En 2010 escribí el trabajo "Análisis crítico del discurso en el reportaje 'La valla de los mundos'", que tuve que realizar en el curso Migraciones y multiculturalidad, dentro del máster Cultura de Paz. Ahora lo he rescatado y me he decidido a publicarlo, porque creo que su contenido principal sigue teniendo una enorme actualidad y puede ayudar a entender, al menos un poco, el fenómeno de las migraciones y los discursos que se generan sobre ellas. Es cierto que hace cinco años no se había iniciado todavía el ciclo de desestabilización política en los países del Mediterráneo oriental y meridional y de guerras, agravando la presión migratoria, pero no cabe duda que el origen del problema no se encuentra en esos países, cuyas poblaciones no dejan de sufrir las consecuencias de las intervenciones económicas y geopolíticas de quienes detentan el poder en el mundo y en los países ricos.
1. Migraciones, racismo y capitalismo
global
Las migraciones actuales en el contexto de
capitalismo global
Las migraciones no son un
fenómeno actual. Han estado siempre presentes a lo largo de la historia de la
humanidad, en la medida que el nomadismo estuvo relacionado con los primeros
grupos humanos. A lo largo de los milenios y siglos los desplazamientos de los
grupos humanos se han ido sucedido en sus formas, se han debido a causas
diversas y han tenido dimensiones cambiantes.
Las migraciones actuales tienen
como principal novedad con respecto a las de épocas anteriores el que buena
parte de los desplazamientos se vinculen
con grupos de personas desde las áreas más pobres a las de los países ricos. Pero
existen también desplazamientos entre los países ricos. Si en el primer caso es
frecuente identificar a esas personas como inmigrantes, en el segundo no se
hace así, aunque técnicamente, dentro del cómputo estadístico, sí lo sean en
ambos casos. La inmigración se identifica con la pobreza o con quienes se
encuentran en escalones sociales inferiores con respecto al lugar de destino.
No así con las personas de los estratos sociales intermedios o superiores que
se asientan de una forma más o menos permanente en otros países por motivos
profesionales o de retiro.
Las causas de los
movimientos migratorios actuales son diversas, pero están directamente
relacionadas con la economía capitalista globalizada en la que vivimos, que
facilita los intercambios de mercancías, personas e información a unos niveles
antes desconocidos. Para las personas que se desplazan desde las zonas más
pobres tiene que ver en un principio con la búsqueda de una mejora en las
condiciones de vida, que en la mayoría de las ocasiones son una consecuencia de
los cambios estructurales que se están operando en sus países. Factores como la
presión demográfica o los cambios climáticos pueden actuar como circunstancias
que los han precipitado, pero no nos sirven para explicarlos en toda su
dimensión. Estos cambios tienen que ver con las políticas económicas
neoliberales dictadas y aplicadas desde las empresas multinacionales, las
grandes instituciones económicas mundiales (FMI, BM, OMC…) y los gobiernos de
los países ricos que han ido socavando las formas tradicionales de subsistencia
de los países pobres y en vías de desarrollo. Todo esto se está traduciendo en
una enorme presión sobre la posesión de la tierra, dando lugar a la sustitución
de los cultivos tradicionales por otros orientados al mercado internacional;
sobre los recursos pesqueros, que ha acabado con muchos de ellos o alejado a
sus tradicionales extractores; sobre los espacios donde se encuentran recursos
estratégicos como el agua, los
combustibles fósiles o los minerales; sobre las formas artesanales y de
comercio a pequeña escala, libres de las ataduras del gran mercado
globalizador…
Michel Wievorka (2006) ha aludido a estos cambios como “indisociables de la globalización, agente que
disemina poblaciones diversas y numerosas por la superficie del planeta”.
También ha relativizado las motivaciones de las personas que se desplazan,
desmintiendo explicaciones que se dan desde el mundo rico: llegar al nuevo
destino para fundirse con la población de acogida; o hacerlo temporalmente, con
la intención de regresar. Susana Moreno (2006) ha estudiado el caso de la población senegalesa en España,
cuya llegada, forzada por la ruptura sufrida en sus formas tradicionales de
subsistencia, no es sino una traslación de las prácticas económicas que llevan
realizando desde décadas o siglos, ahora fuera de sus ámbitos tradicionales de
movimiento. Por eso habla de una identidad simultánea en espacios diferentes e
incluso de una comunidad trasnacional.
