jueves, 18 de marzo de 2021

La Comuna de París, 150 años después

 

Estudiaba COU, allá por 1976, cuando hice un trabajo de historia junto a un compañero de clase, llamado José Manuel Gómez Cantera, a quien, en su día, dediqué una entrada en este cuaderno. “La Comuna de París de 1871” fue el título que le dimos, a modo de homenaje de lo ocurrido en ese año, pero también, como muestra de nuestra rebeldía antifascista juvenil. Fue él quien se encargó de pasarlo a máquina, conservando todavía una copia en papel cebolla, dado que la original pasó a manos de nuestra profesora. Andaluza y con un acento que la delataba, todavía recuerdo su nombre: Pilar Morillo. Curiosamente estaba casada con Javier Fortea, quien al año siguiente, ya en la Universidad, fue mi profesor de Prehistoria. 

El trabajo, de 31 páginas, estaba basado en la lectura de varios libros. Para la ocasión leí la Historia de la Comuna, de Prosper Lissagaray, La guerra civil en Francia, de Karl Marx, y los comentarios que Lenin hizo en El estado y la revolución.

Este año coincide con el 150 aniversario de la Comuna parisina. Un hecho muy presente en la memoria del movimiento obrero y, a la vez, muy mencionado en numerosas obras de historia. Otra cosa es su tratamiento en profundidad. No conozco muchas obras en ese sentido e incluso hay historiadores que en sus obras generales o lo han pasado por encima o ni siquiera lo han hecho. El trabajo que hicimos en 1976 estuvo basado en gran medida en escritos lejanos en el tiempo: Marx, Lissagaray, Lenin, Dolléans…

Inicialmente mi intención en esta ocasión era dedicar al acontecimiento una entrada a modo de memoria. Pero el interés y la curiosidad me han ido llevando por otros derroteros. Por supuesto que no he pretendido hacer un estudio histórico profundo, pero sí he ido consultando poco a poco, a lo largo de tres días, diversas obras, bien de los libros que tengo en casa o bien de lo que he ido encontrando en la red electrónica.

El resultado ha sido un escrito más largo de lo esperado, en el que he tratado diversos aspectos, no tanto inconexos como complementarios. Marx acabó su obra dedicada a la Comuna con estas palabras: “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera”. Emotivas palabras, que suscribo.

La Guerra Franco-Prusiana

La Guerra Franco-Prusiana, que se había iniciado en julio de 1870, estaba casi decidida en septiembre. Se trataba de la primera de las disputas por la hegemonía europea entre dos de las potencias occidentales, que, además, eran vecinas. Alemania, en el culmen de su proceso de unificación territorial, acabó siendo rotundamente la vencedora frente a la pantomima política de lo que se llamó con el nombre de Segundo Imperio de Francia, que tuvo al “farsante” Napoleón III al frente.

La derrota francesa en Sedan a principios de septiembre, en la que el propio emperador fue apresado junto a decenas de miles de soldados, supuso la primera de las humillaciones. Cercada la capital durante casi cuatro meses, devino la segunda a finales de enero del 71, cuando el Palacio de Vesalles se convirtió en el escenario de la proclamación de Guillermo I como emperador alemán. Fue en mayo cuando tuvo lugar una tercera humillación, más dolorosa aún, que consistió en la firma del Tratado de Francfort, mediante el cual Francia se vio obligada a pagar como indemnizaciones de guerra una suma muy elevada y entregar los territorios de Alsacia y Lorena.

París, centro neurálgico de la guerra y la revolución

¿Qué pasó, mientras tanto, en París? Su población se rebeló en el mismo mes de septiembre del 70 contra el poder napoleónico, precisamente en el momento en que se iba a iniciar el cerco de la ciudad por las tropas prusianas. La primera consecuencia de ese acto fue la caída del Segundo Imperio, que fue sustituido por la III República, con un gobierno provisional y un remedo de cuerpo legislativo, formado por representantes republicanos.

Pero lo peor vino cuando el cerco se prolongó hasta enero del año siguiente, dando lugar a una situación vital extrema entre la población parisina. La firma del armisticio y la consiguiente salida de las tropas prusianas no impidió que la rebelión continuara. Y más cuando al frente del nuevo gobierno francés, ya instalado en Versalles, se situó un militar conservador, antiguo orleanesista, llamado Adolphe Thiers. Sustentado por una Asamblea Nacional, representaba, ante todo, el poder económico de la gran burguesía francesa acumulado desde décadas atrás y, especialmente, durante el periodo del Segundo Imperio.

Fue a partir del 18 de marzo cuando la rebeldía de la población parisina se tornó en una revolución popular más profunda, cuyo carácter, radicalmente diferente, hubo de dejar una impronta de cara al futuro. Es lo que ha pasado a denominarse con el término de Comuna de París, de Commune, la forma como en Francia se denominaba a los ayuntamientos. Un episodio que resultó altamente ilustrativo de lo que estaba ocurriendo en ese momento y marcó, en cierta medida, algunos aspectos, de diverso tipo, de lo que le siguió en el tiempo.

La insurrección popular iniciada el 18 de marzo acabó con la autoridad del gobierno establecido y creó otro nuevo basado en la participación asamblearia de la población. Cada distrito elegía sus representantes y debatía en común los asuntos, habiendo por encima un Consejo municipal. Su duración fue efímera, es cierto, como también lo es la represión posterior, cuya contundencia, por brutal, marcó otro hito de cara a considerar el precio a pagar por quienes osaran rebelarse contra el orden burgués.

La Comuna fue expresión de un cúmulo de tendencias políticas y del malestar de la mayor parte de la población, especialmente los sectores populares. En esa gran movilización confluyeron blanquistas, republicanos radicales, federalistas, marxistas, proudhonianos, bakuninistas… El papel que jugó la Asociación Internacional de Trabajadores, cuyo Consejo General se encontraba en Londres, no fue muy grande. Marx, que controlaba el citado Consejo de la AIT, estuvo atento a lo que estaba ocurriendo, como reflejó en los informes que presentó. Solidario con la Comuna, no impidió que considerara lo prematuro del levantamiento.

Sus protagonistas actuaron con audacia y valentía, pero dieron muestras de las divergencias que contenían en relación, por un lado, a sus referentes político-ideológicos y, por otro, a la diversidad de intereses según el grupo social e incluso el sexo.

Para Marx fue la primera experiencia de gobierno de la clase obrera, si bien achacó su fracaso a la falta de una mejor organización política, precisamente el aspecto que generó más fricciones con la tendencia anarquista del movimiento obrero. En el Congreso de 1872 en La Haya se consagró la ruptura de la AIT, cuando se expulsó al ala proclive a Bakunin y a la vez se decidió el traslado de la sede del Consejo de Londres a Nueva York. Pero esto último pertenece a otro aspecto.

Marx y Engels ante la Comuna parisina

No tardó mucho tiempo Karl Marx en dedicar un análisis de lo ocurrido. Fruto de ello fue su obra La guerra civil en Francia. Para su publicación incluyó tres escritos, correspondientes a sendos manifiestos que acabaron siendo aprobados por el Consejo General de la AIT. Los dos primeros son de julio y septiembre  de 1870, cuando, respectivamente, se inició la guerra y se produjo la revuelta parisina contra el gobierno imperial en el momento del cerco prusiano. El tercero de los manifiestos, de mayor extensión, fue escrito a finales de mayo de 1871, semanas después del sofocamiento sangriento de la Comuna.

