Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
jueves, 3 de octubre de 2024
miércoles, 2 de octubre de 2024
De tú a tú, con la llegada del otoño
Cuando
atardece de pronto
y las
luces se duermen en las ramas
hay
que buscar a ciegas
las
lindes del camino.
Cuando
hay que volverse
aceptando
el otoño
hay
que hacerse paisaje
con
las hojas caducas
que
juegan en el aire
antes
de besar el suelo.
Toda
la luz entonces,
toda
la claridad posible,
toda
la esperanza
es un
débil candil
en la
conciencia.
Hace tres años publiqué la entrada "18 poemas en el equinoccio de otoño", ilustrada con fotografías que tomé desde la playa de la Barrosa de Chiclana en el momento en que el verano astronómico daba paso al otoño. Para quien quiera, abro la puerta para la lectura de esos versos, con la esperanza de que hacerlo será un verdadero deleite.
Ahora voy a devolverle a Pepe su regalo con el fragmento de algo que escribí bastantes años atrás en Salamanca. Esa ciudad, de ese otro lugar, donde la delimitación de las estaciones es más clara que donde vivo. Y, además, cuando los signos del cambio climático apenas se dejaban ver. He aquí lo que escribí en 1982:
Es otoño. Hace días que llovió. Bastante, incluso. Ahora estamos en tiempo de sol, tiempo seco, tiempo agradable. Es otoño, cuando mueren la hojas, que caen irremediablemente al suelo, muertas, inertes, amarillas. Se las ve caer todos los días. Y lo hacen de día y de noche. El viento, cuando bate, las lleva de un lado a otro. Verde sólo están la hierba y los arbustos. Los árboles y el suelo que los rodea se han tornado en tonalidades de color amarillento. El sol de la tarde da al ambiente una sensación de agradabilidad, e incluso de conformidad, después del verano que se va alejando y a la espera de lo que vendrá. Resignación natural. Esto, que algunos lo llaman amablemente, benignamente, "veranillo", es una especie de último aviso para quienes aún no se hacen a la idea de que el tiempo de calor ya pasó y que se inicia en poco su antítesis. El otoño es para muchos un símbolo de vejez, de lo caduco, de lo que se va, de lo que muere. En realidad no es otra cosa que estamos ante un nuevo tiempo.
domingo, 22 de septiembre de 2024
Zapal. La memoria de una fotografía, un documental de José Luis Tirado y Francisco Artacho
Sus autores han creado una narración que funde la realidad y la ficción, basándose en la memoria contenida en una fotografía hecha en 1937 por José Reymundo González. Para ello se hace uso de un personaje real, María "la Ratona", la mujer que aparece recuadrada en la ventana de la choza/caseta del primer plano, y cuyas palabras (en la voz de Yolanda Marín) nos transportan a ese momento de la historia, en plena Guerra Civil.
A lo largo de casi 20 minutos de duración van apareciendo las personas retratadas y que se ha logrado identificar con la ayuda de quienes vivieron allí. De esa manera vamos descubriendo cómo se fue conformando la barriada por las personas que llegaban a Barbate desde otros lugares: cercanos, como Vejer y Conil; o lejanos, como Almería y hasta Portugal. También, los trabajos que realizaban sus gentes: los hombres, en la mar, en el marisqueo o en el menudeo en el monte; las mujeres, en las fábricas de conservas o en la limpieza de las casas propias y ajenas; las niñas mayores, ayudando a sus madres; y los niños, iniciándose en un oficio. Se puede percibir el eco reciente de la represión llevada a cabo en el pueblo: en forma de asesinatos, como los de los hermanos Carito, el alcalde pedáneo, Javier Tato, o el maestro de Zahara, Manuel Abel Romero; y de detenciones, de las que nos recuerdan la de Miguel, vecino de la barriada. Y hasta se trasluce la dignidad que se desprendía en esas gentes de su actitud ante la vida, pese a su miseria material y la marginación social que sufrían.
La proyección contó con una gran afluencia de público, que llenó el anfiteatro del parque de la localidad. No puedo por menos que felicitar a los autores el trabajo realizado y, así mismo, mostrar mi agradecimiento por haberme nombrado entre sus colaboradores.
viernes, 20 de septiembre de 2024
Eras la noche, de Ramón Pérez Montero: la narración literaria de una delación
Hace unos meses leí la novela Tres días del 33, cuyo autor es Ramón Pérez Montero. Algunos pormenores de su contenido los traté en la entrada que en marzo le dediqué al acto de presentación del libro en Zahara de los Atunes. Y en la espera de que se haga lo propio en Barbate -en este caso con el honor que supone que sea yo mismo quien presente al autor y su obra-, he aprovechado para leer una segunda novela suya: Eras la noche (Libros de la Herida, 2020).
