viernes, 8 de octubre de 2021

En recuerdo de Patricio Manns, tras su muerte


Hace un par de semanas falleció Patricio Manns (1937-2021). Su fama proviene en mayor medida del mundo de la música, como autor e intérprete de canciones conocidas. Pero en su persona estamos también ante otra faceta por la que ha sido reconocido sobre todo en su Chile natal: la creación literaria, en forma de poesía, novela y relato, y el ensayo, lo que ha llegado a ser objeto de estudios académicos. Si de lo primero puedo dar muestra de mi reconocimiento, al haber escuchado muchas de sus composiciones, de lo segundo confieso mi total ignorancia, salvo lo que se deriva de las letras de sus canciones, que en general están cargadas de una gran calidez.

Mi primer conocimiento de su música data de principios de los años setenta, tras el golpe de estado de septiembre de 1973. Tengo el recuerdo de la canción "Arriba en la cordillera", aunque por entonces no sabia quién era su autor. Compuesta a mediados de los sesenta e incluida en el álbum Entre mar y cordillera, a lo largo de los años ha conocido diversas versiones e interpretaciones.

¿Qué sabes de cordilleras
si tu naciste tan lejos?
Hay que conocer la piedra
que corona al ventisquero.
Hay que recorrer callado
los atajos del silencio
y cortar por las orillas
de los lagos cumbrereños.
¡Mi padre anduvo su vida
por entre piedras y cerros!

La viuda blanca en su grupa,
la maldición del arriero,
llevó a mi viejo esa noche
a robar ganado ajeno.
Junto al paso de Atacalpo,
a la entrada del invierno,
le preguntaron a golpes
y él respondió con silencios.
Los guardias cordilleranos
clavaron su cruz al viento.

Los ángeles de Santa Fe
fueron nombres del infierno.
Hasta mi casa llegaba
la ley buscando al cuatrero.
Mi madre escondió la cara
cuando él no volvió del cerro
y arriba en la cordillera
la noche entraba en sus huesos.
Él, que fue tan hombre y sólo
llevó la muerte en su arreo.

Nosotros cruzamos hoy
con un rebaño del bueno.
Arriba en la cordillera
no nos vio cruzar ni el viento.
¡Con qué orgullo me querría
si ahora llegara a saberlo!
Pero el viento no más sabe
dónde se durmió mi viejo
con su pena de hombre pobre
y dos balas en el pecho.

Algo parecido me ocurrió con su participación en la película La cantata de Chile (1974), dirigida por Humberto Solas. Las cinco canciones que en ella aparecen fueron musicadas por el cubano Leo Brouwer, pero las letras pertenecen a Patricio Manns. Una de ellas es "Mis fronteras".

Mis fronteras no pasan por tu cumbre,
ni me separa un río de tu pueblo,
por más de alguna cuerda subterránea
unta tu garganta a mi garganta,
mi inquietud amanece en tu inquietud,
se comprende mejor con dos respuestas.

Mis fronteras no encierran a tu pueblo,
ni me separa un vuelo de tu cumbre.

Se reúne mi sueño con tu sueño,
se amanceba mi puño con tu puño,
se establece el rigor de la amistad,
gorjean dos palomas en su rama.

Mis fronteras no borran el camino
por el cual hallarás mi palomera.
Si unimos nuestros ojos un instante,
veremos sin cejar la tierra entera,
veremos dos estrellas luminosas
y también dos semillas en la vera.
 
Mis fronteras no pasan por tu noche,
ni me separa un día de tu pueblo.
 
Mi pensar se dirige a tu pensar
por más de alguna grieta subterránea.
La pregunta nos abre varios mundos
que cerramos mejor con dos respuestas.  

Su relación con el mundo del cine tuvo otra muestra en Actas de Marusia (1975), película dirigida por su compatriota Miguel Littin. En este caso partió de una novela homónima suya, publicada en 1974, en la que se narra la vida y la lucha de los trabajadores chilenos del salitre a principios del siglo XX. Precisamente la música de la película fue obra del griego Nikos Theodorakis. 

Fue a finales de los años setenta cuando supe por primera vez quién era Patricio Manns. Fue en la canción "1917", que estaba incluida en el álbum colectivo Canto a la revolución de octubre (1977), un tema que también formaba parte de otro álbum, Canción sin límites, editado con sus propias canciones.

A bordo del pasado yo atravesé la tierra,
los mares solitarios, la vastedad salvaje,
un crepúsculo en llamas, los glaciares perfectos,
la dentellada pura del vendaval marítimo,
hasta San Petersburgo, para encontrar a Lenin.

Aquí caminó alzando su expresivo vocablo,
rehízo muchas veces sus múltiples destierros,
palpó el severo musgo de las cadenas muertas
y construyó en su mesa las luces aurorales,
los fértiles racimos de octubre, fértilmente.

El orgulloso visionario,
el gran demiurgo del corazón soviético,
el hondo capitán llamado
a restaurar el orden de la vida,
paciente como una semilla
se propagó sobre el tiempo y la memoria,
se hizo alfabeto orgánico y rebelde,
acrisoló los hornos del deber.

Con él se despertó su pueblo
llenando de altos martillos la mañana.
El trueno rojo de los cantos
se alzó radiante entre ráfagas de nieve.
Y un mar de mástiles ardiendo
hizo estandarte el fuego que rugía,
hizo constante el peso de la aurora,
estableció las leyes del futuro.

Pueblo es la tierra, pueblo la semilla,
pueblo el agua, la siembra,
el viento y el molino;
pueblo es la letra, pueblo la ventana,
la cosecha, la espuela,
el canto y la palabra,
y suyos son los combates,
suyos los deberes
y el derecho incesante de alumbrar la tierra
con el incendio de sus cárceles.

Si en esa canción hizo de Lenin el personaje referente de su contenido, años después utilizó la figura de otro revolucionario, el argentino Ernesto Guevara,  en "El Che", en la que mantuvo la melodía, pero adaptando la letra.

A bordo del pasado yo atravesé los páramos,
los bosques solitarios, la vastedad salvaje,
un crepúsculo en llamas, el glaciar imperfecto,
la dentellada pura del vendaval andino
hasta este Valle Grande para encontrar al Che.

