domingo, 15 de octubre de 2023

6 poemas de 6 poetas palestinas


La llamada de la tierra

“¿Me han usurpado mi tierra?
¿Me han privado de mis derechos,
y me voy a quedar aquí, uncida al exilio, humillada y desnuda?
¿Me voy a quedar aquí a morir como una extraña en tierra extraña?
¿Me voy a quedar?
¿Y quién lo ha dicho?
Volveré a la tierra amada.

¡Por supuesto que volveré!
Y allí se cerrará el libro de mi vida.
Se apiadará de mí su tierra generosa
y dará cobijo a mis cenizas.

¡Regresaré, es necesario que vuelva!
¡Regresaré, comoquiera que sean mis desgracias!”.

Mas siguió desterrada, observando su tierra
y murmurando: “¡Es necesario que vuelva!”.

Mientras, agachaba la cabeza en la tienda,
cerrando el alma a su oscuridad,
cerrando el pecho a su desgracia.
Pero seguía estando ahí, fija, esa idea,
zumbando febril y silenciosa,
hirviendo y ardiendo en su cabeza,
quemando, como el fuego, sus sentidos:
“¡Regresaré, es necesario que vuelva!”.

(Fadwa Tuqán; Nablus, 1914-Nablús, 2003).


Alguna vez el canto se alzaba…

Alguna vez el canto se alzaba
como dulces sirenas sobre las colinas,
y aun si trabajabas
tus árboles o tus libros
o cocinabas para tu familia
algo simple,
y te lavabas las manos
te peinabas el agua del pelo.

Montañas de arroz, zapatos brillantes,
un huracán de danzas.
Los niños con trajecitos
y vestidos de terciopelo caían dormidos en círculos
después de comerse 47 almendras de Jordania.

¿Quién se casa? ¿Quién ha regresado
de un lugar distante más allá del mar?
A veces ni te enterabas.
Comiste todos los alimentos sin saber.
Besabas las mejillas de quien pasara
abofeteando el tambor, enrojeciéndote la palma.
Más tarde
llena, enriquecida,
tenías una fiesta en la piel.
¿Dónde es que la pelea
se introduce en esta historia?
La lucha se extravió en alguna parte.
Los estudiantes se congregan silenciosamente
en el salón de clases
y la puerta del edificio
es arrancada por una explosión.
Pupitres vacíos
donde la risa solía sentarse.
Aquí vivía la risa
tintineando su monedero de morralla fina
y ahora se esconde.
Ya no llegará al zaguán como un vendedor de jabones,
el buhonero de las cerillas, el viejo italiano 
de la fábrica de Nablus
con su mágico saco de palillos.
Nos han dicho que no estamos
cuando siempre estuvimos aquí.
Su goma de borrar no funciona.
Mira las fotos coloreadas a mano
de jóvenes demasiado perfectos e inmóviles.
Las bombas parten por la mitad
las frases de todo mundo.

¿Quién las hizo?
¿Conoce a alguien que las fabrique?
El viejo taxista
menea la cabeza
yendo y viniendo entre Jerusalén y Jericó.
Ellos no verán, dice con lentitud, 
la historia detrás de la historia,
siempre buscan la historia después de la historia,
lo que significa que nunca comprenderán la historia.
Así que esto seguirá y seguirá.
¿Cómo lo soportamos, si sigue y sigue?

Ha durado demasiado.

Nadie recibe ya ni una pequeña postal
del lejano lugar más allá de los mares.
Nadie en la noche oye venir a los soldados
para arrancar de su tibio sueño al olivo.
Rasgar raíces. No es noticia de primera plana 
en tu país ni en el mío.
Nadie escucha el imperceptible sollozo
del terciopelo en el cajón del ropero.

(Naomi Shihab Nye; San Luis, EEUU, 1952).


