Cosas de la vida. Estaba visitando el yacimiento arqueológico romano recién descubierto en la playa de Caños de Meca, en las cercanías del cabo de Trafalgar, y me encontré con un jinete montado en su caballo. Le hice una fotografía, aprovechando la estampa que el animal y el caballero describían en el paisaje. Es frecuente ver por estos parajes gente paseando sobre un équido y, en su caso, la estampa me llevó, salvando las distancias, a las imágenes que tantas veces hemos visto en las películas del oeste. De inmediato me indicó su nombre, que era Robert, y me pidió que si podía hacerle otra fotografía en la que aparecieran de fondo los restos arqueológicos. Quería que sus hijos pudieran verle en medio de algo que le parecía maravilloso. Entablamos una conversación, informándome, en un castellano más que entendible con acento inglés, que había nacido en Londres, que su padre era español y que vivía en California. No le faltó decir que pertenecía a una estirpe española de artistas: Vico, Molinero... Algo de esa estirpe, dedicada al cine, el teatro y la televisión, he visto por la red. ¡Quién iba a decir que la Roma Antigua y las más extremas tierras de lo que fue el mítico Oeste americano iban a estar presentes en las fotografías! Que él y su familia puedan disfrutarlas.
Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
viernes, 14 de mayo de 2021
jueves, 13 de mayo de 2021
Mahmud Darwish, una voz del pueblo palestino a través de la poesía
La población palestina de esa zona se refugió en su mayoría en el vecino Líbano, si bien la familia de Muhmad Darwish pronto regresó a Galilea, residiendo durante en varias aldeas de una forma clandestina. Con el paso de los años fue completando sus estudios, que alternó entre su Galilea natal y el Líbano de acogida. Siendo muy joven se afilió al Partido Comunista de Israel y acabó dedicándose profesionalmente a la actividad periodística, lo que compaginó con la literaria. Trabajó en la revista Al Fayr [La Aurora].
Conoció la persecución política y llegó a estar varias veces encarcelado durante la década de los años sesenta. Desde 1970 tomó el camino del exilio, residiendo en varios países, como la URSS, Egipto y Líbano. Formó parte de la estructura alta de la Organización para Liberación de Palestina, desarrollando sobre todo actividades culturales, donde acabó siendo de hecho su máximo responsable. En 1996 pudo regresar a Galilea, donde visitó a su familia, si bien acabó fijando su residencia en la localidad de Ramala, dentro de Cisjordania, uno de los dos territorios que forman parte de la Autoridad Palestina. Allí dirigió la revista Al Karmel, que sufrió el saqueo del ejército israelí en una de las tantas agresiones que se suceden contra la población palestina y sus infraestructuras, instituciones y obras. Enfermo de corazón, falleció en 2008 en un hospital del estado de Texas, en EEUU.
La obra literaria de Darwish es muy extensa y nunca dejó de viajar por el mundo para propagarla y hacerlo también con la causa de su pueblo. Una traductora de sus poemas al castellano, María Luisa Prieto, ha escrito sobre él: "Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish
es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni
esté dispuesto a hacer concesiones humillantes".
Leer algunos de sus poemas nos acerca un poco a su obra literaria, pero también a las pulsiones del contexto que le tocó vivir desde su más tierna infancia. Darwish no deja de ser una de las voces de un pueblo sufriente, el mismo que estos días está siendo víctima de la enésima agresión por parte del estado de Israel.
Para nuestra patria
Para
nuestra patria,
próxima
a la palabra divina,
un
techo de nubes.
Para
nuestra patria,
lejana
de las cualidades del nombre,
un
mapa de ausencia.
Para
nuestra patria,
pequeña
cual grano de sésamo,
un
horizonte celeste... y un abismo oculto.
Para
nuestra patria,
pobre
cual ala de perdiz,
libros
sagrados... y una herida en la identidad.
Para
nuestra patria,
con
colinas cercadas y desgarradas,
las
emboscadas del nuevo pasado.
Para
nuestra patria cautiva,
la libertad
de morir consumida de amor.
Piedra
preciosa en su noche sangrienta,
nuestra
patria resplandece a lo lejos
e
ilumina su entorno...
Pero
nosotros en ella
nos
ahogamos sin cesar.
La niña / El grito
En la
playa hay una niña, la niña tiene familia
y la
familia una casa.
La
casa tiene dos ventanas y una puerta...
En el
mar, un acorazado se divierte cazando a los que caminan por
la playa:
cuatro, cinco, siete caen
sobre la arena.
La niña se salva por poco,
gracias
a una mano de niebla,
una
mano no divina que la ayuda.
Grita: ¡Padre! ¡Padre!
Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros.
El
padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible,
no
responde.
Sangre
en las palmeras, sangre en las nubes.
La
lleva en volandas la voz más alta y más lejana de la
playa.
Grita en la noche desierta.
No
hay eco en el eco.
Convierte
el grito eterno en noticia rápida que deja de ser noticia
cuando los
aviones regresan para bombardear
una casa con
dos ventanas y una puerta.