Aquí caminó alzando sus pródigos vocablos,
rehízo muchas veces los múltiples caminos,
palpó el amargo musgo de las conciencias muertas
y construyó en su carpa las luces aurorales,
las lides y los sueños de la victoria siempre.

El orgulloso visionario, 
el gran demiurgo latinoamericano,
el hondo capitán llamado 
a restaurar el orden de la vida,
paciente como una semilla, 
se propagó sobre el tiempo y la memoria,
se hizo alfabeto, orgánico y rebelde,
acrisoló los hornos del deber.

Fue el Che el que despertó a los pueblos
llenando de altos martillos la mañana.
Fue el Che el que levantó los cantos
entre metralla y ráfagas de muerte.
Fue el Che el que con su estrella ardiendo
hizo estandartes del fuego que rugía,
hizo constante el peso de la aurora:
el Che escribió las leyes del futuro.

Pueblo es la tierra...

No pretendo hacer en esta entrada un recorrido exhaustivo de la trayectoria musical de Patricio Manns, sino detenerme en algunas de sus canciones, aquellas de las que, por distintas razones, tengo mayores recuerdos o me siendo más identificado. Está entre ellas "Palimpsesto", que la escuché por primera vez interpretada por Inti Illimani, dentro del disco homónimo del grupo chileno (1981) y que fue el inicio de una colaboración musical asidua y fructífera.

Huelga deciros que yo os quiero más
en la profunda pulpa de antesueño,
cuando el glaciar se reconvierte al sol
y se nos va la esperma en el empeño
y se nos cuaja el ceño de cenizas
ávidas de hendir el cavilar del leño.

Huelga deciros, Libertad Osuna,
que os sueño arando en hierro y sabio azote,
volviendo a errar y a herrar sin miramientos
sobre un caballo y sobre un brioso brote,
que es una forma de entender amar
y otra jornada que vencéis al trote
con ansia de echar
la tierra a mugir,
la luz a rodar.

Huelga dudar que Libertad amando
me vuelva a herir la gana regresando.

Qué hambre tener que Libertad Osuna
os una en la memoria del ultraje,
os rememore y os despierte al vuelo,
os calce el corazón con los corajes,
os arremeta sin parar la estancia
oscura en que bebéis
la injuria y su brebaje.

Qué hombre volver para que Osuna libre
su libre su nombre y su veloz corpiño,
su vientre cuarzo y su agonía historia
y sus cadenas, su reloj, su niño,
y os avecine, os una y os ausculte
con sus dos manos y sus tres cariños,
y su refulgir,
su oficio de herir
la luz por venir.

Si nos va a arder la gana en toda luna
y hemos de andarla juntos tierra a tierra
que en las raíces Libertad nos una.  

Patricio Manns, vinculado desde años atrás con el Partico Comunista de Chile, fue un combatiente de la dictadura militar de Pinochet. Eso lo llevó a componer canciones dedicadas a militantes comunistas, heroínas populares, anónimas o con nombre propio, a las que rindió tributo. Lo hizo, por ejemplo, en "Elegía para una muchacha roja":

Nació en un pueblo donde el sol
llueve su lluvia de hidromiel,
donde los trenes desde el riel
manchan con humo el arrebol
y la naranja es un farol
que multiplica luz frutal
y en que la abeja colosal
trota los aires con pasión
para guardar en un cajón
rubios misterios de cristal.

Fue un largo invierno su niñez:
hambre y distancias que borrar
con los cuadernos de escolar
y las heridas en los pies,
peregrinar de cuando en vez,
más y más lejos del hogar
sin un madero que quemar,
sin una mano que coger,
sin una luz que defender,
pero una llaga que cerrar.

Así creció la compañera,
-áspera llama combatida-,
siempre golpeada y ofendida
por una ráfaga de cera,
la compañera.

Se la tragó la gran ciudad
con tanta ropa que lavar,
con tanta leña que cortar,
con tanta gris necesidad.
hizo trabajo de verdad:
hirvió en la mesa del gandul,
cosió en un siglo un traje azul,
estuvo un día sin bordar
y guardó el tiempo de soñar
en lo más hondo del baúl.

Entonces vio la compañera
que había un mundo que cambiar;
que era preciso batallar
en busca de la primavera
y con revuelta cabellera
y con dos manos desgarradas
se confundió en la marejada
que destrozaba los cimientos
del viejo mundo descontento,
para hacer limpia la alborada.

Así luchó la compañera
-áspera llama combatida-,
siempre golpeada y ofendida
por una ráfaga de cera,
la compañera.

Con mano roja desplomó
piedra por piedra la pared,
fue interminable como red,
fue una bandera que flameó,
fue una leona que atacó, 
fue cama dulce y fue pañuelo,
fue vigilante en el desvelo,
fue brazo y trueno combatiente,
hasta que un tiro -simplemente-,
cubrió su corazón con hielo.

Así cayó la compañera,
condecorada por su herida,
la más hermosa, la elegida,
bajo la piel de las banderas,
la compañera.

En el caso de "Vino del mar" sí hay un nombre concreto: el de Marta Ugarte, una dirigente del PCCh que en 1976 había sido detenida, torturada y asesinada por agentes de la DINA, la temible policía de la dictadura. Su cuerpo fue lanzado al mar con un lastre de hierro con la intención de hacerlo desaparecer, pero el propio mar acabó devolviéndolo a la playa de Longotoma.  

Vino del mar
envuelta en agua azul,
la trajo el viento del más allá,
dormida en las
olas de espuma y sal
sobre su propia herida mortal.

Vino del mar
con una cicatriz
que dividía su pecho en dos,
trazada por
un furioso puñal
que eternizó su indefensión.

Vino del mar
más blanca que la sal
hacia la oscura arteria de mi amor
y allí quedó
muerta en la playa gris
bajo un fulgor crepuscular.

Vino del mar
más negra que el carbón
para alumbrar la noche de mi amor
y allí encendió
un fuego sin furor
para entibiar mi corazón.

Vino del mar
y era una estrella azul
danzando en altas olas de sal.

(Volviste a mí
porque me ataste
al nudo de la eternidad).

