Historia, política, sociología, arte, música, geografía, literatura, pensamiento...
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Borrell, en la cuerda floja
martes, 27 de noviembre de 2018
Morir en Madrid (por culpa de un desahucio)
Bernardo Bertolucci, prodigioso en algunas de sus películas
Y son
precisamente las películas que hizo Bertolucci en los años 60 y 70 las que
mejor se inscriben en esa tradición. Tanto para ensalzarla (a su manera, eso
sí) como para desmitificarla. En esto último entronca con el tiempo que vivió
durante esos años, el de la generación del 68. En todo caso, estamos ante un director
que, como dijo en cierta ocasión Manuel Gutiérrez Aragón, expresó “la intimidad
más recóndita y prohibida de sí mismo”.
Las
primeras películas que vi de él fueron El
conformista (1970) y El último tango
en París (1972). La primera, basada en una novela de Alberto Moravia, se
inscribe en la tradición antifascista, para retratar un personaje gris, a la
vez que confuso y contradictorio (su latente homosexualidad que quiere
disimular), que se adapta al régimen fascista y acaba atrapado por él.
De esta
etapa también son Antes de la revolución
(1964) y La estrategia de la araña (1970).
Dos películas donde se nota el eco de sus raíces, Parma y la Emilia Romana, uno
de los ámbitos principales de la resistencia y, como en tantas otras ocasiones,
de la relación entre la literatura y el cine. En Antes de la revolución hace uso de los protagonistas de La cartuja de Parma de Stendhal para
llevarnos a la contradicción entre los orígenes de clase y los anhelos
revolucionarios, sin que falte la tensión sexual y amorosa entre lo convencional
y lo transgresor. En La estrategia de la
araña hace uso del relato de José Luis Borges “El tema del traidor y del
héroe” para llevarnos a una realidad que, por posible, invita a profundizar en
los comportamientos humanos más perversos. Algo así como que no todo es lo que
aparenta. Por eso presenta a un militante antifascista que ha traicionado a sus
compañeros, pero con los que llega al acuerdo de suplantar su ejecución como si
hubiera sido producto del enemigo. Un juego que acaba siendo descubierto por un
hijo que tiene la curiosidad de indagar en la figura de un héroe que nunca lo
fue realmente, para finalmente ser atrapado por la tela de una araña que deja
las cosas como estaban.
Muy
distinta es El último tango en París, la
más conocida de sus obras y, claro está, la más polémica. Y quizás sea por estar
hecha en otro entorno cinematográfico, Hollywood, lo que le dé esa dimensión. Su
atrevimiento en dar rienda suelta a sus obsesiones sexuales, bajo influencias freudianas, dio lugar a una
intrahistoria llena de anécdotas. La misma que lo llevó a ser condenado en su
país o que en España fuera objeto del paso ritual de la frontera francesa por mucha
gente mientras estuvo prohibida. Por lo demás, estamos ante a un grito
desgarrador en medio de la soledad, la desesperación, el fracaso personal…
De todas las
películas de Bertolucci me quedo con Novecento
(1976). Una obra donde lo épico y lo lírico se entrecruzan, en medio de un
momento histórico que ocupa la primera mitad del siglo XX. Un momento que
coincide con el germen, el clímax y la derrota del fascismo en Italia. Y
también, la apoteosis de una clase social, la obrera, que ha ido creando una
tradición que responde a esos retos con su propia lucha y resistencia. La
historia de dos amigos desde la infancia, hermanos de padre, pero separados por
la pertenencia a clases sociales distintas. Un homenaje a la clase obrera y del
partido que mejor lo representó, que comienza con la imagen fija del cuadro “El
cuarto estado”, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, y la genial banda sonora de Ennio
Morricone, y que continúa con una sucesión de escenas memorables donde la
heroicidad, la solidaridad y el dolor están presentes.
Lo que vino
después fue diferente, certificando el fin de una etapa. Primero, con La Luna (1979) y luego, con La historia [tragedia, en el original] de un hombre ridículo (1981). Esta última
nos lleva al tiempo presente, en medio del conflicto político que vivía Italia
con el terrorismo y la reacción de un pequeño empresario de provincias cuando
se ve sacudido por el secuestro de su hijo.
