miércoles, 14 de marzo de 2018

El muro de Trump y la decadencia imperial

La ampliación del muro en la frontera mexicana fue una de las promesas favoritas de Donald Trump durante la campaña electoral presidencial. Sabedor que eso da votos en una sociedad fuertemente atemorizada, no ha dejado de hablar de ello desde que accedió a la presidencia. Y como en EEUU se están sucediendo las elecciones de todo tipo, ahora ha encontrado la ocasión para dejarse fotografiar en los nuevos prototipos de muro que se están diseñando, esta vez en el estado de California.

Una empresa imposible, la de sellar la frontera con el vecino del sur. Pero muy lucrativa para las empresas que construyen el muro y altamente rentable en lo electoral para señores como Trump. Es una muestra de la decadencia imperial de EEUU: no deja de realizar gastos onerosos, cada vez mayores, para hacer creer que se mantiene. 


Lo hace con los gastos militares, armándose cada vez más, provocando guerras y manteniendo un aparato extendido por todo el mundo.Lo hace también a costa de su economía, que naufraga día a día, y lo hace a costa de la mayoría de la población, donde aumentan los sectores que tienen que vivir, cuando no sobrevivir, cada vez con menos. 


Y lo hace, paradójicamente, con un gran apoyo de estos sectores sociales más castigados. Su frustración social la compensan con la idea de la gran América, por lo que apoyan el militarismo imperial de sus gobernantes. Y también la compensan frente a supuestos enemigos interiores en forma de inmigrantes o de lo que pueda llegar del otro lado de la frontera sur, motivo por el que saludan que se erija todo un monumento a la inhumanidad.


La fotografía de Trump junto al muro no deja de reflejar un imperio en decadencia que, eso sí, sigue manteniéndose fiero y sanguinario.  

jueves, 8 de marzo de 2018

El 8 de marzo, una jornada feminista histórica

Decenas de millones de personas se han movilizado hoy en numerosos países. En mayor medida lo han hecho mujeres, porque son las protagonistas del día y las que demandan reivindicaciones necesarias, pero también lo han hecho varones, conscientes de que un mundo igualitario no puede serlo, entre otras cosas, sin que las mujeres no tengan los mismos derechos efectivos. Sin discriminaciones visibles, pero también sin  techos de cristal o sin suelos pegajosos. 

En España, por lo que estamos conociendo a través de los distintos medios de comunicación, han sido centenares, si no miles, los actos que han tenido lugar, a lo largo y ancho de su geografía, en pueblos y ciudades. Centenares de miles de personas, las movilizadas por sus calles y plazas. Y millones, las mujeres que han parado parcial o totalmente en su actividad laboral o de estudios. Por encima de cinco millones, según estimaciones de los sindicatos CCOO Y UGT.  

Ha sido una jornada feminista histórica, por su dimensión numérica, pero también y sobre todo porque se ha llevado a cabo una huelga que ha querido poner de relieve varias cosas: la eliminación de las legislaciones discriminatorias, la igualdad salarial, el acceso igualitario sin cortapisas a las tareas de dirección, el reparto equitativo de las tareas domésticas, la lucha contra la violencia que se ejerce contra las mujeres... Muchas cosas, pero importantes. Y pese a quien pese.

Hoy el color violeta ha lucido con mucha intensidad, la misma que nunca debe apagarse.

(Fotografía: Felisa Rico)

Huelga de mujeres, claro que sí


miércoles, 7 de marzo de 2018

De cara a la huelga del 8 de marzo

Mañana, 8 de marzo, tendrá lugar la huelga de las mujeres, convocada internacionalmente. El debate está presente desde el momento en que se convocó y ha ido a más. Muchos son los grupos de diversa índole y muchas las personas que a título individual están mostrando su apoyo. Mañana será un día 8 especial, porque se ha salido de las celebraciones al uso basadas en manifestaciones, mítines, charlas, actos y gestos simbólicos, campañas publicitarias...  Sin que sigan faltando, se ha añadido como novedad el cese en el trabajo. 