Es en la tercera parte del manifiesto de mayo de 1871 donde Marx hace una descripción de las características del nuevo poder instaurado en París en la Comuna, así como sus pretensiones de cara a conformar un nuevo orden político y social, que debía proyectarse al conjunto del país a través de una federación libre de comunas.

En ese sentido se refiere a la electividad de sus consejeros mediante el sufragio universal, que, a su vez, debían ser responsables y revocables. La formación de una milicia armada sometida al poder civil, como también debía ser con el funcionariado. La elección y revocabilidad en el campo de la justicia. La separación entre la Iglesia y el Estado. La generalización de la enseñanza, que debía ser gratuita y pública. La formación de cooperativas de producción y la regulación de la actividad económica. La introducción de medidas laborales como le eliminación del trabajo nocturno, la garantía de unos salarios dignos, la indemnización ante la pérdida del empleo, la creación de guarderías…

A Marx no le faltó remarcar lo prematuro de la rebelión a la hora de conformar una nueva sociedad. La clave se encontraba para él en lo insuficiente del desarrollo de la clase obrera en Francia. Eso no fue óbice para que escribiera: “La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo, dentro de ella, la emancipación económica del trabajo”.

Dos décadas más adelante Friedrich Engels publicó una nueva edición de La guerra civil en Francia, incluyendo una Introducción, en la que hizo diversas aclaraciones sobre algunos pormenores de lo escrito por Marx e incidiendo en el sentido que su amigo le había dado.

Interesantes son también sus alusiones a dos de los grupos que, para Engels, jugaron un papel más activo, destacando al blanquista, mayoritario, y al proudhoniano, minoritario. El primero, liderado por Louis-Auguste Blanqui, gozaba de una larga tradición revolucionaria, aunque Engels señaló que estaba falto de una teoría económica clara y decidida, lo que llevó a que, entre otras cosas, no tocara las reservas del Banco de Francia. Sobre el segundo, que estaba influido por las ideas del protoanarquista Pierre-Joseph Proudhon, resaltó su escaso apego por la formación de cooperativas obreras.

Pese a todo, Engels dejó constancia de su valoración de la Comuna en estas líneas: “Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’  han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz representa esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡He ahí la dictadura del proletariado!”.

El papel de las mujeres

Las mujeres estuvieron presentes en todo momento. Otra cosa es que esa presencia, como en tantas otras ocasiones, haya estado invisibilizada. Su activismo no fue algo nuevo, pues había una tradición en Francia, que provenía de 1789 y se mantuvo en los distintos episodios revolucionarios del siglo XIX, en la que jugaron un papel  muy activo. Y ese momento lo hicieron tanto en las movilizaciones populares como en sus reivindicaciones propias, tendentes a la igualación de derechos con los varones.

Como han señalado Anderson y Zinsser, en París llegaron a formar clubes de mujeres patriotas, reclamando poder hacer lo que cualquier varón ya hacía, como la defensa armada, o defendiendo la igualdad de los salarios, como hicieron las maestras. No les faltó proclamar su fuerte tenacidad, como a finales del siglo manifestó Louise Michel en su escrito La Comuna: “Nuestros compañeros varones son más vulnerables al desaliento que nosotras”.

Empero, el derecho al sufragio femenino más que quedar aparcado, no fue contemplado. Como ha señalado la historiadora Ludivine Bantigny, las mujeres no lo pidieron, pues en esos momentos “les parecía inimaginable y comprendieron que podían tener una gran influencia sin ser reconocidas como ciudadanas con todos los derechos”.

Pese a ello, el espíritu de lucha de las mujeres duró hasta los últimos momentos, esforzándose con denuedo cuando el ejército lanzó la ofensiva final para acabar con la Comuna. Y, como veremos a continuación, la represión también se cebó impenitentemente sobre ellas.

La represión y sus víctimas

El 21 de mayo se inició la acción militar del gobierno francés contra la Comuna, para lo que contó con la aquiescencia alemana. Cosas propias de los intereses de clase. La resistencia duró apenas una semana, dada la desigualdad de fuerzas existente. Las barricadas y los fusiles rudimentarios de los comuneros y las comuneras, junto con su heroísmo, no fueron suficientes para hacer frente al ejército de, al menos, 130.000 soldados que se lanzó sobre la capital francesa.

Como publicó Dolleans hace casi noventa años, el mensaje que lanzó al día siguiente Thiers en la Asamblea Nacional, que estaba reunida en Versalles, fue más que rotundo: “Yo seré despiadado; la expiación será completa y la justicia inflexible... Hemos alcanzado el objetivo. El orden, la justicia, la civilización obtuvieron al fin su victoria... El suelo está cubierto de cadáveres; ese espectáculo horroroso servirá de lección”.

La represión que le siguió fue brutal e inclemente. Los datos varían, pero, al margen de su  mayor o menor exactitud, denotan una magnitud en la violencia desconocida hasta ese momento. Se ha calculado que hubo unas 30.000 víctimas mortales, de las cuales una buena parte sucumbió durante lo que se conoce como Semana Sangrienta, tanto en los combates como en las ejecuciones sumarias. Pero estas últimas continuaron en los días posteriores y, aunque ya atenuadas, a  lo largo de los meses siguientes.

También, en torno a 40.000, hubo deportaciones a las colonias, donde las condiciones de estancia fueron tan duras, que, en un número indeterminado, muchas personas acabaron muriendo por enfermedades, inanición o exceso de trabajo. Se ha estimado, así mismo, que el número de quienes conocieron procesos por los consejos de guerra pudo haber ascendido a unas 70.000.

Existen también datos específicos sobre la represión sufrida por las mujeres. Siguiendo los que nos ofrecen Anderson y Zinsser, fueron miles las mujeres que murieron durante la Semana Sangrienta y  alrededor de un millar las que fueron procesadas con posterioridad. Se trataba de mujeres de todas las edades, pero en mayor medida entre los 30 y los 50 años, casadas o viudas, y abrumadoramente trabajadoras manuales.

Louise Michel, una mujer valiente entre varones

Es la mujer más conocida del proceso revolucionario parisino y quizás también fuera la que jugó un papel más destacado. Su persona simboliza, en todo caso, la participación de las mujeres. Era profesora de profesión y había estado vinculada a los grupos revolucionarios. Durante la Comuna se mostró muy activa, lo que le valió para formar parte del Consejo Municipal, siendo la única mujer en ese órgano de representación. Cuando fue inminente el peligro del ataque de las tropas instaladas en Versalles, no dudó en ponerse al frente de la defensa armada. Para ello organizó y dirigió un batallón formado por mujeres, en el que simultaneó la labor de combatiente con la de enfermera.

Tras la derrota estuvo escondida durante unos días, aunque al poco tomó la decisión de entregarse. Evitó, así, que su madre fuera represaliada, pues había sido detenida en su lugar como rehén y amenazada de muerte. Ante el tribunal que la condenó a diez años de cárcel no dudó en pronunciar estas palabras: “No me quiero defender. Pertenezco por entero a la revolución social. Declaro aceptar la responsabilidad de mis actos”. Finalmente fue desterrada a Nueva Caledonia, situada en el océano Pacífico.

