Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
lunes, 4 de febrero de 2019
Gaza, el drama palestino, en el documental premiado en los Goya
viernes, 1 de febrero de 2019
La ciudad simétrica, una novela entre lo policiaco y la distopía

El autor, barbateño de nacimiento y de residencia, lo es también del libro de relatos breves Sombras en el jardín (Editorial Círculo Rojo, 2015). En esta ocasión nos ofrece una novela atrevida en su contenido y en su planteamiento.
Lo primero enlaza directamente con el género policiaco, derivado de la trama que se vive en una ciudad extraña donde se encadenan diversos crímenes que ponen en vilo a la gente y a las autoridades. Entre éstas, claro está, a las policiales, si bien aparentemente. Pero son los protagonistas, dos escritores que responden a los nombres de Alejandro González y Bernard García, quienes acaban dejando al descubierto el trasfondo que hay en lo que ocurre.
No se trata sólo del género policiaco. Estamos también ante otro, el de las distopías, cultivado por autores tan conocidos como Kafka (La metamorfosis), Wells (La guerra de los mundos), Huxley (Un mundo feliz), Orwell (1984), Bradbury (Fahrenheit 451)... En esta novela los dos géneros se complementan entre sí, dando como resultado un trabajo más que interesante.
El título alude a una ficción creada en torno a una ciudad que se pretende ideal, pero que encubre realidades oscuras. Aparentemente diseñada como simétrica, con dos distritos idénticos en su trazado, sus habitantes, en su mayoría, desconocen que son víctimas de una manipulación. A través de la trama que se crea en la novela se pone al descubierto que el intento por averiguar la verdad de esa ficción conlleva riesgos que acaban siendo mortales.
En cuanto al juego de nombres aludido al principio, se explica en parte en el contenido de la novela. Al final de la misma aparece nombrado un tal J. B. García Zenit, trasunto del escritor Bernard García, al que se responsabiliza oficialmente de la autoría de los asesinatos. Lo que tenga de cierto esto último, se averigua leyendo la novela. No ocurre lo mismo con el misterio del juego de nombres, que sólo el autor conoce.
jueves, 31 de enero de 2019
Una comisión independiente pide que se esclarezcan los asesinatos de los Kennedy, Malcom X y Luther King
El primero de los nombres, John F. Kennedy, resulta fácil identificarlo, pero los demás no son otros que Malcolm X, Martin Luther King y Robert Kennedy. Los cuatro, víctimas de atentados, pero demasiado oscuros como para creerse las versiones oficiales. Y es que sus historias personales, siendo bastante diferentes entre sí, salvo las de los dos hermanos Kennedy, no dejan de tener un denominador común: eran, cuando menos, incómodos al sistema (el célebre establishment). Por ello hace unos años publiqué la entrada "El atentado contra JFK: demasiadas sombras medio siglo después", donde me centraba en el caso de quien llegó a ser presidente del país, pero sin olvidarme de los otros tres.
El artículo de Poch tiene interés. Vuelve a sacar nombres que se pretende que se olviden y de no ser así, que su recuerdo quede deformado. Son una prueba más de que en EEUU existe un sistema que se comporta con crudeza y contundencia contra la disidencia, independientemente del grado que tenga. Un sistema poderoso, con muchos y extendidos tentáculos. Suficientes como para que la noticia se haya ignorado en los principales medios de comunicación del país y, como consecuencia, del mundo. Un sistema, en fin, que, según Poch, hasta ahora ha sido "irreformable".
Me temo que el Comité por la Verdad y la Reconciliación, nombre que se ha dado al grupo referido al principio, lo va a tener difícil. No por ello resulta necesario que siga adelante en el intento.
(Imagen obtenida en https://riverwestcurrents.org/2014/02/project-unspeakable.html)
martes, 29 de enero de 2019
"Nana del asedio" (a 75 años del fin del sitio de Leningrado)
Escuchar la Sinfonía número 7 de Dimitri Shostakovich, compuesta en 1941 y dedicada a la ciudad de Leningrado, puede ser una emotiva manera de recordar lo ocurrido.
También puede serlo leyendo el breve texto que aporto, "Nana del asedio"*, perteneciente al libro Cuaderno del asedio, fechado en 1990 y escrito es Antonina Emeliánovna Maslóvkaia. Poco o nada se sabe de su autora, que expresó o recordó en el libro sus vivencias del sitio de Leningrado.
