderes fácticos, sino autoimpuesto.

El miedo y el olvido estuvieron instalados durante décadas en la sociedad española. Como también ha señalado Magdalena González [8]:

Aunque el franquismo fracasó en el intento de transformar un modelo de conciencia social y no pudo arruinar la memoria privada en la que aquella se reforzaba, incluso a pesar de la exhibición permanente de la memoria oficial y el desarrollo de la política de socialización emprendida para actuar sobre las nuevas generaciones, sí consiguió instalar el miedo y el mutismo entre la población, lo que también provocó que muchos prefiriesen olvidar.

Que durante los años de la Transición prevaleciera la idea de superar lo ocurrido durante la guerra civil en pos de un nuevo objetivo político basado en el modelo liberal-democrático, no impidió que en algunos sectores de la población, concretamente los relacionados con quienes resultaron perdedores en la contienda bélica, se diera un sentimiento de frustración, bien fuera propio o bien de las generaciones siguientes. Después de unos primeros escarceos por conocer más de lo ocurrido, como fueron los primeros descubrimientos de fosas comunes o la publicación de reportajes por parte de una revista generalista [9], hubieron de pasar algunos años, ya a finales de la década de los noventa, para que eclosionaran a la par, complementándose, investigaciones históricas sobre el tema y un movimiento por recuperar la memoria de lo sucedido y de quienes sufrieron los horrores de la represión.

Fueron muchos años, en su mayor parte bajo los gobiernos del PSOE (1982-1996) presididos por Felipe González, en los que se cultivó el olvido. A ello no fue ajeno el protagonismo que tuvieron determinados sectores políticos de una generación, la del 68, que participó en primera línea en el pacto constitucional y llevó las riendas políticas durante esos años. Para Pablo Sánchez León [10]

los de la  generación  del  68 […],  tras pactar  con  la  burocracia  tardofranquista,  pilotaron  la  transición y  aseguraron  su  estatus social  en una clase  media reforzada  con  la  consolidación  del  Estado  del  bienestar  y extendida  definitivamente  como patrón moral  de  la  democracia posfranquista. También monopolizaron el  relato  oficial  sobre  la  misma.  Era  de  esperar  entonces  que  las  narrativas sobre la transición disponibles hayan borrado toda huella de la experiencia colectiva de una juventud  radical  por  la  que  sentían  incomprensión  cuando  no  vergüenza  y  repudio.

Es verdad que durante los gobiernos del PSOE siguió desarrollándose una normativa legal, iniciada en el verano de 1976, tendente a conceder pensiones a quienes, con algún tipo de secuela física por motivos de la guerra, no las habían recibido. En su gran mayoría se trataba de combatientes republicanos, aunque no faltaron algunos “rojos” que se vieron obligados a formar parte de las filas del ejército franquista. En 1984 se reconocieron los derechos y servicios prestados por quienes durante la guerra civil formaron parte del ejército y las fuerzas de orden público bajo la autoridad del gobierno republicano [11]. Y finalmente en 1990 se aprobó, dentro de los Presupuestos Generales del Estado, la adicional decimoctava, que estaba dirigida a indemnizar a quienes por motivos políticos habían sufrido al menos tres años de privación de libertad [12].  Aunque el ministerio de Economía y Hacienda recibió más de 100.000 peticiones, 40.000 fueron desestimadas [13]. Y es que buena parte de los fondos documentales depositados en los archivos oficiales estaban desorganizados, cuando no habían sido destruidos [14].

De poco sirvieron las recomendaciones formuladas en 1994 desde la Oficina del Defensor del Pueblo al ministerio de Economía y Hacienda. Es verdad que se admitió que se flexibilizaran los “criterios de interpretación y aplicación” de la normativa, incluyéndose “como periodos de prisión, los de privación de libertad sufrida en campos o depósitos de concentración y edificios habilitados como prisiones”. Pero no ocurrió lo mismo con otra petición, la  que iba dirigida a que “se estudiase la posibilidad de establecer medios de prueba complementarios para la acreditación de los periodos de privación de libertad o, subsidiariamente, que se reconociese una bonificación temporal”.

Algunas comunidades autónomas, por su parte, aprobaron posteriormente algunas compensaciones, que han sido calificadas en algún caso como “ridículas” [15].  No conocemos su alcance en cuanto a datos concretos, pero sí que hubo problemas reales, derivados de las dificultades existentes a la hora de localizar en los archivos oficiales los documentos requeridos.

Llegados a este punto, resulta necesario abordar lo que fue ocurriendo desde  finales del siglo pasado, así como las controversias que fueron surgiendo, en las que dos mundos, el político y el académico, estuvieron muy presentes. Como también lo estuvo, como principal ingrediente, el cambio de mentalidad en una buena parte de la sociedad española y la voluntad de quienes, en mayor número que antes, decidieron dar un paso decidido para conocer más y mejor lo ocurrido, y para no olvidar.


