viernes, 23 de junio de 2017

Del (sí al) CETA a la a(bstención)

El embrollo de ahora viene por el CETA. Primero votan que sí. Luego dicen que se van a abstener. Salen voces del felipìsmo/susanismo diciendo que eso es una locura. Acabo de leer que la nueva portavoz en el Congreso reconoce que lo de la abstención "ha sido un poco precipitado". Eso es el PSOE. Navegando a la deriva. Recordando al "OTAN de momento No". Buscando como sea recuperar electorado por la izquierda, declarándose de izquierda, radicalizando demagógicamente el discurso, dando una de cal y otra de arena. Engañando. Lo de siempre. El CETA. Ese tratado internacional de libre comercio entre la UE y Canadá que destila neoliberalismo en estado puro. El mismo que ha llevado a socialistas continentales y felipistas/susanistas a decir cosas como que la izquierda es internacionalista por naturaleza. Y lo dicen sin ninguna vergüenza, haciendo apología descarada y descarnada del internacionalismo capitalista. ¡Ay, si don Carlos levantara la cabeza! 

La justicia que suma y sigue...

Hace unos días la Audiencia de Madrid absolvió a las personas imputadas en el caso Guateque, una trama creada en el ayuntamiento de Madrid consistente en dar licencias con suma rapidez tras el cobro de las comisiones correspondientes. Ocupaba por entonces la alcaldía Alberto Ruiz Gallardón. La sentencia se ha basado en que la recogida de pruebas, llevada  a cabo  por la unidad de policía judicial dependiente de la Guardia Civil, se hizo mediante grabaciones que no contaron con la correspondiente autorización judicial. 

También hemos conocido la imputación de Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer, miembros de Ahora Madrid, a quienes se acusa, entre otros delitos, de prevaricación y malversación de fondos públicos en relación a su actuación en el Open Tenis de Madrid. La querella presentada por el PP madrileño fue asumida por la fiscalía y finalmente un juez de instrucción ha decidido llamarlos a declarar en el mes de septiembre. Sánchez Mato y Mayer habían denunciado la existencia de, cuando menos, irregularidades en la concesión del evento deportivo, llevado a cabo durante el mandato anterior del PP. En la instrucción se admite que dicha denuncia provenía del encargo de dos auditorías externas, sin que hubiera habido ni consentimiento por parte de la alcaldía ni un concurso público para su adjudicación. La reacción de la derechona, el PSOE y distintos medios ha sido la petición de dimisión, teniendo en cuenta que la imputación contradice el código ético de Ahora Madrid. Sánchez Mato y Mayer, que tienen el apoyo de su grupo municipal, así como de Podemos e IU, han aducido que los servicios jurídicos municipales declinaron investigar la situación; que el gasto de 50.000 euros por auditoría no supera lo estipulado en ese tipo de actuaciones; que se ha realizado para investigar lo que se considera que contiene irregularidades graves (entre otras cosas, se ha llegado a multiplicar por diez el gasto desde 2006); y que, en todo caso, no se ha hecho con ánimo de lucro propio o a terceras personas. Otra cosa es la actuación de la alcaldesa, Manuel Carmena, que desautorizó en su día a Sánchez Mato y Mayer, llegando incluso a retirarles las competencias municipales que les había atribuido.


Anteayer, por último, se ha conocido otra sentencia judicial, esta vez en Sevilla y relacionada con el caso Mercasevilla. En él estaban inculpadas varias personas, incluidas un concejal del PSOE y otro de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, a quienes se acusaba de haber vendido suelo público ilegalmente. La jueza Yolanda Sánchez ha decidido su absolución y, a la vez, ha sido muy clara a la hora de desautorizar a la jueza instructora, Mercedes Alaya, y a la fiscalía: no hubo amaños en la venta de suelo, Torrijos no intervino en las concesiones y no existen pruebas de que hubiera habido presiones para que se convocara un concurso con el fin de confabularse con otras personas acusadas. 


Dejo que se mastique bien cada caso, porque resultan muy jugosos.        


Post scriptum    

Acabo de leer unas declaraciones de Manuela Carmena. Recién llegada de un viaje a América Latina, ha dicho que está sorprendida por lo que se está diciendo sobre Sánchez Mato y Mayer. Entre otras cosas, porque, tras la lectura de la providencia judicial, no existe imputación, sino una llamada para declarar ante el juez. Carmena ha sido magistrada y me imagino que entenderá algo de esos formalismos jurídicos. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Macron y el futuro próximo de Francia

Después de lo ocurrido durante la recta final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, el resultado final puede considerarse como sorprendente. Cuando parecía que el panorama estaba cambiando, con el desmoronamiento de los dos partidos que habían mantenido la Vª República, parece como si se hubiera vuelto a la normalidad. El doble triunfo de Emmanuel Macron ha vuelto a poner las cosas en su sitio. La Francia del europeísmo neoliberal, que se ha ido forjando desde la segunda mitad del primer mandato de François Mitterrand, sigue su curso. 

Pero el domingo pasado, en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, ha ocurrido otra cosa que es en cierta medida insólita y que ya se vislumbró la semana anterior: una participación muy baja, de sólo el 43% del electorado, sin contar a un número de personas, de unos 9,5 millones, que ni siquiera están registradas en los censos electorales correspondientes.


El triunfo de Macron ha resultado inapelable desde el punto de vista legal, lo que le va a permitir poder gobernar y legislar, en un principio, a su antojo. Inapelable, sí, pero también débil, pues su apoyo real es sólo del 16% del electorado. Esto puede conllevar que la abstención acabe siendo el caldo de cultivo de reacciones de uno u otro signo que pongan en entredicho ese triunfo.  

La inhibición de tanta gente, esto es, de 6 de cada 10, puede interpretarse de muchas maneras. Detrás de ella hay una mezcla de resignación, indignación, frustración, impotencia, castigo... El peso de cada uno de esos aspectos está por ver, pero pueden aflorar en cualquier momento. 

Que en la primera vuelta de las presidenciales se apostara ya en mayor medida por Macron, indicaba que la opción del europeísmo neoliberal suponía para mucha gente menos riesgos de cara al futuro. Su victoria rotunda en la segunda vuelta lo certificó. Teniendo en cuenta que Francia no deja de ser uno de los pilares de la UE, alejarse de ésta puede ser vista por mucha gente como un riesgo innecesario. Otra cosa es el sesgo personal que Macron pueda dar a su mandato presidencial, intentando elevar el protagonismo de su país ante una Alemania hegemónica.


Otra de las cosas que ha resultado más sorprendente ha sido el escaso apoyo recibido por las candidaturas de izquierda. Es cierto que el sistema electoral francés es malvado para que se refleje una representación real de la sociedad en la Asamblea Nacional. También, que ha habido división entre esas candidaturas. Pero el caso es que el resultado ha supuesto un nivel de apoyo bastante por debajo del obtenido por Juan-Luc Melenchon en abril. Se ha cuantificado que las candidaturas de izquierda han perdido el 60% del electorado recibido por el candidato de la Francia Insumisa. No es un consuelo que los 27 escaños obtenidos, sobre un total de 577, hayan permitido formar un grupo parlamentario propia, cosa que no ha logrado el Frente Nacional.


