miércoles, 29 de febrero de 2012

La nueva mentira de Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid y la persona más representativa del sector liberal del PP, nos regaló el otro día unas declaraciones en las que, para quien no conozca su trayectoria, podía dara la impresión de haber sido una vieja luchadora demócrata contra la dictadura. La de Franco. Resulta que se soltó eso de que con las medidas que acaba de tomar el gobierno se pone fin a la "legislación laboral franquista".

Sabido es que uno de los pilares de los regímenes fascistas, incluido el español, fue la creación de un marco laboral cuyos ingredientes eran un batiburrillo de declaraciones entre pomposas, demagógicas y contradictorias, tales como la conciliación de clases, la intervención del estado y el principio de autoridad de la empresa, a la vez que se prohibía el derecho de huelga o los sindicatos independientes. Éstos eran sustituidos por organizaciones controladas por el estado (caso del DAP o Frente Alemán del Trabajo) o los sindicatos verticales italianos y españoles, donde convivían el capital y la mano de obra. La Carta del Trabajo mussoliana de 1927 fue el modelo que se siguió después, en 1934, en Alemania con Ley de Ordenamiento del Trabajo Nacional, y en España con el Fuero del Trabajo de 1938, que en los primeros años se desarrollará en la Ley de Reglamentaciones del Trabajo de 1942 o la Ley de Contratos de Trabajo de 1944.


Durante estos años en el país convivieron un marco laboral rígido y una dura represión que atenazó a la mano de obra. Cuando el descontento empezó a dejarse sentir, en 1956 se aprobó por decreto la libertad de las empresas para establecer condiciones laborales que superasen las mínimas fijadas por el estado, lo que culminó en 1958 en la Ley de Convenios Colectivos, inspirada en las orientaciones de la OIT, que no dejaba de ser una de las condiciones dentro de la nueva etapa, obligada por necesidad, que inauguraba el régimen: la apertura a las instituciones económicas internacionales, paso previo para la llegada de capital y el turismo del exterior.


Salvo algunas pequeñas modificaciones más en los años siguientes o las conquistas sociales que mediante costosas y heroicas huelgas alcanzaron trabajadores y trabajadoras, fue tras la muerte de Franco cuando se produjeron cambios legales relevantes. Primero, en pleno proceso de Transición, con la legalización de los sindicatos y el reconocimiento del derecho de huelga en 1977; luego, con la consagración de derechos fijada en la Constitución de 1978; después con el Estatuto de los Trabajadores de 1980, la Ley Básica de Empleo de 1981 y diversos acuerdos entre el gobierno, la CEOE y los sindicatos, como el Acuerdo Marco Interconfederal de 1979 (UGT y CEOE), el Acuerdo Nacional de Empleo de 1980 (UGT, CCOO, CEOE, gobierno)... Independientemente de la singularidad de cada norma o acuerdo, donde se intentaba conjugar el control salarial con la adquisición de derechos, lo cierto es que se lograron importantes avances en las condiciones laborales (jornada laboral, vacaciones, maternidad...), las prestaciones por desempleo y los derechos sindicales.


A las mejoras de las condiciones laborales y de las prestaciones de desempleo le siguieron durante los gobiernos del PSOE, con Felipe González, y el PP, con José Mª Aznar, medidas restrictivas sobre determinados aspectos, lo que derivó en las consiguientes convocatorias de huelgas generales en 1985 (pensiones), 1988 (salarios), 1992 (desempleo), 1994 (contratos-basura) y 2002 (desempleo). Las reformas de 2010, hechas por el gobierno de Zapatero, y la reciente de 2012, por Rajoy, son más vueltas de tuerca a un proceso que no ha hecho sino erosionar las conquistas conseguidas desde 1977.


No es cierto que la legislación actual derive de los tiempos de Franco. Todo lo contrario. Lo que sí es cierto es que las últimas medidas del gobierno del PP suponen un claro golpe, el más duro, sin duda, a las conquistas conseguidas. Afectan, simultáneamente, a los derechos laborales, a las prestaciones por desempleo y a los derechos sindicales, que, unidos a las medidas ya introducidas por el PSOE, en especial las referidas a las pensiones, nos han puesto en otros tiempos, más parecidos, eso sí, a los de Franco.

martes, 28 de febrero de 2012

La dignidad de un anciano llamado Theodorakis

Mikis Theodorakis tiene 87 años. Su música ha recorrido todos todos los países del mundo, dejando en cada rincón un trozo del alma helena. Bandas sonoras de películas, ballets, sinfonías, piezas de cámara y canciones han dado forma a un repertorio rico y variado, hasta ponerlo en una de las cimas de la música del siglo XX. Muy de joven se vinculó a la lucha antifascista, primero contra el ocupante italiano y luego contra el alemán. También participó en la guerra civil que se libró en su país desde 1945, con la potencia británica como gendarme. No le faltó coraje para enfrentarse a la dictadura de los coroneles que se inició en 1967. Encarcelado, en 1970 fue expulsado de su país. Militante comunista, ha estado en la defensa de cuantas causas han sido necesarias para defender a su pueblo. Pese a su edad, no falta a las manifestaciones que se convocan contra los saqueadores de su país. Los gases lacrimógenos no le asustan. 


Días pasados lanzó un mensaje a todo el mundo, con el titulo La verdad sobre Grecia, que merece la pena leerlo. No tiene desperdicio. Señala a quienes han causado la ruina de su país: "Las grandes heridas de nuestra economía fueron el excesivo gasto militar y la corrupción de una parte del mundo político, financiero y de los medios. Pero también son responsables algunos países extranjeros, entre ellos Alemania, Francia, Inglaterra y USA, que ganaron miles de millones de euros a costa de nuestra riqueza nacional vendiéndonos año tras año equipamiento militar". Si en 1986, con Papandreu padre, un préstamo de un millón de euros se acabó de devolver en 54 millones 24 años después, la  deuda acumulada por los sucesivos gobiernos en los últimos años se convirtió en "300 billones de euros, un 130% del Producto Nacional Bruto". 


La situación de Grecia no puede ser más dramática en cuanto a aumento del paro y la pobreza, o la bajada del nivel de vida y el bienestar general. Son las consecuencias de los planes de ajuste impuestos por la troika formada por el FMI, el Banco Central Europeo y las autoridades de la Unión Europea, y que el gobierno de tecnócratas presidido por Papadimos y formado por varios partidos de derecha y el PASOK aplica sumisamente. Los resultados los resume así Theodorakis: "El Memorándum [de 2011] regala a los extranjeros nuestra independencia nacional y la propiedad de la nación, es decir, nuestros puertos, aeropuertos, carreteras, electricidad, agua, todos los recursos naturales (subterráneos y submarinos), etc. A éstos hay que añadir nuestros monumentos históricos, como la Acrópolis, Delfos, Olimpia, Epidauro y otros, ya que hemos decidido no hacer valer nuestros derechos". 


Grecia es la más pura expresión del criminal latrocinio de quienes mandan en el mundo actuando en el seno del mundo rico. Theodorokais, ya anciano, una muestra preclara de la dignidad humana.


Un sueño de hace 32 años

28 de febrero, Día de Andalucía. 32 años atrás tuvo lugar el referéndum que abrió las puertas de la autonomía a esta tierra. Fue una tarea difícil, por lo complicado del procedimiento constitucional y por la postura contraria que tomó el gobierno, entonces presidido por Suárez y formado por la UCD. Este partido y AP, la antecesora del actual PP, lo tenían claro. En UCD, porque no querían que Andalucía tomara el camino de un autogobierno similar al de Cataluña, País Vasco y Galicia. Los militares acechaban. En AP, porque simplemente no querían “eso de las autonomías”, habiendo votado en contra del Título VIII de la Constitución por aquello de que se rompía España. Viejo discurso que nos costó una guerra. Astuta fue la apuesta del PSOE, que jugó fuerte, abriendo dos años después una sucesión ininterrumpida de gobiernos. Aunque ello conllevara obstáculos o frenazos por parte de los González y Guerra que acabaron con la dimisión de Escudero en 1984, la salida de Rodríguez de la Borbolla en 1990 o el ninguneo a Chaves en 1995. Miserias aparte, lo cierto es que en 1980 se hizo realidad un sueño colectivo. La ilusión de mucha gente alumbró una esperanza. Ahora, en dos meses tenemos unas nuevas elecciones. Se asoman más que nubarrones. Ojalá que escampe. 
      

Un periódico (en papel) menos

El domingo ya no salió a la calle la edición en papel del diario Público. Se mantiene, no obstante, la edición digital. Curiosidades de la vida, ha ocurrido casi un año después que otro periódico, La voz de la calle, apenas pudiera salir excepto la edición digital en pruebas que funcionó durante unas semanas. Se trata en los dos casos de periódicos que se pueden situar dentro del campo de la izquierda. La voz de la calle fue auspiciado por Teodulfo Lagunero, que estuvo muy vinculado desde muchos años atrás al PCE, en especial cuando lo dirigía Santiago Carrillo. En su intento consiguió que su consejo editorial lo formase gente relevante del mundo de la cultura (Carlos Berzosa, Pilar del Río, Carlos Taibo, Manuela Carmena, Federico Mayor Zaragoza...). Pero le salió mal, porque, ante todo, le faltó dinero.


