sábado, 9 de octubre de 2021

Poesía dedicada a Ernesto Guevara, más conocido como "el Che"


Fue un 9 de octubre, el del año 1967, cuando murió Ernesto Guevara, más conocido como "el Che". Ejecutado, más bien. Después de haber sido herido y apresado cuando intentaba crear un foco guerrillero en la selva de Bolivia, alguien (¿quién fue el primero antes del último?) decidió que debía ser ejecutado. Le tocó hacerlo a un pobre sargento, a quien el propio Che tuvo que animarlo: "apunte bien, va usted a matar un hombre". Con él estamos ante un hombre real y un mito. Una de las figuras más reconocibles en el mundo. Capaz de acaparar admiración y lo contrario. Es lo que tienen las revoluciones y sus protagonistas.

El mundo de la poesía ha estado presente desde su muerte. Su trayectoria vital y la forma como acabó su vida invitan a ello. Dejo para ello 28 poemas, cuya lectura estoy seguro que llegará a los corazones. 



Ernesto Guevara

Te conocí de niño
allá en el campo aquel de Córdoba argentina,
jugando entre los álamos y los maizales,
las vacas de las viejas quintas, los peones...
No te vi más hasta que supe un día
que eras la luz ensangrentada,
esa estrella
que hay que mirar a cada instante
para saber en dónde nos hallamos.

(Rafael Alberti).


Biografía

Ahora estaría usted parado frente
a un ventanal de vidrio
dirigiendo el Ministerio de la Industria,
o hablando en Argelia a los pueblos africanos,
o recorriendo América
en una motocicleta,
o pateando el fútbol en una pequeña cancha
de colegio,
o en medio del famoso óleo
aprendiendo la lección de anatomía.

Desde hace no sé qué tiempo
su fantasma recorre América,
estremece las tablas de esta casa,
mientras la lluvia encharca el jardín.

Que todos digan que le han muerto,
porque a un fantasma no se mata fácilmente
y quien descubra el cadáver
es que no tiene fe.

(Belkis Cuza Malé).


Canción antigua a Che Guevara

—¿Dónde estás, caballero Bayardo,
caballero sin miedo y sin tacha?
—En el viento, señora, en la racha
que aciclona la llama en que ardo.
—¿Dónde estás, caballero gallardo,
caballero sin tacha y sin miedo?
—En la flor que a mi vida concedo:
en el cardo, señora, en el cardo.
—¿Dónde estás, caballero seguro,
caballero del cierto destino?
—Con la espada aclarando camino
al futuro, señora, al futuro.
—¿Dónde estás, caballero el más puro,
caballero el mejor caballero?
—Encendiendo el hachón guerrillero
en lo oscuro, señora, en lo oscuro.
—¿Dónde estás, caballero el más fuerte,
caballero del alba encendida?
—En la sangre, en el polvo, en la herida,
en la muerte, señora, en la muerte.
—¿Dónde estás, caballero ya inerte,
caballero ya inmóvil y andante?
—En aquel que haga suyo mi guante
y mi suerte, señora, mi suerte.
—¿Dónde estás, caballero de gloria,
caballero entre tantos primero?
—Hecho saga en la muerte que muero:
hecho historia, señora, hecho historia.

(Mirta Aguirre).


Che

Delimito palabras
sangre/mártir/ patria o muerte/
hasta la victoria siempre/guerrillero:
                                                    Che
            (me digo que es bien inútil
            eso de loar a los muertos)
            viscosas texturas
            hermosas flores pintadas
            (por un momento causa repulsión)

en Bolivia te hunden en un hoyo
y quieren convertirte en polvo
                                            Che
sin ver que eres agua
                                (me digo que es bien inútil)
(quizás no)
escalofríos emocionales
minan distancias
se convierten en certidumbres delatadas

Che
tiernamente hilo
las palabras difíciles
la esperanza

(Josefa Contijoch).


Che 1997

Lo han cubierto/ de afiches de pancartas
de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo

lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada

han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o satanás 

y quizás han resuelto que la única forma
de desprenderse de él
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado

sin embargo los ojos incerrables del che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mundo
no entienda que treinta años después sigue bregando dulce     
                                     / y tenaz por la dicha del hombre.

(Mario Benedetti).


Che comandante

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos,
Che Comandante,
amigo.

Con sus dientes de júbilo
Norteamérica ríe. Mas de pronto
revuélvese en su lecho
de dólares. Se le cuaja
la risa en una máscara,
y tu gran cuerpo de metal
sube, se disemina
en las guerrillas como tábanos,
y tu ancho nombre herido por soldados
ilumina la noche americana
como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.
Tú lo sabías, Guevara,
pero no lo dijiste por modestia,
or no hablar de ti mismo.
Che Comandante,
amigo.

Estás en todas partes. En el indio
echo de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
e la banana, y en la gran pampa de las pieles
y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante,
amigo.

Cuba te sabe de memoria. Rostro
de barbas que clarean. Y marfil
aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar,
que manda compañera, ordena amiga,
tierna y dura de jefe camarada.
Te vemos cada día ministro,
cada día de soldado, cada día
gente llana y difícil
cada día.
Y puro como un niño
o como un hombre puro,
Che Comandante,
amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña.
El de la selva, como antes
fue el de la Sierra. Semidesnudo
el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa.
No hay descanso.

¡Salud, Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
amigo.

(Nicolás Guillén).


Digo que no murió…

Digo que no murió
yo no lo creo
-no lo dejaron ver por el hermano
y tantas otras cosas-
y además,
cómo morirse el Che
cuando quedaba tanta tarea por hacer
cuando tenía que recorrer la América Latina
hermoso como un rayo incendiándola
como un rayo de amor,
destruyendo y creando,
destruyendo y creando como en Cuba.
Qué iba a morirse el Che, qué va a morirse.
Pero esa foto atroz…aquella bota,
como partía el alma aquella bota
la sucia bota y norteamericana
señalando la herida con desprecio.
No hay que creerlo. Hubo tantas contradicciones
-no lo dejaron ver por su hermano-
y lo dieron por muerto tantas veces.
¡Qué iba a morirse el Che!