El malestar social existente en Francia es evidente. Pero está fragmentado. Frente a una parte importante de la sociedad que se siente satisfecha o que no quiere estridencias, como lo demuestran los apoyos a Macron o a las candidaturas propiamente de la derecha de matriz gaullista, las otras opciones políticas o la misma inhibición esconden realidades diferentes. Por otro lado, los sindicatos están divididos en asuntos esenciales, como se reflejó en el apoyo de la CFDT a las medidas de carácter neoliberal introducidas por Manuel Valls. Los sectores populares se están expresando de muy diferente manera, atraídos en una parte por la demagogia del Frente Nacional.


Pero no debemos olvidar que Francia siempre ha dado sorpresas. Buenas y malas. Entre las buenas, a modo de ejemplo, estuvo el ciclo revolucionario iniciado en 1789, impensable meses antes, aunque a posteriori se haya podido explicar; también, aunque de menor dimensión, el mayo de 1968 o el rechazo en 2005 al Tratado de la Constitución de la UE. Entre las malas está la reacción en 1940 de una buena parte de la sociedad ante la ocupación alemana; o, por supuesto, el atractivo de la política colonial por buena parte de la sociedad, con el eco posterior de apoyo al intervencionismo francés como potencia internacional. 


Macron, por ahora, ha dado un respiro al sistema dominante. ¿Será capaz de construir resorte suficientes para mantenerse?

martes, 20 de junio de 2017

¿Es Pedro Sánchez la segunda versión de Zapatero?

José Luis Rodríguez Zapatero es un político poco conocido. No en su figura, claro, pero sí en lo que realmente hizo. Cuando ganó en 2000 el Congreso de su partido se rodeó de un grupo de gente joven con vistas a renovar la fachada del partido y algunos aspectos del programa que lo hiciera más atractivo para la gente más joven. Pero en lo económico se inscribió en los parámetros del social-liberalismo, en la línea ya iniciada por Felipe González y François Mitterrand desde los años 80 y que luego, a finales de los 90, desarrollaron Tony Blair y Gerhard Schröder. No en vano su responsable económico en la ejecutiva fue Jordi Sevilla, para incorporar más tarde entre sus asesores a Miguel Sebastián. Ambos provenían de los círculos  de Carlos Solchaga, el hombre fuerte del felipismo en materia económica. Cuando le llegó el momento de forma gobierno en 2004, Zapatero nombró como ministro de Economía a Pedro Solbes, otro de los hombres económicos de González y el artífice como ministro, por ejemplo, de los célebres, pero nefastos, contratos basura. 

Lo ocurrido en los años siguientes ha quedado como esfumado por un doble efecto: el de los años de bonanza de la burbuja, que Zapatero y su equipo económico mantuvieron; y el de las medidas avanzadas en materia de derechos sociales y civiles, como el matrimonio igualitario, la atención a la dependencia o la memoria histórica. Pero en lo fundamental todo siguió igual. En política exterior, más allá del discurso retórico de la alianza de las civilizaciones, la retirada de las tropas de Irak o el gesto de de no levantarse ante una bandera de EEUU en un desfile militar, siguió con la política atlantista, con el envío de tropas a Afganistán o el apoyo a intervenciones militares en países como Libia. Y en materia económica, favorecido por la coyuntura de crecimiento de base especulativa, no se separó un ápice de los cánones del neoliberalismo. Tanto fue así, que en 2009, ya en plena crisis, fue el gobierno que inició los recortes presupuestarios, afectando a los gastos sociales y a los salariales del sector público. También fue el que impulsó la reforma de la Constitución en su artículo 135 para garantizar el pago de la deuda exterior en beneficio de los bancos y las instituciones internacionales. 

Zapatero supo atraer a buena parte de los sectores de la izquierda. Mucha gente se dejó engatusar por su política entre demagógica y oportunista, que se justificaba en muchos casos con ese recurso tan pobre y rastrero del voto útil. Tuvo la suerte de aprovecharse del 11M de 2004, tras la burda manipulación del gobierno del PP, entonces con José Mª Aznar. Y digo suerte, porque mucha gente de izquierda votó al PSOE con la nariz tapada de "para evitar que gobierne la derecha". En 2008 lo tuvo más fácil, cuando se aprovechó de esa ola de prestigio barato por sus medidas progresistas, aderezadas del bienestar ficticio aportado por la burbuja especulativa. No importaba, sin embargo, que la ley de dependencia se financiara por debajo de las necesidades o que la ley de memoria histórica se hubiese quedado corta. 

Desde 2009 Zapatero pasó a ser un maldito: de la derecha, por supuesto, que lo vilipendió hasta el extremo y utilizó como excusa para aplicar un plan de medidas neoliberales sin parangón; pero también de la izquierda, de esa que se sintió defraudada por lo que hizo al final de su mandato, sin entender que era parte de un antes.

En la batalla por posicionar al PSOE tras elecciones de 2015 y 2016 Zapatero se alineó desde el primer momento en el espacio de las baronías y las viejas glorias del PSOE. Participó a su manera en el derrocamiento de Sánchez, en dejar gobernar al PP y, más recientemente, en la apuesta por Susana Díaz. Un vivo retrato de lo  que siempre fue: un social-liberal, que no deja de ser la versión "progresista" del neoliberalismo. 

Ahora estamos descubriendo quiénes son las personas que rodean a Sánchez y, en particular, en el área económica. Y, vaya, el nuevo responsable de este área en la ejecutiva federal es Jordi Sevilla. Lo que defendía cuando trabajaba para Zapatero, ya lo sabemos, como también sabemos qué ocurrió realmente durante sus dos mandatos. Por eso me pregunto si Sánchez es un Zapatero 2, si es, o será, una segunda versión de Zapatero.
 

lunes, 19 de junio de 2017

Memoria, demagogia sobre la memoria y antimemoria

El Parlamento de Andalucía aprobó hace tres meses la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, lo que, como ya apuntamos en su día, ha supuesto un logro sin precedentes. Se trata de un documento jurídico avanzado, que da satisfacción en gran medida a las demandas del movimiento memorialista, superando en mucho a la Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada por las Cortes durante el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La ley andaluza fue, además, la culminación de un trabajo iniciado a instancias de IU cuando formó parte del gobierno andaluz y que tuvo a Diego Valderas, vicepresidente de la Junta de Andalucía, como principal impulsor institucional.

Sin embargo, en estos últimos días saltó la noticia de que Susana Díaz había intentado nombrar al propio Valderas como Comisionado para la Memoria Histórica, un cargo que no aparece en el texto de la Ley, lo que llevó al coordinador de IU, Antonio Maíllo, con el apoyo de la dirección andaluza, a denunciar lo que consideraba una maniobra política tendente a perjudicar a su organización. En su intervención en el debate parlamentario Maíllo volvió a incidir en lo sucedido, dentro de una crítica general a la gestión de la Junta de Andalucía por parte del gobierno andaluz. Le recordaba a Díaz que su obligación es la de poner en marcha la Ley y, dentro de ella, su financiación y la formación de los órganos consultivos y de participación correspondientes. 


