viernes, 10 de mayo de 2019

Rubalcaba, el guardián del felipismo









































El fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba ha impactado en los medios de comunicación y buena parte de la sociedad española. Ahora tocan los panegíricos de mucha gente y en otros casos, lo contrario. Quizás me pueda encontrar entre quienes se sitúan en esta última situación, pero, ante todo, lo que pretendo es retratar al personaje político en lo que fue su larga trayectoria. 

Rubalcaba, como era conocido en el mundo de la política, representaba, más que ninguna otra persona, el felipismo. Por ahora incombustible, aunque quizás ya en las últimas. Cuando el PSOE ganó las elecciones de 1982, pronto fue aupado a la cumbre de las altas esferas del gobierno y de su partido, hasta convertirse, años después, en el único superviviente de relieve de la senda marcada por Felipe González, una vez que éste dejó de hecho la primera línea política en 1996. 


En la pugna por la secretaría general del PSOE, apostó siempre por quienes querían mantener esa continuidad del felipismo: por Joaquín Almunia frente a Josep Borrell; por José Bono frente a José Luis Rodríguez Zapatero; por él mismo frente a Carmen Chacón... Inicialmente apoyó a Pedro Sánchez, como también lo hizo el felipismo, frente a Eduardo Madina, pero luego participó en la defenestración de Sánchez y, claro está, apoyó a Susana Díaz frente al segundo Sánchez, el resurgido.


Rubalcaba inició su andadura en las altas esferas de la administración dentro del ministerio de Educación, donde en 1992 llegó a ser ministro. Por poco tiempo, pues González al año siguiente le encargó otro ministerio, el de Presidencia, más político y, quizás, más acorde con aquello en lo que se movió mejor que nadie: las enredaderas internas del estado. Fue por ello copartícipe, aunque tardío, de la deriva que había tomado su gobierno desde años atrás en lo referente al terrorismo de estado (los GAL y demás) y la corrupción. Y en plena crisis de su partido y de su gobierno a mediados de los noventa, protagonizó a través de un "comando" que llevaba su nombre una serie de acciones que buscaban desactivar como fuera la creciente influencia de IU, entonces liderada por Julio Anguita. Ya se sabe, cosas como lo de la pinza, evitar que IU consiguiera las alcaldías de Málaga y Córdoba, que pasaron a manos del PP...


Cuando en el año 2000 el PSOE sufrió la severa derrota del PP, iniciándose la cresta de la ola del aznarismo, Rubalcaba pasó temporalmente a un segundo plano. Pero con la derrota del PP en 2004, atentado del 11-M y mentiras de Aznar y compañías incluidas, se erigió en una persona clave de su partido: primero como su portavoz en el Congreso, ya con Zapatero como jefe de gobierno; y luego, desde 2006, como ministro del Interior. Y es aquí donde consiguió el mayor de sus éxitos políticos, porque supo hacer uso con suma habilidad de los mecanismos del estado, lejos de los que su jefe anterior había desplegado en los años ochenta, para conseguir que ETA abandonara la lucha armada. Circunstancias aparte, con una sociedad vasca muy cambiada y una izquierda abertzale apostando de lleno por la vía pacífica, Rubalcaba dio el impulso necesario para que eso ocurriera, aun cuando la derechona le diese por todos los lados.


Su desgracia le vino en la fase final del gobierno de Zapatero, cuando, en plena crisis económica, dicho gobierno optó por plegarse a los dictados de la dirigencia económica europea. Ascendió incluso, ya en 2010, a la vicepresidencia del gobierno y asumió la portavocía, sin perder su responsabilidad al frente de Interior. Luego le tocó en (mala) suerte liderar a su partido en unas elecciones, las de 2011, donde poco tenía que hacer. El PP, con Mariano Rajoy al frente, y armado de demagogia, la ingenuidad de buena parte del electorado y el sistema electoral, arrasó, dejando al PSOE casi en la estacada.


Para redondear la cosa, asumió un año después, previas primarias, la secretaría general de un partido que parecía incapaz de renovarse. Y así le fue la cosa, pues en 2014 hubo de dimitir después de una nueva derrota electoral, la de las europeas, y ver cómo por la izquierda aumentaban los apoyos a IU (primero) y Podemos (después), mientras empezaba a romperse el bipartidismo. Pero antes de irse protagonizó su último servicio al estado, esta vez relacionado con la Corona, cuando pactó con Rajoy la abdicación de Juan Carlos I, en un momento donde el prestigio de la institución y de quien la ocupaba se encontraba por los suelos. 

Lo que vino tras su dimisión, aparentemente ya retirado de la política, fue su participación desde la sombra en el mantenimiento del viejo felipismo. De ahí sus movimientos hacia Sánchez, con el que acabó jugando duro. Ayer el jefe de gobierno en funciones, bien aconsejado por el equipo de mercadotecnia que tiene, regresó a Madrid ante la inminencia de su muerte. Un gesto de cara a la opinión pública en plenas elecciones, pues por dentro debió de pensar otra cosa. De esto estoy seguro, aunque no lo puedo demostrar. 
          

miércoles, 8 de mayo de 2019

Elecciones 28-A: la España africana

Estamos ante una comunidad autónoma y las dos ciudades autónomas situadas en el continente vecino, pero con realidades políticas, y otras más, bien distintas. 

Canarias

Participación: el 68'1% se sitúa en el nivel más bajo entre las comunidades autónomas, con un aumento de 3'7 puntos sobre 2016.

Bloque de la izquierda: 500.000 votos (44,1%), que suponen una subida de 82.000 sobre 2016 (3'3 puntos porcentuales más); en la provincia de Las Palmas han obtenido 280.000 votos (51'8%) y en la de Santa Cruz de Tenerife, 216.000 (42'2%).

El PSOE ha conseguido 295.000 votos (27'9%), situándose como la fuerza más votada y habiendo subido 75.000 votos (5'4 puntos); en Las Palmas (28'3%) ha obtenido mejores resultados que en Tenerife (27'4).

UP, por su parte, ha obtenido 166.000 votos (15'7%), lo que supone una pérdida de 32.000 sobre 2016 (4'5 puntos menos), pero conservando el segundo puesto de la comunidad; en Las Palmas (16'7%) ha obtenido mejores resultados que en Tenerife (14'7%).