Muerte en ondulación

La muerte viene a mí,
me saluda con besos
nunca suficientes.
Me besa hasta la muerte,
planta mil besos en mi cuerpo.
en mi cintura y mi pecho.
En mi espalda planta sus semillas
mi enajenada amante.
Con ella
bebo la calle de besos
a escondidas de las miradas de la gente.
Atrás de las bombas de gas lacrimógeno
la muerte arriba a puerto de nuevo flirteando entre olas.
La muerte es el cereal que yo muelo
en mi tormento
y me encamino al horno de la revolución
y a los arcos de la prisión.

(Nidaa Khoury; Fassuta, 1959).


Muro contra nuestro alentó

Cada día, una hora más cruel,
la esgrima de corazones apenas palpitando,
el pálpito de hojas en nuestros jardines secos,
el calor en Gaza, en Jericó,
manteniendo sueños que jamás tuvimos tiempo de recordar,
una anciana intentando revivir
cualquier fantasía posible,
otra pensando en su esposo
perdido en lo inimaginable,
hombres sobre alambres de púas que dejan
de responder cuando gritamos sus nombres,
demasiado atareados,
intentando cruzar el punto de inspección,
mientras otros beben té,
las mujeres hablan de toques de queda,
mientras una madre pregunta
qué le dirá al niño que lleva adentro
que ella desearía que no viniera.

Somos testigos del octubre en llamas,
y cada mes siguiente es igual,
las calles por las que caminamos
nos recuerdan quiénes somos 
y lo que ellos jamás harán de nosotros…

Retratos humanos en esquinas
que olvidamos mirar u olvidamos alcanzar…
fotografías pegadas en muros 
como si pertenecieran a ninguna parte.

Un novio y una novia forzados a casarse
en cualquier lugar menos donde era debido,
y, aun así, seguimos preguntando:
¿qué victoria apaga las velas?
¿qué mar habla de otro mar?
Aun si levantaran el muro
más allá de nuestro alcance
sólo conocemos un hogar,
aun si cada vez tomamos rutas distintas
los árboles nos guían,
el viento nos guía
el sol y la luna nos guían,
cuando llegamos hallamos los libros
que no podemos dejar de leer,
los bordados hechos por los refugiados,
la cocina donde vivimos nuestras vidas,
una propuesta de matrimonio,
una muerte,
un nacimiento
y cada día mientras colamos nuestro café,
nos saludamos adecuadamente
y expulsamos el muro de nuestro aliento.

(Nathalie Handal; Belén, 1969).


Ruptura en racimo

Toda la Historia Sagrada, prohibida.
Libros no escritos predijeron el futuro,
proyectaron el pasado,
pero mi cabeza desenvuelve lo que parece no tener límite,
la violencia creativa del hombre.

¿Qué hijo, el de quién, será?
¿Qué hijo varón perecerá un nuevo día?
La muerte de nuestros niños nos impulsa.
Acariciamos cadáveres.

Lloramos mujeres. Es complicado.
A las putas les pegan a diario.
Se obtienen beneficios,
se ignora a los profetas.

Guerra y diente esmaltaron, echaron sal, a infancias de limón.
Todos los colores corren, nadie es firme.
No busques sombra detrás de mí.
La llevo dentro.
Vivo ciclos de luz y oscuridad.

El ritmo es mitad silencio.
Lo veo ahora, nunca fui una y no la otra.
Enfermedad, salud, violencia tierna:
pienso ahora que nunca fui pura.

Antes que forma, fui tormenta, ciega, tonta -aún lo soy.
La Humanidad se contrae ciega, maligna.
Nunca fui pura.
Niña consentida antes de madurar.
El lenguaje no puede reducirme.
Experimento de manera exponencial.
Todo es todo.
Una mujer pierde 15, puede que 20, miembros de su familia.
Una mujer pierde seis.
Una mujer pierde su cabeza.
Una mujer busca en los escombros.
Una mujer se alimenta de basura.
Una mujer se pega un tiro en la cara.
Una mujer le pega un tiro a su marido.
Una mujer se amarra.
Una mujer da a luz a un bebé.
Una mujer da a luz a las fronteras.
Una mujer ya no cree que el amor la encontrará algún día.

Una mujer no lo creyó nunca.

