viernes, 30 de abril de 2010

Vivir dignamente

Se ha formado en Andalucía la asociación DEGENA, acrónimo de Docentes por la Equidad de Género y la Educación no Androcéntrica. Se gestó en las IV Jornadas de Formación Docente en Igualdad de Género celebradas a finales de  mayo del año pasado en Granada y a las que tuve la ocasión y el placer de asistir. Dispone de un blog propio (http://degenacoe.blogspot.com/), donde, entre otras cosas, informan sobre las actuaciones que están llevando a cabo y las que tienen previstas. No está de más echarle un vistazo de vez en cuando. Yo mismo lo he colocado entre mis favoritos. Incluso, si se quiere, tampoco está de más hacerse miembro de la asociación. En su mayoría son mujeres, pero habemos también unos pocos varones.   

Precisamente una de las imágenes que encabezan mi cuaderno reproduce una de las obras que se expusieron en la sala de actos principal y que por mi parte titulé "Están por todas partes". Podía haber puesto cualquier otra fotografía, pero la que finalmente elegí sintetiza ese fantasma que nos persigue permanentemente en la sociedad llena de desigualdades en que vivimos: sociales, de género, culturales... El "varón burgués blanco" es su prototipo dominante, de manera que el mundo está hecho a su medida. Se manifiesta de muchas maneras, pero siempre en forma de desigualdad, marcando las diferencias que buscan perpetuar la dominación de alguien sobre alguien. Si eres esas tres cosas, no vas a tener problemas. Si careces de una de ellas, puedes empezar a tener algunos. Como carezcas de dos, poco puedes hacer. Si te faltan las tres, nada. Es la ideología de las ideologías dominantes: la burguesa, la androcéntrica, la racista...

Hay que conseguir que dejen de estar por todas partes, para que podamos vivir en un mundo menos angosto, más respirable, más digno.

domingo, 25 de abril de 2010

Hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida (a Miguel Hernández)

Pronto se cumple el aniversario de la muerte del poeta Miguel Hernández. Murió en la enfermería de la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942, cumpliendo condena de treinta años. Dos antes le habían conmutado la pena de muerte. Pero dio igual, porque la tuberculosis que contrajo en la cárcel en la práctica fue una de las decenas de miles de ejecuciones que en esos años de terror existieron. El fascismo en estado puro.

Cuando era joven leí que antes de morir escribió como últimos estos versos: Adiós, hermanos, camaradas, amigos / despedidme del sol y de los trigos. Me inspiraron la imagen que acompaña este artículo. No hace muchos años leí en la biografía que del poeta hizo José Luis Ferris (Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte del poeta) que tales versos no eran suyos. Al parecer fue el poeta paraguayo Elvio Romero quien se los atribuyó, malinterpretando uno poema del sevillano Antonio Aparicio titulado “A la muerte de Miguel Hernández”:

Ciego en una prisión de cal y canto,
su corazón cubierto de cadenas,
Y sin más compañero que su canto,
y sin más compañería que sus penas,
fijo en las negras redes
que clavaban su suerte,
dejó escrito en su celda, en sus paredes,
su "Me voy con la Muerte".
Su "Adiós mis compañeros, mis amigos;
Despedirme del sol y de los trigos".

He estado indagando sobre este extremo y, la verdad, no me ha quedado la cosa clara. En todo caso no quita un ápice ni a su obra, ni a su persona, ni a la causa de su muerte.

Este año se cumple el centenario del  nacimiento, lo que va a ser motivo de muchos actos, seguro. He leído que el parlamento valenciano ha pedido que se anule el proceso judicial. Resulta curiosa la actitud el PP valenciano, pues se ha pronunciado a favor de esa iniciativa, cuando niega que se haga lo mismo con tantas víctimas del régimen franquista. Tilda por ello a quienes lo promueven de fomentar el odio y la venganza.