Notas

[1] Navarro Estevan (2003, p. 27).
[2] Estaba dirigido por el catedrático de Derecho Político Enrique Tierno Galván; compitió con el PSOE el espacio de la socialdemocracia, pero resultó claramente perdedor, al obtener apenas el 4’46% de los votos y 6 escaños frente al 29’3% y 118 escaños del partido dirigido por Felipe González; en Andalucía el PSP se presentó coaligado con el Partido Socialista de Andalucía, obteniendo el 4’7% de los votos frente al 36’2 del PSOE (Junta Electoral Central, sin fecha, p. 5).
[3] Se presentó dentro de la Agrupación Electoral Democrática Independiente de Almería, que estaba apoyada por PSOE, PSP y PCE (Junta Electoral Central, sin fecha, p. 12).
[4] López Pintor (1981, p. 22) y Aguilar (1996, pp. 348 y ss.), que se basan en las encuestas del Instituto de Opinión Pública de 1966, 1975 y 1976; la segunda, además, en los informes FOESSA de 1966, 1970, 1975 y 1981.
[5] Existen distintos autores que han defendido una versión diferente a la más extendida, fruto del llamado consenso constitucional, como la de Garcés (2008; la edición inicial es de 1996), Navarro (2003),  Vidal-Beneyto (2007), etc.
[6] Doménech (2003), Gallego (2008), Monedero (2011), Rodríguez López (2015), etc.
[7] Leira (2020, p. 315).
[8] González (2023, p. 552).
[9] La revista Interviú publicó varios reportajes; conocí uno de ellos, “Salamanca. Así fue el terrorismo falangista” (Montoto, 1979).
[10] Sánchez León (p. 93).
[11] Ley 37/1984, de 22 de octubre (BOE n. 262, 1-11-1984).
[12] Ley 4/1990, de 29 de junio, de Presupuestos Generales del Estado para 1990 (BOE n. 156, 30-06-1990).
[13] Espinosa (2015, p. 107).
[14] Como ejemplo, el Archivo General de la Capitanía de la Zona Marítima del Estrecho sufrió un incendio en el verano de 1976, destruyéndose la mayor parte de la documentación existente.
[15] Espinosa (2015, p. 107).

Bibliografía

AGUILAR FERNÁNDEZ, Paloma (1996). Memoria y olvido de la Guerra Civil española. Madrid, Alianza.
DOMÉNECH SAMPERE, Xavier (2002). “El cambio político (1962-1976). Materiales para una perspectiva desde abajo”, en revista Historia del presente, n. 2; www.moviments.net/spaimarx (consultado el 1-07-2007).
ESPINOSA MAESTRE, Francisco (2015). Lucha de historias, lucha de memorias. España 2002-2015. Sevilla, Aconcagua.
G ALLEGO, Ferrán (2008). El mito de la Transición. La crisis del franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977). Barcelona, Crítica.
GARCÉS, Joan (2008). Soberanos e intervenidos. Estrategias globales, americanos y españoles. Madrid, Siglo XXI.
GONZÁLEZ, Magdalena (2013). La invención de la memoria. Transmisión generacional del relato de la guerra de 1936 en Conil de la Frontera (Cádiz). Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid; https://eprints.ucm.es/20067/1/T34333.pdf; (consultado el 1-08- 2018).
JUNTA ELECTORAL CENTRAL (sin fecha). Elecciones Generales 15 de junio de 1977. Resultados; http://www.juntaelectoralcentral.es/cs/jec/documentos/GENERALES_1977_Resultados.pdf (consultado el 5-08-2020).
LEIRA CASTIÑEIRA, Francisco J. (2020). Soldados de Franco. Reclutamiento forzoso, experiencia de guerra y desmovilización militar. Madrid, Siglo XXI.
LÓPEZ PINTOR, Rafael (1981). “El estado de la opinión pública española y la transición a la democracia”, en Revista Española de Investigaciones Sociológicas, n. 13. Madrid, CIS.
MONEDERO, Juan Carlos (2011). La transición contada a nuestros padres. Madrid, Catarata.
MONTOTO, Ángel (1979). “Salamanca. Así fue el terrorismo falangista”, en  Interviú, n. 177, 4-10 octubre; reproducido en https://www.foroporlamemoria.info/documentos/2004/interviu_oct1979.htm (consultado el 31-08-2007).
NAVARRO, Vicenç (2009). El subdesarrollo social en España. Causas y consecuencias. Barcelona, Diario Público.
NAVARRO ESTEVAN, Joaquín (2003). 25 años sin Constitución. Madrid, Foca.
RODRÍGUEZ LÓPEZ, Emmanuel (2015). Por qué fracasó la democracia en España. La transición y el régimen del ’78. Madrid, Traficantes de Sueños.
SÁNCHEZ LEÓN, Pablo (2014). “Desclasamiento y desencanto. La representación de las clases medias como eje de una relectura generacional de la transición española”, en Kamchatka: revista de análisis cultural, n. 4; https://ojs.uv.es/index.php/kamchatka/article/view/4145/4393 (consultado el 14-08-2020).
VIDAL-BENEYTO, José (2007). Memoria democrática. Madrid, Foca.