No están faltando reacciones contrarias, que ponen de manifiesto cómo la defensa de la equidad aún tiene un elevado número de detracciones. Sorprende cómo de pronto ha aumentado el número de personas que ahora sí se consideran feministas, cuando antes lo rechazaban, pero con el aderezo de otro tipo de feminismo. Como comenté hace unos días sobre un cargo eclesiástico, se habla de "feminismo sano". En general salen de medios conservadores, en cualesquiera de sus formas, que ridiculizan, dicen tonterías, salen por peteneras... con tal de negar evidencias. Eso de decir cosas como hacer "una huelga a la japonesa" de la ministra García, "ese día trabajaré más" de la presidenta Cifuentes, "no mezclar la igualdad con cuestiones ideológicas" de  Arrimadas o "¿El machismo no busca la igualdad y el feminismo sí?" del portavoz de Ciudadanos de Extremadura, son sólo unas muestras. Ayer El País publicó el manifiesto "No nacemos víctimas", firmado por cerca de una treintena de mujeres, profesionales de varios ámbitos, que se inicia con estas palabras: "expresamos nuestra inquietud ante una corriente de opinión supuestamente feminista que pretende hablar en nombre de todas las mujeres, imponerles su forma de pensar y retratarlas como víctimas de nacimiento de lo que llaman el heteropatriarcado". 


Mañana puede ser un gran día, parafraseando parcialmente la letra de una canción conocida. Y lo será, seguro, por la dimensión que puede tomar la gran movilización internacional que se ha convocado. Pese a quien pese.


martes, 6 de marzo de 2018

Entre obispos: del demonio metido en el feminismo al apoyo a la huelga del 8 de marzo

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, parece incombustible en sus manifestaciones. Las palabras suyas que han salido a la luz, pronunciadas durante una alocución en Radio María, son otras tantas con las que suele obsequiar a sus fieles sin que tengan nada de desperdicio. La obsesión por lo que desde algunos sectores de la Iglesia Católica en España llaman ideología de género es permanente. 

Y teniendo en cuenta que nos acercamos al día 8 de marzo y la convocatoria de huelga de mujeres para este año, el obispo Munilla no ha querido seguir quedándose atrás. Entre sus palabras dijo cosas como éstas: "Se distinguen dos corrientes: el feminismo femenino y el feminismo de género. Algunos les llaman el feminismo de la diferencia y la complementariedad y el feminismo del igualitarismo".

Mientras el feminismo femenino que defiende lo equipara al "auténtico" o "sano", lo contrapone al "manipulado por la ideología de género", que también lo es "radical". Todo ello aderezado con la condena del "lesbianismo", "homosexualismo, "bisexualismo", "aborto libre y gratuito"... 

Pero la novedad estuvo en la utilización de palabras más contundentes, como que “la causa cristiana lucha contra esa especie de animalismo en la relación entre el hombre y la mujer” o, siguiendo las advertencias catequéticas, la alusión a uno de los enemigos del hombre: "Es curioso cómo el demonio puede meter un gol desde las propias filas (…). El feminismo, al asumir el feminismo de género, se ha hecho el harakiri". 

Cosas muy diferentes han declarado otros cargos eclesiásticos, como Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, o Eusebio Hernández, obispo de Tarazona. De talante más dialogante y conocido por su proximidad al actual Papa, Osoro respondió de esta manera a una de las preguntas que se le formularon sobre la huelga del día 8, convocada, entre otras cosas, para denunciar la brecha salarial: "Lo comprendo, claro. Hay que defender sus derechos. Lo haría también, lo hace también de hecho, la Santísima Virgen María". 

En la misma línea, quizás más explicito en sus expresiones, se ha pronunciado Hernández, quien dijo: “Yo os animo a que hagamos esta reivindicación por una sociedad siempre en principios de igualdad”. Y es que para él resulta “especialmente lamentable la diferencia de salarios que hay entre hombre y mujer. Esto no es justo". No le faltó tampoco referirse a la violencia sobre las mujeres, de la que dijo que "la Iglesia tiene que dar todavía unos pasos, pero yo creo que se están dando. El Papa Francisco es un hombre que lo intenta, que lo está promoviendo, lo que pasa es que todavía hay algún grupo que se resiste a ceder el paso, a la venida de las mujeres a ocupar cargos de responsabilidades”.  