Miguel Hernández fue uno de mis poetas de cabecera en mi juventud, como lo fue para tanta gente, sobre todo joven. En él se unían muchas cosas para ser un referente humano, político y literario. Era de origen humilde, fue comunista, estuvo en el frente de guerra como comisario de cultura, escribió poemas inmortales, sufrió la cárcel y murió en ella. Una vida corta, pero llena de vivencias y, ante todo, coherente. Encajaba perfectamente en la mística de quienes en la lucha contra la dictadura fascista soñábamos por un mundo mejor.

¿Quién no es capaz de recordar versos de la “Elegía” dedicada a Ramón Sijé como Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, o A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero? ¿O de las “Nanas de las cebolla”, La cebolla es escarcha / cerrada y pobre: / escarcha de tus días / y de mis noches. / Hambre y cebolla: / hielo negro y escarcha / grande y redonda?  

De Miguel Hernández musiqué varios poemas, siendo el primero de todos “Sentado sobre los muertos” con su Aquí estoy para vivir / mientras el alma me suene, / y aquí estoy para morir, / cuando la hora me llegue, / en los veneros del pueblo / desde ahora y desde siempre. También, entre otros más, “Canción del esposo soldado”: Para el hijo será la paz que estoy forjando. /  Y al fin en un océano de irremediables huesos, / tu corazón y el mío naufragarán, quedando /  una mujer y un hombre gastados por los besos. O “Llamo a la juventud”: La juventud siempre empuja / la juventud siempre vence, /  y la salvación de España / de su juventud depende.

Mi hermano Jorge y yo cantábamos Como el toro he nacido para el luto / y el dolor, como el toro estoy marcado / por un hierro infernal en el costado / y por varón en la ingle con un fruto. Era uno de los sonetos de “El rayo que no cesa” y que él mismo musicó con una melodía preciosa impregnada del dodecafonismo que tanto le atraía.

Poemas en su mayoría impactantes, que hacen aflorar los sentimientos, la ternura, el amor, la pasión… Uno de ellos, de los últimos que escribió, es “Eterna sombra”, con unos versos iniciales cargados de una profunda tristeza: Yo que creí que la luz era mía / precipitado en la sombra me veo. Pero transformados con otros finales llenos de una arrolladora esperanza: Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida.


sábado, 24 de abril de 2010

El poder judicial es un poder político

El mundo de la judicatura está en candelero. Mal asunto, pues se trata de uno de los tres poderes al uso del sistema político liberal-democrático. Parto de una idea que no he visto tenida en cuenta por la gente experta en materia jurídica: los tres poderes de un estado son políticos, de manera que igual que se dice que el parlamento y el gobierno lo son, y no así el poder judicial, lo que se está haciendo es o cometer un grave error o mentir más descarada que sibilinamente.

La diferencia entre los poderes legislativo (fundamentalmente el parlamento) y ejecutivo (gobierno), y el judicial es que los dos primeros parten de su carácter electivo, lo sea directo o indirecto, y sistema de elección aparte. El parlamento surge de la decisión de la población que votando confiere a esa institución ser la portadora de su soberanía. El gobierno, por su parte, sale del parlamento, como expresión suya. Lo normal es que represente a la mayoría, por acción o por omisión. En el primer caso, cuando la persona encargada de nombrar el gobierno tiene la mitad más uno de los votos para que sea investida; votos provenientes de su propio grupo o de otros grupos. En el segundo, cuando no teniendo esa mayoría absoluta, consigue que ninguna otra persona tenga más.

El poder judicial, sin embargo, no sale de ninguna elección. Sus miembros son profesionales de la judicatura que a lo largo de su carrera van escalando en el escalafón. En el caso español va desde simples jueces o juezas de instrucción en juzgados de distrito  hasta magistrados o magistradas de diversos ámbitos, que van a su vez desde las audiencias provinciales hasta el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional (éste, para asuntos que afectan a los derechos fundamentales recogidos en la Constitución), pasando por los tribunales superiores de las comunidades o la Audiencia Nacional.