Y esto mismo es lo que acaba de hacer el grupo parlamentario de IU, que ha presentado una iniciativa por la que se pide impulsar el cumplimiento de la Ley mediante, otras cosas, una dotación presupuestaria adecuada, la conformación de los órganos colegiados e incluso la celebración del Día del recuerdo, fijado para el 14 de junio. No ha faltado una petición para que se reclame al gobierno central la documentación relacionada con la muerte de José Manuel García Caparrós, fallecido el 4 de diciembre de 1977 por la acción de las fuerzas policlales durante una de las manifestaciones habidas en demanda de la autonomía para Andalucía.

Y es que el problema principal que ahora tiene Andalucía relativo a la memoria histórica no consiste en la ausencia de instrumentos, en este caso jurídicos, sino en la falta de voluntad política de quienes tienen la responsabilidad de aplicar lo que se aprueba. Por ahora, no deja de ser una forma de demagogia, pues quienes así actúan se llenan la boca con vanaglorias sobre lo que dicen que hacen, cuando la realidad no deja de ser un incumplimiento de sus obligaciones.


Y en el caso del gobierno central lo que se hace es nada. Al margen de que ni impulsan la Ley de 2007 ni la dotan presupuestariamente, el mismo jefe de gobierno ha presumido varias veces de ello. El gobierno del PP y el propio partido están llevando a cabo una política de antimemoria, porque lo que quieren es que todo siga igual, es decir, no hacer o dificultar que se haga. Que las víctimas del fascismo no sean reconocidas ni reparadas, que quienes hayan desaparecido sigan en la misma situación, que no se pueda investigar en la localización de lugares de enterramiento, que los cuerpos aparecidos no puedan ser exhumados para su reconocimiento... Fomentar el olvido, que es una de las armas que utilizó el fascismo desde el primer momento para borrar la memoria sobre sus víctimas.


Y en ésas estamos: entre quienes defienden la memoria, quienes lo hacen demagógicamente y quienes ejercitan la antimemoria.   


domingo, 18 de junio de 2017

Homenaje a las personas fusiladas en Puerto Real en 1936

He estado esta mañana Puerto Real, en el cementerio de San Roque, con motivo del XII Homenaje a las personas fusiladas en 1936. Lo ha organizado la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, Social y Política de ese municipio, vinculada a la CNT local. Ha sido un acto breve, pero emotivo y necesario. 

Se han leído dos poemas; se ha escuchado una canción interpretada por Daniel Viglietti y con la letra del poema "Desaparecidos", de Mario Benedetti; y se han depositado flores en el monolito levantado por el ayuntamiento en 2005.   

También se ha hecho un repaso de los trabajos de exhumación de la fosa común sita en el mismo cementerio: se han localizado 185 personas, de las cuales 141 mantienen sus restos primarios y las 44 restantes los tienen alterados; en 152 casos se ha tratado de muertes violentas; la mayoría, 139, se corresponde con varones; la edad tipo está en torno a 30 años y en nueve casos estaría alrededor de 17 años. Se sabe cuál es la identidad de 90 personas, por lo que se ha hecho un llamamiento para que quienes tengan algún vínculo familiar con las víctimas se acerquen por la sede de la Asociación con el fin de proseguir con las identificaciones, completar la información y conseguir un entierro digno.   

Al final, se ha formado una cadena humana en las proximidades del lugar de los fusilamientos. 81 años después.
   

El miedo a la república

Los partidos gustan de líneas rojas. La república es una de ellas. Me estoy refiriendo a Podemos y al PSOE, pues IU no la ha trazado. 

Podemos, sí. Dicen que no es algo prioritario. Mencionan, eso sí, de una forma permanente lo del régimen del 78. Y en ese régimen está la corona y todo lo que conlleva. ¿O acaso sus ocupantes no son parte sustancial de la casta y de la trama?  Sin embargo, Podemos no reivindica la república y toma distancia de las banderas republicanas. 


Ayer se intentó debatir en el Congreso del PSOE una propuesta de las Juventudes Socialistas sobre la república. Pero no fue posible, porque el ahora gran jefe ha dicho que no procede. Me imagino que para evitar asustar al electorado más moderado, del que, sin embargo, no temen que el Congreso esté aprobando cosas que suenan a radicalidad, poniendo el acento en la izquierda o reconociendo el estado como plurinacional. Esto último, claro, como devolución del favor que ha hecho el PSC. Y lo primero, como forma de disputar a Unidos Podemos su electorado. 


La república sigue dando miedo. Quizás vergüenza. O las dos cosas. Cuando no deja de ser una expresión de democracia. Qué miedo las tienen. ¡Ay! 

jueves, 15 de junio de 2017

15 de junio de 1977

Este artículo fue escrito en 1997, a los 20 años de la celebración de las elecciones de 1977. Fue publicado en Debate Ciudadano de Barbate, en su número 19, dentro de una columna a la que había puesto el nombre "Desde la Torre del Tajo". Lo he mantenido tal cual, pese a que ya han pasado 40 años, esto es, el doble. Al final aludo a los GAL, que por entonces ya no actuaban, pero estaban en plena actualidad por el procesamiento y condena de sus dirigentes políticos. Eso sí, la X no lo estuvo.  

