Las delegaciones del gobierno colombiano y las FARC-EP han llegado a un acuerdo que abre un horizonte esperanzador en el país sudamericano. En el comunicado firmado, que se hizo público ayer mismo, se resalta haber alcanzado "un acuerdo fundamental sobre el segundo punto de la Agenda contenida en el 'Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera', denominado Participación Política".
Más concretamente, las dos partes han llegado a tres acuerdos: sobre "derechos y garantías para el ejercicio de la Oposición política" tanto por las FARC como los movimientos que se quieran sumar al proceso de paz; sobre los "mecanismos democráticos de participación ciudadana"; y sobre "medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable, en igualdad de condiciones y con garantías de seguridad".
Se trata del paso más tangible desde que en el verano del año pasado se iniciaran en La Habana las conversaciones de paz. Cuba y Noruega están actuando como países garantes del proceso, a los que hay que unir Chile y Venezuela, que actúan como acompañantes. Hay que mencionar también la labor que está realizando la Oficina de Naciones Unidas en Colombia y el Centro de Pensamiento Para la paz de la Universidad Nacional, así como las aportaciones de las mesas regionales organizadas por las Comisiones de Paz del Senado y la Cámara de Representantes de Colombia.
No ha gustado en la Generalitat valenciana la decisión del Tribunal Superior de Justicia anulando el expediente de regulación de empleo que mandaba a la calle a la mayoría de la plantilla de Canal 9. La más que rabieta de Alberto Fabra ha sido anunciar el cierre de la RTVV, con la televisión y la radio en paquete. Ha argüido que resulta inasumible el coste del mantenimiento. Lo dice quien pertenece al mismo partido que lleva gobernando esa comunidad desde hace casi dos décadas y ha sido el gestor de un despilfarro y una corrupción de enorme calibre. El lugar donde se han financiado con dinero público obras faraónicas, la mayoría en quiebra, como es el caso en Valencia de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la Ciudad de la Luz, el circuito urbano de automovilismo...; en Alicante, de Terra Mítica, las instalaciones de la Copa del Mundo de Vela....; en Castellón, del el aeropuerto... Obras cuyas adjudicaciones han sido objeto de sospecha y cuyos presupuestos iniciales se acabaron duplicando o triplicando. El territorio donde se ha subvencionado millonariamente a entidades privadas, como clubes de fútbol. El territorio donde sus cajas de ahorro han pululado en el ladrillo, los favores y los enriquecimientos personales. El territorio de la Gurtel, de la comisiones, del dinero negro, del enchufismo... Hay una sucesión de imputaciones y procesamientos judiciales a numerosos cargos públicos, cuyo resultado está aún por ver: Francisco Camps, Carlos Fabra, Rita Barberá, Ricardo Costa, Sonia Castedo... Y ahora nos sale Alberto Fabra con que el Canal Nou es inasumible. Suena a cortina de humo. Lo es buscar en las 1700 personas de la plantilla la causa de los males de la comunidad que preside. Olvidándose que en ese ente se han pagado sumas astrónomicas por televisar partidos de fútbol, carreras de fórmula 1 o competiciones de vela. Se han pagado sueldos millonarios a quienes lo han dirigido. Gente que ha hecho una gestión desastrosa, que ha estado al servicio de sus mentores, destinando recursos para promocionarlos, para festejar triunfos electorales, para fabricar programas basura... No les ha importado que la manipulación informativa sistemática alcanzara cuotas inigualables. Sí, la Comunidad Valenciana es un paraíso del despilfarro, de la corrupción, del descaro.