Algo parecido le ha pasado a Público, impulsado por Jaume Roures, también millonario, confeso de izquierdas, trotskista en su juventud y vinculado al entorno político de Zapatero. Éste, desde el gobierno, buscó un grupo mediático que le echase una mano, en parte como contrapeso a El País, que tan poco lo quiso al principio. Fue así como entró en escena el grupo Mediapro, dirigido por Roures, dedicado hasta entonces a la producción y distribución de vídeos y películas, y la elaboración de programas de televisión que luego vendía a otras cadenas. El gran salto lo dio cuando Mediapro y Globovisión se unieron, expandiendo aún más sus actividades y creando el canal de televisión La Sexta. Fue una apuesta fuerte, pero basada en un grupo empresarial solvente y un gobierno deseoso de tener a su servicio un medio de comunicación. La Sexta empezó a funcionar a partir de 2006, convirtiéndose pronto en un referente de los eventos deportivos, sobre todo en el fútbol y el automovilismo. Desde 2009 la cosa se completó con el canal de pago GolTV. Pero no me voy a extender más a los intríngulis de todo este entramado, del que podemos saber más a través de las cosas que nos cuenta tan bien  Pascual Serrano en su libro Traficantes de información (Madrid, Foca, 2010).


Ahora prefiero centrarme en Público. El periódico fue, al parecer, un apuesta personal del propio Roures. Depende de la empresa Mediapubli, que es suya y de algún amigo más, pero es formalmente independiente. Siendo yo un acólito de la prensa digital, rastreador a diario de varios medios de comunicación de todas las tendencias, Público es para mí, junto con Rebelión, uno de los referentes principales de los medios de izquierda. Soy asiduo lector de la edición digital y sólo ocasionalmente de la de papel por aquello de alguna de las colecciones de libros que ha ido ofreciendo. Un referente del que siempre he tenido claro sus contenidos contradictorios. Así, frente al escoramiento hacia el pesoe zapateril o las fuertes críticas que vierte hacia los gobiernos de Cuba y Venezuela, ofrece articulistas de gran solvencia intelectual y política del nivel de Juan Carlos Monedero, Isaac Rosa, Luis García Montero o Juan Carlos Escudier, amén de información interesante que ayuda a completar el panorama sombrío que en general pulula por el mundo de los medios de comunicación.


Público anunció hace unas semanas un concurso de acreedores para ver si podía reflotar la cosa a través de un "mirlo blanco" (Serrano dixit), habiendo contando durante un tiempo con una posición heroica de quienes trabajaban hasta que el sábado pasado dijeron "basta". Sólo la edición digital, que tiene una audiencia millonaria, se ha mantenido. La voz de la calle también estuvo esperando su "mirlo blanco", aunque en su caso sin que apenas fuera capaz de mover sus alas. Intentando dar una explicación a lo que está ocurriendo, se ha quejado el propio Pascual Serrano en el artículo ¿Quién cerró Público?, publicado el domingo en Rebelión, que existe una falta de compromiso entre la gente de izquierda  a la hora de apoyar a los medios de comunicación afines para que puedan subsistir al margen de apoyos financieros externos. Para ello pone los ejemplos de periódicos o revistas como Le Monde DiplomatiqueIl ManifestoEl Viejo Topo o Diagonal.


Tiene razón, aunque conviene matizar. La gente de izquierda es muy diversa. Desde siempre lo ha sido y quizás más en este país, por aquello de la triple tradición (anarquista, socialista y comunista), las ramificaciones entre ellas, las variables nacionalistas (Cataluña, País Vasco, Galicia...) y los aderezos de los nuevos movimientos, en especial el ecologista. También entre la gente de izquierda se mantienen inercias a la hora de tener como referentes a determinados medios. Recuerdo, cuando joven, del nacimiento de Liberación, que acabó pronto y mal. Había gente, que se decía muy de izquierdas, a quien no le ofrecía garantías, aunque sí se las daba El País. Este periódico sigue aún hoy en día dándoselas a mucha gente que se dice muy de izquierdas.


En la actualidad el mundo de la información ha cambiado mucho. Internet está siendo la clave principal. A través de la red se puede acceder a una mayor y más variada información, si bien es cierto que cada cual lo hace a su manera. Uno de los rasgos es la gratuidad. Comprendo la preocupación de quienes tienen su profesión en el periodismo, que quieren, como es lógico, poder vivir de ello. La gratuidad lo dificulta, sobre todo si se quiere trabajar en un medio que no esté subordinado a los intereses de las grandes corporaciones. De aquí parte la crítica de Serrano, que pide ese mayor compromiso de la gente, aun cuando tenga que pagar por la prensa digital. Creo, por mi parte, que todo es compatible.        

viernes, 17 de febrero de 2012

Leña contra la educación

Resulta que los recortes en servicios básicos, como la educación, se está convirtiendo en una de las prioridades de los gobiernos autónomos, en su mayoría en manos del PP. El de Valencia, por supuesto, uno de ellos. Quienes trabajan o estudian en los centros públicos están sufriendo, entre otras cosas, el frío riguroso que tenemos porque no hay dinero para la calefacción. Resulta lógico que se proteste, pero eso a las autoridades, del PP, por supuesto, parece que no les gusta. Resulta que el ayer el estudiantado y el profesorado del instituto Luis Vives de Valencia salió a la calle a dejar constancia de lo que está ocurriendo y, como en los viejos tiempos, la policía se ha dedicado a dar leña. Y a detener a gente. Y no de broma, ¿eh? Las imágenes cantan.

martes, 14 de febrero de 2012

Un aeropuerto que no sirve ni para que giren los aviones

Informa hoy El País de la demolición parcial del aeropuerto de Castellón como consecuencia de un error de cálculo en el lugar donde los aviones deberían dar el giro cuanndo aterrizan. Algo que, al parecer, se ocultó cuando se inauguró hace once meses a bombo y platillo por Francisco Camps, entonces presidente de la Generalitat valenciana, y Carlos Fabra, presidente de la Diputación Provincial. Un incidente más a añadir al despropósito que iniciaron hace años y culminó con una inauguración sin que tuviera el permiso oficial para ponerse en funcionamiento y, como consencuencia, sin que se haya podido estrenar todavía. Un derroche muy caro que costó, que sepamos, más de 150 millones de euros (más de 25.000 millones de las antiguas pesetas). Que tiene como añadido una escultura colosal (por sus dimensiones: 24 metros de altura y 20 tolenadas de peso), por no decir que horrorosa, cuyo precio, según dicen, es de 300.000 euros (50 millones de pelas). Su autor, Juan Ripollés, ha dicho que se trata de "una figura a la que le saldrá de la cabeza un avión; ése es el germen y el esperma del nacimiento de la obra", que está dedicada al ínclito señor Fabra. El mismo que en un baño de multitudes ñoñas y alienadas invitaba a la gente a pasear por sus pistas mientras llegaban los aviones, pero que no ha tenido empacho en impedir a toda costa las protestas de quienes han ido a protestar por semejante atropello. Un muestra, como tantas más, de la idea que tiene el PP de lo que es la administración de los dineros públicos. ¡Cuánto ridículo, cuánta horterada y, ante todo, cuánta corrupción!
    

domingo, 12 de febrero de 2012

Más reforma laboral, pero como si nada

Según una encuesta de El País, publicada en la edición digital de hoy, el 66% se mostrado favorable a la afirmación "el país necesita con urgencia una reforma laboral profunda", mientras que el 29% lo rechaza. Ayer me referí a la ola conservadora en que vivimos que se está expresando en la orientación del voto y en la reacción social ante las medidas que desde 2010 se están tomando. Primero, por el gobierno del PSOE, y ahora por el del PP, que, como ya advirtió la vicepresidenta en enero, era "sólo el principio". Lo que el viernes aprobaron supone varias vueltas de tuerca más. Lamentablemente la desesperación de mucha gente, sobre todo si el paro le afecta directamente o en su entorno familiar, lleva a preferir trabajar a cualquier precio. Hay quienes, por otro lado, creen que los que se está haciendo son medidas racionales que van a estimular la economía. Piensan dentro de los cánones de la ideología neoliberal de que falta más libertad económica y sobra regulación tanto del estado como de los sindicatos. 

Las últimas medidas del gobierno no dejan lugar a dudas sobre su carácter y sus intenciones. En cierta medida son más de lo mismo. Es decir, abaratamiento del despido, mayor facilidad para hacerlo, reducción de salarios, bonificaciones a las empresas... Pero no sólo. Tienen una mayor intensidad, pero, ante todo, afecta a uno de los pilares del modelo de relaciones laborales extendido desde 1945: el de la negociación colectiva. Esto supone dejar vacíos los acuerdos laborales que trascienden el marco de cada empresa. Es una medida de profundo calado que afecta, aparentemente, sólo a los sindicatos. Resalto entre comas lo de aparentemente, porque parece como si los sindicatos fueran entes extraños al cuerpo social que representan.