Pasajeros entre palabras fugaces
Pasajeros
entre palabras fugaces:
cargad
con vuestros nombres y marchaos,
quitad
vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,
tomad
lo que queráis del azul del mar
y de la
arena del recuerdo,
tomad
todas las fotos que queráis para saber
lo
que nunca sabréis:
cómo
las piedras de nuestra tierra
construyen
el techo del cielo.
Pasajeros
entre palabras fugaces:
vosotros
tenéis espadas, nosotros sangre,
vosotros
tenéis acero y fuego, nosotros carne,
vosotros
tenéis otro tanque, nosotros piedras,
vosotros
tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia,
pero
el cielo y el aire
son
los mismos para todos.
Tomad
una porción de nuestra sangre y marchaos,
entrad
a la fiesta, cenad y bailad...
Luego
marchaos
para
que nosotros cuidemos las rosas de los mártires
y
vivamos como queramos.
Pasajeros
entre palabras fugaces:
como
polvo amargo, pasad por donde queráis,
pero no
paséis entre nosotros cual insectos voladores
porque
hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.
Tenemos
trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos
y
tenemos, aquí, lo que no os gusta:
piedras
y pudor.
Llevad
el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades
y
devolved el esqueleto a la abubilla
en un
plato de porcelana.
Tenemos
lo que no os gusta: el futuro
y lo
que sembramos en nuestra tierra.
Pasajeros
entre palabras fugaces:
amontonad
vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos,
devolved
las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro
o al
horario musical del revólver
porque
aquí tenemos lo que no os gusta. Marchaos.
Y
tenemos lo que no os pertenece: Una patria y un pueblo
desangrándose,
un
país útil para el olvido y para el recuerdo.
Pasajeros
entre palabras fugaces:
es
hora de que os marchéis.
Asentaos
donde queráis, pero no entre nosotros.
Es
hora de que os marchéis
a
morir donde queráis, pero no entre nosotros
porque
tenemos trabajo en nuestra tierra
y
aquí tenemos el pasado,
la
voz inicial de la vida,
y
tenemos el presente y el futuro,
aquí
tenemos esta vida y la otra.
Marchaos
de nuestra tierra,
de
nuestro suelo, de nuestro mar,
de
nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,
de
todo... marchaos
de
los recuerdos de la memoria,
pasajeros
entre palabras fugaces.
Carta de identidad
Escribe
que
soy árabe,
y el
número de mi carnet es el cincuenta mil;
que
tengo ya ocho hijos,
y
llegará el noveno al final del verano.
¿Te
enfadarás por ello?
Escribe
que
soy árabe,
y con
mis camaradas de infortunio
trabajo
en la cantera.
Para
mis ocho hijos
arranco,
de las rocas,
el
mendrugo de pan,
el
vestido y los libros.
No
mendigo limosnas a tu puerta,
ni me
rebajo
ante
tus escalones.
¿Te
enfadarás por ello?
Escribe
que
soy árabe.
Soy
nombre sin apodo.
Espero,
con paciencia, en un país
en el
que todo lo que hay
existe
airadamente.
Mis
raíces,
se
hundieron antes del nacimiento
de
los tiempos,
antes
de la apertura de las eras,
del
ciprés y el olivo,
antes
de la primicia de la hierba.
Mi
padre…
de la
familia del arado,
no de
nobles señores.
Mi
abuelo era un labriego,
sin
títulos ni nombres.
Me
mostró el orgullo del sol
antes
de enseñarme a leer.
Mi
casa es una choza campesina
de
cañas y maderos,
¿te
complace mi condición?…
Soy
nombre sin apodo.
Escribe
que
soy árabe,
que
tengo el pelo negro
y los
ojos castaños;
que,
para más detalles,
me
cubro la cabeza con un kuffiah*;
que
son mis palmas duras como la roca
y
pinchan al tocarlas.
Y me
gusta el aceite y el tomillo.
Que
vivo
en
una aldea perdida, abandonada,
sin
nombres en las calles.
Y
cuyos hombres todos
están
en la cantera o en el campo…
¿Te
enfadarás por ello?
Escribe
que
soy árabe;
que
robaste las viñas de mi abuelo
y una
tierra que araba,
yo,
con todos mis hijos.
Que
sólo nos dejaste
estas
rocas…
¿No
va a quitármelas tu gobierno también,
como
se dice?…
Escribe,
pues…
Escribe
en el
comienzo de la primera página
que
no aborrezco a nadie,
ni a
nadie robo nada.
Mas,
que si tengo hambre,
devoraré
la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado,
pues!…
¡Cuidado
con mi hambre,
y con
mi ira!
*Pañuelo palestino.
Nosotros amamos la vida
Nosotros
amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella,
bailamos
entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas
/ o una palmera.
Nosotros
amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Robamos
un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo y concluir
/ este éxodo.
Abrimos
la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa
/ mañana.