Han transcurrido 20 años desde las elecciones del 15 de junio de 1977. Con frecuencia se habla de las primeras elecciones libres  después del largo paréntesis de la dictadura de Franco. No pretendo ser un agorero, pero habría que matizar algunas cosas. Veamos algunos ejemplos. Ese 15 de junio hubo varios partidos que no estaban todavía legalizados y hubieron de presentarse bajo otras siglas, como fue el caso de los comunistas PTE, ORT, MC y LCR, o el Partido Carlista. El propio PCE fue declarado legal en abril, sólo dos meses antes, tras grandes dificultades, bajo la amenaza de una intervención militar y a costa de unas renuncias importantes (¿o no lo fueron el reconocimiento de la monarquía y la bandera monárquica?). Mientras, otros partidos habían arrancado con ventaja, además de dinero, al haber sido legalizados con anterioridad, amén de la tolerancia que habían gozado desde años antes (el PSOE había celebrado su congreso en diciembre 1976). Las Cortes a formar no tenían por sí mismas carácter constituyente; aunque se marcaran como primer objetivo la elaboración de una constitución, no fueron disueltas de inmediato una vez cumplido el objetivo. El Senado estuvo compuesto en esa primera legislatura a la vez por personas elegidas y por otras nombradas por el propio rey. El sistema electoral para la elección  del Congreso se hizo mediante un sistema proporcional corregido (D'Hont), favorecedor de los partidos más votados, pero penalizador de los más pequeños (el propio PCE, con casi 10% de votos obtuvo sólo el 5% de representantes). La distribución de los escaños favorecía a las provincias con menor población (sobre todo las dos Castillas, tradicionalmente más conservadoras) en detrimento de las más pobladas (las áreas industriales y Andalucía, donde más intensa había sido las lucha contra el franquismo). Todavía hoy se siguen manteniendo algunas de estas medidas (sistema electoral o reparto provincial de escaños). ¿Qué había pasado? Las elecciones habían sido la culminación de un proceso político iniciado en los últimos años del franquismo con la intención de reformarlo, con Franco  en las últimas y Carrero Blanco por los aires. La reforma pasó por varios momentos y situaciones ("espíritu del 12 de febrero", primera enfermedad de Franco, ejecuciones de antifranquistas, muerte de Franco-coronación del rey, gobierno Arias-Fraga-Areilza, gobierno Suárez...), donde actuaban a la vez los continuistas del régimen, los aperturistas y la oposición democrática. La propia oposición aumentó la presión contra el régimen (formación de organismos unitarios como la Junta Democráticala Plataforma de Convergencia, movilizaciones por la amnistía, aumento de la conflictividad laboral...). En esa dialéctica fueron surgiendo nuevas situaciones, como el hecho de que el propio rey fuera imprimiendo un mayor ritmo a la reforma para que no fracasara, como se fue constatando en los gobiernos de Arias-Fraga-Areilza (diciembre 75) y Suárez (julio 76). Fue este último quien fue más audaz en la apuesta reformista, presentando la ley para la reforma política que fue aprobada primero por las Cortes franquistas (noviembre 76) y después refrendada en una consulta sin libertad a finales de 1976. Esta ley fue la pieza legal que precipitó definitivamente el triunfo de este proceso  de tránsito hacia un régimen de libertades. Pero contó, en los últimos momentos, con la colaboración de algunos grupos de la oposición, como fue el caso del PSOE, el PSP o Convergencia Democrática de Cataluña, quienes ya en diciembre aceptaron presentarse a las elecciones aun cuando no estuviese legalizado el PCE u otros partidos. El 15 de junio de 1977 representó, pues, el triunfo definitivo de la operación reformista del régimen franquista, donde su resultado final fue producto de la confluencia de factores antes señalados. Ese día los partidos más votados fueron los que protagonizaron los  momentos finales de la reforma, esto es, la UCD de Suárez y el PSOE de González. Del viejo régimen se mantuvieron instituciones, personas, aparatos e incluso prácticas todavía hoy existentes. ¿Cómo explicar si no todo el asunto de los GAL, por poner un ejemplo? La respuesta quizás se encuentre en el dicho popular: "de aquellos polvos vinieron estos lodos".



¡Pobre Pep, la que le está cayendo!

Pep Guardiola aceptó ser la persona que el pasado domingo leyera el manifiesto soberanista. Fue el colofón del acto multitudinario que se celebró en Barcelona. Guardiola se sumó a algo que lleva tiempo defendiéndolo: la soberanía de Catalunya y la necesidad de que pueda celebrarse un referéndum donde la ciudadanía libremente decida independizarse o mantenerse dentro del estado español. El mero ejercicio democrático del derecho de autodeterminación. Ese derecho que es apoyado en Catalunya por la mayoría de la población y que en el resto del estado, salvo los territorios vascos, no goza de tanta simpatía. 

Se trata de la reivindicación un derecho que se está expresando en forma de lo que se conoce como procés, esto es, proceso y que está conllevando un recorrido en cierta medida sinuoso, pero también decidido por quienes lo están protagonizando. Todo un pulso entre quienes defienden abiertamente el procés, desde las organizaciones ciudadanas que lo iniciaron (Asamblea de Catalunya y Omnium Cultural) hasta los grupos políticos (ERC, PDCat y las CUP), pasando por los numerosos y variopintos colectivos, así como instituciones, que se extienden por todo el territorio.

El domingo pasado se escenificó el apoyo a lo que ha de ser el referéndum que tienen previsto convocar el Parlament catalán para otoño. Un acto que no deja de ser un reto de gran envergadura frente a un gobierno y amplios sectores del estado que se oponen frontalmente. Un reto del que desconocemos cuál será el desenlace desde la perspectiva de lo que puedan estar dispuestas a hacer las instituciones del estado y especialmente el gobierno. ¿Usará la fuerza? Ese es la cuestión.

Pero vayamos ahora con Guardiola. Elegido por ser quien es, un catalán de dimensión internacional, reconocido por sus logros en el mundo del deporte, tuvo la valentía de hacer visible su opción y su compromiso. No podemos olvidar que fue un futbolista de talla, miembro del conocido dream team del Barça de los noventa y ganador de la primera copa de Europa para su equipo. Y, más todavía, el artífice, ya como entrenador, del momento de mayor gloria del Barça, bajo cuya dirección obtuvo tres ligas españolas, dos copas de Europa y batió la marca del triunfo en todas la competiciones españolas e internacionales en 2009. Y, quizás, lo más importante (al menos, para mí), el artífice de una forma de juego inigualable, donde la belleza estaba unida a la eficacia. 

Pues bien, al pobre Pep, protagonista devenido en el acto del domingo, le están lloviendo palos de muchos sitios. Su posicionamiento, en nombre de su libertad personal, está conllevando que sea criticado por ello. Pero no sólo. Hay quienes se han lanzado a una especie de cruzada contra lo que representa futbolísticamente. Y todo por defender una cosa como es la democracia. Miserias humanas.     

miércoles, 14 de junio de 2017

Apuntes sobre una moción de censura fallida

El PP es el partido de la corrupción. La iniciativa de Unidos Podemos, entre atrevida y simbólica, obligaba al PSOE, en mayor medida, a posicionarse. Ya lo hizo en octubre pasado, cuando el golpe interno llevó a la defenestración de su secretario general y al consiguiente apoyo implícito al PP para que gobernara. EL PSOE de la gestora, expresión de lo más rancio de su partido, se retrató. Ahora también lo está haciendo, pero con una diferencia: la gestora, con lo que representaba, ha sido derrotada, por lo que correspondía a Pedro Sánchez y su gente a asumir una postura que evitara que el PP pudiera seguir gobernando. Lo que no ha hecho, como ya anunció durante la campaña de las primarias y ha ratificado su portavoz parlamentario en el debate. Impedir que Unidos Podemos lleve la iniciativa, está permitiendo que el PP siga en el gobierno. No sirve el argumento de que Podemos e IU no apoyaran la investidura de Sánchez el año pasado. Porque no es así en toda su dimensión: se investía a Sánchez, en efecto, pero dentro de un pacto con Ciudadanos. Con la marca blanca de la derecha. Con la opción de recambio por la derecha que interesa a la oligarquía española. Con anterioridad a ese pacto el PSOE ya había cerrado las puertas a una investidura de Sánchez con el apoyo de todos los grupos de izquierda y nacionalistas. No lo querían los poderes fácticos internos: esas baronías con Susana Díaz a la cabeza y esas viejas glorias con Felipe González al frente que maniobraron para evitarlo, poniendo a Sánchez unas líneas rojas que le abocaban al pacto con Ciudadanos. El mismo Sánchez lo reconoció públicamente en los duros momentos que pasó tras su caída.    

domingo, 11 de junio de 2017

La sorpresa relativa de las elecciones británicas y el reto de la izquierda

Las elecciones británicas del pasado jueves han supuesto una sorpresa sobre lo que hasta hace unas semanas se preveía. Pero  una mala campaña electoral y una peor gestión de los atentados por parte del gobierno acabaron por volverse en su contra, hasta el punto que el candidato laborista, Jeremy Corbym, estuvo cerca de alcanzar a la candidata conservadora, Theresa May. Una sorpresa, pues, relativa.