(Imagen: paneles fotográficos del Museu Memorial de l’Exili, en la Jonquera, Girona)

jueves, 20 de agosto de 2020

Las diferentes varas de medir en las protestas: impunidad (para la extrema derecha) y represión (para...)

Si hay algo que está llamando la atención de las protestas que está protagonizando la extrema derecha es la impunidad con la que las llevan a cabo. Si se comparan las actuaciones policiales según las protestas provengan de ese mundo o lo sean de movimientos sociales y/o grupos de izquierda, el resultado es muy diferente. 

En 2013 el PP aprobó su "ley mordaza", que buscaba penalizar las movilizaciones sociales que habían surgido tras las medidas austericidas aplicadas por el último gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que el posterior del PP, con Mariano Rajoy al frente, intensificó. Esa ley supuso más porrazos y pelotazos de goma, en la calle, y más y abusivas multas. A eso se añadió la actuación desde algunos ámbitos de la judicatura, que condenaron con penas de cárcel a cantantes y usuarios de las redes sociales, con la acusación de  haber hecho apología del terrorismo o de la violencia. Desde las instancias europeas se llegó a llamar la atención por el proceder desmesurado en esas actuaciones y sentencias.

No debemos olvidar tampoco lo ocurrido en otros casos, como con los jóvenes de Alsasua condenados a penas elevadas con la acusación de terrorismo, en lo que no dejó de ser una pelea a altas horas de la noche en un bar. O en la violenta actuación policial del 1-O de 2017 en Catalunya, cuando se desarrollaba la consulta sobre la independencia. 

Son muestras del gran abismo existente en el proceder de las fuerzas de orden público, las autoridades administrativas o los miembros de la judicatura. Lo llevamos viendo desde hace tres meses en el acoso permanente en la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero o el que han sufrido días pasados en la localidad asturiana donde intentaban pasar unos días de vacaciones. Lo vimos también hace unas semanas en Toledo con Yolanda Díaz y en Sanlúcar de Barrameda con Juan Carlos Monedero. Acosos, permanentes o aislados, en los que no falta el insulto soez, machista, misógino, homófobo, etc.

Fue en sede parlamentaria donde la recién destituida portavoz del PP se atrevió a llamar "terrorista" al padre de Pablo Iglesias, lo que ha seguido reiterando en sus declaraciones ante los medios de comunicación. O donde se vierten una y otra vez desde la bancada de Vox unas palabras que no tienen desperdicio, donde la verdad desaparece para dar paso a la calumnia y la falsedad. Formas de alentar a sus huestes, que se acaban reproduciendo en las redes sociales o en la calle. 


Hace unos días tuvo lugar en Madrid una concentración de personas contrarias al uso de las mascarillas, con el aderezo de que el covid-19 es un cuento y demás monsergas. Fueron unos tres millares las que asistieron la mayoría sin mascarillas y sin guardar la distancia física debida. Mucha gente nos preguntamos, después de haber visto las imágenes, qué hubiera ocurrido si eso hubiera ocurrido en un acto convocado por movimientos sociales o grupos de izquierda. 


Precisamente hace unos días la policía no tuvo reparos en actuar de una forma desmedida durante una concentración republicana, llevando quienes asistieron sus mascarillas y respetando la distancia. Pese a ello, se estuvo identificando a asistentes y se llevó a cabo violentamente una detención.           

sábado, 15 de agosto de 2020

La huida del emérito, las contradicciones en el gobierno y la oposición desde la derechona

El gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos tiene contradicciones. Lógico, pues está formado por grupos que tienen trayectorias y objetivos diferentes. Y además goza de unos apoyos parlamentarios que son cambiantes e inestables. El PSOE sigue anclado a una tradición que arranca de la Transición y que conlleva la defensa de valores e instituciones que se incardinan con el pacto constitucional. Podemos e Izquierda Unida, por su parte, no se consideran partícipes de ese pacto más allá que el respeto de los aspectos de la Constitución que entroncan con los principios democráticos y que, en bastantes caso, se han incumplido. 

