viernes, 26 de agosto de 2011

La lucha del estudiantado chileno

A principios de la década de los setenta Chile iba camino de ser un nuevo modelo en la construcción del socialismo. El gobierno de la Unidad Popular, liderado por el presidente Salvador Allende, estaba iniciando un camino de transformaciones políticas, económicas y sociales que fue cortado de raíz en septiembre de 1973. La feroz dictadura que se instaló se encargó de ir eliminando, expulsando o amordazando todo lo que había representado la etapa anterior, no dudando en matar, hacer desaparecer o encarcelar. Pero el golpe tenía un sentido más profundo, al ir encaminado a sentar las bases de otro modelo social y económico con la aplicación de las medidas económicas de la escuela liberal de Chicago. Desde ese momento en otros países del continente americano se fueron extendiendo los golpes militares cruentos que a la vez iban acompañados a renglón seguido de la aplicación del mismo tipo de medidas económicas. A finales de la década, con la llegada de Margaret Thatcher al gobierno británico, se inició en los países centrales del sistema capitalista una nueva etapa que bebía de esas experiencias. Se inauguraba, así, el neoliberalismo.

Chile fue el país latinoamericano que mejor lo hizo, hasta el punto que, acabada la dictadura, se siguió perfeccionando el modelo con los gobiernos de la concertación que formaron los partidos socialista y democristiano. ¿En qué consistió ese modelo? En la primacía de lo privado sobre la solidaridad social. Una sociedad imbuida de la ideología del mercado por excelencia, creadora de la ilusión del enriquecimiento individual. Las empresas lo gestionan casi todo y cuando le corresponde al estado, éste lo hace como si fueran empresas privadas. Todo se compra y se vende, como, por ejemplo, las pensiones o la educación. 

Desde hace meses el estudiantado chileno está protagonizando un pulso contra el gobierno que, heredero del pinochetismo, sigue perfeccionando el modelo neoliberal. La dureza con la que se está empleando acaba de cobrarse la primera víctima mortal. El estudiantado chileno quiere el acceso universal y gratuito a la educación, incluida la universitaria. La considera un derecho y reniega que sea un negocio. Quizás aquí en Europa nos puede resultar extraño, pues para mucha gente parece que eso está garantizado. Sin embargo, no se cae la cuenta que "el proceso de Bolonia" tiene en el horizonte la privatización de la educación. Comprender lo que está ocurriendo en Chile nos lleva a la solidaridad, pero también a pensar en lo que aquí puede ocurrir. Conviene no perder todas estas cosas de vista.

La visita de Benedicto XVI

La movilización católica que se ha denominado oficialmente como Jornada Mundial de la Juventud ha sido una constatación de la intromisión del neoliberalismo en el seno de la Iglesia Católica. Lo certifica el patrocinio que las grandes empresas han hecho de la organización del evento. Se ha visto, por ejemplo, en los logos de dichas empresas y que las masas de jóvenes, oficialmente con la calificación de peregrinos, han tenido permanentemente expuestos de diversas formas (carteles, camisetas, latas de bebidas...). También en el uso de las promociones comerciales que sus establecimientos les han ofrecido. Por supuesto, en el prestigio adquirido para el consumo de sus productos. Y, claro, la ayuda del estado por la exención correspondiente de impuestos. Habría que incluir también la buena imagen que se deriva de la presencia en la misa en Cuatro Vientos de personajes como Emilio Botín (Banco Santander), Esther Koplowitz (FCC), Rodrigo Rato (Bankia), Arturo Fernández (CEOE), Ángel Ron (Banco Popular)… Alta rentabilidad, vamos. Sólo ha faltado que el cardenal Rouco Varela o el portavoz Martínez Camino, cuando salían en las ruedas de prensa, hubieran aparecido delante de un mural con los logos de las empresas patrocinadoras, como hacen las grandes figuras del espectáculo en ocasiones similares... Se me ha venido a la cabeza ese pasaje bíblico neotestamentario que alude a la mayor dificultad que tiene un rico de entrar en el reino de los cielos que un camello hacerlo por el ojo de una aguja. Pues algo no cuadra. 

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Reforma de...? ¡Anda ya!

Si no recuerdo mal, la reforma de la Constitución que han pactado el PSOE y el PP, con el apoyo de CiU, para limitar el déficit público del estado, es la segunda. La primera, de 1992, estuvo relacionada con el tratado de Maastricht y la posibilidad de que ciudadanos y ciudadanas de la entonces naciente Unión Europea pudiesen ejercer el sufragio pasivo en las elecciones locales, pudiendo así presentarse en candidaturas. Ahora lo susodichos quieren poner límite al déficit público para, dicen y obedecen a la vez, buscar el equilibrio presupuestario por el bien de la estabilidad de los mercados. Pura doctrina liberal y neoliberal. Que en España la deuda privada sea superior a la pública y superior a la media de la UE, no importa. Ésta la cobran los bancos con grandes dividendos, que tienen, además, el aval del propio estado. Que la deuda pública se derive en España en gran medida de una menor presión fiscal, por debajo de la media de la UE, y del enorme fraude de las rentas mayores, tampoco importa. Se gasta menos y punto. Pero, claro, de las partidas sociales: sanidad, educación, pensiones, subsidios sociales... Y luego dicen que no son parecidos. ¡Anda ya!

