miércoles, 29 de julio de 2009

¿Ha cambiado el mundo en 16 años?


En 1993 escribí una reflexión, a modo de análisis, sobre la situación del mundo, que titulé "La caída de los regímenes del este de Europa y el nuevo orden internacional". Todavía estábamos bajo el influjo de "la caída del muro de Berlín", aunque ya se empezaban a vislumbrar distintas tendencias de lo que ha acabado siendo las bases del mundo de nuestros días. Sólo haría ahora una matización de esa reflexión-análisis, al margen de la dimensión que han alcanzado situaciones como la mayor agresividad estadounidense, las resistencias en el mundo islámico o la evolución de los países del este de Europa. Y es lo que está ocurriendo en América Latina. Pero de ésta me ocuparé en otro momento, que da mucho de sí.


La caída de los regímenes del este de Europa y el nuevo orden internacional

Recientemente, el historiador británico J.H. Elliott manifestaba en un periódico la imprevisión de los historiadores a la hora de determinar algunos acontecimientos de nuestros días, tales como la vuelta del nacionalismo y el fundamentalismo o la caída del muro de Berlín. A poco que se preste un poco de atención a las noticias que nos ofrecen los distintos medios de comunicación (prensa, radio o televisión), se perciben con frecuencia reacciones de sorpresa sobre los acontecimientos de diversa índole que estamos viviendo y los cambios que se derivan, posiblemente de carácter político y económico en mayor medida. Según distintas fuentes, la propia CIA, todopoderosa en la información disponible, con los medios que tiene a su alcance y las numerosas, importantes y decisivas acciones que ha desarrollado y sigue desarrollando, parece que recibió con sorpresa la rapidez con la que se sucedieron los distintos acontecimientos que en torno a 1989 dieron lugar a la caída de los regímenes políticos de los países del este europeo. Independientemente de la posibilidad de haber previsto o no lo que hoy es una realidad, cualquier persona que reflexione e intente tomar conciencia del momento en que vivimos seguramente llegue a dos conclusiones: nos encontramos en un momento de cambios importantes y, consecuencia de lo anterior, el futuro que se puede derivar resulta una verdadera incógnita.

Si hay algo que puede ser el punto de partida a la hora de enmarcar lo que estamos tratando, es la consideración de que atrás hemos dejado una época en la historia y una nueva empieza a formarse. Atrás ha quedado un modelo de organización del mundo, cuya principal característica era la bipolaridad, tanto económica, política y militar. De un lado estaría el mundo de los llamados países occidentales, con cabeza en los EEUU, el capitalismo como sistema económico, la democracia como el sistema político más característico, sobre todo entre los países más ricos, y la OTAN como la fuerza militar. De otro lado estaría el conocido indistintamente como mundo socialista o comunista, con cabeza en la URSS, una economía estatalizada y de planificación centralizada, y el Pacto de Varsovia como fuerza militar. La conformación de esta estructura bipolar surgiría al finalizar la segunda guerra mundial, plasmada inicialmente con la aparición de la llamada "guerra fría". Las derivaciones que tuvo en las relaciones internacionales fueron importantes, no sólo por la separación clara que estableció entre los países ligados a cada una de las superpotencias (más acusada en los primeros años), sino también por la complejidad añadida tras la entrada en escena de los nuevos estados que iban surgiendo en el proceso de descolonización que se precipitó desde los años 50 (estados africanos y asiáticos en su mayoría).

Los componentes ideológicos que se sitúan en los orígenes de dichos modelos coinciden en la faceta alternativa y liberadora. El liberalismo económico y político se presentó en los siglos XVIII y XIX como alternativa frente al feudalismo y el absolutismo. En lo político, las contribuciones que ha hecho en la dignificación de las personas, como el reconocimiento de derechos, la participación política, la separación de poderes, etc. es necesario resaltarlas como uno de los hitos de la historia de la humanidad y parte irrenunciable del patrimonio de nuestros días. El problema se fue presentando cuando la concreción de esos principios se redujo al disfrute por una minoría de personas (la burguesía preferentemente), que marginó de la vida política a amplios sectores de la población durante bastante tiempo, identificó su libertad con la explotación más vil que se pudiera dar y el patriotismo que emanaba de sus bocas llevó a justificar la rapiña descarada y la matanza de millones de personas en guerras de ocupación y entre estados. Fue precisamente la acción de estos sectores marginados y explotados la que abrió sus posibilidades de participación y desde la defensa de sus intereses permitió el reconocimiento de nuevos derechos, después de numerosos y penosos sacrificios enfrentamientos y convulsiones. El modelo político de democracia, tal y como se entiende hoy en el mundo occidental, es consecuencia de la interacción de dichas fuerzas, del juego de presiones, reacciones y acuerdos que a lo largo de décadas la fueron configurando.

Los orígenes del movimiento socialista no son ajenos a las esperanzas que los trabajadores tenían como una manera de superar la realidad que con tanta dureza les castigaba. Se basa en la pretensión de fundir no sólo la igualdad política, sino también la económica, como la única forma de hacer efectivos ideales tan liberales como los de igualdad, libertad o fraternidad. Directa o indirectamente ha influido, como antes señalamos, en el desarrollo de los modelos políticos que, partiendo del liberalismo, han dado lugar a lo que hoy se conocen como democráticos. El socialismo también inspiró movimientos revolucionarios, como la revolución rusa de 1917, que generó grandes expectativas precisamente en unos momentos especialmente graves de la historia, cuando los problemas existentes en el mundo habían adquirido una dimensión sin precedentes, que llevaron a confrontaciones militares como la primera guerra mundial (llamada por sus contemporáneos la Gran Guerra), la colonización de continentes enteros por los países más desarrollados y la marginación política y explotación económica de importantes sectores de la población de estos últimos países.

En la confrontación ideológica entre los dos bloques, cada uno defendió los componentes liberadores con los que se presentaron en sus orígenes. Dentro del mundo occidental, y sobre todo desde los EEUU, la palabra libertad quizás fuese la más interesada y utilizada, en parte por el contenido que en dicho país tuvo desde su fundación y en parte también para enfatizar su contenido frente al mundo socialista, al que se identificaba con la negación de la misma. En el mundo socialista, por el contrario, se trataba de resaltar el acceso por todos los sectores de la población, en especial de los más desfavorecidos y proyectado a todos los países de la Tierra, a los logros que la humanidad iba adquiriendo, entre los que se encontraba la mayor parte de los principios liberales, universalizados desde la revolución francesa, y las demandas y conquistas sociales y políticas que a lo largo de los siglos XIX y XX se fueron dando. La idea de igualdad se erigía como uno de los pilares básicos del proyecto de un mundo nuevo, cobrando la idea de libertad un valor distinto y trastocando parte de los principios liberales: aquellos que, aun partiendo de la libertad individual, podían lesionar a otras personas y dar lugar a diferenciaciones sociales, como era el caso de la propiedad privada. Sin entrar ahora en lo que de realidad tenían los discursos ideológicos respectivos, los apoyos explícitos que recibieron entre amplios sectores de la población mundial fueron innegables, aunque sin olvidar que, en líneas generales, dichos apoyos se establecieron fundamentalmente en relación a factores sociales bastante claros.

Determinar cuáles son las causas que han llevado al derrumbe de los regímenes del este de Europa es una tarea compleja, como lo es todo aquello que se encuentra en la esfera del conocimiento social. Si además añadimos a esto la cercanía temporal e incluso el propio hecho de que aún se está viviendo el proceso de cambios y que, por lo tanto, no se han perfilado en muchos casos sus consecuencias finales, la complejidad aumenta. El ejemplo que nos puede resultar más evidente es el de la actual Rusia, la base de la antigua URSS, donde la inestabilidad general que vive (problemas políticos y económicos que se mezclan junto a problemas territoriales) nos impide vislumbrar con claridad su futuro.

Sin menospreciar estas dificultades, podemos destacar tres grandes vías de explicación: la primera de ellas se basa en la irracionalidad natural que tiene el socialismo como sistema y que inevitablemente le aboca a su fracaso. Se preocupan ante todo de definir los rasgos con los que se ha presentado el sistema históricamente (preponderancia de la propiedad colectiva, limitaciones a la libertad de las personas, ausencia de representatividad democrática, etc.) y, dado que oficialmente era considerado como tal por sus ideólogos y dirigentes, era sencillo presentar a los regímenes habidos a lo largo del siglo como la ilustración más diáfana de cómo es y cómo se comporta dicho sistema. Su derrumbe es la prueba más clara de la irracionalidad sobre la que estaban construidos, sin menospreciar el componente maniqueísta sobre el que se construía dicha argumentación: el triunfo del bien sobre el mal. Esta vía de interpretación encuentra sus defensores claramente entre los partidarios del liberalismo, tanto político como económico. Admiten el término socialismo para denominar a dichos regímenes, pero utilizan con más frecuencia el de comunismo.

Una segunda vía de explicación está basada en lo no apropiado que resulta identificar a dichos regímenes con el socialismo: su naturaleza estaba lejos de serlo, por lo que no sólo basta con establecer los rasgos del sistema surgido históricamente, sino interpretarlos en relación al pensamiento socialista. A pesar de los objetivos trazados en los primeros momentos de su formación, con el tiempo se fueron trastocando, por lo que existía una contradicción entre la realidad del sistema y lo que oficialmente se proclamaba, que finalmente se resolvió con su fracaso, ante la imposibilidad de resolver los problemas y los retos que se le presentaban. Entre éstos se encontrarían ciertos elementos irracionales, falta de democracia real, desventaja en la competencia con la otra superpotencia, etc. Dentro de esta vía de explicación hay que incluir principalmente a personas que ven en el socialismo como algo deseable y posible.

La tercera vía habría que relacionarla con aquellas personas que se han sentido identificados, en mayor o menor grado, con los regímenes del este de Europa y continúan haciéndolo con algunos de los que aún hoy perviven. No existe acuerdo sobre cuáles han sido las causas que han provocado el derrumbamiento del sistema, si bien podríamos destacar entre ellas a dos: las dificultades económicas (derivadas de errores del sistema, la competencia con los EEUU, etc.) y la traición de sus principales dirigentes. Los acontecimientos dramáticos que están viviendo esos países se consideran como pruebas del error de pretender cambiar un sistema que funcionaba y ofrecía cierto bienestar y tranquilidad a la población.