Juan Terradillos (2010: 6 y 15) utiliza el término “despliegue
simbólico” para designar a lo que las leyes españolas denominan lucha contra
las mafias del tráfico de personas, está poniendo el dedo en una de las claves
del problema: tales mafias, que existen, las hay sobre todo en la explotación
económica sobre las personas inmigrantes, hasta el punto que la legislación
española parece que desconoce que “las ‘mafias de la explotación’,
las interiores, rentabilizan los beneficios que produce el trabajo sucio de las
‘mafias del tráfico’, las exteriores”. En la mayoría de las ocasiones se denominan
mafias a las redes de apoyo de las personas que se trasladan de un lugar a
otro.
Redes
de una solidaridad que se basa, siguiendo a María Eugenia González (2007:
158), en “relaciones interpersonales de
confianza” y
que van adquiriendo formas muy diversas desde que salen de sus lugares de
origen hasta que llegan a los países de destino. Para Wievorka (2006) existen
“redes
de diáspora y a su desplazamiento casi continuo, en ocasiones a lo largo y
ancho del planeta, cabe añadir los flujos de comunicación que representan
internet o el teléfono”. Por eso propone cambiar los términos que solemos
emplear para adecuarlos a la nueva realidad: en vez inmigración e inmigrantes hay que “hablar más
bien de migraciones y de migrantes”.
Europa, sobre todo la
occidental, y América del Norte son ahora las zonas del planeta donde hay una
mayor afluencia de población migrante, lo que está dando lugar a cambios
sociales importantes y una mayor diversidad cultural. En esos países se ha conformado poblaciones multiculturales,
una realidad compleja que está planteando nuevos retos a la hora de afrontar el
futuro.
Migraciones y racismo
La complejidad social está
dando lugar a una percepción diversa de la nueva realidad, en este caso en los
países receptores. Se da tanto en las personas que sienten vínculos
identitarios de pertenencia a esos países como en las que progresivamente, a lo
largo sobre todo de las dos o tres últimas décadas, van llegando y se van
asentando en sus lugares de destino. La percepción de la nueva realidad y su expresión
no es algo uniforme, sino que adquiere una gran diversidad.
Una de esas
manifestaciones es el racismo, íntimamente vinculado a los fenómenos
migratorios. Para Tahar Ben Jelloun el racismo consiste en “desconfiar de las
personas con características físicas y culturales distintas de las nuestras e
incluso también en despreciarlas” (2002: 19). Por su parte, para Teun van Dijk
(2006) es “un sistema de dominación, un abuso sistemático de poder de un grupo
sobre otro grupo” que históricamente ha sido ejercido por los “europeos blancos
sobre los pueblos de África, Asia y las Américas”, y actualmente “se ejerce
sobre la gente del Sur y del Este que han migrado a Europa y Norteamérica”.
Esta dominación puede adquirir varias formas, si bien distingue dos niveles:
“el nivel de las prácticas sociales, como la discriminación -que incluye el
discurso racista-, y el nivel de las ideas, como los prejuicios e ideologías
racistas”.
Discurso e ideología
Entramos así en algunas de
las claves para poder entender lo que las personas acaban expresando: los
conceptos de discurso e ideología, que resultan básicos. El propio Van Dijk
(2001: 192-193) entiende por discurso un evento comunicativo específico, que se
expresa de forma escrita y oral principalmente, aunque también no verbal
(dibujos, cuadros, gestos…), donde se da una interacción en el uso del
lenguaje. Para el mismo autor las ideologías son “sistemas que sustentan las
cogniciones sociopolíticas de los grupos” (1996: 18).