Su lectura me ha permitido entender en parte la estructura narrativa de la primera novela, con una permanente sucesión de saltos temporales (1933, 1939, 1945, 1946, 1948, 1949, 1965...) que en nada hacen perder el hilo de su contenido. También, entender un estilo en el que la prosa está contaminada de lo poético. Y, así mismo, hacer lo propio en el experimento de entablar un diálogo entre la historia y la ficción.
Sus protagonistas, los guerrilleros que actuaron en las sierras de colindantes de Cádiz y Málaga cuando, finalizada en 1939 la Guerra Española, se vieron en el trance de resistir con sus escasas fuerzas al fascismo victorioso. Y de una manera particular, la parida de los montes gaditanos, con el entorno de Medina Sidonia como escenario principal.
Estamos ante personajes que reales, cuyos nombres conocemos y que han sido rescatados en parte parte recordarlos y en parte para reflexionar sobre sus vivencias. En el eje de la narración está la traición de uno de esos guerrilleros: la del asidonense Francisco Fernández Cornejo, "Largo Mayo", que es renombrado en la novela como Largomayo, contra sus compañeros, entre los que destaca la figura de Bernabé López Calle, el "Comandante Abril". Y en la vorágine de esos saltos en el tiempo se van desgranando las historias personales de quienes vivieron y actuaron en el monte a lo largo de los años 40, las aspiraciones que tenían, las contradicciones existentes, las dudas de algunos de ellos, las dificultades con las que se fueron encontrando...
El sentido del título nos lo indica el autor en dos pasajes de la novela, rememorando los encuentros furtivos entre Largomayo y su mujer. En el primero se cuenta de esta manera:
"Habían estado muchas veces acurrucados los dos en mitad de la noche fría, cuando el agua resbalaba sobre los lavaderos verdinosos de los tejados. Rebujados en el temor compartido de que aquello no fuera a ser verdad. O que quizás siendo verdad tuvieran que sentirlo como un sueño: ''Tú eres para mí la noche, Francisco'" (p. 64).
Con el Capitán Abril y Largomayo estamos ante el héroe y el antihéroe; el idealista y el desesperanzado; el que mantiene el ideal como un horizonte del que no hay que apartarse y el que, falto de ese ideal desde el principio, acaba por sucumbir a costa de la delación... Una historia en la que están presentes, en cierta medida, Quijote y Sancho, y, quizás en mayor medida, Jesús de Nazaret y Judas Iscariote.
Consumado la traición, previo pacto para ser exonerado de cualquier delito que hubiera cometido, dos de los guerrilleros de la partida mueren en el acto, siendo uno de ellos el Comandante Abril. Los otros cuatro, aun cuando logran huir, acaban sucumbiendo también a la muerte, salvo uno, del que se cree que pasó a Portugal. Largomayo, empero, hubo de sufrir un castigo de otro tipo:
"Con solo haber cogido la hijuela de los Santos habría sido lo bastante como para llegar a las puertas del cementerio por el camino más corto, sin necesidad de atravesar las calles del pueblo. Pero los dos tenientes pensaron en subir por la Calzada, con la única intención de que todo el mundo nos viera, a ellos cubiertos de gloria, a mí embarrado en mi vergüenza" (p. 335).
miércoles, 11 de septiembre de 2024
A Salvador Allende en su combate por la vida
Qué soledad
tan sola te inundaba
en el
momento en que tus personales
amigos de
la vida y de la muerte
te
rodeaban.
Qué manera
de alzarse en un abrazo
el odio, la
traición, la muerte, el lodo.
Lo que
constituyó tu pensamiento
ha muerto
todo.
Qué vida
quemada,
qué
esperanza muerta,
qué vuelta
a la nada,
qué fin.
Un cielo
partido, una estrella rota,
rodaban por
dentro de ti.
Llegó este
momento, no hay más nada,
te viste
empuñando un fusil.
Volaba
lejos tu
pensamiento,
justo hacia
el tiempo
de
mensajes, de lealtades, de hacer.
Quedaba
darse todo
al ejemplo
y en poco
tiempo
una nueva
estrella armada
hacer.
Qué manera de
quedarse tan grabada
tu figura
ordenando nacer.