Ya desde sus primeros momentos surgieron disensiones en determinar lo que debería caracterizar una sociedad alternativa, como ocurrió, por ejemplo, durante el siglo XIX con las polémicas habidas entre socialistas utópicos y científicos, entre anarquistas y marxistas o, ya en los primeros años del siglo XX, entre reformistas y revolucionarios. Tras la revolución rusa también aparecieron voces dentro del campo revolucionario que negaban, ponían en duda o señalaban limitaciones en la naturaleza liberadora del proyecto nuevo y en construcción. Sobre esto no eran ajenas las opiniones de Rosa Luxemburgo, la misma postura de uno de sus protagonistas más significativos como fue Trotski, la división producida con Mao en China, la aparición del eurocomunismo en los partidos comunistas del mundo occidental, etc.

Rota la etapa de bipolaridad, no podemos hablar de la existencia de una única fuerza caracterizadora por sí misma del mundo de nuestros días, pero sí de una fuerza que configura las estructuras básicas de dominación y control. Quizás hoy más que en otras ocasiones asistimos a una consideración de que los rasgos definidores del mundo occidental son el modelo ideal, al que a lo sumo hay que reformar. Para ser más concretos, el capitalismo se nos presenta hoy como el sistema económico más racional, más libre y que genera más riqueza, a la vez que los sistemas políticos que se dan en los países más ricos garantizan los niveles de participación y libertad mayores. Fue frecuente en otros momentos el tópico de "el menos malo de los sistemas", referido tanto al capitalismo como a la democracia política, pero hoy, perdido el referente de su antiguo contrincante, parece haber desaparecido la humildad que expresaba dicho tópico para ser sustituido por una conclusión más categórica: el triunfo rotundo de un modelo sobre otro. La supravaloración que conllevan todas estas opiniones conduce a veces a considerarlo como eterno, de lo que no son ajenas voces como las de Francis Fukuyama proclamando el fin de la Historia. Es significativa la reacción que se vive en los países del este europeo ante las carencias en necesidades vitales, considerando el capitalismo como un sueño a alcanzar, aunque de momento se tengan que conformar con emigrar a los propios países capitalistas a cambio, en muchas ocasiones, de una denigración de su dignidad como personas. También resultan alarmantes en los países ricos los llamamientos cada vez mayores a un progresivo desmantelamiento de los servicios que el estado ofrece a los sectores sociales más desfavorecidos, so pretexto de lo caro que resulta su mantenimiento, o a un nuevo modelo de relaciones laborales.

El nuevo orden internacional ha trastocado el modelo anterior de tal manera que asistimos al control por parte de los EEUU como la única superpotencia. Si tuviéramos que ilustrar lo que decimos, igual que la caída del muro de Berlín es la imagen que resume el fin de la etapa precedente, la guerra del Golfo de 1991 es la imagen de la nueva realidad: EEUU golpea certera y despiadadamente a Iraq, con sus aliados de comparsas (sobre todo, Gran Bretaña y Francia) y, lo que es más importante, con la aquiescencia de su antes enemiga (la rebautizada Rusia) y bajo la cobertura legal de la ONU. No podemos menospreciar la aparición de elementos nuevos e insospechados, por lo que cabe preguntarnos por el futuro de esta hegemonía de los EEUU, teniendo en cuenta que el potencial económico, décadas atrás aplastante, está decreciendo y sufre la competencia de nuevas potencias económicas, como es el caso de Japón o Alemania. Sabemos que los imperios a lo largo de la historia han empezado su decadencia en el ámbito económico, manteniendo durante más tiempo el potencial militar, no siendo baladí el preguntarse si nos encontramos ante el comienzo de la decadencia de los EEUU como superpotencia. El futuro del ordenamiento internacional pasará seguramente por los cambios que se están operando en el mundo occidental, más homogéneo cuando se enfrentaba al mundo socialista y donde era fácil identificar entre los países ricos el sistema económico, el sistema político y el liderazgo en todos los aspectos de los EEUU. Los apuros económicos de este país y el creciente protagonismo de otras potencias económicas (Japón, Alemania...) pueden alterar la situación.

El predominio claro que existe del modelo occidental no significa la inexistencia de otras fuerzas externas, de signos y en ámbitos diferentes. Podemos destacar dos casos, por la dimensión espacial y humana que tienen, el potencial económico que anuncian y el dinamismo con que están actuando: el mundo islámico y China. El mundo islámico, bastante vinculado a una tradición cultural rica y profunda, está conociendo el resurgimiento y expansión de movimientos de carácter integrista e incluso su acceso al poder en algunos casos (como ocurrió en Irán desde 1979). Una de sus principales características posiblemente sea el que pretenden extender la esfera de lo religioso al espacio civil, dentro de los contenidos que dicha religión tiene desde sus orígenes. Indagar sobre las causas que permiten un amplio apoyo entre la población de estos países y la rapidez con que se está realizando no es ajeno a dos factores: el empobrecimiento progresivo que viven, agravado a veces por la creciente presión demográfica, y el sentimiento de colonización cultural que les lleva a refugiarse en una tradición que al menos les permite el consuelo de una identidad colectiva propia.

En el caso de China, que ya resultó especial dentro del fenecido mundo socialista dadas las relaciones difíciles que mantuvo y que marcaron una dirección peculiar, después de una serie de determinados avatares políticos, en la actualidad vive un proceso de modernización, sobre todo en lo económico (con la introducción de elementos claramente capitalistas), aunque en lo político apenas llegue a tímidas reformas. Estos cambios no dejan de ser un enigma y en lo que finalmente desemboquen es motivo de reflexión, dado el potencial humano del que dispone.

El optimismo al que antes nos referimos ha llevado a olvidar los problemas existentes, sobre todo durante los primeros momentos en que se derrumbaban los regímenes del este de Europa. Pero el hambre, la degradación medioambiental, la violación de los derechos humanos, las dictaduras, la situación de las mujeres, etc. no han desaparecido. A última hora parece que se ha perdido la euforia y una mayor preocupación y conciencia por lo que pasa renacen, cuando la situación se ha ido agravando, nuevos problemas aparecen o se dejan sentir más los que ya existían. La emigración desde los países del Tercer Mundo, la racismo y la xenofobia que genera, la expansión del nacionalismo, sobre todo en los antiguos países socialistas, el aumento creciente del número de guerras... son una buena muestra de lo que decimos. Surgen, pues, nuevos interrogantes, cuyas respuestas nos obligan a considerar de nuevo el futuro con algo más que un simple y peligroso optimismo.

En general se puede percibir en mucha gente una sensación de desorientación, porque se asiste a un continuo fluir de acontecimientos, a cuál más diferente, sin saber por qué ocurren, quién los provoca, a dónde nos llevan. La percepción que tenemos de ello está generando un clima de incertidumbre colectiva y las valoraciones y reacciones que se dan están relacionadas en gran medida con el grado en que afectan a la gente. Con frecuencia se recurre a formas tradicionales de explicación, adormecidas, ocultas o no tenidas en cuenta hasta ahora, que han ido pasando de generación en generación, pero fácil de utilizar por la simplicidad con que están establecidas. La religiosidad, expresada de múltiples maneras, quizás sea la forma más extendida y característica. En otras ocasiones lo lógico es dejarse llevar por lo que proviene de medios ideológicos insertos en las esferas de lo que hoy es dominante. Lo que tienen en común ambas posturas es que, lejos de indagar en las causas profundas que dan lugar a este estado de cosas, sirven para enmascarar la verdadera realidad. La coyuntura de crisis económica que empezamos una vez más a sufrir, es un factor nuevo y discordante que agravará aún más la situación.

(1993)

martes, 28 de julio de 2009

Mirar hacia la tierra, pero mirar bien


El Catoblepas. Revista crítica del presente es una publicación de la red electrónica de periodicidad mensual que sigo con asiduidad. Colabora con sus artículos un gran número de personas, de variada y variopinta procedencia político-ideológica, lo que la convierte, según mi apreciación, en una rara avis del conocimiento. Cuidado, no estoy defendiendo la uniformidad de opiniones, sino que sólo destaco una característica, que no tiene por qué ser negativa. Entre quienes escriben con mucha frecuencia está Gustavo Bueno, verdadera alma de la revista, un filósofo de renombre, de procedencia y metodología marxistas, pero que en los últimos años viene defendiendo posturas que resultan sorprendentes, al margen de la carga de racionalidad (¿“racionalicismo”?) que parece que le imprime a sus argumentaciones. Quizás en otra ocasión le dedique algún comentario. Otro es José Mª Laso, jubilado de su cátedra de Derecho y viejo luchador antifranquista del PCE, que mantiene una postura de mayor fidelidad en su trayectoria, dentro de una mezcla entre el comunismo tradicional, la figura de Gramsci y el eurocomunismo de los años 70.

Se han mantenido en la revista polémicas o debates importantes, como las habidas entre Enrique Moradiellos, profesor universitario, y Pío Moa, exitoso escritor de superventas, en torno a la Guerra Civil; o entre Carlos Blanco Escolá, militar estudioso de lo militar, y Francisco Alamán, militar panegirista de Franco, en torno a la competencia profesional de dicho general.

En El Catoblepas (animal mitológico que mira siempre hacia la tierra) se nota una gran influencia de Gustavo Bueno, como maestro de varias generaciones de estudiantes en la Universidad de Oviedo, donde ejerció la docencia desde 1960. Muchas de las personas que forman el consejo de redacción de la revista están vinculadas, directa o indirectamente, a su magisterio. El propio José Mª Laso preside la fundación Gustavo Bueno. Su influencia se refleja en la caracterización materialista de dichas personas (como el mito que da nombre a la revista: mirar a la tierra, es decir, a la realidad) y, en parte, según mi opinión, en ciertos desvaríos que emiten cuando buscan interpretar la realidad social.