¿Adónde van los corazones de los refugiados?
Rotos, insultados, colocados en un lugar de donde no son,
no quieren que no se les vea.
Enfrentados a la ausencia.

Lloramos al otro o no significamos nada de nada.
Mi espina se curva en espiral.

El precipicio corre hacia y desde los seres humanos.
Dejamos atrás bombas de racimo.

Minas de facto.
Dolor en llamas.
Cosecha de tabaco contaminado.
Cosecha de bombas.
Cosecha de dientes de leche.
Cosecha de palmas, humo.
Cosecha de testigos, humo.
Resoluciones, humo.
Salvación, humo.
Redención, humo.

Respira.
No temas a lo que ha estallado.
Si has de temer, teme a lo que no ha explotado aún.

(Suheir Hammad; Ammán, Jordania, 1973).


Hadeel

Hadeel tiene nueve.
No, disculpen,
Hadeel tenía nueve años.

Un funcionario israelí dijo que lamentan su muerte
“Pero el terrorismo se tiene que acabar,
los misiles se tienen que acabar,
la resistencia se tiene que acabar”
o continuarán, continuaran, continuarán,
bombardeando a Gaza,
hasta que renunciemos a la poca dignidad que nos queda.
Hasta que elijamos a quién ellos quieren,
firmemos lo que ellos quieren y
muramos, muramos, muramos en silencio
como ellos quieren.

Sonríen y lamentan la muerte como un accidente ocasional
y lamentan cómo los niños palestinos mueren
en una cámara de tortura colectiva: Gaza.
Ven…
la seguridad de Israel es absoluta y
está escrita con sangre
y con tapadoras
y el arte de las mujeres voceras
porque la muerte es más tolerable si viene de una mujer.
La muerte, me dicen,
es más cortés y elegante si viene de una mujer.

¿Y quién,
quién le dirá a la madre de Hadeel
ocupada horneando pan y zatar
que las palomas no volverán a volar sobre Gaza,
las palomas no volverán a volar sobre Gaza?

Hadeel se ha ido
y su hermano Ahmed perdió la vista.

Las palomas… las palomas, no volverán a volar sobre Gaza.

Hadeel…
Ninguna plegaria que recuerde,
ninguna plegaria que recuerde
o que más o menos recuerde
te traerá de vuelta.
Ninguna plegaria que busque dentro de mi te traerá de vuelta.

Mientras te envuelves en relatos de Palestina
te escondes bajo tu cama
esperando al próximo soldado
que tire abajo tu puerta,
para expulsarnos de una historia
que cargamos sobre nuestras espaldas.
Hadeel… Hadeel… Hadeel…

¿Quién?
¿Quién de ustedes le dirá a Hadeel que nada cambió 
                                          / el día que ella murió?
La siguiente reunión…
el próximo tren…
La siguiente reunión…
el próximo tren…
ni una pausa… ni una lágrima.

¿Merece esto un comunicado de prensa?
¿merece esto un comunicado de prensa?
sólo la perdida de otro palestino
¿merece esto un comunicado de prensa?
la solidaridad desde lejos como una broma de mal gusto
una mala historia para contarle a un niño.
Pero las palomas,
las palomas no vuelan sobre Gaza nuevamente,
las palomas no vuelan sobre Gaza nuevamente.
Hadeel se ha ido para siempre.
Se ha ido.

No hay palabras finales,
sólo un vacío en el corazón de su madre,
sólo un vacío en el corazón de su madre.
Y me dicen…
continúan diciéndome,
“No llores por los mártires
no llores por los mártires
continúa la lucha
continúa la lucha
continúa la lucha”,
pero por Hadeel,
por Hadeel denme tan solo un momento de silencio,
dame un momento de silencio…
No.
Denme un momento de sincera resistencia,
sincera resistencia,
así podrán mantener la poca dignidad que les queda.
Por Hadeel.

(Rafeef Ziadah; Beirut, Líbano,1979).



