domingo, 8 de abril de 2018

Lula, en prisión, pero ¿hasta cuándo?


El Tribunal Supremo brasileño denegó días pasados el habeas corpus, a Luiz Inácio Lula da Silva. Una votación ajustada de seis votos contra cinco que ha determinado finalmente el ingreso en prisión de quien fuera presidente de Brasil entre 2003 y 1010. Con Lula se completa la defenestración de lo que fueron las presidencias vinculadas al Partido de los Trabajadores, dado que quien le sucedió en el cargo, Dilma Roussef, fue destituida por el Senado en 2016.

La decisión sobre Lula está siendo muy polémica en un doble sentido. La primera, porque se ha vulnerado su derecho de defensa, desde el momento en que sus abogados no han podido agotar todos los recursos contemplados en la justicia brasileña. En segundo lugar existe una inconsistencia en las acusaciones, sin que se haya podido demostrar la materialidad concreta de la acusación de corrupción pasiva. Todo esto está conllevando, a juicio de la defensa y bastantes juristas a concluir que se está llevando a cabo un claro abuso de poder. Así mismo, dada la gravedad, su caso se ha llevado ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

A todo esto hay que añadir un hecho nada desdeñable, como es la denuncia de que se está utilizando perversamente por parte del juez Moro y la fiscalía a determinados medios de comunicación. Desde el primer momento se ha dicho que se están llevando a cabo filtraciones de informaciones no contrastadas y con acusaciones infundadas.

Entramos así en una situación que va más allá de lo propiamente judicial. En los dos casos, de Lula y Dilma, se han tomado unas medidas drásticas bajo graves acusaciones relacionadas con la corrupción. A Dilma se le responsabilizó de la manipulación de cuentas fiscales y de haber firmado decretos económicos sin que los aprobara el Congreso. Unas acusaciones que sólo tuvieron como soporte efectivo la decisión de un Senado controlado por los partidos de la derecha, que votaron en bloque por la destitución. Curiosamente quien le sucedió en el cargo fue Michel Temer, vicepresidente hasta ese momento y dirigente del derechista PMDB, pero coaligado en el gobierno con el PT ya desde la presidencia de Lula. Una persona y un partido que también están bajo las sospechas de corrupción, pero sobre los cuales parece que existe bula.

Sobre Lula las acusaciones partieron desde medios judiciales, en primer lugar del juez Sergio Moro, que ya hace dos años ordenó su arresto domiciliario bajo la acusación de haber recibido sobornos millonarios de la empresa Petrobras y la constructora OAS, y haber blanqueado dicho dinero. La sentencia posterior de un tribunal regional de justicia ratificó las acusaciones, condenando a Lula a 12 años de cárcel, eso sí, dentro de la categoría difusa de corrupción pasiva

Lula es una persona muy popular en Brasil. Su extracción humilde y su trayectoria lucha sindical, llevada a cabo sobre todo durante los años de la dictadura militar, hicieron de él un héroe en amplios sectores de la sociedad brasileña. En la actualidad, después de que anunciara su candidatura a la presidencia del país, se encuentra a la cabeza de las preferencias, a distancia de sus seguidores. Quizás eso es lo que ha hecho que se haya intensificado la toma de medidas o emisión de declaraciones contra él desde distintos ámbitos. Uno, el de  la judicatura, que, como hemos visto, ha acabado condenándolo. Otro ámbito son los medios de comunicación, controlados en su mayoría por los poderes económicos y los grupos conservadores, que no han cesado de lanzar feroces campañas contra él y hasta emitido programas de ficción vinculándolo con el mundo del narcotráfico. Y no han faltado altos mandos militares, que, a través del comandante en jefe, el general Eduardo Villas Boas, han lanzado una advertencia sibilina: “[el ejército] comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien del repudio a la impunidad y del respeto a la Constitución, a la paz social y a la democracia, así como se mantiene atento a sus misiones institucionales”.

