jueves, 16 de julio de 2020

Una novela interesante e inquietante a la vez: pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz

Acabé de leer hace un par de días  la novela de Marta Sanz pequeñas mujeres rojas (Barcelona, Anagrama, 2020). Y todavía lo estoy digiriendo. En un doble sentido. Primero, por su contenido, que es muy duro. Y luego, por el estilo narrativo, que me ha parecido complejo. Y no por ello le quito mérito, sino todo lo contrario. Para aclararlo me iré extendiendo a lo largo de las líneas que siguen.

Sobre su título no es un error mío que empiece con una palabra minúscula, sino una decisión de la autora. La novela trata de pequeñas historias, incluida la principal y su protagonista: Paula Quiñones. Haberlo hecho así es una forma de enfatizar, pero sin minusvalorar: "Quería una mujer que saliera del estereotipo de belleza canónica, con torceduras e imperfecciones. Comprometida, inteligente, con sentido cívico, que sabe de números, pero que cuando se enamora se convierte en frágil, vulnerable y pequeña, de ahí la pe minúscula del título, que invita a que la literatura sea un espacio travieso y transgresor" (1), ha declarado la autora en una entrevista.


Todo se desarrolla en un pueblo -ficticio- de la meseta castellana, llamado Azafrán y al que alguien ha modificado su nombre en uno de los carteles mediante una pintada para quedarse en Azufrón. Una alteración intencionada, porque la atmósfera que se respira en todo momento es la del azufre. La de un infierno en la Tierra. El de las muertes -asesinatos- acaecidas hace más de siete décadas y las miserias (delaciones, robos, traiciones, amores prohibidos, odios...) de quienes las perpetraron. El infierno del recuerdo que se quiso enterrar, como también se enterró anónimamente a las víctimas, pero que acaba aflorando. Y el infierno ocasionado tras el descubrimiento por Paula, una mujer adulta, desengañada en su vida personal (y que por ello intenta olvidar) y colaboradora ocasional en un proyecto de memoria histórica, que se topa con  las claves para entender lo ocurrido: "A todos nos convenía. Hasta que llegaron los remordimientos del inútil de Samuel. El cuadernito. La coja" (p.  248). 


Todo ello en una tierra donde la Guerra Civil no lo fue como tal, porque en ella no hubo ningún frente ni ninguna batallas. Sólo, horror y terror. Azafrán/Azufrón, convertido en un microcosmos del ayer y del hoy. Y como eje del relato, una familia, la Beato, con su patriarca centenario, Jesús, antiguo barbero-peluquero, que fue primero un delator y luego acabó aprovechándose del momento para amasar una fortuna a costa sus víctimas, a las que envió a la fosa, la locura o la humillación de por vida. La misma familia donde, azares del destino, fue a parar Paula cuando se alojó en el hotel mugriento que les pertenecía y que acabó siendo el escenario de su mortal perdición. 

Me costó dar con las claves narrativas y confieso que me ha ayudado la búsqueda insistente que he llevado a cabo por la red. Hay tres partes en la novela, no separadas físicamente, sino entrelazadas, y en cada una hay, a su vez, narradoras diferentes (2). Una es la propia Paula, que desde que llega al pueblo envía cartas a la que fue su suegra, Luz, y en las que le va contando lo que hace y percibe. Otras son las víctimas del 36, que gritan a su manera desde el más allá del recuerdo. Y la tercera es la propia Luz, que va reinterpretando lo que le contó Paula en sus misivas y lo que va descubriendo tras su muerte -asesinato, otra vez-, leyendo y escuchando a testigos. 


Estamos, en primer lugar, ante una reivindicación de la memoria, cercenada durante décadas y todavía motivo de polémica, especialmente desde quienes fueron responsables -culpables- de lo ocurrido. La autora aclara al final que los hechos narrados son "fruto de una fantasía" y que los personajes "nacen por completo de mi imaginación". Pero añade que "recrean muy libremente los sucesos acaecidos en torno a la fosa de Milagros", un pueblo de la comarca de Aranda de Duero, al sur de la provincia de Burgos, donde en 2009  se exhumaron los cuerpos de 45 personas (3).