-Duerme, hijo mío, mientras cesan las bombas.
-Mamá querida, ¿me cocinarás cebada?
-Duérmete ahora, mi niño querido, que mamá enseguida te la preparará.
-Mamá querida, ¿dónde está la cebada que no me comí antes de la guerra?
-Los pajarillos se la han comido. Duérmete ahora, mi niño querido.
-¿Y dónde están esos pajarillos?
-Han emigrado volando en busca de seguridad.
-Escapémonos también nosotros volando.
-Cuando recibamos una carta de papá, así lo haremos.
-¿A papá le gusta la cebada?
-Mucho. Duérmete ahora, mi niño querido.
-Cocínanos mucha cebada.
-Así lo haré, cariño.
-Mamá, ¿a ti también te gusta la cebada?
-Duérmete ya, mi niño querido.
-Entonces cocina montones y montones de cebada.
-Eso haré.
-Mamá, una cosa más, ¿la guerra acabará pronto?
-Acabará, cariño, acabará...
*El texto se ha publicado en la obra Escritos de mujeres desde el sitio de Leningrado (Segovia, La Uña Rota, 2014, p. 281), de Simmons y Nina Perlina, que han recopilado testimonios y escritos de mujeres que vivieron el sitio de Leningrado.
(Imagen: escultura "Madre-Patria", situada en el cementerio Piskariovo de San Petersburgo; fotografía obtenida en https://sp.depositphotos.com/10391118/stock-photo-statue-of-mother-homeland-in.html),
lunes, 28 de enero de 2019
La mercadotecnia de Redondo y el gobierno de Sánchez
Redondo/Sánchez y viceversa están jugando a la moderación. Buscan aprovecharse de los errores ajenos. Desde que Sánchez triunfara en su moción de censura contra Mariano Rajoy, el PSOE se encaramado en la cabeza de las encuestas. La derrota de Susana Díaz en las últimas elecciones andaluzas no la ha visto como propia, sino que la ha situado en el debe de su enemiga en el partido. El desplazamiento hacia la derecha de Ciudadanos ha permitido que se frene por ahora la fuga de votos del centro. Los vaivenes de Podemos le están permitiendo recuperar votos perdidos por su flanco izquierdo e incluso hacerse con una buena porción de los del electorado más joven.
¿Y cómo lo están consiguiendo? Por un lado, dando una imagen de moderación, y por otro, de ambigüedad, cuando no de marcha atrás sobre en relación a medidas de carácter progresista. Veamos algunos ejemplos. Si hace año y medio fue el primero en apoyar a Rajoy en la aplicación del artículo 155, ganada la moción de censura se ha presentado como el valedor del diálogo y la moderación en el asunto catalán. Tras el golpe de efecto de la acogida de inmigrantes del barco Aquarius, lo que le ha seguido ha sido una sucesión de rechazos de otros barcos e incluso de devoluciones en caliente a quienes han saltado la valla fronteriza de Melilla. En la venta de armas y municiones a Arabia Saudí han primado los intereses económicos por encima de la defensa de los derechos humanos. Después del ímpetu inicial para la exhumación de los restos de Franco, los plazos sé están dilatando en el tiempo. Si en los presupuestos negociados inicialmente con el grupo Unidos Podemos, presentados como los más sociales, hubo que sortear situaciones difíciles, como la subida del salario mínimo, recientemente no ha sido capaz de cumplir lo pactado sobre el freno de la especulación en los alquileres de viviendas.
Y lo último ha sido el asunto de Venezuela y la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente. El gobierno de Sánchez ha sido el primero en anunciar un ultimátum a Nicolás Maduro para que convoque elecciones en un plazo de ocho días. Nada menos. Lo ha hecho antes incluso que el resto de gobiernos europeos. Una forma, en fin, de neutralizar los apoyos al golpìsmo venezolano que desde el primer momento han dado el PP y Cs. Como en este país vende la demonización del gobierno bolivariano, Redondo, como buen asesor en mercadotecnia, ha animado a nuestro presidente (ejem, de gobierno) para que siga dando leña al mono (gorila llamaban a Hugo Chávez desde los medios racistas europeos).