El caso es que quienes ocupan esos puestos en la judicatura son también agentes políticos del sistema, porque tienen que decidir sobre asuntos políticos, al afectar a situaciones y personas de la res publica, de la polis, de la sociedad... Y eso es política.

En España, además, hay ámbitos de la judicatura que tienen una vinculación política directa con los otros poderes: el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional, nombrado desde las Cortes, y el Tribunal Supremo, nombrado por Consejo General del Poder Judicial. El poder judicial, pues, es político en sí mismo y en todos sus niveles sin excepción, además de estar condicionado (mal llamado politizado) desde los otros dos poderes.

Hechas estas aclaraciones, dejo para otro día las razones que llevaron a hacerla.

    

Racismo encubierto contra Evo Morales

La manipulación informativa no tiene límites. La última, contra Evo Morales. Fui testigo del show vergonzoso que El intermedio montó el pasado martes, con el GW a la cabeza. Les hizo gracia lo que dicen que dijo, su forma de hablar, su forma de vestir... Pero no fue el único. Todos los medios de comunicación del sistema, en el que están, por supuesto, los "progres" El País, Público, Cuatro o La Sexta, se lanzaron contra el presidente de Bolivia. Remito a los enlaces siguientes (hay muchos más) para conocer más sobre el asunto y poder saber la manipulación orquestada para encubrir sus verdaderas intenciones:



Y es que la culpa no la tienen ni Evo ni los pollos que son tratados con hormonas, sino quienes los alimentan. No se refirió Evo a los transgénicos, pofesionales (sí, pofesionales) de la cuatro, de la sexta, del país, de público y demás mierda mediática). Algo, por otra parte, que resulta escandaloso. Si no, vean (y las negritas no son mías) lo que dice una revista de especializada: 

"En la década del 50 y 60 los pollos se engordaban en Europa 4-5 meses antes de ser faenados, por lo cual se usaban hormonas femeninas, que se inyectaban en el cuello. Sólo los pollos machos eran reservados para producir carne, eran los llamados pollos de campo; mientras que las hembras se utilizaban para producir solamente huevos. Al inyectarle hormonas femeninas al macho se producía un proceso similar a la castración y así engordaban mucho más en ese poco tiempo. Al consumir cuellos de pollo con hormonas, algunas personas experimentaron ginecomastia, que es el agrandamiento de las glándulas mamarias, de aquí la creencia de que el pollo con hormonas engorda y hace crecer el busto. Actualmente la producción de pollos no usa este método de las hormonas femeninas porque es muy costoso, aunque en algunos países la producción de pollos para consumo de su carne sigue siendo intensiva y poco saludable para los animales por el régimen de alimentación y hacinamiento al que están sometidos" (http://www.nutricion.pro/02-12-2008/alimentos/pollos-y-hormonas). 

Vamos que se dice que antes sí se hacía, que después y ahora no se hace, pero que hay países que sí lo siguen haciendo. En definitiva, que sí. ¿O no?

Evo no nombró en ningún momento la homosexualidad, sino que lo hicieron los y las pofesionales (sí, pofesionales) de la cuatro, de la sexta, del país, de público y demás mierda mediática. Lo demás, son ganas de... ¿fastidiar? No, hay algo más porque Evo es...


el presidente que está poniendo límites a la explotación de los recursos naturales de su país frente a la voracidad de las empresas de los imperios;

el presidente que se atrevió a irse, junto con Hugo Chávez y alguno más, de la Cumbre de Copenhague donde los países que más han destrozado a la naturaleza daban lecciones a los demás de cómo no hacerlo;

el presidente que defiende la soberanía alimentaria de su país;

el presidente que busca en la gente rica para repartir lo que les sobra entre quienes nunca han tenido nada;

el presidente que ha conseguido que Bolivia sea un territorio libre de analfabetismo;

el presidente que no para de ganar junto con su partido una elección tras otra, lo que expresa el apoyo con el que cuenta;

un presidente indio...