Antes de
hacer dos de sus más espectaculares películas, El último emperador (1987) y El
pequeño buda (1993), Bertolucci participó junto con una pléyade de
directores italianos en el documental L’addio
a Enrico Berlinguer, un homenaje al secretario general del PCI, fallecido en
el verano de 1984 durante un mitin electoral que se celebraba en Padua. Después
de volver a verlo estos días, y conociendo lo ocurrido con ese partido, las
imágenes me han llevado a pensar en un adelanto de su destino. Con el funeral y
el entierro de Berlinguer se anticipó la del partido que llegó a ser el más
poderoso del mundo occidental.
El último emperador nos lleva a China y las vicisitudes
de quien fue su último emperador, Puyi, desde una niñez que coincidió con el
nacimiento de la república hasta su conversión en un humilde jardinero, ya
durante el sistema socialista instaurado en 1949. El relato de un hombre que no
dejó de ser nunca un monigote en manos de poderes ajenos a su persona: el
milenario sistema imperial, el imperialismo japonés que lo llevó a ser rey de Manchuria
y la nueva China, la misma que le hizo ver, en sus contradicciones, que nunca
fue el dios con que le proclamaron emperador siendo niño y las atrocidades
cometidas durante su colaboración con Japón.
El pequeño buda es un trabajo que, en cierta
medida, completa la evolución mental de Bartolucci. El budismo se unió, así, a
una visión del mundo que había arrancado del marxismo y lo freudiano. En este
caso, una religión sin Dios, extraña a lo occidental, pero que permite enlazar dos
mundos alejados. La historia que cuenta a través de un niño nos lleva, a su vez,
a todo lo que de infantil llevamos dentro.
Nueve han
sido las películas que he visto del cineasta italiano. Suficientes, creo, para poder
ofrecer una visión de lo que su obra ha representado en la historia del séptimo
arte. Para mí, uno de los grandes, prodigioso en algunas de sus películas y autor de algunas de las imágenes más bellas vistas a través de las pantallas.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Los varones de verdad, según el señor obispo
García Lorca, en el corazón de Trebujena

Sigue el goteo de sentencias injustas en los casos de violencia de género
La decisión administrativa sobre el procedimiento a seguir corresponde a la Comunidad de Madrid, que ha considerado que las mujeres víctimas de la violencia de género deben acudir primero a las instancias policiales para denunciar la agresión, en vez de hacerlo a los servicios médicos. Genial el procedimiento decidido, propio del partido que gobierna en esa comunidad, que no es otro que el PP, adalid de la defensa de las mujeres.
Sobre las sentencias judiciales la cosa es mucho más grave. Una, dictada por el mismo tribunal navarro que dejó en libertad provisional a "la manada", ha interpretado como "maltrato ocasional" lo sufrido por una mujer que vi primero cómo el marido intentó agredirla con un cuchillo y luego asfixiarla. La otra, la de un tribunal en Lleida, que consideró como abusos una violación hecha por dos varones. En el primer caso el tribunal consideró que no hubo voluntad de matar por parte del agresor, al producirse una disputa sobre la tenencia del cuchillo y considerar que dejó de apretar el cuello de la víctima cuando notó que respiraba con dificultad. En el segundo se concluye que la víctima no opuso la suficiente resistencia pese a reconocerse que en varias ocasiones mandó parar a sus agresores. En el primer caso ha habido una condena de 11 meses y en el segundo, de cuatro años. Y en los dos, una flagrante injusticia.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
¿Separación de poderes?
martes, 20 de noviembre de 2018
Las hermanas Úriz Pi, pioneras y luchadoras en tantas cosas

Fue en 2015 cuando el ayuntamiento del Valle de Egués-Eguesibar llevó la iniciativa de organizar un homenaje, que tuvo, entre otras cosas, la dedicación del nombre de un colegio a la figura de Pepita. Y fruto de ese trabajo es el libro que acabo de leer estos días: Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi (Tafalla, Txalaparta, 2018), escrito por Manuel Martorell, Salomó Marquès y Mª Carmen Agulló. Un trabajo que abarca, según la autoría, tres aspectos diferentes, pero sin que dejen de estar relacionados entre sí.