Durante su estancia en la prisión de Versalles escribió varios poemas. Uno de ellos, “Versalles capital”, acaba con estos versos:

La ciudad donde late el corazón del mundo.
París duerme con el sueño de los muertos,
a pesar de vosotros el pueblo heroico
hará grande la República;
no se puede detener el progreso,
es la hora en que caen las coronas,
en que caen las hojas de los bosques.

Otro de sus poemas, “Los claveles rojos”, se lo dedicó a su amigo y compañero de lucha Théophile Ferré, abogado y destacado comunero, cuando supo que iba a ser ejecutado:

Si voy a dar al oscuro cementerio,
arrojad sobre mí, hermanos,
como postrera esperanza,
rojos claveles en flor.
Cuando el imperio concluía
y el pueblo despertaba,
fue tu sonrisa, clavel rojo,
anuncio de que todo renacía.
Hoy floreces en la sombra
de oscuras y tristes prisiones,
cerca de la zozobra del cautivo.
Dile que le amamos
y que en el veloz flujo del tiempo
todo pertenece al porvenir.
Dile que el vencedor de lívida frente
puede morir más que el vencido.

Su valentía y fama es lo que hizo que dos conocidos escritores se acordaran de ella. En diciembre de 1871 el novelista Victor Hugo le dedicó estas palabras solidarias:

“Los que saben de tus versos misteriosos y dulces, de tus días, de tus noches, de tu solicitud, de tus lágrimas derramadas por todos, de tu olvido de ti misma por Socorrer a los demás, de tu palabra semejante a la llama de los apóstoles; los que saben del techo sin fuego, sin aire, sin pan, del catre y la mesa de pino, de tu bondad, tu dignidad altiva de mujer del pueblo, de tu ternura austera que duerme bajo tu cólera, de tu fija mirada de odio a todos los inhumanos, y de los pies de los niños calentados en tus manos; y ésos, mujer, ante tu majestad bravía, meditaban, y, a pesar del pliegue amargo de tu boca, a pesar del maldiciente que, encarnizándose contra ti, te lanzaban todos los dicterios indignados de la ley, a pesar de la voz fatal y alta que tu acusa, veían resplandecer el ángel a través de la Medusa...”

Paul Verlaine, por su parte, le dedicó unos años después, en 1886, un poema como reconocimiento. En su “Balada en honor de Louise Michel” dice:

Madame y Pauline Roland,
Charlotte, Théroigne, Lucile,
casi Juana de Arco, estrellada
la frente de la multitud necia,
nombre de los cielos, corazón divino que exilia
Este tipo de menos que nada
Francia burguesa con una espalda fácil,
Louise Michel es muy buena.

Ama al Pobre duro y franco
O, tímida, es la hoz
en el trigo maduro para el pan blanco
del Pobre y de Santa Cecilia
y la musa ronca y esbelta
del Pobre y su ángel de la guarda
así de simple, así de rebelde.
Louise Michel es muy buena.

Gobiernos de Malta,
megaterio o bacilo,
soldado crudo, petirrojo insolente,
o algún frágil compromiso,
gigante de barro con pies de barro,
todo eso su ira cristiana
la aplasta con ágil desprecio.
Louise Michel es muy buena.

Enviado.

¡Ciudadano!, ¡tu evangelio
se muere por! ¡Es el Honor! Y bien
lejos de Taxil y Bazile,
Louise Michel es muy buena.

Artistas y escritores que defendieron la Comuna

De los mundos del arte y de la literatura hubo quienes se involucraron, en distinto grado, en el proceso revolucionario. Casi todos lo pagaron caro, en forma de cárcel, destierro, multas, exilo...

Uno de ellos fue el pintor Gustave Courbet, que llegó a ser elegido representante por uno de los distritos de París, formó parte de la comisión de Enseñanza y presidió la de Artes. Detenido en junio, fue sometido a un consejo de guerra, que lo condenó a varios meses de cárcel y al pago de una multa. Ya en libertad, huyó como exiliado a Suiza, donde murió pocos años después.

Otro pintor conocido fue Honoré Daumier, que también participó en la comisión de Artes. Casi ciego, dejó constancia de lo vivido en esos momentos en dibujos como “Familia en una barricada durante la Comuna de París de 1870”.

Comuneros fueron también los artistas Jules Dalou y James Tissot. El primero fue subdirector del Museo de Louvre y los dos acabaron exiliándose en Gran Bretaña.

Un caso llamativo es el de Eugène Pottier, obrero, dibujante, cantante y poeta, que jugó un papel destacado como comunero, siendo elegido representante en su distrito. Evitó ser detenido y logró huir a Gran Bretaña, para dirigirse después a EEUU. Mientras estuvo escondido escribió parte del libro Cantos revolucionarios, uno de cuyos poemas  se convirtió en 1888 en la letra del himno “La Internacional”, musicalizado por Pierre Degeyter.

Jules Vallés, periodista y literato, fue condenado a muerte, si bien le fue conmutada la pena, tras lo cual tomó el camino del exilio a la isla vecina. También fue condenado a muerte, aunque en rebeldía, el músico Jean-Baptiste Clement. Había logrado escapar y exiliarse en Gran Bretaña. Jean-Marie Mathias Philippe Auguste, escritor de origen aristocrático, también conoció el exilio en el mismo país.

Los poetas Paul Verlaine y Jean-Arthur Rimbaud también participaron en el movimiento comunero. El primero lo hizo de una forma más activa, siendo nombrado jefe de la oficina de prensa del Ayuntamiento. El segundo, muy joven, estuvo en París desde el primer momento, después de haber huido de su familia. Amantes ya en la capital francesa, tras la derrota se refugiaron durante un tiempo en la capital británica.

Rimbaud dejó constancia de sus pulsiones emocionales en varios poemas, uno de los cuales contiene versos como éstos:

Todos los desgraciados, todos aquellos que al sok
han quemado sus espaldas y que caminan, caminan,
y que bajo su trabajo sienten que la frente estalla (…).
¡Descubríos, burgueses! ¡Ya que ésos son los hombres!
¡Nosotros somos obreros! ¡Obreros!
Somos nosotros, en los grandes tiempos nuevos,
por quienes se querrá saber
dónde se forjará el hombre de la mañana a la noche,
dónde, lento vencedor, someterá a las cosas,
persiguiendo los efectos, buscando las grandes causas,
pasando por encima de todo, como se monta a caballo (…).

Separados pronto en sus destinos, después de un dramático episodio cargado de violencia, los dos poetas mantuvieron el eco de esos meses. Verlaine, como nos hemos referido antes, lo hizo, entre otros recuerdos, a través de la figura de Louise Michel. Y Rimbaud, errante por varios países, no perdió nunca de vista su visión particular del comunismo como horizonte humano.

Victor Hugo, en fin, también estuvo presente en el escenario parisino,  mostrando en todo momento sus simpatías por la Comuna. Denunció con dureza la represión que le siguió, lo que le supuso su expulsión temporal de Francia. Volvió a estar de nuevo fuera de su país, como ya ocurrió en 1851 cuando se vio obligado a ir al exilio por denunciar el golpe de estado de Luis Napoleón y su conversión en Napoleón III. A su regreso no dudó en defender que se pusiera fin a la persecución contra quienes defendieron la Comuna.