Y estamos también ante una denuncia de la violencia a la que se han visto sometidas la mujeres a lo largo del tiempo. Ayer y hoy. Durante la guerra y la postguerra, y en nuestros días. La que sufrió, por ejemplo, Julita Melgar, una de las víctimas del patriarca de la familia Beato, "que representa a aquellas mujeres que a lo largo de la historia, por su imaginación, afán de libertad, excentricidad, curiosidad erótica, por querer ser peonas camioneras o cantantes, han sido encerradas en el baúl de las locas" (4). O la violencia que se llevó por delante la vida de esa Paula "comprometida, inteligente, con sentido cívico...". Y que acabó atrapada como un animal en un artefacto que "dispone de un sistema de blocaje rápido que permite inmovilizar[lo]" (p. 248).


Y ya para acabar, dos cosas. La primera, una deuda pendiente que intentaré resarcir cuando tenga ocasión: me he quedado con las ganas de leer de la autora el poema en prosa "Huesos", incluido dentro del poemario Vintage (Bartleby, 2013). Es el origen literario de los fantasmas que aparecen en la novela: "Es verano. A lo lejos se escuchan el chapoteo y los gritos de la piscina municipal. Huele a cochiquera y a cloro. Una mujer baja de un coche. Viene a desenterrar huesos". 

Y la segunda, el final de novela, antes de los Agradecimientos finales, que acaba de esta manera: "Ahora cogemos aire. Nos recuperamos. Quedamos atentas. Empiezan malos tiempos para las que son como nosotras y sabemos, por esta historia y otras que no aún no han sido contadas, que ni los ángeles custodios ni los mujeres mártires resultan eficaces en las tareas de protección paranormal".

Una novela, en fin, que resulta inquietante por lo que cuenta e interesante, por cómo lo hace.


Notas
(1) Anna Abella, "Marta Sanz: 'Escribo sobre cómo sigue corroyendo el óxido franquista'", El Día. La Opinión de Tenerife, 18-05-2020.

(2) carmen Sigüenza, "Marta Sanz: 'Me da miedo cómo nos roban las palabras'”, efeminista, 6-05-2020.
(3)  “Exhumados 45 cuerpos de la fosa de Milagros”, Público, 18-07-2009. 
(4) Anna Abella, "Marta Sanz: 'Escribo sobre cómo sigue corroyendo el óxido franquista'", El Día. La Opinión de Tenerife, 18-05-2020.       

Post data

El artículo ha sido publicado en Rebelión, con fecha 21-07-2020
(https://rebelion.org/una-novela-interesante-e-inquietante-a-la-vez-pequenas-mujeres-rojas-de-marta-sanz/).

lunes, 13 de julio de 2020

Similitudes, diferencias y alguna conclusión en los resultados de las elecciones gallegas y vascas 2020

Espero que se me entienda lo que voy a decir sobre los resultados de las dos elecciones habidas ayer. Partiendo, eso sí, de dos realidades políticas bastante diferentes. Por un lado, hay importantes similitudes. Y por otro, diferencias notables. Voy a hacer un esfuerzo por explicarme.

En primer lugar ha sido el triunfo de la moderación. En Galicia, por parte de un PP o, más bien, de la marca Galicia/Feijóo (48%), que tiene poco que ver con el PP central y menos, con el de Pablo Casado y su gente. En el País Vasco, de ese PNV (39'1%) que sabe actuar con la habilidad suficiente para sacar tajada ayudando al gobierno central y dejándose ayudar en su comunidad para mantener la estabilidad necesaria.