Martorell se centra más en lo biográfico, tocando tanto lo político como lo pedagógico, y teniendo en cuenta que, nacidas a finales del siglo XIX, vivieron diferentes situaciones históricas: en España, los años finales de la Restauración, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil; y en el exilio, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Llama la atención el hecho de que, siendo hijas de un militar (que, además, combatió al carlismo, el cantonalismo y el independentismo cubano), se les fomentara una formación académica acorde con su capacidad, y una visión de la vida basada en la autonomía personal, el laicismo y el librepensamiento. Eso las llevó a ser pioneras en muchas cosas, trasgrediendo el orden establecido en lo político, lo religioso y el patriarcado. Políticamente fueron evolucionando desde el republicanismo al socialismo y finalmente, al comunismo. En el caso de Elisa destaca el papel jugado desde la Federación Democrática Internacional de Mujeres para que se declarara un Día Internacional de la Infancia, lo que finalmente fue aprobado por la ONU en diciembre de 1954.
Marquès, por su parte, hace un repaso del papel que jugaron como formadoras en las escuelas normales de magisterio e impulsoras de nuevos planteamientos educativos. Lo hicieron por iniciativa propia, formando parte de colectivos renovadores de enseñantes y del sindicato FETE/FCTE de la UGT, y, ya durante la Guerra Civil, trabando desde la administración catalana. Una labor que continuaron, en circunstancias distintas, en Francia y la RDA. Primero Pepita, que era la mayor, y luego también Elisa aplicaron su visión de la vida al mundo de la pedagogía, acogiendo, cuando no introduciendo, los planteamientos renovadores que iban surgiendo, como los de Freinet, Dalcroze, Decroly, Montessori, Piaget, etc. Participaron activamente en el corazón del movimiento Batec (latido), nacido en los años 20 y en efervescencia durante los 30, donde buscaban hacer una realidad el modelo educativo de Freinet. Y durante la guerra estuvieron en el corazón del Consell de l'Escola Nova Unificada, donde impulsaron una educación basada en el racionalismo y la fraternidad.
Agulló, por último, se centra en Pepita y, concretamente, en las vicisitudes que sufrió en los años finales de la Restauración y durante la Dictadura de Primo de Rivera como consecuencia de las denuncias hechas desde los ámbitos eclesiásticos y conservadores y que con la Dictadura acabaron en duras sanciones. Pese a ello, desde el primer momento contó con un movimiento de solidaridad, que abarcó desde el mundo de la intelectualidad hasta parte de sus compañeros y compañeras del mundo de la docencia.
Una grata lectura y también, por qué no, un acto de justicia. Como pioneras y luchadoras en tantas cosas. Y es que personas, y mujeres, como ellas se necesitan muchas.
domingo, 18 de noviembre de 2018
La derecha, Vox y su mirada del pasado
El otro día
pronunció en Murcia unas palabras en un acto de su nuevo partido que han
resultado polémicas. Lanzando una dura crítica a la izquierda, por aquello de la memoria histórica y la tumba de Franco, dijo: “Provocaron
una guerra, la perdieron y 80 años después pretenden ganarla”. Un argumento muy
propio de la derecha, clave de su discurso sobre lo acaecido en los años 30. El
eje de la justificación que se hizo durante el franquismo y proseguido por quienes lo
han heredado políticamente, ocultando que hubo un golpe de estado contra un
gobierno legítimamente elegido y cargando la responsabilidad contra él y
quienes lo apoyaron.
Me pregunto
si el sentimiento de empatía que mucha gente tuvo cuando fue secuestrado, lo tiene Ortega Lara ahora con las víctimas de entonces. De esos “perdedores” y
esas “perdedoras” de la guerra, términos que en la derecha gusta recalcar para
defender de hecho el permanente estado de guerra que se mantiene en sus mentes.
Algo así como que “ganamos, por lo que os aguantáis”.