Bibliografía consultada

Alcalde, Carmen (1976), “Luisa Michel, la Virgen Roja”, “La Comuna, París está en pie” y “’Un hombre’ más en el Consejo”, en La mujer en la Guerra Civil española. Madrid, Cambio 16.
Anderson, Bonnie S. y Zinsser, Judith P. (1991). Historia de las mujeres. Una historia propia, v. 2. Barcelona, Crítica.
Bonet, Enric (2021). “La Comuna nos interpela sobre el significado de una verdadera democracia”, entrevista a la historiadora Ludivine Bantigny, en Ctxt, 18 de marzo (https://ctxt.es/es/20210301/Politica/35389/Ludivine-Bantigny-entrevista-Comuna-Paris-revolucion-democracia-Enric-Bonet.htm).
Ceruti, Leónidas (2011). “La Comuna de París, el primer gobierno obrero”, en Nodo50, 28 de marzo (https://info.nodo50.org/La-Comuna-de-Paris-el-primer.html).
Dolléans, Édouard (2009). “La Comuna”. SOV Baix Llobregat (file:///C:/Users/pc/Downloads/la-comuna-de-paris-3-dolleans%20(1).pdf).
Gabriel Sirvent, Pere (1985). El movimiento obrero. Madrid, Historia 16.
Gauthier, Florence (2018). “Marx y la constitución comunal de 1871", en revista electrónica Sin Permiso, 27 de septiembre (https://www.sinpermiso.info/textos/marx-y-la-constitucion-comunal-de-1871).
Gutiérrez Álvarez, Pepe (2012). “Escritores y artistas comprometidos con la Comuna de París”. VI Universidad de Verano Anticapitalistas, La Granja (Segovia), 1 de diciembre (http://anticapitalistas.org/spip.php?article27723).
Kriegel, Annie (1977). Las internacionales obreras. Barcelona, Martínez Roca.
Lenin, Vladimir Ilich (2009). El estado y la revolución. Barcelona, Público.
Llorente Herrero, Pilar y Páez-Camino, Feliciano (1986). Los Movimientos Sociales (hasta 1914). Madrid, Akal.
Marx, Carlos (1971). La guerra civil en Francia. Madrid, Ricardo Aguilera.
Molnar, Miklós (1974). El declive de la Primera Internacional. Madrid, Cuadernos para el Diálogo.
Páez-Camino, Feliciano y Llorente Herrero, Pilar (1984). Los Movimientos Sociales (hasta 1914). Madrid, Akal.
Rendón, Fernando (2005). “Marx, Rimbaud y la Comuna de París”, en Rebelión, 12 de octubre (https://rebelion.org/marx-rimbaud-y-la-comuna-de-paris/).

(Imagen: Honoré Daumier, “Familia en una barricada durante la Comuna de París de 1870”).

lunes, 15 de marzo de 2021

Lo atrevido, pese al riesgo, de la decisión de Pablo Iglesias

Hace cinco días se revolvió el panorama político. La presentación  en Murcia por parte de Ciudadanos de una moción de censura, avalada por Inés Arrimadas y su entorno, llevó a una respuesta inmediata de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, que convocó elecciones y destituyó a los consejeros de Ciudadanos. Casi de inmediato, 
Más Madrid y el PSOE presentaron sendas mociones de censura, lo que dio lugar a un lío jurídico por saber qué procedía hacer. El apoyo dado por el PSOE en Murcia y la presentación por éste de otra moción de censura completaron el panorama. 

Cuando parecía que todo estaba dispuesto para el inicio de una nueva etapa, al día siguiente el PP murciano, con la ayuda de Teodoro Egea -chanchullos, aparte-, recondujo la situación, haciendo que tres de los firmantes de la moción se retractaran, a la vez que se les incluyó en el gobierno autónomo. Ayer, finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid decidió dar la razón a la convocatoria de elecciones, algo que parecía previsible, no tanto por la razón jurídica como por lo que se suele hacer en ese tipo de órganos. 

Pues bien, esta mañana ha estallado un nuevo bombazo: Pablo Iglesias ha anunciado su renuncia a la vicepresidencia del gobierno y la presentación de su candidatura a la presidencia de la comunidad madrileña. Una apuesta atrevida y arriesgada. Lo primero, porque supone ponerse al frente en una batalla política que tiene a Madrid como el escenario principal del actual momento político. Y lo segundo,  porque en caso de no salir bien, el valor de Iglesias quedaría más que devaluado. 

Pero la política es eso y la apuesta tiene una lógica contundente. El gobierno de la comunidad madrileña y su presidenta Ayuso lleva siendo desde hace un par de años el principal centro de oposición al gobierno central, con todo lo que eso conlleva. Y lo es tanto, que, además del proyecto político neoliberal y retrógrado en lo social que siguen desarrollando (en la línea de quienes le antecedieron: Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre...), está haciendo de la gestión de la crisis de la pandemia uno de sus principales arietes contra el gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos. Esto último está llegando a tal extremo, que, amén del componente de irresponsabilidad cívica, no coincide con lo que los gobiernos autónomos en manos del PP (Galicia, Andalucía, Castilla y León y Murcia) están aplicando, acordes con las líneas marcadas por el gobierno central.

La jugada iniciada por Ciudadanos en Murcia le ha salido muy mal al conjunto del partido. Ha agrandado sus diferencias internas y sus integrantes están en clara desbandada, corriendo el riesgo de desaparecer. El PSOE, por su parte, ha visto cómo se ha esfumado la esperanza que tenía de hacer del partido naranja un contrapeso por su flanco derecho a lo que representan Unidas Podemos, dentro del gobierno, y los grupos nacionalistas (PNV, EH-Bildu, ERC, Compromís...), en los apoyos parlamentarios. El semicadáver político Pablo Casado, sorprendido por la iniciativa de Ayuso, sólo se vio aliviado cuando su número dos hizo posible que la moción de censura en Murcia quedara desactivada. Vox, por su parte, se ha estado frotando las manos, sabedor que sigue creciendo y que su peso político, supere o no al PP, vale oro. 

¿Y la izquierda? Sin contar el PSOE, Más Madrid fue en 2019 una apuesta de Íñigo Errejón, con el apoyo de Manuela Carmena, que dividió a la  izquierda, pues con su actitud se desgajó del proyecto unitario de 2015 que aupó a la propia Carmena a la alcaldía de Madrid y estuvo a punto de conseguirlo en la Comunidad. En 2019, sin embargo, compitieron en las elecciones de la comunidad dentro de ese espacio dos grupos: Más Madrid y Unidas Podemos, cuya división desmovilizó a parte del electorado. Peor fue la cosa en la capital, donde Carmena acabó derrotada y la candidatura liderada por Carlos Sánchez Mato, impulsada por IU y tímidamente apoyada por Podemos, no consiguió representación.

Madrid no es una plaza cualquiera, como ya he señalado. Con la presencia de Iglesias las elecciones madrileñas cobran altura. Hasta ahora han estado compitiendo en ese escenario actores políticos de segunda fila. Pero por el peso que tiene en sí misma y por lo que representan quienes van a ser sus principales contendientes, la cosa puede cambiar. Ayuso, como la líder de facto de la derecha, e Iglesias, como un acicate de primer orden para conseguir que la izquierda sea capaz de ganar a la derecha. 