¡Y esta gente es la moderada!
sábado, 26 de enero de 2019
70 intelectuales denuncian la injerencia de EEUU en Venezuela y defienden la vía del diálogo
Un grupo de 70 intelectuales, en su mayoría de EEUU y entre quienes se encuentra Noam Chomsky, ha suscrito un llamamiento contra el golpe de estado que se está perpetrando contra el gobierno venezolano, después de que hace dos días Juan Guaidó se autoproclamara presidente del país. Con el título "Han empujado a Venezuela al precipicio", denuncian la injerencia del gobierno estadounidense, así como la complicidad de otros gobiernos latinoamericanos y de la OEA.Consideran por ello que los gobiernos de esos países, con EEUU a la cabeza, "deben dejar de alentar la violencia presionando por un cambio de régimen violento y extralegal. Si la administración Trump y sus aliados continúan su curso imprudente en Venezuela, el resultado más probable será el derramamiento de sangre, el caos y la inestabilidad". Recuerdan, así mismo, que las formas que se están empleando coinciden con las que los propios EEUU llevan años poniendo en práctica en otras regiones del mundo, con los resultados tan dramáticos que conocemos: "debería haber aprendido algo de sus iniciativas de 'cambio de régimen' en Irak, Siria, Libia y su larga y violenta historia de patrocinio de 'cambios de régimen' en América Latina".
Por todo ello, apuestan por el diálogo como única vía de solución, "como
sucedió en el pasado en países latinoamericanos cuando las sociedades
políticamente polarizadas no pudieron resolver sus diferencias a través de las
elecciones. Ha habido esfuerzos con potencial, tales como los liderados por el
Vaticano en el otoño de 2016, pero no
recibieron apoyo de Washington y sus aliados".
El llamamiento concluye recalcando la necesidad del diálogo y la intermediación internacional: "Por
el bien del pueblo venezolano, la región y por el principio de la soberanía
nacional, estos actores internacionales deben apoyar las negociaciones entre el
gobierno venezolano y sus oponentes que permitirán que el país salga finalmente
de su crisis política y económica".
jueves, 24 de enero de 2019
¿Ahora le toca a Venezuela?
Vice (o El vicio del poder), de Adam McKay
Haber visto la película de Adam Mckay me ha supuesto un ejercicio de recuerdo de mis vivencias. Los personajes (reales, en su mayoría) que han ido desfilando a lo largo de las dos horas de duración de la película, he podido identificarlos en su mayoría. Los personajes y sus hechos. Y teniendo en cuenta el país al que pertenecen, unos hechos de gran trascendencia. Toda una pléyade de hombres (sí, de varones) a cuál más relevante. Los presidentes Nixon, Ford, Bush padre y Bush hijo, excepto Carter, Reagan y Obama, aparecidos en imágenes reales, o el ausente Clinton. Los altos jerarcas del poder ejecutivo, como Kissinger, Rumsfeld, Rice o Powell, o del judicial, como Scalia... Y siempre, el propio Cheney.
De fondo, la guerra de Vietnam, el rearme militar con Reagan, la primera guerra de Irak, la caída de las Torres Gemelas, la guerra de Afganistán, la segunda guerra de Irak... Y Al Qaeda, la tortura, el ISIS... Y también el neoliberalismo, con la bajada de impuestos a las grandes fortunas, la desregulación laboral.... Y el rearme ideológico neoconservador, con la cruzada antiabortista, homofóbica, contra el medio ambiente... Y, cómo no, las controvertidas elecciones de 2000, con el polémico recuento de votos en el estado de Florida.
Y en medio de todo ello, nuestro protagonista, Dick Cheney. El hombre en la sombra, oscuro, gris, silencioso, agazapado... el burócrata. El Vice, como da título a la película en su versión original, alterado en castellano con otro en el que se juega con las palabras (vicio/vice) y se hace un añadido explicativo hasta convertirlo en El vicio del poder.
Si nos atenemos a los primeros años de su vida, podría haberse tratado de una persona mediocre. Lo fue en los estudios y en el (tan apreciado en EEUU) deporte. Más aún, fue un joven borracho y pendenciero. Y hasta le faltó haber prestado los servicios a la patria (imperial) en los años de la guerra de Vietnam. Pero hete ahí que nuestro hombre llegó pronto a los círculos del centro del poder. Primero, como un actor de tercera o cuarta fila, y luego, en menos tiempo, a los verdaderos círculos. Lo hizo de la mano de otro lince, Donald Rumsfel, aunque éste sí había cumplido con el cuasi obligado perfil de buen estudiante, excelente deportista y piloto del élite.