Vayámonos al pasado no muy lejano. La llegada al gobierno de Margaret Thatcher en 1979 y Ronald Reagan en 1980 dio lugar, entre tantas otras cosas, a un ataque frontal, sin precedentes, contra los sindicatos hasta destruirlos de hecho. Fue especialmente duro en el Reino Unido, donde gozaban de una gran implantación e influencia. También lo fue cualitativamente en EEUU. Porque el resultado fue eliminar de cuajo a un instrumento de organización y de presión que permitió una sustancial mejora de las condiciones de vida de las personas asalariadas. De la clase obrera ante todo, porque fue estuvo en el corazón de su creación y desarrollo desde el siglo XIX, pero también de otros sectores sociales. 

Los sindicatos jugaron un papel importante en la conformación del modelo social creado desde 1945 en los países occidentales que dio lugar a lo que se denominó estado de bienestar. Fue la puesta en práctica de las tesis de Keynes, de ahí que se hablara del modelo keynesiano. Al acceso a derechos antes no reconocidos, como la sanidad, la educación o la seguridad social, se unió un nivel de salarios que estimuló el consumo general de la mayoría de la población a unos niveles inauditos. Se basó en un contrato social donde existía un equilibrio entre los beneficios y el pago de elevados impuestos por las empresas, y la elevada productividad de la mano de obra. No obstante, conviene no caer en la mitificación del modelo, pues tuvo otros tres ingredientes básicos: uno, el recuerdo de la profunda crisis de los años treinta, que acabó en la guerra mundial, lo que  abrió el camino a la intervención estatal; otro, el bajo precio de los materias primas y los recursos energéticos, con la consiguiente explotación de los países del Tercer Mundo; y, por último, la existencia de un campo antagónico con el que rivalizaba y que, aun con niveles de renta inferiores, estaba ofreciendo a sus poblaciones pleno empleo y derechos sociales.

La conocida crisis del petróleo de 1973 abrió las puertas a diferentes vías para resolverla, pero sobre todo sacó del armario viejas recetas del pasado, pasadas, eso sí, por el tamiz de los nuevos tiempos. Las recetas liberales defendidas por economistas como Schumpeter, Hayek o Friedman fueron dando cuerpo a programas económicos que acabaron conformando lo que se ha venido a denominar como neoliberalismo. Esto supuso de entrada menos estado y más iniciativa privada. Con ello, menos impuestos para las empresas y las rentas más altas, y menores trabas para las empresas a la hora de contratar, pagar y despedir. Ahí entró la destrucción de los sindicatos. O, como ocurrió en los países del Cono Sur americano, manu militari, mediante feroces dictaduras. No faltó la privatización total o parcial de los servicios sociales básicos, como la salud, la educación o las pensiones. Tampoco la deslocalización de las empresas, que en muchos casos fueron trasladándose a países donde los costes de producción -léase salarios, derechos sociales e impuestos- eran menores. El cierre de empresas productivas se palió con contrataciones más baratas. El resultado, menos salarios y más horas de trabajo. 

Y como principal novedad, hacer de la especulación financiera la base principal del nuevo sistema. En lo que hoy se denomina financiarización, el dominio del capital financiero sobre el productivo no es sólo abrumador, sino que ha invadido todos los ámbitos de la sociedad y la vida de las personas. La compra de viviendas, la contratación de seguros de todo tipo, la inversión de los ahorros, la refinanciación de propiedades, los derivados financieros…, todo se ha visto sometido a un juego financiero controlado por bolsas, bancos, inmobiliarias y empresas de seguros. A la desregulación laboral se le unió la financiera. Se eliminaron lo que llamaban trabas legales, que calificaban de burocráticas, para facilitar la fluidez de los capitales, cuyo tráfico se extendió e intensificó por todo el mundo. Se multiplicaron, así, los paraísos fiscales. Aumentó el poder de los bancos centrales, independientes del poder político y sin control ciudadano.

Se prometió felicidad y se creó la ilusión de poder alcanzarla entre quienes todavía no la habían conseguido. Margaret Thatcher lo llamó capitalismo popular, porque creó la idea y el sueño de que todo el mundo podía ser propietario. De lo que fuera: vivienda, acciones, cuentas corrientes... La fiebre especuladora aumentó muchos patrimonios familiares y su consumo de bienes y servicio. En algunos casos, espectacularmente. La gente rica se hizo más rica. Las clases medias aumentaron en número. Eran, o así lo creyeron, la mayoría, con unas perspectivas de vida suficientes para mantener la ilusión. Si no se tenía dinero, no importaba, porque el dinero fluía rápido y barato en forma de préstamos de todo tipo. Mientras los salarios fueron disminuyendo, ese aumento del consumo se palió mediante el endeudamiento. Donde se fue más lejos, como EEUU -o el laboratorio neoliberal de Chile- se privatizó casi todo. La gente acabó hipotecada por su vivienda, pagando un seguro médico, abriendo una cuenta de ahorro o pidiendo un préstamo para los estudios universitarios, pagando un plan de jubilación, pidiendo  préstamos para los coches o los viejes… Tantas cosas que acabaron convirtiéndose en una trampa para la mayoría. Para la clase media, como gusta decir y creerse en EEUU. La misma que, ganando menos y endeudándose más, tuvo que trabajar más horas a la semana, perder días vacaciones, derechos laborales... La misma gente que en Europa occidental, más protegida todavía, ve mermada poco a poco sus derechos, tiene que soportar nuevas formas de contratación (temporales, por horas…) o ve cóomo se reducen los salarios reales.

Lo que estalló hace cinco años ya lo sabemos. La burbuja financiera ha estallado y se está llevando por encima a los sectores sociales más vulnerables. El paro, los desahucios, la pérdida de ahorros, la mendicidad o el aumento espectacular de los comedores públicos, cuando no de la miseria, es lo más llamativo. Algo vemos por las calles y la televisión. Para mucha gente, por su culpa, porque, se dice, no supieron medir lo que pedían prestado, por inútiles... La misma reacción de siempre. Pura insolidaridad y, sobre todo, pura ceguera. Sabemos más de quienes se han enriquecido desmesuradamente estos años y lo que siguen haciendo aun en tiempos de crisis. De quienes  siguen recibiendo sueldazos, beneficios, indemninaciones, bonus y demás prebendas. Son quienes tienen la responsabilidad. Se trata de los gestores políticos y financieros instalados en los gobiernos, los parlamentos, las instituciones económicas internacionales, los bancos centrales o las grandes empresas. De quienes gobiernan y votan en los parlamentos medidas contra la gente. De quienes actúan a su sombra. Es la gente culpable de todo lo este desaguisado.

Pero como si nada.

Romeo y Julieta: una lectura materialista del mito del amor romántico

La obra Romeo y Julieta escrita por William Shakespeare está enmarcada en una tradición de historias que viene de la Antigüedad clásica con mitos como los de Píramo y Tisbe, y Hero y Leandro que Ovidio reflejó, respectivamente, en sus Metamorfosis y Heroidas. En la tradición medieval germánica surgió la historia de Tristán e Isolda, que en el siglo XIX Wagner inmortalizó en una de sus óperas más famosas, y hasta la  propia historia de Romeo y Julieta hinca sus raíces en la literatura italiana de esa época, de manera que a lo largo de los siglos varios autores fueron aportando elementos que después acabaron fundiéndose en la historia que Shakespeare elevó a una categoría de dimensión universal. Así, a principios del siglo XIV Dante ya se refirió en la Divina Comedia, en el Canto VI del “Purgatorio”, a las disputas entre montescos y capuletos. En el XV Masuccio de Salerna, dentro de su colección Il Novellino, escribió un cuento con la historia de Mariotto y Giannozza, en el que aparece un monje con una pócima para fingir la muerte de la amada. En el siglo siguiente Luigi da Porto, autor de Historia novellamente ritrovata di due nobili amanti, sitúa como protagonistas de su novela a Giulietta y Romeo, siendo finalmente Mateo Bandello quien acabó inspirando la historia de la celebérrima pareja de amantes de Verona a través de la traducción que el inglés Arthur Brooke hizo de su obra con el título The Tragical Historie of Romeus and Juliet.

En la literatura española se encuentran varias historias de amores con final trágico. Entre las más conocidas están la de los amantes de Teruel, que, aprovechando una leyenda medieval, fue tratada en el siglo XVI por el valenciano Andrés Rey de Artieda, en el XVII por Tirso de Molina y Juan Pérez de Montalbán, y en el XIX por Juan Eugenio Hartzenbusch. Y cómo no nombrar a la obra escrita a finales del siglo XV por Fernando de Rojas, la Tragicomedia de Calisto y Melibea, más conocida como La Celestina.