Lo ocurrido con Marta Ugarte inspiró también al propio Patricio Manns a escribir un relato estremecedor que tituló "La novia del regimiento". Por mi parte, hace ocho años publiqué la entrada "Marta Ugarte vino de mar para quedarse", en la que aludo al título de la canción y menciono diversos trabajos periodísticos, musicales y literarios realizados sobre ella. 

El compromiso político de Patricio Manns lo llevó a involucrarse en la lucha armada contra la dictadura, convirtiéndose en los años ochenta en portavoz del Frente Patriótico Manuel Rodríguez e incluso en autor de su "Himno". Pese a la deriva en la que acabó dicho grupo en los años noventa, después de que rompiera su relación con el PCCh, Manns siempre se reconoció como militante rodriguista. Recientemente ha llegado a reivindicar a través de una entrevista su participación en la organización del atentado fallido contra Augusto Pinochet, que tuvo lugar en 1986.

Dos décadas antes, en 1966, ya compuso una canción dedicada a Manuel Rodríguez, a la que puso el título de "El cautivo de Til-til". El protagonista es el mítico guerrillero de principios del siglo XIX que luchó contra la colonización española y acabó siendo víctima de la nueva situación creada tras la independencia. Fue apresado y ajusticiado por las nuevas autoridades, entre otras cosas por su oposición a la deriva oligárquica de la recién proclamada república de Chile.

Por unas pupilas claras
que entre muchos sables
viera relucir
y esa risa que escondía
no sé qué secretos
y si era para mí,
cuando altivo se marchó,
entre gritos de alguacil,
me nubló un presentimiento
al verlo partir

Dicen que es Manuel su nombre
y que se lo llevan
camino a Til-til,
que el gobernador no quiere
ver por la cañada
su porte gentil.
Dicen que en la guerra fue
el mejor y en la ciudad
lo llaman el guerrillero
de la libertad

Sólo sé que ausente va,
que lo llevan los soldados,
que amarrado a la montura
la tropa lo aleja de su general.
Sólo sé que el viento va
jugueteando en sus cabellos
y que el Sol brilla en sus ojos
cuando le conducen
camino a Til-til
 
Dicen que era como un rayo
cuando galopaba
sobre su corcel
y que al paso del jinete
todos murmuraban
su nombre: "Manuel".
 
Yo no sé si volveré
a verlo libre y gentil,
sólo sé que sonreía
camino a Til-til

Aunque aún quedaba una década para el fin de la dictadura, el deseo y la esperanza para que así sucediera le inspiró la letra de otra de sus canciones más conocidas, "Vuelvo", que fue musicada por Horacio Salinas, uno de los integrantes de Inti Illimani:

Con cenizas, con desgarros,
con nuestra altiva impaciencia,
con una honesta conciencia,
con enfado, con sospecha,
con activa certidumbre
pongo el pie en mi país.
Pongo el pie en mi país
y en lugar de sollozar,
de moler mi pena al viento,
abro el ojo y su mirar
y contengo el descontento.

Vuelvo hermoso, vuelvo tierno,
vuelvo con mi espera dura,
vuelvo con mis armaduras,
con mi espada, mi desvelo,
mi tajante desconsuelo,
mi presagio, mi dulzura,
vuelvo con mi amor espeso,
vuelvo en alma y vuelvo en hueso
a encontrar la patria pura,
al fin, del último beso.

Vuelvo al fin sin humillarme
sin pedir perdón ni olvido,
nunca el hombre está vencido,
su derrota es siempre breve,
un estímulo que mueve
la vocación de su guerra,
pues la raza que destierra
y la raza que recibe
le dirán al fin que él vive
dolores de toda tierra.

Quien fuera presidente de Chile entre 1970 y 1973, Salvador Allende, fue motivo de un homenaje en el disco Allende: la dignidad se convierte en costumbre (2003). En el mismo está incluida la canción "Allende", compuesta con  anterioridad, y que interpretada por primera vez en 2003 en Santiago, durante el recital que protagonizó en el Estadio Nacional de Chile. 

Presidente:
he marchado por las calles del mundo,
las plazas y los parques,
los lagos, los volcanes,
los ríos memorables,
los páramos, las ruinas,
los trigales, los bosques llenos de voces verdes
en busca de tu nombre
y allá encontré tu nombre.
He pescado botellas en el mar con tu rostro
dibujado en oscuros papeles navegantes,
y poemas tallados a cuchillo en las mesas
de bares infinitos, cerca del fin del mundo,
pero en Chile, tu patria,
no hay nada que te nombre.

Tú no estás en las calles de Chile, ni en sus muros,
no estás en los mercados ni en las escuelas rotas,
pero sí en la memoria de los que defendiste
con tu ideal, tus manos y tu muerte inmortal.

Nada, nada, sólo el amor de tu pueblo, Allende.

Presidente:
está escrito tu nombre en una estrella,
y Salvador Allende se llaman los tranvías,
los barcos castigados que surcan el oleaje,
los trenes sudorosos de aceites y de lluvia,
pero en tu patria nada lleva tu nombre, Allende.

No volverás jamás puesto que no te has ido.
No partirás jamás puesto que te quedaste.
No borrarán tu gesto ni esconderán tu sangre,
ni harán de tu legado un manuscrito muerto
pues eres parte altiva de la historia de Chile.

Tú no estás en las calles de Chile, ni en sus muros,
no estás en los mercados ni en las escuelas rotas,
pero sí en la memoria de los que defendiste
con tu ideal, tus manos y tu muerte inmortal.

Nada, nada, sólo el amor de tu pueblo, Allende.

Hay que escribirte en las murallas,
hay que sacarte del silencio,
hay que romper la cordillera para que vuelvas a caballo,
hay que abrir huecos en el cielo para que bajes como un rayo,
hay que abrir tumbas y panteones para que subas de la muerte
porque no hay nada que nos una como tú, Salvador Allende.

No quiero acabar este recorrido sin mencionar la "Balada de los amantes del camino de Taverney", que compuso a mediados de los ochenta durante su estancia en Suiza como exiliado y dedicó a su compañera Alejandra Lastra. Una canción de amor, que el propio Patricio Manns llegó a calificar en alguna ocasión de erótica.