No ha sido la primera vez que me he referido en este cuaderno a la situación brasileña. En todos los casos he intentado poner de relieve el significado de los gobiernos habidos en Brasil desde que en 2003 Lula accediera a la presidencia del país, sus logros, tanto internos como internacionales, y sus contradicciones (entre otras entradas están las de 23-06-2013, 13-10-2014 y 26-10-2014). Hace dos años publiqué  “Brasil y Lula, en la encrucijada de América Latina”, donde abundaba sobre el momento en que Lula y Dilma, respectivamente, estaban en pleno acoso judicial y parlamentario, con el aderezo de las campañas mediáticas. Destituida al poco tiempo la segunda, del primero se ha decidido ahora inhabilitarlo de por vida.

Lo ocurrido estos días, con un Lula guarnecido en la sede de su sindicato y apoyado por decenas de miles de personas, no ha dejado de ser un acto simbólico. Me atrevo a decir que, en primer lugar, ha querido mostrar, agotando hasta el último momento el plazo dado por el juez Moro, cuáles son sus orígenes sociales y de qué es expresión. Y también, en segundo lugar, al acabar entrando en prisión, ha querido dar a entender que respeta la decisión a la espera de que en un futuro pueda resolverse su caso a su favor y de esa manera dejar constancia que la vulneración de las leyes o el abuso en su aplicación parte de quienes se llenan la boca a la hora de mencionarlas. Incluso por parte de esos jefes militares, herederos de la dictadura, que ahora claman por su cumplimiento.

Brasil está viviendo un momento importante. Se ha puesto de manifiesto que desde los poderes económicos, los medios conservadores y el imperio no se va a permitir transigir con vías autónomas a sus intereses. Entre los primeros, aun cuando sólo hayan tenido que ceder parte de sus beneficios para redistribuirlos entre los sectores sociales más desfavorecidos, que son muy amplios. Entre los segundos, porque no permiten que el país sea gobernado por nadie más que no sean la oligarquía, las familias de rancio abolengo o los estratos intermedios que sólo miran para arriba, olvidando a quienes están abajo. Y desde el imperio, porque quiere recuperar el poder perdido desde que a finales del siglo pasado la Venezuela liderada por Hugo Chávez iniciara para el continente latinoamericano un periodo de gobiernos independientes. 

Lo que ocurra con Lula marcará en gran medida el futuro de su país y también de América Latina. ¿Hasta cuándo estará en prisión? 

sábado, 7 de abril de 2018

Las amenazas de don Federico (Jiménez Losantos)

El cabreo de los medios de comunicación de la extrema derecha españoles ante la decisión del tribunal alemán -que denomina como juez de provincias-  sobre la excarcelación de Carles Puigdemont es de órdago. Ayer el periodista Federico Jiménez Losantos  -al que en su emisora le dicen con frecuencia don Federico- en su programa "Es la mañana de Federico", en la cadena esRadio, lanzó una durísima diatriba contra dicho tribunal, pero también contra el mismo gobierno, al que acusa de blando. En su sermón diario no se cortó un pelo incluso cuando dijo cosas como éstas (según ha transcrito la edición española del Huffpost): "El ratón al gato le puede hacer toda clase de fechorías. Toda clase de fechorías. En Baleares, todas. En Baleares hay como 200.000 alemanes de rehenes. En Baviera pueden empezar a estallar cervecerías. Ya, ¿pero usted qué propone, una acción? Naturalmente. Nos han abofeteado, nos han dado una patada en los dídimos". En otro medio de la misma cuerda, Periodista digital, se han calificado estas declaraciones mediante el siguiente titular: "Losantos bromea con 'poner bombas' en Alemania y la Policía bávara suda en frío". En fin, así las cosas.

