A Maricarmen Abascal, in memoriam
Desahucio
que no sé,
te arrojaron en mi alma.
Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.
De rondón, el viento hiere
las paredes,
las más finas, vítreas láminas.
Humedad. Cadenas. Gritos.
Ráfagas.
Te pregunto:
¿cuándo abandonas la casa,
dime,
qué ángeles malos, crueles,
quieren de nuevo alquilarla?
Dímelo.
(Rafael Alberti 1929).
La casa de mi padre
Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.
(Gabriel Aresti, 1963).
Testamento
Dejo a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Hermano, ésta es mi casa, entra en el mundo
de flor marina y piedra constelada
que levanté luchando en mi pobreza.
Aquí nació el sonido en mi ventana
como en una creciente caracola
y luego estableció sus latitudes
en mi desordenada geología.
Tu vienes de abrasados corredores,
de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi oceanía.
(Pablo Neruda, 1964).
La noche y la casa
La noche une la casa y su silencio.
Desde la base, desde los cimientos,
hasta la flor inmóvil.
Sólo se oye latir el reloj del tiempo.
La noche une la casa a su destino.
Nada ahora se dispersa, se divide,
todo está como el ciprés atento.
El vacío camina en sus espacios vivos.
(Sophia de Mello, 1967).
La casa
La casa guarda vapores que adormecen
y raíces invisibles que suben de la tierra cada noche
para atarte las muñecas mientras duermes.
Odia los planos, los itinerarios y los mapas,
que escupiría sin piedad de sus paredes
(si has de irte guárdate el secreto).
Prefiere los sonidos de los pasos
al remoto silenciar de las ausencias.
Es hipnótica, tirana, irreverente.
Hay casas lobo que beben lunas llenas
y conjuran el alma de sus hembras
al obsesivo afán de su belleza.
(Carmen Martínez Miralles).
La casa guarda vapores que adormecen
y raíces invisibles que suben de la tierra cada noche
para atarte las muñecas mientras duermes.
Odia los planos, los itinerarios y los mapas,
que escupiría sin piedad de sus paredes
(si has de irte guárdate el secreto).
Prefiere los sonidos de los pasos
al remoto silenciar de las ausencias.
Es hipnótica, tirana, irreverente.
Hay casas lobo que beben lunas llenas
y conjuran el alma de sus hembras
al obsesivo afán de su belleza.
(Carmen Martínez Miralles).
¿Qué es hogar?
Qué es hogar:
Es la sombra de los árboles cuando iba a la escuela antes de que los arrancaran de raíz.
Es la fotografía en blanco y negro de la boda de mis abuelos antes de derrumbarse las paredes.
Es la alfombra de oración de mi tío donde dormitaban decenas de hormigas en invierno antes de que fuera saqueada para colocarla en un museo.
Es el horno que mi madre usaba para hornear el pan y asar el pollo antes de que una bomba calcinara nuestra casa.
Es el café donde miraba partidos de fútbol y jugaba-
Mi hijo me detiene: ¿Puede una palabra de cinco letras encerrar todo esto?
(Mosab Abu Toha, 2024).