A mí me publicaron en 2005 el artículo “Reflexiones en torno a la Constitución Europea. Acerca de la naturaleza de la constitución europea y de cómo se organizan los poderes” (nº 36, febrero), en pleno debate del referéndum, básicamente el mismo que salió en Rebelión, aunque con algunas variaciones y una mayor extensión. No voy a hacer referencia a su contenido, pues ya lo hice en otro comentario (22 de junio de 2009).

Hoy mismo he recibido el aviso, y lo he podido comprobar, de la publicación de un segundo artículo, con el título “La Historia de España de los últimos 75 años y el fenómeno revisionista” (nº 89, julio; http://nodulo.org/ec/2009/n089p17.htm). Lo escribí hace tiempo, como indico al principio del mismo, a modo de respuesta de otros dos artículos de sendos miembros del consejo de redacción (Juan Manuel Rodríguez y Felipe Giménez) sobre la figura de Franco, en los que se mostraban muy receptivos hacia los escritores, que no historiadores (lo escribo en masculino, porque no conozco a ninguna mujer) revisionistas de la Historia de España del siglo XX, y muy críticos hacia quienes se dedican a realizar una labor investigadora ardua y tenaz en pro de un mayor conocimiento de lo ocurrido durante la guerra y el franquismo. Y en especial ese capítulo pendiente que es la feroz represión ejercida contra las personas que lucharon por la dignidad en los años 30 (hablando de tú a tú a quienes habían tenido el poder hasta entonces, en palabras del historiador cordobés Francisco Moreno) y sufrieron la peor de las derrotas desde 1936-39.

No quiero acabar este comentario sin referirme a la reflexión final del artículo. Tras diferenciar los conceptos de objetividad, o “capacidad de investigar y la voluntad para descubrir el error”, y neutralidad, que no es más que “una ilusión”, “el problema es cuando hay quien, confundiéndolas, cree mostrarse neutral y objetivo, produciendo obras que adulteran, en mayor o menor medida, el conocimiento histórico”.

lunes, 27 de julio de 2009

Silvio Rodríguez (2)


La discografía de Silvio Rodríguez es muy amplia. Es un autor muy prolífico, con cientos de canciones, cercanas al millar si es que no las ha superada. En los distintos discos que saca va introduciendo algunas anteriores, incluso de los años 60 y 70. El último que ha grabado, Érase que era, es una recopilación de canciones inéditas de sus primeros momentos. Aunque tiene un total de 19 discos en solitario (siguiendo la referencia de www.patriagrande.net/cuba/silvio.rodriguez/; otras dos páginas electrónicas son lapaginadesilviorodriguez.blogspot.com o www.silviorodriguez.org/obra.cfm), ha editado otros más en colaboración con artistas como Pablo Milanés, Roy Brown, Luis Eduardo Aute, etc., algo de lo que me ocuparé en la tercera parte. Ahora me voy a quedar con su discografía en solitario, sin que le haya faltado la colaboración, de distintas maneras y en distinto grado, de personas del mundo de la música importantes, sobre todo de su país, como Frank Fernández, Eduardo Ramos, Chucho Valdés y un largo etcétera.

Los cuatro primeros discos de Silvio Rodríguez (Te doy una canción, Cuando digo futuro, Al final de este viaje y Mujeres) tienen canciones inolvidables. ¿Qué decir de "Te doy una canción"? ¿O de "Playa Girón", "Santiago de Chile", "Madre", "Días y flores"...? Todas y, en especial, una debilidad mía: "Pequeña serenata diurna", bella en el inicio con guitarra, controvertida en sus primeras palabras ("vivo en un país libre, / cual solamente puede ser libre") y majestuosa en su final con saxofón. En el segundo y tercero está "Ojala", otra de sus cumbres, motivo de interpretaciones contradictorias (en "Maiami" se llegó a decir que era anticastrista) que aclaró él mismo aclaró en su día: se basa en el recuerdo de su primer, y frustrado, gran amor. Mujeres, por último, es bello en su conjunto, vuelve a incluir "Te doy una canción", me gustan "Mujeres" y "En estos días", y me subyuga "Esto no es una elegía", donde uno parece estar en las mismas calles de La Habana cuando la escucha (“Tú me recuerdas las cosas, no sé, las ventanas / donde los cantores nocturnos cantaban / amor a La Habana”).

Entre los discos de los años 80, de Rabo de nube (que me regaló mi hermano Jorge) me gusta la canción que da nombre al disco, pero también "Te amaré" o "Testamento". Unicornio contiene esa misma canción, bella donde las haya, inspiradora de sueños y basada en una fantasía que le contó uno de los hijos de poeta Roque Dalton cuando luchaba en las montañas salvadoreñas. Sin olvidar la que abre el disco, “Por quien merece el amor”, un dardo de amor contra lo que acabó siendo la intervención reaganiana en Centroamérica (“Mi amor no precisa fronteras; / como la primavera, / no prefiere jardín”) o la categórica "La maza". De Tríptico, dedicado al 25 aniversario de la Revolución y del que me llama la atención su humildad, destaco ante todo la melodía que aparece en los tres discos, a modo de leiv motiv, de la canción "Mi lecho está tendido". En su día le cantaba a mis sobrinos y sobrinas "Reparador de sueños".

La colaboración con el grupo Afrocuba va a dar lugar a dos discos, Causas y azares y Oh melancolía, que tienen una mayor sonoridad, al incluir una orquestación donde a las cuerdas y la percusión se le une el viento con un sonido llamativo, algo que pude comprobar cuando asistí en directo al recital basado en el segundo de los discos. Destaco las dos canciones homónimas, pero sin olvidar la emotiva y liberadora "Requiem" (“Anda, que te espera el porvenir. / Vuela, que los cisnes están vivos. / Mi canto está conmigo. / No tengo soledad”).

Los años 90 comienzan con Silvio Rodríguez Chile, grabado en directo en 1990, bajo la dirección de Chucho Valdés y la compañía del grupo Irakere. Consta de 22 canciones recopilatorias y algunas inéditas, como “Mariko-San”, de la que ignoro todavía quién o qué es, y “Venga la esperanza”, donde, una vez más, apela a su gran humanismo en el peor momento de la revolución (“venga la esperanza, de cualquier color / verde, roja o negra, pero con amor”).

Otra trilogía, Silvio / Rodríguez / Domínguez, alcanza en su conjunto para mí otra de las cimas de su obra. De las muchas canciones que ha dedicado al Che la que más gusta es "Hombre", incluida en Silvio, quizás la más humana del personaje ("De quererte cantar sufro disnea / bastante más allá de los pulmones”). Y entre tantas de la trilogía, "La vida". Fue en el mes de febrero cuando me vino el recuerdo de su música con motivo de la muerte de un compañero de trabajo. La elegí después para interpretarla como regalo para Montse y Juanjo, cuando celebraron ser pareja de hecho. Y es que “La vida que pende de todo, / la vida de cada emoción, / la vida en exceso, / la vida de un beso, la vida me ha hecho canción”.

Los dos discos siguientes, Descartes y Mariposas, se los debo a mi querida Marta. El primero, como su título indica, son las canciones que no incluyó en la anterior trilogía, pero que en su mayoría no desmerecen, como “En busca de un sueño (…hermoso y rebelde. /En busca de un sueño / que gana y que pierde”) o “La tonada inasible”, dedicada a Luis Rogelio Nogueras (“Hace quince segundos / que se murió el poeta). Mariposas es una recuperación de la sencillez instrumental, aunque con la compañía del guitarrista Rey Guerra, estando excelentes los dos en “Quien tiene viejo el corazón” o “Sueño valseado”.

El nuevo siglo lo abre con Expedición, del que me resulta curiosa la canción “Quédate”, que fue su estreno en la televisión cubana en los años 60, un poco inocente y, quizás, de las menos “silvistas”. Y portentosa es “Fronteras”, donde hace un alegato contra el estado de cosas reinantes en el mundo: “Mi país es pobre, mi piel mejunje, /mi gobierno proscrito, mis huestes utópicas. / Soy candidato al inventario de la omisión, por no ser globable”. En Cita con los ángeles muestra una felicidad (¿qué refleja si no su sonrisa de la contraportada del librito de letras?), quizás contenida, la de sus amigos (Frank Fernández, Chucho Valdés, Leo Brouwer, Amaury Pérez…, que le acompañan en el disco), la de su nueva compañera (Niurka González, música también), la de sus hijas y su nieto (que llenan su casa de flores para que “vengan almas y retazos: / voy a repartir canciones”) o la pléyade de ángeles que existen en el mundo desesperados que “toman los cielos de la tierra / y con sus lápices de nubes/ pintan adioses a las guerras”.

Érase que era acaba su hasta ahora lista de discos, que no de canciones pues, al margen de las que siga creando, tiene todavía muchas inéditas. Precisamente este disco rescata 25 canciones hechas entre 1967 y 1972, una de ellas, “Epistolario del subdesarrollo”, también como fondo musical de un vídeo que nos muestra el contraste del paso del tiempo, porque “no tengo que cerrar los ojos para ver”. “Después que canta el hombre”, que ha dedicado a Antonio Gades (amigo del pueblo cubano, enterrado en La Habana e inmortalizado en una escultura situada en la plaza de la catedral), no es más que una mirada a la guitarra a la que “se le guiña un ojo”. En fin, todo un homenaje a los inicios, duros e inciertos en ese momento, de una generación musical que todavía permanece (y que llamaron Nueva Trova Cubana), como deja patente sobre todo en las canciones “Oda a mi generación”, que abre el disco, o “Érase que era”, que casi lo cierra.


miércoles, 22 de julio de 2009

Metáfora de nuestra sociedad


"(...) ¿Sabéis quién lo puede todo? Lo voy a explicar: cuando uno nace se encuentra con algo independiente de uno mismo hasta ese momento; desde que nace ya es parte de una realidad. Y esa realidad, compleja por muchas cosas, tiene dos partes. Unos lo tienen todo, lo dirigen todo, hacen lo que quieren. En el otro lado la cosa ya se complica un poco, porque lo poco que tienen que repartirse se lo quitan unos a otros. De esta manera siempre hay quien se queda sin nada. Nos imaginemos un portal con ascensor y unas escaleras. Los que tienen todo son dueños del ascensor, tienen ese poder y ese privilegio, suben y bajan a su antojo. Entre los otros, cada uno es dueño de un escalón y abajo siempre quedan muchos descolgados. Luchan entre sí, pero siempre con esta consigna: mirar hacia arriba, nunca hacia abajo. De esta manera vemos cómo la realidad dividida en dos partes (los del ascensor y los de la escalera) se hace más compleja desde el momento en que se admite, se respeta, se asume; y, sin embargo, la mitad de esa realidad, la de los más, la de los que tienen menos en todo, se configura a sí misma como un cuerpo estratificado. Pero hay más. No es que esa realidad estratificada intente suplantar (y lo consiga) a la realidad total, sino que dentro de aquélla hay gente que intenta dos cosas: a) demostrar que lo principal es hacer desaparecer las dos partes antagónicas; b) abogar por la igualdad de todos. Esa tarea es difícil, dura y peligrosa. Hay de todo. Y sigo con más cosas: hay multitud de portales, con escaleras y ascensores. Unos portales son más grandes que otros; unos tiene más escaleras y otros, menos; unos tienen ascensores y otros, no; unos tienen escaleras de mármol y ascensores de oro, otros son más modestos..."