El abrazo de Cifuentes a Rajoy

Cristina Cifuentes abrazó ayer con fuerza a Mariano Rajoy durante la convención nacional del PP en Sevilla. Lo hizo para buscar en su jefe el apoyo que necesita para mantenerse como líder del PP madrileño, a la espera que los costaleros de Ciudadanos decidan si la siguen manteniendo al frente de la Comunidad de Madrid. El entusiasmo de Cifuentes contrasta con el de Rajoy, que sólo se dejó abrazar, pero no le correspondió con la misma intensidad. También, con  la acogida  de las personas asistentes, alejándose lo más que han podido de su presencia. Lógico: el marrón que tienen con la dirigente madrileña es bien grande. Sus mentiras y su trato privilegiado en la obtención de un título de máster son tal magnitud, que acabará cayendo tarde o temprano. El oprobio de su situación y de su comportamiento debería perseguirla de por vida. Como debería ocurrir con un partido manchado hasta la médula. Corrupto desde sus primeros momentos, pese a que un tribunal decidiera en su día que lo que se sabía acerca de su financiación era producto de una mala práctica judicial. Ya sabemos de qué va todo esto: apelación continua a las leyes -al imperio de la ley les gusta decir a veces, como se hacía en los años del régimen franquista- para defender actuaciones políticas; violación permanente de las mismas para financiarse, evadir impuestos, obtener títulos...; utilización de fiscales, jueces, juezas y tribunales para obtener sentencias favorables. Más que imperio de la ley, estamos en el imperio de la arbitrariedad, de la corrupción, de la injusticia.

viernes, 6 de abril de 2018

Duro varapalo a la justicia española en el caso Puigdemont

Que un tribunal de justicia alemán haya decidido la excarcelación de Carles Puigdemont, dice mucho de lo que es la justicia española. O, al menos, de lo que son la jueza Lamela, de la Audiencia Nacional, y el juez Llanera, del Tribunal Supremo. Que el tribunal alemán haya rechazado la principal imputación, la de rebelión, dice mucho. Y precisamente basándose en aquello en que Lamela y Llanera tanto insisten: la existencia de violencia. 

Sólo en la mente de esas personas, con tan importante y decisiva responsabilidad, puede argüirse que el procés haya estado caracterizado por la violencia ejercida por quienes lo están protagonizando. Las imágenes de guardias civiles siendo despedidos en sus ciudades de origen como guerreros jaleados al grito "a por ellos", la actuación violenta que tuvieron los cuerpos policiales durante el jornada del referéndum del 1 de octubre o el papel intimidatorio y chulesco jugado por las bandas de fascistas que se movieron por Barcelona, dicen mucho de cómo actuó el estado contra las personas que salieron a la calle a votar. 

La detención, procesamiento y encarcelamiento de numerosas personas acusadas de rebelión, sedición o malversación dice también mucho de quienes lo están llevando a cabo. Acciones sobre organizadoras y dirigentes del procés, porque sólo faltaba que lo hicieran sobre los cientos de miles de personas, hasta más de dos millones, que han participado. 

Duro varapalo de un tribunal de otro país. No es el único, como hemos visto en el caso de Bélgica, ni creo que será el último. Pero es lo que tenemos en este bendito país.

miércoles, 4 de abril de 2018

Ha pasado medio siglo del asesinato de Martin Luther King

Hoy se cumple medio siglo del asesinato Martin Luther King. Un disparo lejano con un rifle acabó con su vida cuando salía acompañado al balcón del hotel de Menphis (Tennesse) donde se alojaba. Había acudido a esa ciudad en solidaridad con los trabajadores de la basura, que estaban llevando a cabo una huelga. Tres años atrás le ocurrió algo parecido en Nueva York a otro dirigente afroamericano, Malcon X. Y cinco antes en Dallas (Texas), esta vez montado en un automóvil que iba descubierto, había sido John F. Kennedy, presidente del país. No hace mucho, en un instituto de Florida, se produjo la enésima matanza por disparos de rifle de las habidas en centros educativos. Cuando no son rifles, son armas cortas, pero el caso es que la violencia sigue presente, sin que parezca que tenga fin.

Es EEUU un país de rifles. Parece que forman parte de su paisaje. Ocupan un lugar importante en el ajuar de los muebles domésticos de muchas viviendas y su ruido -¡pam, pam!- a veces compite con el rugir de los coches. Fue imprescindible en la época de la conquista del Oeste. Para matar a indios, para defender propiedades privadas... Pasada ya la época de la conquista continental, empezó a formar parte de otras más lejanas. Convertido en gran imperio, desde hace casi tres décadas en solitario, el rifle sigue manteniendo su lugar, aunque haya voces que lo pongan en duda. Un icono -para mucha gente, el verdadero- del país.