Las ideologías son
organizadoras de las actitudes de las personas que conforman los distintos
grupos sociales. Tienden a organizarlas, aunque esquemáticamente, en los temas
de mayor relevancia. De esta manera ponen de manifiesto una estructura
polarizada en dos extremos: el NOSOTROS y el ELLOS (Van Dijk, 1996: 19). Es
decir, por un lado, el mundo de quienes se benefician del sistema, y, por otro,
el de quienes viven en la exclusión o sus proximidades, donde se encuentran las
personas que se ven obligadas a migrar.
Las élites están formadas
por aquellos grupos políticos, burocráticos, corporativos, mediáticos y
educativos que “controlan las dimensiones y decisiones más cruciales de la vida
cotidiana de las minorías y los
inmigrantes” (Van Dijk, 2001: 191). Dado su acceso más fácil y eficaz a
las fuentes del conocimiento y la información, son las principales
conformadoras de los valores y las metas sociales, así como las creadoras del
consenso social. Son, pues, la generadoras de los distintos discursos que
compiten entre sí por hegemonizar la sociedad e intentan contrarrestar los
discursos que surgen a modo de contrapoder desde los grupos dominados.
Desde una perspectiva
crítica, el análisis de los discursos permite descubrir las ideologías
subyacentes que los sustentan, así como articular sistemáticamente sus
estructuras con las estructuras de las ideologías (Van Dijk, 1996: 24).
2. Un análisis crítico del reportaje "La valla de
los mundos"
Características del reportaje
El reportaje es obra de
Pedro Ingelmo y ha sido publicado en el Diario
de Cádiz (edición digital de 23-11-2008). En él se hace una descripción de
la ciudad de Melilla que, como ciudad de frontera entre España y Marruecos,
resulta una verdadera encrucijada de diversas situaciones: la de la población
española, cristiana o musulmana, que vive en ella por razones distintas que
luego apuntaremos; la de la comunidad china, que se dedica al comercio de ropa barata con destino a Marruecos; la de la
población migrante subsahariana, en su mayoría, hindú y argelina, que vive en
chabolas, en la calle o en el CITE, a la espera que se tome una decisión sobre
su futuro; la de la población subsahariana que desde el monte Gurugú espera la
ocasión para poder acceder a Melilla, saltando la valla o camuflándose en los
bajos de camiones; la de la población marroquí que entra y sale por la frontera
de Beni Enzar para portar los productos que le permiten vivir; la de la población
marroquí que trafica con hachís hacia España...
Describe esas situaciones
desde tres intentos de saltar la valla y las alambradas que separan Marruecos
de Melilla ocurridos en 2005 y 2008. Hechos que son narrados con un lenguaje
bélico (“la batalla ha durado una media hora”), presentando a uno de los bandos
como atacante (el ELLOS) y otro a la defensiva (el NOSOTROS). En medio, la vida
cotidiana de la gente pobre de un lado y otro que lucha por sobrevivir, pero
dentro de un panorama donde reina la ley del más fuerte (“se aleja insultando a
los derrotados de la refriega”), la corrupción policial (“no viven de esa
miseria [de 250 euros], sino de la rasca”), la explotación insinuada (“ropa que
la comunidad china vende a precios irrisorios”), la falsificación de marcas
comerciales (“el paraíso de las Nike de pega”), la ilegalidad de sus
actividades (“contrabandear”, “desde allí salen las lanchas con hachís”), la
maldad de los inmigrantes que viven en Melilla (“no paran de provocar peleas”),
su también astucia (“mientras no diga su origen, su principal secreto”), la
insolidaridad entre esos grupos (“un ejército de desclasados que apedrean (…),
les patean”), la nimiedad de las mujeres porteadoras (“reguero de
hormigas”)…
El título del artículo, "La
valla de los mundos", sintetiza las situaciones que describen. Melilla es la
frontera entre España y Marruecos, pero también, por extensión, entre el mundo
rico y el mundo pobre. El reportaje se centra en la lucha por la supervivencia
de la población subsahariana que espera en el monte Gurugú, la migrante que
vive en Melilla, la dedicada al porteo de mercancías… Me pregunto si la policía
marroquí, que completa su salario con la “rasca”, e incluso los guardias
civiles españoles, que cobran un plus por estar en Melilla, no se le puede
también incluir entre esa gente pobre, aunque, por supuesto, no al mismo nivel.