Nosotros
amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Allá
donde estemos, cultivamos plantas que crecen deprisa y recogemos mártires.
Soplamos
en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo
/ del
camino
y
escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago!
ilumina para
nosotros la noche, ilumínala un poco.
Nosotros
amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Tengo la sabiduría del condenado a muerte
Tengo
la sabiduría del condenado a muerte:
no
tengo cosas que me posean.
He
escrito mi testamento con mi sangre:
“¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”.
He
dormido ensangrentado y coronado con mi mañana...
He
soñado que el corazón de la tierra era mayor que su
mapa
y más
claro que sus espejos y mi cadalso.
He
creído que una nube blanca me ascendía,
como
si yo fuera una abubilla con el viento por alas.
Y al
alba, la llamada del sereno
me
despierta de mi sueño y de mi lenguaje:
vivirás
en otro cadáver.
Modifica
tu último testamento.
Se ha
retrasado la fecha de la segunda ejecución.
¿Hasta
cuándo?, pregunto.
Esperaré
a que mueras más.
No
tengo cosas que me posean, respondo,
he
escrito mi testamento con mi sangre:
“¡Confiad en el agua,
moradores
de mis canciones!”.
Y yo,
aunque fuera el último,
encontraría
las palabras suficientes...
Cada
poema es un cuadro.
Pintaré
ahora para las golondrinas
el
mapa de la primavera,
para
los que pasan por la acera, el azufaifo
y
para las mujeres el lapislázuli...
El
camino me llevará
y yo
le llevaré a hombros
hasta
que las cosas recobren su imagen verdadera,
luego
oiré lo genuino:
cada
poema es una madre
que
busca a su hijo en las nubes,
cerca
del pozo de agua.
“Hijo, te daré el relevo,
estoy
encinta”.
Cada
poema es un sueño.
He
soñado que soñaba.
Me
llevará y le llevaré
hasta
que escriba la última línea
en el
mármol de la tumba:
“Me he dormido para volar”.
Y
llevaré al Mesías zapatos de invierno
para
que camine como los demás
desde
lo alto de la montaña hasta el lago.
Sin exilio, ¿quién soy?
Extranjero
a orillas del río, como al río...
me ata a tu
nombre el agua.
Nada me devuelve de mi lejanía a mi
palmera: ni la paz ni la guerra.
Nada me
incorpora a los Evangelios.
Nada...
Nada
brilla mientras sube y baja la marea entre
el Tigris y el Nilo.
Nada me
apea del bajel de Faraón.
Nada me
tiene o hace que yo tenga una idea:
ni la nostalgia ni la
promesa.
¿Qué haré?
¿Qué haré
sin exilio, sin una larga noche que
escrute el agua?
Me
ata
a tu
nombre
el
agua...
Nada
me lleva de las mariposas de mi sueño a mi
realidad:
ni el polvo ni el fuego.
¿Qué haré
sin la rosa de Samarcanda?
¿Qué haré
en una plaza que bruñe a los rapsodas con piedras lunares?
Tú y yo nos hemos vuelto tan ligeros como nuestros hogares
a
merced de los vientos lejanos.
Hemos trabado amistad con los raros seres
que habitan las nubes...
Nos hemos liberado del
peso de la tierra de la identidad.
¿Qué haremos... qué sin
exilio, sin una larga noche que
escrute el agua?
Me
ata
a tu
nombre
el
agua...
Sólo
tú quedas de mí, sólo
yo de
ti, un extranjero que acaricia el muslo de su extranjera:
Oh, extranjera,
¿qué vamos a fabricar en esta calma que
apuramos...
en esta siesta entre dos mitos?
Nada
nos tiene: ni el camino ni la casa.
¿Fue
este camino así desde el principio,
o
acaso nuestros sueños hallaron
una yegua de
los mongoles sobre la colina y nos sustituyeron?
¿Qué
haré?
¿Qué
sin
exilio?
A mi madre
Añoro
el pan de mi madre,
el
café de mi madre,
las
caricias de mi madre...
Día a
día,
la
infancia crece en mí
y deseo vivir porque
si
muero, sentiré
vergüenza
de las lágrimas de mi madre.
Si
algún día regreso,
tórname en adorno
de tus pestañas,
cubre
mis huesos con hierba
purificada
con el agua bendita de tus tobillos
y átame con un mechón de tu cabello
o con
un hilo del borde de tu vestido...
Tal
vez me convierta en un dios,
sí,
en un dios,
si
logro tocar el fondo de tu corazón.
Si
regreso,
tórname en leña
de tu fuego encendido
o en
cuerda de tender en la azotea de tu casa,
porque
no puedo sostenerme
sin
tu oración cotidiana.
He
envejecido.
Devuélveme las estrellas de la infancia
para
que pueda emprender
con
los pájaros pequeños
el
camino de regreso
al
nido donde tú aguardas.