En la película juega un papel relevante la mujer, novia desde la adolescencia, muchacha responsable, brillante estudiante y, lo que es más importante, capaz de plantear a Dick un ultimátum decisivo muy a lo made in America. Y desde ahí, a no parar de animarlo en su progresivo ascenso por la jerarquía del poder. Real o no, exagerado o no, lo cierto es que es posible que así fuera.
Y como estamos ante el poder político en toda su dimensión y en el país más poderoso habido a lo largo de la historia, no podía faltar la mención recurrente del concepto de poder ejecutivo individual. Asociado en la película al juez Antonin Scalia, estuvo en todo momento en la base de la práctica de Cheney. La idea de un ejecutivo fuerte, con origen en el artífice de la Constitución Alexander Hamilton, le sirvió para sustentar el principio de que en la práctica política es necesario minimizar al máximo los controles parlamentarios. Nada nuevo, pues ha sido una pulsión permanente en la historia política de EEUU, pero suficiente para hacer uso de ella. Pero, siguiendo la narrativa de la película, le sirvió a Cheney para actuar, desde su papel en la vicepresidencia, como el poder principal del país. Aprovechando un vacío constitucional en torno a dicha institución, se erigió, ausente de cualquier control, en el facto factotum del poder, con presencia (esto es, con despachos) en la Casa Blanca, el Senado, la Cámara de Representantes o el Pentágono.
Ayudado por la legislación introducida durante la presidencia reaganiana referente al papel que debería jugar la prensa y por las crecientes donaciones (inversiones, en realidad) de las grandes fortunas y corporaciones en relación a la conformación de un corpus ideológico entre neoliberal y neoconservador, todo lo que se puso en práctica durante las presidencias de Reagan y Bush padre alcanzó su esplendor en la de Bush hijo, con Cheney, su vicepresidente, como hombre fuerte.
La película me ha recordado parcialmente en su formato a las que hace Michael Moore. Con un narrador omnisciente, continuos paréntesis explicativos y la apelación al humor, pese a lo lóbrego del paisaje y del ambiente. Como diferencia, eso sí, una mínima presencia de lo documental y la presentación de la historia desde la ficción dramática.
Invito a ver la película. Es esclarecedora sobre lo ocurrido. Ayuda a recordar cosas a veces olvidadas. A conocer personajes reales desconocidos. Y a mantener la conciencia del mundo donde vivimos y de quiénes siguen mandando.
De fondo, la guerra de Vietnam, el rearme militar con Reagan, la primera guerra de Irak, la caída de las Torres Gemelas, la guerra de Afganistán, la segunda guerra de Irak... Y Al Qaeda, la tortura, el ISIS... Y también el neoliberalismo, con la bajada de impuestos a las grandes fortunas, la desregulación laboral.... Y el rearme ideológico neoconservador, con la cruzada antiabortista, homofóbica, contra el medio ambiente... Y, cómo no, las controvertidas elecciones de 2000, con el polémico recuento de votos en el estado de Florida.
Y en medio de todo ello, nuestro protagonista, Dick Cheney. El hombre en la sombra, oscuro, gris, silencioso, agazapado... el burócrata. El Vice, como da título a la película en su versión original, alterado en castellano con otro en el que se juega con las palabras (vicio/vice) y se hace un añadido explicativo hasta convertirlo en El vicio del poder.
Si nos atenemos a los primeros años de su vida, podría haberse tratado de una persona mediocre. Lo fue en los estudios y en el (tan apreciado en EEUU) deporte. Más aún, fue un joven borracho y pendenciero. Y hasta le faltó haber prestado los servicios a la patria (imperial) en los años de la guerra de Vietnam. Pero hete ahí que nuestro hombre llegó pronto a los círculos del centro del poder. Primero, como un actor de tercera o cuarta fila, y luego, en menos tiempo, a los verdaderos círculos. Lo hizo de la mano de otro lince, Donald Rumsfel, aunque éste sí había cumplido con el cuasi obligado perfil de buen estudiante, excelente deportista y piloto del élite.