El subtítulo se refiere a
“la porteadora que murió pisoteada” en medio del “caótico comercio fronterizo”,
al que sitúa “en el limbo de los ‘sin papeles’”. Es decir, la muerte de una
mujer pobre que, siendo víctima de la lucha por la supervivencia, es mostrada
como víctima de las personas de su misma condición que viven en una especie
de jungla salvaje. Apenas aparece en este paisaje de los dos mundos quién es la
gente rica. De la comunidad china, “los chinos”, difusa en su caracterización,
aparece un “proveedor chino”. De Marruecos se habla de Mohamed VI y de “un
comerciante marroquí”. Y de España aparece el presidente de la ciudad. ¿Dónde
están quiénes generan la pobreza y obligan a que haya tantas personas que se
jueguen la vida para mejorar en ella?
Una aproximación
crítica al discurso que sustenta el reportaje
El comienzo del relato
refleja una hipérbole en el tratamiento de uno de los intentos de saltar la
valla. Este tratamiento resulta más acentuado, en primer lugar, con su
ubicación en un desastre natural: “las lluvias torrenciales (…) arrojaron sobre
Melilla toneladas de cañizo y raíces, cuarenta tortugas y lazadas de
serpientes, que atravesaron la valla y convirtieron la ciudad en un lodazal de
mugre y bichos desquiciados”. Pero también con la identificación de esos
elementos naturales con los “negros” y “africanos”: “detrás de la comitiva
destructora, los negros se colaron por el agujero. (…) Los africanos que reptan
(…) armados con ramajos y navajas”.
Hay una gran confusión en
el uso de términos hacia la gente de color, a quienes se llama indistintamente
“negros”, “africanos”, “subsaharianos” e incluso “sin papeles”. Con frecuencia se les identifica con animales
(“reptan”). También en el caso de las mujeres marroquíes, de quienes se dicen
que forman un “reguero de hormigas”.
Las palabras y expresiones
utilizadas son un compendio de la forma como se trata a las personas que
protagonizan el reportaje:
- De “los africanos” asaltantes se dice “que
reptan”; que están “armados con ramajos y navajas; que emiten “un grito
enloquecido”; “que contestan a palos”; que van “apuñalando la nada”; “que
lanzan dentelladas, atacan con todo”; que forman “turbas”, “una marea”,
una “avalancha”…
- De “los porteadores marroquíes”, que son “un
grupo de desclasados”; que está formado por personas que cumplen sus
tareas, como el “motorista asaltado”, los “paisanos enzarzados a
puñetazos” o las mujeres que forman “un reguero de hormigas aplastadas por
gigantescos bultos”; que lo hacen en medio de una competencia feroz y
violenta “a puñetazos”, que “se matarían a navajazos”, que destilan
“salvajismo masculino”, que provocan “tumultos diarios”…
- De los subsaharianos, argelinos e hindúes que
están en Melilla se dice que “vagabundean” o “matan el tiempo”; que
esconden su origen como “su principal secreto”; que se ofrecen “a
conseguirnos hachís”; que uno de ellos, “bebido hasta el vencimiento”…
Sin embargo, apenas
aparecen sus voces. Sólo la de ese inmigrante de adentro “bebido hasta el
vencimiento”, pero del que no se resalta ninguna expresión entrecomillada. La
de un hindú al que sí se reproduce entrecomillado que su viaje costó “mucho,
mucho dinero, todo mi dinero”. O la de Abdul, que mostrando el hierro clavado
en una de sus piernas, advierte que “me la cortarán si no la cura un médico
antes, un médico de Madrid”. Casi todos estos testimonios son anónimos y con
frecuencia aparecen con expresiones entrecortadas, sin un hilo narrativo
continuado. Esto da la impresión de un lenguaje pobre, pese a la mezcla de
palabras del inglés, el francés y el castellano: “prison, prison”; “mucho,
mucho dinero, todo mi dinero; “help, journalist, do you understand”; “oh,
señor, only fish”... El periodista ha dado muestra de un escaso interés por
buscar un acercamiento a esas personas, por conocer las motivaciones de su
presencia allí, por conocer de sus propios testimonios el infierno que están
pasando. La barrera lingüística podría servir de explicación, si bien, sólo es
una conjetura. Este argumento no sirve para la ausencia de voz de otros grupos,
como el de los porteadores marroquíes o el de la comunidad china, de quienes no
se ofrece ningún testimonio.