En segundo lugar ha sido una derrota de los dos partidos que conforman el gobierno central, aunque menor en el PSOE que en Unidas Podemos. En el caso del PSOE, quedando en tercer lugar en las dos elecciones (19'4% en Galicia y 13,6% en el País Vasco). Y cuanto a las dos versiones territoriales de Unidas Podemos, una Galicia en Común (3'9%) que ha sufrido la pérdida de 15'2 puntos y se ha quedado sin representación parlamentaria; y un Elkarrekin Podemos (8%), que ha perdido 6'8 puntos y ha bajado ostensiblemente en escaños, pasando de 11 a 6.


En tercer lugar, se ha dado un triunfo relativo de las dos opciones nacionalistas/independentistas de izquierda. El BNG (23'8%), subiendo 15,5 puntos y multiplicando por 2'5 los votos. Y EH-Bildu (27'8%), subiendo 6,6 puntos.

En cuarto lugar, ha habido un batacazo de la derecha españolista en el País Vasco. La coalición PP-Ciudadanos (6'75%) ha reportado la pérdida de más de la mitad de los votos, de 5'5 puntos y de cuatro escaños (9 obtuvo el PP en 2016). Mientras tanto, Vox (1'96%) se ha quedado con uno de esos escaños gracias a sus mejores resultados en Álava (3'8%). 

¿Qué puede suponer todos esto? No creo conveniente hacer una extrapolación sobre el conjunto del estado, dada la naturaleza de los comicios y las peculiaridades de cada territorio. Pero sí hay algunos aspectos que llaman la atención. Veámoslos.

Un aviso para el gobierno central en general. La suma de votos entre los dos grupos que lo componen ha sido pobre: el 23'3%, en Galicia; y 21'6%, en el País Vasco. Es cierto que no son dos de los territorios más propicios, pero las debilidades apuntan hacia lo que tienen por sus dos flancos, el derecho y el izquierdo. 

El PSOE salva algo los muebles en el País Vasco, dado que con el PNV puede encontrar una vía de estabilidad mutua en el campo de la moderación. Peor es lo de Galicia, relegado a la tercera plaza, y más teniendo en cuenta lo que supone el potencial de Feijóo de cara a metas más ambiciosas fuera de su comunidad, mirando al conjunto del estado.

Unidas Podemos y sus coaliciones territoriales han salido bastante malparadas. Otra cosa es que sus pérdidas de votos se hayan quedado, con toda probabilidad, en la izquierda, aunque haya sido la nacionalista/independentista. Quizás síntoma de que determinadas dejaciones en la acción de gobierno hayan hecho que parte del electorado haya preferido opciones más radicales. No creo que las sentencias oportunistas expresada hoy por ex de Podemos, como Íñigo Errejón o  Ramón Espinar, sean la fórmula que lo explique.

Alberto Núñez Feijóo se ha impuesto en el PP. Su moderación le ha permitido una nueva mayoría absoluta y le catapulta como recambio de Pablo Casado. Lo suyo es una mezcla de regionalismo explícito (o nacionalismo gallego blando) y PP centrado. Por eso huye de partidos como Ciudadanos y Vox, o de los sectores centralistas de su partido.

Pablo Casado, su gente y sus mentores han fracasado. Lo de Galicia ha puesto de manifiesto que lo que habían deseado, les hubiera llevado al fracaso. Y sobre lo del País Vasco, sin palabras.

El nacionalismo vasco está fuerte: 66'9% de los votos. Y todavía están quienes (Vox) dicen que habría que ilegalizar al PNV y a EH-Bildu. O quienes (PP, Ciudadanos y Vox) siguen erre que erre con lo del terrorismo y demás. 

¿Y la izquierda? Si sumamos los grupos que están a la izquierda del PSOE: 27'9%, en Galicia, añadiendo Marea Galeguista; y 35'8%, en el País Vasco. Si sumamos los grupos que apoyaron o posibilitaron la conformación del actual gobierno central: 47'1%, en Galicia; y 49'4%, en el País Vasco. Si añadimos en este último territorio al PNV, que apoyó la investidura de Pedro Sánchez, la suma alcanza el 88'6%. 