Y es que todas esas cosas duelen. 


viernes, 23 de abril de 2010

Más sobre lo de Jerez

Acabo de ver que la asociación Jerez Recuerda ha publicado en la red un resumen del acto que organizó en memoria de María Luisa Cobos y en el que fui invitado para participar en él el pasado 12 de marzo. Pongo el enlace de la página para que se pueda leer su contenido:


Bonita la labor que está haciendo la asociación jerezana, con Pep y Mª José al frente.

Los libros

Hoy es el Día del Libro. Un día bonito. Un motivo importante. Siento envidia de Cataluña y su costumbre de regalar un libro. Uno de los bienes más preciados. Para mí, posiblemente, el que más. Hace bastantes años, a finales de los 70, el grupo Vainica Doble cantaba que "todo, todo, todo está en los libros". Me acuerdo cuando Pedro, yo y alguno más lo cantábamos, llenos de alegría, en lugares como Granada, Hervás... Siempre he vivido rodeado de libros. Nací entre ellos. Formaron parte de mi paisaje diario entre las estanterías del despacho. Libros del pasado y del momento, que iban y venían. Sigo viviendo entre libros. Unos árboles de papel llenos de vida, ricos en contenido y en matices. Un gusto por ese paisaje, su contemplación y su deleite que heredé de mi padre. Bonita herencia. Cultura pura.


jueves, 15 de abril de 2010

Un libro sobre la batalla de Brunete

He recibido de mi hermano Seve un correo en el que me informa de la próxima aparición de su libro La batalla de Brunete, editado por la editorial Raíces.  He tenido ocasión de leer algunas partes del mismo cuando ultimaba su escritura. No puedo por menos que alegrarme por el resultado. Lleva muchos años dedicando buena parte de su trabajo, con mucha ilusión, a historiar la guerra civil. Fue pionero, allá por 1986, en la arqueología de guerra, con el libro Paisajes de guerra, fruto de una labor encomiable a base de patearse Madrid en busca de búnkeres, trincheras y demás restos del momento. Años más tarde escribió el artículo "Arqueología de la guerra civil en Madrid", donde profundizó sobre el tema. Se ha dedicado a investigar sobre la presencia de las Brigadas Internacionales en Madrid. Así salió su artículo "La colina del suicidio", sobre la batalla del Jarama, y así editó el libro Voluntarios de la libertad, donde aparecieron 50 poemas sobre las Brigadas Internacionales. Fue amigo de Bob Doyle, un brigadista irlandés que acabó viviendo en Londres, editando  Memorias de un rebelde con pausa, además de traducir el manuscrito (con la ayuda de otro hermano, Jose) y escribir el prólogo. Y ahora, La batalla de Brunete. Recomiendo su lectura, que es altamente interesante. Y para los tiempos que corren, con tanto tufillo fascista, necesario.

miércoles, 14 de abril de 2010

Reivindicar la República

  "Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La naturaleza y la historia parecen fundirse en una clara leyenda anticipada o un romance infantil..." (Antonio Machado).