Bloque de la derecha: los tres grupos españolistas han sumado 388.000 votos (36'8%), que junto con los 137.000 de CC (13%) alcanzan 525.000 (49'8%); los primeros han perdido 62.000 votos (9'5 puntos menos), mientras que CC ha subido 59.000 (5 puntos más). 

El PP, con sus 164.000 votos (15'5%), ha perdido más de la mitad de los obtenidos en 2016 (17'8 puntos menos); Cs, con 155.000 votos (14'7%), se le ha acercado, beneficiándose de 38.000 (2'7 puntos más); Vox ha obtenido 69.000 (6'6%), lejos de su media en el conjunto del estado; por último, los 137.000 votos de CC (13%) se reparten desigualmente por provincias, siendo en Tenerife (19'9%) donde obtienen bastante mejores resultados que en Las Palmas (6'4%). 

De lo anterior se pueden sacar algunas conclusiones: en el conjunto de la comunidad la derecha supera a la izquierda (5'7% puntos más), pero lo hace gracias a CC, un partido nacionalista canario conservador con tendencia a pactar con la derecha españolista; existen importantes diferencias territoriales, con un escoramiento hacia la izquierda en la provincia de oriental (51'8%), mayor en la isla de Gran Canaria, y otro hacia la derecha en la occidental (54'7%).  

Ceuta 

En esta ciudad autónoma el bloque de la derecha (57'3%) supera en 16 puntos al de la izquierda (41'3%), si bien con dos particularidades llamativas: el PSOE (36'3%) recoge abrumadoramente la mayor parte del voto de su bloque, con una UP casi residual: 4'8%; y Vox (24%) se convierte en la fuerza más votada de la derecha, con el PP cerca (21'4%) y Cs muy alejado (12%).  


Melilla 


La hegemonía de la derecha (53'7%) frente a la izquierda (24'5%) es más amplia todavía, pero existen algunas diferencias en relación a Ceuta: aquí es el PP (23'9%) la primera fuerza de la ciudad; Vox (16'9%) queda relegada al cuarto lugar; existe un partido, CpM (20'4%), con base en la minoría musulmana, que tiene una presencia importante; esto último podría explicar los peores resultados del PSOE (20'7%).

Elecciones 28-A: el País Valenciano

El País Valenciano es, junto con Andalucía, la comunidad donde el equilibrio de fuerzas es mayor, si bien con una ligera ventaja del bloque de la izquierda, que, traducido en escaños, aumenta considerablemente. Lo ocurrido en diciembre en Andalucía alertó al presidente autonómico valenciano, que inteligentemente hizo coincidir las elecciones generales con las autonómicas. Y los resultados le han dado la razón: ha habido una clara mejoría del PSOE, en detrimento de UP y Compromís, mientras el bloque de la derecha ha bajado en sus apoyos.   

Elecciones generales


Participación: ha habido un aumento de 100.000 votantes (2'3 puntos porcentuales) sobre 2016.


Bloque de la izquierda: 1'3 millones de votos (48'9%), con una subida de 100.000 votos (2'4 puntos más).


El PSOE, con 744.000 votos (27'8%), ha sido el claro vencedor de las elecciones, subiendo 200.000 votos (7 puntos más) sobre 2016.


Por otro lado, al no revalidarse la coalición entre UP y Compromís de 2016, mientras la primera se ha quedado en 381.000 votos (14'2%) y la segunda en 173.000 (6'5%), la suma de ambas, 554.000 (20'7%), se ha alejado del 25'4% de hace cuatro años (100.000 votos y 4'7 puntos menos).  


Bloque de la derecha: también 1'3 millones de votos, pero con algunas décimas porcentuales menos que el otro bloque (0'3%); en relación a 2016 se ha mantenido en el número de votos, no así en términos relativos (2 puntos menos). 


El PP, con medio millón de votos (18'6%), continúa como primer partido del bloque, pero perdiendo otros tantos sobre 2016 (17 puntos menos); Cs se ha quedado a 18.000 votos (18%) del PP, ganando 100.000 (3 puntos más); y Vox ha obtenido 322.000 votos (12%). 


Elecciones autonómicas


Participación: ha subido 183.00 votos (casi 3 puntos más) sobre 2015.


Bloque de la izquierda: 1'3 millones de votos (49'1%), coincidiendo en número con las generales e incluso con las autonómicas de 2015. 


En esta ocasión el claro ganador ha sido el PSOE: sus 638.000 votos (23'9%) han mejorado en 135.000 (3'6 puntos más) los de 2015; a la vez, se ha convertido en la primera fuerza de la comunidad.


La situación de los otros grupos de la izquierda es más compleja, pues en 2015 concurrieron por separado: Compromís (18'2%), Podemos (11'2%) y EUPV (4'3%), que sumaron 838.000 votos (33'7%); en esta ocasión Compromís ha obtenido 439.000 votos (16'5%) y UP, 213.000 (8%), perdiendo ambas sobre la suma de hace cuatro años 185.000 votos (9'2 puntos menos).  


Bloque de la derecha: 1'25 millones de votos (46'8%), con una pérdida de 50.000 votos (3'5 puntos menos) sobre 2015. 


El PP ha mantenido el medio millón de votos  de las generales (18'9%), pero perdiendo más de 400.000 sobre 2015 (16'6 puntos menos); Cs ha vuelto a quedarse cerca, a casi 40.000 votos (17'5%%), ganando 80.000 (2'5 puntos más); y Vox, por su parte, se ha dejado por el camino 42.000 votos (1'6 puntos menos) en relación a las generales. 


Algunas conclusiones


La que fuera hasta no hace mucho fue una de las comunidades estrella del PP, se ha desplazado ligeramente a la izquierda. Resulta evidente que se ha mantenido el precio a pagar por ese partido por la corrupción a gran escala que protagonizó durante dos décadas. Ello ha beneficiado sobre todo a los otros dos partidos de su bloque, pero también al de la izquierda.