Se suceden los sondeos electorales. En la última semana, que yo sepa, se han publicado tres: uno, de la revista Temas, próxima al PSOE y, más concretamente, a Alfonso Guerra; otro, de La Razón; y hoy ha salido el último barómetro del CIS. Los dos primeros marcan lo que pueden ser intereses de partido: la de Temas, una subida del PSOE, que ya superaría al PP; la de La Razón, una pequeña recuperación del PP, que aumentaría su ventaja con su partido rival. ¿Y la del CIS? Veámoslo, pero es más de la anterior, la del mes de julio. La intención de voto directo sería la siguiente: PP, 11,4%; PSOE, 13%; IU, 8,5; UPyD, 4,8. Y la estimación de voto: PP, 34%; PSOE, 26,8%; IU, 11,3%; y UPyD, 7,7%. ¿Qué está ocurriendo? Pues que al PP le asignan de estimación el triple de la intención de voto; al PSOE, el doble; a IU, un 32% más; y a UPyD, un 37%. Ya se sabe, lo de la cocina. Demoscópica, de alta calidad, de diseño. Creando opinión. Puro marketing.
El verano pasado escuché de un conocido cómo justificaba el que tanta gente joven tenga que salir de España en busca de trabajo. Decía él que eso era bueno y recordaba cómo hace décadas tuvieron que emigrar muchas personas a otros países. Añadió también que era una manera de aprender otros idiomas. Lo que estaba haciendo era reproducir un discurso muy conocido, utilizado, entre otros, por una ministra del gobierno, que llegó a hablar de movilidad exterior para referirse a ello. Le repliqué a ese conocido que salir al extranjero es bueno cuando no te ves obligado a hacerlo, porque, de lo contrario, habría que pensar en un problema más grave, como es la falta de trabajo y, por tanto, de perspectivas. Se trataba de la misma persona que hace tres o cuatro años despreciaba que hubiera estudiantes que se fueran a otras universidades con las becas Erasmus. Esgrimía entonces que salir fuera era una tontería, que se perdía tiempo y que ya se aprendía suficiente en la universidad propia.
Anteayer leí en un periódico digital de la órbita (neo)liberal un artículo en el que su autor recordaba su año de "estudiante erasmus" en Roma hace un par de décadas. Aparte de la colección de tópicos que usó (que si "los erasmus" no hacen nada, que si sólo sirve para aprender idiomas por la vía del ligue, que si la fama...) y de salvarse, por supuesto, a sí mismo como estudiante destacado, vino a decir que lo que en realidad ocurre es que en esas becas europeas hay mucho derroche. En fin, un perfecto discurso neoliberal.
Y ayer salta la noticia: el recorte de las becas Erasmus por parte del ministerio de Educación, pero, atención, a posteriori. Es decir, ya concedidas y con la gente en sus respectivos destinos. José Ignacio Wert, fiel mercenario de sus jefes, ha matizado que eso no afectará a quienes en el curso anterior hayan tenido una beca, queriendo resaltar que sólo recibirán ayudas quienes tienen pocos recursos y hayan sido sacado buenas notas. El resto, si quiere seguir estudiando fuera, que se lo pague.
No sé qué número de estudiantes va a quedarse con el culo al aire, lo que conllevaría tener que volver a España o hacer un esfuerzo económico mayor para seguir en el destino. Pero no está de más recordar que las becas Erasmus sólo cubren una parte de los gastos de estancia, en torno a 300 euros. Que yo sepa, sólo dos comunidades -Cataluña y Andalucía- aportan una cantidad complementaria, que permite una mayor holgura, pero en todo caso resulta insuficiente para cubrir todos los gastos.
Acabo de leer que en Bruselas no caído bien la medida y que varias comunidades donde gobierna el PP han puesto el grito en el cielo.
Todo un cúmulo de despropósitos. Que siguen estando consentidos.
Post scriptum
Acabo de leer que Wert ha rectificado. No lo ha hecho por aquello de "rectificar es de sabios". Podría sustituirse de esta manera: "rectificar... por los votos". El próximo año hay elecciones y, además, europeas.