¿Qué hay detrás de la historia de Romeo y Julieta, si es que tiene que haber algo más allá de una historia de amor al uso? Voy a intentar trazar unas líneas de recorrido y posibles paralelismos en tres de estas historias: la de Romeo y Julieta, la de Isabel de Segura y Juan de Marcilla, y la de Calisto y Melibea. En los tres casos tratan de amores que acaban siendo imposibles, como prueban las muertes de sus protagonistas. También las tres historias provienen de la plena edad media, aunque las obras literarias que las han hecho famosas pertenecen a la modernidad de la historia que recorre los años finales del siglo XV y la totalidad de los dos siguientes.

Los argumentos tienen matices que los diferencian entre sí. En Los amantes de Andrés Rey de Artieda  hay un amor que tiene su origen desde la niñez, pero que tiene un momento de duda cuando Isabel, ya casada con otro varón, rechaza a un Juan que llega cumplidor con el reto que le había impuesto el padre de ella. Es la muerte desesperada de éste lo que provoca la posterior de Isabel, ya arrepentida de su desliz, dando origen a un amor que perdurará en la eternidad de la leyenda:

Si la materia dicen que no es alta,
pues para hablar de Príncipes, y Reyes,
el hombre, y reyno a los Amantes falta,
miren los que ordenaron esas leyes,
que sacar al theatro vn Minotauro
fue mandarnos tratar con simibueyes.
Aquí no hay hydra, furia, ni Centaruro,
solo hay un cauallero, y vna dama,
que pretenden quitar a Laura el lauro.

En La Celestina hay un primer momento en que Melibea rechaza a Calisto, aunque el conjuro de Celestina la inocula de un amor intenso que no puede acallar el juego de intereses que acaba siendo su perdición:

CALISTO: En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
MELIBEA: ¿En qué Calisto?
CALISTO: En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido, ni otro poder mi voluntad humana pueda cumplir. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío? Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Mas -¡oh, triste!- que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor a caer de tal bienaventuranza y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.
MELIBEA: ¿Por grande premio tienes esto Calisto?
CALISTO: Téngolo por tanto verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.
MELIBEA: Pues aún más galardón te daré yo, si perseveras.
CALISTO- ¡Oh, bienaventuradas orejas mías qué indignamente tan gran palabra habéis oído!
MELIBEA: Mas desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento. Y el intento de tus palabras Calisto, ha sido ingenio de tal hombre como tú haber de salir para perderse en la virtud de tal mujer como yo. ¡Vete! ¡Vete ahí, torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite.
CALISTO: Iré como aquel contra quien solamente adversa fortuna pone su estudio con odio cruel.

En Romeo y Julieta, hasta que un infortunio acaba provocando el trágico fin, todo fue repentino y no hubo dudas desde el principio entre sus protagonistas:

ROMEO: Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario –pecado de amor es éste-, mis labios, peregrinos ruborizados, están dispuestos a hacer penitencia por este áspero toque con un tierno beso.
JULIETA: Buen peregrino, haces mucho agravio a tu mano, que muestra en esto una apropiada devoción; pues hasta los santos tienen manos que tocan las manos de los peregrinos, y al tocar palma con palma es el santo beso de los palmeros.

Profundizando en los personajes y en las razones que pudieron existir para que dos jóvenes pudieran amarse sin tener que verse bajo el sometimiento de impedimentos inexorables, fui descubriendo varias cosas que tienen que ver más con la realidad material de las relaciones sociales. En los amantes de Teruel sus protagonistas pertenecen a estratos diferentes de la nobleza: Isabel es una muchacha de una familia del patriciado de la ciudad que, además, acaba casándose con el señor de Albarracín, mientras que Juan lo es de una familia de la baja nobleza al que se le ofrece como prueba para conseguir a su amada el ascenso social por la vía de las aventuras armadas. Calisto y Melibea también pertenecen a ese patriciado, por lo que tienen el mismo nivel de riqueza, pero en algunas de las interpretaciones se han planteado diferencias o matices que pueden tener cierta significancia: Calisto es de una familia cristiana vieja, pero en proceso de pérdida de identidad social, al ser un joven ocioso alejado de la carrera de las armas que sus antecesores habían cumplido escrupulosamente; Melibea lo sería de una familia conversa y representaría una nueva dimensión social, en la medida que el padre estaría vinculado a los negocios mercantiles.

¿Y en Romeo y Julieta? En los dos casos se trata de miembros de sendas familias del patriciado urbano de la ciudad de Verona dedicadas a actividades mercantiles, muy propio de las ciudades del norte de Italia, pero que son, sin embargo, rivales por tradición. Montescos y Capuletos llevan enfrentados desde siglos atrás, algo que, por distintas razones, caracterizó a muchas ciudades del occidente europeo, donde se formaron bandos irreconciliables que fueron origen de conflictos permanentes, a la vez que también lo fueron de leyendas que acabaron siendo fuente de numerosas obras literarias. En esta historia tampoco falta un ingrediente social, muy propio de la época en los territorios meridionales de Europa, como es el acuerdo de matrimonio que la familia capuleto fija para su hija con un miembro de la alta nobleza. Dicho en otras palabras, un ejemplo  más del interés por ennoblecerse de una parte de la burguesía de la época, traicionando así sus orígenes a cambio del prestigio que conferían los títulos nobiliarios.

La historia de los capuletos, la familia de Julieta, y de los montescos, la de Romeo, es la continuación del viejo enfrentamiento entre güelfos y gibelinos, que arranca en la península Itálica del siglo XII, cuando las disputas entre los emperadores del Sacro Imperio Románico Germánico y los papas de Roma por hacer valer la primacía de los poderes que representaban acabaron conformando dos bandos en permanente disputa. Los señores de Waiblingen, un nombre cuya vulgarización acabó en italiano como gibelino, procedían de Suabia y acabaron ocupando el trono del imperio, a costa de la casa bávara de los Welfen, cuya vulgarización derivó en güelfo. Los primeros buscaron acentuar la supremacía del imperio frente al papado, mientras que los segundos pretendían que este último fuera una fuerza de equilibrio frente al poder nobiliar. Las ciudades italianas, lugares tradicionales de paso de los séquitos imperiales camino de la consagración en Roma, se convirtieron en elementos de disputa entre gibelinos, defensores de la supremacía imperial, y güelfos, la del papado. Y en la historia que nos ocupa, los capuletos de Julieta pertenecían al bando güelfo, mientras que los montescos de Romeo lo eran del gibelino. He aquí expuestas, pues, unas razones, no sé si plausibles, pero con alguna lógica de un amor que, por imposible, ha sido objeto de veneración en el campo de la literatura.

Entre los numerosos interrogantes que me he planteado, uno ha sido  el del papel jugado por fray Lorenzo. Recientemente Alicia Alonso ha hecho una adaptación de la obra musical de Charles Gounod con el título Shakespeare y sus máscaras. Indagando en las profundidades de lo que siempre se ha calificado como una historia de amor imposible entre dos amantes atados por el destino, la artista cubana ha querido centrar la clave de la historia en el peso de unas circunstancias heredadas del pasado, más que en la oposición paterna en sí misma, interpretando como inútil el puente que pretendió crear fray Lorenzo para que el brote del amor pudiera acabar floreciendo.

Es cierto que el fraile es una de las piezas importantes de la obra como mediador en los sueños de la joven pareja, cómplice del casamiento secreto, testigo de la consumación de la carne e instigador de una treta cuasi diabólica para eludir el matrimonio concertado por la familia capuleto. Alicia Alonso ha comentado al respecto algo que puede ser tenido en cuenta:

Romeo y Julieta no intentan un diálogo con sus padres porque no lo consideran posible, y en el caso particular de Julieta -en su condición de mujer- es casi impensable. Sin el recurso del filtro le hubiera sido muy difícil resistir al matrimonio impuesto. Y elige la opción que el fraile le ofrece, aunque para ella el despertar es tan incierto como el porvenir.

¿Es un fraile trasgresor? ¿Es sólo un elemento más del cuadro de personajes, utilizado para aderezar la trama teatral? ¿O se trata de un cobarde arrepentido por el tremendo embrollo que ha creado y del que no sabe cómo salir? Veamos cómo lo cuenta Shakespeare cuando pone en boca del propio protagonista, una vez que han muerto Romeo y Paris:

Oigo ruido. Señora, salid de ese sitio de muerte, peste y sueño antinatural; un poder más grande de lo que podemos resistir ha malogrado nuestros intentos; venid, vámonos, tu esposo yace muerto en tu regazo, y también Paris; ven, te pondré en un convento de santas monjas. No te pares a preguntar, porque viene la guardia; vamos, ven, buena Julieta; no me atrevo a quedarme más (Se va).

Todo un intento para que Julieta regrese a la normalidad de lo establecido, como si lo ocurrido hubiera sido sólo un sueño.