(Idea Vilariño).


El credo del Che
 
El Che Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza
desapareciera con el viento
En vista de lo cual no le ha quedado al Che otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.

(Roque Dalton).


El gran relincho
(The most beautiful neigh of the world)

La gente suele decir, los americanos,
los norte-americanos suelen decir:
León Felipe es un “Don Quijote”.
No tanto, gentleman, no tanto.
Sostengo al héroe nada más…
y sí, puedo decir:
que yo soy Rocinante.
No soy el héroe
pero lo llevo sobre el magro espinazo de mis huesos…
y le oigo respirar…
y he aprendido a respirar como él…
y a injuriar
y a blasfemar
y a maldecir
y a relinchar.
A mí me gusta mucho relinchar.
“¡Oh, hi-de-putas!... estos malos encantadores
que me persiguen”.

Cómo es aquel relincho, americanos?
Aquel que empieza:
¡¡Justi-í-í-í-í-cia!!
Aquí el acento cae sobre la í,
muy agudo y sostenido
como un vibrante y estridente cornetín:
¡¡Justi-í-í-í-í-cia!!
¡Qué bonito relincho!

A Rocinante le gusta mucho relinchar.
Y a mí también me gusta mucho relinchar.
Tenéis que aprender, americanos.
Venid, vamos a relinchar ahora,
ahora mismo todos juntos,
desde el capitolio de Washington…
fuerte, fuerte, FUERTE…
hasta que el relincho llegue a Vietnam
y lo oigan todos los vietnamitas
y a Cuba también
y lo oigan todos los cubanos,
como el cornetín
de la gran victoria universal,
hasta que lo oigan los hombres todos de la Tierra
como el cese definitivo de todas las hostilidades del planeta.
 ¡¡Justi-í-í-í-í-cia!!¡Oh, qué hermoso relincho!
The most beautiful neigh of the world.

(León Felipe).


En Bolivia…

En Bolivia  y en ti, y no en la muerte,
pensamos, capitán. Hubo silencio
una noche no más. Hirvió el acero
otra vez hasta el fin. Y vino el día.
y todo el mundo se llamaba Ernesto.

(Antonio Gamoneda).


En la muerte de Ernesto Che Guevara
(Requiem)

Entonces dirá el Rey a tos que están a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación de! mundo,
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui huésped y me recogisteis,
Desnudo y me cubristeis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a mí.
Entonces los justos me responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos? ¿O sediento y te dimos de beber?
¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y respondiendo el Rey les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.
(San Mateo, 25,34-40).

A Paco Chavarry

Recuerdo su voz velada sin alarde después de la batalla de Santa Clara. Parco, suave, inflexible. Provocaba el respeto, no el amor.
Cuando bajó de la Sierra por pertrechos víveres, el jefe de la fábrica le ofreció su cama mullida.
"Yo no puedo dormir sobre un colchón mientras mis soldados tintan allá arriba”, dijo.
Dividió así a los hombres en dos bandos: los que pueden dormir sobre un colchón mientras los otros padecen y los que no pueden hacerlo.
Solo esto sabía y, por eso, hablaba poco.

De un soplo de humo irónico de su tabaco aspirado, confidente de campo, borraba todas las consignas de la poesía comprometida.
Hombres comprometidos quería, guerreros silenciosos.
En los congresos, alojados en hoteles de lujo,
discutían, comían, gentes de toda trazar hirsutos a posteriori, rebeldes de la indumentaria, guerrilleros de la sobremesa, firmantes de la valiente proclama escrita en país ya liberado, desde luego, por otros. Pero en el silencio del valle, solo unos pocos hombres. Solos, muertos sin nombre, raíces de la ceiba.

Las palabras no eran tu fuerte. Cuando dijiste que era preciso convertirse en una fría maquinado matar, retrocedimos espantados.

El respeto se convirtió en recelo; todo se volvió aún más confuso.

Te recordé, sermón nuestro de la montaña, piedra de fundación, acta de Montecristi,
donde la respuesta al enemigo brutal no fue el odio que nos hace semejantes a él sino el amor.
no la oscura venganza sino la alta justicia, serenamente armada,
pues así como el templo en la montaña, el amor ha de estar en la cima del monte.

Te guardaba rencor por no poder seguirte,
por no abrazar tu causa, que era la más segura,
puesto que era la causa de los más desdichados.

El ungüento derramado a sus pies era el que había que dar a los pobres, no otro.
Una cosa o la otra, y no las dos a un tiempo, o aquí o allí, o con Él o con nosotros, o lo niegas o quedas fuera del proceso, al margen de la marcha,
confundido con los malhechores, como Él estuvo confundido con malhechores, y aún indignos de esto,
o cara o cruz, sobre sus vestiduras echaron suertes,
al pie de la cruz la apuesta de los soldados: uno gana. otro pierde,
o Él o nosotros, ese trueque imposible, ese planteamiento feroz, esa desgarradura, en nombre de los suyos, borrarlo de los vivos,
poner en su cabeza el rótulo de una causa que no era aquella por la que estaba muriendo en el madero.

Entonces llegó la noticia. Los cables anunciando tu muerte en un encuentro oscuro. en un rincón del bosque americano.
Entonces llegaron las borrosas fotografías, temblando sobre el periódico, en que tantas veces había aparecido ese rostro en su firmeza.
No era la muerte a pleno sol. la muerte del guerrero rodeado de su tierra y sus hombres, a quien rapta la gloria,
no era la plenitud del coraje, cuando e! avión amenaza y se puede recordar todavía un cuento de Jack London.
sino la muerte sórdida, la soledad implacable del cuarto en que solo se espera ser ultimado,
y lo más terrible no es la propia muerte sino afrontar lo escueto de esas paredes, las frías caras asesinas.

Entonces vimos la foto increíble: los ojos estaban semiabiertos entre la muerte y la vida, indefenso como un convaleciente,
el torso inclinado, el pecho levemente hundido. musitaban palabras conmovedoras, desarmadas, que convencían.
recordaba uno de esos descendimientos entrevistos en algún lienzo olvidado:
Cristo bajado de la cruz. sostenido por las piadosas mujeres,
la misma lividez lunar de muerte, el mismo despojo de las ropas del dejado a puro pecho.
el mismo desconocimiento de los suyos, el mismo reconocer cuando ya no hay tiempo y ha partido.