El sistema electoral británico resulta engañoso. Dado su carácter mayoritario y basado en numerosos distritos uninominales, el resultado final puede suponer una gran desproporción entre el número de votos y el de escaños. En las elecciones del jueves la diferencia entre el Partido Conservador (42,4%) y el Partido Laborista (40,1%) ha sido de algo más de dos puntos, pero en el reparto por escaños ha sido más favorable para el primero (49%) que para el segundo (40%). El xenófobo y antieuropeísta UKIP (1,9%) se ha quedado sin representación, mientras que el Partido Liberal-Demócrata (7,3%) y Los Verdes (1,6%) han logrado salvar los muebles con 12 y 1 escaño, respectivamente. Sólo los grupos nacionalistas mantienen, con variaciones, su hegemonía en sus respectivos territorios: nacionalistas escoceses (35 escaños), unionistas irlandeses (10), republicanos irlandeses (7) y nacionalistas galeses (2).   

Por territorios hay un reparto homogéneo: el sur es de dominio conservador; la franja central y Londres, laborista; el norte, nacionalista escocés; e Irlanda del Norte se reparte entre unionistas y republicanos. El medio rural y las ciudades pequeñas y medianas de Inglaterra han apoyado al Partido Conservador, mientras que el laborismo se ha impuesto en las ciudades más pobladas y con una mayor presencia de las actividades secundarias.  

Por edades, el Partido Conservador aumenta sus apoyos según se avanza en edad, siendo claramente mayoritario a partir de los 55 años. Lo contrario que el Partido Laborista, que disminuye de más a menos edad, siendo mayoritario por debajo de los 45 años. En el grupo entre 45 y 54 años hay un claro equilibrio entre ambos partidos.

El reto se encuentra ahora en la conformación del gobierno. El acuerdo anunciado entre conservadores y unionistas irlandeses no da la mayoría absoluta y, además, contiene una contradicción que no es menor: Irlanda del Norte fue de los territorios donde del brexit resultó perdedor. La derrota del Partido Conservador ha sido en cierta medida simbólica, con una pérdida de escaños que no ha dejado de ser la expresión de un malestar social que se creía minoritario y que en lo político se podía controlar, como ocurrió durante el referéndum escocés. La borrachera del brexit, sin embargo, ha acabado siendo demasiado molesta para quienes lo propiciaron, hasta el punto que han desaparecido del mapa, y para la propia May, que se está encontrando con una situación difícil dentro y fuera del país. 

Pero quizás lo más importante ha sido que durante la campaña se haya puesto como prioritaria la realidad social, esto es, la situación en que se encuentran amplios sectores de la población en relación a aspectos como el empleo y los servicios sociales. Eso ha sido lo que ha llevado a que el Partido Laborista y Corbyn protagonizaran un ascenso en las encuestas, hasta el punto que llegó a pensarse en una remontada. Y a su vez, que la derrota simbólica de May haya sido la razón  por la que el propio Corbyn pidiera la dimisión de la candidata conservadora. 

Mucho se está hablando y escribiendo sobre el triunfo moral y relativo del Partido Laborista. Se ha resaltado su campaña electoral y su acento en lo social. También del renuncio en que cogió a May tras los atentados del sábado, pues ella había sido la que recortó el gasto en los servicios de policía y seguridad cuando fue responsable de Interior y lo mantuvo ya como Primera Ministra. Hay quienes consideran que la clave de la subida en los apoyos laboristas ha estado en el discurso nítidamente de izquierda con el que Corbyn ganó las primarias de su partido y que ha mantenido hasta el último momento contra viento y marea. Duramente criticado por el sector moderado, instalado hasta el jueves en el grupo parlamentario, los hechos, por ahora, han acabado dándole la razón.

El Reino Unido fue el primer laboratorio neoliberal desde que Margaret Thatcher ganara las elecciones en 1979, abriendo, junto a John Major, un periodo de 18 años de hegemonía conservadora. Un modelo que no abandonaron los laboristas con Tony Blair y su sucesor Gordon Brown. Ante las consecuencias ocasionadas, el malestar social y político se ha expresado de distintas maneras y según los territorios. De un lado, el reto nacionalista escocés, que estuvo a punto de conseguir la separación. De otro, el reto antieuropeísta, con el UKIP como espoleta y el Partido Conservador agazapado, que se saldó con el brexit. No podemos olvidar el reto de la violencia islamista extremista, protagonizado en nombre del Isis/Daesh, pero llevado a cabo por ciudadanos británicos. 

Ahora puede que la expresión del malestar sea la de la defensa de un modelo de sociedad que se aleje del neoliberalismo rampante y campante a sus anchas desde hace casi cuatro décadas. Corbyn, de momento, puede ser quien lo personalice, pero quien debe protagonizarlo es la mayoría social que lleva sufriendo tanto tiempo en beneficio de una minoría que casa día se enriquece más.

jueves, 8 de junio de 2017

Menos mal que Diego Valderas ha acabado no aceptando el nombramiento ideado por Susana Díaz

Días pasados la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, llamó al coordinador andaluz de IU, Antonio Maíllo, para comunicarle su intención de nombrar a Diego Valderas como comisionado de la Memoria Histórica de Andalucía. Ni que decir tiene que Maíllo rechazó que tal nombramiento contara con el consentimiento de IU, a la vez que consideró la iniciativa como una agresión política a su organización. Inicialmente Valderas aceptó el nombramiento, quitando hierro a la reacción surgida en su grupo. Ayer mismo el PCA, partido en el que milita Valderas, hizo público un duro comunicado, advirtiendo que su actitud podría ser motivo de expulsión. Esta mañana, finalmente, quien fue vicepresidente de la Junta de Andalucía, ha tomado la decisión de no aceptar la propuesta de Díaz.

He estado estos días, desde el primer momento, tentado a escribir algo al respecto. Personalmente me dolió la actitud de Valderas. No se trata de un personaje cualquiera. Llegó a ser presidente del Parlamento de Andalucía entre 1994 y 1996, coordinador andaluz de IU entre 2000 y 2013, y vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de presidencia entre 2012 y 2015. En suma, un dirigente de primera línea y quien ha alcanzado el máximo nivel institucional en su comunidad.

No podemos olvidar en todo esto el papel que jugó la propia Díaz en la ruptura de pacto de gobierno entre el PDSOE e IU, allá por 2015. Fue cuando llegó a retirar, primero, las competencias de la consejera de Vivienda por un asunto en que la justicia acabó dando la razón a la consejera de IU. Cuando, a finales de año, denunció al propio Valderas por el viaje que tenía proyectado para visitar los campamentos de refugiados saharauis. Y, en fin, cuando acabó dinamitando el pacto de gobierno, eso sí, una vez que había conseguido el apoyo a los presupuestos y en los que se contemplaban el desarrollo de importantes medidas. La excusa, que no iba a permitir que una consulta interna de IU, convocada para mese después con el fin de evaluar el cumplimiento del acuerdo, pudiera condicionar su mandato.

