Acabo de leer Réquiem polifónico por Occidente (Madrid, Foca, 2018), de Augusto Zamora R., un intelectual (es profesor universitario)
y político (veterano sandinista que, entre otras cosas, ha sido embajador
de Nicaragua en España durante los primeros años del segundo periodo de
mandatos presidenciales de Daniel Ortega) relevante en su país, en Latinoamérica
e incluso, pese a ser menos conocido, en España. En cuanto al libro, estamos
ante un trabajo contundente, desafiante y polémico, sobre todo entre los
ideólogos del sistema imperial occidental. Nos habla del presente, sin olvidarse
del pasado, pero se refiere sobre todo al futuro. Y no tanto al inmediato como a
otro más amplio. Porque en la actualidad estamos en un tiempo de
mutaciones, de importantes cambios ya más que incubados, que habrán de devenir
en un mundo muy distinto al que hemos vivido y estamos viviendo.
Leerlo no resulta difícil, pero requiere de una gran concentración. Está
escrito para ser entendido por el gran público, evitando la erudición académica
que lo impida, pero es denso en datos y en reflexiones. Está bien dotado de
mapas, aun cuando sean pequeños, lo que se agradece cuando estamos en una obra
de geopolítica. No falta la referencia constante a autores y autoras, aunque,
por ponerle algún pero, adolece de un apartado propio de bibliografía. Y,
ante todo, me ha resultado de un gran interés y recomendable, por
supuesto. Pero vayamos a su contenido.
El título ya dice mucho. Y es que el futuro de Occidente, donde incluye a EEUU,
sus aliados europeos y Japón, lo pone difícil. Y no lo hace como deseo o
capricho, sino ante una realidad inexorable: Europa, sobre todo la occidental,
perdidas tiempo ha sus colonias, con escasos recursos naturales, envejecida
demográficamente y supeditada militarmente a EEUU a través de la OTAN, poco
tiene que ofrecer; Japón, constreñido en su archipiélago frente al gigante
chino en crecimiento y sin recursos naturales, menos aún; y EEUU, por su parte,
endeudados hasta los tuétanos, soportando una más que costosa maquinaria
militar y con un aislamiento geográfico que ha dejado de ser su fortaleza
geoestratégica, sigue debilitándose.
Y el reverso son otras potencias y otros
países. De entrada, China, un gigante comercial y demográfico en crecimiento, y
Rusia, poseedora de inmensas reservas naturales. Cada una, por separado,
dotadas de un poder militar renovado y las dos, conformando el núcleo principal
del continente euroasiático mediante alianzas económicas y defensivas de
carácter estratégico. Y a esas dos potencias hay que añadir otras, aún
emergentes, como son, por ejemplo, India o Irán, y numerosos países aliados.
Zamora empieza el libro mencionando la paz armada que están viviendo EEUU,
China y Rusia, y advierte del peligro existente ante "los armamentos
sofisticados y mortíferos" que disponen. Se hace eco de las opiniones
de militares estadounidenses, bien como críticas o bien como llamadas de
atención, como la del teniente coronel Daniel L. Davis, para quien su país
debería cesar la "política de desafío a Rusia y China", incluyendo
guerras lejanas como las de Siria y Afganistán, para evitar que se dañe a su
propia seguridad (p. 7). Denuncia, así mismo, el papel que están jugando
los medios de comunicación occidentales, que ocultan a la ciudadanía la
realidad existente y los peligros derivados de ella (p. 8).
En el primero de los capítulos, "De imaginarios, fantasías y realidades",
pone al descubierto las estrategias internacionales de las grandes potencias: que
califica como ofensivas en el caso de EEUU (pp. 100-107) y sus aliados de las
OTAN, y de defensivas, en los de Rusia (pp. 108-114) y China (pp. 114-120).
Denuncia con ello que se esté impidiendo que se ponga al descubierto "el
disparate belicista que están promoviendo EEUU y la OTAN" (p. 21).
Zamora no se olvida de Europa, a la que relega como la península occidental
de Eurasia y le confiere un papel internacional menguante (p. 24 y ss.). No
tiene por ello complejo en señalar que los países de la
UE "se han convertido en las nuevas banana republics de
EEUU" (p. 25) y advierte de la inconsistencia del actual modelo
de relaciones con Rusia, que, pudiendo ser provechosas, están supeditadas
a los intereses de EEUU.