(Salamanca, mayo de 1983)

miércoles, 15 de julio de 2009

Alfonso Sastre, la radicalidad permanente


De Alfonso Sastre he visto tres de sus obras, si es que no se me olvida alguna más. La primera la vi con diez años, allá por 1968 ó 1969: Escuadra hacia la muerte. Fue en el colegio de curas donde estudiaba mi hermano, y en el que luego estuve haciendo bachillerato hasta los 15 años, donde un grupo de alumnos la representaron. Recuerdo la ilusión con la que mi hermano nos lo dijo y fuimos con nuestro padre y nuestra madre. Por entonces no es que me resultara entretenida, pero la vi con curiosidad y como un pequeño acontecimiento. Me ha quedado el ambiente sombrío del escenario, los uniformes militares y los diálogos graves de los actores. Acabo de leer la obra y, claro está, he podido conocer mejor de qué iba. Además la edición que tengo tiene un estudio preliminar de Joan Estruch que la hace más interesante. La segunda obra que vi de Sastre fue La taberna mágica, en Madrid, en 1986, aprovechando un viaje con mi Felisa para ver a mis hermanos. De ella me acuerdo más: del protagonista, encarnado por Rafael Álvarez “El Brujo”, y sobre todo del ambiente de violencia permanente dentro de los estratos más bajos de la sociedad, presos de su tragedia. La última obra fue en Barbate, en el instituto Trafalgar, en 1997, gracias al empeño de ese magnífico profesor, compañero y amigo que es Mariano Muñoz, hoy en Granada. Él fue el alma de la puesta en escena de Guillermo Tell tiene los ojos tristes, que fue representada por un grupo de alumnos y alumnas de COU. Resultó un acto entusiasta y modélico, donde pudimos percibir la trasgresión de la conocida leyenda, y mito también, medieval, como una metáfora de la necesidad de poner en duda lo que está establecido.

Poco conozco de su teatro, al margen de las obras reseñadas, que no sea su fuerte conexión con la realidad y su compromiso político y social, y su crítica permanente a los sistemas políticos y sociales que ha conocido. Desde joven se mostró con muchas ganas de hacer algo distinto a lo oficial, convirtiéndose en un renovador del teatro, sobre todo en su contenido, pero también en la forma de representación. Mantuvo una polémica con Antonio Buero Vallejo, quien desde posiciones opuestas al franquismo y unas obras de crítica social no llegó a la radicalidad de Sastre.

Conozco más su trayectoria política, desde su pertenencia al PCE, su relación en un atentado de ETA en 1974 o su vinculación a la izquierda vasca, que le ha llevado a fijar su residencia en el País Vasco desde finales de los 70, como lo hiciera también el poeta José Bergamín hasta su muerte. He leído muchos de sus artículos. Antes en El País y en la actualidad, desde distintas publicaciones, por internet. Su último episodio ha sido la polémica que suscitó la candidatura que encabezó en las pasadas elecciones europeas: Izquierda Internacionalista.

Alfonso Sastre ha sido un crítico permanente con lo establecido. Lo fue incluso, siendo del PCE, contra el modelo soviético, el burocratismo, el reformismo… Esto último le llevó a desvincularse de su partido. Su apuesta por la izquierda vasca se inserta en la consideración de que estamos en una falsa democracia, si se quiere secuestrada por los verdaderos poderes de la sociedad, y la negación de la libertad de los pueblos. No es una persona que argumente sus posiciones políticas desde el dogmatismo, por mucho que haya quien así lo considere, o la simplicidad. Es una persona muy reflexiva, que hace uso de su vasta cultura para horadar al sistema dominante y a quienes los defienden, incluso habiendo cambiado de postura. Es una persona por ello coherente y una prueba es que sufrió la censura y la cárcel durante el franquismo y ahora se ve fuertemente puesto en entredicho, si no perseguido, por lo que hace y piensa. La última que ha sufrido fue querer impedir que encabezara una candidatura electoral. Por suerte, el Tribunal Supremo lo desestimó. Pero mientras vuelven con otras, él no desiste.


Un poema para Matilde Urrutia









Hace no mucho Sirio entró en mi jardín.
No lo conocía -¡ay de mí y de mi ignorancia!
Su belleza me acercó al otro lado del hemisferio
y por ser tu estrella, quería ir al otro lado del océano
y atravesar las altas montañas que vertebran lo tuyo.
Sirio iba a ser el nexo de unión contigo y con los tuyos.
Y lo será, a pesar de todo.
Aunque Matilde entristeciera nuestro encuentro.
Su muerte, que también es tuya,
ha compungido mi ánimo.
Conozco sus últimas palabras,
sus entrañables, sinceras y bellas palabras
y las comprendo y hasta las comparto,
pero es que la muerte me abruma,
como me abrumó la tuya
y como nos abrumó a todos.
Tendré que hacerme a la idea.
Tendré que mirar a Sirio triste,
con las lágrimas en los ojos
y con mi abrigo y mi bufanda.
Poco a poco el tiempo tornará estos momentos
y convertirá su muerte en resurrección,
como pasó en la tuya y en todas las dignas.
No deben extrañar mis palabras,
llenas de un fuerte licor pagano,
porque hay muertes que avivan el fuego de la vida.

(Enero de 1985)


viernes, 10 de julio de 2009

No digas eso, hombre


1

-¿Cómo es posible hacer esto?

-Pues... no sé, quizá...

-...Sí, duda, duda.

La voz de la radio emite palabras entre interferencias agudas que se meten por los oídos y molestan y te hacen pensar mal y en muchas cosas, se oye con subidas y bajadas continuas, con ruidos estrepitosos, disonantes o desafinados, molestos, que dan asco, verdadero y sumo asco. La voz de una mujer, la locutora, parece luchar contra esa invasión de ruidos y de pronto sus palabras seguidas juntas dan una frase y ésta con otras, también unidas, dan noticias. Noticias, noticias muy interesantes, que dan que pensar y te dejan perplejo, que las oyes y te emocionan, que las oyes y te dan pena, que las oyes y te ayudan a continuar, en tu lucha, en la que haces segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora, cada día, en la vida.

-Música, señores. ¡Hay música!

-Pssss.

-Música, ¿no oyes?

-Cállate, joder.

-Bueno, hombre..., pero hay música ¿eh?

-Palizas.

-Ja, ja, ja, ja...

-Joder, macho.

-¡Ieeeeeea!

Bajo la cabeza y escribo, mejor, sigo escribiendo. Cierro los ojos y continúo. Veo salir el humo del cigarro y sale por la parte extrema que no se chupa y se absorbe, pues si no te quemas, y lo veo salir y esparcirse, con rapidez y flexibilidad, dividido en uno, cinco, diez, cien, mil –bueno, eso no, muchos pedazos y entonces, adoptando formas, muy diversas formas, se esfuma, desaparece, y así hasta que el fumador deja de fumar y deja la colilla apagada en el cenicero, ahoga el extremo encendido hasta dejarlo inerte, aunque a veces se quede el cigarro olvidado y parezca que nunca se consume del todo o, consciente e inconscientemente, lo deje consumirse del todo. Pobrecito cigarro, cómo se consume, cómo muere. Lo malo es que el desgraciado fumador me está molestando y me irrita los ojos, me los hace llorar y me los cansa y... y no sé. Como que acabo de poner mis dedos sobre los ojos para calmarlos y me cabreo. Esto último le va muy bien, pues es una palabra muy de moda hoy día, se utiliza mucho, aunque a los mayores, no a todos, claro, pero sí a muchos, esos que están chapados a la antigua, que son reacios a la forma moderna que ha tomado la vida, no les gusta, aunque, pensándolo bien, también les va bien la palabrita, porque los pobrecitos deben de estar cabreados con ese verbo, sustantivo o adjetivo, y a los que no fuman, con tanto humo que hay por ahí, en todas partes, como en la habitación donde estoy. Esto del tabaco está muy extendido por todo el mundo desde que, por lo visto, un español, de Jerez para más señas y creo que Rodrigo de nombre, uno de esos que fueron a América, la que descubrió Colón, que no era español, sino genovés, dicen, y de la que se ha hablado tanto, de América digo, lo trajo, el tabaco, a su tierra desde allí, de América, vamos, y la gente le imitó, empezó a fumar y así estamos hasta hoy. ¡Un negocio se ha formado...! Bueno, de miedo. Hasta qué punto se ha llegado, que hay gente que ha adquirido el vicio de fumar. Lo malo es que es muy difícil dejarlo, pues el fumador lo ve muy difícil y eso es lo malo. Sí, eso es lo malo. Ni las subidas del tabaco, ni las del precio de la vida, ni las de tantas cosas, pues hoy parece que todo sube... por eso de la crisis. Bueno, la vida siempre sube, ya que cada año que pasa, uno más que hay en la historia y uno más que tienes de edad, a no ser que te mueras y entonces se empiezan a contar los años que hace que te moriste. Un jaleo, vamos. Vaya jaleo que se forma, que hasta yo mismo ahora me he armado otro escribiendo. ¡Madre!