Romeo y Julieta fueron víctimas de un mundo y una clase social donde se daban pocas posibilidades de autonomía individual, fuera de las convenciones marcadas a cada cual de sus miembros. Julieta, además, lo fue de la tiranía de un mundo dominado por los varones, donde ser mujer, aunque lo fuera de la clase dominante, suponía estar sometida a la autoridad paterna y del marido cuando lo hubiere. La rebeldía individual en todos estos casos acababa siendo el suicidio, el ritual que ponía fin al infortunio y que se ha interpretado, en la más pura tradición de la tragedia, como la prueba de un destino que se consideraba prefijado e inamovible.


Bibliografía

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ALONSO, Alicia (2004). “Shakespeare y sus máscaras”, en Cuba  Escena. Consejo Nacional de las Artes Escénicas, http://www.cubaescena.cult.cu/global/loader.php?&cat=cartelera&cont=showitem.php&seccion=cartelera&item=681
BLANCO AGUINAGA, Carlos, Rodríguez Puértolas, Julio y Zavala, Iris M. (1978). Historia de la Literatura española (en lengua castellana) I. Madrid, Castalia.
CASTRO, Américo (1982). La realidad histórica de España. Buenos Aires, Porrúa.
Diccionario Enciclopédico Abreviado, 7 vv. Madrid, Espasa-Calpe, 1957.
Diccionario Enciclopédico, 20 vv. Barcelona, Salvat Editores, 1988.
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IRANZO, Carmen (1996). “El amante de Teruel, personaje de transición en el teatro, pese a Bocaccio”, en Carmen Hernández Valcárcel (ed.), Teatro, Historia y Sociedad. Seminario Internacional sobre Teatro del Siglo de Oro Español. Murcia, Universidad de Murcia / Universidad de Ciudad de Juárez, pp. 27-34.
LE GOFF, Jacques (1969). La civilización del Occidente medieval. Barcelona, Juventud.
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ROJAS, Fernando de (1999). La Celestina. Madrid, Unidad Editorial.
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SOLÍS PERALES, María Dolores (2005). “El objeto y el modo aristotélicos: su repercusión en Los Amantes de Andrés Rey de Artieda”, en Ágora. Estudos Clássicos em Debate 7, pp. 105-127, http://www2.dlc.ua.pt/classicos/Los%20amantes.pdf.

sábado, 11 de febrero de 2012

Un análisis de la sociedad española desde un sondeo electoral



El diario El País publicó el pasado 24 de enero un estudio demoscópico, elaborado por la empresa Metroscopia, con el título “¿A quién votaron los parados?” (http://blogs.elpais.com/metroscopia/2012/01/a-quien-votaron-los-parados.html). Fue hecho el mismo día de las elecciones generales, es decir, el 20 de noviembre. Los resultados tienen un alto interés para conocer mejor la orientación del voto por determinados sectores de población y ocupación. Los datos aportados no son sólo los de los partidos, sino que se añaden los emitidos en blanco y los nulos. Además los porcentajes se asignan sobre el total del censo. Por último, no falta el nivel de participación y, por defecto, el de abstención. De esta manera los datos aportados pueden resultar más reales, pues se tiene en cuenta al conjunto del censo electoral y, por derivación, el de la sociedad española, excepto quienes son menores de edad.

Varias son las maneras que se pueden utilizar para analizar los datos. Una puede ser en relación a lo que cada partido representa. La otra, desde cada sector de población y ocupación. Profundizando un poco más se podría entresacar una aproximación por grupos de edad. Por las características de la encuesta resulta imposible, sin embargo, hacerlo por sexo y por nivel de renta.

Conviene destacar que existe una clara correspondencia entre el orden de los grupos por resultados globales y el que obtienen teniendo en cuenta las variables de grupo de población y ocupación. La encuesta ha utilizado cinco: gente que tiene trabajo, la que está en paro, la jubilada, las amas de casa y el estudiantado. Otra cosa son las variaciones que se dan en los apoyos a  cada grupo dentro de cada uno de los sectores. Algunas son llamativas. Es lo que se irá desentrañando a lo largo de los apartados que siguen.   

Los apoyos a los partidos.

El PP tiene un nivel similar entre quienes tienen trabajo. Sus mayores apoyos los obtiene de las personas jubiladas (+5,2) y las amas de casa (+7,2), mientras que los tiene por debajo de su media en las personas paradas (-3,2) y, en mayor medida, quienes están estudiando (-6,6).

El PSOE es el grupo que mantiene mayor homogeneidad en el reparto de sus apoyos, aunque son algo menores entre la gente en paro (-1,3) y, sobre todo, en el estudiantado (-4,1).

IU tiene un nivel similar entre su representación total y los apoyos entre la gente que trabaja. Donde los encuentra mayores es entre la gente en paro (+1,2) y quienes están estudiando (+3,1). Peor lo tiene entre la gente jubilada (-1,4) y las amas de casa (-1,9).

Los apoyos que tiene UPyD son ambivalentes. Salvo cierta similitud con quienes no tienen trabajo, obtiene mayores apoyos entre la gente que trabaja (+1,7) y la que está estudiando (+2,3), mientras que los tiene menores entre la que jubilada (-0,4) y las amas de casa (-1,5).

En el resto de partidos, donde hay una gran variedad de grupos en  tendencia política y procedencia geográfica, resulta imposible obtener un perfil concreto de cada uno. Coincide el total de apoyos electorales con el de quienes trabajan. Los tienen por encima en la gente que está en paro (+0,5) y la que estudia (+0,6), mientras que por debajo se encuentran las personas jubiladas (-2,9) y, sobre todo, la amas de casa (-4,7).

Participación, abstención, votos en blanco y votos nulos.

La gente que ha votado en blanco o nulo se encuentra más entre quienes están en paro (+0,4) o estudian (+0,8), y menos entre la que tiene trabajo (-0,7), está jubilada (-0,9) o las amas de casa (-0,8).

En cuanto a la participación electoral, sólo ha sido superior a la media en la gente que tiene trabajo (+1,1), está casi en ella la jubilada (-0,2) y resulta inferior en las amas de casa (-0,9), la gente en paro (-2,6) y el estudiantado (-3,9). Por una simple deducción, si nos atenemos a la abstención los resultados serían inversos: se han abstenido más el estudiantado, las personas en paro y las amas de casa, siendo menor en las personas jubiladas y, en el nivel más bajo, las que tienen trabajo. 

Los sectores de población y ocupación.

Entre la gente que tiene trabajo, que es la que tiene mayor número de personas, es donde se da la mayor correspondencia con los apoyos totales a cada partido, que es prácticamente idéntica en todos los casos. La única excepción es UPyD (+1,7), que obtiene unos apoyos bastantes superiores a su media. Es también el sector que más ha participado en las elecciones (+1,1). En el caso contrario se encuentra la gente que ha votado en blanco o nulo (-0,7).

Las personas que están en paro ofrecen posturas contrapuestas. Tienen mayores apoyos IU (+1,2) y otros partidos (+0,5), además de haber votado en blanco o nulo por encima de la media (+0,4). Por el contrario, han recibido apoyos por debajo de su media PP (-3,2), PSOE (-1,3) y UPyD (-0,2). El nivel de participación ha estado por debajo de la media (-2,6).

Entre la gente jubilada sólo el PP (+5,2), en mayor medida, y el PSOE (+0,2), ligeramente, tienen apoyos superiores a sus medias totales. El resto, junto con quienes han votado en blanco o nulo (-0,9), está por debajo: IU (-1,4), UPyD (-0,4) y los otros partidos (-2,9).

Algo parecido ocurre con las amas de casa, donde el PP obtiene sus mayores apoyos relativos (+7,2), el PSOE se encuentra ligeramente por debajo (-0,2) y el resto bastante más por debajo: IU (-1,9), UPyD (-1,5), otros (-4,7) y quienes han votado en blanco o nulo (-0,8).

En el último de los sectores, el del estudiantado, es donde se da una mayor digresión del voto y se refleja una mayor pluralidad. Manteniéndose el orden general de los grupos, es, sin embargo, donde menores apoyos tienen los que obtienen más votos (PP y PSOE) y mayores apoyos los que obtienen menos votos. IU es el grupo más beneficiado (+3,1), seguido de UpyD (+2,3) y otros (+0,6). Quienes han votado en blanco o nulo (+0,8) también se encuentran más en este sector. PP (-6,6) y PSOE (-4,1) son los más perjudicados.

Un acercamiento a la orientación política en los grupos de edad.

Si consideramos que el estudiantado está compuesto en exclusiva por gente joven y que el paro afecta más a jóvenes y gente adulta joven, podemos deducir que en esos grupos de edad es donde PP y PSOE obtienen menos apoyos relativos. Por el contrario, donde esos mismos partidos  los tienen mayores, sobre todo por parte del PP, es entre la gente mayor. Aquí hay que incluir tanto a las personas jubiladas como a las amas de casa, teniendo en cuenta que este sector se nutre en mayor medida de las mujeres adultas.