Poemas extraídos de Poesía Palestina, Mujeres poetas Palestina (Fundación para la cultura y las Artes, Caracas, 2015; https://fundarte.gob.ve/web/wp-content/uploads/2016/03/libro_poesia-palestina.pdf).


(Imagen: "Novia en la primavera", de Jumana Emil Abboud).

viernes, 13 de octubre de 2023

El vídeo de la presentación en Conil del libro Fascismo y represión en Barbate...


El pasado día 30 de septiembre estuve en Conil presentando mi libro
Fascismo y represión en Barbate durante la guerra y la postguerra (Cádiz, Mancomunidad de La Janda/Diputación de Cádiz, 2021). El acto, celebrado en el espacio cultural de La Chanca, estuvo organizado por la Asociación Comunes de Conil, debiendo agradecer la invitación que me cursó hace unas semanas Antonio Roldán, que fue alcalde del municipio entre 1995 y 2012. Tuve el honor de que me precediera en mi intervención Magdalena González, profesora e historiadora, que expuso con gran generosidad y maestría las claves del contenido del libro.

Por mi parte, la disertación se centró en diversos pormenores sobre la represión habida en Barbate y no faltó una alusión a conileños y conileñas que en ese momento o con posterioridad tuvieron algún tipo de relación con Barbate. En dos de esos casos, de Francisco López Ramírez y Concepción García Castillo, es sobre lo que me he basado principalmente para llevar a cabo una ampliación del libro, para lo que contado con las aportaciones de varios familiares de Concepción, incluida una valiosa documentación escrita, base del artículo que publiqué en julio del año pasado en mi blog Entre el mar y la meseta.

En ese sentido aproveché el acto para anunciar que estamos pendientes de la próxima publicación de la segunda edición del libro, en esta ocasión corregida y ampliada, patrocinada de nuevo por la Mancomunidad de La Janda y la Diputación de Cádiz. Y, una vez más, no puedo más que agradecer el apoyo que he recibido por parte de Marisantos Sevillano, presidenta de la Mancomunidad.     

Hoy me ha llegado el vídeo completo del acto, grabado por Onda Conil. Espero que sea del agrado para quienes deseen verlo, para lo que ofrezco el enlace a través de la plataforma Youtube: 

martes, 10 de octubre de 2023

"Animales humanos"


Ésa ha sido la calificación que el ministro de Defensa israelí, 
Yoav Gallant: "Ordené un asedio total sobre la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni gas. Todo estará cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia". 

Nada nuevo, pues esa población de "animales humanos" lleva décadas sufriendo un asedio permanente, salpicado periódicamente por violentas agresiones contra la población civil, sus viviendas y sus infraestructuras. El perímetro de ese territorio está amurallado y dispone de una fuerte y sofisticada vigilancia armada para dificultar el paso hacia el espacio que lo rodea. El mismo  donde el Gobierno israelí no ha dejado de instalar asentamientos para seguir repoblándolos con colonos y colonas de condición judía.

La Franja de Gaza es el enclave más occidental de los dos territorios que quedan de lo que fue el estado de Palestina en 1948. Año que se dio cumplimiento de la orden de la ONU, con la aquiescencia de las potencias del momento (incluida la URSS), para la formación de dos estados en la zona: el israelí y el palestino. Fue el momento en el que, de inmediato, se procedió en Israel al masivo desplazamiento de cientos de miles de personas hacia el exterior. Fue el inicio de la Nakba, de esa dramática limpieza étnica y forzada diáspora que se fue dirigiendo hacia los estados vecinos (Jordania, Líbano, Siria, Egipto...) y aún sigue presente en la realidad y en la memoria. Sucesivamente, lo que fue el efímero estado de Palestina ha ido mermándose en favor del de Israel, al fragor de las guerras abiertas de 1948-49, 1956, 1967, 1973 ó 1980. Paralelamente a esos años y durante los posteriores la ocupación militar ha estado acompañada de otra civil, desarrollada a base de los  centenares de asentamientos de población judía que han ido borrando del mapa cualquier vestigio de lo que hubo con anterioridad. 