Se está hablando de una candidatura unitaria en la izquierda. Ignoro qué ocurrirá, pero lo iremos viendo. Por de pronto, el propio Más Madrid sufrió hace unas semanas la salida de una parte de sus representantes institucionales, afines a Carmena. De no llevarse a término una candidatura unitaria, la presencia de Iglesias no sólo evita el riesgo de no poder alcanzar el 5% necesario para obtener representación, sino que, ante todo, fortalece la opción por Unidas Podemos como principal referente de resistencia frente a la derecha. 

En todo caso, no olvidemos dos cosas: el PP, hasta ahora con la ayuda de Ciudadanos, y Vox, la expresión del fascismo de nuevo tipo, son lo que mejor representan el proyecto político neoliberal y retrógrado. Impedir que se expanda por el resto del país, y menos en el marco del conjunto del estado, debe ser una prioridad.                 

sábado, 13 de marzo de 2021

Barbate está presente en el portal La Memoria Histórica en La Janda

A principios de este año se abrió el portal electrónico La Memoria Histórica en La Janda. Se trata de  un proyecto que está vinculado a la Mancomunidad de Municipios de la Comarca de La Janda y que pretende, como se indica en su presentación, "recuperar y escribir esa parte de la historia que está por escribir y darla a conocer sin remover nada, más allá de la tierra donde estén enterradas sus víctimas. No se trata de señalar a nadie, sino de ofrecer a los familiares de las víctimas los restos e historias de sus padres y abuelos". 

Para su puesta en funcionamiento cuenta con equipo de personas dedicado a su coordinación y confección, quienes, a su vez, gozan de la colaboración de asociaciones memorialistas, historiadores e historiadoras, y hasta familiares de personas que de una forma y otra conocieron los rigores de la represión. 

Su contenido abarca diversos periodos históricos, que van de la Segunda República hasta la Transición, con especial atención a la Guerra Civil y la dictadura franquista. Aunque no se pierde la perspectiva del conjunto de municipios de la comarca, la información ofrecida se basa principalmente en lo que se aporta desde cada uno de ellos. La excepción ha sido Vejer de la Frontera, cuyo gobierno municipal ha declinado participar en la iniciativa. 

Entre los objetivos del proyecto se encuentra el acceso por parte de la gente a los lugares de la memoria, que están repartidos a lo largo y ancho de la geografía jandeña, y contienen en bastantes casos, junto al recuerdo de lo ocurrido, monumentos, placas conmemorativas, fotografías, etc., en los que se rememoran episodios y personajes diversos. Se trata de un acceso que no se reduce sólo a la visita del portal electrónico, sino que invita a hacerlo in situ. 

Hace unos meses fui invitado a colaborar en lo concerniente a Barbate, para lo que envié algunas fotografías, además de varios escritos. Hasta el momento  se han publicado tres, de corta extensión, que están referidos al "Asesinato de los hermanos Caro Marín", "El golpe militar en Barbate" y el "Bombardeo sobre La Chanca por el buque “Churruca”.

(Imagen: fotografía del entierro de Manuel Caro Marín en el cementerio de Barbate, asesinado por un pistolero falangista el 11-07-1936; su hermano Juan, que era el objetivo del atentado, falleció al día siguiente en un hospital de Cádiz donde fue trasladado; la fotografía fue cedida por familiares de las dos víctimas a Francisco Malia Sánchez). 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Lula, víctima de un entramado político-judicial corrupto, ha sido absuelto

El juez Edson Fachin, del Tribunal Supremo de Brasil, ha anulado las condenas por corrupción emitidas contra Lula da Silva. Es lo que se ha explicado a través de un comunicado por parte de su defensa: “La incompetencia del Tribunal Federal de Curitiba para juzgar las indebidas acusaciones formuladas contra el expresidente Lula ya fue denunciada por nosotros en el primer recurso que presentamos en este proceso, allá por el año 2016. Sosteníamos eso porque las absurdas acusaciones formuladas contra el expresidente por el ‘grupo de trabajo’ de Curitiba nunca probaron la más mínima relación con los hechos ilícitos que afectaron a Petrobras y que justificaron la competencia de la 13ª sala del Tribunal de primera instancia de Curitiba por el Pleno del Supremo Tribunal Federal en el juicio del auto 4.130”.

Como consecuencia inmediata, el juez Fachin ha decidido que se abra una nueva investigación, basándose en la supuesta parcialidad llevada a cabo por la Fiscalía y por el entonces juez Sergio Moro. Las acusaciones estaban relacionadas con el conocido como caso “Lava Jato”, en el que dicho juez, nombrado posteriormente ministro de Justicia e Interior por Jair Balsonaro,  actuó con la clara intencionalidad de acabar con la figura política de Lula y, de  una forma más concreta, evitar que pudiera presentarse a las elecciones de presidenciales de 2018. En ese momento  era el claro favorito, con unas previsiones de voto muy por encima de sus oponentes.

La operación judicial, iniciada en 2016, tuvo su complemento en la esfera político-parlamentaria de Brasil cuando en el mismo año se destituyó fraudulentamente a la presidenta Dilma Roousseff. Todas estas operaciones hay que inscribirlas en las nuevas modalidades de golpe de estado que han ido surgiendo en América Latina durante los últimos años. Con un menor protagonismo por parte del estamento militar, son ahora otros los actores que se erigen en cabeza de lanza. Entre ellos se encuentra el poder judicial, con integrantes capaces de hacer uso de falsas acusaciones. Es lo que se conoce con el término inglés de “lawfare”, ese neologismo –innecesario- que no tiene otro significado que el de guerra jurídica. Y para que surta un efecto mayor, se encuentra el papel de determinados medios de comunicación, ayudando a crear un clima apropiado entre la opinión pública para que las decisiones que se van tomando sean aceptadas.

En todos estos entramados permanecen otros actores, como es el caso de los aparatos del poder imperial de EEUU. Es lo que ha denunciado, en este caso concreto, la Internacional Progresista. Tal como publicó ayer la revista Contexto, la intervención estadounidense en el caso de corrupción “Lava Jato” y la condena al expresidente brasileño ha alcanzado niveles escandalosos. Y en ello ha jugado un papel importante el todopoderoso FBI.

Según se cuenta en la información facilitada por ese medio, “las conversaciones confidenciales entre sus fiscales, como Tessler y Dallagnol, y el juez Sergio Moro han revelado un nivel de connivencia que ha escandalizado incluso a lxs observadorxs más perspicaces”. A ello se añade que en el año 2017 “el fiscal general adjunto de Estados Unidos, Kenneth Blanco, se jactó en un evento del Atlantic Council de la colaboración informal (ilegal) con lxs fiscales brasileñxs en el caso de Lula, contándolo como una historia de éxito”. Incluso, dos años después, el departamento de Justicia de EEUU intentó sobornar al grupo de trabajo de “Lava Jato”, para lo que se ofreció la cantidad de 682 millones de dólares con el fin de que se creara una “fundación privada para luchar contra la corrupción”.

Y así estamos. Como nos ha recordado Atilio A. Boron, ya “lo afirmó ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, en 2016, uno de los más eminentes juristas de Brasil, Afrânio Silva Jardim, en el juicio a Lula[:] primero ‘seleccionaron al ‘criminal’ y ahora están buscándole el crimen’”.