lunes, 5 de marzo de 2018

Los triunfos de la derecha, como signo de los nuevos tiempos

La mañana de ayer nos deparó el apoyo de la militancia del SPD a un nuevo gobierno de coalición con la CDU/CSU, eso de la gross coalition. Un 66% lo respaldó, quizás sorpresivamente, frente a una minoría contraria que tenía como principal exponente a los conocidos como jusos, de las juventudes socialistas. Mientras tanto, a lo largo del día se fueron desarrollando en Italia las enésimas elecciones generales, que ya durante esta noche están deparando unos resultados que, siendo esperados, resultan más que preocupantes: la victoria minoritaria de la coalición de derecha, con una importante subida de la más extrema Liga Norte, y el aumento de los apoyos al M5S, con un PD en horas bajas y una izquierda prácticamente desaparecida. Si ya el año pasado asistimos al estreno de Trump como presidente del imperio, al doble triunfo de Macron en Francia, previo enfrentamiento en el ballotage de las presidenciales con Marie Le Pen, y a la mayoría  de los grupos de derecha en Alemania en cualquiera de sus expresiones (democristiana, liberal o nacionalista xenófoba), la cosa resulta altamente preocupante. Y más todavía con las previsiones que los sondeos dan este país nuestro, donde el descenso del PP se ve compensado con la subida fulgurante de Ciudadanos, que juntos podrían superar el 50% de los votos. Es el signo de los nuevos tiempos.  

(Imagen: fragmento de Vendedores de periódicos (el trabajo deshonra), de Georg Scholz)

domingo, 4 de marzo de 2018

Analizando el capitalismo y el colonialismo


He estado releyendo estos días dos libros: El libro negro del capitalismo (Tafalla/Lizarra, Txalaparta, 2002; edición original en francés de 1998), de Gilles Perrault et alii; y El libro negro del colonialismo. Siglos XVI al XXI: del exterminio al arrepentimiento (Madrid, La Esfera de los Libros, 2005; edición original en francés de 2003), dirigido por Marc Ferro. Hacerlo me ha hecho no tanto recordar aspectos olvidados como reforzar mis convicciones. Me explicaré. 

Siguiendo al propio Perrault, el capitalismo es un sistema económico cuyos "crímenes son casi perfectos. Ningún rastro escrito que demuestre premeditación" (p. 9); "está en todos  lados y en ninguna parte" (p. 10); y, sin embargo, con rotundidad, concluye que "es el mayor genocida de la historia (...), un asesino sin rostro ni código genético, que opera impunemente en los cinco continentes desde hace siglos" (p. 11). A lo largo de 26 capítulos, de otras tantas autorías de gente de los campos de la historia y el periodismo, se van desentrañando aspectos diferentes que nos permiten conocer mejor la figura poliédrica del sistema económico dominante. 


Sería largo referirme a cada uno de ellos, porque desfilan las guerras mundiales, las guerras locales, las intervenciones extranjeras, el negocio de la fabricación de armas, las situaciones en espacios concretos, la sucesión de potencias imperialistas, la hegemonía estadounidense, la mundialización/globalización...  


Se ofrecen datos de víctimas, que lo son no por millones, sino por cientos y hasta por miles de millones. Porque entre ellas no sólo hay muertes en las guerras y en las represiones (que suman no menos de 100 millones a lo largo del siglo XX), sino por el hambre, la desnutrición, las enfermedades epidémicas, la falta de asistencia médica..., esto es, por las secuelas de las políticas económicas liberales y/o neoliberales que conllevan ajustes estructurales que sólo favorecen a unas minorías y condenan a la mayoría. Éstas últimas, incontables. 


Me ha llamado la atención que, siendo un libro escrito a finales del siglo XX, ya se aluda a la creciente extensión del modelo neoliberal. Si las primeras víctimas masivas lo fueron en los países del Tercer Mundo e incluso en los países del este europeo que estuvieron bajo la órbita soviética, ya en esos años se estaban sentando los pilares de lo que hoy es una realidad uniforme y consolidada en la Europa continental. Pioneros como fueron EEUU y el Reino Unido durante los gobiernos de Reagan y Thatcher, lo que se expone en el libro de lo que estaba pasando a finales del siglo XX hoy nos puede resultar una broma. Porque en el mundo rico ya estamos instalados en el mundo de la desregulación económica, la precarización laboral, la privatización de los servicios sociales, la bajada de salarios... Y en el mundo pobre las cosas están aún peor, porque, donde hubo ciertos derechos sociales, se están perdiendo, y donde no los hubo, van a peor.


Philippe Paraire concluye así su artículo "Los muertos-vivientes de la mundialización": "el alineamiento forzoso sobre las reglas del capitalismo mundializado ha matado quizás mil millones de personas en cincuenta años y ha devastado infinitamente el planeta hasta el punto de plantear el problema ecológico en términos de supervivencia" (p. 435). Han pasado dos décadas desde que se escribieron esas líneas. Con lo que ha llovido desde entonces, que cada cual saque sus conclusiones.