Remóntate, melodía del corazón, a los valles de Calchaquíes y los Andes, salta, bicicleta agreste, los pedruscos. los caminos de Mendoza y de Salta. Jujuy. La Rioja
mira a estos jóvenes estudiantes con cara de polizontes, recorrer palmo a palmo la tierra americana,
en barco mercante, en lancha, a pie, en tren en marcha huyendo.
Míralos realizar todos los oficios del hombre,
transportadores de mercancías, hombreadores de balsas, fregadores de platos,
disfrazados de aventureros, de deportistas, de mendigos,
mira al mayor de fotógrafo, ambulante en México,
fijando en la placa implacable los rostros más humildes, los anónimos rostros de su pueblo,
mira al menudo negociante que en realidad estaba reconociendo la tierra y los hombres por los que iba a morir.

Habrá que creer si los leprosos construyen la balsa para recorrer el Amazonas y llegar a Leticia.
Habrá que creer en el destino de aquel a quien los leprosos construyeron la balsa.
Los que nadie quiere tocar, puede tocar, sin hacerse uno de ellos.
Por una vez recibieron no la compasión sino el juego y la risa que distraen la miseria.
Habrá que creer en el impulsado por la barca que construyeron los pobres.
Habrá que creer en aquel que no cuenta sino con las bendiciones de los pobres para emprender un azaroso viaje.
Habrá que creer en el viaje, si solo los llagados estaban en la orilla para decir adiós.
Avanza, pequeña balsa, por los ríos americanos! Sean benignos, aires!
Signo del que porta un dios! No ser reconocido. Ah cena de Enmaús! Ah, vergüenza. Ah, ofuscadora vida!

Rotos de Chile, cholos de Perú, indios que avanzan con la casa a cuestas, niños que parecen ya ancianos,
ni ¡a bien ganada paz, ni siquiera e! rostro de la gloría, hubiera podido hacerle olvidar vuestros rostros.
Ah, soledad de la selva que anonada y distancia los primeros propósitos, las bellas arengas que en la paz exaltaron,
cuando el insecto más pequeño que penetra en la oreja oscurece de pronto el mismo sol de la justicia!
Ese silencio era el de la agonía.
Este oficio flojo de escribir, este pasar la vida toda por el pulso, más batiente que el corazón, de la mano auscultadora!
Cesó de oírse el latido distante.
El oro centelleó, callaron las palabras.
El nombre que musita en silencio el corazón de cada cosa, donde ella se distingue de las otras y es reconocida,
las palabras que no eran palabras sino el secreto mismo de la vida,
callaron avergonzadas, como la madre hace
callar al pequeño en el día de duelo.

Así el rayo interrumpe la conversación apacible y deja ver en las nubes un fragmento de la verdad, una claridad desgarrada que enseguida huye.
Todos sabían lo que había que hacer, pero el llamado era de una dureza irresistible.
Nadie podía llegar a esa raíz en que están solos el sufrimiento y la cólera, el amor indefenso y el sacrificio,
las raíces del dolor que son las mismas raíces de la gloría.
Dulce cosa es el amor, la voz del hijo pequeño cuando pregunta, los cálidos hogares a la hora en que humea el fogón y empiezan a encenderse las primeras luces.
Despedirse es morir. Pésese en el diamante la estatura de ese adiós.
Vasto es el pecho del que parte a compartir la suerte de los más desamparados
y a quien desamparar el propio hogar lacera solamente “una parte” de su espíritu.
Véanse los retratos de familia, el destino que le estaba preparado.
Un profesional, un médico honorable que muere sin enemigos en su casa rodeada del respeto de todos.
Míreselo hundir las botas en el fango, entrar a las entrañas de la res, lo real, escoger lo más arduo.
Ver morir a los mejores, los más limpios hundidos en la hez y el hedor insoportables.

Duro es escoger, frente a la inocencia que no se mancha, la inocencia que se mancha.
Más duro que morir, ser puro y soportar darle la muerte a otros.
Duro es el amor, la piedad fácil. Duro herir por amor. Ah, pecho de los fuertes!

La “fría máquina de matar”, anotaba con letra menuda los cumpleaños de sus amigos en el diario de guerra.
La “fría máquina de matar”, que no disparó a los dos soldados enemigos porque estaban dormidos, y un hombre dormido es como un niño.
La “fría máquina de matar” a quien cogieron los matadores diciéndose: “está vivo”.
La “fría máquina de matar” a quien iban a matar allí, y estaba desarmado, ardiente, solo!

Detente, órgano que resuenas en los bosques y en los sacros umbrales!
Todavía queda un poco de tiempo, una gracia es concedida siempre al condenado.
Míralo hablar con la maestrica del pueblo de Ñancahuazú.
Míralo tratar de la correcta acentuación de algunas palabras.
Míralo prestarse a la ficción del que cuenta aún con el tiempo,
un poco divertido de su propio coraje,
con recato de gaucho bravo que da una flor,
con esa última elegancia que se acendra de no ser observada,
que da la sonrisa más fina para el tugar más solitario.
Altamente conmueve
recordar que pensó en el cuarto horrendo
en las escuelitas de Cuba, Cuba, Cuba
donde a esa hora estarían aprendiendo los hijos.
No lo olvides, rasgueo solitario de las cuerdas!
Mécelo, palma! Sílbalo tú, sinsonte!
No te reconocimos, pequeño Condotieri. Segundo Sombra altivo, Quijote americano.
Otro nombre te diste también: el hijo pródigo.
Acaso abandonaste la familia carnal como también la sombra de la casa del Padre.
Acaso quisiste despojarte de todo para asumir al hombre en toda su miseria.
Ni siquiera la fe, ni siquiera la belleza, solo el total expolio de los que ni esto tienen.
De nuevo sobre el costillar de Rocinante, con el paso más grave y el pulmón ya cansado.
No recordamos que la segunda salida era la de la muerte.