La verdad sea dicha, estoy hasta los cojones del humito y por consiguiente de que los ojos me lloren y molesten. Además, tengo sueño y ya está. Así que lo que voy a hacer es dejar de escribir, recoger lo que tenga que recoger, hacer lo que quiera, deba o crea conveniente hacerlo, y a la cama. Estoy cansado y aburrido ya.
2

Estoy en clase y hago muchas cosas, escribo lo que me dictan, parloteo de vez en cuando y si se dice o digo algo gracioso, me puedo reír. Atiendo a las explicaciones y rollos que la profesora nos mete y nosotros, con interés y a veces de mala gana, nos lo tragamos. Cuando la profesora se enrolla..., que lo hace mucho, se desvía del tema y nos cuenta cosas que no vienen a cuento, pero no son un cuento, un género literario, no sino comentarios de cualquier cosa, que cada uno se lo toma a su manera, porque quieren cachondeo, no quieren hacer nada, son así o asao, queda bien o no están de acuerdo con lo que dice. Yo soy de éstos y a lo mejor el único, porque se nota que lo que dice no es por decirlo, aunque a veces lo parece, lo dice no sé si para fastidiar, pero sí porque hay escritores que le caen bien y otros fatal y los llama comunistas o casi lo dice. En general, que no tengo que saberlo todo, hacemos lo mismo y atendemos poco, hablamos bastante y decimos bobadas, pocas veces cosas serias, armamos, nos reímos cuando queremos de forma exagerada de las cosas graciosas o que no lo son para meter bulla y de esa forma que la clase no se haga tan aburrida y no hagamos lo que tenemos que hacer, porque, la verdad sea dicha, somos muy vagos y mostramos muy poco interés por las cosas, aunque a veces, o muchas, hay que oír cada parida, pero eso no quita para excusarnos que prefiramos eso de la ley del último esfuerzo y cuanto menos trabajo y molestias, mejor.

-¿Cómo se va a poner “la taberna coma de...”?

Qué burro es el tío, no se entera todavía. Bueno, ahora, cuando estaba escribiendo en toda mi plenitud, ¡pumba!, la profesora ha vuelto a dictar y...

-¡Venga, rápidos!

... He tenido que interrumpir la escritura y empezar con lo que nos ha estado dictando, porque precisamente al dictarnos empezamos a escribir lo que nos dictaba la profesora y por eso he tenido que interrumpir lo mío.

Ahora se ha puesto a corregir y por ahí alguien le ha dicho una cosa, de esas que hablé antes y que las hacemos adrede y ella, la profesora, se ha picado y todos, bueno, algunos, se ha echado a reír, pues, por ejemplo, ni yo ni mi compañero nos hemos reído. La tía habla como de carretilla, muy deprisa, lo que nos da a entender que es una rollista, una parladora o parlante, y todas esas cosas que se llaman a las personas que hablan mucho y deprisa. Ya han tocado y todo el mundo se levanta y muchos dan voces y silban y salen fuera de la clase, al pasillo, y algunos encienden una cerilla para quemar la parte delantera del cigarro, por la que no se chupa y absorbe el humo, porque si no te quemas, y se ponen a fumar, es decir, a absorber humo, metérselo para adentro del cuerpo y luego expulsarlo por la boca.

Después de un descanso y de haber salido al pasillo yo también y haber subido un piso, dos pisos, luego haber bajado todos y salir después a la calle, porque podemos salir a la calle porque no tenemos patio, bueno, sí, lo tenemos, pero es una birria y no cabemos y por eso nos dejan salir a la calle, bueno, pues después de haber bajado y haber hablado con quien tenía que hablar, para tramar lo que tenemos que tramar, haber vuelto a subir al piso en el que me corresponde estar, que es el primero, y haber hablado de cosas, haberme reído también de cosas y haberme metido por fin en clase, llegó el profesor y no pude seguir escribiendo porque se las gasta de aúpa. Como que un día, que miraba por la ventana, como quien mira a cualquier otro sitio, y que además es una ventana que deja ver el campo, porque estamos junto al campo en este lado del instituto, pues el profesor se cabreó conmigo porque decía que no atendía y yo, que le dije que sólo miraba, pero que no estaba distraído, que estaba atendiendo, aunque no me enteraba de lo que decía, la verdad, pues me dijo que no, que estaba distraído y me tuve que callar, aunque por dentro ardía de cabreo, porque sólo miraba, como quien mira cualquier cosa, aunque no entendiera nada de lo que explicaba el profesor. Y así estoy ahora escribiendo lo que no pude escribir en la clase. Bueno, ya lo he escrito.

3

Mientras estaba en silencio mordiéndome esos cachitos pequeños de carne que salen en la piel, alrededor de las uñas y que no sé cómo se llaman, bueno, sí, creo que pellejos, y que me gusta morderlos, y no creo que sea el único que lo haga, ha pasado un camión haciendo mucho ruido por la avenida porque el asfalto de la calzada está mal puesto o está hecho una mierda o lo que sea, aunque ahora no tengo ganas de hablar de ello, una avenida que está en el otro lado de la casa donde está la habitación donde suelo estudiar y estar más tiempo y que da a la trasera de la casa, del edificio, que es un espacio comprendido entre la parte de la casa contraria a la que da a la avenida y la parte de la casa de la calle de más abajo que no da a la calle. La trasera está muy mal cuidada. Tiene, menos mal, árboles distintos, acacias, negrillos, ailantos, que ahora están podados porque los podaron hace unos meses, en otoño, y todavía no han salido las hojas del todo, pero que saldrán y con fuerza, porque dicen que cuando se podan salen las ramas con más fuerza, y tiene hierba que crece en invierno por causa de las lluvias que caen y la hacen crecer y que luego se seca en verano, pero también tiene piedras de varias clases y tamaños, basuras, mierdas, palos, maderas, papeles que la gente tira, cristales de botellas, porque a alguien se le cayeron y rompieron e hicieron cachos o porque las tiraron, niños a lo mejor, que les gusta romperlas, haciendo puntería o disfrutando sólo por romperlas, ya que no tienen dónde jugar los pobres, porque no les hacen sitios apropiados para jugar, algo tan necesario en la vida para su desarrollo y por eso tienen que dedicarse a hacer cosas que no están bien a simple vista, pero que yo creo que tampoco están tan mal, pues los niños tienen derecho a jugar y a que se les deje jugar y mientras no se les dé lo necesario y adecuado, no hay nada que hacer y las cosas seguirán igual, de momento, claro está, pues las cosas de esta manera no pueden seguir así. Como decía antes, que me he ido otra vez, a lo mejor como la profesora que se enrolla, pues los cristales con el paso del tiempo se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, porque la naturaleza es la naturaleza y hace lo que quiere, a veces con la ayuda del hombre, como ocurre con otros fenómenos que a vista de unos días o unos meses no se ven claros, pero que una vez pasada una porrada de años sí se notan, como lo demuestra, por ejemplo, lo del planeta donde vivimos, habitado por hombres, animales y animalitos, cubierto de aguas, montes, plantas y un etcétera de muchas cosas, pues hace muchos, muchísimos años, pudo ser una estrella o algo por el estilo, que tenía fuego, energía, y era luminosa y por lo tanto fuente de calor y que al cabo de muchos años, muchísimos, millones, miles de millones, dicen, el fuego ese que antes envolvía al actual planeta se ha reducido mucho y se encuentra, según los científicos, en el centro, llamado núcleo, y que ahora como no puede autoabastecerse de luz y de calor, necesita la energía de una estrella, la más cercana, y alrededor de la cual gira el planeta y giramos como él. Este planeta donde habitamos es una esfera y llegar a esta conclusión, y a que giramos alrededor de una estrella, tuvo muchas polémicas hace muchos, muchos años, cientos de años, ya que se decía que era plana, como un disco, y que el centro del universo era nuestro planeta, y también se empezó a decir que era redonda y que girábamos alrededor de una estrella y hubo un físico italiano, llamado Galileo, que lo juzgaron, lo juzgó la Iglesia Católica porque decía esas cosas y casi lo condenaron, aunque se libró a última hora porque se hizo el longuis, porque dijo que no giraba alrededor de una estrella, pero que se movía, y así se libró. Ahora, después de muchas investigaciones, se sabe que la bicha esta, el planeta donde vivimos, es esférica, aunque no completamente, pues dicen que está achatada por los polos y un objeto muy parecido, no en tamaño, pero sí en la forma, es la naranja, usada como ejemplo en los libros de las escuelas para que así nos aprendamos las lecciones que nos enseñan o al menos nos tratan de enseñar, aunque me acuerdo que hace unos años un maestro nos dijo una vez que tenía forma de pera, aunque depende de qué pera, porque las hay de muchas clases, pero no sé por qué lo dijo, aunque, eso sí, no dijo que fuera plana ni que fuera el centro del universo. Menos mal.

4

Ahora estoy nervioso, como exaltado, y he tenido que dejar de tocar la guitarra porque me ha salido muy mal y tengo comprobado que cuando estoy en el estado de ánimo en que me encuentro, es decir, nervioso, no puedo tocarla ni me concentro bien en las cosas, en la lectura o en el estudio, y por lo tanto así me tiene que estar saliendo lo que estoy escribiendo, que hago ahora con la máquina de escribir sobre un papel blanco, aunque de color amarillento, porque es de mala calidad y más barato, pero me sirve, y que puse para escribir porque si no, no podría salir nada de la máquina, a la que se puede teclear sin nada, pero para nada, porque se gasta tinta y no merece la pena, si acaso para practicar, pero me parece una tontería, así que mejor escribir sobre el papel, aunque sea amarillo, malo y barato, y así puedo ver lo que he escrito.

En estos momentos, debido a la posición en que me encuentro escribiendo con la máquina, me está doliendo la espalda.