Así es la
derecha, con Vox como una de las expresiones que, en su caso, pretende ser
genuina. Su vídeo publicitario en la campaña electoral andaluza es una clara
muestra. Su lema, “Reconquistar Andalucía”, lo dice todo, como también las
imágenes que lo componen, un remedo de los señoritos andaluces. Esos que
quieren seguir siéndolo. Y ésos que sí que provocaron tanta miseria, explotación, incultura... y la guerra.
sábado, 17 de noviembre de 2018
¡Que se vayan los barcos de guerra!
Apoyo a cubainformacion.tv
Suelo consultar con frecuencia el portal, donde obtengo información interesante (noticias, debates, reportajes..., sin que falten programas de humor) que me sirve también para poder contrastarla con la de otros medios. En ocasiones la he utilizado como fuente en algunas de mis entradas.
Desde aquí muestro mi apoyo para que el magnífico trabajo que llevan realizando desde hace 10 años, y que nunca ha cesado, continúe.
jueves, 15 de noviembre de 2018
Francisco Boix, un héroe, El fotógrafo de Mauthusen
La película pone de relieve el horror de los campos de concentración nazis y el papel jugado -más bien sufrido- por los españoles y las españolas que pasaron por ellos. No debemos olvidar que en el de Mauthausen, donde se desarrolla la película, se recluía a los llamados irrecuperables, pasando por él más de 7.000 compatriotas y muriendo más de 4.000. La trama, construida por los guionistas Alfred Pérez Fargas y Roger Danès, está basada en hechos reales, con solo un personaje inicialmente reconocible entre las personas internadas: Boix. Me atrevo a decir que hay otro personaje, Valbuena, que podría ser, al menos parcialmente, Antonio García, compañero en el laboratorio fotográfico del campo. Además de ellos, también son identificables algunos de los responsables del campo de Mauthausen, incluyendo al fotógrafo nazi Paul Ricken (muy bien interpretado por Richard van Weyden), el empresario Anton Poschacher o Anna Pointner.
El rodaje se ha hecho en Terrassa y Budapest, aprovechando en este último caso el escenario de un campo de concentración construido en los años ochenta para la película de John Huston Evasión o victoria. Puede decirse que la música, la escenografía y la puesta en escena resultan más que correctas. De lo anterior, lo que más me ha llamado la atención han sido tres aspectos: la recreación de algunas de las fotografías hechas en su día en el campo de concentración; la sumisión esclava de los internos mediante gestos como agachar la cabeza o descubrirla ante las autoridades nazis; y la resistencia llevada a cabo por el Partido Comunista y la colaboración de algunas personas, incluyendo a la señora Pointner, que ayudó a guardar parte de los negativos. Todo, en un ambiente de violencia extrema y permanente.
Pero en la película por encima de todo se encuentra Francisco Boix, una persona que ha generado una gran controversia histórica. Fue, junto con Antonio García, uno de los españoles que trabajó en el laboratorio fotográfico, siendo los dos comunistas. No debemos olvidar tampoco que en 1946 fue el único español que participó como testigo en los juicios de Nüremberg, cuyos testimonios fueron clave para condenar a algunos jerarcas nazis. La controversia deriva del papel jugado por ambos fotógrafos a la hora de esconder numerosos negativos de las decenas de miles de fotografías que se hicieron tras la derrota en Stalingrado y que se mandaron destruir para borrar las huellas que pudieran incriminar a los responsables. Su conservación permitió conocer de una forma directa, entre tantas otras cosas, los horrores vividos.
Existe más consenso en que la idea partió de Boix y que a través de él se creó un sistema para irlas distribuyendo para su custodia. Los testimonios de internos lo corroboran y así lo defiende Bermejo en dos de sus obras Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen (2002) y La historia de Francisco Boix y las fotos robadas a las SS de Mauthausen (2015). El mismo historiador considera que el carácter de Boix era una mezcla de atrevimiento, excentricidad e instinto de supervivencia, sin que le faltara sus buenas dotes como profesional del la fotografía. La película, como puede apreciarse, mantiene esa posición.