Los que te
vieron u oyeron decir
ya no te
olvidan.
Lindaste
con Dos Ríos y Ayacucho,
como un
libertador en Chacabuco.
Los Andes
que miraron crecerte
te
simbolizan.
Partías el
aire,
saltaban
las piedras,
surgías
perfecto de allí.
Jamás un
pensamiento
de pluma y
palabra
devino en
tan fuerte adalid.
Cesó por un
momento la existencia,
morías
comenzando a vivir.
domingo, 8 de septiembre de 2024
Conil recuerda a las 7 víctimas mortales del fatídico 8 de septiembre de 1936
El antiguo cementerio de La Chanca de Conil ha sido escenario de un homenaje a los 7 jóvenes que en la madrugada del 8 de septiembre de 1936, durante el comienzo de las fiestas del municipio, fueron víctimas de la represión fascista. Detenidos y recluidos en "el Granero", fueron conducidos de inmediato a La Muela, en el término municipal de Vejer de la Frontera, y asesinados. Sus nombres: Antonio de Alba Sánchez, Francisco Aragón Moreno, Francisco Fernández Brenes, Melchor Lobón Domínguez, Antonio Pérez Carrillo, Cosme Ramírez Gallardo, Pedro José Roldán Rodríguez, Fernando Pérez Guerrero, Juan Rodríguez Peces y Bernabé Muñoz Brenes. Los hechos ocurridos fueron llevados al cine en el documental Aquella feria vestida de luto.
El numeroso público asistente escuchó con atención las diversas intervenciones, en las que se recordó lo ocurrido en ese fatídico día, se pidió proseguir en los trabajos de indagación en el paraje donde fueron fusilados y enterrados, y se instó a la creación de un banco de ADN de familiares de las víctimas. Tampoco faltaron la poesía y la música, con canciones interpretadas por Lucía Socam.
Como corolario, se inició una marcha por las calles de la localidad hasta el edificio del antiguo Granero, que fue lugar de reclusión de numerosas personas tras el golpe militar del 36. Y allí, sobre su fachada, se colocó una corona de flores, por debajo de la inscripción que recordaba a las víctimas y que fue retirada por sus propietarios.
Un acto, en fin, muy emotivo, del que no podemos por menos que resaltar la labor tan meritoria que está llevando a cabo la Asociación Comunes de Conil.
jueves, 5 de septiembre de 2024
En el centenario de Marinero en tierra, de Rafael Alberti
Sueño del marinero
Yo,
marinero, en la ribera mía,
posada
sobre un cano y dulce río
que
da su brazo a un mar de Andalucía,
sueño
en ser almirante de navío,
para
partir el lomo de los mares,
al
sol ardiente y a la luna fría.
¡Oh
los yelos del sur! ¡Oh las polares
islas
del norte! ¡Blanca primavera,
desnuda
y yerta sobre los glaciares,
cuerpo
de roca y alma de vidriera!
¡Oh
estío tropical, rojo, abrasado,
bajo
el plumero azul de la palmera!
Mi
sueño, por el mar condecorado,
va
sobre su bajel, firme, seguro,
de
una verde sirena enamorado,
concha
del agua allá en su seno oscuro.
¡Arrójame
a las ondas, marinero-
-Sirenita
del mar, yo te conjuro!
¡Sal
de tu gruta, que adorarte quiero,
sal
de tu gruta, virgen sembradora,
a
sembrarme en el pecho tu lucero!
Ya
está flotando el cuerpo de la aurora
en la
bandeja azul del océano
y la
cara del cielo se colora
de
carmín. Deja el vidrio de tu mano
disuelto
en la alba urna de mi frente,
alga
de nácar y cantadora en vano
bajo
el verjel azul de la corriente.
¡Gélidos
desposorios submarinos
con
el ángel barquero del relente
y la
luna del agua por padrinos!
El
mar, la tierra, el aire, mi sirena,
surcaré
atado a los cabellos finos
y
verdes de tu álgida melena.
Mis
gallardetes blancos enarbola,
¡Oh marinero!, ante la aurora llena
¡y ruede por el mar tu caracola!
El mar. La mar
El
mar. La mar.
El
mar. ¡Sólo la mar!
¿Por
qué me trajiste, padre,
a la
ciudad?
¿Por
qué me desenterraste
del
mar?
En
sueños la marejada
me
tira del corazón;
se lo
quisiera llevar.
Padre,
¿por qué me trajiste
acá?