(Imagen: http://www.poesiaarabe.com/mahmud%20darwish.htm)
domingo, 9 de mayo de 2021
Murió José Manuel Caballero Bonald, en su esperanza de ser lo que ya ha sido
Llevo días en una vorágine de fallecimientos y acabo de enterarme de otro, no en mi entorno familiar, sino, en esta ocasión, del mundo literario: el de José Manuel Caballero Bonald. Alejado ahora de mi casa, donde podría haber consultado los libros que leí de él, voy a remitir a una entrada que le dediqué hace casi nueve años, con motivo de la concesión del Premio Cervantes: "Cordura y coherencia en José Manuel Caballero Bonald".
En ella mencioné a sus dos libros leídos: Ágata ojo de gato, muy valorada y la preferida por el propio escritor; y su recopilatorio completo de poemas Somos el tiempo que nos queda, que sigue siendo para mí uno de los libros de cabecera en la poesía. Dos libros sólo, pero de los que extraje una sensación mucho más que agradable.
Mi conocimiento de Caballero Bonald se hunde a mis años de juventud, en las postrimerías de la dictadura, a través de la revista Triunfo. Enseña del antifranquismo y de la que era ávido lector pese a mis 16, 17 ó 18 años, en esa publicación semanal podíamos más que informarnos de lo político y de lo cultural. Y en esto último era donde nos ofrecía su sabiduría, incluida la relacionada con el mundo del flamenco, del que, como buen jerezano de origen y sentimiento, hacía gala.
Se nos ha ido un referente literario, pero también ético. Sensible siempre con los momentos que le tocó vivir, en 2013 lo hizo con el sentimiento de indignación que se extendió por el país, encallado en ese régimen atiborrado de corrupción, inmovilismo político, privilegios y desidia social. Y es que, a la pregunta de un lector sobre si estaba indignado, contestó con un rotundo "Desde que nací".
Reciente es el poema "Bienaventurados los insumisos", cuyo contenido nos lleva a lo que ha sido una constante coherencia a lo largo de su vida:
Ni la
justicia con sus manos ciegas,
ni la bondad
de ojos efímeros,
ni la
obediencia entre algodones sucios,
ni el rencor
que atenúa
la
desesperación de los cautivos,
ni las armas
que arrecian por doquier,
podrán ya
mitigar esas lerdas proclamas
con que
pretenden seducirnos
aquellos que
blasonan de honorables.
Quienquiera
que merezca el rango de insumiso
descree de
esa historia y esas leyes.
El poder de
los otros
nada sino
desdén suscita en él.
Ha aprendido
a vivir al borde de la vida.
Y de 1954 data "Mi propia profecía es mi memoria", en cuyos dos versos finales nos dice:
Mi propia profecía es mi memoria:
mi esperanza de ser lo que ya he sido.
(Imagen: Público, 2013).
sábado, 8 de mayo de 2021
La situación de Colombia, analizada por Boaventura De Sousa Santos
Acabo de leer en el Público un artículo de Boaventura De Sousa Santos: "Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo será violento". Su título puede parecer preocupante, pero es la realidad. El capitalismo es un sistema violento per se. Lo ha sido, como sigue siéndolo, en cualquiera de sus versiones.
En sus orígenes, dentro de lo que Karl Marx denominó como acumulación primitiva del capital, la burguesía no tuvo reparos en explotar personas y recursos naturales, expoliando las tierras del campesinado, saqueando las colonias, esclavizando a seres cuando fue preciso, reduciendo a su fuerza de trabajo como una simple mercancía... Cuando surgieron las luchas sociales de la clase obrera, las personas esclavizadas y los pueblos indígenas para enfrentarse a ese estado de cosas, no tuvo reparos en reprimirlas, para lo que contó con la ayuda de los estados. Las sucesivas guerras habidas en los últimos siglos han tenido siempre como motivos los intereses y la rapiña de las potencias coloniales, disputándose territorios, recursos, mercados... Sólo las dos grandes guerras del siglo XX se llevaron la vida de decenas y decenas de personas y en nuestros días no hay un conflicto armado donde las potencias occidentales, con EEUU a la cabeza, no hayan intervenido o lo estén haciendo.
En la vorágine del neoliberalismo, se mezclan las luchas y las resistencias de quienes sufren sus consecuencias en forma de explotación y precariedad, negación o vulneración de derechos esenciales, robo o agotamiento de recursos naturales... No falta la masiva alienación ideológica que lleva a tanta gente a acabar siendo presa de falsas ilusiones. Así, se equipara el consumismo a la libertad, se anteponen las banderas a las personas, se rechaza, se niega o se banaliza a quienes se señala como diferentes...