Durante la dictadura del general Franco fuimos instruidos en el odio a la IIª República, periodo donde -nos decían- se habían acumulado todos los males y demonios de nuestra historia. Tenía su lógica, porque este país fue ahogado en sangre durante la guerra civil y durante la represión por ella. Sin embargo, poca gente hoy sabe lo que ocurrió durante esos años y poco comprende lo que representó, como si ese ejercicio de amnesia colectiva pudiera liberarnos del fantasma que inventó el franquismo. Las movilizaciones de importantes sectores de la población tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, donde los partidos monárquicos sufrieron una clara derrota política (sólo ganaron en el mundo rural, paraíso de los caciques, que decidían sobre el destino y voto de la gente), hicieron que el día 14 naciera la IIª República española, dejando atrás la dictadura surgida en 1923 y la larga etapa de corrupción de la restauración borbónica. Que por segunda vez en nuestra historia la jefatura del Estado (la primera tuvo lugar en 1873)  fuese elegida y no perteneciera al privilegio de una familia, ya era de por sí un gran avance. Como también lo fue que la constitución aprobada en octubre de 1931 estructurara el primer régimen político democrático habido en  nuestro país. Con la posibilidad de dotarse de estatutos de autonomía por los distintos territorios se abrió el camino de una  descentralización política y administrativa (Cataluña aprobó su estatuto en 1932; el País Vasco, en 1936; Galicia no pudo aplicarlo por la guerra civil; en Andalucía se elaboró un anteproyecto...). El voto de las mujeres fue una novedad que, junto con otros  reconocimientos civiles y políticos (igualdad de ambos sexos, divorcio, etc.), permitieron el acceso de las mujeres a la vida pública (trabajo, política, educación, universidad, etc.) a unos niveles sin precedentes hasta entonces.  La formación de un Estado laico se expresó en la libertad de culto, en que la educación pasase a ser sobre todo una tarea pública, en el reconocimiento de los matrimonios civiles, etc., limitando los privilegios que la Iglesia había tenido desde siglos. En el fuerte impulso que la educación tuvo, son claras muestras la construcción de numerosas escuelas, la introducción de la coeducación o el fomento de las bibliotecas. La legislación laboral posibilitó importantes avances en materia de jornada (ocho horas), enfermedades, accidentes, contratos, vacaciones (una semana), etc. No se trata de mitificar un periodo histórico que, por otra parte, fue mucho más complejo. Porque las fuerzas  políticas que posibilitaron las reformas antes señaladas (republicanos de izquierda y socialistas) no fueron capaces de satisfacer otras necesidades, como fue el caso de la reforma agraria, insatisfactoria en su aplicación, pero también en su planteamiento. Amplios sectores populares querían más (querían la revolución, por qué no decirlo), bajo la influencia sobre todo del anarcosindicalismo, pero también de socialistas y comunistas. Hubo sectores republicanos conservadores que se decantaron por las clases sociales adineradas frente a las más humildes. Los monárquicos, sectores militares o la Iglesia  desde el primer momento hicieron todo lo posible por acabar con la República, defendiendo unos intereses forjados en décadas -y también en siglos- basados en los privilegios sociales, la manipulación política, el oscurantismo cultural o la explotación económica. ¿Por qué hoy se hace poco por recordarla? ¿No será que abrió un camino y una esperanza? Bueno es que hagamos un poco de justicia y la recordemos en su aniversario.  

(1997) 
 

domingo, 4 de abril de 2010

En torno a los orígenes y evolución de los derechos humanos

"Para vivir seguros y lo mejor posible, los hombres tuvieron que unir necesariamente sus esfuerzos. Hicieron, pues, que el derecho a todas las cosas que cada uno tenía por naturaleza, lo poseyeran todos colectivamente (...). El derecho de dicha sociedad se llama democracia; ésta se define, pues, la asociación general de los hombres que posee colegialmente el supremo derecho a todo lo que se puede".
(Spinoza, 1670).


Hablar de derechos, entendidos como las facultades que tenemos las personas para actuar en la vida como seres con dignidad, es algo que se corresponde en sentido estricto con los últimos siglos de la historia. Cuando en el siglo XVII tuvo lugar la guerra civil en Inglaterra, que acabó definitivamente con la monarquía absolutista, se hizo en nombre de unas garantías legales que permitieran a las personas defenderse de los abusos de autoridad de unos monarcas que concentraban y ejercían arbitrariamente el poder en nombre de una supuesta delegación de origen divino. Algunos pensadores, como fue el caso de Locke, teorizaron para dar consistencia a una forma nueva de establecer las relaciones políticas entre las personas, basadas en la consideración de que al nacer disponíamos de unas facultades, a las que denominaron derechos naturales, tales como el de elección de gobernantes, rebelión contra la tiranía, igualdad ante la ley, libertad religiosa, propiedad, etc. Sin embargo, la Bill of Rigths de 1688 de Inglaterra, que estableció en sus 13 puntos las bases de una nueva concepción política, tuvo una plasmación práctica perversa al reducir de hecho el catálogo de derechos a una minoría, la nobleza y la burguesía, que eran quienes tenían el derecho (de hecho, privilegio) a votar.