El cuarto donde habita mi ruiseñora
se nutre con el ruido de mi demora,
los cantos de la calle se están plegando
y el mórbido reloj mira blasfemando.
Después la lluvia encumbra sus volantines
y moja alguna estrella que agoniza entre violines
y agolpa sus rebenques desmelenados
al anca de mi potro que no ha piafado.

De noche todo es claro si en su cortina
ondula una cadera que se adivina,
sacude su pañuelo la amante raza
y enciende las señales por donde pasa
mi atávico desvelo buscando casa.

La cama donde espera mi buena moza
es tibia como el vientre y es luminosa.
Viniendo de la lluvia y forzando puerta
aprecio que su gana ya esté despierta.
La cama donde escurro mis homenajes
es donde desterramos la barrera de los trajes
y es donde, de algún modo, su resolana
se adueña de mi lengua tan soberana.

Allí nos respiramos de diestra suerte,
allí nos cobijamos por si la muerte,
allí yo le regalo mis estertores 
y allí ella me devora con mil amores
cogiendo de mi sangre las frescas flores.

La cama adonde anida su pulpa suave
es ésa donde yergue su cuello de ave
y aquélla donde estira su claro modo
amándome de cerca y mordiendo todo.
Su cama multiplica mi envergadura,
que es llave con la que abro su opulenta sabrosura,
que es fuego con el que hecho su frío afuera
y avivo su gemido cuando lo quiera.

Viniendo de tan lejos estoy tan hondo,
tan cerca de su dentro y tan al fondo,
tan ávido y completo, tan estrujado,
tan posesivo y pleno, tan aplicado,
que cuando el nuevo día se asoma, me alza
desangrado, desangrado, desangrado, desangrado.

Durante estos días son numerosos los homenajes que se están haciendo en honor de Patricio Manns. Y como muestra, ofrezco esta interpretación coral de "Arriba en la cordillera"

jueves, 7 de octubre de 2021

La condena a Alberto Rodríguez, una forma de criminalización de la protesta social (¿y algo más?)


El diputado canario de Unidas Podemos, Alberto Rodríguez, ha sido condenado por la sala de lo Penal del Tribunal Supremo un mes y medio de cárcel y el pago de 540 euros de multa por el delito de atentado a agentes de la autoridad. Eso supondrá, a su vez, 
 su inhabilitación temporal como miembro del Congreso durante el tiempo de condena. El motivo que lo ha propiciado data de 2014, cuando fue acusado por un agente de la Policía Nacional de haberle propinado una patada en la rodilla, durante un acto de protesta por la visita del ministro de Educación José Ignacio Wert a la ciudad tinerfeña de La Laguna. 

Siguiendo la información facilitada por Público, en la que también puede leerse la totalidad del fallo judicial, la condena se ha basado exclusivamente en el testimonio del agente involucrado, en el que no pormenorizó otros detalles sobre lo ocurrido. Existe también una contradicción con la declaración hecha por un superior suyo, presente en los hechos, que ha manifestado que ni vio la patada ni tampoco al acusado. Tampoco los sanitarios que lo atendieron dejaron constancia en su momento de que hubiera habido lesiones. 

Llama la atención, dentro del cúmulo de incongruencias, que la comunicación oficial de las diligencias contra Alberto Rodríguez hubiera tenido lugar varios meses después de lo ocurrido. Precisamente ésa ha sido la razón por la que la Sala, presidida por Manuel Marchena, haya considerado como un atenuante en la condena, dada la existencia de "dilaciones indebidas".

La sentencia ha contado con el voto particular de dos miembros de dicha Sala, quienes, partiendo de la afirmación del agente y la negación del acusado, consideran: "Es posible que sucediera. No estamos en condiciones de descartarlo. Pero existen también otras múltiples posibilidades, igual o parecidamente probables". A lo que añaden: "Es plausible que el agente pudiera haberse equivocado en la identificación". 

Lo más previsible es que el actual diputado de Unidas Podemos recurra la sentencia ante el Tribunal Constitucional, algo que, por otra parte, manifestó en su alegato final durante el juicio y en varias declaraciones ante los medios de comunicación. Incluso, si tuviera que suceder, lo haría ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero la cosa no queda ahí, pues en el texto de la sentencia se ha criticado esa advertencia, por considerarla "inapropiada".   

Estamos, pues, ante el enésimo caso de una justicia que sigue dictando sentencias contra personas que participan en las luchas sociales y sufren distintas formas de represión desde instancias ya sean policiales, administrativas o judiciales. Un episodio más de la criminalización no tanto de la protesta en sí misma, como de la que tiene un carácter social, cuando no propiamente política si se trata de personas pertenecientes al campo progresista. 

Estamos viendo cómo las protestas que se llevan a cabo desde los medios de la ultraderecha gozan de una clara impunidad, tanto si contienen comportamientos violentos como si ponen de manifiesto la xenofobia, la homofobia, la transfobia... También, aunque sea de otra índole, no dejamos de sorprendernos de la facilidad con la que delincuentes de alta alcurnia salen de rositas a la hora de cometer delitos económicos en cualquiera de sus formas...

Para el jurista Joaquín Urías, autor del artículo del artículo "La Policía siempre tiene razón y si no, la justicia se la da", sentencias como la sufrida por Alberto Rodríguez, "transmiten sin pudor un mensaje claro e inquietante: los excesos de la Policía no se van a juzgar y las acusaciones de la Policía van a ser siempre la verdad".

(Imagen: https://www.elespanol.com/espana/tribunales/20211007/alberto-rodriguez-pierde-condena-supremo-agredir-policia/617688406_0.html).

martes, 5 de octubre de 2021

La huella de Emilio Prados en el barrio malagueño de El Palo

El barrio malagueño del El Palo tiene para mí un sabor especial, pues viví en él durante un tiempo a finales de los años ochenta, manteniendo una relación estrecha en los siguientes. Paseando el otro día por su playa, me topé con algo nuevo: un monumento dedicado a Emilio Prados y el libro que escribió entre 1926 y 1927 titulado El misterio del agua, que se añade a un pequeño monolito situado en las cercanías unos años antes.