Un grupo de personas formado en mayor número por exdirigentes de IU -en algunos casos ya sin militancia-, con la presencia también de Baltasar Garzón, Pilar del Río o José Carrillo, ha firmado una Carta abierta de apoyo al PSOE de cara a las próximas elecciones, como una forma de fortalecer la oposición al PP y su políticas de derecha. Han anunciado, así mismo, su participación en la Conferencia Política de ese partido prevista próximamente. Me sorprenden dos cosas. Una, que hayan escogido este momento de debacle -real y en previsiones- del PSOE y, sobre todo, de su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba. Otra, que busquen en ese partido el contrapeso para parar a la derecha, cuando su trayectoria ha sido la de ser uno de los pilares del actual sistema y, más recientemente, que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero haya sido el que iniciara el paquete de medidas neoliberales que el PP ha continuado. En parte me recuerda a las campañas de años atrás, como la de la ceja, sólo que en un contexto tan difícil para el PSOE, que lo de ahora me parece, no por absurdo, altamente errado. Suena, por supuesto, a buscar vías de recuperación electoral desde el electorado de la izquierda y nada mejor que hacerlo con la complicidad de los ex, a quienes con frecuencia les puede la idea de venganza, sin que pueda falta en algunos casos la aspiración a alguna recompensa. En el caso de Garzón se repite su vinculación al PSOE, con quien ya concurrió en las elecciones de 1993, aunque saliera escaldado. Pues nada, adelante y a ver cómo les sale.
Hacía años que no iba a una sala comercial de cine. Los deuvedés, la televisión e incluso internet han ocupado los medios por los que voy viendo películas. De esa forma me he ido perdiendo estrenos. Aunque veo menos cine que cuando era joven. Entre otras cosas -quizás, sobre todo-, porque me gustan menos las películas que se hacen. Anteayer, rompiendo con esa inercia, estuve en una sala viendo Pacto de silencio, de Robert Redford. Hace unos días leí en la prensa de su estreno reciente en España -ignoro el porqué de su retraso de un año- y me llamó la atención su contenido. Por esa razón aproveché la oportunidad del fin de semana en Salamanca, volviendo de nuevo a los queridos Cines Van Dyck, tan frecuentados por mí durante los años de juventud.
En gran medida la película se ajustó a lo que preveía. Cine político, dentro de la tradición de cine estadounidense, y una historia bastante reconocible por una generación que ya ha envejecido, si no fenecido en una buena parte. Los años sesenta y parte de los setenta dieron lugar a una pléyade de creaciones culturales y políticas que reaccionaron contra un mundo tremendamente injusto. En muchos casos buscaron renovar, cuando no revolucionar, la forma de actuar y entender el mundo, incluso cuando criticaron viejos esquemas fracasados, anquilosados o simplemente inservibles. EEUU, centro de gran imperio del mundo occidental, fue uno de los epicentros de lo nuevo. La guerra de Vietnam marcó a toda una generación, que vio en ese horrendo acontecimiento la prepotencia descarada de los poderes para hacer y deshacer a su antojo, sin importar los costes. Hubo cientos de miles de víctimas mortales, si no millones, en ese país asiático y su entorno, pero también, aunque en mucha menor medida, no faltaron los dramas personales de jóvenes estadounidenses reclutados para cumplir los designios de sus gobernantes y de quienes hacían -como lo siguen haciendo ahora- de la guerra un negocio lucrativo. Es en ese contexto donde surgió en EEUU un grupo de izquierda radical, The Weatherman, que inicialmente desarrolló una estrategia pacifista, para acabar derivando a lo que por entonces se denominaba como propaganda armada: la explosión de artefactos en lugares emblemáticos del poder político y económico, si bien evitando que afectara a las personas.
Pacto de silencio se basa en lo que queda de la experiencia de varios de los integrantes de ese grupo, involucrados en una acción que acabó con la vida de un vigilante jurado. Ignoro si fue real, pero Redford, siguiendo la historia construida por Neil Gordon en su novela homónima, lo pone como el hecho que marcará durante unas tres décadas la vida de varios militantes. El devenir de sus vidas irá cambiando, buscando cada cual su propio camino y en algunos casos llegando a cambiar su identidad. Al margen de las circunstancias que originan que ese pacto de silencio se vaya rompiendo, a lo largo de la película se pueden ir viendo las reflexiones personales sobre el pasado, el grado de alejamiento de lo que pensaban y hacían en su juventud, e incluso la necesidad o no de seguir peleando por cambiar el mundo. Reflexiones muy recurrentes en la vida diaria, usadas también en el mundo del cine y la literatura -me ha venido a la memoria Las razones de mis amigos, novela de Belén Lopegui y llevada al cine por Gerardo Herrero-.