Sin embargo, para Wingeate Pike, siguiendo los testimonios que recogió en su día de Antonio García, ocurrió todo lo contrario. En sus libros Españoles en el Holocausto (2004) y Dos fotógrafos en Mauthasen (2018) mantiene que Boix fue un impostor, peloteó a los nazis, se aprovechó de los negativos que guardó el propio García, se benefició económicamente de ellos una vez acabada la guerra e incluso no era un buen fotógrafo.
Es cierto que Boix, desde el primer momento de la liberación del campo, se dedicó a fotografiar lo que iba viendo. Trabajó, así mismo, como reportero en varios medios, aprovechando la fama que fue ganando por su papel en el rescate de negativos y su difusión, y como testigo en Nüremberg. Su muerte prematura en 1951, como consecuencia de las secuelas del internamiento en el campo, le impidió defenderse de las más que dudosas acusaciones demoledoras lanzadas por García y recogidas por Wingeate Pike.
Boix no deja de ser un héroe, olvidado durante un tiempo, pero imprescindible, por supuesto.
martes, 13 de noviembre de 2018
La libertad frente a la tiranía a través de un joven palestino
(Imagen: fotografía de Mustafá Hassuma)
lunes, 12 de noviembre de 2018
Una Justicia demasiado podrida
Hoy el mismo diario ha desvelado, en el artículo “La Audiencia urdió una mentira inverosímil para ocultar que se inhibió en el caso del tirador”, una situación que resulta en cierta medida sorprendente y es que la Audiencia Nacional inicialmente se desentendió del caso, al parecer valorando que no era de su competencia. Dada que eso no había, llegaron a sacar una primera nota informativa desmintiendo hubiera tenido conocimiento de lo sucedido desde el primer momento y que fue informada tarde por parte de los Mossos d'Squadra y de la Audiencia Provincial de Barcelona.
Pero es que ocurrió todo lo contrario: sí estaban informados, pero se desentendieron, teniendo que ser dicho órgano provincial el que tomara cartas en el asunto. Es más, el detenido llevaba en prisión desde hace mes y medio. En el auto dictado para su procesamiento y entrada en prisión "no le ha cabido duda al instructor de la seriedad del propósito del investigado de llevar a efecto el crimen planeado por el mismo, proponiendo el modo de llevarlo a cabo, el material con el que cuenta para ello, sus habilidades como tirador, lo certero que sería para privar de la vida a su objetivo, recabando sólo para asegurar su propósito información sobre el momento y el lugar en que se realizaría".
Como acaba de desvelar Público, "La verdad, pues, fue que los fiscales de guardia que estaban en Terrasa y los que estaban en la Audiencia Nacional mantuvieron varias comunicaciones y que después de consultar con la jefatura de la Fiscalía de la Audiencia Nacional decidieron que el caso no era de su competencia y que por lo tanto la Audiencia Nacional no era competente para indagar los hechos. Ergo, habían estado mintiendo a la ciudadanía durante 24 horas. Evidentemente, a sabiendas".
Y esto último tiene una figura delictiva clara. Por lo que cada día vamos sabiendo, tenemos una Justicia con demasiados agujeros. Está demasiado podrida.
viernes, 9 de noviembre de 2018
A cien años del fin de la Gran Guerra
Estamos
ante el centenario del fin de la Gran Guerra (1914-1918), el mismo conflicto que dos
décadas después pasó a denominarse como Primera Guerra Mundial. Habían pasado casi
cuatro años y medio desde su inicio, cuando la firma el 11 de
noviembre del armisticio entre el Imperio Alemán y las potencias aliadas puso fin al
conflicto. Años de una violencia extrema
que se cebó más que nunca sobre la gente. Una violencia desconocida hasta
entonces por su dimensión en víctimas, destrucción material, estados contendientes
y extensión territorial. Sin embargo, hasta semanas antes su final no dejó de ser
realmente una incógnita, dado el equilibrio de fuerzas que se había dado hasta
entonces. Veámoslo de una forma breve.