Prados formó parte de la generación poética del 27, aunque su nombre no está entre los más conocidos y reconocidos. De joven estudió en Madrid, hasta que una grave enfermedad hizo que regresara a Málaga, donde había nacido en 1899. A partir de 1924 inició una nueva etapa en su vida, dedicada preferentemente a la difusión de literatura, para lo que contó con la colaboración del también poeta malagueño Manuel Altolaguirre. Primero, con la revista Litoral y luego, con la editorial Sur, desde donde prestaron una especial atención a la poesía del momento y en ella, la de la generación del 27.

Fue en El Palo, por entonces el barrio marinero de Málaga por excelencia, donde Prados encontró una fuerte inspiración para su escritos y su orientación en la vida. La contemplación del mar y sus gentes le permitió llegar, como un embrujo, a una especie de panteísmo vital. En sus escritos, en mayor medida poemas, fueron quedando reflejados el paisaje y el quehacer de quienes trabajan en la mar.

Es lo que puede verse y leerse en sus primeros libros, como Tiempo (1925), dos de cuyos poemas rezan así: 

Media noche

Duerme la calma en el puerto
bajo su colcha de laca,
mientras la luna en el cielo
clava sus anclas doradas.
¡Corazón,
rema! 

Nocturno

Abrí la caja de los peces
y se cuajó el cielo
de luceros verdes...

¡Dadme mi doble aparejo,
con su compás de caña
 y con su doble anzuelo!...

(Abrí la caja de los peces,
y se cuajó el cielo
de luceros verdes).

¡Dejadme dormir!...
           ¡Silencio!...
¡Dejadme dormir abierto!


En el antes referido libro-poema El misterio del agua hace una meditación a base de cinco milagros, que son los pasos por los que trascurren el crepúsculo, la noche, la sombra, la soledad y el amanecer. El primero de los poemas, titulado "Tránsito al crepúsculo", comienza de esta manera:

¡Abre el cielo las puertas!
¡Abre el amor las alas!

Se le va el pulso al día.
Su corazón se agua
-se desnuda-,
se tiende deshilado,
huye por las sombras,
se desabrocha en vahos (...).

Y en el último cierra ese transitar por el tiempo con "Amanecer":

Noche y agua,
despacio,
van entrando en la hora
sin apenas pisarla:
latiendo sobre los vahos
casi sin presencia;
en palmas fugitivas
para cederse en ellas,
escaparse en aliento
y mudarse de cambio

(...)

Y van altas, seguras,
en desmayos de vida:
una en otra,
hombro en hombro,
mezclándose de brillos,
de manos transparentes,
de calor y de ánima. 


La mayor parte de estos poemas quedó escondida entre sus escritos durante años. Tuvo que ser, ya durante su exilio en México, cuando decidió incluirlos en su totalidad dentro de la Antología que publicó en 1954, para lo que incluyó en El misterio del agua la dedicatoria: “A Juan Matías, José, Gabriel y Pedro de la Cruz, pescadores sin cielo, en mi memoria”, que precisamente aparece en el monumento.   

La presencia de Prados en El Palo tuvo otra vertiente, no tanto más humana
-porque la poesía siempre lo es-, como eminentemente solidaria. Como una especie de apostolado laico, se dedicó a ayudar a las familias del barrio, carentes de necesidades materiales y culturales básicas. Enseñó a leer y escribir, se prodigó en el fomento de actividades culturales y no le faltó prestar su apoyo en la  reparación de barcos. Ya durante los años de la República se inició en la actividad  sindical, participando en la formación del sindicato de pescadores y en el del gremio de artes gráficas, y también en la política, con su ingreso en el Partido Comunista de España.

En ese barrio vivió hasta 1936, cuando desde el comienzo de la guerra fue trasladándose sucesivamente a Madrid, Valencia y Barcelona. Salió de España a principios de 1939, pasando primero por Francia, para recalar finalmente en México, donde murió en 1962. 

Málaga siempre estuvo presente en Prados. También lo estuvieron los pescadores del barrio que lo acogió durante más de una década. El recuerdo de ese paisaje lo dejó patente en los años 50 en una de las cartas que envió a un amigo:

¿Sabes nadar? ¿Sí? Pues vete un día a ese “Peñón del Cuervo” (que tal vez sea yo mismo) y nada hasta encontrarme frente al mar, en donde solamente se ve el mar. Allí hay una lengua de piedra que el agua va lamiendo ¡Súbete! ¡Tiéndete allí contra el sol más fuerte! Y escúchame, porque allí estoy: al fondo, herido en una cueva del costado; álzalo al cielo, ardiendo al sol y ausente.



La información ha sido obtenida de Carlos Blanco Aguinaga, Julio Rodríguez Puértolas y Iris M. Zavala, Historia social de la Literatura española (en lengua castellana) (vv. II y III, Madrid, Castalia, 1978); y Francisco Chica Hermoso, "Emilio Prados, cincuenta años después" (Cuadernos del Rebalaje, n. 16, 2012; https://www.amigosjabega.org/wp-content/uploads/20120701-Emilio-Prados.pdf).

El PP, en la reconquista de todo el espectro de la derecha

Los triunfos del PP desde finales de los años ochenta tuvieron una clave: conseguir ser el único partido de la derecha españolista. Fue un proceso con dificultades, pero exitoso. pero vayamos por partes.

En los primeros momentos de la Transición la derecha estaba fragmentada y contaba con la hegemonía de Unión de Centro Democrático, el partido creado en torno a Adolfo Suárez, con una Alianza Popular, liderada por Manuel Fraga, que se quedó sin alcanzar siquiera el 10% de los votos y una extrema derecha, encabezada por Blas Piñar, que lo más que consiguió fue un diputado en 1979. Entre 1982 y 1993 el campo de la derecha sufrió una especie de travesía del desierto: UCD acabó rota y desapareciendo; el Centro Democrático y Social de Suárez fracasó en su intento por formar un centro-derecha progresista; mientras que AP se veía impotente para hacer frente al PSOE. Tuvo que ser la refundación de AP en el Partido Popular cuando a lo largo de los años noventa se alcanzó el éxito, recogiendo buena parte de los restos de los naufragios y aupando a una nueva generación de dirigentes. 