La mayoría de los testimonios
son de un guardia civil musulmán, el presidente de la ciudad, un funcionario de
la delegación del Gobierno, una periodista de la televisión local o dos
miembros de asociaciones de solidaridad, tratados, además, de distinta manera y
extensión. Todos, menos el presidente de la ciudad, Juan José Imbroda, son
interlocutores del periodista. Las dos personas que representan a los grupos de
solidaridad tienen una menor cabida. Y la propia expresión escrita marca las
diferencias en el uso de las comillas, al enfatizar dichas expresiones tanto
por quien las dice como por las personas a
quienes se refiere.
A modo ilustrativo se
puede poner los siguientes ejemplos:
- Del guardia civil, a quien se entrecomillan
sus declaraciones, se reproducen expresiones como: “estoy convencido que
hubo algún muerto”; “la vida del negro allí no vale nada”; “¿armados?
Claro”. Es el mismo que cuenta cómo descubrió un día “a dos chavales
africanos” en los bajos de un Peugeot.
- Dos miembros de asociaciones de solidaridad
intentan contra argumentar la imagen negativa. José Alonso, de Derechos
Humanos, no cree en la versión del asalto de 2008 y que fueran armados,
pero sin que se entrecomillen sus palabras. A Isabel, de Melilla Acoge, se
entrecomilla su referencia a la represión marroquí y la huida desde la
zona de asentamiento.
- Del presidente de la ciudad, Juan José
Imbroda, se mencionan testimonios sin entrecomillar acerca de la violencia
de los subsaharianos o su agradecimiento a Marruecos.
- Un funcionario de la delegación del gobierno
hace una narración más amplia, siempre entrecomillada. Empieza
refiriéndose al mal trato recibido por “los subsaharianos” por parte de las
autoridades marroquíes, que matiza con la frase “por utilizar términos
suaves”; luego se refiere al cambio de actitud del gobierno desde 2005,
cuando “Rabat recibió dinero europeo”; después sobre el refuerzo de “la
valla con una estructura tridimensional” y “alambre” a lo largo de 16 kilómetros, y
su coste de “30 millones de euros”.
- Una periodista de la televisión local, a quien
se da nombre, María, acompaña al reportero a recorrer la valla por la
noche. Hace una descripción del efecto que produce hacia quienes puedan
saltarla y los melillenses. De los primeros dice cosas como que “al
parecer, al recibir cuatro o cinco flashes, la visión se desestabiliza”.
De los segundos, que “se sienten encerrados”. En su relato se refiere al
aumento de la población melillense musulmana sobre la cristiana o las
diferentes expectativas que tienen. Si en el primer caso es “para quedarse”, en el segundo “no lo
tienen claro”. Por eso entre la población de origen peninsular se viaja
con frecuencia a Málaga, los fines de semana “escapan a las desiertas
playas del vecino” o, más contundentemente, explica la principal razón que
les retiene en Melilla: “nos atrapa el sueldo”, al recibir un complemento
de residencia.
Si el cuadro que se
describe resulta tremendamente negativo en todos los grupos que pertenecen al
otro mundo, en él podemos incluir a Marruecos, del que se trazan unos perfiles
variados, pero muy reveladores de lo que se busca. Veamos unos ejemplos:
- En la alusión a la ensenada desde la que
“salen lanchas con hachís rumbo a Alicante”.
- La descripción de las actuaciones policiales: “antidisturbios
de Fez hicieron una batida por el monte (…); “desmantelaron campamentos
‘con contundencia, por utilizar términos suaves’”; “se los llevan (…) al
desierto”.
- La actitud de los portadores hacia quienes
quieren saltar la valla, a quienes tildan de “ejército de desclasados” y
reflejando su insolidaridad, si no su racismo (“fuera, cerdos, fuera”).
- Resaltar la actividad delictiva que realizan,
porque “deberán contrabandear bultos de ropa”.