IU, UPyD y el resto de partidos, al recibir apoyos por encima de su media de las edades más jóvenes, expresan en cierta medida un voto de protesta, tanto frente al partido que ha gobernado hasta 2011 como el que le ha sucedido. Los votos de las personas jubiladas y las amas de casa siempre se han interpretado en clave conservadora, no sólo en términos ideológicos, sino también de opción por la estabilidad. Resulta claro que PP, sobre todo, y PSOE sean los que más apoyos reciben de esos dos sectores.

Algunas conclusiones.

La encuesta de Metroscopia aporta datos interesantes, no sólo como una radiografía electoral, sino del conjunto de la sociedad española a través de sectores concretos. Unos datos que se pueden complementar con los aportados en otros estudios, como los hechos por el CIS, aunque ahora no tenidos en cuenta. Resulta llamativo el dominio el PP en todos los sectores representados. Abrumador en algunos casos (gente jubilada y amas de casa) y con ciertas fisuras entre quienes están en paro o están estudiando.

También resulta llamativa la pérdida de apoyos del PSOE, lejos del PP en todos los casos, lo que explica el fuerte varapalo obtenido el 20 de noviembre pasado. Mayor entre la gente joven, tanto la que está en paro como el estudiantado, que le han castigado sobremanera. Pese a sus pérdidas, se denota que mantiene ciertos referentes entre quienes trabajan o los sectores que demandan mayor estabilidad política, como es el caso de la gente mayor, sea jubilada o sea ama de casa.

IU mantiene su tradicional tendencia de recibir apoyos entre los grupos de edad más jóvenes y quienes se encuentran en condiciones  más difíciles, como es el caso de la gente en paro. A su vez, sigue distanciado de la gente jubilada o las amas de casa. La moderación política, cuando no conservadurismo, de esos sectores genera desapego, cuando no temor, hacia un grupo que ofrece en sus propuestas cambios en lo económico, lo social y lo político.

El caso de UPyD resulta en parte singular. Por los datos que se ofrecen parece como si no tuviera término medio, lo que choca, aparentemente, con su propia adscripción política de centro. Representa el descontento de un sector de la sociedad, aunque minoritario, pero con un perfil muy concreto. Con mayores apoyos entre quienes tienen trabajo y el estudiantado, se puede deducir que proviene de aquellos sectores que tienen un nivel cultural mayor, lo que coincide con los datos aportados por otras encuestas. Desde éstas y desde el conocimiento de su programa, sus apoyos se han ido desprendiendo del PSOE, dentro de sectores políticos centristas y centralistas, pero no suficientemente atractivos para los sectores más conservadores de la sociedad, más presentes entre la gente jubilada y las amas de casa, que les apoyan poco.

En cuanto al resto de grupos, resulta difícil, si no imposible, sacar conclusiones claras. Son una amalgama de grupos dispares en la tendencia política, que sólo tienen en común su anticentralismo. Bajo esa denominación se ha incluido al más conservador CiU, los algo menos PNV y CC, y los situados en el campo de la izquierda, aunque con diferentes grados y registros, BNG, ERC o Amaiur. Para hacer un mínimo análisis se necesitan datos más concretos.

Y por último, el voto en blanco o nulo, que, aun siendo poco relevante (1,9%), sí refleja aspectos más que curiosos. Es mayor entre la gente parada y el estudiantado. Como ya se ha dicho, estos dos sectores están compuestos en su mayoría por gente de edades jóvenes. Tienen un claro carácter de voto de protesta. No resulta ni nuevo ni extraño. Más interesante hubiera sido conocer la gente que se ha abstenido. Por otras encuestas se sabe que es mayor entre la gente joven. Eso sí le da mayor relevancia. Otra cosa sería caracterizar esa abstención como voto de castigo. Sólo lo es en parte, que habría que añadir a los votos en blanco y nulos.

Una reflexión para acabar.

¿Estamos dentro de una marea conservadora? Me atrevo a decir que sí. Rotundamente. Los resultados electorales de noviembre fueron un claro triunfo de los grupos de derecha. No sólo del PP, sino de CiU, CC, PNV, UPyD e incluso de los que no obtuvieron representación. Un triunfo que ratificó las políticas neoliberales y conservadoras llevadas a cabo por PP, CiU o CC en las comunidades donde gobiernan. Algo que se sigue ratificando en los sondeos que se hacen sobre intención de voto y sobre el grado de aceptación de las medidas que está anunciando y tomando el nuevo gobierno.

El sondeo de Metroscopia, hecho el mismo 20 de noviembre, no deja lugar a dudas sobre lo que en cada sector de población seleccionado se ha tomado como preferencia política. Una clara conservadurización política que está teniendo las correspondientes ramificaciones en las medidas económicas, políticas y sociales. En tiempos de profunda crisis económica, de claro carácter sistémico, añade mayor incertidumbre. Es más, riesgo de una marcha atrás sin precedentes. En los años treinta ya sabemos cómo acabó la cosa. No está de más tomar conciencia de ello. También de saber actuar en consecuencia. Y, por supuesto, de hacerlo con inteligencia.

viernes, 10 de febrero de 2012

La delicuencia de cuello blanco

"Lo que hay aquí es un mensaje para todos los jueces: se le dice que la interpretación de la jurisprudencia puede dar lugar a prevaricación". Así se ha manifestado hoy en el diario Público José Antonio Martín Pallín, antiguo magistrado del Tribunal Supremo. Hace unos días me preguntaba qué es eso de prevaricar, si por ello se entiende decidir sobre la intencionalidad injusta de quien emite una sentencia. Cuando dentro de un tribunal hay valoraciones diferentes sobre un asunto o cuando se están emitiendo sentencias tan diferentes entre unas instancias y otras, me pregunto dónde está el error y dónde la prevaricación. Me pregunto si la misma sentencia emitida contra Garzón no podría ser objeto de la misma acusación. ¿Por qué no?

He intententado argumentar en otras ocasiones que el poder judicial tiene un claro carácter político, que las decisiones se toman por personas que, aun teniendo por su fomación profesional una consideración de expertas, no son neutrales en ningún momento. Una muestra está en las discrepancias y el vaivén de decisiones que ha habido en el Tribunal Supremo en torno a los casos de Sortu y Bildu. El primero, todavía a la espera de resolverse, y el segundo, habiendo podido concurrir a las elecciones de mayo. Hasta el mismo Garzón, cuando actuó contra la izquierda abertzale, a cuya prensa y dirigentes acusó de estar dentro del entorno de ETA, fue motivo de una fuerte polémica. No hubo críticas, sin embargo, desde quienes ahora han tomado la decisión de condenarlo y apartarlo de su actividad como juez.

La Audiencia Nacional nació en plena Transición para tratar asuntos especiales a los que se incluía fundamentalente dentro del común denominador de "crimen organizado", pero que tuvo en el llamado terrorismo el primero de sus objetivos. Con el tiempo fueron entrando el narcotráfico o las mafias provenientes del exterior. Me pregunto si lo que ha hecho el juez Garzón investigando en la trama Gurtel no es hacerlo sobre otra forma de crimen organizado. Perfectamente organizado, actuando primero en Madrid y extendiéndose después a Valencia y Baleares. Una trama de criminal donde participan empresarios, cargos políticos, funcionarios, abogados y, quién sabe, por lo que estamos viendo, si también en instancias judiciales. Una trama criminal organizada y dedicada a traficar con dinero público, concesiones administrativas, operaciones fraudulentas y demás operaciones que están permitiendo el enriquecimiento desmesurado de un número importante de personas con el común denominador de su pertenencia al PP.  El que fuera fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, ha sido rotundo en unas declaraciones a elplural.com cuando ha dicho que "Los jueces del Supremo han hecho un gran servicio a la corrupción". Y no se ha quedado ahí, sino que ha calificado la sentencia como "infundada e injusta". Una opinión en la misma línea de Mercedes García Arán, catedrática de Derecho Penal, para quien no hay "rastro jurídico de prevaricación".

Juan Carlos Monedero ha sido claro hoy en su artículo "Estofado franquista de juez": "Los delincuentes de cuello blanco conocen bien el sistema en el que han prosperado. Niegan, dilatan -con las posibilidades que da el dinero a menudo obtenido fraudulentamente- los procedimientos hasta lograr la prescripción, buscan encubrir en las urnas los delitos, sobornan o amenazan". Es la ventaja de quienes tienen poder. Ahora, por lo que estamos viendo, acumulando el poder económico, los tres políticos y hasta el ideológico. Directamente o a través de sus voceros son capaces de macharcarnos con argumentos aparentemente creíbles y contundentes: que si la decisión ha sido unánime, que si el fin no justifica los medios, que la justicia vale para todo el mundo... Lo dicen quienes van camino de acumular la mayor cantidad de poder habido desde que muriera el dictador. Quienes ahora actuán en nombre de la democracia, cuando otrora lo hacían sin tapujos a sangre y fuego, y vulnerando cualquier garantía de respeto a los derechos. 