Has puesto a todo el mundo en trance de pedir excusas, de preguntarse el pecho.
Queremos ser como tú, dicen el escolar ingenuo y el involuntario cínico.
Ser como tú y después el cine, la cama, la cafetería!
Balas de letras dan a tus matadores.
Se envalentonan en verso libre.
Profieren amenazas desde la butaca, la cogen con los otros, echan cortinas de humo.
Porque en realidad nadie quiere verse en el espejo.
Porque ya no se puede aguantar ni la propia literatura.
Porque ya nadie puede creer que estaba engañado.
Porque no se puede soportar la firmeza de tu rostro.
Sinceros sin embargo han sido todos los cantos, todas las lágrimas.
Después de todo pediste ese sudario.
Pero un poco más de recato, lectores de Baudelaire,
hipócritas autores, mis semejantes, mis hermanos,
más recato, dolientes, indignados, multitud aclamante,
que alguna parte nos toca en esta muerte,
y en toda frente está grabado:
si hubiéramos tenido allí no más de veinte hombres!
Otras voces oíamos entre tanto morían y morías.
No era solo el coraje imposible. Era el alma distinta.
La elección misteriosa que no hace la voluntad.
Hay otra ordenación secreta, otro llamado,
otros incomprendidos obradores.

No queremos hacemos fuertes frente a la nada
sino débiles frente a la plenitud de los cielos y la tierra,
cantando el “Llenos están”. Tiene el amor distintas vías.
Limpia de nuevo al mundo la justiciera cólera y el rocío que vuelve.
Es igual al tajo de la espada del guerrera un niño que Juega solitario.
Está rezando el verde. El azul más radiante ha ganado una batalla.
Tú que nos enseñaste a orar como se enseña a una criatura,
no dijiste “señor de los ejércitos”, sino tan solo Padre, esa palabra en que está toda la confianza y todo el desamparo.
No es lo nuestro la incesante batalla que cada siglo renueva sus actores.
No es lo nuestro cortar los retoños podridos que la raíz renueva.
No es el lecho mullido lo que hemos buscado fría o ardientemente en la sombra.
No me preciaré de valiente. Sólo me precio de haberte amado un poco.
De estar en medio de este inmenso mal entendido avergonzados como culpables.
Que todo sea posible menos olvidar que testimoniaste al amor frente al espanto.
Acaso sea una misma la fe que hace pensar que las pobres guerrillas
podrán más que el imperio más fuerte de la tierra,
y esta desvalida esperanza que se enfrenta a la fuerza de los hechos,
a las atronadoras evidencias de la tumba,
creyendo que el amor podrá más que la muerte.
Acaso pueda un día una misma consigna
reunimos bajo el que hizo los cielos y la tierra:
Los sepulcros se abrieron. David venció al gigante.
Se están moviendo las montañas.
Nos sospecharán, unos y otros. Hemos perdido y hemos ganado en otra batalla.
Sea lo más verdadero lo más alto. Sea lo más cierto la más fantástica esperanza.

Sea la inerme inocencia gloriada. Obren las manos clavadas, que no pueden. Muchas cosas no nos son permitidas, perdónennos.
Déjennos solos, sin noticias, al lado de los que no han de ser aplaudidos,
los que no saben nada a ciencia cierta, los que no están seguros de sí mismos y temen no acertar,
los que no se sienten inocentes sino culpables,
los que reciben todas las burlas,
los que siguen a uno que no podrá darles nada en este mundo,
los “pequeños que creen en mí” de que habló Cristo.
Impureza grande, justificamos a nosotros mismos!
Defienda nuestra causa el día que pasa.
La hora en que no supimos qué decir y callamos confundidos.
La posición más incómoda puede volverse confortable.
Callemos, que las piedras han comenzado a hablar.
Se oirá lo que dice en su cátedra de diamante.
Algunos que no me dijeron “señor, señor” serán llamados hijos en el último día.
¿Y si fuéramos vomitados de su boca?
De pronto empezó a acuchillar una yegua en la impotencia de la selva.
Nadie tiene más amor que el que da su vida por sus amigos.
Dijo que fusilaran al hombre, no le tembló la mano.
Hipócrita! ¿No salvarías al cabrito que se cayó en un pozo por respetar el Sábado?
El de la foto se parece más al Crucificado.
Malco! Malco! Guarda la espada, Pedro. Lo nuestro no es vencer,
sino morir, rogar, sanar a Maleo!
Las estadísticas están dando aullidos. Millones se están muñendo de hambre.
Los que no compartimos todas tus palabras, compartimos de pronto tu silencio.

Algo nos fue dicho arrasadoramente mientras descendías al polvo, porque de pronto estábamos llorando.
De pronto aquel desconocido me traía el alma volteada, como el que comparece en un juicio.
Yo me embrollaba en razones, me disculpaba atropelladamente, mientras los ojos de la foto callaban.
Ahora pienso qué significa que haya acabado por recordar todas Tus palabras en la muerte de uno que no fue tu amigo,
por qué este juicio, este treno, esta oración por otro, han acabado siendo un responso por nuestra propia alma.

(Fina García Murraz).


En México, donde tu fuego tampoco podrá extinguirse

Será porque hoy tu fotografía junto a mí
es un lámpara de fuego
y ha venido un poeta de España que persigue tus pasos
por la calle de Nápoles de la ciudad de México.
Será porque duermes entre peces de tierra
y no hay una paloma sobre tu pecho
y tu espalda se ha quedado en silencio.
Porque estás un poco más cerca de nosotros
y una rosa de estaño aparece desnuda entre tus manos.
Será porque no tengo tu mancuernilla derecha
ni fui la maestra que habló contigo
a la que corregiste los acentos
en la pequeña escuela de Camiri.

Yo sólo soy una mujer que tiembla cuando dice tu nombre.

(Thelma Nava).


Funeral por Che Guevara

Cómo es ancha y larga
Popular

¿Quién
mueve
las sombras
no verdes?

Tranquilas las hojas
que vuelven.

El viento
se enciende.