El camino iniciado entre 2015 y 2016 se ha consolidado, de manera que se va a revalidar el pacto de gobierno para la Comunidad. Otra cosa es la correlación interna de fuerzas en el bloque de la izquierda: el PSOE ha subido en las dos elecciones, a la vez que los otros grupos han retrocedido; pero lo han hecho de distinta manera, pues mientras en las generales es UP la que ha superado claramente a Compromís (7'8 puntos más), en las autonómicas ha ocurrido lo contrario, con un Compromís (16'5%) que está 7'5 puntos por encima de UP (8%). 

Elecciones 28-A: la España profunda

Es frecuente acudir a un calificativo para referirse a aquello que mejor representa el esencialismo de un país. En este caso, la España profunda, es decir, aquellos territorios donde menos se pone en duda la visión de una España unitaria. Donde, como consecuencia, están más representados los grupos políticos que hacen gala sin tapujos de una visión que nos lleva a un pasado mitificado, cuando no falsificado, y a una forma de entenderlo que excluye la diversidad. Estamos, ante todo, con la derecha en su estado natural, pero no sólo ella.

Aragón


El bloque de la derecha (51'8%) se ha impuesto con 6'5 puntos de ventaja sobre el bloque de la izquierda (45'3). En el primero de los bloques Cs (20'5%) ha superado al PP (18'9%), mientras Vox (12'2%) se ha situado dos puntos por encima de su media estatal. En el otro bloque se encuentra una de las federaciones del PSOE (31'7%) donde más se defiende la unidad española, mientras UP (13'6%) se queda por debajo de su media estatal y pierde sus dos escaños de Zaragoza y Huesca.

Castilla-La Mancha

En este caso la diferencia entre los bloques, de 13 puntos, es superior: 55'5%, para la derecha y 42'5%, para la izquierda. Aquí el PP (22'7%) mantiene su hegemonía en la derecha, con Vox (15'3%) superando en cinco puntos su media estatal. El PSOE (32'4%), por su parte, se recupera en cinco puntos sobre 2016, casi los mismos que pierde UP (10'2%), que también pierde sus escaños de Toledo y Albacete. 

Castilla y León

La diferencia entre bloques, de casi 17 puntos, es mayor todavía: 57'3%, para la derecha y 40'2%, para la izquierda. Es donde el PP (26'1%), aun habiendo quedado como segunda fuerza, mantiene sus niveles más altos entre la derecha, con Vox (12'3%) dos puntos por encima de su media. En el otro bloque, el PSOE (29'8%) mejora y UP (10'4%) retrocede, a la vez que pierde los tres escaños que tenía en Valladolid, León y Burgos.

Extremadura

Aunque la diferencia entre los bloques es estrecha, con apenas 2'6 puntos en favor de la derecha, es el PSOE (38'1% y subiendo 3'5 puntos) el que lo posibilita, dejando a UP (9'5%) en el nivel más bajo de apoyo entre las comunidades y, además, perdiendo el único escaño que tenía de Badajoz. Por lo demás, el PP (21'4%) se sitúa como el más votado en su bloque y Vox (10'8%), ligeramente por encima de su media.

La Rioja

Aquí la diferencia en favor del bloque de la derecha, de 10 puntos, vuelve a ser amplia: 53'3% frente a 43'3%. Se repite la hegemonía del PP (26'5%) en la derecha, con Vox (9%) por debajo de su media estatal; y la mejoría del PSOE (26'5%), con el retroceso de UP (11'8%), que incluso ha perdido su escaño de 2016.

Murcia

Estamos ante la comunidad donde el bloque de la derecha alcanza los niveles más altos de apoyo: 61'6%, esto es, 26'5 puntos más que el bloque de la izquierda (35'1). Con el PP (23'4%), como líder de la derecha, pero con Vox (18'6%) situándose a menos de un punto de Cs y en su nivel más alto entre las comunidades. En la izquierda, mientras el PSOE (24'8%) mejora, UP (10'4%) baja cuatro puntos, compensado porque mantiene su escaño.

Cantabria

Es una de la comunidades más peculiares, por la presencia de un partido regionalista sui generis, el PRC (14'6%), capaz de conseguir un escaño y con visos de repetir en la presidencia del ente autonómico. Por lo demás, el bloque de la derecha (48'2%) supera en casi trece puntos al de la izquierda (35'4%), repitiéndose el esquema de este tipo de comunidades en cuanto al orden de los partidos.

Elecciones 28-A: Madrid, el centro del estado

Madrid es la capital del estado, pero tiene algo más. La comunidad a la que pertenece política-territorialmente dispone del 14% de la población española; su PIB representa el 19% del total; es la primera en renta tanto en términos absolutos como per cápita; la población rural resulta residual, con un sector primario que ocupa al 1'1% del total (la media española es del 5'2%)... Tener en cuenta sus resultados electorales es algo primordial para poder entender la globalidad. Veamos cómo han sido los resultados, cómo han evolucionado desde 2016 y los contrastes espaciales.     

La Comunidad de Madrid


Participación: 3'8 millones (79'6%), con una subida de 400.000 votantes (5'3 puntos porcentuales más) sobre 2016.


Bloque de la izquierda (PSOE, UP, otros): 1'6 millones (43'7%), habiendo subido 200.000 votos en relación a 2016 (2,8 puntos porcentuales más).


Es el PSOE el que más se ha beneficiado de la subida: su millón de votos (27'3%) supone 325.000 más que en
 2016 (7'7 puntos más). Por su parte, UP con sus 610.000 votos (16'2%) ha perdido 120.000 votos sobre 2016 (5 puntos menos); además, ha dejado de ser la primera fuerza del bloque.   


Bloque de la derecha (PP, CS, Vox, otros): 2 millones (53'4%); lo que supone 100.000 votos menos que en 2016 (2'7 puntos menos).


Las pérdidas del PP han sido espectaculares: sus 700.000 votos (18'6%) han supuesto dejar por el camino otros 600.000 (
19'7 puntos menos). De ello se han beneficiado Cs, que con sus 786.000 votos (20'9%) ha ganado 176.000 (3'1 puntos más); y Vox, cuyos 520.000 votos (13'9%) le han disparado en medio millón más sobre 2016.

     
Madrid capital

Participación: 1'9 millones (78'9%), con una subida de 200.000 votantes (5'1 puntos porcentuales más) sobre 2016.