En el siglo XVIII la labor de los pensadores ilustrados, en su mayoría franceses, contribuyó a desarrollar, divulgar y dar cuerpo a unas ideas que ponían su acento en el hombre y los derechos que le asistían. La lucha por la independencia de las colonias inglesas de América del Norte contra su metrópoli se hizo invocando a uno de los derechos proclamados un siglo atrás en Inglaterra, el de rebelión contra la tiranía, una vez que el parlamento se negó a reconocer las peticiones hechas desde las colonias por sus portavoces. La Declaración de Derechos de 1776 del estado de Virginia marcó un hito en el reconocimiento legal y formal de los derechos individuales, influyendo sobre las declaraciones de otros estados de América del Norte y trece años después sobre la que adquirió mayor resonancia en su tiempo, la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa de 1789. En su conjunto proclamaron de una manera rotunda y clara cuáles eran los derechos que se tenían al nacer, resumidos en el lema universal de "Libertad, Igualdad y Fraternidad". A partir de este momento y a lo largo del siglo XIX se puede decir que la marea liberal fue acabando con los regímenes absolutistas y dando lugar a la elaboración de constituciones en los distintos países que recogieron con mayor o menor amplitud derechos individuales. La plasmación práctica de esos derechos y las normativas que los desarrollaron, nos obstante, tuvo sus limitaciones, hasta el punto que, por ejemplo, en EE.UU. quedó inicialmente fuera de ese reconocimiento la población afroamericana e indígena, que el derecho al voto fuera restringido al principio a una minoría o que en todos los casos las mujeres carecieron de derechos políticos como el del voto y se vieron discriminadas en la adquisición de otros derechos civiles (matrimonio, divorcio, herencia, educación, etc.), supeditadas o en favor de los varones. En este mismo siglo, bajo la presión de amplios sectores sociales, en especial la clase obrera, fueron reconociéndose con el tiempo otros derechos, como el de asociación, reunión, manifestación y en menor medida el de huelga. El sufragio universal masculino, reconocido efímeramente en Francia en 1793, empezó a ser una realidad en la segunda mitad del XIX y en el caso de las mujeres Nueva Zelanda inauguró en 1893 el lento goteo del reconocimiento del voto.

Llegados al siglo XX, en medio de una vorágine de violencia y, por qué no decirlo, de la mayor violación sistemática y numérica de los derechos de las personas (sólo las muertes relacionadas con las dos guerras mundiales se aproximan a los cien millones), las reivindicaciones en torno a los derechos de las personas cobran una nueva dimensión. Guerras imperialistas, explotación colonial, persecuciones políticas, genocidios, etc. se inscriben en la larga nómina de la barbarie humana cometida entre y contra personas. Si la revolución rusa dio paso al reconocimiento formal de derechos sociales hasta el momento no tenidos en cuenta (descanso, vacaciones, enfermedad, educación, sanidad, etc.) o de la igualdad entre varones y mujeres, no podemos quedarnos callados ante la horrenda violación de los derechos más elementales que tuvo lugar especialmente durante el periodo staliniano y que dio con millones de personas en las cárceles, los campos de concentración o la muerte. A ello ha de sumarse, durante el periodo de Entreguerras (1918-1939), los regímenes fascistas de Alemania (donde se llevó a cabo un experimento racista que acabó con la vida de millones de personas, judías en su mayoría) e Italia, las dictaduras de una buena parte de los países europeos, el dominio y explotación de las potencias europeas sobre sus colonias asiáticas y africanas, el control económico de EE.UU. sobre Centroamérica, la carencia de derechos sociales de la poblacion trabajadora de todos los países, incluidos los más avanzados.