La sentencia ha sido un claro aviso para navegantes. Y es que las tres imputaciones sobre Garzón no han sido una mera coincidencia. La primera condena ha servido para liberar la presión contra el elevado número de cargos y gente del entorno del PP involucrados en la trama Gurtel. El aperitivo lo tuvimos días pasados con la declaración de "no culpable" en favor de Camps y Costa. Las evidencias de lo que vimos y oímos en el juicio no han significado nada frente a la decisión del jurado. Camps se expone arrogante aquí y allá para dejar constancia ante su gente de lo que él llama inocencia. Que hayamos oído que él estaba en la política para enriquecerse o que se hablara de favores de todo tipo como el que comenta el partido de la jornada, no es motivo de sonrojo para él. Se parece al alumno que, sabiendo todo el mundo que ha copiado en el examen, se vanagloria de haber aprobado. 

Pues bien, siguiendo con lo de Garzón, lo que se decida sobre su imputación por querer investigar los delitos contra la humanidad cometidos durante el franquismo, va a resultar de menor importancia. Por una razón clara: ya ha sido apartado como juez. Para Hernán Hormazábal, catedrático de Derecho Penal, "el Supremo necesitaba una sentencia condenatoria antes de la causa de la memoria histórica y, aunque está completamente fuera de lugar, la de las escuchas es la única que tenía posibilidades de construirse desde el punto de vista técnico".

La sensación de mucha gente -no sé cuánta, la verdad- es que esto no va a acabar aquí y que nos esperan tiempos muy duros. El fascismo fue derrotado en Europa hace más de seis décadas. Aquí, en España, no lo fue.

martes, 7 de febrero de 2012

Tàpies, entre la materia y el espíritu

"Prefiero creerlo un germen transformador de la realidad social". Con esas palabras respondía Antoni Tàpies a una pregunta sobre si el arte era un lenguaje transmisor de la realidad social (Francesc Vicens, Arte abstracto y arte figurativo, Barcelona, 1975). 

He acudido a esta cita por ser uno de los componentes primordiales del conocido artista catalán que acaba de fallecer. Uno de los exponentes más relevantes del arte surgido después de 1945, de las variadas tendencias y vanguardias que se fueron sucediendo y, a la vez, simultaneando durante décadas. Un arte heterogéneo y heterodoxo que resurgía tras la implosión de la segunda guerra mundial, que recogía en herencia muchos de los logros de los años anteriores para redefinirlos e interpretarlos de múltiples maneras. Un arte donde lo figurativo y lo abstracto diluían las fronteras que tradicionalmente los había separado. Un arte heredero, si no continuador, de la estela marcada por tantos artistas que fueron abriendo nuevos caminos y, principalmente, de Paul Klee y Joan Miró. Técnicas, materiales y pigmentos se mezclaban, no a rebujo, sino como una forma más de aportar un lenguaje atrevido y ajustado a los nuevos tiempos. 

Iniciado en la abstracción geométrica y, ante todo, en el informalismo desgarrador que reaccionó contra los desastres de la guerra recién terminada, Tàpies es quizás la figura más destacada de la conocida como pintura matérica, inspirada en objetos tomados de la realidad, de la que recogía los objetos más insospechados para integrarlos en sus cuadros. Sacos, sombreros, barras de metal, trozos de madera... y hasta la barretina catalana con la que quería reflejar la existencia y su pertenencia a un pueblo que hubo de luchar duro para deshacerse de la dictadura. Una lucha a la que se vinculó desde el principio, para llegar a decir que "el gran artista debe aspirar a cambiar el mundo".

Tàpies fue una persona que como artista quiso aunar lo que aparentemente podía resultar contradictorio. El mundo de la realidad material, con el espiritual. La cultura europea de la racionalidad, con el espiritualismo oriental. Su adscripción al comunismo, con la defensa de la libertad humana. No le faltó un claro posicionamiento contra aquello que detestaba o simplemente no le gustaba en lo político y lo artístico. Fue rotundo en sus críticas demoledoras hacia el realismo socialista, al que veía anquilosado, o el arte conceptual, del que decía que era artificioso.     

En una época donde el centro de gravedad del mundo del arte, y especialmente el mercado de obras, se trasladó a EEUU, Tàpies desarrolló su  obra en Europa. Fue consciente de ello y, ante todo, no tuvo reparos en denunciar todo aquello que suponía reducir la creación artística al puro consumismo, que, por lo demás, suele conllevar a que acaba convirtiéndose en algo efímero. Supo observar y participar de las numerosas tendencias que conoció, bebió de ellas para aportar un sentido personal de su creación. En una entrevista concedida hace dos años (Lidia Penelo, Público, 14-05-2010), hizo un repaso de lo que fue su trayectoria vital, llegando a decir, fiel a su visión comprometida del arte, que "encontrando mi verdad, creo que hago algo útil para la sociedad".  
 

domingo, 5 de febrero de 2012

Alfredo y Carme

Alfredo ha ganado por pocos votos de diferencia -22, concretamente-, lo que refleja, de partida, que estuvo a punto de no hacerlo. Me pregunto qué habría ocurrido si la ganadora hubiera sido Carme. Uno, desde 2006, y otra, desde 2007, coincidieron en el gobierno presidido por José Luis. Representan generaciones distintas de su partido: él, veterano, fuertemente ligado al felipismo; y ella, más joven, al zapaterismo. Él, universitario brillante y promesa en el mundo de la investigación, acabó atrapado desde los ochenta en una carrera de cargos relevantes en el ministerio de Educación, del que acabó siendo su titular, y luego en el de Presidencia, que compartió con la portavocía del gobierno, en el momento más difícil del felipismo (GAL, corrupción…). Ella, más corta en su formación, se inició en cargos de menor relevancia. Recién elegido José Luis como líder del partido en 2000, Alfredo fue el hombre al que se confió negociar con el gobierno del PP un nuevo pacto antiterrorista, que dos años después se transformó en la polémica Ley de Partidos, mediante la que se agilizó la ilegalización de los grupos de la izquierda abertzale vasca y se persiguió obstinadamente a sus dirigentes. Esa legislatura fue la del estreno de Carme como diputada. En el intento de José Luis por aunar fuerzas en 2004, tras la inesperada victoria electoral, Alfredo y Carme formaron parte de la dirigencia parlamentaria cuando él fue elegido portavoz del grupo en el Congreso y ella aumió una vicepresidencia de la Mesa de esa institución. A los dos años Alfredo fue designado ministro del Interior, desde donde protagonizó un nuevo intento de negociación con ETA. En plena burbuja inmobiliaria a Carme se le encargó en 2007 que desde el ministerio de la Vivienda pusiera un imposible orden en la permanente subida de los precios y los alquileres. Con la segunda victoria electoral José Luis ratificó a Alfredo en Interior, mientras Carme ascendía a un ministerio de casi exclusivo componente masculino, el de Defensa, donde, pese a su aparienca frágil, se creó una imagen de mujer fuerte, teniendo que torear además los efectos colaterales de la guerra de Afganistán. En plena debacle política, derivada de la gestión de la crisis y con un José Luis que perdía sus réditos a mansalva, en 2010 Alfredo asumió la vicepresidencia del gobierno y en 2011 fue proclamado candidato para las anunciadas elecciones generales. Carme, que se había postulado como candidata en las primarias, se vio forzada a renunciar ante las duras presiones internas, incluidas las de los líderes del pasado. Alfredo fue presentado por quienes le apoyaron como la única alternativa viable a un Mariano que tenía todas la de ganar, quedando ella como una joven inexperta y de poca talla para hacer frente al líder del PP. A ella la presentaron sus apoyos como una mujer joven, decidida y con capacidad para iniciar una renovación generacional. El papel de José Luis en ese momento fue una incógnita: ¿cedió ante Alfredo por los argumentos que daban sus defensores?, ¿traicionó a quien había sido una de sus principales valedoras en la dirección del partido y en el gobierno? Lo que ocurrió el 20 de noviembre pasado sólo permite hacer cábalas. Pertenece al mundo de la ficción si con ella la cosa le hubiera ido mejor la partido o si hubiera sido aún peor. Lo cierto es que enseguida el uno y la otra vovieron a postularse para liderar a un partido derrotado y fuertemente deprimido. Ambos han hablado de reformarlo, pero en sus discursos han dado pocos argumentos para saber cómo. Lo que ha resultado más fácil de detectar han sido los apoyos recibidos. A Alfredo le han venido desde las generaciones más veteranas, la gente de la vieja guardia, tanto felipista como guerrista, y las federaciones del norte, sobre todo las más apegadas a la idea del nacionalismo español. Carme los ha recibido entre la gente más joven, la mayoría de los apoyos que tuvo José Luis desde su inicio, los sectores más sensibles al nacionalismo periférico, en especial el PSC -de donde proviene la propia Carme- y la buena parte de la federación andaluza, donde la división interna llevó circunstancialmente al presidente José Antonio a optar por Carme. De sus programas sabemos poco. Además de los acentos distintos en materia de organización territorial, en lo económico han tenido algunas diferencias, buscando recuperar el electorado que han perdido por su escoramiento al centro, es decir, por un mayor enteguismo al neoliberalismo. Él ha buscado un mayor equilibrio entre la tradición social-liberal de su partido y tímidas insinuaciones socialdemócratas sobre la banca o los impuestos a las rentas mayores. Ella ha dejado entrever la vuelta al modelo socialdemócrata.  El problema proviene de la credibilidad que pueden reportar. Sobre todo, Alfredo, que ha sido el vencedor. Ambos son corresponsables de las decisiones políticas tomadas por los gobiernos presididos por José Luis. Apoyándolas desde el grupo parlamentario o directamente desde el gobierno. Negarlo sería, cuando menos, una necedad. Atrás ha quedado una política económica claramente neoliberal –como lo fue la del felipismo, no lo neguemos-, que hasta 2007 reforzó las prácticas especulativas financieras e inmobiliarias, que se endureció en 2010 con la reforma laboral, la bajada de las pensiones, el castigo al funcionariado o la subida de la edad de jubilación, y que culminó con el acto simbólico de la reforma antidemocrática de la Constitución en 2011, consagrando el principio neoliberal del déficit 0. Una política fiscal basada en el mayor pago de impuestos directos e indirectos por las rentas de trabajo, mientras las más altas y las grandes empresas ven reducida la presión, el fraude fiscal apenas es tocado y, además, se protege, e incluso se indulta, a banqueros. Una política que ha entregado dinero público a los bancos para sanearlos y que ha permitido la privatización de las cajas de ahorro, entregadas a precio de saldo a los propios bancos. Una política que sigue privatizando empresas públicas y externalizando servicios de las administraciones públicas. Una política social que ha seguido dejando a nuestro país por debajo de la media europea en gasto público, reduciendo desde 2008 las partidas presupuestarias de sanidad, educación o dependencia. Una política inmigratoria gravemente lesiva con los derechos humanos, que, entre otras cosas, mantiene a miles de personas en los campos de internamiento para extranjeros. Una política exterior seguidista de EEUU, apoyando el despliegue del escudo antimisiles y cómplice en las guerras de Afganistán y Libia. Unas relaciones con el Vaticano que continúa dando privilegios a la Iglesia Católica, que es financiada a través de los presupuestos generales, recibe sustanciosos subsidios en los centros de enseñanza y está exenta del pago de impuestos. Una política que castiga con dureza las movilizaciones populares y sociales. Una tímida política sobre la recuperación de la memoria de la represión franquista que ha dejado la resolución de las reclamaciones en manos de una admistración de justicia que tiene importantes sectores contrarios a aplicarla. El apoyo a la institución monárquica... Demasiadas cosas para pretender frenar una caída que no se sabe hasta dónde va a llegar. Demasiado lastre. Para ella, hasta ayer, y ahora, para él.                