Y en cuanto a la derecha españolista: en Galicia han sumado el 50'8%, pero la puramente centralista se ha quedado en un 2'75%; y en el País Vasco, el raquítico 8'5%.

Como conclusión: queda mucho por ver y por hacer. Y que Unidas Podemos y sus confluencias hermanas aprendan de los errores cometidos. En el gobierno, en la conformación de candidaturas, en la relación con otras fuerzas políticas, en la presencia en la calle...        

viernes, 10 de julio de 2020

Un artículo de Pedro Costa Morata sobre la economía post-covid (y dos poemas que añado)

























Me he reencontrado con Pedro Costa Morata, después de muchos años sin leerlo.  Uno de los referentes intelectuales que teníamos en los años ochenta dentro del movimiento ecologista, en general, y antinuclear, en particular. Hoy he leído un artículo suyo en el periódico digital Cuarto Poder: "La reconstrucción poscovid y el cuento de los ‘Cien economistas’". Todo un  ejercicio de clarividencia en los tiempos que corren, por lo que l
eerlo supone no perder el tiempo, sino todo lo contrario. 

Da un aviso sobre la decisión tomada por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, de crear un grupo de 100 economistas para estudiar la situación en que nos encontramos tras las arremetidas de la pandemia del covid-19. Algo que en sí mismo ya es reducionista a la hora de entender la realidad.

También da una advertencia y es que su diagnóstico de la crisis es claro: "es ecológico-ambiental, y (...) viene (eso sí) generada por causas eminentemente económicas". Un fuerte varapalo al gremio de expertos (lo expreso en masculino, pues conozco a pocas mujeres) de esa rama del conocimiento, que en los medios académicos, políticos y financieros no paran de pontificar acerca de lo divino y de lo humano, a la par que han desatendido todo lo que concierne a la "conservación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente".

Y por último, no le falta dar un consejo: que esa comisión, mesa o grupo de asesoramiento la compongan "cincuenta ecologistas (entre ellos, no menos de diez “economistas ecológicos”, de los que la lista que critico prescinde olímpicamente, supongo que por radical ignorancia de su existencia); diez sociólogos/antropólogos de los que entiendan el mundo que viene; diez filósofos de entre los que menos escriban en la prensa; diez ingenieros/científicos naturales excluyendo, en principio, a los de Caminos, los Agrónomos y los de Telecomunicación, así como a los Físicos; diez economistas jóvenes, que sepan de termodinámica; y diez poetas, que digan con libertad qué piensan de sus compañeros y, por supuesto, de sus textos expertos".

Suscribo todo lo que ha escrito. Y añado o, mejor, matizo: que sea paritaria. Y puesto a seguir matizando, sobre la presencia de poetas dejo como muestra dos poemas, a modo de colofón:

La madre Tierra 

Me quemé los labios en tu piel de hielo,
semejante al de la muerte, tan hondo, tu abrazo.
Me voy, tierra.
Me voy para poder amarte.

(Manuel Rivas).


De qué se alimentan los ciervos (fragmento)

(...)
Y tenemos, no la fe,
sino esperanza
en que nuestras raíces
también sean voladoras.

Porque queremos revivir
el tacto de la mano de una madre
y aún ignoramos
de qué se alimentan los ciervos.

Y las palomas de alcorque.

(Marta Sanz). 

Cubanas, mujeres en revolución, un documental de María Torrellas


Hace dos años salió el documental Cubanas, mujeres en revolución, dirigido por argentina María Torrellas. Después de varios intentos por verlo, lo he conseguido. Y no me ha decepcionado. Todo lo contrario. Porque se trata de un homenaje a la revolución cubana, personalizado en las mujeres. Como protagonistas en el antes del triunfo y, sobre todo, en el después. O, más bien, en el durante, porque, como el propio título señala, el proceso continúa.