La luna
es más roja;
la noche
famosa
sin luz ya
se asoma.
¿Quién grita
a quién llora?

La tristeza o música…
¿Quién calla
si lunas
o sombras
se esfuman?
La mirada es
última.

Los ojos son bellos.
La cara,
silencio.
Pero el pelo es
negro
o azul:
casi oscuro.

Los ojos
en ramas
relucen.
No llamas.
Pero el soplo
pasa.
Por todos,
dormido.
Por todos,
sin frío.
Ardiendo
ya íntimo.

¿Las manos
disparan?
¡Qué quietas,
calladas!

Dormido
resbala
por el agua
clara.
Rumbo a la mar
ancha.
¡Cómo es ancha y larga…!

(Vicente Aleixandre).


Guevara ha muerto

¿Quién muere,
quien vive?
El árbol
insigne.

La sombra
calló.
Sola está
la voz.

Ella pasa
y grita,
corazón
sin vida,

corazón
ardiente
que despierto
duerme,

que dormido
vela.
Corazón
sin tregua.

Sobre oscura
barba,
la mirada
clara.

Quién marcha
en la senda,
con su mano
abierta?

Corazón
humano
que abarcaba
el llano,

que alcanza
la cumbre
y luz
de relumbres,

que en los pechos
ardes
de quien te miró,
de quien te escuchó.

Continente entero
que tu pie pisó.
Che que pasa lento,
funeral. ¡Silencio!

(Carlos Bousoño).


Heroico guerrillero

A casi seis lustros de tu largo viaje
las huellas que dejaste, aún persisten,
en la orilla de un vado, en un árbol frondoso
o en la choza de un campesino triste,
HEROICO GUERRILLERO
¿Quién podría olvidar?
tu boina vasca, tu estatura de uno sesenta arriba
tu barba enmarañada y tu melena larga;
ancho de espalda, mochila en hombro
paso seguro, mano de acero y espíritu resuelto
HEROICO GUERRILLERO
Escabrosa tarea te esperaba luego
"Hay que hacer que nos oigan
los que no nos escuchan"
así arengabas a diario a tus compañeros;
en la tupida selva, en las noches de luna
HEROICO GUERRILLERO
El monte fue testigo de tu agónica lucha.
Abandono y silencio fue la respuesta,
cansancio, hambre y sed, tu ración diaria
HEROICO GUERRILLERO
La Higuera fue el cadalso de tu joven vida.
También La Higuera fue el aposento ciego;
Donde más pudo la venganza que el perdón
a tu maltrecho cuerpo y sin respeto,
HEROICO GUERRILLERO
A seis lustros de tu largo viaje
Llora por ti ÑANCAHUAZU, llora El Mesón,
Ñacamiri, El Pincal, Masicuri,
La Quebrada del Churo... Llora por ti;
Y a la distancia, también llora un anciano
Elevando una oración en guaraní,
HEROICO GUERRILLERO
Tú no has muerto... Tu presencia en cada página,
En cada pecho ardiente,
En la voluntad y el sentimiento;
Tú no has muerto COMANDANTE
Tú vives en la mente y para siempre,
GRAN HEROICO GUERRILLERO.

(Elda Vargas de Viera).


La noticia

Aunque los teletipos y la radio
y miles de carteles y periódicos
sigan con la noticia hasta cansarse,
alguien, y no los hombres humillados
de América y del mundo, ni los poetas,
ni el perseguido que cobija aún
a la esperanza como a un niño enfermo,
alguien siente un rumor, de noche, a solas,
que le impide dormir, que va royendo
su pecho en inquietud entre las sábanas,
un rumor apagado que persiste
en el sueño después, cuando ya otorgan
reposo mas no paz los barbitúricos,
y que no cesa y crece, tal el ritmo
desbocado de un tren que se avecina,
y entonces es cuando aparece el miedo
vistiendo su camisa guerrillera,
entonces es cuando lo que fue duda
retumba entre disparos, y es certeza,
y llega el sobresalto, el despertar,
entonces, cuando vuelve el Che Guevara. 

(José Agustín Goytisolo).


Las huellas de Guevara

Son las seis de la mañana.
Desde las once de la noche
estamos
poniendo el mapa
de las guerrillas bolivianas
en el Diario del Che.
En el taller resuenan máquinas,
voces de mujeres y hombres,
el correr de los libros
sobre las largas mesas.
Cada rostro
es un tenso cansancio detenido.

Amanece.
Pienso en el Che
y no lloro. Pienso en aquel
comandante-poeta-guerrillero
mientras llegan,
hasta un millón,
los libros
y el sueño y la fatiga
son una traicionera,
silenciosa serpiente.
Pero con mano recia
para toda serpiente
está un pueblo
que se mantiene fiel
al Che
y que no olvida. Este pueblo
que mañana, pasado,
irá a buscar
las huellas de Guevara
su Diario de furia
y agonía.

Y habrá otras madrugadas
de largas horas duras,
feroces días de guerra
en cada continente,
para ganar la flor
de la  justicia
nacida de la raíz
de piedra y sementera
de Ernesto Che Guevara,
muerto en Bolivia
y en trabajo
y en fe resucitado

(Dulcila Cañizares).


Mataron al guerrillero

I

Que se apague la guitarra
Que la patria está de duelo.
Nuestra tierra se oscurece.
Mataron al guerrillero
(Pablo Neruda).

Acribillada de balas,
abierta en mil agujeros,
yace la América tuya,
Compañero.
Tu tierra no es monte y río;
tu tierra no es flor ni viento;
a tierra que te dio vida,
es hoy muerte, Compañero.

¿Te mataron en la noche?
¡Siempre es noche para ellos.
¿Te mataron en el día?
Mataron el día, ellos.
Sobre tu cuerpo de luz
se abalanzaron los muertos.
Los muertos que matan hombres;
los muertos que tienen miedo
de la vida,
mataron al guerrillero.

La tierra, la tierra tuya,
hoy no canta, Compañero.
La tierra, la que te hizo,
es hoy silencioso cuerpo.
Es un cuerpo ensangrentado,
Abierto en mil agujeros.
Es un cuerpo que va al mar
roto de sangre, Compañero.