Bloque de la izquierda (PSOE, UP, otros): 810.000 (43'5%), habiendo subido 115.000 votos en relación a 2016 (3'3 puntos porcentuales más).


En líneas generales ha ocurrido como en el conjunto de la Comunidad: el PSOE, ganando 
175.000 votos, hasta alcanzar 503.000 (27% y 8 puntos más); y UP, perdiendo 60.000, quedándose en 307.000 votos (16'5% y 4'7 puntos menos).   


Bloque de la derecha (PP, CS, Vox, otros): 1 millón de votos  (53'5%); los mismos que en 2016 (pero 4'4 puntos menos).


De nuevo estamos ante un PP perdiendo muchos votos, 311.000, y 
quedándose en 389.000 (20'9% y 19'3 puntos menos). Una situación muy diferente es la de  Cs, cuyos 370.000 votos (19'9%) suponen 80.000 votos más sobre 2016 (3'3  puntos más); y la de Vox, que ha obtenido 237.000 votos (12'7%), con una ganancia de 230.000 sobre 2016 (12'6 puntos más).


Algunas conclusiones


Madrid sigue siendo un bastión de la derecha, aunque ésta ha perdido posiciones con respecto al bloque de la izquierda: en 2016 la diferencia era de medio millón de votos y en 2019, de 400.000. En términos relativos ha pasado de 15'2 a 10'4 puntos porcentuales. 


En el caso de la capital, que representa casi la mitad del total de la comunidad, la situación es similar: el bloque de la izquierda ha estrechado las diferencias sobre el de la derecha, habiendo pasado de los 17'4 puntos porcentuales en 2016 a los 10 puntos de la actualidad. No obstante, se pueden hacer algunas matizaciones: mientras el bloque de la derecha ha obtenido el mismo número de votos que en 2016, perdiendo además 2'7 puntos, el de la izquierda ha subido en términos absolutos (115.000)  y relativos (3'3 puntos). 


Otra cosa son las diferencias espaciales en cuanto al nivel de renta. A falta de datos más completos, la información que nos ofrece el diario digital La Marea resulta interesante, porque apunta a una correlación entre nivel de renta y expresión política. De esta manera, los municipios y los barrios de la capital con mayores niveles de renta han optado de una forma abrumadora por los partidos del bloque de la derecha, mientras que los barrios de la periferia sur y este de Madrid lo han hecho en mayor medida por el bloque de la izquierda.  


Dentro de una hegemonía de la derecha en la mayor parte de los municipios, se pueden detectar algunas diferencias: en la capital se sigue manteniendo un norte y centro conservador (salvo el barrio del Lavapiés), y un sur progresista; y en el resto de la comunidad, los pocos municipios donde la izquierda ha ganado se sitúan sobre todo en los que rodean la capital por el sur: Parla (52%), Fuenlabrada (52%), Leganés (54%) y Getafe (53%); y el este: Rivas-Vaciamadrid (55%), Coslada (54%) y San Fernando de Henares (52%).  

martes, 7 de mayo de 2019

Lo ridículo (política y judicialmente) del caso Puigdemont como candidato a las europeas

El anuncio, primero, y la posterior presentación de Carles Puigdemont, junto con Clara Ponsatí y Antoni Comín, a las elecciones europeas ha abierto un nuevo episodio donde el ridículo no ha faltado. Al principio en los medios de comunicación se debatió sobre qué podría ocurrir en el caso de ser elegido europarlamentario (que si tenía que recoger el acta en Madrid, que podía ser detenido, que si acto seguido debía ser liberado...), mientras PP y Ciudadanos, por su parte, interponían un recurso a la Junta Electoral Central. 

Hace unos días la JEC emitió un veredicto favorable a PP y Cs, lo que sorprendió a mucha gente, empezando por el equipo jurídico de Puigdemont y acabando por personas expertas en el mundo del Derecho. Desde la fiscalía se desestimó tal decisión y tuvo que ser el Tribunal Supremo el que después anunciara que, aun cuando no era competente, no procedía negar el derecho a que Puigdemont y demás pudiesen presentarse en su candidatura. Sin decidir, pues, lo que estaba haciendo la máxima instancia judicial era orientar la decisión final que debía tomar el área de lo contencioso-administrativo. Y así ocurrió ayer, cuando el juez correspondiente decidió anular lo que en su día sentenció la JEC. 


He leído esta mañana un artículo de Javier Pérez Royo en eldiario.es, que ha titulado "Otra animalada". El sustantivo "animalada" al que se refiere remite implícitamente, en primer lugar, al cúmulo de despropósitos judiciales que se está dando en torno al enjuiciamiento de la dirigencia catalana del procès, con el juez Pablo Llarena a la cabeza y sus reveses judiciales en Alemania Suiza y Escocia (ver mi entrada de hace un año "La batalla judicial entre Puigdemont y el estado español"). Se centra, como es lógico, en el caso que nos ocupa sobre el derecho a no a presentarse a unas elecciones. Pero el que haya utilizado el adjetivo "otra", sin embargo, nos lleva a la persona de Pablo Casado, aunque en el fondo lo trasciende.


Empieza su columna con un recordatorio referente a lo que nos diferencia como humanos de los animales, esto es, el intelecto frente al instinto, y su relación con el proceso formativo que tenemos en el mundo de lo académico. Luego nos recuerda la formación académica del líder del PP y las trampas que le han rodeado, para, de repente, enlazarlo con un error de bulto cometido al poco de la última sentencia sobre Puigdemont y demás. Y es que Casado ha anunciado que va a interponer un recurso de amparo al Tribunal Constitucional, algo que, no es que no proceda, sino que lo define intelectualmente. El amparo, como medida de defensa, sólo le cabe a la persona que es acusada. Y Casado, en nombre del PP (como antes Rivera, en el de Cs) ha sido en todo momento acusador. 


De ahí esta frase tan lapidaria: "Es inconcebible que alguien que aspira a ser presidente del Gobierno haga una exhibición tan impúdica de ignorancia en una materia como esta".   