Estamos ante un homenaje a aquellas que participaron en la lucha guerrillera. A ese pelotón de las Marianas, dirigido por Celia Sánchez, que luego fue ministra en los primeros gobiernos revolucionarios. Donde estuvieron también Haydée Santamaría, fundadora de la Casa de las América y protectora de lo que fue desde finales de lo sesenta la Nova Trova Cubana. O Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y desde ella impulsora del aluvión de medidas que pusieron a las mujeres en pie de igualdad entre ellas mismas, sin distinción de raza, y en relación a los varones. 

Un homenaje a quienes fueron poniendo su talento al servicio de la enorme tarea colectiva que tenían por delante. Como hizo la ya famosa Alicia Alonso en el mundo de la danza. O Leonela Relys, creadora del método de alfabetización de personas adultas "Yo sí puedo". 

Un homenaje a las siguientes generaciones de mujeres, las que se vieron beneficiadas de los logros revolucionarios en materia laboral, educativa, sanitaria, cultural, deportiva... Y que fueron accediendo a las distintas profesiones y especialidades de la medicina, la biotecnología, la educación, las artes plásticas, la música, la danza, el deporte... Como Marta Ayala, directora del Centro de Investigación Genética y Biotecnología. O Beatriz Marcheco, directora del Centro Nacional de Genética Médica. O Zuleica Romay, directora del Instituto Cubano del Libro. O la directora de orquesta Idalgel Marchetti Placeres. O la artista plástica Zaida del Río...

También un homenaje a las feministas que hicieron valer desde la perspectiva de género la necesidad de hacer una revolución igualitaria donde quepa todo el mundo. A Isabel Moya, la primera catedrática universitaria en ese campo. A Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual y artífice de una legislación favorable a las personas LGTBI.

Y un homenaje, cómo no, a esas mujeres anónimas que se ilusionaron con el triunfo de la revolución. Que se alfabetizaron o ayudaron a hacerlo en los primeros momentos. Que sufrieron las secuelas de la agresión imperialista en playa Girón. Como esa niña, Nemesia Rodríguez, que en 1961 perdió a su madre en un bombardeo y a sus zapaticos blancos. La misma que luego Jesús Orta Ruiz inmortalizó en su "Elegía de los zapaticos blancos": "Oídme la historia triste / de los zapaticos blancos... / Nemesia -flor carbonera- / creció con los pies descalzos. / ¡Hasta rompía las piedras / con las piedras de sus callos! / Pero siempre tuvo el sueño / de unos zapaticos blancos".     

jueves, 9 de julio de 2020

Historia de Mix, de Max y de Mex, una fábula de Luis Sepúlveda

Hace tres meses murió Luis Sepúlveda. Sólo había leído de él un libro suyo, Un viejo que leía novelas de amor (Barcelona, Tusquets, 2000), una de sus primeras novelas -data de 1988- y quizás la más leída. Una obra de poca extensión, pero bella, muy tierna y cargada de amor a la naturaleza. 

Días pasados adquirí otra obra suya: Historia de Mix, de Max y de Mex (Barcelona, Tusquets, 2020). Me ha servido como contrapunto de otra -y que me ha defraudado enormemente-: La Sombra del Viento (Barcelona, Círculo de Lectores, 2001), de Carlos Ruiz Zafón, también muerto recientemente. 

La obra de Sepúlveda está escrita en 2012 y cuenta con la colaboración de Noemí Villamuza, autora de las ilustraciones que se intercalan con el texto y de la portada. Aunque está subtitulada como una Una novela para jóvenes de 8 a 88 años, podría considerarse como propia del género infantil-juvenil.

Es menos extensa todavía que Un viejo que leía novelas de amor, pues tan sólo tiene 89 páginas y el tamaño de la letra es grande. Pero mantiene la belleza y  la ternura. Y, además, el autor en esta ocasión sustituye el amor a la naturaleza, a través de una comunidad de indígena en el Amazonas, por el más concreto a los animales, con un gato -Mix- y un ratón -Mex- como principales protagonistas. "Me gustan los animales, pero con los gatos tengo una relación especial", escribe Sepúlveda en las palabras iniciales, añadiendo que en cierta ocasión un astrólogo chino le había dicho: "Alguna vez, en una vida pasada, fuiste un gato muy feliz". ¿Una declaración de intenciones?