En cuanto al libro dirigido por Ferro, en este caso centrado en el colonialismo, su contenido no difiere en lo esencial del anterior, si bien, como diferencia, quienes han participado en su elaboración, en número de 22, pertenecen en su totalidad a diversos campos de las ciencias sociales (historia, ciencia política, antropología...). Así mismo, las algo de más 1.000 páginas la convierten en una obra de mayor dimensión, correspondiendo 30 de ellas a lo que se indica que es una breve bibliografía traducida o escrita en la lengua castellana. 


Dividido en cinco partes, más una Introducción y un Epílogo, se refieren al exterminio, la trata de esclavos y esclavas y la esclavitud, las dominaciones y resistencias, las mujeres, y las representaciones y discursos del fenómeno colonial.


Ferro, autor de la "Introducción: el colonialismo, reverso de la colonización", advierte que "la colonización no se limita a estos excesos del colonialismo, pero no por ello hay que olvidar lo que les ha precedido -la violencia de la conquista, la 'pacificación'- relegándolo a su pasado remoto" (p. 18). Responde, así mismo, a la pregunta sobre la diferencia entre el imperialismo y la expansión colonial de los siglos anteriores mediante el rasgo: una "opinión pública [que] es movilizada por los agentes de la expansión" (p. 25). No se olvida de cómo, durante la segunda mitad del siglo XX, "el imperialismo se adapta a la descolonización y se perpetúa sin necesidad de controlar los territorios (p. 27). Y concluye que "en los comienzos del siglo XXI (...) constatamos que las enfermedades que causó la colonización, y que dieron lugar a nuevas figuras -neocolonialismo, globalización o mundialización acelerada, imperialismo multinacional-, se refiere a la vez a los territorios y las poblaciones antaño dominadas a las metrópolis" (p. 45).


Entre la gran cantidad de artículos, he prestado más atención, sin desmerecer los otros, a los referidos a la trata y la esclavitud, escritos por el propio Ferro, en un nivel más general, y Pap Ndiaye, sobre EEUU; y a las mujeres, cuyo único artículo ha sido escrito por Arlette Gautier. Resalta la historiadora francesa cómo la presencia colonial ya desde el primer momento afectó, desde la desestructuración de las sociedades indígenas, al papel que en muchas ellas estaban jugando las mujeres, donde mantenían un papel más relevante que el que acabaron perdiendo después (pp. 680-682). También pone de relieve el elevado componente masculino de las migraciones europeas hacia otros continentes, lo que no ha dejado de tener repercusiones negativas sobre las mujeres indígenas, víctimas de todo tipo de violencias que se ejerció sobre ellas (p. 691 y ss.). Dentro de la creación de unas "tradiciones inventadas" acerca de los pueblos colonizados, se destaca que conllevó la aparición de mitos sobre prácticas incivilizadas y de un derecho consuetudinario restrictivo para el conjunto de mujeres (p. 697 y ss.). Eso explica que pervivan unos estigmas que pueden verse "en los derechos a la tierra perdidos, en el turismo sexual que abusa de los menores" (p. 723).


Es cierto que los dos libros aparecieron después que se publicara El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión (Madrid/Barcelona, Espasa Calpe/Planeta, 1998; edición original en francés de 1997), si bien  no voy a entrar ahora a valorarlo. Puede que en el caso de la obra de Perrault et alii sí se haya tenido como intención dar una respuesta al mismo. No hay, en todo caso, una negación de los crímenes del comunismo, de los que se dice que "las fichas antropométricas son fáciles de establecer" (p. 8). La cosa varía algo en el coordinado por Ferro, quien manifiesta que su libro debe formar una pareja con El libro negro del comunismo como "una necesidad evidente" (p. 11). Dejo, pues, a quienes quieran hojearlos y/o leerlos que saquen sus propias conclusiones.

sábado, 3 de marzo de 2018

De cómo los temporales nos sacan a veces las vergüenzas humanas
















Llevamos varios días sufriendo el conocido como temporal Emma. Y no paran de llegar imágenes de los daños ocasionados principalmente en las costas de Huelva y Cádiz. Haya sido o no un temporal desconocido por su dimensión, lo que ha puesto al descubierto han sido muchas vergüenzas. Porque buena parte de esos daños lo han sido como consecuencia de la una acción humana previamente depredadora. 


Que las aguas del océano hayan derribado chiringuitos y anegado calles e incluso viviendas, o hayan provocado desperfectos en paseos marítimos, no ha dejado de ser la consecuencia de prácticas imprudentes. En algunos casos ilegales, pero en otros, aunque hayan estado dentro de la legalidad, derivadas de unas medidas permisivas propiciadas por el gobierno central. 