No sé qué escribir y esto debe de ser por el estado de ánimo en que me encuentro y al que ya hice referencia antes

Después de una pausa de observación de lo que me rodea, a ver si me puedo inspirar y me puede salir algo, oigo la televisión, que en mi casa me parece que ponen muy alta, la voz, no el aparato, y a mí eso no me gusta, porque... La televisión es uno de los grandes inventos que se han hecho, pues por ella puedes ver muchas cosas, las que te enseñan, claro está, y, según el país donde vivas, nos enseñan unas cosas mejores o peores, más o menos buenas o simplemente la televisión existe poco, porque se da más importancia a los artículos de primera necesidad, aunque donde vivimos los artículos de primera necesidad y los que no lo son, como la televisión, no son sino fruto de un sistema económico donde hay que producir para aumentar el capital de quienes lo tienen y así cada día tener más y más dinero, pero siempre en manos de esos, que son pocos, que son los que no producen y que se llevan casi todo, menos lo que les dan a los muchos que son los que hacen las cosas y que se matan a trabajar para poder vivir, pues si no lo hacen, no comen, y si no comen, se mueren, y muchas veces se tienen que poner a robar y hacer eso es peligroso, pues si te cogen, te meten en la cárcel, condenados por los mismos que te hacen trabajar para coger una pequeña porción de lo que has hecho y, como dije antes, esos que se llevan la mayor parte, que son los menos, para mantener engañada a la gente le hacen comprar televisores y revistas pornográficas e ir al fútbol y comprar tabaco, no dándose cuenta la gente que todo eso lo paga con su dinero y ese poco dinero que tiene vuelve a las manos de esos pocos que le pagan poco, y así siempre, como una rueda que no para, y así toda vida y luego la de quienes le siguen en la vida. Hay personas que se cansan y quieren dar un giro completamente distinto a todo esto, porque no quieren que el dinero de muchos esté en manos de pocos y quieren por consiguiente que esos pocos desaparezcan, porque no tienen nada que hacer si se quiere que dejen de quedarse con lo que no es suyo, que es lo que llamó la plusvalía uno muy listo que se murió ya, hace un siglo, con barbas, que parece un demonio cuando se le ve en fotos, lo que favorece a los que le odian, y que se llamaba Marx.

5

Oigo una cosa y es la voz de un señor que sale por la televisión y que no sé quién es y no sé lo que dice, aunque ahora ha dejado de hablar, menos mal, y me he puesto a escuchar la música que he puesto y que oigo donde estoy escribiendo, una música del continente ese que descubrió Colón y que es muy típica por sus ritmos y sonidos, por las diversas formas que adquiere en los distintos lugares del continente debido a muchas causas, como puede ser el clima, la altura o la mezcla de gentes de varias razas y etcétera.

En estos momentos me ha venido a la boca el sabor de la merienda. Esto ocurre muchas veces y es algo del organismo humano, que hace cosas raras como ésta y que a veces, no todas, son desagradables, porque te pueden dejar un sabor ácido, debido a los ácidos que se fabrican en el interior del organismo, en órganos como el estómago, donde se producen reacciones químicas con las cosas que comemos y así podemos hacer la digestión y luego distribuir sus componentes por los distintos órganos para asumirlos o echarlos, ya sabemos por dónde, y a veces te viene esos sabores raros, a veces desagradables.

Debido a mi miopía veo las cosas que despiden luz como estrellas muy estrelladas y que a medida que la miopía se hace mayor, se pueden ver sus rayos más grandes, rayos que parecen brazos entrelazados entre sí, pero, claro está, peor se ve, peor veo, pues esto de la miopía es la hostia y muchas cosas más.

6

-Estoy hasta los cojones.

-Tú, tranquilo, hombre.

-Sí, tranquilo, pero el estar hasta los cojones no me lo quita nadie.

-Calla, bobo, que cuando te da por decir paridas...

-Bueno, déjame, anda.

-Siempre igual. Estate tranquilo, hombre.

-Está bien, te doy la razón.

-Si es que me la tienes que dar, hombre, ¿no ves que yo siempre trato de ayudarte?

7

Siempre han existido diferentes tipos de intereses. Algunos destacan más que otros, pero ahora quiero resaltar los egoístas. Están relacionados con muchas cosas, pero siempre para que alguien se acabe llevando el gato al agua. El egoísmo nos hace actuar solos, para uno mismo, sin pensar en los demás, y aprovecharse de esos demás. Los egoístas no son aparentemente iguales, porque unos lo son más que otros porque se llevan más cosas que otros, pero en el fondo es lo mismo, porque son egoístas y hasta se pisotean entre sí para ve quién puede más. Todos estos lo tienen casi todo, unos más que otros, sí, aunque cambian entre ellos cuando los pisotones de unos pueden más que los de los otros, hasta el punto que muchos se llevan las migajas, como quienes no son egoístas y viven de su trabajo y no lo quieren todo para sí, con la única diferencia que los egoístas sólo piensan en pisotear.

-Una persona sin información es una persona sin...

¡Para qué seguir!, si eso lo dice todo. Dicen lo que no hacen y no nos dejan. Y encima de que no hacen lo que tienen que hacer, te acusan y te critican porque dices lo que nos les gusta. ¡Qué vergüenza, madre!

-Eh, tú, ven.

-¿Yo?

-Sí, tú.

-¿Qué quiere usted?

-No, hombre llámame de tú, no de usted. Estamos entre hombres.

-Bueno.

¡Qué tímida palabra esta última! El muchacho está asustado porque... el pobrecito es tímido y encima el hombre le viene con confianza, una cosa a la que no está acostumbrado, porque se la han dado muy pocas veces.

(Salamanca, 1975)

jueves, 9 de julio de 2009

Una tarde de final de primavera


-¿Y qué piensas hacer cuando acabes? –preguntó el inquilino de la casa.

-Pff, no sé, dejar que el tiempo pase y a esperar.

-Pero hombre, esa postura no es nada valiente.

-Sí, quizás sea así.

-Sí, pero la vida y todos los problemas que trae hay que afrontarlos con decisión, nunca dejar...

-Eso se dice muy fácilmente cuando se está en una situación normal.

-¿Cómo que normal? ¿A qué te refieres?

-Me refiero a la situación de la gran mayoría de la gente, inmersa en unas relaciones humanas, entre personas, que nos permiten poder comunicarnos cada día o cada cierto tiempo, de tal manera que nunca... bueno, eso no, casi nunca podamos sentirnos solos.

-¡Coño!, ¿qué quieres decir?

-Pues eso, que tú, que te encuentras en ese grupo mayoritario no tienes más problemas que el resto, tienes una vida normal en todos los aspectos, al menos en la cuestión referente a las relaciones humanas. Tú puedes salir todos los días, pasear cuando quieras, divertirte, viajar cada cierto tiempo, ir al campo o a la montaña, visitar casas de amigos o ir a un bar y tomar café, charlar con quien sea o lo que sea... Todo este mundo de relaciones te permite valorar y escoger unas cosas sobre otras, escoger una amiga o compañera con quien puedas intimar más o compartir la vida... Cualquier problema que te surja puedes planteárselo a un amigo o una amiga, te pueden ayudar a resolverlo. Esto impide que te puedas encontrar solo en situaciones difíciles... En fin, lo que el hombre es, animal o ser social, llevado al terreno más sencillo, más próximo con lo que caracteriza su vida. Y como tú, la mayoría, pero, amigo, no todo el mundo. Y eso no es lo malo, lo terrible es...

-Tienes razón. Hay personas que tienen más amigos que otras, que son más individualistas que otras, que tienen más problemas que otras. Y en efecto, somos dos personas normales, cada una con nuestra manera de ser.

-Yo no soy de la mayoría. Pertenezco a ese grupo reducido de personas castigadas a vivir en cierta medida amargadas, tristes, solas.

-Bueeeé, eso que dices es una bobada.

-¿Cómo que es una bobada? ¿Es que acaso tú conoces todos los momentos de mi vida? Tú sólo me ves las horas de clase, algunas veces que vamos a tomar una caña o que voy a tu casa a hacer algún trabajo y poco más. Sin embargo, yo soy el que estoy conmigo continuamente, las 24 horas del día, y conozco lo que hago perfectamente, soy consciente de lo que adolezco, de lo que no tengo, de mis debilidades, de mis sueños, de mis aspiraciones, de mis deseos...

-No dramatices, hombre. Empezaste dándome un discurso sobre la normalidad de la mayoría y ahora parece que dices lo contrario sobre ti.

-No es dramatizar, es simplemente decir la verdad, la única y pura verdad.

-No sé, quizás sea así, pero creo que te pasas.

-Lo es, desgraciadamente lo es. Lo peor de todo es que de esta situación no veo ninguna salida, al menos por ahora. Cada vez que miro al futuro, más negro lo veo. Antes confiaba un poco en el azar, que una ráfaga de suerte me ayudara a salir de esto. Puede ocurrir, pero cada veo menos probabilidades.

-Se dice muy fácilmente, pero sigo creyendo que exageras.

Mientras hablaban y discutían el ruido de fondo lo formaban las voces de los niños que estaban en la calle y los golpes que daban con lo pies, las tejas o lo que tuvieran en la mano. En casa había una buena música de fondo, un poco latosa, sí, pero al fin y al cabo las había peores. La luz del flexo era de 60 vatios y blanca. Digo blanca, porque es corriente que esos aparatos tengan bombillas de color azul y se dice que hacen menos daño a la vista para estudiar o leer. Al cabo de un poco tiempo eran los Pink Floyd los que dejaban oír su música a través del caset, un aparato negro, traído de Melilla y que debe de tener poco más de tres años.

-Este aparato ha resultado sólo algo bueno, porque hubo que hacerle un arreglo cuando se jodió no sé qué de la entrada de corriente eléctrica. Me acuerdo que mientras estuvo estropeado sólo funcionó con pilas y menos mal que lo arreglamos, porque valían más las pilas.

-¿Qué te parecen entonces los Pink Floyd?

-Bien, no están mal.

-A mí también me gustan. Es uno de los grupos por los que tengo predilección.

-Igual me ocurre a mí. Relajan.