La dimensión trágica que alcanzó la segunda guerra mundial, donde hubo alrededor de sesenta millones de muertes, a las que habría que añadir los millones de personas heridas, desplazadas, menores huérfanos, enfermedades, hambre o destrucción material, caló profundamente en la mente de mucha gente. Nunca se había llegado tan lejos en el horror y la conciencia de ese horror y es en este contexto cuando, tras la formación en 1945 de la ONU como organismo internacional mediador de los conflictos entre países y fomentador de la paz, se elaboró la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en fecha de 10 de diciembre de 1948. En sus 30 artículos se establecieron unas bases de relaciones humanas que por sí mismas servirían para dignificar a los habitantes de la Tierra, recogiendo derechos políticos, sociales, económicos, de menores, mujeres y mayores, o de los pueblos. Es cierto que el grado de cumplimiento, lejos de esperanzar, podría ser motivo de desilusión si no fuera porque las personas, individual o colectivamente, en su afán de sobrevivencia y de mejorarse luchan constantemente. Si no, no se entendería, y volviendo a los ejemplos, el desafío que las madres de la plaza de Mayo argentinas hicieron al poder militar para denunciar la desaparición de sus hijos e hijas; el empeño de mujeres como la guatemalteca Rigoberta Menchú por defender a la población indígena; la resistencia pacífica de Gandhi frente al dominio colonial británico en la India o de la birmana San Suu Kyi frente al gobierno de su país; la paciencia de Nelson Mandela en la cárcel sudafricanas por oponerse a la segregación racial; o, por no irnos muy lejos, la resistencia y lucha que amplios sectores de nuestro país mantuvieron durante los cuarenta años de dictadura franquista en defensa de la libertad.

En la declaración de 1948 faltan cosas, nuevas realidades, el reflejo de una conciencia en evolución más sensible con la naturaleza, con el respeto a nuevas formas de relaciones interpersonales, de opción sexual, de muerte digna..., pero no sobra nada. Queda, ante todo, desarrollarla y cumplirla.

(1998)

Emigrantes e inmigrantes

Emigración e inmigración son las dos caras de una misma moneda. Una no puede existir sin la otra. Quien sale de su lugar de origen es emigrante y se convierte en inmigrante en el lugar donde se instala. Es una práctica tan antigua en la humanidad que se remonta a sus propios orígenes, cuando las personas eran nómadas y se veían obligadas a desplazarse continuamente para poder subsistir cazando, pescando o recolectando frutos. La sustitución del nomadismo por formas de vida sedentarias fue inicialmente una consecuencia de la aparición de la agricultura, cosa que ocurrió hace unos diez mil años y fue entonces cuando surgieron los poblados (más o menos estables), que se fueron multiplicando a medida que las comunidades humanas se expandían para poder obtener los recursos necesarios con los que subsistir. Con el tiempo los grupos humanos se fueron haciendo más complejos y a la vez que aparecían nuevas tareas y nuevas técnicas, se fueron formando divisiones entre sus componentes según el rango y la riqueza. Así hace unos cinco mil años ya se conocían técnicas avanzadas para regar los campos y fabricar utensilios de metal, existían las ciudades (donde vivían sobre todo quienes no trabajaban en el campo), pero también se formaron los estados y con ellos las fronteras. Las personas nunca han dejado de desplazarse. Las causas han sido múltiples, como variadas las repercusiones entre quienes lo han hecho. Hay quien lo ha hecho en condiciones de superioridad (conquistando y/o colonizando) y hay quien lo ha hecho en condiciones de inferioridad (huyendo de la miseria). A lo largo de la historia no ha habido pueblo o nación que no haya conocido el enviar población o recibirla: en momentos diferentes o simultáneamente, en relación al exterior o en su propio seno (las llamadas migraciones interiores). No hay personas que en su propia experiencia o en la de algún antepasado no se haya relacionado con este fenómeno. Lo que sigue ocurriendo en nuestros días es que ser una persona extranjera (o hacerla sentir así) no es lo mismo según el grado de riqueza. Ser inmigrante pobre sigue siendo el gran pecado.

(1998)