Estamos, pues, ante dos animales y un joven que se va haciendo independiente. Un humano y dos animales que, en un principio, resultan instintivamente antagonistas. Un humano y un gato que son cómplices en los afectos. Un gato que acaba perdiendo la vista, pero que la recobra a través de los ojos del ratón. Todo un canto a la cooperación. A esa cualidad que, aun cuando con animales de por medio, caracteriza a nuestra especie. Porque esa cualidad ha sido la que ha permitido  que hayamos evolucionado para ir descubriendo lo que nos hace mejores o nos ayuda a conseguirlo. La cooperación frente a la competencia. Esta última, causante de las mayores atrocidades cometidas por unos seres humanos contra otros, que son mayoría, y contra la naturaleza.  

Como en todo cuento, Historia de Mix, de Max y de Mex esconde una moraleja. Y con animales de por medio, podemos concluir que os encontramos ante una fábula. Y aunque me repita: bella y tierna. 

lunes, 6 de julio de 2020

Ennio Morricone, cuando la música ascendió al paraíso



















Murió Ennio Morricone, un grande de las bandas sonoras del cine y, por tanto, de la música. Muchas de sus melodías me han acompañado en mi aventura personal de ver y disfrutar del cine. Al principio, sin saberlo. 

Participó en decenas y decenas de bandas sonoras de películas y documentales. Y entre las películas que he ido viendo -algunas incluso con posterioridad a su estreno, por culpa de la noche del tiempo de la dictadura-, están, que recuerde: Por un puñado de dólares (Leone, 1964), La muerte tenía un precio (Leone, 1965), El bueno, el feo y el malo (Leone, 1966), La Biblia (Huston, 1966), Pajaritos y pajarracos (Pasolini, 1966), Teorema (Pasolini, 1968), La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo), Sacco y Vanzetti (Montaldo, 1971), El Decamerón (Pasolini, 1971), La clase obrera va a paraíso (Petri, 1971), Los cuentos de Canterbury (Pasolini, 1972), Las mil y una noche (Pasolini, 1974), Saló o los 120 días de Sodoma (Pasolini, 1975), Allosanfan (hermanos Taviani, 1974), Mussolini: último acto (Lizzani, 1975), Novecento (Bertolucci, 1976), Operación Ogro (Pontecorvo, 1979), La misión (Joffé, 1986), Los intocables de Eliot Ness (De Palma, 1987), Cinema Paradiso (Tornatore), ¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1989)... 

Quizás me haya dejado algunas por el camino, pero todas sus  melodías tienen su peculiar impronta de notas musicales. En bastantes, con el protagonismo del oboe, su instrumento preferido. Y entre tantas, no puedo olvidarme de la primera que escuché, muy de niño, de uno de los famosos spaguetti westerns dirigidos por Sergio Leone: La muerte tenía un precio, que silbábamos sin cesar en la calle cuando jugábamos a nuestra manera a indios y americanos con palos como armas y caballos imaginados. 

En Pajaritos y pajarracos se acercó a la canción popular italiana. Joan Baez ayudó a popularizar la melodía final de Saco y Vanzetti cuando la cantaba en sus recitales. Nos llevó al ritmo de los cabarets de los años 20 y 30 en Saló o los 120 días de Sodoma. Enfatizó con ritmo de marcha partisana la caída del villano fascista en Mussolini: último acto. Dejó constancia de formas vanguardistas en La clase obrera va a paraíso o La batalla de Argel. Aderezó como un tempo de intriga la preparación de la voladura por los aires de Carrero Blanco en Operación Ogro. En la que quizás sea su obra más reconocida, La misión, se acercó en demasía a Novecento. Se dejó llevar por lo más propiamente hollywoodiense en Los intocables de Eliot Ness o Cinema Paradiso... 