Redford ha hablado de la película (El País, 31-10-13) y desde ella ha hecho un guiño a las gentes de esa generación que participaron en el anhelo común de hacer un mundo mejor para todo el mundo. Nos muestra del protagonista de la película, que él mismo interpreta, su parte de autocrítica y su intento de aclarar las cosas para hacer justicia a quien fue víctima de una acción que acabó siendo mortal. Pero mantiene lo que llama el compromiso ético. El personaje de Jim Grant, un viejo activista weatherman, ahora abogado de gente de pobre y padre de una hija preadolescente, no ha renegado de sus sueños, aun cuando los tiempos hayan cambiado. En cierta medida parece el alter ego del propio Robert Redford, veterano actor y director, vinculado al progresismo de su país. Sólo en parte. Él mismo ha reconocido que, sintiéndose identificado con el grupo, no formó parte de él: "cuando el movimiento surgió yo tenía mis obligaciones -mi carrera, mi familia- que no me permitieron unirme a ellos, pero les admiraba y apoyaba su causa".
Existe un paralelismo entre esta obra y Los miserables de Victor Hugo. La carga del pasado y los personajes centrales están presentes. Para Redford, también está la idea de la redención para poder aprender de los errores, la misma que lleva a Sharon Solarz -interpretada por Susan Sarandon- a decidir entregarse o a Jim Grant a buscar a su antigua compañera, Mimi Lurie -encarnada por Julie Christie-. Pero marca una diferencia sustancial: dice que en su país eso se hace poco. Y, por supuesto, menos desde quienes ostentan el poder. Así se entienden sus palabras "Yo también pensaba que Vietnam era una guerra construida falsamente por gente que no iba a lucharla. Como pasó después en Irak". Y es que "Estados Unidos nunca aprende". Por mi parte añado: aquí, tampoco.
Héctor Illueca y Adoración Guamán han sido rotundos acerca del objetivo que tiene el gobierno, con la ayuda de sus "expertos", sobre el sistema público de pensiones: "Conseguir un “botín” de 100.000 millones de euros para las entidades financieras y las grandes aseguradoras, mediante el incremento de los fondos de pensiones privados (un sistema de ahorro que, por lo demás, cuenta con desgravaciones fiscales)". Estamos asistiendo a una dura batalla, dentro de la guerra total lanzada desde el neoliberalismo, que busca en esta ocasión horadar el sistema público de pensiones, del que no paran de repetir con argumentos falsos que resulta insostenible.
Illueca y Guamán fueron dos firmantes, del total de 24, del documento aparecido el pasado mes de septiembre y al que ya hice referencia en este blog. Hoy Rebelión publica una entrevista suya donde desmenuzan la perversa estrategia lanzada para hacerse con un botín que sólo va a traer beneficios a una minoría: las grandes corporaciones que siguen creciendo en su capital y sis beneficios, y aquellos sectores de la población que disponen de recursos para poder capitalizar sus ahorros en forma de fondos de pensiones.
Uno de los resultados va a ser la ruptura del principio de solidaridad que caracteriza al sistema público de pensiones. Illueca y Guamán advierten que en la actualidad "el 60% de los ciudadanos carecen de capacidad de ahorro (no llegan a final de mes) y otro 30%, si ahorra, lo hacen en una cuantía insuficiente para garantizar el mínimo vital en la jubilación". El riesgo de ahondar las diferencias sociales entre las personas con más edad es evidente, lo que conllevaría que en buena parte de ese sector de la población aumentara la pobreza.