Acribillada de balas,
la tierra toda es tu cuerpo.
Tu sangre que lenta fluye,
Compañero,
es la sangre de la tierra;
es la sangre de los pueblos.

Acribillado de balas
el cuerpo del guerrillero.
Acribillada de balas,
toda la tierra es un muerto.
Pero hay muertos que dan vida
y hay vivos que nacen muertos.
Tú te quedas con nosotros,
Compañero.

II

Duerme, vuela, reposa. ¡También se muere el mar
(Federico García Lorca).

La paz,
la paz,
la paz…

¿Tú la soñaste, Hermano,
en medio de las olas?
¿La viste tú en la muerte,
Compañero?
En la muerte tranquila,
quién sabe, Compañero,
si soñaste la paz.

Ésa.
La que tienes ahora.
El descanso total de las cosas del tiempo.
El descanso…
El borrarte del tiempo.
Apoyado en el tronco callado,
mirando a las estrellas calladas,
acaso deseaste la cuna de la tierra.
La paz:
La que ya tienes.

Pero entonces latías
y no eras tú la sangre de tus venas.
Dentro de ti eras otros.
Eras yo.
Eras nosotros.
Y por el mundo entero que llevabas,
tenías que seguir.

La paz,
la paz,
la muerte...

Acaso la quisiste.
No te pertenecías, Hermano.

Para la paz,
para el descanso tuyo,
tenías que seguir, como las olas siguen.

Descansa ya tranquilo, Compañero.
También de muere el mar.

III

Porque mataron tu vida,
ellos piensan que te han muerto.
 
Porque segaron tu sangre,
piensan que te han muerto.

Porque no escuchan tu voz,
piensan que te han muerto.

Porque no ven tu mirada,
piensan que te han muerto.

Porque no sienten tu paso,
piensan que te han muerto.

Porque clavaron tu carne.
Porque mordieron tu cuerpo.
Porque te despedazaron.
Porque callarte quisieron…

Mas hay muertes que son vida.

Tú te quedas con nosotros,
Che Guevara,
Compañero.

(Aurora de Albornoz).


Nada de llantos

Nada de llantos: jocundos himnos, tableteo
de un tropel de leones de ametralladoras, lumbres
incendiando las sedes de oro de los déspotas,
horcas erguidas, sierras encrespadas, tormentas
en el culo de Johnson asesino, banderas desplegadas,
yanquis a casa (y ¡pumba!), gritos
de cólera rabiosa, intestinas, y aquí guerra,
Señor, y después Gloria.
¡Compañero, ha muerto Che Guevara!

(Alfonso Sastre).


Pensamientos

soy de un país donde hace poco Carlos Molina
uruguayo anarquista y payador
fue detenido
en Bahía Blanca al sur del sur
frente al inmenso mar como se dice
fue detenido por la policía
Carlos Molina estaba
cantando hilando coplas
sobre el océano enorme los viajes
los monstruos del océano enorme
o coplas por ejemplo
sobre el caballo que se acuesta en la pampa
o sobre el cielo un suponer Carlos
Molina cantaba como siempre bellezas y dolores
cuando
de pronto el Che empezó a vivir a morir en su guitarra
y así
la policía lo detuvo

soy de un país donde se llora por el Che o en todo caso
se canta por el Che y
algunos están contentos con su muerte
"vieron" dicen "estaba equivocado la cosa
no es así" dicen y cómo carajo será la cosa no lo dicen o
prefieren recitar viejos versículos o
indicar señalar aconsejar mientras
los demás callan
miran al aire con los ojos perdidos
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice

soy de un país donde costó creer que se moría y
muchos un servidor entre otros
se consolaba así:
"pero si él dice no hay que
pelear hasta morir hay que
pelear hasta vencer entonces no está muerto"
otros lloraban demasiado como quien
ha perdido a su padre y yo creo
que él no es nuestro padre y
con todo respeto creo que
está mal llorarlo así

soy de un país donde los enemigos no
pudieron depositar un solo insulto una sola
suciedad una sola pequeña porquería
sobre él y hasta algunos
lamentaron su muerte no
por bondad o
humanidad o piedad
sino porque esos viejos perros
o muertos con permiso sintieron por fin un enemigo que
valía la pena
que un rayo de peligro
entraba en escena y entonces
iban a poder morir en serio
a manos o a balas de verdad "y no
en brazos de esta especie de disolución
en que nos vamos disolviendo" como
dijo uno de grande apellido

soy de un país donde sucedieron o suceden
todas estas cosas y aún otras
como traiciones y maldades en excesiva cantidad
y el pueblo sufre y está ciego y naides
lo defiende y sólo
el Che se puso de pie para eso

pero
ahora
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
soy de un país complicadísimo
latinoeruocosmopoliurbano
criollojudipolacogalleguisitanoira
según dicen los textos y los textos que dicen
pues dicen y
como dicen
así será la historia pero yo
les aseguro que no es cierto
de este país de fantasía
se fue Guevara una mañana y
otra mañana volvió y siempre
ha de volver a este país aunque no sea
más que
para mirarnos un poco un gran poquito y
¿quién se habrá de aguantar?
¿quién habrá de aguantarle la mirada?

Pero
ahora nomás
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice

pregunto yo
¿quién habrá de aguantarle la mirada?
¿ustedes momias del partido comunista argentino?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes izquierdistas que sí que no?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes dueños de la verdad revelada?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes que miraron a China sin entender que
mirar a China en realidad
era mirar nuestro país?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes pequeñitos
teóricos del fuego por correo partidarios
de la violencia por teléfono o
del movimiento de masas metafísico?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes sacerdotes del foquismo y más nada?