- La relación de la actitud cambiante del
gobierno desde la recepción de los fondos europeos, que pasó de “la
pasividad de los gendarmes de Mohamed VI” a ponerse “las pilas y limpió su
lado de la vaya”.
Es un tratamiento que en
parte se repite con la comunidad china,
que, aunque se menciona menos, en la
explanada de su barrio es donde se encuentra una de las zonas más conflictivas de Melilla y
lugar donde se produjo el suceso que da origen al reportaje: la muerte de la
porteadora marroquí.
3.
Reflexiones finales
En la entrevista ya
referida en este trabajo, Van Dijk (2006) manifiesta que “el racismo de los sectores
populares se hace visible a través de los medios de comunicación que reproducen
esos discursos de discriminación”.
En este reportaje se
refleja de una forma muy ilustrativa las actitudes y lenguaje de la gente
pobre. La violencia o la delincuencia están expresadas explícitamente; la
insolidaridad o el racismo, de una forma más sibilina e implícita. Es algo que
se corresponde con las palabras que pronuncia Van Dijk (2006) en la entrevista
ya referida en este trabajo: “Ellos, los pobres, los inmigrantes, son racistas
entre ellos, dicen los medios de las élites”. Sin embargo, cabe preguntarse
cómo se construye ese racismo. Y aquí los medios de comunicación juegan un
papel importante, como parte de las élites a las que nos referimos antes: “El
racismo de los sectores populares se hace visible a través de los medios de
comunicación que reproducen esos discursos de discriminación. No los ignora,
sino que los enfatiza. Y, así, es una forma de construir el racismo”.
La dicotomía entre las
élites y los grupos dominados está presente a lo largo del reportaje. Pero una
dicotomía tratada de distinta manera, asimétricamente. El NOSOTROS aparece
visibilizado sobre todo en quienes aportan la mayor parte de la información al
periodista e invisibilizado en quienes se benefician pero no aparecen. El ELLOS
aparece visibilizado, pero sin apenas voz. Otras personas hablan por ellas y
cuando se lo permiten, sólo se muestran frases cortas, sin interés por parte
del periodista por conocerlas.
La práctica invisibilidad
de quienes en el fondo son responsables de todas estas situaciones dramáticas,
incluida la que el periodista denomina “el limbo de los ‘sin papeles’”,
contrasta con la presencia relevante en el reportaje de la figura del guardia
civil que ofrece su testimonio: se trata de un guardia civil musulmán. Es
decir, quién mejor refleja la
integración desde su comunidad originaria en el mundo al que pertenecen las
personas y los grupos invisibles en el reportaje, pero responsables de la
verdadera jungla, que no limbo, que se describe. Una integración hecha a través
de la actividad que mejor define la barrera punitiva que se interpone entre los
dos mundos.
Ya para acabar, voy a
hacer una mención de algo, quizás anecdótico, que con frecuencia realizo en las
clases que imparto en el instituto donde trabajo. Se trata de formular al
alumnado la pregunta sobre qué personas ricas conocen. Las respuestas suelen
estar en la mayoría de las ocasiones alejadas de la realidad. Es normal que les
cueste mencionar a personas y casi siempre empiezan por el jefe de gobierno de
turno (González, Aznar, Zapatero), luego sigan con “los políticos” y cuando se
les aprieta un poco más, mencionen a algunos futbolistas de élite. Raras veces
se refieren a “ricos de verdad”, aunque pueden aparecer personas como “el dueño
de Zara” o Florentino Pérez. A los banqueros no se les menciona. Cuando al
final les voy ofreciendo más nombres de personas o de empresas, suelen
reconocerlas. En ocasiones, dependiendo de las circunstancias, les puedo pedir
que busquen en casa información para traerla a clase. Me gusta concluir con una
frase parecida a ésta: “la gente rica es tan lista, que existiendo, apenas se
sabe identificarla, pasando así desapercibida”. Cuando he estado haciendo este
trabajo no he podido por menos que recordar esto.
DOCUMENTACIÓN UTILIZADA
Documento de análisis
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(Fotografía: mural en Melilla, kahinarte.com)