Y pasados 75 años, recluidos en lo que va quedando de Cisjordania y en Gaza, esos "animales humanos" siguen estando ahí. Viviendo como pueden o como lo describiera Murid Barghouti en su poema "Interpretaciones":

Un poeta escribe en un café.
La anciana cree que escribe una carta a su madre
la adolescente cree que le escribe a su novia
el niño cree que está dibujando
el hombre de negocios cree que planifica una inversión
el turista cree que escribe una postal
el funcionario cree que calcula sus deudas
el policía secreta
se acerca sigiloso.

(Imagen: "Jamila", de Pablo Santiago; en Sofía Caamaño Deus y Sònia Bajona Casas, Una tierra con gente. Voces de Palestina; Barcelona, Descontrol, 2020)

lunes, 9 de octubre de 2023

Cuatro poemas por Palestina

 

A todos los hombres elegantes de la ONU

¡Caballeros de todos los rincones:
Con corbatas en pleno mediodía
y excitantes polémicas,
¿Qué pintáis, decidme, en este tiempo?
 
¡Caballeros de todos los rincones:
El musgo, ya creciéndome en el corazón,
cubrió todos los muros de cristal,
las cuantiosas reuniones,
los vitales discursos,
los espías, las masas, los dichos de las putas...
¿Qué pintáis, decidme, en este tiempo?
 
¡Caballeros!:
Dejad ir a su antojo la luna de los monos,
y veníos para acá,
porque yo hago perder los puentes a este mundo.
Mi sangre está amarilla,
mi corazón caído en el lodo de los votos.
 
¡Caballeros de todos los rincones!:
¡Que sea peste mi afrenta, y sierpes, mi tristeza!
¡Relucientes zapatos de todos los rincones!;
Grita más mi venganza que mi voz.
El tiempo es un cobarde.
¡Y yo no tengo manos!

(Samih al Qasim)


A mi madre

Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre...
Día a día
la infancia crece en mí
y deseo vivir porque,
si muero, sentiré
vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Si algún día regreso, tórname 
en adorno de tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
purificada con el agua bendita de tus tobillos
y átame con un mechón de tu cabello
o con un hilo del borde de tu vestido...
Tal vez me convierta en un dios,
sí, en un dios,
si logro tocar el fondo de tu corazón.

Si regreso. Tórname 
en leña de tu fuego encendido
o en cuerda de tender en la azotea de tu casa.
porque no puedo sostenerme
sin tu oración cotidiana.
He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia
para que pueda emprender
con los pájaros pequeños
el camino de regreso
al nido donde tú aguardas.

(Mamhud Darwish)


1950-1967: Palestina
 
El dolor habla la misma lengua en todas partes.
Julio Rodríguez

 
Nuestro ojo se detiene en una tierra seca.
El sol golpea con violencia.
El plano de visión se va abriendo poco a poco. Una madre llora en la arena.
La muerte de un hijo. Se sigue abriendo el plano.  Nuestra pupila enfoca 
                                                                  / desde el aire. Se detiene.
Un campamento. Refugiados. Tierra devastada. Ocupación.
Es Palestina. Es 16 de Diciembre. Es 1950. Allí nace un niño. 
                                                     / Ese niño es mi padre.
Nacer en Palestina significa
tener la mirada llena de alambradas, no poseer más tierra  que la de tus zapatos.
La ocupación convirtió la infancia de mi padre
en una palabra tachada,
en un brusco trayecto hacia la adolescencia.
Corría su niñez en pantalón corto
perseguida por la imagen borrosa de los amigos perdidos,
de otros niños arrancados de la vida a cañonazos.
 
Dice que su infancia fue feliz, con sus dos bolsillos llenos
de palomas muertas hasta los bordes.
Allí vio a la fatalidad, como un habitante más,
cruzando por la calle,
cruzando la alambrada,
cruzando hasta su vida,
la desesperanza empotrada en las costillas.
 
Dice que su infancia fue feliz.
Nunca quise preguntar mucho por su adolescencia.
Porque sé que fue un adolescente abrochado a un fusil
un imberbe bajo el plomo.
No tuvo que ser fácil resolver esa ecuación:
guerra, ocupación y adolescencia.
 