sábado, 4 de febrero de 2012

A vueltas con la salud pública

Hace unos días la viceconsejera de la Comunidad de Madrid, una tal Patricia Flores, soltó en público la pregunta "¿tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?". A lo largo de su intervención estuvo dando vueltas sobre la misma idea para, finalmente, plantear una de las bases del discurso neoliberal: lo público cuesta mucho dinero, por lo que hay reducir servicios y que cada cual se responsabilice de adquirirlos. En empresas privadas, claro.

La derecha es... la repera y evito así soltar el taco. O, para ser más claro, es la clara expresión del egoísmo humano. En nuestros días está conjugando como nunca dos discursos: el neoliberal y el del integrismo religioso. Los utiliza a la vez o los modula en favor de uno u otro según le interese. Igual recurre al ataque de lo público desde la defensa del individuo per se, como recurre a un moralismo, embadurnado de religioso, para que sea asumido por todo el mundo. Y quien piense o haga lo contrario, que se fastidie. Dispone de una variedad de grupos de diversa índole que actúan según corresponda. 

Entre sus temas favoritos está el de la defensa de la vida, al que se refieren cuando está en juego la interrupción voluntaria del embarazo o lo que se llama "píldora del día después". Les importa un bledo lo que les pueda ocurrir a las mujeres que han tomado cualquiera de esas decisiones. También las circunstancias en que se ha tomado esa decisión. Para los más liberales, que cada cual se busque la vida. Para los más rigoristas de lo moral, una expresión más del laicismo pecaminoso. 

Volviendo a las palabras de la viceconsejera, sin que pueda sorprendernos su contenido, resulta sintomático de la sensibilidad que muestran hacia una realidad de nuestras sociedades. Cada vez vivimos más y hay más gente mayor, por lo que aumentan las dolencias crónicas. Según se desprende de sus palabras, esas personas resultan caras, por lo que habría que desprenderse de ellas en su atención pública. Quienes puedan, que paguen; y quienes no, que dependan de la caridad. El resultado sería claro. Sólo basta con mirar hacia Estados Unidos y contemplar lo que nos allí nos ofrecen. ¿Por qué en ese país la esperanza de vida es inferior a la de los países europeos occidentales? ¿Y por qué su mortalidad infantil es superior? ¿Por qué hay cincuenta millones de personas en ese país que no tienen atención médica porque no pueden pagarse un seguro médico? ¿Por qué no existe una sanidad universal? ¿Por qué no existe el derecho a la salud?

Recuperar la memoria es dar argumentos para la historia


1977 fue el año elegido. Más concretamente, coincidiendo con las elecciones del 15 de junio. Las primeras que fueron libres desde 1936 (pese algunas restricciones para algunos partidos: los comunistas, excepto el PCE, y los republicanos tuvieron que hacerlo con nombres "camuflados"). Estando en la mar, el hombre huyó de su localidad, Conil, en el momento del golpe militar de julio de 1936. Lo hizo hacia la zona fiel al gobierno republicano, enrolándose como soldado de lo que acabó siendo el Ejército Popular. Combatió en varios lugares del frente sur hasta el final de la guerra. De inmediato tuvo que sufrir, como tantos soldados, la cárcel y cuantos castigos le infligieron. Cuando regresó a su lugar de origen, decidió asentarse en la localidad vecina de Barbate. Fue donde vivió largos años hasta su muerte, que no fue hace mucho. Lo hizo habiendo interiorizado el miedo que el fascismo inoculó a buena parte de la sociedad española.

El régimen tuvo muchos apoyos. Los de quienes apoyaron y participaron activamente en el golpe del 36 y lo que vino después. No faltaron los de los estómagos agradecidos. Y también de quienes treparon al abrigo de las oportunidades que se fueron presentando. Resistir era difícil. Combatir, más todavía. Mucha gente hizo una cosa y otra, arriesgando su vida. Sumirse en la resignación, para sobrevivir como fuera, lo hizo mucha gente, quizás la mayoría. Con el paso de los años la represión, el miedo, la propaganda, la emigración o las expectativas de ascenso social de los años sesenta fueron asentando un régimen que acabó durando cuatro décadas. Fue en ese magma social donde los reformistas del régimen quisieron buscar los apoyos políticos y electorales para que su maniobra tuviera éxito. La llamaron mayoría silenciosa. Silenciosa, sí, pero en una buena medida también silenciada.

La transición selló un pacto entre quienes habían participado en la guerra y también entre quienes habían tomado partido en la dictadura. La amnistía de 1977 fue el botón legal. Durante los años siguientes parecía que todo había quedado en el olvido, salvo algunos conatos de investigación histórica y periodística que proponían saber más. Fueron años también de eliminación de pruebas o de obstáculos para conseguirlas. Nos ha contado Francisco Espinosa (La justicia de Queipo, 2006) que entre 1965 y 1985 se destruyeron numerosos y muy valiosos documentos: los judiciales relacionados directamente con la represión de los primeros años, y archivos como los de Falange (curiosamente ha aparecido el de Conil, como Magdalena González sabe: Memoria del tiempo presente en Conil de la Frontera.1931-2011), los gobiernos civiles, las prisiones provinciales o la Cruz Roja. No ha faltado la desidia del abandono en la custodia y la simple desaparición como papel bruto puesto en venta.

No sé con detalle lo qué le pasó por la cabeza a nuestro hombre durante ese periodo. Pero sí sé que sus hijos nunca supieron lo que pasó su padre durante la guerra y la inmediata postguerra. Fue un secreto que sólo lo desveló ese día de junio de 1977. Por esos años mucha gente quiso hacer borrón de lo ocurrido. Durante los últimos años mucha gente está reclamando saber más. Conocer lo que se ha ocultado por el régimen. Y lo que se guardaron por miedo quienes sufrieron la derrota y la represión. Se habla de una nueva generación, la de los nietos y las nietas de las víctimas, que ha decidido dar el paso adelante. Recuperar la memoria. Hacerlo es dar argumentos para conocer la historia. Eso es la memoria histórica.