Creyendo que eso iba a ser el fin de IU, pues sabía de la competencia que en ese momento suponía Podemos, lanzó el reto, para lo que convocó unas elecciones en 2016. Los resultados no fueron los deseados para casi ningún grupo: el PSOE fue el grupo más votado, pero sin mayoría para poder gobernar, lo que lo llevó a tener que pactar con Ciudadanos; el PP se quedó, una vez más, sin posibilidades de gobernar; Podemos no alcanzó las expectativas que esperaba en un principio, entre otras cosas porque IU mantuvo un nivel de representación modesto y digno, en gran medida fruto de una campaña electoral extraordinaria, con una entrega abnegada de su militancia y el reconocimiento de una parte de su electorado. 

Así las cosas, la señora Díaz, derrotada en su batalla interna por conseguir la secretaría general de su partido y después de haber dejado abandonada la gestión política en Andalucía, no ha tenido otra cosa que volver a atacar a IU. Ha buscado para ello a una persona, Valderas, que siempre se mostró más remiso a hacer frente a la ruptura del pacto de gobierno en Andalucía. Una jugada que me recordó en parte a la que en 2009 llevó a cabo el entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, cuando nombró a Rosa Aguilar consejera de Obras Públicas. 

IU no ha dejado de sufrir ataques duros desde las filas del PSOE. El último parece que ha fracasado. No sería bueno para Andalucía que IU desapareciese. Dispone de recursos políticos y humanos de primer orden. Tiene capacidad actuar por su propia iniciativa. Lo ha hecho en su mayor parte desde la oposición, pero cuando le ha correspondido gobernar, en los ayuntamientos principalmente y en el corto tiempo de gobierno andaluz, lo ha hecho con dignidad en la mayor parte de las ocasiones. Ha cometido errores, pero ha tenido capacidad para enmendarlos y me consta que en ello se ha implicado la militancia de una forma prácticamente permanente. 

Me he informado acerca de la respuesta de Maíllo ante la llamada de Díaz. Estoy seguro que la militancia en su mayoría la ha apoyado. Sé de su valía política y personal, como lo demostró ayer en el debate del Parlamento andaluz. ¡Qué diferencia existe entre la presidenta de la Junta y el coordinador de IU en Andalucía! La primera, salida de las entrañas de un aparato político, sin otro mérito y aprendizaje que no haya sido más que el saber medrar a base de arrimarse y codearse. El segundo, bregado en el trabajo diario de los estudios, la docencia y la lucha política en la calle.           

Las (más que) confusiones sobre feminismo y machismo

Es frecuente escuchar o leer eso de "no soy ni machista ni feminista". Y ayer volví a conocer otro caso. De una mujer, concejala en Barbate de un partido ya desparecido, el Partido Andalucista (PA), que fue útil en esta tierra hasta que la derecha pura y dura del PP acabó engullendo su electorado. Dicha concejala soltó la frase en pleno fragor de una polémica, suscitada por un compañero suyo, concejal de Cultura, que no tuvo otra ocurrencia que escribir en un tuit: "a unos les gusta chupar cámara y a otras chupar otras cosas, y encima cobrando". Las críticas le han llovido de todas las partes y no sólo en su municipio. Además, desde todos los grupos de oposición se ha pedido su dimisión y hasta la destitución por el alcalde. 

Pese a la frase, claramente desafortunada y cargada de la dosis misógina correspondiente, su grupo político ha cerrado filas en torno a él. Primero lo hizo el propio alcalde, que ha rechazado su destitución. Y la última, la concejala, nada menos, de Mujer y Educación, que ha soltado la frase antes aludida "no soy ni machista ni feminista", y que, además de quitar hierro a lo ocurrido, considera que las palabras del concejal de Cultura no suponen una agresión machista. 


Machismo y feminismo siguen siendo dos conceptos motivo, en determinados sectores, de relación antagónica. Se les sigue equiparando, en la medida que serían los dos extremos de un todo. Toda una declaración de ignorancia o, puede ser también, de mala fe. Ignorancia, porque no es cierto que tengan ninguna relación. Machismo es la forma más habitual y extendida de denominar lo que en realidad no es otra cosa que la manifestación ideológica del sistema patriarcal, esto es, el androcentrismo. Es la concreción de dominio de un género, el varón, para someter al otro, la mujer. Una concreción que se manifiesta en muchos aspectos y que es origen de tantas formas de violencia y, como el caso que nos ocupa, de comportamientos y el empleo de expresiones denigratorias hacia las mujeres.


El feminismo no es la antítesis del machismo. Lo sería el hembrismo, como manifestación del dominio de la mujer sobre el varón. Algo que puede ocurrir en situaciones concretas, siempre muy minoritarias, pero nunca como efecto de un sistema, porque no existe un sistema matriarcal ni, como consecuencia, un dominio de la mujer de sobre el varón.


El feminismo es una ideología, sí, pero también una movimiento, surgido principalmente en el siglo XIX y desarrollado a lo largo del XX que se planteó desde el primer momento un objetivo: la equiparación de derechos entre varones y mujeres. Algo que ha costado muchos sacrificios para conseguir conquistas en muchos países, al menos en cuanto a avances legislativos. Pero que sigue costando conseguirlo en muchos países, en muchas situaciones de la vida cotidiana y también en el avance en cuantos resortes normativos sean necesarios. Ser feminista no es exclusivo de las mujeres y menos de reducirlo a aquellas a las que se descalifica como histéricas y demás expresiones. El feminismo es algo que también corresponde a los varones.


Machismo, pues, no es la antítesis de feminismo. Porque el machismo es dominio patriarcal, con lo que supone de explotación, sumisión, violencia y denigración hacia las mujeres. El feminismo, por el contrario, es igualdad. Un anhelo humano que merece la pena mantenerlo para alcanzarlo en su plenitud.


(Imagen: mural de Panmela Castro) 

martes, 6 de junio de 2017

¡Ay, la Virgen, en qué lío se ha metido Podemos!

Una expresión en desuso cuando alguien reacciona con sorpresa por algo que ha ocurrido es la de "ay, la Virgen". Y es lo que se me ha venido a la cabeza en relación a la polémica abierta estos días con el voto favorable del grupo municipal de Podemos en el pleno del ayuntamiento de Cádiz para conceder a la Virgen del Rosario la medalla de la ciudad. Si atónito me quedé luego cuando leí o escuché -no me acuerdo cómo- los argumentos que después dio el alcalde, José María González "Kichi", más todavía me estoy quedando con el reguero de declaraciones de apoyo que ha recibido por parte de personas relevantes de su partido, léase, por orden de aparición, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez o Ramón Espinar. Por otra parte, las críticas lanzadas desde el seno de Podemos, del conjunto de la izquierda o de los grupos que defiende la laicidad no han sido pocas y menos, suaves. El propio Alberto Garzón dijo ayer algo parecido a que las medallas le gustan poco y menos que se concedan a "seres inanimados". 

Da la casualidad que las no pocas concesiones de medallas que durante el gobierno del PP se han hecho a las vírgenes, han sido motivo de crítica por la dirigencia de Podemos sobre la base de la no injerencia de la esfera religiosa en el mundo de los poderes públicos. Ahora, sin embargo, la han admitido, con argumentos poco consistentes como el número de firmantes de la petición, el carácter popular de la devoción, que no tienen que ver con la Iglesia Católica...