Y la monarquía, evidentemente, no entra entre lo defendible. Por su naturaleza se trata de una institución basada en el privilegio de una familia para erigirse en la cúspide del estado y en aprovecharse de los beneficios que conlleva, principalmente, el de la inviolabilidad de quien ostenta la corona. Es, pues, una institución antidemocrática. Si a eso le añadimos el origen y la trayectoria seguida por Juan Carlos I, que ocupó el trono entre 1975 y 2014, la realidad se muestra tozuda: estamos ante personaje indefendible. Heredero del dictador, falsamente convertido en héroe del episodio del 23-F y autor de numerosas irregularidades financieras.

Desde quienes defienden la monarquía, al margen de la palabrería de los voceros del PP, Vox y de sectores del PSOE, los argumentos que están dando se basan en la formalidad de lo legal. Y para ello utilizan el término talismán de la inviolabilidad. A lo más que llegan es a delimitar lo ocurrido a través de la fecha de 2014, cuando Juan Carlos I se vio forzado a  abdicar en favor de su hijo. Un hecho que fue parte de una operación política de gran calado, tendente a recuperar el prestigio que estaba perdiendo la institución. En ella jugaron un papel primordial el entonces jefe de gobierno, Mariano Rajoy, y el recién dimitido líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Sin entrar en el vacío legal existente en torno a la figura creada de rey emérito, por lo que hemos ido sabiendo en los últimos meses acerca de sus actuaciones económicas, como comisionista de negocios entre estados e infractor en varios delitos fiscales dentro y fuera del país, ya hay materia suficiente para que la justicia y el gobierno tomaran cartas sobre el asunto de una forma expeditiva. 

La contradicción existente en el seno del gobierno sobre este asunto resulta evidente. Y uno de los problemas para resolverlo deriva de otro hecho primordial: el papel que la derechona está jugando. Su objetivo es acabar con el gobierno, para lo que aprovecha cualquier excusa y una de ellas es incidir en esa contradicción. La derecha españolista ha tenido siempre una querencia por la monarquía. Ha sido su institución fetiche, salvo cuando aupó al general Franco al poder y lo mantuvo el tiempo que pudo, que no fue poco. La salida monárquica tras su muerte fue finalmente aceptada por las élites de la oposición que pactaron con las élites provenientes del franquismo. La conocida como generación del 68, que se mostró en distinto grado opuesta a la dictadura, fue la que acabó gobernando y ocupando buena parte de los cargos políticos y de la administración entre 1982 y 1996. El felipismo fue su expresión, que conllevó respetar los poderes reales (institucionales, económicos, militares, judiciales...), perfeccionar la vinculación con el atlantismo, liderado por EEUU, e incorporarse de lleno en las instituciones europeas. 

La crisis de 2008 puso en alerta a todos esos poderes. Y en las nuevas generaciones surgió un malestar que tuvo en el movimiento del 15-M como principal referente, a la vez que se fueron sucediendo amplias movilizaciones sociales. Tras su reflujo, en parte por haberse orientado a la opción electoral, la consecuencia principal fueron las derrotas electorales del PP en 2019 y la bajada de los apoyos al conjunto de la derecha españolista. Las indecisiones del PSOE después de abril llevaron a un intento fallido en noviembre por querer convertirse en una fuerza de gobierno sin ataduras, sobre todo por su izquierda. 

Por eso el gobierno formado en enero de este año resulta importante. Sin que haya podido desarrollar todo su programa, como consecuencia de la pandemia internacional, sí ha aprovechado esa circunstancia para desplegar un paquete de medidas sociales que tienen como objetivo proteger a los sectores sociales más vulnerables. Y en ello están jugando un papel crucial los ministerios en manos de Unidas Podemos.

En el transcurso de estos meses la derechona no ha desperdiciado ocasión para  acabar con el gobierno de coalición. Primero fue lo de las muertes por el Covid-19, luego lo del montaje en el seno de la Guardia Civil acerca de las manifestaciones del 8-M, ahora están con lo de la financiación de Podemos... 

Y claro, la gota que ha colmado el vaso ha sido lo ocurrido tras la huida al extranjero del emérito y el secretismo sobre su lugar de destino. Y aquí el jefe de gobierno se ha mostrado, más que tímido, atado a los poderes reales del estado. Respetuoso con la tradición heredada del felipismo de hacer de la corona uno de los fundamentos del sistema. 

¿Cómo puede resolverse la contradicción? En primer lugar, que desde Unidas Podemos no haya silencio sobre lo que está ocurriendo e incluso se intensifique  la presión para dar una solución a la vergüenza que estamos viviendo entre el emérito fugado, la Casa Real callada y el jefe de gobierno protegiéndolo. Y también, que desde la sociedad aumente la presión, más allá de los chistes, para hacer de la calle el ámbito de resonancia del malestar existente. 


(Imagen: viñeta de Luiso García, publicada en https://laultimahora.es/y-si-la-vineta-de-luiso-garcia/)