martes, 9 de julio de 2019

Grecia, tras la decepción de Syriza, de nuevo en manos de quienes la llevaron a la bancarrota























La victoria electoral de Siriza, con Alexis Tsipras al frente, en enero de 2015 abrió un horizonte de esperanza en Europa. Supuso la derrota -limitada, eso sí- de los partidos que habían llevado al país a la bancarrota e iniciado lo que entonces se denominó el austericidio: 

la derecha de Nueva Democracia y el social-liberal PASOK, que actuaron siempre, por supuesto, con los capos de la UE dictando, asustando y amenazando. 

Los problemas para el nuevo gobierno vinieron de inmediato y, pese a la resistencia inicial -que incluso llevó al Tsipras a convocar a principios del verano un referéndum, ganándolo contra viento y marea-, lo que vino después fue la sumisión a la troika, cuando, para sorpresa de mucha gente, aceptó las duras condiciones planteadas. La ruptura en el gobierno, con la salida del ministro de Finanzas Yani Varoufakis, fue paliada en septiembre con una nueva victoria electoral de Syriza, pero la decepción se fue instalando poco a poco en la sociedad griega. La economía se estabilizó, pero persistieron los recortes sociales y la pobreza siguió en aumento. Y Syriza dejó de ser uno de los referentes políticos en Europa.

Lo ocurrido el domingo pasado ha certificado esa decepción: la derecha de Nueva Democracia, la misma que llevó a Grecia a la bancarrota, ha vuelto a ganar las elecciones, esta vez con el 39'9% de los votos. En ese lado del campo político sólo el nacionalista Solución Griega, con el 3'7%, le acompaña en el parlamento, quedando fuera el partido nazi Amanecer Dorado. Syriza, por su parte, ha mantenido un nivel aceptable de apoyos, aunque bajando al 31'5% de los votos. El antaño todopoderoso PASOK, ahora con el nombre de KINAL, se ha quedado en un raquítico 8'1%. El KKE, comunista, sigue manteniendo su nivel de votos con el 5'3%. Y el grupo liderado por Varoufakis,  MeRA25, de tintes socialdemócratas, ha logrado entrar con el 3'5%.

¿Qué ha ocurrido? En primer lugar, una elevada abstención, del 44'2%, superior incluso a la de las elecciones europeas y que con toda seguridad ha perjudicado a los grupos de izquierda. Y en segundo lugar, una vuelta a la concentración del voto de la derecha en torno a Nueva Democracia. Este bloque por sí sólo no ha llegado a la mitad de los votos, sumando alrededor del 46%, si bien el sistema electoral griego, que prima al partido más votado con un bonus especial de 50 escaños, ha permitido que Nueva Democracia disponga de mayoría absoluta.  

Ese viento de esperanza con que empezó 2015, tornado en el verano en nubarrones, fue amainando hasta desaparecer. El que venga ahora estará cargado de lo mismo que ha hecho de Grecia en la práctica un protectorado de nuevo cuño.