No se sabe lo que puede ocurrir partir de ahora. De momento, se corrobora lo que se sospechaba. Y, claro está, sabemos más, que no es poco. 

martes, 9 de marzo de 2021

Un 8 de marzo vivo, pese al miedo y los ataques desde el fascismo y el antifeminismo

El fascismo, en cualquiera de sus modalidades, siempre ha sido antifeminista. Dentro de su modelo de sumisión de las mujeres, en los primeros momentos optó por relegar a las mujeres al hogar. En los años veinte un panfleto del partido nazi rezaba así: "La mujer en el trabajo es un ser oprimido y atormentado. Día tras día ella se sienta durante horas ante la máquina de escribir o con la hoja de taquigrafía en la mano... El nacionalsocialismo la devolverá a su verdadera profesión: la maternidad". Un mensaje que fue imitado en España, como hizo,  hizo, por ejemplo, una dirigente de la Sección Femenina cuando al poco de acabar la Guerra Civil proclamó: "Estamos aquí reunidas sólo para festejar nuestra victoria y honrar  a nuestros soldados. Porque la única misión que tienen asignada las mujeres  en la tarea de la Patria es el Hogar".

Han pasado varias décadas y las cosas han cambiado, pero no lo suficiente. Felizmente muchos derechos de las mujeres han ido reconociéndose en numerosos países, pero, a medida que se ha ido avanzando, el peso de la tradición patriarcal sigue presente y las resistencias desde ese sistema han tendido a redoblarse. En los últimos años estamos asistiendo a una contraofensiva desde los grupos de extrema derecha, el sustrato del nuevo fascismo, cuyo discurso ha puesto el foco en el feminismo y está haciendo mucho hincapié en la misoginia, la homofobia o la transfobia. Un discurso que niega que exista desigualdad entre las personas por razón de sexo y/o género, que no reconoce todo aquello que afecte a la autodeterminación de las personas acerca de su identidad y orientación sexual y que niega la existencia de la violencia que se ejerce contra las personas que se salen del marco del sistema y, de una forma más concreta, contra las mujeres. 

Es el mismo discurso, en fin, que en España puso la diana contra el movimiento feminista, culpándolo de la expansión del virus covid-19 tras las movilizaciones del 8 de marzo del año pasado. Su presión han sido tan insistente, que hasta el delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid prohibió este año todos los actos en la calle, aduciendo que eran un peligro para la salud pública y rechazando las medidas preventivas dispuestas por quienes convocaban los actos. Una decisión defendida desde las filas del PSOE, y que también ha sido respaldada por la administración de justicia y el propio Tribunal Constitucional. 

Esa presión ejercida desde el amplio espectro de la derecha, especialmente desde la más extrema, tiene unas claras connotaciones fascistas. Su carácter antidemocrático y antifeminista pretende ahora criminalizar a un movimiento que es por naturaleza liberador. De los numerosos actos que se suceden cada día por diversos motivos (deportivos, políticos, reivindicativos...), que solamente los organizados en Madrid para la ocasión del 8 de marzo hayan sido suspendidos por la autoridad gubernativa en Madrid, dice mucho de lo que se pretende contra el movimiento feminista. Desde sus enemigos y desde quienes se arrugan cuando la presión es fuerte.  

Ayer en Madrid el mural feminista de Ciudad Lineal fue objeto de un ataque. Señalado hace un par de meses por Vox, estuvo a punto de ser destruido por el Ayuntamiento con el apoyo de PP y Ciudadanos. Frenado el intento por la presión ciudadana, durante la noche de ayer acabó siendo pasto de unos brochazos negros que lo han tapado. Más que curiosamente, durante la misma mañana una conocida dirigente de Vox, Macarena Olona, publicó un mensaje en una red social en estos términos: "Frente a su sectarismo, nuestra brocha".  

Una huella más, de las tantas, del fascismo.    

lunes, 8 de marzo de 2021

Las inseparables, de Simone de Beauvoir

Hace un par de semanas leí la novela 
de Simone de Beauvoir Las inseparables (Barcelona, Lumen, 2020). No ha sido la primera obra literaria de la autora, pues años atrás ya lo había hecho con La mujer rota (Barcelona, Público, 2009), Los mandarines (Buenos Aires, Sudamericana, 1960) y Las bellas imágenes (Barcelona, Salvat, 1995). Incluyo otros dos títulos, especialmente el primero de ellos, a los que no les falta su carácter literario, pues son considerados en ocasiones como memorias: La ceremonia del adiós y Conversaciones con Jean-Paul Sartre (Barcelona, Edhasa, 1982).

La publicación de Las inseparables es reciente. Fue escrita en 1954, pero no se publicó en vida de la autora. Quizás por pudor, por respeto al entorno familiar de la segunda de la protagonistas. Ha sido su hija adoptiva Sylvie Le Bon de Beauvoir quien ha decidido finamente que podamos leer la obra que había quedado oculta. Gracias a ella, además, podemos conocer la intrahistoria que rodea a la obra, así como la relación real que mantuvieron las dos protagonistas: la propia Simone de Beauvoir y Élisabeth Lacoin, a quien llamaban familiarmente con el apelativo de Zaza. Nos lo explica en su breve Epílogo y lo completa en el apéndice documental que le sigue. 

Según Sylvie Le Bon de Beauvoir, cuatro han sido las referencias literarias que Simone de Beauvoir dedicó a su amiga, incluyendo la novela que nos ocupa. Referencias explícitas o mediante personajes con nombres traspuestos. Lo hizo en Cuando predomina lo espiritual (1935-37) y en Memorias de una joven formal (1958), y también en Los mandarines (1954), aunque aquí acabó suprimiendo el pasaje correspondiente donde aparecía. 

En el caso de Las inseparables, Élisabeth es Andrée Gallard y la propia Simone toma el nombre de Sylvie Lepage, quien, a su vez, es la narradora. Nos cuenta la historia de una amistad real que se inició cuando eran niñas y se mantuvo hasta la muerte inesperada y temprana de Élisabeth a los 22 años de edad. Una historia en la que la autora lleva a cabo un juego de trasposiciones, que complica en la breve dedicatoria inicial cuando al final escribe: " (...) esta no es de verdad su historia, sino solo una historia inspirada en nosotras. Usted no era Andrée y yo no soy esa Sylvie que habla en nombre mío". 

Compañeras de colegio desde los nueve años y atraídas mutuamente por una  madurez precoz, pronto acaban trabando una fuerte amistad. Las dos pertenecen a familias de clase media, donde el catolicismo juega un papel importante, y, a la vez, son excelentes estudiantes. En el caso de Andrée, sin embargo, la presencia de la religión es más agobiante, mientras que Sylvie poco a poco la va dejando de lado. Y también está la madre, que en su día fue obligada a casarse sin amor y  que no para de ejercer una fuerte influencia sobre sus hijas, hasta el punto de ir decidiendo acerca de sus futuros. Llega incluso a utilizar a Sylvie para conseguir que Andrée se aleje de su primer novio, Bernard, por no considerarlo conveniente. Y luego hace lo posible para alejarla a  ella misma de Andrée, por considerar dañina su amistad. 