El personaje clave en ese mundo conservador fue José María Aznar, que accedió a la presidencia de la Junta de Castilla y León en 1987 gracias a la ayuda prestada por el CDS. Su corta experiencia en el cargo le abrió el camino para liderar al PP a partir de septiembre de 1989, del que fue candidato, sucesivamente, hasta el año 2004. Sin que apenas le hiciera sombra ningún otro partido de su campo, logró aumentar los votos en cada elección y obtuvo la presidencia del gobierno en las elecciones de 1996 y 2000, esta última con mayoría absoluta. 

Durante el paréntesis entre 2004 y 2011, ya con Mariano Rajoy, el que el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero le arrebatara el gobierno se debió a dos factores: uno, los errores del propio Aznar y sobre todo el de su deriva atlantista, con la guerra de Irak como referente; y el otro, la opción del voto útil hacia el PSOE que se dio en el campo de la izquierda y que, a su vez, debilitó a IU.

La crisis económica de 2008, ahora con errores graves de Zapatero, permitió que  en noviembre de 2011 el PP recuperara la mayoría absoluta, que se unió a los triunfos electorales en las municipales y las autonómicas de unos meses antes. Parecía que el país, en una inmensa mayoría, se había entregado a los pies del PP, ahora con Rajoy al frente, pero todo era una apariencia. Con anterioridad había sembrado lo que acabó siendo el problema de Catalunya, que empezó a extenderse en forma de independentismo. Las medidas que el gobierno conservador tomó fueron de tal calibre (reforma laboral, educación, justicia, aborto...), que amplios sectores de la sociedad se movilizaron como hacía años que no se conocía. Y a ello se unió la salida a la luz de los escándalos de corrupción en la financiación del PP, empezando con el caso Bárcenas y siguiendo con la Púnica, la Kitchen, la policía patriótica de Interior...      

El campo de la derecha se acabó resquebrajando: el PP fue viendo cómo Ciudadanos, primero, empezó a comerle terreno y, ya desde 2019, cómo su flanco más extremo por la derecha se quedó en manos de Vox. A su vez, en el seno de la izquierda, con el surgimiento de Podemos y las confluencias, el PSOE perdió fuelle, como pudo verse en las tres elecciones de 2015. Y el resultado final fue una grave crisis que afectó tanto al bipartidismo de hecho que se había dado desde 1977 como a la institución monárquica, después que Juan Carlos I se viera obligado a abdicar en 2014 cuando se fueron conociendo más episodios de sus tejemanejes financieros y personales.  

Con todo, la moción de censura de 2018, que devolvió el gobierno al PSOE en la figura de Pedro Sánchez, y las siguientes elecciones llevaron al PP a la peor de las situaciones vividas en su historia.

En la actualidad la situación ha cambiado. Ciudadanos no ha sido capaz de superar al PP, principalmente por lo ocurrido en el verano de 2019, cuando rechazó un acuerdo con el PSOE. Desde entonces ha iniciado una caída ininterrumpida, que está permitiendo al PP recuperar esos votos. Por su parte, Vox se mantiene fuerte en el flanco a la derecha del PP y, hasta el momento, ha conseguido arrastrarlo hacia posiciones políticas más extremas. 

Y es aquí donde se inscriben los últimos pasos dados por el PP, que busca recuperar todo el espacio político o, al menos, que, desaparecido en la práctica Ciudadanos, los votos de Vox queden reducidos a la irrelevancia. Y en ello el sistema electoral le favorece, porque es en las provincias más conservadoras donde mejor puede optimizar los resultados electorales. A eso se añadiría Andalucía, un territorio hoy clave para entender por dónde puede inclinarse la balanza. Lo que hasta 2018 le había servido de mucho al PSOE, ahora se ha convertido en un ámbito conquistado por la derecha, lo que tiene que ver, errores del PSOE aparte, con un anticatalanismo que aporta muchos votos en Andalucía.

El teatro montado por el PP la semana pasada tiene mucho de sainete. Pero -¡ojo!- no tiene por qué salirle mal. Resulta fácil desde la izquierda y desde observadores externos, sobre todo del extranjero, ver cómo lo hecho por el PP contiene elevadas dosis de ridículo: la chulería de Aznar en torno a las pensiones; la invitación a Nicolas Sarkozy y su inmediata segunda condena por corrupción; las palabras de Mario Vargas Llosa sobre el valor de los votos; los ataques al papa Francisco por defender que se pida perdón por lo ocurrido durante la conquista de América; la presencia del imputado por corrupción Francisco Camps; la propia denuncia de una militante del PP de la casi ausencia de mujeres en las mesas redondas; el regreso a España de una inexpresiva Isabel Díaz Ayuso después de su fracasado viaje a EEUU...

Sí, muchas situaciones ridículas, como las que ya hubo durante la campaña de las elecciones madrileñas y que, a la postre, no contaron a la hora de entregar una mayoría absoluta a Ayuso. Lo ridículo está presente en buena medida en el mundo de nuestros días, pero, lejos de penalizar, lo menos que se hace en determinados ámbitos políticos es no tenerlo en cuenta. Ocurrió, por ejemplo, con Donald Trump o con Jair Bolsonaro, pero... 

El neoliberalismo ha impregnado de tal manera nuestras vidas, que está haciendo del individualismo el eje de nuestras tomas de decisiones. A ello hay que añadir su banalización, en la que la televisión y las redes sociales funcionan como vehículos de socialización de determinados comportamientos sociales. De esa manera, los problemas colectivos se hacen sentir como individuales. La colaboración social se transforma en la complicidad del grupo a la hora de divertirse. La solidaridad entre las personas se ve alterada por la búsqueda de enemigos en forma de xenofobia, homofobia, violencia contra las mujeres... Y en nuestro país, además, con un añadido: el factor de identidad territorial, que está extremando el sentimiento de lo español, con una recuperación de valores propios de la España negra.

Vistas así las cosas, en el seno de la izquierda se plantean varios retos. En el caso del PSOE, si es capaz de entender lo que supone seguir defendiendo posiciones conservadoras en asuntos como la vivienda, la energía, el mercado laboral... En el de IU, Podemos, Más País, Equo y demás, si consiguen acabar con la división electoral, teniendo en cuenta el fuerte peaje que hay que pagar por presentarse por separado. Y en el de grupos como ERC, EH-Bildu, NG, Compromís..., si optan  más por posicionamientos de izquierda o priman lo identitario.