En su artículo De Sousa Santos disecciona con maestría la realidad colombiana y el presente que se está viviendo/sufriendo en el país. Lo hace con crudeza, pero es lo que hay. Comienza con estas palabras:
"es
uno de los países con más número de muertos por covid-19, ocupando el cuarto
lugar en la región después de Estados Unidos, Brasil y México, teniendo hasta
la fecha tan solo el 3,5% de la población totalmente vacunada y siendo parte de
los países que se niegan a apoyar la solicitud de liberación de las patentes de
las vacunas. Es también el país que en 2020 contó con el 42,5% de su población
en condición de pobreza monetaria y con el 15,1% de la misma en condición de
pobreza monetaria extrema. A estos datos mínimos pero significativos le podemos
sumar que, tras la firma del acuerdo de paz de 2016, se han asesinado entre 700
y 1.100 personas defensores y defensoras de derechos humanos (las cifras varían
entre las ONG y las instituciones gubernamentales).
Pero, no por ello, el intelectual portugués pierde de vista que es posible revertir las cosas:
"Los
colombianos, eso sí, pueden esperar la solidaridad de todos los demócratas del
mundo. En su valentía y en nuestra solidaridad reside la esperanza. El
neoliberalismo no muere sin matar, pero cuanto más mata más muere. Lo que está
pasando en Colombia no es un problema colombiano, es un problema nuestro, de
las y los demócratas del mundo".
viernes, 7 de mayo de 2021
Arde Colombia, se recrudece la represión
Hace una semana el gobierno de Iván Duque decretó una subida de impuestos. Como ocurre con los gobiernos de la gente rica, insertos en el modelo neoliberal, no se ha hecho para que paguen más quienes más tienen. Por ello es la gran mayoría de la población la que más lo sufre. Quienes son más o menos pobres, o, creyendo que no lo son, están lejos de la minoría opulenta. Colombia lleva décadas, ancladas en el siglo XIX, gobernada por una oligarquía depredadora aliada de los imperios de turno. Primero, con Gran Bretaña y a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del actual, con EEUU. Una oligarquía feroz, capaz de disponer de sus propias bandas paramilitares con tal de hacer valer su poder y cortar de raíz cualquier conato de resistencia y no digamos de rebeldía. Una oligarquía que controla un aparato del estado diseñado a su medida, protegido por el poderoso imperio del norte, aliado en todo y, sobre todo, en lo militar.
Colombia es un país muy violento. Pero no por culpa de la insurgencia revolucionaria, que fue tomando vida en los años sesenta. Una insurgencia que ha tomado el camino de la paz, pero que ahora está sufriendo los rigores de una represión que parece invisible, mientras el gobierno mira para otro lado. El país vive ese clima, sobre todo, por la violencia ejercida por los grupos paramilitares, el propio estado y las bandas dedicadas al narcotráfico de cocaína. Unos terratenientes que siguen apropiándose impunemente de tierras. Un ejército que hacen de ellos su carrera profesional. Unos narcotraficantes que actúan con su connivencia y la del imperio del norte. Y este último, mientras tanto, vigilando, desde unas bases militares estratégicamente situadas, al país y a los países circundantes.
Es así como lo ha descrito el escritor y cineasta colombiano Hernando Calvo Ospina, que vive una especie de exilio en París: "Los grupos paramilitares hacen parte del régimen colombiano desde hace seis décadas. Perfeccionados por especialistas israelíes, ingleses y estadounidenses en los años ochenta del siglo pasado, fueron y siguen siendo financiados con dinero del narcotráfico. Ellos se encargan de hacer el 'trabajo sucio' del ejército y de 'limpiar' las zonas campesinas de posibles opositores a las transnacionales y terratenientes, que se apoderan de los inmensos recursos estratégicos".
Una semana lleva el país ardiendo. Una situación que pone de manifiesto una rabia que ha estado contenida durante décadas por mucha gente, y que ha aflorado por las medidas tomadas por el gobierno y la dureza empleada por las fuerzas policiales y bandas paramilitares. Una situación que deja al descubierto la pantomima de "democracia ejemplar" con que es tratado su régimen político. Y en las circunstancias que se está viviendo con la pandemia, uno de los peores ejemplos de cómo se gestiona desde los parámetros del neoliberalismo.
Y un añadido final: ¿qué se está diciendo en "nuestros medios de comunicación"? Son la voz de sus amos.
jueves, 6 de mayo de 2021
¡Ay, Carmena! (que no Carmela)
Las palabras que pronunció ayer Manuela Carmena sobre Pablo Iglesias han sido muy explícitas y por ello, también, aclaratorias: “Hubo un momento en
el que hubo una inflexión en la línea equivocada y fue la vinculación con
Izquierda Unida. Un equipo nuevo se vinculaba con personas que estaban muy
ancladas en un modelo antiguo y tradicional”. Ramón Espinar, antiguo colaborador de Iglesias (al que dejó en la estacada a finales de 2018), ha considerado inapropiado "el día que se despide Iglesias de la política meterle una puñalada con una
navaja oxidada". Por mi parte, considero que ha dejado claro lo que he pensado de ella sobre su último paso por la política. Durante su mandato como alcaldesa de la capital dejó constancia de cómo la concebía. Y voy a recordar tres momentos que pueden ilustrarlo.