Post data (de tres días después)

No le faltó tiempo a Cs presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional sobre la decisión del juez de lo contencioso-administrativo, que lo era, en el fondo, del propio Tribunal Supremo. Ayer el TC anunció su decisión: no procedía admitir a trámite el citado recurso. ¿Se puede pedir a este vodevil? 

lunes, 6 de mayo de 2019

Elecciones 28-A: Andalucía y su medio rural

Hablar del medio rural en Andalucía es hacerlo de realidades diversas y diferenciadas. Es de nuevo el territorio el que refleja lo que no deja de ser una situación de enorme complejidad en todos los aspectos: económico, social, político, cultural…

La Andalucía latifundista del interior

Si no referimos a la Andalucía del interior, estamos ante una realidad conformada desde siglos, con la gran propiedad como base y, por ende, con una gran masa de mano de obra todavía asalariada. Estamos sobre todo en la Andalucía del latifundismo, donde la expresión política no tiene dudas: es el bloque de izquierdas el que arrasa, con una importante presencia de UP*.

En esta ocasión pocos, y pequeños, han sido los municipios donde UP ha sido la primera fuerza política del municipio. Son los casos de Marinaleda (61%), Trebujena (53%), Badolatosa (41%), Dehesas Viejas (41%), Teba (39%), Montalbán (39%), Montemayor (36%), Arriate (34%) o Casabermeja (33%). Lo extraño de esta situación, cuando en otras ocasiones han sido bastantes más los que lo hicieron por IU, Podemos o la confluencia de ambos, se atenúa ante el elevado número donde es la segunda fuerza, en muchos casos casi igualada al PSOE.

Este segundo lugar de UP ocupa importantes áreas de la campiña sevillana, el oeste, centro y noreste de Huelva, algunas zonas de la campiña de Córdoba, la encrucijada provincial que conforman el sureste de Sevilla, el noroeste de Málaga y el suroeste de Córdoba, algunos pueblos de la sierra y parte de la campiña gaditana, la franja central de Jaén, algunas zonas de la vega de Granada…

La Andalucía costera

Distinto es lo ocurrido en las zonas costeras, donde la agricultura intensiva ha creado espacios muy diferenciados social y políticamente de los anteriores. Estamos en el predominio de las explotaciones pequeñas, con elevados rendimientos, pero de titularidad diversa, que va desde las empresas pequeñas hasta aquellas donde se han producido inversiones de gran calado. Una agricultura donde la mano de obra es fundamentalmente de origen inmigrante, desde la que se ha creado un discurso y un imaginario fuertemente xenófobo. Hasta hace poco era el PP el que tenía la hegemonía política, pero desde diciembre pasado está siendo arrebatada por Vox.

Estamos hablando del conjunto de la provincia de Almería (no nos olvidemos del
59% que representa el bloque de la derecha, del 47% que suman PP y Vox y del 19'2% de este último) y las zonas costeras mediterráneas de Granada, Málaga y Cádiz, y la atlántica de Huelva. Pero no sólo, pues van surgiendo algunas áreas rurales donde el bloque de la derecha va ganando terreno e incluso donde Vox** se ha convertido en la segunda fuerza, como ocurre, por ejemplo, en Écija, Sanlúcar la Mayor, Los Palacios-Villafranca e incluso en las áreas rurales del sur de la capital cordobesa. E importante: siempre, con el común denominador del empleo de mano de obra inmigrante.

Un contrasentido proviene, en todo caso, del empleo de una mano de obra a la que se explota en extremos que contravienen los derechos humanos más elementales, pero a la que se denigra en el discurso político.

* El primero de los mapas refleja el voto de UP. 
** El segundo mapa refleja el voto de Vox. 

viernes, 3 de mayo de 2019

Elecciones 28-A: Andalucía y sus núcleos urbanos

Los resultados de las elecciones andaluzas hicieron saltar las alarmas en el seno de la izquierda. La elevada abstención, que se demostró después que afectó en bastante mayor medida a los grupos de izquierda, se puso como el principal factor que posibilitó la victoria de la derecha, aun cuando estuviese ya fraccionada en tres opciones. Las elecciones generales se presentaban, pues, como un test para ver si lo ocurrido en diciembre podía ser corregido. Los resultados, sin embargo, han reflejado una situación que sigue siendo (o pareciendo) sorprendente: lo que ha habido en realidad ha sido un empate entre los dos bloques políticos. Veamos los resultados del 28-A, comparándolos con los de las andaluzas de diciembre de 2108 y los de las generales de 2016. 

Andalucía


Participación: 4'6 millones (77'3%); superior a la habida en 2016: 4'3 millones (68'2%); y en 2018: 3'7 millones (58'7%).


Bloque de la izquierda (PSOE, UP, otros): 2'2 millones (48'5%); 100.000 votos más que en 2016 (con pérdida de 1,3 puntos porcentuales); y 600.000 votos más que en 2018 (4 puntos porcentuales más).


     PSOE: 1'56 millones de votos (34'2%); ha ganado 240.000 votos sobre

     2016; y 560.000 sobre 2018.

     UP: 651.000 votos (16'2%); ha perdido 136.000 votos sobre 2016; y       

     ganado 65.000 sobre 2018.   

Bloque de la derecha (PP, CS, Vox, otros): 2'2 millones (48'3%); 200.000 votos más que en 2016 (ganando 1,3 puntos porcentuales); y 400.000 votos más que en 2018 (perdiendo 2 puntos porcentuales).


     PP: 785.000 votos (17'2%); ha perdido 240.000 votos sobre 2016; y 

     560.000 sobre 2018.

     Cs: 809.000 votos (17'7%); ha ganado 233.000 votos sobre 2016; y 

     249.000 sobre 2018.

     Vox: 611.000 votos (13'4%); ha ganado 605.000 votos sobre 1016; y 

     215.000 sobre 2018.
     
Las provincias

El bloque de la izquierda ha ganado en cinco: Cádiz (48'5%), Córdoba (49'6%), Huelva (50%), Jaén (50%) y Sevilla (53'1%); en relación a 2016 ha bajado en todas las provincias en puntos porcentuales (entre el 0'6 de Málaga y el 2'1 en Huelva).


     El PSOE ha sido la fuerza más votada en todas, oscilando entre el 30'1% de 

     Almería y el 39'5% de Jaén.