Martin Luther King era un dirigente afroamericano importante. En el momento de su muerte, el principal. Tenía fama de pacifista, por aquello de que no defendió el uso de la violencia. Se le catalogó también de moderado, distante de lo que representó Malcom X o lo que en esos años estaba naciendo en forma de Panteras Negras. Una imagen, la del negro bueno, con un claro tinte paternalista, que es la que han pretendido que pasara a la historia. Tras su asesinato, claro, porque el hecho de que tuviera el fin que tuvo, demuestra que era peligroso. 

Si es cierto lo de su apuesta por la paz, no lo es tanto lo de su moderación, al menos si es entendida de una forma edulcorada. Y es que Luther King fue claro cuando hablaba y también cuando actuaba. Fue capaz de entender las raíces del problema que vivía la comunidad afroamericana en EEUU. Para él no era sólo cuestión de derechos civiles, lo que era importante, por supuesto. La clave se encontraba en la justicia social. Y ésta no existe en una sociedad capitalista. Por eso apeló al socialismo: "si queremos alcanzar una igualdad real, los EEUU tendrán que afrontar una forma modificada de socialismo". Y  criticó la guerra de Vietnam, que estaba en su momento culminante en esos años: "Estamos gastando todo este dinero en muerte y destrucción, y no el dinero suficiente en la vida y el desarrollo constructivo". Demasiado para el sistema.

La situación de su comunidad lo era por su pobreza y por su condición racial. Algo que todavía perdura, porque apenas han cambiado las cosas. Ya no hay leyes que discriminen a sus gentes, al menos las descaradas de la segregación, pero sigue habiendo injusticias en forma de pobreza, marginación y discriminación.

(Imagen: viñeta de Vasco Gargalo, en Rebelión)       

martes, 3 de abril de 2018

El paisaje ideológico de la Semana Santa

Sonido de tambores, trompetas, bandas de música, campanillas, campanas...  De saetas, oraciones, himnos, gritos... De murmullos y -¿por qué no?- de silencio.

Olor a romero, incienso y a cera de las velas derretidas.

Autoridades civiles presidiendo o acompañando  procesiones. Ministros y ministras, presidenta de Andalucía, alcaldes y alcaldesas, dirigentes políticos... Puede que en mayor número que otras veces, pero, en todo caso, haciendo ostentación de su presencia para exhibirse ante la gente. Vestidos y mantillas de luto, trajes con corbata y, si procede, con medallas de cofrade. Golpeo de mazas para que se levanten los pasos. 


Unidades del ejército y de los cuerpos policiales cargando imágenes o desfilando. Legionarios que en Málaga se han exhibido marcialmente entonando ser novios de la muerte. Con ministros que los acompañaban con su mirada y con su canto. Y entre ellos, el ministro del orden que en la capital sevillana escuchó una loa a su persona al grito de ¡arriba de España! Y legionarios que en algunas ciudades de Catalunya han dejado constancia de su amor a la patria española. 

Se han seguido viendo imágenes de sangre. Como la vertida desde las espaldas que se azotaban sin cesar o la que manaba del roce cuando eran empaladas. O la de los pies que caminaban descalzos cargados de una cruz. Se ha seguido anunciando la concesión de indultos a petición de cofradías. Y hemos sabido del sermón de un Obispo que, haciendo un ejercicio de retorcimiento retórico, equiparó la pecaminosa "ideología de género" con la Inquisición.     

He visto en directo a mujeres cargando pasos, cuando antaño eran apartadas y denigradas en esas tareas porque se decía que eran cosa de hombres. Y a niños y niñas, también, aun cuando lo hicieran con pasos de menor peso. He visto una procesión en la Coria cacereña donde sólo desfilaban mujeres de todas las edades.