El error de Kichi y de quienes lo han apoyado no está en que cada cual pueda sentir la devoción sobre lo que quiera -faltaría más- o desee reconocer el significado de lo que la gente pueda sentir. El error está en pretender que una institución pública sitúe la esfera de lo religioso en su propio ámbito, no impidiendo estrictamente que todo lo relativo al mundo de las creencias quede fuera. ¡Ay, la Virgen, en qué lío se ha metido esta gente de Podemos! Y esta vez no porque se haya topado con la Iglesia.

domingo, 4 de junio de 2017

El siglo de la revolución, analizado por Josep Fontana

Hace algo más de dos décadas, entre 1993 y 1994, Eric Hobsbawm escribió un nuevo libro al que tituló Age of extremes. The short twentieth century. 1914-1991, si bien, en la edición española se tradujo como una Historia del Siglo XX. 1914-1991 (Barcelona, Crítica, 1995). Quiso definir al siglo que fenecía como "el siglo corto", al situarlo entre dos fechas, correspondientes a dos acontecimientos relevantes: el inicio de la Gran Guerra y la desaparición de la URSS. Recientemente Josep Fontana ha vuelto a escribir un nuevo libro, dando muestras de su prolífica actividad como historiador, esta vez con El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (Barcelona, Planeta, 2017).

Hobsbawm acababa el libro advirtiendo dos cosas: una, que lo que hubiera de venir no debería serlo "prolongando el pasado o el presente", y la otra, que, de construirse el nuevo siglo sobre las bases del XX, el precio del fracaso sería "la oscuridad". Se trataba de unas reflexiones puramente retóricas, dada la imprevisibilidad de lo que el futuro puede deparar, pero que, no obstante, conviene situar como la expresión de un historiador, también testigo activo de la época que había analizado, que quería dejar constancia de un deseo. Al fin y al cabo era el momento en que se habían iniciado las guerras en Yugoslavia, lo que quizás debería significar para él que, de seguir por ese camino, el futuro europeo no iba a ser nada halagüeño. De hecho su libro empezaba haciendo alusión a la visita a Sarajevo de François Mitterrand, por entonces presidente de Francia, precisamente el día, 28 de junio, en que un siglo antes había tenido lugar el célebre atentado que dio origen a la Gran Guerra. 

Fontana ha partido también de 1914 como el momento de inicio de un siglo y ha seguido, grosso modo, la misma línea de desarrollo del relato sobre grandes etapas: los decenios de las dos guerras mundiales, la gran crisis del capitalismo y, por supuesto, de la revolución rusa y la formación de la URSS; las tres décadas de crecimiento económico y pacto social en el mundo occidental desarrollado, de Guerra Fría y de la descolonización y aparición del Tercer Mundo; y los años de la crisis del capitalismo, la decadencia de la URSS, la revolución conservadora, la reactivación de la Guerra Fría y el desmoronamiento final del bloque socialista. 

Pero Fontana no se ha quedado donde lo hizo Hobsbawm, delimitando el final de "su siglo corto", sino que ha proseguido su relato en el cuarto de siglo siguiente en un doble sentido. Uno, quizás simbólico, haciéndolo coincidir con el centenario de la revolución rusa, que está presente en el título dada la trascendencia que tuvo en las décadas siguientes. Y el otro, no precisamente por capricho, teniendo en cuenta que lo que ha ocurrido desde 1991 ha sido (y está siendo) una continuación de la tercera de las grandes etapas del siglo XX, la que se inició en los años 70, con la crisis del petróleo de 1973 como principal referente, que acabó permitiendo la recuperación de mayor poder por parte de las clases dominantes, que coincidió con la crisis y desmoramiento del bloque socialista, y que en ningún caso ha dado lugar a una nueva época de paz, libertad y felicidad dentro del marco del modelo capitalista, tal como vaticinaban ideólogos como Francis Fukuyama (sobre quien basó su libro La historia después del fin de la historia. Reflexiones acerca de la situación de la ciencia histórica. Barcelona, Crítica, 1992) y el numeroso coro de voceros que lo aireaban.

Para mí la cuarta parte es la que me resulta más interesante, en la medida que lo que hace es analizar nuestro tiempo, el que estamos viviendo, pero entroncándolo directamente con la tercera de las etapas. Es algo que Fontana ya planteó y desarrolló en una obra anterior, Por bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945 (Barcelona, Pasado & Presente, 2011), y sobre lo cual vuelve a incidir.  

Para él lo que vino después de 1991 no ha dejado de ser una continuación de los planteamientos que se hicieron en los años 70, que se empezaron a poner en práctica casi de inmediato y que acabaron inundando las decisiones políticas de los 80 y los 90. La contrarrevolución conservadora de los 80 no fue otra cosa que el comienzo de la etapa del neoliberalismo capitalista, que sigue aún en nuestros días en su camino de desmantelamiento de las conquistas sociales extendidas en las décadas siguientes a la 1945. A su vez, el triunfo de Occidente, con la superpotencia imperial de EEUU al frente, no ha supuesto la llegada de ese mundo mejor pregonado, sino todo lo contrario, con una nueva proliferación de guerras y situaciones de violencia.

Fontana resalta que ya a principios de los 70 empezaron a surgir planteamientos dentro del sistema capitalista de ponían en duda que el crecimiento económico pudiera ser ilimitado, como se hizo, por ejemplo, desde el Club de Roma. La crisis del petróleo puso a prueba al sistema, al incidir sobre una de las bases de ese crecimiento. No se olvida de señalar a la presidencia de Jimmy Carter como el momento en que empezó el resquebrajamiento del pacto social creado tres décadas antes: el rechazo a la formación de una oficina de representación de consumidores y, sobre todo, a la aprobación de una ley de reforma del trabajo (p. 427 y ss.), que ambos casos supuso la intromisión directa del empresariado en el mundo de las decisiones políticas. Fue el inicio de la gran divergencia, como Paul Krugman denominó al nuevo paradigma social, en el que la gente rica recuperó su protagonismo sin complejos para acaparar aún más, a la vez que se fue empobreciendo a amplios sectores de población de los países más desarrollados y se siguió condenando a la miseria a miles de millones de personas. 

La presidencia de Carter, pues, como antecesora, aunque fuera en pequeño, de lo que los gobiernos de Thatcher, en el Reino Unido, y Ronald Reagan, en EEUU, expandieron a lo largo de la década de los 80, dentro de la denominada como contrarrevolución conservadora.       

El análisis que hace Fontana de los últimos 25 años parte de esos cambios previos, desentrañando que lo habido ha tenido poco de logros en todos los campos y mucho de regresiones, todo ello teñido de más pobreza, más desigualdades, más violencia, menos democracia y menos derechos humanos. Un cuarto de siglo que ha conocido otra crisis profunda, la de 2007-2008, que ha acelerado el ritmo en el proceso iniciado años atrás.