Seguían hablando. ¿Y ahora de qué? ¡Qué más da! Es igual. Lo importante es que sepáis que allí, en esa habitación, había dos personas conversando que se encontraban delante de un flexo con una bombilla blanca de 60 vatios, escuchando a los Pink Floyd en un caset negro arreglado, y que oían además unos ruidos y gritos de fondo (más bien de ultrafondo) que provenían de la calle, de lo que hacían los niños que jugaban.

-“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: en paz os dejo, mi paz os doy, no miréis los pecados de vuestro prójimo, sino los propios, porque así encontraréis el reino de los cielos” –recitó con efusión el inquilino.

-¿Pero qué dices ahora? ¿Estás chalado?

-Nada, chorradas. Soy profundamente ateo. No puedo remediar el que de vez en cuando me salgan estas cosas.

-Yo también soy ateo, pero de ahí a hacer el bobo...

-Es que nos están comiendo el coco. Bueno, mejor, nos están comiendo el terreno. A los niños sí que los utilizan.

-Tienes razón, están dedicándose a catequizarlos para infundirles una ideología reaccionaria que rechaza cualquier postura progresista ante la vida.

Seguían hablando y cambiaban de tema continuamente. Así pasaron toda la tarde. En medio merendaron y bebieron agua. Una buena chacina acompañada de pan.

-En fin, qué decir. Ya se me ha secado la garganta. Ya no puedo hablar más, estoy agotado –dijo el inquilino.

De pronto notó que el techo empezó a caer sobre sus cabezas. Papeles, bolígrafos, libros, el flexo, la alfombra, el caset, las sillas... todo quedó sucio, revuelto, desordenado o roto. Parte de las paredes también cayeron y se ensuciaron. Todo estaba esparcido por el suelo y los colores predominaban entre el blanco del yeso y el rojo de los ladrillos. Una lúgubre sensación se apoderó de los dos amigos, sorprendidos por lo ocurrido en la estancia, pero sin que hubieran resultado heridos o sucios. Y es que no había pasado nada, el techo seguía en su lugar. Todo había sido una ficción. Y continuó:

-Callémonos porque si no se enfadan las paredes y el techo, y conviene no enemistarse más de lo que hacemos en la vida diaria.

-En efecto, amigo, nuestras buenas amigas las paredes se han portado bien con nosotros hasta ahora. Nos defienden del frío, de la lluvia y hasta del calor. Nos ayudan a mantenernos un poco aislados de los ruidos para poder estudiar, hablar, dormir, tener intimidad...

-Tienes razón.

-Claro, si es que estamos de acuerdo tú y yo en muchas cosas. En todo, no, ¿eh? Eso es normal. Por cierto, qué bonitos son tus bolígrafos.

-Preciosos. Tienen categoría, solera, grandeza, simpatía, cultura y un largo etcétera.

-Etcétera... ¡Huy!, que diga sí.

-Ja, ja, ja, ja, ja... Qué gracioso eres... Cambiando de tema, a mí me canta más gustar que bailar...

-Tío, a ti también se te lengua la traba.

-Ja, ja, ja, ja, ja...

Y así fue como pasaron la tarde hasta que el visitante se fue a su casa o donde fuera, que eso no lo sabemos. Estaban acabando el curso y se habían relajado de las tensiones de las últimas semanas. Habían hecho un paréntesis en el esfuerzo final de los estudios. Ya les quedaba poco. Quizás entre las cuatro paredes fue como pudieron decir y pensar cosas disparatadas. No les faltaron cosas con sentido. Todo puede ser posible. En esta vida todo es posible. Lo es en las casas, en los colegios, en las fábricas, en las calles, en las oficinas, en los campos en incluso en el Parlamento. Puede ocurrir incluso que mientras se está durmiendo por la noche una cuerda de la guitarra grite desgarrada su último gemido. Que se rompa y quede inútil. Y eso le ocurrió a una de ellas cuando el que quedaba se fue a dormir. Todo es posible. Todo.


(Salamanca, 1980)

miércoles, 8 de julio de 2009

Bob Doyle, un rebelde sin pausa


En enero pasado falleció Bob Doyle. Irlandés de nacimiento, desde 1937 se vio vinculado a España cuando llegó como brigadista internacional. Si ya en los años 30 era un luchador activo en Dublín, su llegada a España, su participación en la segunda guerra mundial y su militancia comunista en Londres desde 1945 lo convirtieron en un rebelde sin pausa, como él mismo se definió en sus memorias.

Este libro, Memorias de un rebelde sin pausa, editado en 2002, fue un empeño de mi hermano Seve (que contó con la colaboración como traductor de otro hermano, Jose), que lo conoció en 1990 durante su estancia en Londres como profesor en un instituto. Desde entonces forjaron una amistad que ha durado hasta su muerte. Muchas veces Bob vino a España, pernoctando bastantes de ellas en la casa madrileña de mi hermano, para asistir cuando podía (¡y bien que pudo!) a cuantos actos se organizaban en recuerdo de quienes lucharon contra el fascismo viniendo de otras tierras.

Yo no lo conocí, pero sabía de él todo lo que me contaba Seve, me enviaba por correo electrónico o pude leer de sus memorias. Llegó a estar en la casa familiar de Salamanca, atendido por mi buena hermana Conchi (¡ay, si mi madre y mi padre vivieran!), con motivo de unas jornadas sobre las Brigadas Internacionales organizadas por la Universidad. Tuvo tan mala suerte, que se rompió un brazo en el colegio Fonseca, pero de eso un hombre rebelde sin pausa como él no pudo morirse. Tuvo que ser en el invierno pasado, después de una neumonía mal atendida por la privatizada sanidad pública que los gobiernos neoliberales de la Thatcher, Major, Blair y ahora Brown han regalado a su pueblo.

Leer sus memorias es una gozada. En ellas nos cuenta cómo era la Irlanda pobre y católica colonizada durante su infancia; su evolución del republicanismo irlandés al comunismo, pasando por las guerras de España y, enrolado en la marina británica, mundial; su vida en Londres desde 1945, junto con la española Lola, como militante y sindicalista en un país que se iniciaba en el modelo keynesiano y era profundamente anticomunista; su comprensión de los cambios sociales habidos desde el 68; y siempre su recuerdo y amor por la IIª República.

Memorias de un rebelde sin pausa está escrito de una manera sencilla y amena, pero son, ante todo, un testimonio de una persona que retrata a toda una generación marcada por la mayor de las generosidades.




Silvio Rodríguez (1)


De Silvio Rodríguez oí hablar por primera vez en 1977 tras su primer recital en Salamanca junto a Pablo Milanés. No fui, entre otras cosas, porque ni supe que iban ni les conocía. Del acto sólo pude leer la crónica y, creo recordar, una entrevista que publicó el periódico El Adelanto. Pasado un tiempo, cuando sacaron el primer disco de la Nueva Trova Cubana en España, con Pablo Milanés, Amaury Pérez y Sara González, tuve el primer conocimiento real de ese movimiento musical innovador.

Reconozco que por entonces sentía una mayor predilección por Pablo Milanés, quizás porque le conocía más. En 1979 me empapé de su disco homónimo, donde aparecía su conocida canción “Yo no te pido”. Por entonces ya fui haciendo acopio de buena parte de las letras de las canciones de los dos e intentaba descubrir los acordes. En dos ocasiones, a principio de los 80, pude escucharlos en directo, alternándose cada uno en solitario y cantando juntos algunas de sus canciones. Para mí fue un verdadero placer y también el principio de mi decantamiento por Silvio. Verlo actuar en directo, con su voz intimista y atrayente, fue una especie de idilio musical y poético que me dura hasta ahora.

Durante los años 80 seguí haciéndome con algunos discos de ambos, bien en formato de vinilo (Acto de fe, de Pablo; y Rabo de nube y Tríptico, de Silvio) o bien en copias de caset, sin excluir las grabaciones que podía captar en la radio, como ocurrió con “Unicornio”, grabada con interferencias, pero lo suficiente para poderla cantar entre amigos y amigas en la aldea de Vigo, junto al lago de Sanabria, en la primavera de 1982. Con el tiempo el acopio de canciones de los dos se hizo muy amplio, como también fui mejorando en la ubicación de los acordes. Fue así como salieron “Rabo de nube” y otras tantas del disco, “Te doy una canción”, “Canción del elegido”, “Esto no es una elegía” u “Ojalá”, entre otras. De ésta recuerdo que saqué los acordes durante un partido de baloncesto entre el Real Madrid y el TSKA de Moscú.

En 1989 vi a Silvio Rodríguez en directo por última vez, presentando su disco Melancolía. Vivía ya en Andalucía, pero aproveché mi estancia durante agosto en Salamanca, en el precioso marco renacentista del palacio de Fonseca, para deleitarme junto a mi mujer de su música. Estuvo acompañado del excelente grupo Afrocuba, que utilizaba instrumentos de cuerda, teclado, percusión y viento, haciendo del recital un acto lleno de sonoridad. Para mí y mi mujer fue maravilloso.
Han pasado muchos años y tengo toda la obra de Silvio Rodríguez y una buena parte de la de Pablo Milanés. Ya he dejado de copiar las letras de sus canciones, porque están ya escritas en los nuevos discos compactos. Internet, además, me ha permitido acceder a todas las letras, lo que resulta muy cómodo, e incluso youtube te ofrece numerosos vídeos de sus canciones. Como son tantas las que han hecho, me resulta imposible ponerme a encontrar de todas sus acordes, pero algunas de ellas van cayendo.


martes, 7 de julio de 2009

A mejorarse, que no es hora todavía


"Por cierto, ya que de Anguita hablamos, sólo queda desearle lo mejor para su corazón". (Debate Ciudadano, número 29, septiembre de 1998). Eso escribí hace once años y sirve para desearle un rápido restablecimiento. En palabras de Brecht, es de "los imprescindibles".