Hace unos años el que fuera obispo de Málaga durante el tiempo de la Transición, Ramón Buxarrais, dijo que la Semana Santa de esa ciudad era “una realidad religiosa popular organizada por la burguesía malagueña con el aplauso unánime del pueblo”. Unas palabras que pueden extenderse al conjunto de actos religiosos que se celebran durante esos días. 

Lucha entre el pasado y el presente. Manifestación de lo popular y del poder. Expresión de lo divino y de lo humano. Devoción, pasión, ostentación, exhibición... Todo un totum revolutum que nos transporta a un pasado que sigue invadiendo el presente. Y todo, entre banderas rojigualdas a media asta por doquier.

domingo, 1 de abril de 2018

El regreso del poeta Remigio González "Adares" a su Corrillo


















































A finales del año pasado se inauguró en la plaza del Corrillo de Salamanca una escultura dedicada al poeta Remigio González "Adares". Obra del artista, también salmantino, Agustín Casillas, se recuperaba así la presencia de quien desde décadas había ocupado ese bello rincón de la ciudad castellana como un espacio dedicado a la poesía. 

Sentado entre columnas y bajo dinteles, cuando no yendo de un lado para otro de la pequeña plaza, era donde vendía sus numerosas obras, pero también donde conversaba con la gente, trasmitiendo cálidamente su manera de entender la vida y la literatura. Fue el espacio donde construyó lo que él mismo denomino su cátedra de poesía. 

Bohemio por excelencia, pasó a ser un elemento casi natural del paisaje urbano, ataviado con sus ropas sencillas, su poblada barba blanca y, por supuesto, su gorra campera. Nacido en un pueblo del este salmantino, cercano al río Tormes, siempre mantuvo el aire de quienes han retozado por la tierra que se labra para que broten sus frutos. El aire de la imagen, pero también de las palabras y de los versos.  

Fue protagonista de una vida que construyó entre sus orígenes rurales, el trasiego de la emigración por otras provincias e incluso Francia y su definitiva estancia en la capital de la piedra dorada. Fue por ello un hombre de oficios variados, lo que no le impidió que su afición por la poesía acabara siendo su razón de ser en la vida.

Pocas veces hablé con él, pero en muchas ocasiones pude sentir el goce de sus poemas. Primero, cuando aparecían en las páginas de El Adelanto, casi siempre con motivo del Día de la Poesía, acompañados de otros escritos por poetas locales (Josefina Verde, Aníbal Núñez, Félix Grande García, Jesús García Ledesma...). Uno de ellos, con título "Primavera descuidada (El hombre)", quizás de finales de la década de los setenta, reza así:

                    El hombre, su mano
                    y su propio asesino

Entrada ya la noche en la crisma del hombre
más allá de la calle
puñada del humo.
Se acerca así el que llega
miserable a ser preso
lo vano del poder.
Pero no hagáis tampoco más la calavera
con el puño de la estrella.
Acribillar las purgas.
Devolver vuestra mirada a ver si estáis
en el diente del verdugo
acuchillado.
Entrada ya la noche,
quizás otro traidor repita sus maracas
por aquello de que no es.
Ataca como es su flor de luto.
El hombre desafía, como se va a morir
en la brutalidad con todos sus amigos.
¡Escucha 
y oye, hombre,
zapato y tierra 
fría!
Mientras la tierra entierra a su manera,
el mar se bebe el fondo de otro ahogado sin noche.
El hombre que asesina vivirá en él.
El mosquito necesita una bombilla,
y Jota-R. nos regala un calambuco.
El hombre,
su mano
y su propio asesino -el hombre-
no se ayuda de la realidad a pesar de saber
que nació igual que el trigo.

También pude sentir sus poemas cuando los leía en sus propios libros, de los que poseo algunos. Vuelo de papel (1981)  se lo dedicó a Carmen, y su nombre y espíritu transitan a lo largo del poemario, como ya hizo en otras de sus obras. En "Delante de tu ayer" nos cuenta:

Por los romances niños
hierbas altas
del nombre,
voy a entender tus bucles.
Dejo una huella más
encima 
de la tierra.
Tu cielo participa
de lo nacido
antes.
Han sonado sirenas.
Tropiezas convencida en tus reinados.
Carmen, porque delante de tu ayer,
hay ortigas inquietas.