Los primeros años de su vida se fueron por el desagüe de la historia, 
                                    / pisoteados por la bota militar del siglo XX.
 
La guerra lo convirtió
en huérfano de su propia niñez,
en viudo de su los mejores años de su juventud,
en el hijo ilegítimo de la derrota.
Aprendió a correr en 1967.
Transcurría la Guerra de los Seis Días en Palestina.
El desastre lo empapaba todo con sus manos. La muerte se bajó  en su parada,
iba a por él y sus amigos,
a recogerlos en la valla del colegio. Tres jóvenes conforman la escena,
tres jóvenes reclusos.
Dieciséis años, dieciséis ventanas a la catástrofe. Palestina significa catástrofe.
    / Ellos lo saben, nacieron en la tierra equivocada.
    / Para otros tener dieciséis pasaba por invitar a chicas hermosas  
    / a apurar la vida, pero Palestina significa desconsuelo, significa humillación.
 
Palestina es una vista panorámica del desasosiego,
el nombre en árabe de la desesperación.
Palestina es ningún lugar,
una tierra inexistente en los registros,
kilómetros cuadrados de amargura.
 
Como decía: dieciséis años, tres niños asustados, varios tanques a su encuentro.      / Allí vio mi padre a la amistad colgar desangrada de esa valla 
    / que uno de ellos no pudo superar.
 
Corrió. El corrió.
Corrió hacia las montañas, corrió como quien busca otra vida, 
    / algún despiste del destino que le permitiera contarlo.
Debió equivocarse la guadaña
porque quien escribe esto es su hijo.
Este poema es la deuda que tenía con él, con sus pies que nacieron descalzos 
                                                                                             / y sin tierra,
con sus pies doloridos que no pudieron pisar nunca
un metro cuadrado de tranquilidad,
mi deuda con sus pies que corrieron bajo el fuego enemigo,
mi deuda con sus piernas que temblaron bajo el fuego enemigo,
mi deuda con sus manos atadas por el odio enemigo.
 
Gracias padre, por correr para que yo estuviera aquí.
Seguramente en Palestina haya una bala fallada
con mi nombre escrito en el acero.
 
Yo sé que ha pasado el tiempo,
pero no se puede mirar a los ojos a la muerte y regresar intacto. Nadie puede.
 
Palestina significa ocupación, injusticia, derrumbe. 
           / En esto consistió la vida de mi padre allí.
 
Episodios como estos hacen
que uno nunca llegue a ser del todo adulto
y nunca pueda ser del todo un niño.
La infancia se va. El agujero permanece.
No conozco a ningún palestino
al que no le duela un país entero dentro.
 
Huir, plantar tus doloridas raíces en otra tierra
-como si eso fuera posible-
era la única puerta a la esperanza,
una vida sin señales de retorno. 
Es difícil vivir cuando siempre se está a 15 minutos del estruendo,
tan al borde de otra nueva humillación.
 
Y de luto las palabras, de luto los hermanos,
de luto las escuelas y el refugio, de luto bicicletas,
de luto el aire la risa los olivos los pañuelos de luto.
 
Y luego el silencio.
A la historia de Palestina la acompaña el silencio.
Mi padre es un hijo del desastre
e hijo del silencio.
Todos los palestinos que abandonaron
un día sus casas para no volver,
aquellos que buscaron esquivar el daño en otra tierra,
son hijos del silencio.
Son los escritores de novelas sin páginas
que cuentan esas historias
en las que la obligación de emigrar
convierte a los hombres en familia de la nada,
con sus padres lejos, sus hermanos lejos,
con su patria ausente
y sus sueños desbaratados en alguna parte.
 