ustedes lo dejaron caer
¿ustedes miembros del club
de grandes culos sentados en "lo real"?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes los que escupen
sobre la vida sin
advertir que en realidad están
escupiendo contra el gran viento de la historia?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes que no creen en la magia?
ustedes lo dejaron caer

soy de un país donde al comandante Guevara
lo dejaron caer:
los militares los curas los homeópatas
los martilleros públicos
los refugiados españoles masoquistas judíos
os patrones y
los obreros también por ahora
"qué hombre qué hombrazo" sin embargo
me dijo a mí un obrero pedro
se llamaba se llama tiene
mujer que no recibe
hijitos por nacer y el pedro
me decía "qué hombre qué hombrazo cómo
lo quiero" decía el albañil pensando
en su madre una puta
famosa en toda Córdoba y madre
de siete hijos que crio con amor
Pedro ya con mayúscula
¡cómo saludo tu rencor
cómo te beso al pie de tus fracasos!
"qué pelotas" me dijo Pedro un día hablándome del Che
de ciertos adminículos que hierven
bajo la paz conjetural
de este país cosmopolita
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice

yo estoy escribiendo esto
porque la Casa de las Américas de Cuba
institución muy respetable
ha resuelto publicar un número especial
de su revista dedicado
a testimonios sobre el Che
hora que lo han muerto
según dicen y Roberto
Fernández Retamar íntimo mío
pero más
pedazo mío que anda por ahí
por el Caribe formidable y fosforescente y amatorio y conspicuo
Roberto como dije
ha creído necesario que yo
escriba algo sobre esto o tal vez algún otro
creyó que así debía ser y pidió
artículos poemas etcétera a
colaboradores que
se sentirán más miserables todavía
si eso fuera posible si eso
fuera posible en realidad

soy de un país donde te hago caso
Roberto pero
decime o dime por favor
¿qué me pedís o pides?
¿qué escriba realmente?
te doy noticias de mi corazón nada más
¿alguno sabe en realidad
cuáles son las noticias de mi corazón?
¿alguno cree o creerá que me he negado a llorar excepto
con mi mujer o contigo Roberto ahora
que narro estas cuestiones
y sé que la tristeza como un perro
siempre siguió a los hombres molestándolos?
soy de un país donde es necesario
no amar sino matar
a la melancolía y donde
no hay que confundir
el Che con la tristeza
o como dijo Fierro
hinchazón con gordura

soy de un país donde yo mismo
lo dejé caer
y quién pagará esa cuenta
quién

pero
lo serio es que en verdad
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
bello
con piedras bajo el brazo

soy de un país donde ahora
Guevara ha de sufrir otras muertes
cada cual resolverá su muerte ahora:
el que se alegró ya es polvo miserable
el que lloró que reflexione
el que olvidó que olvide o que recuerde
y aquél que recordó sólo tiene derecho a recordar
el comandante Guevara entró a la muerte por su
cuenta pero 
ustedes
¿qué habrán de hacer con esa muerte?

pequeños míos
¿qué?
(como nadie se salva
entre paréntesis quiero
no por noción de estupideces posiblemente a mí
referidas
tampoco por piedad o
mera precaución
esas carnes podridas que no pueden
rezar a mediodía
quiero como repito
repetir una historia que no todos conocen y
de la cual hay algunos que
desconfían:
el poeta que escribe su poema
dejando en él la maravilla de
la vida y la muerte del comandante Guevara
ese porteño cordobés de mirada jodida
como de dios como de dioses
sorprendidos en medio de su milagro su
bota podrida por la selva del mundo
quiero decir que este poema o cosa
de la que hay que desconfiar
en la que hay que creer
no se termina en estas páginas
amable lector le ruego
que siga las noticias de los diarios
de la sip y la sap -Sección Angustia Perimida por ejemplo o
Son Ángeles Potentes
o
Sobran Algunos Policías- ruégole gran lector
que lea atentamente
líneas de sangre que se escriben cada día en Vietnam
y también en Bolivia qué joder
y también en la Argentina
caro lector yo le ruego que lea)

el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
sé pocas cosas sé
que no debo llorar Ernesto
que
de mí dependés ahora
te puedo sepultar con grandes lágrimas pero
en realidad no puedo

el poeta en realidad
se abstiene de llorar se abstiene
de escribir un poema sea
para la Casa de las Américas sea
para lo que sea el poeta
apenas si lloró en realidad
sigue mirando el mundo
sabe
algún día la belleza vendrá
pero no hoy que estás ausente
el poeta
apenas sabe vigilar
che
guevara

ahora deseo un gran silencio
que baje sobre mi corazón y lo abrigue
padre Guevara ¿qué será de tus hijos?

¿por qué te fuiste hermoso
sobre caballos de cantar?

quién habrá de juntarte otra vez?

(Juan Gelman).


Nana para el Che Guevara

El valiente cóndor andino
pregunta por su hermano.

Triste yanqui chupapueblos,
ladrón, voraz tío Sam,
dime qué fue, qué hiciste
del arriesgado Capitán.

Torvo general Barrientos,
hocico de lobocán,
dime qué fue, que hiciste
del arriesgado Capitán.

Duro soldado hundido
en una noche de alquitrán,
dime qué fue, qué hiciste
del arriesgado Capitán.

Manso aborigen que mueres
sin defender tu pan,
dime qué fue, qué hiciste
del arriesgado Capitán.

Lo sembraron en el viento
con una herida en cada mano,
pero las amapolas del alba
pronto florecerán].

(Celso Emilio Ferreiro).


Poema del Che Guevara

Un pueblo puede liberarse a sí mismo
pese a su jaulas de animales electrodomésticos
en la vanguardia de América
debemos hacer sacrificios
por el camino lento de la plena libertad
y si el revolucionario
no tiene otro descanso que su muerte
que renuncie al descanso y sobreviva
que nada o nadie lo detenga
siquiera por un instante de beso
o por algún calor de piel o prebenda. 

Los hechos de la conciencia interesan tanto
como la perfección de un resultado
luchamos contra la miseria
pero al mismo tiempo contra la enajenación.

Déjenme decirlo
el revolucionario verdadero
esta guiado por grandes sentimientos de amor
tiene hijos que no aprenden a llamarlo
mujeres que hacen parte de su sacrificio
sus amigos son sus compañeros de revolución.

Adiós viejos
ésta es la definitiva
no lo busco pero está dentro el cálculo
Adiós Fidel,
ésta es la definitiva
bajo los cielos de la gran patria del Bolívar
la luna de Higueras es la luna de Playa Girón.