En la película juega un papel relevante la mujer, novia desde la adolescencia, muchacha responsable, brillante estudiante y, lo que es más importante, capaz de plantear a Dick un ultimátum decisivo muy a lo made in America. Y desde ahí, a no parar de animarlo en su progresivo ascenso por la jerarquía del poder. Real o no, exagerado o no, lo cierto es que es posible que así fuera.
Y como estamos ante el poder político en toda su dimensión y en el país más poderoso habido a lo largo de la historia, no podía faltar la mención recurrente del concepto de poder ejecutivo individual. Asociado en la película al juez Antonin Scalia, estuvo en todo momento en la base de la práctica de Cheney. La idea de un ejecutivo fuerte, con origen en el artífice de la Constitución Alexander Hamilton, le sirvió para sustentar el principio de que en la práctica política es necesario minimizar al máximo los controles parlamentarios. Nada nuevo, pues ha sido una pulsión permanente en la historia política de EEUU, pero suficiente para hacer uso de ella. Pero, siguiendo la narrativa de la película, le sirvió a Cheney para actuar, desde su papel en la vicepresidencia, como el poder principal del país. Aprovechando un vacío constitucional en torno a dicha institución, se erigió, ausente de cualquier control, en el facto factotum del poder, con presencia (esto es, con despachos) en la Casa Blanca, el Senado, la Cámara de Representantes o el Pentágono.
Ayudado por la legislación introducida durante la presidencia reaganiana referente al papel que debería jugar la prensa y por las crecientes donaciones (inversiones, en realidad) de las grandes fortunas y corporaciones en relación a la conformación de un corpus ideológico entre neoliberal y neoconservador, todo lo que se puso en práctica durante las presidencias de Reagan y Bush padre alcanzó su esplendor en la de Bush hijo, con Cheney, su vicepresidente, como hombre fuerte.
La película me ha recordado parcialmente en su formato a las que hace Michael Moore. Con un narrador omnisciente, continuos paréntesis explicativos y la apelación al humor, pese a lo lóbrego del paisaje y del ambiente. Como diferencia, eso sí, una mínima presencia de lo documental y la presentación de la historia desde la ficción dramática.
Invito a ver la película. Es esclarecedora sobre lo ocurrido. Ayuda a recordar cosas a veces olvidadas. A conocer personajes reales desconocidos. Y a mantener la conciencia del mundo donde vivimos y de quiénes siguen mandando.
miércoles, 23 de enero de 2019
La poesía a través de la luz
sábado, 19 de enero de 2019
La Bauhaus, a cien años de su nacimiento

Entre sus
prioridades por abrirse a la sociedad estuvo la búsqueda para ayudar a resolver
problemas concretos, lo que conllevaba un elevado sentido práctico a la hora de
resolverlo. Eso explica la máxima que se atribuye a Gropius: “La forma sigue a
la función”.
La Bauhaus
fue un espacio de acción que bebió de las tendencias más avanzadas de su
momento. Tendió a la estética racionalista, lo que la llevó a nutrirse del
constructivismo ruso o el neoplasticismo holandés. Pero en ella trabajaron
también artistas como Kandinski, que hacían del espíritu la inspiración de sus
obras abstractas. Inicialmente, incluso, estuvo presente el influjo del
expresionismo, y posteriormente los contactos con el más efímero dadaísmo y el
surrealismo nunca faltaron.
Desde el
punto de vista arquitectónico diseñaron bloques de edificios horizontales y de
formas simples, con la intención de ir conformando un nuevo modelo de ciudades
donde los espacios fueran sustituyendo las angostas ciudades de origen
medieval. El vidrio estaba muy presente en las fachadas, de manera que los
interiores se iluminaban y a la vez se convertían en espacios de distribución
flexible.
En todo
esto no faltaba el diseño de un mobiliario diverso, donde sillas, butacas,
mesas, estanterías, etc. fueron adquiriendo formas originales, atrevidas y
dotadas de un gran cromatismo.