Gimiendo
por ver el mar,
un
marinerito en tierra
iza
al aire este lamento:
¡Ay
mi blusa marinera;
siempre
me la inflaba el viento
al
divisar la escollera!
La niña que se va a la mar
¡Qué
blanca lleva la falda
la
niña que se va al mar!
¡Ay
niña, no te la manche
la
tinta del calamar!
¡Qué
blancas tus manos, niña,
que
te vas sin suspirar!
¡Ay
niña, no te las manche
la
tinta del calamar!
Qué
blanco tu corazón
y qué
blanco tu mirar!
¡Ay
niña, no te los manche
la
tinta del calamar!
Elegía del niño marinero
A Manuel Ruiz Castillo
Marinerito
delgado,
Luis
Gonzaga de la mar,
¡qué
fresco era tu pescado,
acabado
de pescar!
Te
fuiste, marinerito,
en
una noche lunada,
¡tan
alegre, tan bonito,
cantando,
a la mar salada!
¡Qué
humilde estaba la mar!
¡Él
cómo la gobernaba!
Tan
dulce era su cantar,
que
el aire se enajenaba.
Cinco
delfines remeros
su
barca le cortejaban.
Dos
ángeles marineros,
invisibles,
le guiaban.
Tendió
las redes, ¡qué pena!,
por
sobre la mar helada.
Y
pescó la luna llena,
sola,
en su red plateada.
¡Qué
negra quedó la mar!
¡La
noche, qué desolada!
Derribado
su cantar,
la
barca fue derribada.
Flotadora
va en el viento
la
sonrisa amortajada
de su
rostro. ¡Qué lamento
el de
la noche cerrada!
¡Ay
mi niño marinero,
tan
morenito y galán,
tan
guapo y tan pinturero,
más
puro y bueno que el pan!
¿Qué
harás, pescador de oro,
allá
en los valles salados
del
mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto
de los pescados?
Deja,
niño, el salinar
del
fondo, y súbeme el cielo
de
los peces y, en tu anzuelo,
mi
hortelanita del mar.
Elegía del cometa Halley
Ya
era yo lo que no era,
cuando
apareció el cometa.
Del
mar de Cádiz, Sofía,
asaltaba
su cabellera.
¡Ay,
quién se la peinaría!
Con
un escarpidor fino,
salí
a la ribera mía.
¡Suéltale
la cauda, madre,
que
se la peine Sofía!
¡Ya
era yo lo que no era!
Funerales
¡Pescadores,
pescadores,
lanzad
el arpón al viento
y en
banderas sin colores
izad
vuestro sentimiento!
Lloren
los ojos del puente
las
aguas de treinta ríos;
que
el puño de la corriente
rompa
en el mar los navíos.
¡Lampiños
guardias marinas,
que
alegres guardáis las olas,
giman
las negras bocinas
y
callen las caracolas!
¡Marineras,
marineras,
mujeres
del aire frío,
regad
vuestras cabelleras
negras
por el playerío!
¡Sal
hortelana del mar,
flotando,
sobre tu huerto,
desnuda,
para llorar
por
el marinero muerto!
Llueve
sobre el agua, llueve
nieve
negra de alga fría.
Entre
glaciares de nieve,
abierta,
la tumba mía.
Funerales
de las olas!
¡El
viento, en los arenales!
Entre
apagadas farolas
se
hunden mis funerales.
viernes, 16 de agosto de 2024
Luis García Montero presenta en Zahara de los Atunes su poemario Almudena
Al principio, Luis García Montero hizo una disertación sobre la poesía y la literatura (no en vano es catedrático de Literatura Española), y su relación con la realidad social de quienes escriben y leen. Para ilustrarlo, se refirió a esa frase sabia de Antonio Machado que dice: "La libertad no consiste en decir lo que se piensa, sino
en pensar lo que se dice". Luego habló de la presencia cuasi permanente en su obra de la memoria histórica, recordándonos situaciones y figuras muy presentes a lo largo de su vida, como el asesinato de Federico García Lorca, la muerte en el exilio de Antonio Machado, la muerte en la cárcel de Miguel Hernández, el exilio y posterior regreso de Rafael Alberti y María Teresa León... Y, claro está, acabó centrándose en su relación con Almudena Grandes, con quien compartió su vida a lo largo de tres décadas, transmitiéndonos reflexiones y anécdotas. Y entre estas últimas, la que vivieron en su primer viaje como pareja a Granada, con la visita, antes de llegar a la ciudad, al barranco de Víznar y en él a quienes fueron fusilados y enterrados anónimamente, García Lorca incluido.