     UP ha perdido votos en todas provincias en relación a 2016, oscilando entre

     los 3,2 puntos negativos de Huelva y los 5,5 negativos de Cádiz; en relación
     a 2018, por el contrario, ha ganado votos en todas, oscilando entre los       
     3.000 de Almería ó 4.000 de Huelva y los 13.000 de Cádiz ó 20.000 de 
     Málaga.  

El bloque de la derecha ha ganado en tres provincias: Almería (58'8%), Granada (49'9%) y Málaga (51%); en puntos porcentuales ha subido en todas (entre el 0'7 de Granada y el 1'8 de Almería), excepto en Málaga (ha perdido 0'2 puntos).


     El PP ha sufrido pérdidas sustanciales en todas las provincias, de las que se

     han favorecido principalmente Cs y Vox; sigue siendo la fuerza de la derecha
     más votada en Almería (20'5%), (18'9%), Granada (18'5%) y Jaén 
     (19'6%); en Huelva (17%) ha obtenido sólo una décima porcentual más 
     que Cs.

     Cs ha ganado votos en todas las provincias, siendo la primera fuerza de su 

     bloque en Cádiz (19'7%), Málaga (19'5%) y Sevilla (16'7%). 

     Vox: su irrupción en diciembre se ha consolidado en todas las 

     provincias, subiendo en términos absolutos y relativos; destaca Almería 
     (19'2%), donde ha sido segunda en su bloque, a sólo 1,3 puntos del PP; 
     supone ser, además, la provincia donde ha obtenido los mejores resultados 
     del conjunto del estado.

Las ciudades más pobladas


El bloque de la izquierda ha ganado en dos de las ocho capitales de provincia: Cádiz (54'4%) y Sevilla (49'2%).


Entre las 35 ciudades más pobladas, además de las dos capitales antes referidas, lo ha hecho en otras cinco: Dos Hermanas (53'2%), Alcalá de Guadaira (52'5%), Utrera (50'3%), Mairena del Aljarafe (51%), Sanlúcar de Barrameda (49'8%) y Puerto Real (68'3%).


     En todos los casos el PSOE ha sido la fuerza que ha aportado mayor 

     número de votos a su bloque; destacan Utrera (38'5%), Puerto Real 
     (38'3%), Dos Hermanas (35'7%), Alcalá de Guadaira (35'1%), Antequera 
     (35'1%), Linares (34'6%) y Écija (33,9%); las otras diez donde ha       
     superado la barrera del 30% han sido: Sevilla, Málaga, Jerez, Huelva, Jaén,
     Vélez-Málaga, Sanlúcar de Barrameda, La Línea, Motril y Mairena del Aljarafe

     En el caso de UP los resultados en su mayoría han estado por encima de su 

     media andaluza (14'3%); sobresalen Puerto real (29'9%, Cádiz (25'1%) y, 
     menor medida, Dos Hermanas (17'5%), El Puerto (17'2%) o Alcalá 
     de Guadaira (17'2%); los peores resultados los obtiene en El Ejido (7'3%), 
     Roquetas de Mar (10'3%), Écija (10,6%), Antequera (10'9%), Almería 
     (11'2%), Jaén (11'2%), Vélez-Málaga (11'6%) y Utrera (11'7%).

El bloque de la derecha ha ganado en seis capitales: Málaga (50'6%), Córdoba (54'2%), Granada (56'6%), Almería (56'9%), Huelva (48'6%) y Jaén (56%).


Entre las 35 ciudades más pobladas ha ganado en 26; además de las dos capitales antes referidas, lo ha hecho también en: Roquetas de Mar (64'5%), El Ejido (69'3%), Jerez (50'6%), Algeciras (54'5%), San Fernando (50'4%), El Puerto (52'7%), Chiclana (51'4%), La Línea (50'7%), Marbella (54'3%), Vélez-Málaga (55%), Mijas (54%), Fuengirola (52'6%), Torremolinos (56%), Benalmádena (54'8%) y Estepona (57'7%), Rincón de la Victoria (56'3%), Antequera 
(51'2%), Lucena (58'5%), Motril (49%) y Écija (52%).

Se puede hablar de un empate en el caso de la jienense Linares (48'35 y 48'5%, respectivamente).


     El PP ha sido la fuerza más votada entre la derecha en seis de las 

     capitales: Sevilla (17'7%), Córdoba (20'4%), Granada (23'5%), 
     Almería (21'8%) y Jaén (22'3%); y lo ha sido también en 
     Fuengirola (22'6%), Antequera (19'9%) y Motril (18'1%).     

     Cs se ha impuesto dentro de su bloque en 25 ciudades; tres son capitales: 

     Málaga (20'2%), Cádiz (17'1%) y Huelva (21%); y el resto: Jerez (21'1%), 
     Marbella; (19'9%), Dos Hermanas (18'9%), Algeciras (20'1%), San 
     Fernando (21%), El Puerto (20%), Chiclana (22'2%), Vélez-Málaga    
     (19'5%), Mijas (21'8%), Alcalá de Guadaira (18%), Rincón de la 
     Victoria (23'1%), Lucena (21'7%), Puerto Real (13'5%),
     Écija (20'5%), Torremolinos (20'7%), Sanlúcar de Barrameda (21'5%), 
     Benalmádena (22'1%), Estepona (21%), La Línea (21'3%), 
     Linares (17'9%), Utrera (20'5%) y Mairena del Aljarafe (20'5%).

     Vox, por último, ha sido la fuerza más votada en El Ejido (30%); 

     en Roquetas de Mar (23'4%) lo ha sido de su bloque; en Algeciras (19'7%) 
     ha sido la tercera del municipio; ha superado su media andaluza (13'4%) en 
     cuatro capitales: Córdoba (15%), Granada (14'6%), Almería (16'3) y Jaén 
     (15'1%); y ha hecho lo propio en 17 ciudades más: Marbella, San 
     Fernando, El Puerto, Chiclana, Vélez-Málaga, Mijas, Fuengirola, Alcalá de 
     Guadaira, Torremolinos, Sanlúcar de Barrameda, Benalmádena, La Línea, 
      Motril, Linares, Lucena Rincón de la Victoria y Utrera; los peores resultados 
      los ha tenido en Puerto Real (6'3%) y Cádiz (8'4%), que, no lo olvidemos, 
      es donde UP tiene mejores resultados.  