En Huellas que no disimulan (1997), publicado cuatro años antes de su fallecimiento, la presencia de la muerte es frecuente, como también son permanentes las alusiones a sus recuerdos, que se enhebran para ir tejiendo el panorama de su vida. "Viendo crecer a los niños", el último del libro, bien puede servir de muestra:

                                 Lo mejor de mi vida fue vivir
                                           lo peor de mi muerte
                                           lo que no me ha ocurrido

La tierra diome el cuerpo
los ojos diome el sol
el camino la edad y el viento me hizo niño
la sombra el apellido y el alma que hoy resisto
me la regaló el fuego.

El camino me llevó de la mano
y cuando más frío hacía
me dejó abandonado ya sin alma.
Conocí a una mujer y no era ella. 

La huella que hoy resisto me permitió bailar.
La madre que me tuvo aún me espera.

El ruido del caballo y la piedra que sufre 
hoy respiro.

¡No me preguntéis
de dónde soy
llegado!

En cierta ocasión, en 1980, nos sorprendió con sus "Las coplas del cura de Galisancho". Y no sólo por lo que contaba en ellas sobre el crimen del protagonista y el ajusticiamiento de sus autores, sino, ante todo, por la forma como las difundió. Acompañado de un músico que tocaba algún instrumento -no recuerdo cuál-  iba recorriendo las calles del centro histórico de la ciudad. Y mientras recitaba los versos que entonaba con una "música o tonadilla" que había "recogido y sin saber de dónde", alguien repartía la hoja de color rosa donde estaba impresos los versos. Una música conocida con ritmo de jota charra, que puedo entonar todavía. Las coplas empezaban así:

En este pueblo que cuento
pueblo de liebres carnívoras
acaeció que estos hecho
tienen ya fechas antiguas.

Para acabar, hasta completar el total de 48 estrofas, con cuatro versos lapidarios:

Y aquí remato lo dicho
dicho así para el más majo
que el que la hace la paga
como ocurrió en GALISANCHO. 

No puedo olvidarme tampoco de su participación en uno de los primero de mayo habidos durante los años de la Transición. Concretamente el de 1978, cuando hizo de presentador de un acto llevado a cabo en el parque de La Alamedilla. Entre cultural y reivindicativo, su versos se fueron mezclando con las intervenciones de representantes sindicales y vecinales, y las diversas actuaciones musicales de artistas locales.

He sabido que murió de la enfermedad de Parkinson. Examinando la dedicatoria que me hizo en octubre 1985 en Vuelo de papel, ya estaba palpable en su escritura. Pese a ello puede leerse: "Dedicado a Jesús a esta hora que solanea se dibuja sola con un toque de música". 

jueves, 29 de marzo de 2018

El resurgir de lo que fue el nacional-catolicismo

Estamos en tiempo de Semana Santa. Lo que en España ha significado mucho más que unas simples festividades religiosas. Y en los momentos actuales, por lo que estamos viendo, algo que resulta más que llamativo.

El régimen franquista, como variante hispana del fascismo, tuvo  en el catolicismo integrista y autoritario la dosis ideológica correspondiente para que el nacional-catolicismo tomara cuerpo. Una forma de aunar una tradición que venía de lejos con la aparente modernidad que aportaba el fascismo desde que, tras el fin de la Gran Guerra, fuera aflorando como un modelo político distinto al liberalismo decimonónico que permitiera hacer frente al peligro que ofrecían los movimientos populares que estaban desafiando al sistema capitalista. 

Agotado el nacional-catolicismo del franquismo, el triunfo de la opción reformista durante la Transición permitió que prosiguiera la hegemonía del bloque dominante conformado desde el siglo XIX, que se acabó adaptando a los nuevos tiempos del europeísmo y el atlantismo.