Su reconocimiento en Hollywood le llegó tarde y en forma honorífica: en 2006. Se dice que pesó en ello el que desde muy temprano tuviera simpatías, si no militancia, en el Partido Comunista Italiano. Por eso sigo quedándome con Novecento, cuando -para mí- el verbo se hizo música y ascendió a los cielos -o mejor, al paraíso- para formar parte de una película, la de Bernardo Bertolucci, tan excelsa como prodigiosa.

(Imagen: retrato de Ennio Morricone, por Manuel Berrios).

domingo, 5 de julio de 2020

La gratitud y el amor de 65 millones de Juan Carlos a Corinna

Sí, 65 millones de euros es lo que Corinna Larsen  recibió en 2012 como regalo del rey Juan Carlos I, según ha declarado a la justicia suiza. Un regalo de gratitud y amor, Pero, ojo, no para deshacerse de ellos, ni defraudar, ni blanquear. Eso, no. Faltaría más. Nada de comisiones y cosas por el estilo, como esa de 100 millones que obtuvo el hoy emérito por su intermediación en la construcción del AVE de La Meca. Amor, sólo amor. Y del bueno, del puro, del casto, de ése que no es pecado. Amor por España, que es lo más importante. 

La gratitud y el amor bien valen 65 millones. Pues ya está. No volverá a ocurrir. ¿O sí?

viernes, 3 de julio de 2020

Israel continúa con su expansionismo a costa de Palestina
























El plan de ocupar el 33% del territorio palestino en Cisjordania forma parte de lo que hace medio año se denominó como "acuerdo del siglo". Protagonizado, eso sí, por el gobierno israelí y el presidente de EEUU. Al margen de la Autoridad Palestina, legítima representante de su pueblo. 


Un paso más en la anexión de Cisjordania por el estado de Israel. Pero más descarado, si se quiere. Permitiendo que el expansionismo israelí siga ubicando colonias, pero en mayor escala, a costa de la población palestina. Haciendo que quienes llevan siglos y siglos morando esa tierra se les reduzca a la condición de población residente, pero carentes de derechos. Violando, como en tantas otras ocasiones, el derecho internacional.

Qué triste resulta ver cómo se sigue perpetuando una injusticia y se pierde la ilusión de la esperanza. Es lo que reflejó en 2014 en su poema "Epílogo" el poeta iraquí Sinan Antoon, cuando Gaza fue bombardeada sin piedad por el ejército israelí:

¿Vamos a volver a Jaffa, sidu?
No podemos
¿Por qué?
Estamos muertos
Entonces ¿estamos en el cielo, sidu?
Estamos en Palestina, habibi
y Palestina es el cielo
y el infierno
¿Qué haremos ahora?
Esperaremos
¿Esperar qué?
A los demás,
a que regresen.   

(Sidu: abuelo; habibi: querido). 

Pese a todo, tenemos que seguir denunciándolo.

(Imagen: "Noche estrellada en las montañas de Jericó", pintura de Vera Tamari).

martes, 30 de junio de 2020

El impuesto a las grandes fortunas, cuanto antes

El impuesto a las grandes fortunas ha sido aparcado en el gobierno. Unidas Podemos lo quiere. El PSOE, no. Una nueva contradicción. Gorda. Espero que sea coyuntural. ¿Cómo si no se van a financiar las medidas sociales que se han puesto en marcha, las que están pendientes y aquellas se necesitan para poder hacer frente a la nueva situación, entre otras, en la sanidad y la educación? El mundo empresarial está presionando. Lógico. Pero no debe ser óbice para que el gobierno de coalición pueda seguir adelante con su programa y sus propósitos. Fue la apuesta hecha en enero pasado, que contó con suficientes apoyos para hacerla efectiva. Lo está esperando mucha gente. Aunque la derechona y el capital se opongan.  

domingo, 28 de junio de 2020