Algunas conclusiones

La derecha, antes en exclusiva del PP, sigue avanzando en el medio urbano andaluz. Territorialmente, lo hace en mayor medida en las zonas costeras, donde se conjugan dos factores en expansión: el turismo y la agricultura intensiva. Eso explica la fuerte representación que tiene en la provincia de Almería y las zonas costeras de Granada, Málaga, la costa atlántica gaditana y Huelva. 

jueves, 2 de mayo de 2019

Elecciones 28-A: dónde ha sido derrotada la derecha españolista

Cataluña

La participación ha pasado del 65'7% en 2016 al 77'6% en 2019, habiendo subido, pues, 12 puntos.

Los resultados por bloques son los que siguen:

a1) Bloque de la izquierda (PSC, ECP,  ERC, FR): 2'8 millones de votos (65'4%).

b) Bloque de la derecha españolista (PP, Cs, Vox): 830.000 votos 
(20'1%). 

a2) Bloque de la moción de censura (PSC, ECP, ERC, JxS): 3'2 millones de votos 
(73'8%).

c) Bloque independentista (JxS, ERC, FR): 1'6 millones de votos (39'4%).

La diferencia entre el bloque de la derecha españolista y los bloques a1, a2 y a3 queda de la manera siguiente:

a1) - b) =  2 millones de votos (45'3%).

a2) - b) =  2,4 millones de votos 
(53'7%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda (a1) ha subido 850.000 votos (+6,5 puntos porcentuales
).

El bloque de la derecha españolista (b) se ha mantenido en número de votos, pero ha perdido en puntos 
porcentuales 
(-4'2).

El bloque de la moción de censura (a2) ha subido 650.000 votos (+1 punto porcentual).

El bloque independentista (c), 500.000 votos (+7'3%).

Los resultados de la derecha españolista son llamativos: ésta apenas representa la quinta parte de quienes han acudido a votar; el PP ha perdido más de la mitad de sus votos en 2016, de lo que se han aprovechado Cs y Vox; éste, no obstante, se ha quedado en un escaso 3'6%. Las pérdidas de ECP (250.000 votos) las ha aprovechado sobre todo el PSC, que casi alcanza a ERC. En el bloque independentista ERC (un millón de votos) ha ganado claramente la partida a JxS, que, aun con todo, ha subido 20.000 votos sobre la antigua CDC; este bloque ha subido en medio millón de votos, hasta sumar 1,6 millones (39'4%), quizás provenientes de la CUP, yendo a parar en mayor medida a ERC y en menor medida, al Front Republicá; en todo caso, por lo visto, el independentismo sigue teniendo límites en sus apoyos.   




País Vasco

La participación ha pasado del 67'4% en 2016 al 74'5% en 2019, lo que ha supuesto una subida de 7'1 puntos.

Los resultados por bloques son los que siguen:

a1) Bloque de la izquierda (PSE, UP, EH-B): 688.000 votos (53'2%).

b) Bloque de la derecha españolista (PP, Cs, Vox): 163.000 votos 
(12'8%). 

a2) Bloque de la moción de censura (
PSE, UP, EH-B, PNV): 1,1 millones de votos (84'3%).

c) Bloque del nacionalismo vasco (EH-B, PNV): 607.000 votos (47'8%).

La diferencia entre el bloque de la derecha españolista y los bloques a1 y a2  queda así:

a1) - b) =  525.000 votos (40'4%).

a2) - b) =  920.000 votos 
(71'5%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda (a1) ha subido 37.000 votos, pero ha perdido 
puntos porcentuales (-3'4).

El bloque de la derecha españolista (b) ha perdido 28.000 votos (-3'8 puntos 
porcentuales).

El bloque de la moción de censura (a2) ha subido 146.000 votos (+2'8 puntos porcentuales).

El bloque del nacionalismo vasco (c), 168.000 votos (9'6%).

Los apoyos electorales que tiene la derecha españolista son los más bajos del conjunto del estado: un escaso 12'8%, habiendo perdido incluso 28.000 votos sobre 2016; el PP sigue siendo el más fuerte en este bloque (7'4%), con Cs estancado y casi residual (3'1); Vox (2'2%), también residual, oscila entre el máximo en Álava (3'2%) y el mínimo de Guipúzcoa (1'6%). La izquierda sube moderadamente, pero con trasvases de votos en su seno: las pérdidas de UP (110.000 votos), además de dejar de ser la fuerza más votada,  las aprovechan el PSE y EH-B (suben, respectivamente, 90.000 y 59.000 votos). El bloque nacionalista sigue siendo mayoritario (47'3%), subiendo sobre 2016 (168.000 votos y casi diez puntos) y con el PNV recuperando el primer puesto de la comunidad (31'1% y una subida de 109.000 votos)   




Navarra

La participación ha pasado del 70'6% en 2016 al 76'3% en 2019, habiendo subido 5'7 puntos.

Los resultados por bloques son:

a1) Bloque de la izquierda (PSN, UP-B, EH-B): 204.000 votos (57'3%).

b) Bloque de la derecha españolista (NA+, Vox): 125.000 votos 
(34'1%). 

a2) Bloque de la moción de censura (
PSN, UP-B, EH-B, GBai): 226.000 votos (63'4%).

c) Bloque del nacionalismo vasco (EH-B, GBai): 69.000 votos (18'8%).

La diferencia entre el bloque de la derecha españolista y los bloques a1 y a2  queda de la manera siguiente:

a1) - b) =  79.000 votos (23'2%).

a2) - b) =  101.000 votos 
(28'4%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda (a1) ha subido 25.000 votos (+2'2 puntos porcentuales)
.

El bloque de la derecha españolista (b) ha perdido 2.000 votos (-3'9 puntos 
porcentuales).

El bloque de la moción de censura (a2) ha subido 33.000 votos (+4 puntos porcentuales).

El bloque del nacionalismo vasco (c), 24.000 votos (+5'1%).