Aunque pueda parecer que han pasado muchos años desde entonces -cuatro décadas, nada menos-, buena parte de los cimientos del nacional-catolicismo están volviendo a aflorar. El recorte de las libertades civiles, los crecientes privilegios de la Iglesia Católica, la laminación de la aconfesionalidad  del Estado, la represión contra la disidencia  política catalana, el reforzamiento del españolismo centralista, el clasismo judicial, los homenajes a personajes de la España negra, la revalorización de sus símbolos, la permanente humillación de las víctimas del fascismo, etc. cada vez más van formando parte del paisaje cotidiano. Todo, disfrazado de una legalidad que se califica de constitucional. Lo viejo, que se mantuvo en lo fundamental, recuperando elementos que parecían perdidos u olvidados. El resurgir de lo que fue el nacional-catolicismo.

(Imagen: https://www.eldiario.es/sociedad/politicos-van-procesiones-Semana-Santa_0_632736981.html)

sábado, 24 de marzo de 2018

Elecciones en Colombia y futuro más que incierto

Hace casi dos semanas hubo elecciones legislativas en Colombia y en mes que viene las habrá presidenciales. Los resultados de las primeras prácticamente han pasado desapercibidas, quizás porque ha ocurrido lo previsible. Esto es, como nos cuenta Ricardo Angoso, el triunfo de los grupos que llevan décadas controlando y gobernando el país, en cualesquiera que hayan sido sus variantes. Lo que puede resultar más sorprendente ha sido que en la representación política de la izquierda, casi siempre reducida, la expresión de lo que fue el movimiento guerrillero, en especial de las FARC, ha sido mínima. Mucho se puede decir de todo esto, pero no es algo simple, sino, todo lo contrario, muy complejo.

He leído en días pasados varios artículos, pero me ha gustado el de Emilio Polo Garrón, titulado "Elecciones en Colombia, más allá de la manipulación y la ignorancia" y publicado en lamarea.com. Da unas claves de la actual situación política del país suramericano, entre las que se encuentran cosas tan viejas como el clientelismo, muy extendido en las áreas urbanas, y  el control social, propio de las áreas rurales, donde el paramilitarismo y el narcotráfico no sólo siguen campando, sino que han se han extendido ante el vacío dejado por lo que no hace mucho fueron espacios con presencia de los grupos guerrilleros.

Para Polo Garrón, que es coordinador de la asociación Paz con Dignidad, se trata de una victoria de las fuerzas opuestas a los Acuerdos de Paz. Las mismas que resultaron ganadoras, aun con escaso margen, en el referéndum habido en 2016. Es lo que le lleva a concluir con estas palabras tan cargadas de pesimismo: "Sale gratis no respetar los acuerdos por parte del Estado porque no hay una población a la que mayoritariamente le importe lo más mínimo". O le lleva también a augurar unas próximas elecciones presidenciales en donde el candidato del oficialismo, en cualquiera de sus formas o nombres, acabe arrasando a quien podría ser el contrincante desde la izquierda, Gustavo Petro.

Panorama duro y cargado de un futuro más que incierto en el que se atisban todavía más nubarrones.  


“El Monte”



























A mi querella el tribunal del viento
(José Manuel Caballero Bonald)

Su nombre era Manuel y Jiménez se repetía en sus dos apellidos. Nació durante la posguerra en el Hoyo de la Tota, lo que fue un pequeño barranco contiguo al casco antiguo del pueblo, donde fueron apiñándose durante años casetas de madera y hojalata. Las moraban en su mayoría familias de marineros, el oficio que fue de su padre. De éste alguien me ha dicho en voz baja, casi sin quererlo, que durante la guerra desfiló entre las filas prietas de los camisas azules y bordados en rojo. La familia se fue luego al Zapal, esa barriada inmunda que hería la sensibilidad de quienes visitaban el pueblo. Esa barriada de “trapos quemados, excrementos, cascotes y cáscaras de piñas”, como la describió Alfonso Grosso. A Manuel siempre lo conocí como “el Monte”, pero mucha gente le decía “el Montelegrí”.

Cuentan que le costó salir de las entrañas de su madre, pero cuando lo hizo, fue para no parar de vagar de un lado para otro con la compañía del sol y del levante. El monte de la Breña fue su territorio, por donde, ya desde muy niño, trasegaba sin parar recogiendo higos de tuna, tagarninas, cardos, palmitos o hierbas olorosas. Donde, cada dos años, batía las copas de los pinos para obtener su fruto más preciado, esos piñones que acababan desprendiéndose de los conos cuando eran abrasados en la hoguera.