Debería acabar ya este poema.
Darle al botón de apagado del renglón.
Necesito un final.
Os contaré algo: lo que me produce saber que mi padre tuvo que soportar 
     / la brutalidad del hombre siendo niño.       
Pienso en él con 5 años, temblando, en tierra hostil
con su cuerpo diminuto,
con su pequeña alma de refugiado y solo quisiera acudir en su busca
cogerlo en brazos, salvarlo de aquello,
cogerlo y acariciarlo,
poder acunar al niño que fue mi padre y protegerlo,
llevarle de la mano a algún parque
a comer helado, jugar con él, sentir su risa,
hacerle cosquillas, hacer lo que sea
para abrir las puertas que se le cerraron dentro
y que olvide todo lo que tuvo que pasar siendo tan frágil.
 
Y al abrazarlo, ser el hombre
que salva a todos los niños indefensos,
a todos los que pagan en su niñez
la brutalidad del mundo adulto,
ser el guardián entre el centeno,
salvar a quien se asome el precipicio.
 
Eso me gustaría.
 
Desde que tengo consciencia de esto,
jamás he dejado de preguntarme
-y ahora te hablo a ti, Padre-,
cómo lo lograste,
cómo lo hiciste para,
después de todo,
no traer nada de eso a nuestras vidas,
cómo pudiste con aquello,
cómo diablos lograste
después de todo,
seguir teniendo tanta luz en la mirada.

(Marwán Abu-Tahoun Recio)


Las tonalidades de la ira

Permítanme hablar en mi lengua árabe
antes de que también ocupen mi lenguaje.
Permítanme hablar en mi lengua materna
antes de que también colonicen su memoria.
Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas los tonalidades de la ira.
Todo lo que mi abuelo siempre quiso hacer
fue levantarse al amanecer y observar a mi
abuela postrarse y rezar
en una aldea escondida entre Jaffa y Haifa.

Mi madre nació bajo un árbol de olivo
en un suelo que, dicen, ya no es mío;
pero yo cruzaré sus barreras, sus checkpoints,
sus locos muros de apartheid y volveré a mi hogar.

Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.
¿Escucharon gritar a mi hermana ayer,
mientras paría en un checkpoint
con soldados israelíes buscando entre sus piernas
la próxima amenaza demográfica?
llamó a su hija nacida, Jenin.
¿Y escucharon gritar a alguien
"¡estamos retornando a Palestina!"
detrás de las rejas de la prisión,
mientras le tiraban gas lacrimógeno en la celda?
Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.

Pero me dices que esta mujer que hay dentro de mí
sólo te traerá tu próximo terrorista:
barbudo, armado, pañuelo en la cabeza, negrata.
¿tú me dices que yo mando mis hijos a morir?
pero esos son tus helicópteros,
tus F-16 en nuestro cielo.

Y hablemos un segundo de este asunto del terrorismo…
¿No fue la CIA la que mató a Allende y a Lumumba?
¿Y quién entrenó a Osama primero?
Mis abuelos no corrían en círculos, como payasos,
con capas y capuchas blancas en la cabeza
linchando negros.

Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.
“¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?”.
Perdón. ¿Debería no gritar?
¿olvidé de ser todos tus sueños orientalistas?
el genio de la botella,
bailarina de la danza del vientre,
chica de un harén,
voz suave,
mujer árabe,
Sí, amo.
No, amo.
Gracias por los sándwich de manteca de maní
que nos tiras desde tus F-16, amo.

Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos
y llamarlos “daño colateral”.

Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.
Así que déjame decirte que esta mujer que hay dentro de mí
sólo te traerá tu próxima rebelde.
Ella tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.
Soy una mujer árabe de color…
ten cuidado, ten cuidado,
De mi ira.