El año 18 se abrió con dos acontecimientos de
gran importancia. El primero, en enero, la propuesta de paz formulada por el
presidente estadounidense Woodrow Wilson, conocida como los “14 puntos”. Un
documento donde EEUU planteó sus intenciones de cara al futuro como primera
potencia mundial: libertad marítima, reducción de armamentos, restituciones
territoriales, soberanía plena de los pequeños estados, evitación de
castigos duros contra los responsables
de la guerra, etc. El segundo, en febrero, la firma del tratado de paz de Brest-Litovsk entre los gobiernos bolchevique
ruso y alemán. Para este último supuso un gran alivio, dejando libre el frente
oriental, mientras que para los nuevos gobernantes rusos, deseosos del fin de
la guerra, supuso el pago de un precio muy alto, al perder territorios en Ucrania,
Finlandia, Bielorrusia, Polonia y lo que acabaron siendo las repúblicas bálticas.
Llegada la
primavera, la ofensiva alemana lanzada sobre Francia acabó en fracaso, lo que posibilitó
la correspondiente contraofensiva aliada, que en poco tiempo resultó ser definitiva.
Y no tanto por los resultados militares como por el ambiente general que se estaba
viviendo en el seno del bando de los imperios centrales.
En el caso
de Alemania los problemas internos se fueron agravando ante las disensiones en las
altas esferas del estado y del mando militar, las crecientes deserciones e
incluso los brotes revolucionarios que iban apareciendo. La abdicación y huida de
Guillermo II el día 9 de noviembre y la inmediata proclamación de la república precipitaron
la firma del armisticio, que en la práctica fue el reconocimiento de la derrota.
El resto de estados que habían combatido en el bando de los imperios centrales
acabaron haciendo lo mismo.
Lo que vino
después, en mayor medida en 1919, pertenece
a otro momento. Ya habrá tiempo de tratarlo, como también de hacerlo con el balance de destrucción. Fue una guerra, como casi todas las de los dos últimos siglos, de las potencias capitalistas. Las mismas que siguen pontificando sobre la paz, la democracia, la civilización, la libertad, el progreso... y tantas palabras bonitas más.
(Imagen: "Las madres", de Khäthe Kollwitz, grabado en madera).
jueves, 8 de noviembre de 2018
Augusto Zamora, sobre la situación de Nicaragua
Desde que se inició la actual crisis nicaragüense, he podido escuchar sus opiniones en varios programas de televisión. Ahora reproduzco lo que contestó en la entrevista realizada por Salvador López Arnal en la revista antes aludida. Es de sumo interés.
"La situación de Nicaragua no es fácil de explicar, pues ha habido y hay mucha desinformación. Primero, hay que aclarar que no hubo ninguna insurrección popular. Hubo protestas que se generalizaron en ciertos barrios y en algunas ciudades, pero muy lejos de lo que fue la insurrección popular de 1978. En el país funcionan casi 60 universidades, muchas de ellas con centros universitarios regionales, y hay unos 170.000 estudiantes. No hubo ningún incidente en las universidades privadas y sólo una parte de las públicas se vieron fuertemente afectadas. La virulencia de algunas protestas sorprendió a todos. Tengo la impresión de que hubo momentos en que tanto el gobierno como los dirigentes de las protestas perdieron el control de los hechos. Los tranques de las principales carreteras acentuaron el enfrentamiento, agudizándolo. Estos tranques fueron el principal medio para provocar la caída del gobierno. A partir del momento en que quedó claro que no eran simples protestas, sino un esfuerzo coordinado para tumbar al gobierno, se cayó en una espiral de enfrentamientos violentos entre policía y manifestantes y entre sandinistas y anti-sandinistas. Ahora bien, que nadie se engañe. Del espíritu de las protestas originales queda poco, casi nada. Ahora quienes dirigen la campaña contra el gobierno nicaragüense son el gran empresariado, los obispos católicos más reaccionarios y EEUU. Si el gobierno de Daniel Ortega hubiera caído, lo hubiera sustituido uno de extrema derecha. Hay un grupo de sandinistas disidentes dentro de las fuerzas antigubernamentales, pero no tienen peso. Pese a ello, sus conexiones internacionales han sido efectivas en transmitir una situación que no es la real. Para poner un ejemplo, el 7 de septiembre llamaron a un paro nacional. Ese paro sólo fue seguido por los grandes empresarios y sectores acomodados. A nivel popular, su seguimiento fue casi inexistente. No me lo ha contado nadie. Lo vi yo, que recorrí 500 kilómetros por varios departamentos para tocar la realidad con los pies y eso es lo que vi. Me da una pena infinita lo que ha pasado, pero la realidad es que la derecha dura es la que más se ha beneficiado de esta desgraciada situación y los pobres han sido las grandes víctimas, como suele pasar. Ahora andan en gestiones en EEUU, con la derecha republicana, presionando por sanciones draconianas contra Nicaragua y buscando cómo provocar la intervención estadounidense y la ruina general del país, como forma de provocar la caída del gobierno, Aunque se envuelvan en banderas nacionales, la semilla de la traición la llevan en sus genes".