No está de más reflexionar sobre ello.  

lunes, 4 de octubre de 2021

Llarena, ¿cuántos varapalos llevas en Europa?

Eso me pregunto, porque el hombre no deja de recibir, uno tras otro, varapalos en los medios judiciales de diferentes países europeos: Bélgica, Alemania, Suiza, Reino Unido... Y ahora, Italia, donde se ha decidido que no procede la extradición de Carles Puigdemont, porque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea aún no ha tomado una decisión. Pablo Llarena es una muestra más del mundo judicial que nos rodea en España y que actúa con arreglo a unas pautas que, presumiendo de independencia, rezuman ranciedumbre. He negado siempre que el poder judicial no sea político. ¡Claro que lo es! Y porque lo es, al decidir sobre lo que los otros dos poderes políticos ponen en práctica, su acción influye sobre los hechos de la vida, donde hay conflictos y sobre ellos hay que actuar. El poder judicial no debe ni dificultarlos ni aumentarlos, sino ayudar a resolverlos, como deben hacer los otros dos. Con jueces como el señor Llarena sólo cabe esperar que la cosa vaya a peor. El papelón que está haciendo en sus actuaciones allende las fronteras no hace más que llevarlo al ridículo. Y así nos va.

Lo de Antonio Miguel Carmona con Iberdrola, un nuevo caso de puertas giratorias

Antonio Miguel Carmona ha fichado por Iberdrola. Va a ser nada menos que vicepresidente de la sección española de una de las empresas más poderosas del sector eléctrico. Ha sido un miembro destacado del PSOE madrileño, al que ha representado como parlamentario en la Asamblea de la comunidad autónoma y por el que llegó a ser en 2015 candidato a la alcaldía. Sus posiciones políticas han estado ligadas al sector más conservador del PSOE, estando entre quienes apoyaron a Susana Díaz en las primarias de 2017, en las que por segunda vez Pedro Sánchez resultó vencedor. Este hecho ha supuesto que en la actualidad ya no tuviera ningún cargo representativo, dedicándose a su función como profesor en el centro universitario San Pablo CEU y a su actividad de tertuliano, en la que lleva bastantes años.

Y ahora, en plena polémica en torno al recibo de la luz, ha saltado una noticia que no ha gustado ni al gobierno, ni a quienes dirigen el PSOE en la actualidad, ni, por supuesto, a Unidas Podemos. Estamos ante el enésimo caso de las puertas giratorias, en las que representantes públicos destacados de los partidos se pasan a puestos directivos de grandes empresas privadas.  

Algo que no es nuevo en el entorno del PSOE, en el que, además, ha habido cierta "predilección" por el mundo de las empresas eléctricas. Veámoslo a través de ejemplos: Felipe González (Naturgy), Miguel Boyer (Red Eléctrica Española), José Manuel Atienza (Red Eléctrica Española), Josep Borrell (Abengoa), Narcís Serra (Naturgy), Elena Salgado (Endesa), Mª Ángeles Amador (Red Eléctrica Española), Manuel Marín (Iberdrola), Pedro Solbes  (Viesgo/Repsol)...

Una presencia en el sector donde el PP no ha faltado: Rodolfo Martín Villa (Endesa), José María Aznar (Endesa), Pío Cabanillas (Endesa), Ángel Acebes (Iberdrola y Red Eléctrica Española), Luis de Guindos (Endesa)... 

Eso es lo que tenemos.

sábado, 2 de octubre de 2021

Presentada en Barbate El abismo de los límites, la primera novela de Antonio Jesús Roldán

Ayer tuve la ocasión de hacer de anfitrión y presentador de la primera novela de Antonio Jesús Roldán: El abismo de los límites (Córdoba, Utopía, 2020). En enero ya le dediqué una entrada en este cuaderno, queriendo dejar constancia de la sorpresa positiva que me causó su lectura. El acto, que tuvo lugar en la Casa de la Cultura de Barbate, contó con la presencia de una veintena de personas, que pudieron seguir con mucho interés la información que nos trasladó el autor.

Conozco a Antonio desde hace bastantes años: personalmente y en lo que se deriva de su actividad pública. Pese a la distancia que hay entre Conil, su pueblo, y Salamanca, en nuestra juventud, durante los últimos años de la dictadura y primeros de la Transición, compartimos la lucha política en el mismo entorno político: el de la Joven Guardia Roja y el Partido del Trabajo de España.

Antonio siguió un camino político que se mantendría en el futuro y que le daría excelentes frutos: en 1987 fue concejal por IU; desde 1995, ya como alcalde, ha mantenido a su grupo en el gobierno del Ayuntamiento  de Conil ininterrumpidamente; entre 2007 y 2011 compaginó esa labor con la de diputado provincial; y finalmente, en 2012, dejó su puesto en la alcaldía tras haber sido designado viceconsejero de Turismo y Comercio en la Junta de Andalucía.

Siguiendo con las coincidencias, los dos nos hemos dedicado a la misma profesión: la docencia. Antonio, como maestro, orientado a las personas adultas, llegando a estar en los comienzos en Barbate. Por mi parte, como profesor de secundaria, dedicado a la enseñanza entre adolescentes y jóvenes. Y hasta nos hemos jubilado casi a la vez, porque hasta coincidimos en el año de nacimiento.

Como destaqué en la presentación, no debemos olvidar un hecho, relacionado con la relevancia que ha tenido como alcalde durante 17 años: su ejemplaridad, pues estamos ante una persona de una gran altura moral y coherencia. Para ello puse tres ejemplos: cuando en 1991 rechazó la alcaldía, pese a haber sido elegido en el pleno sin su consentimiento; cuando entre 1995 y 1999 compatibilizó la docencia con la alcaldía; y cuando en 2015, después que Susana Díaz decidiera romper el pacto de gobierno entre el PSOE e IU, decidió volver a la docencia.