El libro es una muestra más de lo que ha sido su valiosa obra poética, nacida en su juventud, desarrollada sin cesar hasta nuestros días, y surcada de premios y reconocimientos. Una obra rica y extensa, que, en lo literario, va más allá de la poesía, y se expande hacia el ensayo y los artículos periodísticos.
Almudena comienza con un Prólogo, "La inmortalidad, según ella", cuyo texto es obra de la escritora. Luego da paso a los poemas, tanto los que le escribió en vida como los que fueron surgiendo tras su muerte. Los primeros, reunidos en el apartado "Almudena". Y los segundos, en "Un año y tres meses", como forma de duelo y catarsis, y expresión, a la vez, de amor y dolor. El libro acaba con un Epílogo, donde se incluye el texto "Historia de un poema", de Luis Muñoz, y "A Luis (único poema)", de la propia Almudena Grandes.
Al final del acto Luis García Montero nos brindó con la lectura de tres poemas. He aquí dos de ellos:
La inmortalidad
Nunca
he tenido dioses
y
tampoco sentí la despiadada
voluntad
de los héroes.
Durante
mucho tiempo estuvo libre
la
silla de mi juez
y no
esperé juicio
en el
que rendir cuentas de mis días.
Decidido
a vivir, busqué la sombra
capaz
de recogerme en los veranos
y la
hoguera dispuesta
a
llevarse el invierno por delante.
Pasé
noches de guardia y de silencio,
no
tuve prisa,
dejé
cruzar la rueda de los años.
Estaba
convencido
de
que existir no tiene trascendencia,
porque
la luz es siempre fugitiva
sobre
la oscuridad,
un
resplandor en medio del vacío.
Y de
pronto en el bosque se encendieron los árboles
de
las miradas insistentes,
el
mar tuvo labios de arena
igual
que las palabras dichas en un rincón,
el
viento abrió sus manos
y los
hoteles sus habitaciones.
Parecía
la tierra más desnuda,
porque
la noche fue,
como
el vacío,
un
resplandor oscuro en medio de la luz.
Entonces
comprendí que la inmortalidad
puede
cobrarse por adelantado.
Una
inmortalidad que no reside
en
plazas con estatua,
en
nubes religiosas
o en
la plastificada vanidad literaria,
llena
de halagos homicidas
y
murmullos de cóctel.
Es
otra mi razón. Que no me lea
quien
no haya visto nunca conmoverse la tierra
en
medio de un abrazo.
La
copa de cristal
que
pusiste al revés sobre la mesa,
guarda
un tiempo de oro detenido.
Me
basta con la vida para justificarme.
Y
cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque
sólo me escuche una silla vacía,
será
firme mi voz.
No
por lo que la muerte me prometa,
sino por
todo aquello que no podrá quitarme.
Los cuidados
Mirar con otros ojos
las tallas de las camisetas.
Escuchar con oídos diferentes
los rumores del baño.
Soportar las llamadas ajenas, los avisos,
por no dejar el móvil en silencio.
Vivir el suelo, vigilar un orden
que evite las caídas y los sustos.
Pensar en la comida
sin ganas de comer,
masticar la palabra nutrición,
el miedo a la diarrea,
los horizontes de la hemoglobina.
La ropa sucia deja de oler mal
porque ya se ha mezclado
con todo lo que somos y sentimos.
Son cosas de la vida,
suburbios del presente, domicilios de amor
que se habitan lo mismo que un recuerdo.
Y nada quise más que tus cuidados.
Carlota O'Neill, romanzas en la Guerra Civil, una obra de teatro sobrecogedora
El Teatro Moderno de Chiclana sigue sorprendiéndonos en su programación cultural. Y el miércoles pasado lo hizo con la obra Carlota O'Neill, romanzas en la Guerra Civil. Representada por el grupo Sibila Teatro, la obra está dirigida por Ceres Machado, con guion suyo y de Salva Martos Cortés, si bien está basada en escritos de la propia Carlota O'Neill.