(Rafeef Ziadah)

lunes, 2 de octubre de 2023

Isidoro, Felipe, X, Felipe González

Felipe González es un político muy conocido. Se encuentra en la cima de quienes han pilotado la nave del Estado desde los años de la Transición. El grado de comunión con quienes le votaron entre 1977 y 1996 fue tan alto, que era conocido y nombrado por su nombre de pila. Pero la cosa resulta más compleja. Fue llamado traidor por quienes en 1974, en Suresnes, se vieron desplazados de la dirección del partido. El momento del Isidoro, un nombre de clandestino para un partido que no lo ejercía. Fue criticado por reformista desde los grupos a su izquierda. Y más, a medida que con los años fueran desfilando lo de "OTAN de entrada No", las reconversiones industriales, los recortes en las pensiones, las privatizaciones, los contratos basura... Sin olvidarnos que se erigió (negándolo) en la X de la guerra sucia contra ETA. Y fue odiado por la derecha más rancia, que desde 1993 empezó a saludarlo con ese "Váyase, señor González". En 1996 fue derrotado por Aznar y al año siguiente anunció su retirada. Desde entonces ha llevado una vida plácida y acumulando capital a base de una pensión de lujo, las cuantiosas retribuciones como conferenciante o consejero de una gran empresa energética, las ventas de libros... Pero no ha abandonado su vocación política. Y curiosamente acercándose, cada vez más, a quien le lanzara tiempo ha las envestidas del "Váyase...", mientras se ha ido alejando, en proporción inversa, de los correligionarios suyos que han acabado dirigiendo el Gobierno. Así se entiende que entre los medios de la derechona estén aplicando eso del "Donde dije digo, digo Diego".  

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Presentando en Radio Juventud de Conil el libro Fascismo y represión en Barbate...


Esta mañana he tenido la ocasión de estar en Radio Juventud de Conil para hablar sobre la próxima presentación de mi libro Fascismo y represión en Barbate durante la guerra y la postguerra (Mancomunidad de Municipios de La Janda/Diputación de Cádiz, 2021). Estuve acompañado de Antonio Roldán, amigo y compañero, de la Asociación Comunes de Conil, que ha sido quien ha propiciado mi presencia en ese municipio el próximo sábado. La entrevista ha sido llevada a cabo por Ambrosio García, redactor de la emisora, y a lo largo de los algo más de quince minutos de duración hemos tratado diversos aspectos
, como las fuentes en las que me he basado para llevar a cabo la investigación, el grado de represión que hubo en Barbate, los objetivos que se marcaron los represores, la relación de Barbate con Vejer (dado que hasta 1938 formó parte de este municipio) o la presencia de conileños y conileñas. Dejo el enlace de la entrevista para que se pueda escuchar su contenido:

lunes, 25 de septiembre de 2023

Hasta siempre, Juan José y Genoveva


En apenas nueve meses -entre diciembre pasado y el actual septiembre- se nos han ido Genoveva y Juan José. Geneviève y Jean. Recuerdo nuestra despedida en el mes noviembre de hace seis años, con el mar y la arena de la playa de un día soleado como testigos. Yo había salido de mi clase matutina, buscando esa tranquilidad que aporta el maravilloso paisaje marino que nos rodea, mientras  Genoveva y Juan José ultimaban su adiós a lo que había sido su tierra de acogida estacional desde doce o trece años antes. No fue una despedida definitiva, pues quedamos en volver a reencontrarnos. ¡Lástima que no hayamos podido cumplirlo! Atrás hay recuerdos imborrables. Empapados de la complicidad que se desprende cuando la amistad es verdadera. Como esos encuentros en torno a una mesa llena de los olores que desprenden la comida y los licores, con esas conversaciones en la que dejábamos caer nuestras ganas de recordar, de reivindicar, de vivir... 


Me viene a la memoria la caminata por la sierra de Aracena, allá por 2006. O esos días de estancia en Priego, en octubre de 2016, perfumados por los olivos, recogiendo membrillos en Zagrilla o visitando las ruinas íberas y romanas de Almedinilla. Unos meses ante, en junio, les dediqué una entrada en
mi cuaderno. Quería que sirviera, a la vez, como una semblanza de sus vidas y como prueba de amistad. Ahí la dejo para poder leerla, porque la vida de Juan José, hijo del exilio siendo muy niño, lo merece: "Juan José y Genoveva, una amistad desde Bretaña". Ahora me queda el consuelo de poder verlos cada día a través de esa pintura hecha por el mismo Juan José y que con tanta generosidad nos regalaron a Felisa y a mí.