martes, 23 de agosto de 2011

Teatro en la calle


Me gusta el teatro que se hace en la calle. En Salamanca ha sido frecuente poder gozar de ese espectáculo desde hace bastantes años. Cuando estudiaba en la Universidad quedé deslumbrado por la representación que el grupo Els comediants hizo de la obra Sol, solet. Pura fantasía retratando la realidad. Yo mismo participé, allá por 1982 ó 1983, en un acto político contra las centrales nucleares al que le dimos forma de representación teatral, entre lúdica y crítica, recorriendo primero varias calles a ritmo de percusión y poniéndola en escena finalmente en la misma Plaza Mayor. En ella, con Nicolás, José Luis, Mari Leo, Pedro, Chema, Auxi, Pablo, Samuel... Más cercano en el tiempo, en 2002, cuando celebraba su capitalidad cultural, varios rincones de la ciudad fueron escenario de la representación de obras dedicadas a mujeres, reales o literarias, que pisaron sus calles, como María la Brava, Teresa de Ávila, La Celestina o las que, dicen, se enfrentaron a Aníbal. Este verano he podido disfrutar de dos obras que, aunque breves, no han dejado de ser interesantes y merecer el aplauso de la gente: El loco, a cargo de Etón Teatro, dedicada a la figura de Erasmo de Rotterdam: y Salamanca 1900, de Intrussión Teatro, un microfresco de la sociedad de hace un siglo. Teatro en la calle. Vida, historia, realidad. 

Post data de dos días 

El espectáculo callejero de Els comediants tuvo lugar en mayo de 1979 y el acto en el que simulamos una explosión nuclear, en junio de 1983. No hay nada mejor que acudir a las fuentes y, por suerte, dispongo de materiales que lo certifican.

lunes, 22 de agosto de 2011

Una subida a la Peña

El jueves pasado subí con mi hermano Juan Miguel a la Peña de Francia. Salimos sobre las diez de la mañana, quizás un poco tarde,  desde El Cabaco, a cuyo municipio pertenece la que es la altura mayor, a 1723 metros, de la sierra de Francia, una más de las que se alinean de este a oeste a lo largo del Sistema Central. Cuando media hora antes llegué al pueblo desde la capital, creí que íbamos a hacer una marcha entre dos o tres pueblos de la zona. Sin embargo, inducido por mi hermano y sin ninguna oposición por mi parte, me vi en la Dehesa del pueblo para iniciar el recorrido hacia la Peña. Los primeros 4,5 kilómetros del trayecto fueron de una tenue subida, siempre acompañados de robles y la sombra generosa que nos ofrecían, sin que faltaran los numerosos mosquitos que no paraban de pulular a nuestro alrededor y que nos obligaban a mantener las manos en permanente agitación. Los siguientes 3 kilómetros fueron de una subida algo más empinada, en la que fueron alternándose con los robles, pinos de repoblación y tramos clareados de árboles donde el sol se dejaba sentir cada vez con más intensidad. Fue un día de mucho calor. Los últimos 2,5 kilómetros, sin que llegaran a ser de vértigo, lo fueron para mí de una gran dureza por la rapidez de la ascensión. Parecía mi hermano una ardilla, dado el ritmo que imprimió a la marcha y la resistencia que mostró en todo momento, y eso que  su edad es bastante –algo, para él- superior a la mía. Por el camino me fue desvelando pormenores de otras ascensiones suyas, como la gente que le acompañó, las dificultades del antiguo sendero o el tiempo empleado en la subida. De esto último me dijo que tenía una marca de tres horas menos tres minutos. Los descansos cortos que me impuse me permitieron, además de tomar aire, fotografiar y contemplar el paisaje que se asoma hacia el norte, con las estribaciones más bajas de la sierra de Linares y la penillanura que se va perdiendo en la lejanía con su alfombra de encinas. Fueron dos horas y media de camino, que rebajaron en unos treinta minutos la marca de mi hermano. Ya arriba, donde se sitúan el santuario de la virgen, la hospedería de los monjes, la cafetería y la torre de telecomunicaciones, no faltó la presencia de jóvenes, subidos en autobús, que bajo la denominación de peregrinos han estado surcando durante días lugares y ciudades para recibir al Papa de la catolicidad. Después de media hora de descanso e hidratación, reanudamos la marcha hasta completar casi dos horas de bajada, aunque esta vez sin pausa.