El primero, a principios de su mandato, en febrero de 2016, tuvo que ver con dos componentes de la compañía Títeres desde Abajo, que fueron acusados de apología del terrorismo y encarcelados por la representación de su obra La bruja y don Cristóbal. Se representó dentro de un festival de teatro infantil organizado por el Ayuntamiento y la derechona en bloque se lanzó sobre la yugular del nuevo gobierno municipal. La alcaldesa reaccionó pidiendo perdón a los padres por considerar que "el espectáculo fue deleznable". Es verdad que consideró excesivas las imputaciones judiciales contra los dos titiriteros y su prisión preventiva, pero al año siguiente acabó destituyendo a Celia Mayer, que era la concejala de Cultura (curiosamente la misma que había sido el blanco en la polémica de la Cabalgata de Reyes y de la que Cayetana dixit eso de "No te lo perdonaré jamás, Carmena").
El segundo caso fue posterior, a finales de 2017, y tuvo que ver con su posicionamiento en la gestión económica del Ayuntamiento y que supuso la destitución de Carlos Sánchez Mato -de IU, ¡qué horror!- como concejal responsable del área. El impulsor de un plan de saneamiento que había conseguido reducir considerablemente la deuda municipal, a la vez que aumentar las inversiones y el gasto social. Algo que contravenía las medidas sobre disciplina presupuestaria tomadas por el gobierno central, con Cristóbal Montoro al frente de Hacienda. Era un plan que no hacía otra cosa que poner al descubierto la falacia de un partido, el PP, cuyas señas de identidad han sido, como siguen siendo, el elitismo, el derroche y la corrupción.
Por último, a finales de 2018, cuando se estaba gestando la candidatura de cara a las elecciones municipales de 2019, Carmena se mostró partidaria de que no intervinieran directamente los grupos que habían conformado cuatro años antes Ahora Madrid. Quería con ello tener manos libres para confeccionar un equipo a su medida. Eso conllevaba dejar de lado a quienes habían estado relacionados con esos grupos tan "radicales" como Ganemos, la plataforma ciudadana Madrid 129 o IU. Fue el momento del acuerdo con Íñigo Errejón, que abandonó Podemos y su candidatura por Unidas Podemos para las elecciones autonómicas, y surgió Más Madrid.
Tras lo ocurrido el pasado día 4, con Más Madrid superando en votos al PSOE e Iglesias apartándose de la política institucional, Carmena ha vuelto a la carga. Su "no estaba haciendo la política que la sociedad exigía" me recuerda eso que tanto le gustaba decir a Mariano Rajoy y su gente sobre "las cosas que realmente importan a los españoles". Palabras vacías e intercambiables.
¡Ay, Carmena!
A nuestra querida Conchi
Hay
veces que la muerte de un ser querido produce un fuerte abatimiento. Es lo que
me ha ocurrido con mi querida hermana Conchi por la que ahora siento, con los
versos que dedicó Miguel Hernández a Ramón Sijé, que "tanto dolor se
agrupa en mi costado, / que, por doler, me duele hasta el aliento". Un
dolor que está también en su familia, en sus amistades y en ese innumerable
número de personas a las que diariamente insuflaba su apoyo, su alegría y su
amor.
Durante
el funeral dos de sus sobrinas leyeron un escrito entrañable, y yo mismo hice
lo propio de un retrato que hace once años le dediqué y que estuvo publicado
durante un tiempo en este cuaderno. A sugerencia de mi hija, Julia, he decidido
publicarlos junto con un escrito suyo, otro más de Fernando y el mensaje que
desde Bruselas envió Diana cuando conoció la noticia.
Fue mi favorita en el reparto, aunque ya antes le habían asignado su papel: ser mi ángel de la guarda. Su voz desde el balcón, los bálagos de jabón, la colonia en la cabeza… “Hueles a calle”, me decía cuando volvía de mi segunda escuela. “Canguingos y patas de peces”, me contestaba cuando, ansioso, le preguntaba por lo que había de comer. Aprendió un oficio delicado. Por eso llegaba tarde a comer de casa de la señora Daría. Ha bordado mucho, ya menos, pero cómo ha bordado su vida. Fue valiente durante la madrugada de ese maldito septiembre (¿te acuerdas, Jose?) y escuchó mis palabras para que lo entendiera. Sé que tiene fundido a su Dios con quienes sólo soñamos en la Tierra. Es el sacrificio permanente. La generosidad personificada. Si no, que se lo pregunten a su padre y a su madre, que están, estoy seguro, en su cielo. Yo, desde luego, lo atestiguo. Estuvo conmigo en mi infierno.
(Jesús, 2009)
Conchi, ejemplo de vida estoica. Era mi madrina. ¡Lo siento tanto!
(Diana, 2021)
Querida Conchi de nuestros corazones.
¡Cómo no quererte, si eras nuestra segunda madre, la segunda abuela de
nuestros hijos! Nuestra Conchi.
Cada Día de la Madre te mandábamos un mensaje felicitándote y nos decías “que yo no soy tu madre”. Pero, en realidad, te gustaba que lo hiciéramos y cada año repetíamos. Ayer no nos dio tiempo.