Lucía Sánchez Saornil, alma de Mujeres Libres

Hace cuatro años fui invitado al Congreso "Mujeres libres y libertarias", que tuvo lugar en el Ateneo de Madrid entre el 6 y el 8 de mayo de 2005, para lo que preparé una conferencia titulada "Mujeres Libres, una revista y una organización anarquistas durante la IIª República". De ella escribí después un artículo, con el mismo nombre, del que extraigo su última parte. En nuestros días se hace muchas referencias a mujeres feministas de otro tiempo, olvidándose con frecuencia a Mujeres Libres y, en especial, su alma: Lucía Sánches Saornil. Sobre la actualidad de su pensamiento, no me caben dudas.

Mujeres Libres fue un grupo de mujeres con unos planteamientos ideológicos y organizativos muy avanzados en su tiempo. También fueron peculiares, por no decir que únicos, pues ninguna otra organización de mujeres llegó a formularlos. Aunaron la liberación social, desde la vertiente anarquista, con la liberación de las mujeres. Hoy los caracterizamos categóricamente como feministas[1], pero ellas lo rechazaron. ¿Por qué? Existía una idea muy extendida en el movimiento libertario mediante la cual se identificaba el feminismo con el sufragismo, algo que, como es lógico, no era propio del anarquismo[2]. El hecho de que los grupos confesamente feministas estuvieran integrados casi exclusivamente por mujeres de las clases medias y altas reforzaba la idea de su caracterización tanto de interclasista como burgués. Pero fueron críticas también hacia las organizaciones vinculadas a los partidos obreros, en especial hacia Mujeres Antifascistas, en la órbita del PCE. Este otro tipo de lucha de las mujeres, al que también identificaron como feminismo, lo desecharon porque estaba controlado por los varones y por ser fuente de poder.

El empleo frecuente del término “mujer” o “mujeres”, a secas, que hay que interpretarlo en el sentido más amplio de “mujeres trabajadoras”. Ese empleo de lo genérico (hombre/mujer) ha sido algo corriente en el pensamiento anarquista, que ha partido de la premisa de que la liberación social ha de basarse en el respeto de la individualidad frente a cualquier forma de poder (estado, propiedad, etc.)
[3]. Para las promotoras de Mujeres Libres la mujer era un sujeto revolucionario más que debía participar en su propia liberación como género y dentro del conjunto de la clase obrera.

Lucía Sánchez Saornil, de quien sabemos más, porque se prodigó más, bebió fundamentalmente de dos influencias: una, la tradición anarquista, defensora del individuo frente a todo tipo de dominación y de un modelo social igualitario. Una tradición donde también habían surgido personas, grupos y planteamientos que denunciaban la situación de las mujeres y reivindicaban la igualdad entre los géneros. En Barcelona ya había surgido en 1891 una Agrupación de Trabajadoras y durante los años 20 fueron apareciendo otros sindicatos formados por mujeres. Teresa Claramunt, luchadora infatigable, llegó a escribir a finales del siglo XIX:

Nuestra dignidad como seres pensantes, como media humanidad que constituimos, nos exige que nos interesemos más y más por nuestra condición en la sociedad. En el taller se nos explota más que al hombre, en el hogar doméstico hemos de vivir sometidas al capricho del tiranuelo marido
[4].

Dentro de esa tradición Lucía Sánchez Saornil tuvo que hacer frente, aunque no directamente, a las posiciones de otra mujer, con una fuerte personalidad y un gran prestigio dentro del movimiento anarquista, como era Federica Montseny, que negó el problema específico de la mujer, proponiendo como salida la autosuperación individual de la mujer (“necesitamos afirmarnos en nosotras mismas”, escribió)
[5]. También intentó superar lo que consideraba que era una insuficiencia, ante los intentos de algunos compañeros por incorporar a las mujeres a la organización y a la lucha, cuando planteaba que para entender el problema de la mujer debía partir de un cambio en el concepto de mujer:

Hay muchos compañeros que desean sinceramente el concurso de la mujer en la lucha; pero este deseo no responde a la modificación de su concepto de mujer
[6].

Muestras de este interés fueron el propio ofrecimiento de Mariano R. Vázquez a Lucía Sánchez Saornil para que se encargara de una página femenina en Solidaridad Obrera, la página que publicaba Tierra y Libertad a cargo de Lola Iturbe “Kyralina”, los numerosos artículos favorables a las mujeres que aparecieron en las distintas publicaciones anarquistas de militantes o simpatizantes como Antonio Morales Guzmán, Mariano Gallardo Nieva, Santiago Valentí Camps, etc.

La otra influencia era la teoría de la diferenciación de los sexos, tan en boga en esos años en algunos círculos intelectuales
[7]. Entre sus principales difusores estuvo el médico Gregorio Marañón, que la utilizó desde una orientación conservadora y determinista con el fin de justificar la relegación de las mujeres al hogar como esposas y madres. Esta teoría también llegó a algunos círculos anarquistas, en concreto en la revista Estudios, donde Santiago Valentí Camps defendió que la mujer disponía de una mayor sensibilidad por las cosas, un sentido más estético y hasta un mayor pragmatismo y donde en mayo de 1936 se dijo que, no existiendo inferioridad intelectual de la mujer, su inteligencia era de otro tipo, a la que se atribuían facultades pasivas como la abnegación, la emotividad, la intuición, la dulzura o la sensibilidad. Lucía Sánchez Saornil fue clara en su interpretación emancipadora: consideraba que la marginación era una construcción social desarrollada en la historia, a lo que añadió la distinción entre errores masculinos y valores femeninos. Entre los primeros estarían:

Exceso de audacia, de rudeza, de inflexibilidad (…), han dado a la vida este sentido feroz por el que los unos se alimentan de la miseria y el hambre de los otros. (Editorial de Mujeres Libres, n. 1, mayo de 1936, PSM-AGGCE).

De los segundos, los valores femeninos, planteaba que había que aprender:

La ausencia de la mujer en la Historia ha acarreado la falta de comprensión, de ponderación y afectividad, que son sus virtudes. (Editorial de Mujeres Libres, n. 1, mayo de 1936, PSM-AGGCE).

¿Cómo llamaron a eso? Federica Montseny había utilizado en los años 20 el término humanismo para oponerlo al de feminismo. Conscientes estas mujeres de que la civilización masculina estaba llegando a su fin, plantearon también la superación del feminismo, para lo que hicieron uso del término humanismo integral, originario de Francia
[8]. Esa superación debería basarse, en lo que quizás sea una de las claves del pensamiento innovador de Mujeres Libres, en el reconocimiento de que había un “complejo diverso”, el formado tanto por mujeres como por varones, pero en el que era necesario que las mujeres actuaran autónomamente, es decir, con su identidad propia:

Mujeres Libres quiere (...) hacer oír una voz sincera, firme y desinteresada: la de la mujeres; pero una voz propia, la suya. (Editorial de Mujeres Libres, n. 1, PSM-AGGCE).

De esto se deriva un hecho de importancia: la defensa que hacían en Mujeres Libres de la diferencia entre los géneros y de que las mujeres se dotaran de una voz propia lo que hay es un claro ejercicio de autoestima colectiva:

Nos ha emocionado tu carta al ver cómo la mujer se interesa ya por sí misma. Bastante tiempo se ha interesado ya por los demás. Era hora de que estuviera en el concierto de los comunes intereses. (Carta de Lucía Sánchez Saornil a Mª Luisa Cobos, junio de 1936, PSM-AGGCE).

Y aquí, quizás, se puede encontrar unas de las claves de la incomprensión sufrida desde buena parte de las personas que componían en movimiento libertario. Montseny habló de autoestima de las mujeres desde el esfuerzo individual como medio para equiparse con los varones. Las intenciones de Lucía Sánchez Saornil y sus compañeras eran un claro exponente de la lucha contra el modelo social dominante, incluyendo la dimensión de género, y sobre el papel que debían jugar las mujeres en una sociedad nueva, pero desde la autoestima colectiva. Toda una apuesta arriesgada en un contexto difícil: oponerse al orden social establecido y con éste, al orden patriarcal, pero también oponerse tanto a los planteamientos que podemos considerar “oficiales” del movimiento libertario como a la mentalidad y los hábitos sexistas tan extendidos en el mundo de lo cotidiano. Todo un compendio de transgresión ideológica y social.

En suma, una experiencia histórica peculiar, por ser única y adelantada a su tiempo, pero bonita, meritoria y digna, en la medida que sus protagonistas anhelaban un mundo mejor, donde varones y mujeres actuaran por igual y entre iguales. Por ello merece la pena conocerlas y recordarlas.




Notas



[1] Mary Nash (Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil, Madrid, 1999) se ha referido a este feminismo como anarcofeminismo, en la medida que aúna la liberación de las mujeres como el anarquismo. En la obra del autor de este artículo (Anarcofeminismo en España. La revista Mujeres Libres antes del Guerra Civil, Madrid, 2003), además de utilizar en el título también este término, se alude a un feminismo implícito.

[2] Mary Nash, “Dos intelectuales frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucía Sánchez Saornil”, en revista Convivium, n. 44-45, Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, 1975; Martha A. Ackelsberg, Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres, Madrid, Virus, 1999; Mª Ángeles García-Maroto, La mujer en la prensa anarquista, Madrid, 1996.

[3] Como muestra, las palabras de la propia Lucía Sánchez Saornil: “para un anarquista antes que todo y por encima de todo está el individuo” (Solidaridad Obrera, 15-10-35).

[4] “A la mujer”, revista Fraternidad, Gijón, 1899, citado en Irving L. Horowitz, Los anarquistas. La práctica, Barcelona, 1996.

[5] Mary Nash, "Mujeres Libres". España 1936-1939, Barcelona, 1976.

[6] Carta de Lucía Sánchez Saornil a Mariano R. Vázquez, publicada en Solidaridad Obrera el 2-10-35, citado en Mary Nash (1976).

[7] Mary Nash (1999) y Martha A. Ackelsberg (1999).

[8] En el editorial del primer número de Mujeres Libres se hacía referencia a que el término había sido acuñado por el periodista francés Leopoldo Lacour. Ya en 1908 se había publicado en Barcelona la obra de este escritor Humanismo integral: el duelo de los sexos. Federica Montseny, a su vez, ya lo había utilizado en 1924 en el artículo “Feminismo y humanismo” del número 33 de la Revista Blanca.