El vuelco hacia la izquierda parece que se está consolidando. La coalición de UPN, PP y Cs en NA+ (29'3%) ha perdido 20.000 votos sobre la suma de 2016,  en parte compensado por Vox (17.700 y sólo un 4'8%). El bloque de la izquierda es el más numeroso (57'3%), con el PSN (25'8%) como el grupo más beneficiado, que lo hace a costa de UP-B (18'7% y pérdida del primer puesto y diez puntos). EH-B ha subido (12'9%, en parte también a costa de UP-B) y sigue por delante de GBai (la marca navarra del PNV, con un 6'1%); juntos, pese a subir 69.000 votos, siguen registrando niveles bastante inferiores a los de la comunidad autónoma vasca (18'8%).  




Baleares

La participación ha pasado del 62'6% en 2016 al 67,6% en 2019, por lo que ha subido 5 puntos.

Los resultados por bloques son los que siguen:

a1) Bloque de la izquierda (PSOE, UP, A-M-E), coincidente con el bloque de la moción de censura (
a2): 254.000 votos (49%).

b) Bloque de la derecha españolista (PP, Cs, Vox): 231.000 votos 
(45'5%). 

c) Bloque del nacionalismo catalán (A-M-E): 25.000 votos (4'9%).

La diferencia entre el bloque de la derecha españolista y los bloques a1/a2 es la siguiente:

a1)/a2) - b) = 34.000 votos (3'5%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda (a1) y el de la moción de censura han subido 43.000 votos (+3'5 puntos porcentuales)
.

El bloque de la derecha españolista (b) se ha mantenido en número de votos, pero ha perdido puntos porcentuales(-4'4
).

El bloque del nacionalismo catalán (c) ha subido 25.000 votos (+4'9%).

Dentro de un cierto equilibrio entre los bloques de la izquierda (49%) y de la derecha (45'5%), ha resultado más favorecido el primero, invirtiéndose la situación en relación a las elecciones de 2016. El PP ha sido fuertemente castigado (16'8%, perdiendo 18 puntos), con Ciudadanos en alza (17'4%) y Vox  (11'3%) por encima de la media del conjunto del estado. En la izquierda sube el PSOE (6 puntos, hasta el 26'3%), mientras baja UP (se queda en 17'8%), que ha visto, además, la fuga de votos hacia la coalición nacionalista catalana A-M-E (4'9%), que en 2016 estaba dentro de UP.




Galicia

La participación ha pasado del 69'6% en 2016 al 74% en 2019, lo que ha supuesto una subida de 4'4 puntos.

Los resultados por bloques son:

a) Bloque de la izquierda (PSG, UP, EM, BNG): 874.000 votos (53'4%).

b) Bloque de la derecha españolista (PP, Cs, Vox): 717.000 votos 
(43'9%). 

c) Bloque del nacionalismo gallego (EM, BNG): 112.000 votos (6'8%).

La diferencia entre el bloque de la derecha españolista y el de la izquierda es favorable a esta última, con 
157.000 votos más (9'5%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda (a1) ha subido 140.000 votos (+6 puntos porcentuales)
.

El bloque de la derecha españolista (b) ha perdido 61.000 votos (-6'3 puntos 
porcentuales).

Y el bloque del nacionalismo gallego (c), 67.000 votos (3'9%).

Ha sido la primera derrota del PP en unas generales (27'4%, con pérdida de 200.000 votos y 14 puntos); en mayor medida se han beneficiado Cs (11'2% y una subida de 50.000 votos) y Vox (5'3% y una subida de 86.000), si bien este último con resultados muy lejanos a los feudos de la derecha; el bloque en su conjunto (43'9%) ha perdido claramente sobre el de la izquierda (53'4%). Éste, por su parte, ha dado un vuelco, con el PSG como primera fuerza gallega (32'1% y diez puntos más) y recibiendo votos por el centro y la izquierda. Lo que fue En Marea en 2016 (22'2%) se ha dividido entre UP (14'5%) y EM (1'1%), mientras el BNG ha mejorado (5'7% y una subida de casi tres puntos).  




Asturias

La participación ha pasado del 68'2% en 2016 al 73'4% en 2019, habiendo subido 5'2 puntos.

Los resultados por bloques son:

a) Bloque de la izquierda (PSOE, UP): 313.000 votos (50'3%).

b) Bloque de la derecha españolista (PP, Cs, Vox): 286.000 votos 
(46'2%). 

La diferencia entre los dos bloques es favorable al de la izquierda, con 27.000 votos más (4'1%).

En comparación con las elecciones de 2016:

El bloque de la izquierda ha subido 26.000 votos (+1'5 puntos porcentuales)
.

El bloque de la derecha españolista, 2.000 votos (-2'2 puntos 
porcentuales).


Después del empate técnico en votos de 2016, el bloque de la izquierda (50'3%) se ha despegado cuatro puntos sobre el de la derecha (46'2%). El fuerte retroceso del PP (17'9% y casi 17 puntos) lo han aprovechado Cs (16'7%, con una subida de cuatro puntos) y sobre todo Vox (11'5%) que se sitúa por encima de la media del estado. El PSOE ha recuperado el primer puesto (33'1%, casi ocho puntos más sobre 2016), mientras UP ha retrocedido (17'2% y pérdida de algo más de seis puntos).  




Algunas conclusiones

Territorialmente estamos ante la España septentrional, con la ausencia de Cantabria y Aragón. Están los extremos nororiental y noroccidental. Todas son comunidades bilingües, salvo Asturias, pero con la matización de que el habla en bable está creciendo, aun cuando lo sea lentamente. En dos de ellas, Cataluña y el País Vasco hay una fuerte presencia de nacionalismos específicos. Disponen de la mayor densidad de tejido industrial, salvo el caso de Baleares, de un cuasi monocultivo turístico. Acogen en su seno fuertes contrastes territoriales, producto de actividades económicas diversas, lo que da lugar a comportamientos políticos complejos y contradictorios. 


En tres de estas comunidades la derecha españolista alcanza niveles bastante bajos (Navarra) o muy bajos (Cataluña y País Vasco). Vox resulta en gran medida residual, incluyendo entre ellas a Galicia.  


Estamos ante una clara manifestación de la diversidad, entendida más allá de lo folklórico. Saberla entender y atreverse a reconocerla ayudaría mucho a solucionar problemas. Hacerlo con una perspectiva democrática, en su sentido amplio, resulta primordial.