A Antonio siempre le ha gustado escribir. Fruto de ello ha sido la publicación de varios libros de contenido político. En Mandar obedeciendo (Ayuntamiento de Conil, 2007) hizo una recopilación de los artículos de opinión que había escrito para varios medios de comunicación. En Conil. El esfuerzo colectivo (Atrapasueños, 2015) hizo una valoración de su experiencia como alcalde, remarcándola dentro de una labor de equipo. Y Algo deberá ocurrir (Atrapasueños, 2018) reflexionó sobre el mundo en que vivimos y los retos que se plantean, para lo que planteó propuestas desde una perspectiva transformadora.

Desde que lo conocí percibí su amor por la Literatura: siendo dirigente provincial de IU le gustaba introducir versos tanto en sus intervenciones internas como en los actos públicos. Me consta que es autor de poemas, que mantiene inéditos hasta ahora, guardándolos celosamente. Algunos, no obstante, aparecen en el libro que nos ocupa, como es el caso de este poema:

Plácida la tarde cae en el verde mar,
el viento penetra en el alma de la arena
y la lanza al abismo.
La luz hace que el verde del agua marina
se multiplique en miles de tonalidades,
el salitre quema los ojos del niño
que juega en la orilla.
Divisiones de olas nacaradas
aterrizan en la orilla,
el soplo del aire destroza la espuma,
devolviéndola al continuo movimiento
de las ondas.
No bailan las cometas de colores,
existe sólo el silencio,
quizás el rumor del agua
al chocar con la arena
junto al silbido del viento
al golpear las piernas de los escasos paseantes.
El cálido levante es el dueño de la playa.

Y es que Antonio es un amante de la escritura y la lectura, tanto política como literaria. En 2015 recuperó tiempo para ello y desde 2019, ya jubilado, le ha permitido intensificarlo.

Ayer resalté que la larga introducción que dediqué a su trayectoria política resultaba apropiada para poder entender el libro que nos llevó a la cita. Para quienes vivimos en el litoral jandeño (Conil, Barbate, Zahara de los Atunes… incluso Chiclana…), en su lectura se van descubriendo cosas reconocibles.

La primera, el paisaje, por el que discurren los personajes y con un punto simbólico, el mismo que se refleja en el título y en la portada: el acantilado de Roche. No faltan otros, como las calles de Conil, Caños de Meca, el cabo de Trafalgar...

Otra de las cosas reconocibles es la personalidad de su protagonista, a quien ha puesto un apellido muy zahareño/barbateño: nada menos que Zájara (ya se sabe, Zahara de los Atunes, apellido…). Y a la sazón, jefe de la policía local, al que señala en la novela como inspector. Algo propio del género policiaco: comisario, detective, inspector…

En enero ya destaqué que Zájara es el alter ego de Antonio: por la forma de entender la vida, por su amor a los libros, por su sensibilidad… Un personaje que ha construido también con otros aportes, proveniente de sus raíces y el entorno, tanto familiar como de amistades.

Resulta reconocible también el contexto temporal en el que se desarrolla la trama, con sus connotaciones políticas y económicas. En lo propiamente coyuntural, pues la novela está situada en los prolegómenos y desarrollo de la pandemia del covid-19; y en un contexto más amplio, correspondientes a las tres últimas décadas vividas en nuestro país. Ya se sabe: el neoliberalismo, la especulación financiera, la especulación urbanística…

Como escribí en enero: “Y en ello Antonio es un gran conocedor -quizás, el que más- de las interioridades de ese microcosmos que conforma la ciudad que no menciona en la novela, pero que sabemos que es Conil de la Frontera”. Porque  en la novela se va desvelando lo que se cuece en esas interioridades, que, por extensión, podrían ser las de cualquier otro municipio. Se deja al descubierto el cruce de intereses privados y de corrupciones/corruptelas, de un lado, y los esfuerzos y el atrevimiento de quienes las denuncian y/o las persiguen, por otro. El inspector Zájara y sus colaboradores están entre los últimos, defendiendo desde la ley cosas como lo público frente a lo privado, el respeto a la naturaleza...

El último capítulo, que titula como "La nada vacía", tiene una clara connotación  hegeliana, sobre la que escribe: "se puede ver esta noche cuando uno mira a los seres humanos a los ojos".

Estoy seguro que las personas que asistieron el acto disfrutaron de las palabras de Antonio. También lo estoy de que acabarán haciéndolo con la lectura del libro, pues no en vano en un buen número lo adquirieron.

En su momento dije -y le dije también- que el libro puede ser el arranque de otros más. Es lo que parece que apunta en las palabras finales del libro: "Mañana será otra historia". Algo que, por lo que nos transmitió, puede ser posible.

Al tiempo.
(Fotografías: Felisa Rico Amores).

viernes, 1 de octubre de 2021

Aznar, las jubilaciones y su permanente chulería

El PP lleva toda la semana de convenciones, por donde va desfilando de todo. Y entre tantas cosas que hemos podido oír, ayer José María Aznar soltó una nueva perla, de esas que dejan huella: "Oigo cada día una cosa distinta en relación con las pensiones y cada día me preocupo menos. Y yo no soy pensionista ni estoy jubilado ni nada de eso. Y además ni tengo ganas de jubilarme ni me pienso jubilar ni nada". Y tan pancho se ha quedado el tío. 

Aun cuando pueda parecer que no tiene mucho que ver, me vinieron a la memoria unas declaraciones de hace unos años del ministro de Finanzas de Japón, un tal Taro Aso. No se le ocurrió otra cosa que decir sobre las personas mayores que se dieran "prisa en morir". Consideraba que el estado tenía demasiados gastos médicos para hacer frente a sus atenciones en la salud: "Yo me despertaría sintiéndome mal sabiendo que todo [el tratamiento] está pagado por el Gobierno".

Josemari tiene ahora 68 añitos, cuatro menos que los que Aso tenía en 2013.  En ambos casos, han dado muestras de fortaleza y utilidad. ¿Para qué jubilarse? O ¿para qué recibir atención médica? Demasiados gastos, despilfarro, mantener inútiles... Aso era considerado por entonces como uno de los políticos más ricos de su país. En el caso de Josemari, desde que se retiró de la primera línea política, recibe cada año unos buenos emolumentos como miembro de varios consejos de administración de grandes empresas y por su extraordinaria labor intelectual como conferenciante. Eso sin contar sus peripecias con Hacienda.

En fin, carotas a más no poder.