Soy un revolucionario cubano.
Soy un revolucionario de América.

Señor coronel
soy Ernesto "el Che" Guevara
dispare
seré tan útil muerto como vivo

(Manuel Vázquez Montalbán).


Quizás por eso

Caíste, Che,
quiero decir cayó tu cuerpo
entre los altos cerros de Bolivia.
Caíste asesinado
como cayó Sandino,
como caen tantos héroes sin nombre.
Los Somoza,
los Johnson,
los Barrientos
celebran tu caída.
No se dan cuenta aún los infelices
de que sólo es tu cuerpo
el que se pudre.
O quizá si,
quizá por eso
su alborozo es discreto.
¿Cazarán tu fantasma en helicóptero?
Las astillas filosas de tu espejo
empiezan a enconarse en pies desnudos.

(Clarivel Alegría).


Tiempo de héroe

Sobre cualquier tierra, ya nuestra.

Para que nunca seas
pasto sólo del rito y las palabras
ni caigas nunca de tu inmensa muerte
ni nazcan de ella más que hombres armados,
votivo rompo el verso indigno
de ti y de esta hora. 

(José Ángel Valente). 


Tristeza en la muerte de un héroe

Los que vivimos esta historia, esta muerte y resurrección 
                                  / de nuestra esperanza enlutada,
los que escogimos el combate y vimos crecer las banderas                                                                        / supimos que los más callados
fueron nuestros únicos héroes y que después de las victorias
                                                  / llegaron los vociferantes 
llena la boca de jactancia y de proezas salivares.
El pueblo movió la cabeza:
y volvió el héroe a su silencio.
Pero el silencio se enlutó hasta ahogarnos en el luto
                            / cuando moría en las montañas
el fuego ilustre de Guevara.
El comandante terminó asesinado en un barranco.
Nadie dijo esta boca es mía.
Nadie lloró en los pueblos indios.
Nadie subió a los campanarios.
Nadie levantó los fusiles, y cobraron la recompensa aquellos
                       / que vino a salvar el comandante asesinado.
¿Qué pasó, medita el contrito, con estos acontecimientos?
Y no se dice la verdad pero se cubre con papel esta desdicha
                                                                        / de metal.
Recién se abría el derrotero y cuando llegó la derrota fue
                                            / como un hacha que cayó
en la cisterna del silencio.
Bolivia volvió a su rencor, a sus oxidados gorilas,
                              / a su miseria intransigente,
y como brujos asustados los sargentos de la deshonra,
                                       / los generalitos del crimen,
escondieron con eficiencia el cadáver del guerrillero como
                                             / si el muerto los quemara.
La selva amarga se tragó los movimientos, los caminos,
           / y donde pasaron los pies de la milicia exterminada
           / hoy las lianas aconsejaron una voz verde de raíces
y el ciervo salvaje volvió al follaje sin estampidos.

(Pablo Neruda).


Un aire de esperanza

Como la lengua que nació en Castilla,
conquistó España, atravesó los mares
y hoy recorre, profunda, un continente
que vibra pronunciando tu nombre, compañero,
y al decir compañero lo dice en castellano,
como la lengua madre, también tú recorriste
la América infinita, el gigante dormido,
y eran nada tu moto, tu tos, tu medicina,
tu cansancio, tus sueños, frente a tanta miseria
y parecía inútil luchar contra lo eterno,
contra una esclavitud vieja de siglos.

Después… tus mismos sueños otros también soñaban
y aunque su patria no era tu patria, ni era el perro 
guardián de sus cosechas el perro de tu tierra
—pero sí el mismo el dueño de ambos perros—
su lucha fue tu lucha y fueron sus palabras
las tuyas: patria o muerte.

Y fue la muerte el pan de cada día
para los hombres de la sierra.

Tú, extranjero, con ellos luchaste por su patria,
tú, asmático, luchaste porque otros respiraran
bocanadas de un aire de esperanza.

Quisiera haber entrado contigo en Santa Clara,
estar allí, hombro con hombro con el pueblo,
saber qué es eso de sentir que un día
la calle es ya de todos y el asfalto canta.

Y fue llegando luego tu voz a tus hermanos
de América, de España, en esta lengua
que Cervantes antaño utilizara
y que hoy es de Darío, de Neruda, de Vallejo;
castellano, la lengua de La Habana.

Como ella, tus ideas un continente abarcan
y si hoy tu voz ha muerto, aún quedan tus palabas
y algo que las supera y las hunde en la mina,
las embarca en los puertos, las calienta en la zafra,
las vierte por la pampa, las aferra en los Andes,
las atenaza en fábricas, las crece por las sierras,
internacionaliza tu esperanza.

Tu vida es una vida que no acaba en la muerte
y extiende sus raíces desde tu tumba anónima,
desde la altiplanicie boliviana,
pueblo tras pueblo, hombre tras hombre,
historia inacabada.
Si fueran como tú todos los muertos,
¿de qué la muerte alardeara?

Con esta lengua que nació en Castilla,
conquistó España, atravesó los mares
y se hizo universal desde La Habana
uno mi canto al canto de los pueblos.
Nos une tu recuerdo, compañero,
tu ejemplo, Che Guevara.

(Jesús Munárriz).


Yo estoy con el Che, ¿y usted?

EL enjambre del pueblo. La explosión del sol.
La luz organizada de las guerrillas, Che.
Tu ejemplo está estampando miles de combatientes:
La columna vertebral de tu América, Che.
Vamos a convertir el odio en energía:
Las miradas de minúsculos en una tromba, Che.
“Siempre se puede más”, nos recuerda Fidel.
“Listos para la muerte. Listos para vencer”, Che.
Porque el sueño fue un buen sueño
como un muerto levantado con los vivos vives, Che.
En las entrañas del pueblo, descubriéndole la luz
y haciéndole ser más quien es, tú, Che.
Yo estoy con el Che, ¿y usted? Claro que sí que no al yes.
¡Que viva el Che nunca muerto! ¡Que viva en su luz Fidel!

(Gabriel Celaya).


Yo tuve un hermano

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía.

Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

(Julio Cortázar).