Que nuestras costas llevan décadas siendo rehenes de un modelo de desarrollo urbanístico y turístico inadecuado, resulta evidente. Como también lo es que la actual ley de Costas, modificada por gobierno del PP, ha dado rienda suelta a nuevas invasiones del espacio marítimo. Ahí radica que, llegado un temporal de la dimensión como el de nuestros días, infraestructuras, viviendas e  instalaciones turísticas se hayan visto afectadas.         

Las monjas del Vaticano, explotadas

Por sorprendente que pueda parecer, el diario oficial del estado del Vaticano, L'Osservatore Romano, ha publicado  un artículo que escalda y mucho. Escrito por Marie-Lucile Kubacki y titulado "Il lavoro (quasi) gratuito delle suore" ["El trabajo (casi) gratuito de las monjas"], desentraña la situación en que se encuentran las monjas que viven y trabajan en el Vaticano. Al servicio del clero masculino que vive allí, en buena medida de alto rango, no dejan de ser unas chicas para todo. Su vida se reduce, desde que se levantan hasta que se acuestan, a servir a cardenales y demás funcionarios eclesiásticos, salpicando ese tiempo con momentos de oración y, si pueden, de estudio, lectura... Tareas propias del hogar como lavar, planchar, limpiar, cocinar... Tareas domésticas y rutinarias que recuerdan a las que realizan las empleadas domésticas de tantas casas por un salario miserable, si bien, en este caso, por lo que se cuenta en el reportaje, en condiciones de semiesclavitud. 

Se reproducen testimonios, en cierta medida, desgarradores, que reflejan la sensación de frustración de unas mujeres que ven cómo la institución a la que se han dedicado de por vida respira por todos sus poros una mezcla de patriarcado y misoginia. Un mundo masculino donde sólo los varones participan activamente en cualesquiera de los rituales, eventos y actos que se organizan, mientras ellas se dedican a servirlos. "Rara vez son invitadas a sentarse en las mesas que sirven", se dice. Y, por supuesto, un mundo en el que tienen prohibido el acceso al sacerdocio, con todo lo que conlleva de protagonismo en la institución, siendo relegadas a no tener ni voz ni voto.

Sospecho que las denuncias publicadas en el diario oficial del Vaticano no han sido producto del azar. Me explico: no dejan de ser fruto del nuevo ambiente que se vive en la Iglesia Católica tras el acceso al papado de Francisco. Más abierto y más dialogante, parece que busca un modelo de Iglesia que se acerque más a las preocupaciones de la gente, que rompa con la corrupción que la desangra, que permita el acceso de la mujer a espacios hasta ahora imposibles... Todo un reto.       

viernes, 2 de marzo de 2018

Greenpeace advierte de los elevados niveles de contaminación en Fukusima



















Han pasado siete años del accidente en la central nuclear de Fukusima (Japón), pero el peligro persiste. Los niveles de radiactividad siguen siendo elevados, pese a las informaciones que salen del ámbito del gobierno. Diversos grupos, como Greenpeace, están denunciando la situación y advirtiendo que la precipitación para volver a la normalidad en la zona contaminada por la radiactividad puede acarrear graves consecuencias. 

En un informe elaborado por dicho grupo ecologista, basado en mediciones técnicas propias, se extraen conclusiones alarmantes (ver http://www.efeverde.com). Se advierte de la "emergencia radiológica", dado unos niveles de contaminación que se encuentran muy por encima de los estándares internacionales. Ello está conllevando grandes riesgos para la escasa población que vive en la zona y para la situada en el entorno más próximo. Pero también lo sería para la que el gobierno prevé que regrese, a la que no cesa de lanzar campañas publicitarias engañosas.

Greenpeace, así mismo, denuncia que los datos aportados desde el gobierno, aun no siendo inexactos, sí encubren la realidad, porque se basan en mediciones extraídas en las zonas menos contaminadas. Han eludido hacerlas  basándose en los hábitos de la gente que vive allí, incluyendo para ello, por ejemplo, el merodeo por los bosques del lugar. La metodología aplicada por Greenpeace, pues, permite sacar conclusiones mucho más reales.

Pero incluso desde los datos aportados del gobierno, las condiciones para volver a empezar a vivir con normalidad en algunas zonas la harían imposible. Se necesitarían, según se concluye en el informe del grupo ecologista, al menos tres décadas para poder hacerlo con seguridad.