Los
primeros años estuvieron cargados de idealismo e indefiniciones, con un equipo
de trabajo prestigioso, que con el tiempo fue cambiando. Además de Gropius, arquitecto
y director de la escuela hasta 1928, fueron pasando los también arquitectos Luidwg
Mies van der Rohe y Hannes Meyer; los pintores Lyonel Feininger, Paul Klee o
Vassily Kandisky; el escultor Gerhard Marcks; el diseñador y fotógrafo László
Moholy-Nagy; el arquitecto y diseñador de muebles Marcel Breuer; o el
multifacético Oskar Schlemmer, a quien se encargó la tarea de la formación
teatral. En 1928 Meyer sustituyó a Gropius en la dirección de la escuela y dos
años lo hizo Mies van der Rohe, con quien coincidió el cierre definitivo de la
escuela.
Sería
injusto no mencionar el papel jugado por las mujeres. Algunas, como profesoras
y otras, como alumnas. Entre las primeras estuvieron Lilly Reich, diseñadora
industrial y arquitecta; Gunta Stölzl, tejedora y diseñadora textil; Anni
Albers, pintora, grabadora y diseñadora textil; Marianne Brandt, pintora,
escultora, diseñadora industrial y fotógrafa; o Friedl Dikcer-Brandeis,
diseñadora industrial y pintora. Entre las segundas destacaron quienes se
acabaron convirtiendo en importantes fotógrafas,
como Lucia Schulz, luego Moholy-Nagy, Florence Henry, Grete Stern o Ellen
Auerbach. Por otro lado, Lotte Metzel, diseñadora industrial, y Otti Berger,
tejedora y diseñadora textil, pasaron de ser alumnas a impartir clases.
La Bauhaus
tuvo tres sedes. La primera, en Weimar, hasta 1925, cuando las autoridades
conservadoras de la ciudad decidieron dejar de sustentar un proyecto que les
asustaba por considerar demasiado avanzado y peligroso en sus planteamientos, prácticas
e incluso devenir diario. De ahí pasó a Dessau, donde se construyó el paradigmático
edificio, proyectado por el propio Gropius, y se consolidó el proyecto desde
una perspectiva más racionalista. El acceso al poder municipal en 1931 por
parte del partido nazi supuso el cierre de la escuela. Trasladada a Berlín, en 1933,
ya con el partido nazi en el poder de toda Alemania, fue clausurada definitivamente.
Dado el
momento histórico en que se desarrolló -el periodo de Entreguerras-, así como
el marco territorial -como lo fue Alemania-, la trayectoria de la Bauhaus no
resultó ajena a ello. Si Gropius estuvo vinculado a la socialdemocracia alemana,
buena parte del profesorado y del alumnado también participó de las pulsiones
políticas de esos años. No faltaron tampoco disputas políticas internas.
La fama de “bolcheviques
culturales” fue una de los motivos por los que se vio obligada a trasladar su sede
en dos ocasiones. A ello se unió que hubiera docentes pertenecientes a la
comunidad judía, lo que elevó la animadversión y contribuyó a que el gobierno
nazi ordenara su cierre. Fueron estériles los esfuerzos de Mies van der Rohe
por desvincularla de esa fama y su pretensión de hacer de ella una escuela sólo
relacionada con el arte. Y es que tanto judío, comunista y arte degenerado no podía
caber en la nueve Alemania. El exilio y los campos de concentración nazis acabaron siendo el destino de una parte de sus protagonistas
Lo que podría parecer un programa frío, fue, "en realidad, la lúcida defensa de la conciencia frente al desorden y la desesperación de la catástrofe histórica"*. La enorme actividad y creatividad generada dejó una profunda huella en su tiempo, que ha ido perdurando a lo largo de las décadas siguientes. Hasta tal punto, que buena parte de los códigos estéticos heredados nos siguen resultando familiares en nuestros días.
Lo que podría parecer un programa frío, fue, "en realidad, la lúcida defensa de la conciencia frente al desorden y la desesperación de la catástrofe histórica"*. La enorme actividad y creatividad generada dejó una profunda huella en su tiempo, que ha ido perdurando a lo largo de las décadas siguientes. Hasta tal punto, que buena parte de los códigos estéticos heredados nos siguen resultando familiares en nuestros días.
*Giulio Carlo Argan: El arte moderno. 1770-1970 (v. II). Valencia, Fernando Torres editor, 1977.
(Imagen: fotografía de Lucia Moholy-Nagy del edifico de la Bauhaus en Dessau, diseñado por Walter Gropius)
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