Nacida en Madrid en 1905, creció en un ambiente familiar culto, cursando estudios universitarios y participando en la actividades del
Lyceum Club, un foco cultural, progresista y feminista a la vez, que surgió a mediados de la década de los 20. Empezó a escribir con 20 años, primero mediante novelas, para luego pasar a otros
géneros, como el teatro o la poesía. Se casó con el militar Virgilio
Leret, cuya fidelidad con la República lo llevó a la muerte en Melilla, precisamente en el primer momento del golpe militar, que se había iniciado en esa misma ciudad africana. Ella, por su parte, fue recluida en la cárcel, donde permaneció hasta 1940, perdiendo la custodia de sus hijas, a las que consiguió recuperar en 1941. Se vio obligada a escribir bajo pseudónimo, tomando finalmente la decisión de exiliarse en 1949, alternando su residencia entre Venezuela y México. Falleció en Caracas en 2000.
En la obra representada cobra especial relieve Romanza de las rejas, una obra que se publicó en 1977. Escrita en forma de prosa poética, expresa lo vivido, y sufrido, durante su estancia en el cárcel melillense. Uno de sus poemas reza así:
Entre este pórtico y la romanza de las rejas, hay un puente. Lo
pisé en Melilla siendo una chamaca.
El primer año, solo quise morir; incrustarme en aquellas mismas
piedras rezumantes de morbo. La muerte se hizo sorda.
El segundo año quise vivir, salir, abrazar, así, con fuerza, con todas
mis fuerzas, con mi sangre, a mis dos pequeñas cachorrillas que seguían
enronqueciendo llamándome.
El tercer año, después del consejo de guerra, fui condenada.
El cuarto año me adapté a la cárcel. Alguien me llevó libros.
Recuperé mi herencia. Leí.
En el quinto año… ¿cómo fue? Sí. Un día sentí deseos de escribir.
Había publicado dos novelas, de niña prodigio; artículos de prensa de Madrid y
Barcelona. Era escritora, también por herencia. Lo iba a ser, por
necesidad.
En la puesta en escena de la obra de teatro puede disfrutarse de una fusión entre la poesía, la música y la danza, desde las que podemos percibir la belleza que desprenden. Pero también, contradictoriamente, esa sensación sobrecogedora de la crueldad que se transmite a través de las vivencias sufridas por la protagonista y sus compañeras de infortunio.
viernes, 9 de agosto de 2024
El capitalismo no existe. Necroteología del mercado, un libro provocador de Juan Ponte
El título del libro, como lo que se lee en sus adentros, son un acto de provocación, como reconoció el autor. Porque se busca desentrañar las falsedades de una realidad que nos la presentan/venden de una manera diferente a lo que es. Por ejemplo: se dice lo de capitalismo y libre mercado, sí, cuando no es otra cosa que una falsedad, porque de libre no hay nada. ¿Libre competencia, con las grandes corporaciones económico-financieras mundiales absorbiendo todo lo que le rodea y limitando, cuando no impidiendo, la competencia? Otro ejemplo, a modo de recordatorio: el capitalismo, desde su origen, se fundó desde la expoliación de los recursos naturales ajenos y la explotación humana más extrema (esclavitud, trabajo infantil, trabajo asalariado agotador...). ¿Y en la actualidad? ¿Nos suena algo que todavía se siguen dando? ¿Nuestros productos de consumo baratos de dónde vienen? ¿Y esa búsqueda de recursos -llámense petróleo, gas, minerales raros...-, acaso no está en la base de esos saqueos, guerras o golpes de estado que vemos por los telediarios? Y Juan Ponte dio una advertencia: la ecuación capitalismo y democracia es un oxímoron. Y lo es porque, dependiendo de cada momento, sus ideólogos han defendido, ante todo, el interés particular de una minoría frente al interés general. Defienden la libertad, pero sólo para explotar, depredar, enriquecerse... ¿El voto? Cuando hay que restringirlo o eliminarlo, se hace. ¿La libertad de expresión? Cuando hay que conculcarla o, controlando los medios de comunicación, apropiársela, pues también se hace. ¿Los derechos sociales? Son demasiado costosos, lo que dificulta la acumulación de los beneficios. Ojo, por tanto, con el fascismo de nuevo cuño. El de los Trump, Bolsonaro, Milei, Meloni, Le Pen...
Fue un acto bonito en un ambiente agradable. Allí fui, desde Barbate, con Antonio, José y Diego. Adquirí el libro, que me firmó su autor. Hablé con mucha gente, conocida de tantas cosas y tantos años. Y no faltó hacerlo con el propio Antonio Maíllo, que estuvo acompañado de Agustín. Le recordé lo de un día del año 1996 (¿o fue en 1997?) en Sanlúcar de Barrameda, siendo él coordinador local de IU, cuando me acerqué con miembros de la comisión provincial de Educación. Tiempo ha. ¡Salud, Antonio!
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