Creo que hablamos por todos cuando decimos que a nuestros novios y nuestras novias los conocías antes que nuestras madres. Siempre fuiste nuestra confidente.
Pensabas en todos y nunca en ti. Eras pura bondad. ¡Cómo no quererte!
Siempre independiente, nunca quisiste renunciar a ello y así te has ido, independiente y porque lo que nunca quisiste fue molestar.
Estarás siempre presente en nuestras vidas y te llevaremos en nuestros corazones. Nos verás desde el cielo, porque allí estarás con los abuelitos y tu hermana Pilar.
Cada Día de la Madre te mandábamos un mensaje felicitándote y nos decías “que yo no soy tu madre”. Pero, en realidad, te gustaba que lo hiciéramos y cada año repetíamos. Ayer no nos dio tiempo.
Creo que hablamos por todos cuando decimos que a nuestros novios y nuestras novias los conocías antes que nuestras madres. Siempre fuiste nuestra confidente.
Pensabas en todos y nunca en ti. Eras pura bondad. ¡Cómo no quererte!
Siempre independiente, nunca quisiste renunciar a ello y así te has ido, independiente y porque lo que nunca quisiste fue molestar.
Estarás siempre presente en nuestras vidas y te llevaremos en nuestros corazones. Nos verás desde el cielo, porque allí estarás con los abuelitos y tu hermana Pilar.
TE QUEREMOS, CONCHI.
(Marta y María José, 2021)
Hay quien tiene un
padre y una madre, yo tuve la suerte de tener a tres o a cinco abuelos. No lo
sé muy bien, pero en mi vida estuvo Conchi, mi “Pochi”.
Mi abuela Felisa,
mujer de la época, trajo al mundo a nueve criaturas, siendo la última mi padre.
Y como eran muchos, Conchi fue la encargada de cuidarlo. Lógicamente no viví su infancia, pero desde pequeña siempre vi que entre ellos había algo
especial, diferente al resto de hermanos… Y ese vínculo se hizo extensivo a mi
madre. No eran hermanas de sangre, pero se querían, cuidaban y actuaban como
tales. Todo eso hizo que mi hermano y yo sintiéramos algo más de lo que se
siente por una tía y eso que nos separaban unos cuantos cientos de kilómetros.
Nosotros, abajo, en el sur, en la playa. “Mis sobrinos de Barbate”, como decía
siempre que se encontraba con alguien, que eran muchas veces, porque andar con
ella era una “tortura”. ¡Se paraba con todos!... porque a todos conocía…
Y es que Conchi era
especial en mi familia y en su barrio. Ella, por el contrario, estaba “en el
norte”, aunque, si miramos un mapa, Salamanca en el norte, norte… no está. A
pesar de la distancia, no recuerdo unas vacaciones sin ella: terminábamos y
empezábamos el año juntas; las semanas santas, también; y los veranos, en
agosto, para celebrar el cumpleaños de papá. Las pasábamos en su casa, que era
la de los abuelos, ya ausentes. Fue ella quien vivió con ellos y los cuidó,
como buena hija y buena cristina…, pero, sobre todo, porque le nacía de dentro
sin esperar nada a cambio… Y eso, creo, que si se lo preguntáramos a cualquiera
de los que la conocieron, era una de las cosas que más la definían.
Desde muy pequeña yo
decía que quería “estudiar en Salamanca con Conchi” y por eso a mis 16 años mis padres decidieron que me subiera.
¡Qué contenta nos pusimos las dos! Y qué vacío se le quedó cuando, sólo un año
después, volví a casa, porque no logré adaptarme, hacer amigos… Hoy diríamos
alto y claro que sufrí bulling, por lo que no estuve dispuesta a más.
Las dos supimos que no volveríamos a vivir juntas, pero eso no impidió que ese
año, a pesar de todo, vivir juntas fue maravilloso: los lunes y miércoles
íbamos andando a la piscina, y, mientras yo nadaba, ella hacia “sus visitas”; los
martes, inglés en casa de su amiga Lourdes; los jueves, teatro. En medio
paseábamos con mi prima María, que había sido madre hacía poco, y a las dos nos
encantaba acompañarla, estar en los baños del pequeño, en sus cenas y hasta en
la puesta de los pañales. ¡Qué gracia nos hacía verlo correteando con el
culillo al aire! Sé que no son grandes cosas, pero para mí lo fueron y
compensaba las pesadillas que pasaba cada mañana en el instituto.
Cuando regresé al
sur, volvió la rutina anterior y nunca faltaron las vacaciones ni las llamadas…,
porque, eso sí, hablábamos mucho, muchísimo, y eso hacía que nos sintiéramos
cerca. Y así fue hasta que empecé a trabajar y apareció Lolo en mi vida. Cuando
compartes tu vida con alguien, conciliar se vuelve más difícil, porque, igual
que quieres que la otra persona entre en tu vida, ella quiere que lo hagas en
la suya y eso implica hacer reajustes. Nos veíamos menos y hablábamos más, pues
no había semana que no lo hiciéramos. Ya no pasábamos el fin de año juntas,
pero sí los puentes y, cuando le rogué a mi jefe que me permitiera disponer de
algunos días de mis vacaciones a libre elección para poder ver a mi familia del
norte y me contestó que no…, supe que no era mi sitio.