Como ya se expuso en el documento aludido de septiembre, existen vías alternativas que posibilitarían la financiación de las pensiones, como ocurre con la fiscalidad. Se sabe que nuestro país está en la cola de los países europeos en materia de presión fiscal y más concretamente en progresividad. Bastaría con aumentar las imposiciones directas sobre las rentas más elevadas o el impuesto de sociedades.
El pasado 29 de octubre la Asamblea General de la ONU votó una nueva resolución contraria al bloqueo que el gobierno de EEUU lleva desarrollando hacia Cuba desde hace 51 años. Los medios de comunicación han recogido de distinta manera la noticia, destacando de los medios conservadores bien la ocultación o bien la ubicación en espacios marginales. En Cuba Informacion se puede acceder a una información bastante completa de los pormenores de lo ocurrido en la ONU, así como de otros aspectos, como la historia del bloqueo o las secuelas que sufre la población de la isla caribeña.
El resultado de la votación fue abrumador: 188 representantes de países, de un total de 193, lo hicieron a favor de la resolución; sólo se opusieron EEUU e Israel; y otros tres se abstuvieron, concretamente Palau, Islas Marshall y Micronesia. Han sido ya veinte las veces seguidas que este organismo de la ONU se ha pronunciado en este sentido, condenando de esta manera la permanente agresión económica del gobierno del gran imperio contra la isla caribeña.
El gobierno cubano ha cuantificado las pérdidas económicas en más de un billón de dólares, sin contar los daños indirectos, sobre todo sociales, que viene ocasionando. El bloqueo supone la prohibición de cualquier relación económica directa de empresas y personas estadounidenses entre ambos países, incluyendo la posibilidad de viajes de turismo desde EEUU. El incumplimiento conlleva fuertes sanciones. Las consecuencias negativas, sin embargo, no sólo afectan a la población caribeña, sino también a la estadounidense, que no puede acceder a determinados medicamentos producidos en Cuba, un país que goza de un nivel reconocido internacionalmente en algunos sectores de la investigación médica y farmacológica.
Cuando fue joven -adolescente, más bien- perteneció a la UCD argentina, un partido de carácter liberal-conservador. Luego, cuando se ennovió con la que acabó siendo su esposa, se pasó al peronismo, en cuyo movimiento fue pasando sucesivamente por sus distintas facciones, siempre dentro de las que gobernaban en cada momento: menemismo, duhaldismo y kirchnerismo. En 2009 rompió con Cristina Kirchner, con la que llegó a ser durante un año jefe del gabinete de ministros, y acabó formando su propio grupo, integrante del Frente Renovador, donde ha aunado a diferentes facciones peronistas conservadoras. Cuentan que desde niño fue del San Lorenzo de Almagro, pero que al inicio de su carrera política empezó a mostrar sus simpatías por el Chacarica Juniors. Finalmente, cuando se instaló en Tigre, se vinculó al club de la ciudad, del que ha llegado a ser presidente. Se trata de Sergio Massa, el reciente triunfador de las elecciones legislativas del domingo en la provincia de Buenos Aires, donde ha obtenido el 43% de los sufragios. Hablan de él como del posible relevo de Cristina Kirchner en la presidencia del país. Un camaleón de la política y, por lo leído, del fútbol. Chaquetero, como decíamos aquí en los años 70. Un perfecto arribista.
Las últimas revelaciones relacionadas con la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA), tras las filtraciones de Edward Snowden, están provocando mayor escándalo. En las tareas de espionaje también se está metiendo a los servicios del Reino Unido, que habrían actuado como intermediarios o cómplices de los de EEUU. Ahora se habla de que han sido intervenidos los teléfonos móviles de quienes se encuentran en las altas esferas de los estados europeos. Angela Merkel ha puesto el grito en el cielo y exige explicaciones a Barak Obama. En Italia ocurre algo parecido. Hoy ha salido que José Luis Rodríguez Zapatero y el propio Mariano Rajoy han entrado en al club de los espiados. ¡Ay, ay, ay, ayyyyy! ¡Y lo que nos queda por saber!