miércoles, 7 de noviembre de 2018
El Tribunal Supremo, más que en entredicho
Y fue ayer, después de dos días de deliberaciones, cuando el resultado final ha supuesto una marcha atrás en relación a la sentencia primera. Si desde el primer momento saltó la polémica, lo ocurrido ayer la ha magnificado. La credibilidad de la máxima instancia de la justicia española está, más que nunca, en entredicho. La confianza de la gente hacia ella ha bajado muchos enteros. Son muchos los episodios en los distintos tribunales y juzgados llaman la atención por las decisiones tomadas. Ayer me referí a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero saltan a la vista muchos casos más, como el de Urdangarín y la Infanta Cristina, las personas inculpadas y encarceladas en relación al procés catalán, el máster de Pablo Casado, los numerosos casos de corrupción en el PP, las condenas que vulneran la libertad de expresión, la puesta en libertad de "la Manada", el tratamiento de la violencia de género, la insensibilidad ante los desahucios, el rechazo a investigar los crímenes del franquismo...
Son tantos, demasiados, que la percepción por parte de mucha gente es que la justicia no es justa, que se dicta en favor de quienes más tienen, como acaba de ocurrir en el caso de las hipotecas. Resulta sorprendente que ante un acto jurídico reclamado por la banca, mediante el cual sale beneficiada, tenga que ser el cliente quien pague el impuesto correspondiente. Y más sorprendente, por supuesto, que ante al cambio de doctrina jurídica introducido hace tres semanas, se haya producido primero la intromisión del presidente de la Sala y luego la decisión del Pleno. Dicho señor, Luis Díez-Picazo, y el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, deben dimitir. Ellos y la institución en su conjunto están más que en entredicho.
martes, 6 de noviembre de 2018
Nuevo varapalo a la justicia española
(Imagen:
Aritz LOIOLA/FOKU)
lunes, 5 de noviembre de 2018
El Monumento al Jornalero de Espera

Espera fue durante la Segunda República uno de los pueblos donde la reforma agraria tuvo un color propio. Uno más de los tantos pueblos de Andalucía y de buena parte de la mitad sur de España donde la gran propiedad llevaba a sus gentes a la peor de las miserias. Pionero de una experiencia de explotación colectiva de la tierra a través de la sociedad "Espera Obrera" y con Francisco Garrido Barrero como su principal impulsor, vio cómo el golpe militar del verano del 36 se llevó los sueños, mientras una parte de sus protagonistas acabaron en las tumbas o en las cárceles. Cuenta Espera desde hace unos años con una escultura, obra de Ismael Rodríguez-Viciana Buzón, conocida como "Monumento al Jornalero". Está dedicada a los trabajadores y las trabajadoras del campo. Hombres y mujeres que, por igual, viven de su trabajo, sin tierras o con apenas unos terruños que no dan para vivir. Hombres y mujeres que trabajan a jornal, de sol a sol, con -lo único que poseen- sus brazos, por temporadas... Todavía en este siglo que no ha alcanzado todavía dos décadas siguen mostrando su presencia honrosa. Esa larga herencia que viene ya de siglos y que tantas páginas dignas han ido escribiendo con su sudor, su lucha y, a veces, hasta con su sangre.
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