Ya en la Universidad, consiguen recuperar más tiempo para cultivar su amistad. Conocen a Pascal Blondel, un personaje de ficción que se corresponde con otro real: Maurice Merlau-Ponty. Es con él con quien Andrée establece una relación amorosa, a la que la madre no se opone, pero que quiere asegurarse de que va en serio. Y por ello, como prueba,  proyecta enviarla durante dos años a Inglaterra. Pero Pascal también está atrapado: por su familia, desde la que se espera que en poco tiempo consiga una posición acorde a los estudios, y por la religión, pues es un católico practicante. En pleno dilema, Pascal le confiesa a Sylvie: "Vivir la intimidad del noviazgo no les resulta fácil a los cristianos. Andrée es una mujer de verdad, una mujer de carne. Aun cuando no cedamos a las tentaciones, seguramente estarán presentes en todo momento: esa clase de obsesión es un pecado en sí".

Y es así como se llega al desenlace, cuando Andrée enferma y acaba muriendo. En la realidad Élisabeth falleció de encefalitis vírica. Pero, tal como refiere Sylvie Le Bon de Beauvoir, "Zaza murió porque intentó ser ella misma y porque la convencieron de que esa pretensión era algo malo. En la burguesía católica militante en que nació (...), el deber de una chica consistía en olvidarse de sí misma". 

En el mismo sentido, aunque con otras palabras, es lo que Simone de Beauvoir pone en boca de Sylvie, cuando, antes de caer enferma su amiga, le contesta a Pascal: "¡Pobre Andrée! Todos quieren salvarla. ¡Y ella lo que quiere es ser un poco feliz en este mundo!". Para, ya al final de la novela, concluir de esta manera: "La tumba estaba cubierta de flores blancas. Comprendí confusamente que Andrée había muerto asfixiada por esa blancura. Antes de coger el tren, puse encima de los ramos inmaculados tres rosas rojas". 

domingo, 7 de marzo de 2021

El 8 de marzo, con las mujeres y el feminismo

 

Las  autoras de las imágenes (de izquierda a derecha y de arriba a abajo) son de las siguientes artistas: Ana Juan (España), “Mujeres que no callan”; Tamara Natalie Madden (Jamaica), “Esperanza”; Michèle Magema (República Democrática del Congo, “El tríptico Delacroix”); Sonia Pulido (España), “Marcha”; Judy Baca (EEUU), “Levantamiento de mujeres”; Diana Dowek (Argentina), “Madres de la Plaza de Mayo”.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Fue en Vitoria, el 3 de marzo de 1976

 
Ya había muerto el dictador y en su lugar, como jefe del Estado, se encontraba Juan Carlos I, que había asumido el cargo el 22 de noviembre pasado en una "hora cargada de emoción y esperanza". Al frente del gobierno seguía Carlos Arias Navarro, apodado "el Carnicerito de Málaga", y tenía como responsable de Gobernación a Manuel Fraga Iribarne, que no dudó en airear, para que se oyera, eso de que "¡La calle es mía!". Una forma de decir que no quería manifestaciones, ni huelgas, ni aquello que sonase a subversión contra el régimen. 

Pero 1976, muy a su pesar, comenzó lleno de movilizaciones por doquier. Desde los grupos de oposición se apretaba para forzar el derrocamiento del gobierno y, con ello, de la dictadura, que estaba encubierta en esos momentos con el inicio de lo que empezaron a denominar con el término de reforma. La población, a su vez, sufría los efectos de la crisis económica que llevaba haciendo estragos en forma de inflación y paro, agravada en nuestro país por el déficit en los salarios, los servicios públicos y la protección social. Por eso  estaban hirviendo las fábricas, los barrios, el campo, las universidades..., clamando cosas como libertad, amnistía, justicia o democracia. La respuesta del gobierno, con los Arias y Fraga al frente, fue la de cerrarse en banda y reprimir con dureza lo que se movía. 

Como en tantos otros lugares de Cataluña, el País Vasco, Madrid, Andalucía y demás territorios, eso fue lo que ocurrió en Vitoria el 3 de marzo. Pero con mayor crueldad y, si cabe, maldad. Porque ese día murieron tres jóvenes trabajadores, cuyo número ascendió a cinco en los siguientes, víctimas directas de la Policía Armada, los "grises" de entonces, que dispararon sin piedad a quienes salían de una iglesia, la de San Francisco de Asís, en la que habían celebrado una asamblea. Fue en Vitoria, una ciudad donde una buena parte de sus habitantes llevaban varios días en huelga general, luchando por mejorar sus condiciones de vida y buscando el aire necesario que les permitiera vivir en libertad.

Eran tiempos en los que la Iglesia Católica tenía en su seno a curas que daban cumplimiento a esa bienaventuranza que se refiere a quienes "tienen hambre y sed de justicia". O que miraban con vergüenza hacia el pasado para hacer un examen de conciencia sobre el papel que la institución a la que pertenecían y sus guardianes habían jugado junto a quienes ostentaban el poder del dinero y de la espada. 

Ese 3 de marzo cinco fueron las vidas segadas por el fascismo, entre las que estaba ese joven de 17 años al que Lluis Llach lloró en su canto, Campanades a morts,  con estos versos:

Disset anys només
i tu tan vell;
gelós de la llum dels seus ulls,
has volgut tancar ses parpelles.
Però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

[Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
celoso de la luz de sus ojos
has querido cerrar sus párpados
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.]

Salamanca no se vio exenta de conflictividad como en otros lugares del país, teniendo la Universidad como principal foco de las protestas. Uno o dos días después de ese 3 de marzo la iglesia salmantina de San Martín, contigua a la Plaza Mayor, fue escenario de una misa por esas víctimas. Llena, a rebosar, quienes asistimos queríamos dejar constancia de nuestro dolor. El cura oficiante, don Andrés Fuentes, tenía fama de haberse mostrado díscolo contra el régimen en algunas de sus homilías, lo que le llevó a ser reprendido públicamente desde los sectores más retrógrados de la ciudad e incluso ser multado por la autoridad gubernativa. Quizás ésa fuese la razón por la que se eligió su iglesia como lugar de celebración del funeral.

A su término se inició una manifestación silenciosa que cruzó la Plaza Mayor y fue descendiendo por la calle Toro. Pero al poco ese silencio se vio interrumpido por el sonido de las sirenas de los coches policiales. La dispersión subsiguiente estuvo acompañada de gritos como "¡Amnistía, libertad!" o "¡Disolución de los cuerpos represivos!".

Ya a final del mes, en el número 35 de El Correo del el Pueblo, que era el periódico del PTE, apareció un dibujo hecho por un adolescente de 13 años, dedicado a los sucesos de Vitoria. Tanto me llamó la atención, que fue lo que me inspiró de inmediato el dibujo con el que se abre esta entrada.

martes, 2 de marzo de 2021

En apoyo del historiador Fernando Mikelarena

El historiador navarro Fernando Mikelarena está siendo acosado y amenazado. Su culpa: haber escrito el libro La [des]memoria de los vencedores. Jaime del Burgo, Rafael García Serrano y la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz en el que aparece, entre tantos nombres de vencedores de la guerra española del 36-39, el de Jaime del Burgo Torres. 

Recordemos: Pamplona, capital de Navarra, el epicentro de la sublevación militar contra la IIª República, que tuvo al frente al general Emilio Mola, autodenominado como "el Director", y que contó con el apoyo entusiasta del carlismo y sus milicias de los Requetés.  