En el puente de Andalucía, en febrero del 2020, subimos Lolo y yo: 3 días. Recuerdo sus patatas a la
vinagreta y sus filetes de carne (porque, aunque en Salamanca hay pinchos…, se
come en casa de Conchi y ¡qué rica está su comida!), su charla en la cocina
mientras desayunábamos, el Pronto, una confesión que me hizo en la que
acabamos llorando las dos, la infusión de después de comer y hasta lo que
decíamos de la que se estaba liando con el coronavirus…
Fue la última vez que
nos vimos. Las restricciones no nos lo permitieron. Y en mi familia, otra cosa
no, pero responsables y concienciados somos un rato. 15 meses después recibí
una llamada de esas que nunca esperas: Conchi, sin previo aviso, se había ido.
Se la llevó un infarto, a ella, aún con mucha vida, llena de energía y sana.
Tenía una gran
cualidad: era alegre y siempre sabía ver el lado bueno de las cosas. Y cuando
me encontraba bajilla de ánimos, me decía: “Julieta, acuérdate de la abuela”. Yo,
con los ojos de una niña, la recuerdo y, siendo sincera, no mucho, porque se
fue pronto de mi vida… Pero, a partir de ahora, en quién sí pensaré en mis
momentos bajos será en Conchi.
Te querré siempre,
infinito, y descansa en tu cielo, pues aquí en la Tierra papá, mamá, Víctor y
yo te recordaremos.
(Julia, 2021)
Conchi, única e intransferible
Niño agitado, rebelde, inquieto...Tía
firme, correcta: “las cosas no se hacen así...”.
Quizá, la persona más cercana y a la vez la más distante. Siempre estaba
cuando la necesidad lo requería. No lo hacía por obligación, no era una ayuda
por interés, era una filosofía de vida. Su objetivo era llenar el vacío, de luz la oscuridad, de comida al hambriento, de alegría al triste... Era la
muleta del cojo, el dinero del pobre, la música del sordo, el bastón del ciego.
Y cuando la alegría y la perfección llegaban a tu vida, más que alegrarse,
disfrutaba de tu éxito, de tu alegría, desde la distancia, sin incordiar, sin
querer obtener ningún beneficio. No le gustaban los abrazos, no le gustaban los
besos, no le gustaban las fotos ni el postureo...
La tía Conchi, la segunda madre de primas, primos, mi hermano..., auténtica e
intransferible. Y me llevo en mi corazón, cual rebelde sin causa, los abrazos y
besos que a mí sí que me dejaba darle, quizá porque sabía que eran necesarios,
que eran auténticos.
Querida tía, ahora que ya estás con los abuelitos, permite que te demos las
gracias por haber dejado un legado de cómo tiene que ser una buena persona en
vida.
Por siempre, tu sobrino agitado, el rebelde, el inquieto.
(Fernando, 2021)
miércoles, 5 de mayo de 2021
El trumpismo, en ascenso: el PP de Ayuso arrasa en las elecciones madrileñas
El PP de Madrid, encabezado por Ayuso, ha arrasado en las elecciones madrileñas. Ha derrotado sin paliativos al bloque de los grupos de izquierda. Se ha apoderado de la mayor parte de los votos de Ciudadanos, que ha desaparecido de la Asamblea. Ha frenado el crecimiento de Vox, se ha aprovechado de parte de la subida en la participación y hasta ha mordido en el electorado del PSOE. Vox se ha resistido el tsunami, lo que ha hecho que la derrota del bloque opositor haya sido más amplia. El PSOE ha sufrido una debacle y, además, ha sido superado en votos por Más Madrid. Unidas Podemos apenas ha subido 1'6 puntos y su candidato, que asumió el riesgo de presentarse con el objetivo de frenar a la derechona radicalizada, ha tomado de inmediato la decisión de abandonar la política en el ámbito institucional. Desde el bloque progresista se hizo hincapié en la lucha contra la abstención, pero, al contrario de lo esperado, la mayor participación no ha supuesto que hayan mejorado los resultados. Quizás, el que haya ocurrido lo primero ha evitado que la derrota hubiera sido más humillante. Ha calado más entre la población el mensaje de "Comunismo o libertad" que el de "Fascismo o democracia". Ahora está por ver si se queda ahí o si es el principio de un asalto al gobierno central. Saber si Ayuso va a ser el recambio de Casado o si va a ser el oxígeno que el líder del PP necesita. Saber, en suma, si el ayusismo, la variante a la madrileña del trumpismo, se va a proyectar hacia el conjunto de los territorios del estado.
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