Ante el riesgo de una catástrofe nuclear no se olvida de los movimientos de
supervivencia, en forma de refugios nucleares, que están desarrollando dos
países neutrales, Suecia y Finlandia, incrustados entre los dos bloques.
Otros capítulos están dedicados a Israel, Corea del Norte y la India. Del
primero nos recuerda la protección que ha tenido desde su nacimiento por parte
de Francia, hasta 1967, y sobre todo de EEUU, para quien actúa como el
principal gendarme de su región, aun cuando ello esté conllevando la
destrucción del pueblo palestino. Es muy rotundo cuando augura al estado
israelí un futuro más que imposible, dada su debilidad demográfica, el hecho de
estar rodeado de países a los que ha agredido e intimidado sin cesar, y los
límites de su potencia protectora, cada vez con más dificultades: "Mañana
(...) podrá ver cómo su política de miedo y espanto se diluye como azucarillos
en el agua "(pp. 202-203).
El análisis que hace Zamora de Corea del Norte lo vincula en todo momento en
relación con su vecino y hermano del sur. Se centra en las posibilidades
estratégicas que se abren a los dos estados dentro de una península que, reunificada
o no en su totalidad, sí puede convivir en paz y en cooperación. Corea del Sur,
único territorio del extremo oriental de Asia donde EEUU tiene acceso militar
sin límites, podría revertir sus alianzas mirando hacia China, en lo comercial,
y Rusia, mediante el abastecimiento energético. Hasta el punto que "la
presencia militar de EEUU podría ir convirtiéndose en un elemento incómodo y
limitante para los planes de desarrollo de Corea del Sur" (p. 236).
De India destaca varias cosas. Una de ellas, el potencial futuro que tiene,
como segundo país más poblado del planeta, hasta el punto de señalar que puede
convertirse dentro de dos décadas en la tercera o cuarta economía mundial (p.
283). Pero, ante todo, se centra en el juego de relaciones entre las potencias
que se ubican en esa región asiática. Tradicional aliada de Rusia, la rivalidad
mantenida con China y, sobre todo, con Pakistán se está viendo alterada hacia
una cooperación con el primero de ellos. Pese a los esfuerzos por parte de EEUU
por atraerla, queriendo aprovechar la brecha creciente entre la potencia
americana y China. Sin embargo, para Zamora "India, China y Rusia marcarán
la pauta del renacimiento de Asia, poniendo fin a cinco siglos de funesto
domino occidental" (p. 282).
El último capítulo, "Corredores comerciales: haciendo geopolítica,
economía y guerra", tiene un alto interés. Porque, dejando a un lado las
rivalidades militares, la carrera de armamentos y los peligros que se derivan, Zamora
se centra en las perspectivas económicas que se vislumbran en el seno del
continente euroasiático. En este aspecto inicia su análisis recordándonos la
teoría de la competencia de los grandes imperios que a principios del siglo XX
planteó el británico Mackinder y que, tras la adaptación hecha por el
estadounidense Spykman, fue adoptada durante la Guerra Fría por EEUU (p. 283 y ss.). Así, en
la disputa entre la potencia terrestre (Rusia/URSS) y la marítima (Gran
Bretaña/EEUU), la clave estaría para Halford J. Mackinder en el control de lo que llamó corazón
continental (Rusia y Asia Central) y para Nicholas Spykman, en el del margen
continental, formado por Europa y los países del sur asiático, precisamente
donde Gran Bretaña y EEUU habían ido instalando una red de enclaves
estratégicos.
Pero la situación ha cambiado y mucho, porque tanto Rusia
como China tienen acceso cada vez mayor al margen continental (p.
283) y mantienen, a su vez, el control del corazón continental, poniendo
patas arriba la teoría antes citada. Y en ello se inscribe la aparición de
nuevas rutas y los correspondientes corredores adyacentes: la Nueva Ruta de la
Seda, a través del interior de Asia, que podría llegar hasta Europa (p.
294 y ss.); y los corredores chino-pakistaní,
indo-iraní-afgano, indo-iraní-ruso... Para que, en fin, la potencia
marítima que es EEUU se esté quedando sin margen continental (p. 323 y
ss.) y la península Europa acabe quedándose sin rutas comerciales (p.
327 y ss.).
Y
es que para Zamora, como concluye en el libro, "Rusia, China, India,
Irán y sus aliados llevan años componiendo un réquiem polifónico para el
entierro de la Europa atlantista" (p. 328).