Lo más seguro es que el apodo le viniera por hacer de ese lugar el medio donde encontró su razón de subsistir. Fue donde aprendió el oficio de piconero. Con la ayuda de su hermana estuvo incinerando ramas de los pinos en la "Piera Cuajá" para hacer el carboncillo que luego vendía por las casas. Su tez era morena, quemada por el aire que acogía los rayos del sol, pero también tiznada del polvo del picón, lo que hacía que lo fuera más negra. Quizás por eso lo llamaran “el Montelegrí”, como una derivación vulgar de “el Monte Negrín”.

Me han contado que con su hermana pudo haber hecho que la luna fuera testigo de la pasión que hierve cuando llega la noche para alumbrar algo más que un destello. Quién sabe o eso dicen. “No te extrañe, eso lo había así en este pueblo”, me dijo el otro día un amigo cuando se lo pregunté para cerciorarme.

La electricidad le dio la puntilla a sus quehaceres con el picón y tuvo que ir buscándose la vida de otras maneras. Y además, no mucho tiempo después, tuvo que trasladar de nuevo su residencia, dejando su Zapal de adopción para alejarse a las barriadas de arriba. A una cuyo nombre recordaba a un viejo marino de guerra, piadoso por demasía, que en su más que triste destino acabó muriendo en su ascensión hacia el cielo.

Nunca abandonó el monte y los frutos que le daba, pero fue la ocasión para centrar su mirada y sus manos hacia la mar. Me imagino que no fue un descubrimiento, que ya la habría tanteado desde muy niño. ¿Cómo si no hubiera podido sobrevivir cuando el calor arreciaba y el picón dejaba de tener sentido? El caso es que desde entonces se volcó en las oportunidades que dan las aguas para tenerlas en todo momento y no abandonarlas hasta que sus fuerzas declinaron. No lo hizo para adentrarse en su lejanía, como lo hizo su padre y la mayoría de la gente, sino mayormente para quedarse en el remanso salobre de la marisma, donde se juntan las aguas dulces del Barbate y las saladas del Atlántico. Lo suyo fueron las coquinas negras de río y, aunque menos, los camarones. En el pozo Montano casi cada día sumergía sus pies, que entraban suavemente en el fango para acabar inclinando el cuerpo y alargar las manos que recogían los seres que se escondían en el fondo. Cuando la mar apretaba poco y su oleaje lo permitía, se aventuraba a las rocas para arrancar las ortigas, los erizos y los ostiones que se ofrecían entre sus paredes.

Desde que llegué al pueblo “el Monte” formó parte del paisaje humano de personajes singulares de cada día. Lo vi siempre vestido con una ropa desaliñada, casi rota, un pelo y una barba con greñas, desplegando con timidez una tenue sonrisa de tristeza. ¿O no era sonrisa y sólo era tristeza?

A mí me pareció siempre un náufrago. Llevaba en un saco de redes o en una tosca carretilla su cosecha de cada día, enseñándola allá por donde pasaba. Su andar era pausado y parsimonioso, como si el tiempo no fuera con él o sintiera que lo que tuviera que llegar lo haría igual de todas las maneras. Por las mañanas solía parar en las proximidades del mercado y allí, sentado sobre el suelo con una pierna extendida y otra recogida o en cuclillas, ofrecía con su mirada y en silencio la mercancía.

Hay quien dice que ha muerto. No falta quien lo sitúa en una residencia lejana. Me lo imagino en silencio y en su soledad permanente. También, al igual que el poeta, ligero de equipaje, como los hijos de la mar, aunque él la mantuvo a cierta distancia. Por eso siguieron llamándolo “el Monte” o “el Montelegrí”.

(14-06-2011)


(Imagen: retrato de "El Monte", por Quirós, expuesto en una exposición de pintura en la Lonja Vieja de Barbate, mayo de 2012).