El personaje motivo de polémica 

¿Quién fue Jaime del Burgo Torres? En primer lugar, uno de los jefes carlistas de Navarra en el momento del golpe militar de julio de 1936, que llegó a ocupar la jefatura interina de los Requetés de esa provincia entre el 17 de octubre y el 3 de noviembre de ese mismo año. Un periodo muy breve, en efecto, pero que coincidió con un hecho cargado de crueldad: los asesinatos de 64 personas en Tafalla, que fueron llevados a cabo por un grupo de requetés el día 21 de octubre. Un episodio más de la represión fascista, que se ha cuantificado, sólo en número de víctimas mortales, en más de 3.000*. 

Luego, con el paso del tiempo, Del Burgo Torres ocupó numerosos cargos institucionales, casi todos en la órbita navarra y de carácter cultural. A la vez, escribió algunas obras de historia y literatura, lo que le llevó a ser nombrado miembro de la Real Academia de la Historia o recibir en 1967 el Premio Nacional de Literatura. Sin olvidar que fue uno de "los intérpretes de la historia y de la personalidad de Navarra desde la perspectiva de la ideología que triunfó a la sombra de Franco"**.

La querella de un familiar

A la familia de quien fuera un destacado dirigente carlista -antes, durante y después de la guerra-, no le ha gustado el contenido del libro de Fernando Mikelarena. Las revelaciones que contiene y las referencias que se hacen sobre su persona, pese a tener el respaldo documental correspondiente, ha llevado a que uno de sus nietos, Arturo del Burgo Azpíroz, haya interpuesto una querella criminal contra el historiador, por entender que existe un delito de injurias y calumnias.

Sorprende en parte lo que está ocurriendo ya entrado el año 2021, pues el libro se publicó en 2019, además de constituir la última de las entregas de una trilogía dedicada a la historia de la represión en Navarra. Con anterioridad ya habían salido Sin Piedad (2015) y Muertes Oscuras (2017). 

Pero esa actitud no es nueva en la familia Del Burgo. Hace pocos años, en 2016, fue Jaime Ignacio del Burgo, famoso por haber jugado un papel político relevante en Navarra desde la Transición (primero en UPN y luego en el PP), el que ya exigió a quienes organizaron una exposición sobre la represión fascista en Navarra que retiraran la alusión que se hizo sobre su padre como uno de los jefes del golpe y uno de los responsables de lo que vino después. En su escrito expresó cosas como éstas: "es absolutamente falsa y contraria a la verdad histórica la idea (...) de que la sublevación del 19 de julio  en Pamplona y la posterior represión fue responsabilidad de los 'requetés carlistas de Del Burgo'"***.  Sí, palabras de  Jaime Ignacio, hijo de Jaime y padre de Arturo.  

Solidaridad con el historiador

Y la tal querella, como es de suponer, ha hecho que se haya abierto un movimiento de apoyo al historiador que la ha sufrido. Numerosos están siendo los artículos publicados en distintos medios de comunicación que lo han puesto de manifiesto. Entre ellos, por ejemplo, se encuentra el firmado por Víctor Moreno, publicado el pasado 23 de febrero en el diario digital Nueva Tribuna, y cuyo título es "Jaime del Burgo Torres, de Jefe de Requetés a censor franquista". Leerlo ayuda a entender las claves de lo que está sucediendo, porque sintetiza la trayectoria política del personaje en cuestión, lo que ilustra y argumenta a través de diversas publicaciones de la época. En el mismo diario, tres días más tarde, apareció otro artículo, titulado "El historiador Fernando Mikelarena, ni calumnia ni injuria", esta vez firmado por varios componentes del Ateneo Basilio Lacort. Aunque abunda sobre el papel que jugó Del Burgo en el seno de la sublevación del 36 y lo que vino después, al final se hace una apreciación que resulta de gran importancia:  

"Fernando Mikelarena, tanto en su libro Sin Piedad como en La (des)memoria de los vencedores, no acusa a Del Burgo del hecho, ni de estar presente en la matanza, ni de haberla decidido. Pero sí plantea una hipótesis aterradora que ha quedado solapada y sin responder por parte de la historiografía, y es la siguiente: dada la simultaneidad en el ejercicio de la jefatura de requetés durante esa fecha, 21 de octubre, y la brutal carnicería llevada a cabo, ¿es lógico que el jefe de requetés no tuviera conocimiento del hecho?".

Un manifiesto con más de 300 adhesiones 

Dentro del movimiento de solidaridad ha aparecido también el "Manifiesto contra la judicialización de la investigación histórica", que ha sido firmado firmado por más de 300 historiadoras e historiadores. Se expresa en los siguientes términos:

"Mostramos nuestra solidaridad con Fernando Mikelarena, historiador de larga trayectoria.
Consideramos que las investigaciones históricas no merecen otro juicio que el de la historiografía, es decir, la valoración rigurosa sobre el aparato crítico utilizado en ellas y la ponderación de las conclusiones que en ellas se vierten.
Rechazamos la judicialización del quehacer historiográfico cuando los hechos investigados por Mikelarena se produjeron hace 85 años. No es un caso aislado. En días pasados se ha conocido que el gobierno polaco ha condenado a dos prestigiosos historiadores por sus investigaciones en torno al Holocausto. Este es un camino peligroso para la libertad intelectual.
Defendemos la libertad de investigación sobre los periodos más oscuros de la historia contemporánea, suficientemente dificultada ya por la ocultación y destrucción de fuentes históricas por parte de quienes manejaron los resortes de poder durante décadas.
Defendemos el derecho que la sociedad tiene a conocer cómo se gestó la violencia de los sublevados en 1936 y quiénes fueron sus responsables.
Por todo ello, confiamos en que la citada querella criminal sea retirada o, en su defecto, sea desestimada”. 

Hacer historia, ésa es la cuestión

El propio Mikelarena puso el dedo en la llaga a finales de 2019, después de que saliera a la luz su último libro. Sin que todavía hubiera recibido la amenaza de la querella, declaró lo siguiente en el Diario de Noticias: "Todavía estamos presos de la violencia simbólica y de la hegemonía cultural de la derecha". 

Esperemos que esa hegemonía no se traduzca en una condena judicial, para, así, no tener que pensar que el mundo de la administración de justicia, el tercer poder del estado, sigue dando muestras de lo que no debe.

Investigar sobre el pasado, para aproximarnos a la verdad de lo ocurrido, suele provocar reacciones contrarias entre quienes, en el caso que nos ocupa, se sienten aludidos. Y es que siguen teniendo poder. Demasiado poder.  

Notas

* Miguel M. Ariztegi, "Sorprende el volumen de la represión franquista en Navarra", entrevista a Emilio Majuelo Gil, elDiario.es, 15-04-2018 (https://www.eldiario.es/navarra/ultimas-noticias/sorprende-volumen-represion-navarra_128_2171690.html).
** Floren Aoiz Monreal, "El retorno de lo reprimido. Notas para la biografía a mala leche de Jaime Ignacio del Burgo"; en Florez Aoiz, Jose Mari Esparza y Patxi Zabaleta, Tres tristes trileros. Franquismo, transición y territorialidad (Tafalla, Txalaparta, 2016). 
*** Ibidem.