Hobsbawm y Fontana son dos historiadores con importantes nexos comunes: el haber militado durante algún tiempo en el partido comunista de sus países respectivos; su pertenencia al campo del marxismo como tendencia historiográfica; el dar a lo político en la investigación histórica una dimensión no menos importante que lo económico; y el haber formado parte de esa convicción que entiende la evolución humana como un proceso de progreso hacia la libertad y al igualdad, pregonado desde la revolución francesa y continuado por las internacionales obreras. 

El historiador británico nos dejó escritas en sus memorias Años interesantes. Una vida en el siglo XX (Barcelona, Crítica, 2002) estas palabras, que son con las que acaba el libro: "Pero no abandonemos las armas, ni siquiera en los momentos más difíciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y combatida. El mundo no mejorará por sí solo" (p. 379). El historiador catalán, por su parte, resalta en el libro que nos ocupa su intención de recuperar la política, pues a partir de ella "se puede aspirar a recuperar una dinámica que vuelva a hacer posibles los avances en la conquista de la libertad y la igualdad". 

jueves, 1 de junio de 2017

La Fundación Salvador Seguí hace un balance del Congreso "Las otras protagonistas de la Transición"

La Fundación Salvador Seguí, vinculada al sindicato CGT, ha publicado dos números donde ofrece una información muy interesante sobre el Congreso de Historia "Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales", celebrado en Madrid los pasados 24 y 25 de febrero. Como grupo que ha organizado el evento, junto con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid y la International Oral History Association, su valoración resulta de gran importancia. 

En el mes de marzo le dedicó un número especial del Boletín de Novedades, en el que se hacía una descripción de distintos aspectos relacionados con la organización y el transcurso del Congreso. Recientemente en el Editorial del número 19, correspondiente a los meses de mayo y junio, se ofrece una información más pormenorizada de diversos aspectos cuantitativos, en cuanto al número de participantes, comunicaciones, mesas, procedencia geográfica, etc.; pero, sobre todo, de su contenido, del que se hace un tratamiento pormenorizado de sus diversos aspectos.  A lo largo de las siguientes líneas voy a hacer un resumen de las principales conclusiones que se presentan. 

En primer lugar se remarca el objetivo principal del Congreso, que ha sido el de "contribuir a un relato sobre la transición española que incorpore y calibre la contribución de la movilización social a los procesos políticos desencadenados tras la muerte de Franco". Se aclara a continuación el doble sentido que se le da al término radical, que remite tanto a "una postura fundada en principios y contraria a los acuerdos consensuados por los principales partidos políticos" reformistas, como por el efecto contrario que ha generado el peso adquirido por quienes asumen "que el tránsito a la democracia fue un efecto del acuerdo voluntario entre fuerzas mayoritarias moderadas y conciliadoras". Todo esto conlleva poner en un primer plano las luchas populares tradicionales (obreras y campesinas), el inicio de nuevos movimientos socio-políticos (feminismo, ecologismo, antimilitarismo...) y las experiencias y expresiones culturales organizadas.

Entre los logros del Congreso se destaca, en primer lugar y como más importante, "la actitud de los asistentes ante el intercambio crítico de opiniones desde el respeto a  la discrepancia y al diálogo como bien común por encima de intereses personales". Así mismo, se resaltan el haber perfilado "un campo de investigación histórica y reflexión memorialista de importantes posibilidades para el futuro"; y la reivindicación de la esfera pública como "un espacio cultural que, aunque procedente del pasado, apela a la conciencia ciudadana crítica en el presente".

A lo largo de dos días las mesas en que se trataron los distintos temas acogieron, abriendo metafóricamente sus fronteras separadoras, una interrelación entre el conocimiento reglado propiamente académico y las aportaciones de los recuerdos personales. La historia y la memoria lo que consiguen es "dignificar el conocimiento que procede de la experiencia". De esta manera, ha resultado pionera la transferencia intergeneracional entre quienes fueron testigos de las experiencias vividas hace años y quienes en la actualidad tienen cualquier tipo de interés por conocer más desde el campo de los estudios universitarios, el de la investigación histórica o el de la propia ciudadanía. 

El campo de análisis que se ha abierto no deja de ser complejo y diverso a la vez. Dos rasgos que, como se dice, pertenecen a la consustancialidad del universo de la izquierda radical y las movilizaciones que se dieron durante esos años. Eso conlleva una mayor "sensibilidad hacia un mundo entero de subalternidades", cuyas identidades en muchos casos permanecen ocultas o invisibilizadas, y en otros aún no se han identificado.    

En la relación entre el pasado y el presente se resalta, per se, su diferencia e intercambiabilidad. Lo que no es óbice para que desde la historia y la memoria podemos acercarnos a conocer mejor el pasado e incluso también el presente.

El tratamiento del género ha estado presente (incluso ha tenido un correlato en la propia denominación del Congreso, en el que se sustituyó en lo gramatical el masculino inicial "los otros" por el femenino definitivo "las otras"). Ha habido mesas donde las mujeres han sido el tema específico y tampoco ha faltado el tratamiento transversal. Aun con eso, se destacan desequilibrios tanto en los temas tratados como en lo enfoques.

Acerca de las ideologías y las identidades políticas se resalta el intento por trascender los marcos metodológicos basados en la ideología de las distintas organizaciones. Esto ha supuesto el haber completado dichos marcos con la incorporación de "los referentes de identidad de los militantes y activistas, normalmente menos definidos y coherentes que los dogmas ideológicos, y que acercan a cuestiones como los valores y las emociones, así como a la dimensión utópica". 

Se defiende que las contradicciones entre el discurso y la praxis, muy presentes a la hora de de extraer conclusiones sobre lo ocurrido, deben seguir siendo motivo de análisis. Pero evitando reducirlas a consideraciones morales o justificadoras, para llevarlas a un terreno de análisis desde lo teórico, los ejemplos y las comparaciones. Se dice, así, que "la debilidad de la izquierda radical ha podido deberse menos a contar con cuadros y simpatizantes más bien escasos, y más a cuestiones de su organización y coordinación". 

De gran importancia es la valoración que se hace acerca de las expectativas suscitadas por los distintos grupos de la izquierda radical y los logros conseguidos. Se hace una crítica explícita a la tendencia a concluir los relatos con expresiones como luchas perdidas, derrota o no consecución de los objetivos. En este sentido se plantean dos campos abiertos a tener en cuenta: por un lado, la evaluación de la "influencia indirecta que pudo tener el protagonismo de la izquierda radical en muchas de las luchas políticas de la transición"; y por otro, la distinción "entre las derrotas en los objetivos y a corto plazo, y el éxito en mantener activas prácticas colectivas que han podido contribuir a tradiciones en los repertorios de protesta, en la continuidad de identidades activistas y en pautas de memoria que se trasmiten entre generaciones". Para incidir en esos dos campos resultan muy importantes los testimonios de la militancia tanto partidista como social, confiriendo "al activismo militante un valor en sí en la construcción de identidades colectivas que han funcionado desde entonces como baluartes morales frente a la corrupción de la democracia posfranquista".

Y para finalizar, dentro de la propuesta para continuar el camino abierto a través de futuros encuentros, no faltado hacer una mención al "componente de anticipación de luchas del presente que se dio en aquel contexto".