sábado, 20 de agosto de 2011

Los síntomas a través de Londres

Lo ocurrido días pasados en varios barrios de Londres y de otras ciudades británicas no ha gustado al gobierno, ni a los tres partidos gobernantes ayer y hoy, ni a la mayoritaria gente de orden. La idea de gamberrismo o delincuencia subyace en la valoración de los acontecimientos. Es fácil hacer uso de buena parte de las recogidas imágenes para crear una opinión que, distorsionada casi siempre, sólo se basa en los síntomas, pero no en la causa. Tampoco ha gustado lo ocurrido a quienes, de distintas formas, combaten el sistema, al contemplar cómo la energía empleada por sus protagonistas apenas refleja una rabia social expresada en una violencia ciega que lo único que hace es alimentar a quienes sólo defienden el orden establecido. Una energía que proviene de la frustración social de quienes no son más que los desechos de un sistema que genera cada vez mayores desigualdades sociales. No se trata de pobres, al menos como lo hay en los países del Tercer Mundo, pero sí de gente que, en mayor o menor grado, está sufriendo en los países ricos las consecuencias del neoliberalismo y de la crisis que está conociendo: trabajo precarizado, desempleo, servicios sociales deficientes, exclusión social... 

viernes, 19 de agosto de 2011

Uno de los corazones de Euskal Herria

El monte Txindoki preside desde la sierra de Aralar esa pequeña comarca, mientras a sus pies el río Oria va dejando la huella de su recorrido atravesando Beasain, Ordizia y, un poco más abajo de su curso, Tolosa. Partiendo de esta villa, en medio se sitúan, entre subidas y bajadas por la carretera, Alegia, Amezketa, Abaltzisketa, Zaldibia, Lazkao o Ataun. Más al oeste, siempre con el río como referencia, se asciende hacia Segura, Zerain y Mutiloa. Por allí estuve hace unos días, contemplando su naturaleza, sus sillares, sus construcciones en madera, sus frontones, sus murales, sus esculturas, sus gentes, su lengua... La llaman la comarca del Gohierri. Dicen que ése es el corazón del País Vasco. Eso es lo de menos. Es, en realidad, una de sus tantos pequeños territorios repartidos entre dos estados y en diversas provincias. País Vasco, en euskera Euskal Herria, al que Arana bautizó hace más de un siglo como Euskadi. Una tierra donde, más que en pugna, conviven la tradición y la modernidad. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Junto a la ría

Pasé por Bilbao en el verano de 1968 y apenas nos dieron tiempo para visitar el santuario de Begoña, del que supe después que años antes había sido escenario de un episodio violento entre falangistas y carlistas. Recorrimos las calles un día nublado y quizás por ello me quedé con la imagen de una ciudad gris. Pasados los años, desmantelada su infraestructura industrial y portuaria tradicional, se ha levantado en uno de esos lugares uno de los templos de la postmodernidad, obra de Frank O. Gehry, que se alza como un barco varado junto a la ría: el museo Guggenheim. El otro día tuve ocasión de contemplar, sucesivamente, la mole de volúmenes yuxtapuestos recubiertos de placas de titanio; las muestras que ofrece en su interior del arte realizado desde mediados del siglo XX; el entorno urbano reciente donde se ubica; el trazado radiocéntrico de la ciudad burguesa construida a finales del siglo XIX; lo que queda de épocas anteriores, incluida la plaza Nueva y la sede de la academia de su lengua antigua; y un tramo del paseo que recorre la ría por donde pasa el río Nervión.  

jueves, 11 de agosto de 2011

Donostia/San Sebastián: paseando por una ciudad hermosa



Cuando vivían en Tolosa, mi padre y mi madre habían planeado irse a vivir a San Sebastián. Circunstancias que no vienen al caso hicieron que acabaran regresando a Salamanca. Quién sabe lo que hubiera ocurrido, pero podría haber nacido en la capital guipuzcoana, hoy más conocida por su nombre en euskera: Donostia. El otro día estuve allí, recorriendo calles y puentes de la Parte Vieja y el Centro, y recorriendo el soberbio paseo que rodea las playas de la Concha, Ondarreta y Zurriola. Mirándose bajo los montes Igueldo y Urgul estaban Chillida y Oteiza. Uno, peinando los vientos que llegan desde el mar y se estrellan sobre las rocas; y el otro, dejando constancia de cómo construir sobre el vacío.

jueves, 4 de agosto de 2011

Estuve en Tolosa

Ayer paseé por sus calles y localicé la plaza donde vivió mi familia. Antes, de los Fueros, ahora llamada Berria. Jorge le dedicó un precioso zorcico, aludiendo al río Oria, al monte Uzturre, a los frondosos valles… Desde que nací siempre estuvo presente en la vida familiar. Fueron diez años en que siete de mis hermanos y hermanas vivieron en ella, cinco nacieron y una, de la que mi madre dijo que es un ángel, murió de niña. Diez años que fueron suficientes para que mi madre se contagiara del “te dije que me traerías….”, para que el mayor utilizara hasta muy tarde el “amá”, para que llamemos “chustarra” a lo que queda de la manzana cuando se come, para que sigamos cantando por navidades el “Gabon, eskarrikasko” o para que, entre tantas cosas más, yo mantenga mi simpatía por la Real Sociedad.