viernes 10 de febrero de 2012

La delicuencia de cuello blanco

"Lo que hay aquí es un mensaje para todos los jueces: se le dice que la interpretación de la jurisprudencia puede dar lugar a prevaricación". Así se ha manifestado hoy en el diario Público José Antonio Martín Pallín, antiguo magistrado del Tribunal Supremo. Hace unos días me preguntaba qué es eso de prevaricar, si por ello se entiende decidir sobre la intencionalidad injusta de quien emite una sentencia. Cuando dentro de un tribunal hay valoraciones diferentes sobre un asunto o cuando se están emitiendo sentencias tan diferentes entre unas instancias y otras, me pregunto dónde está el error y dónde la prevaricación. Me pregunto si la misma sentencia emitida contra Garzón no podría ser objeto de la misma acusación. ¿Por qué no?

He intententado argumentar en otras ocasiones que el poder judicial tiene un claro carácter político, que las decisiones se toman por personas que, aun teniendo por su fomación profesional una consideración de expertas, no son neutrales en ningún momento. Una muestra está en las discrepancias y el vaivén de decisiones que ha habido en el Tribunal Supremo en torno a los casos de Sortu y Bildu. El primero, todavía a la espera de resolverse, y el segundo, habiendo podido concurrir a las elecciones de mayo. Hasta el mismo Garzón, cuando actuó contra la izquierda abertzale, a cuya prensa y dirigentes acusó de estar dentro del entorno de ETA, fue motivo de una fuerte polémica. No hubo críticas, sin embargo, desde quienes ahora han tomado la decisión de condenarlo y apartarlo de su actividad como juez.

La Audiencia Nacional nació en plena Transición para tratar asuntos especiales a los que se incluía fundamentalente dentro del común denominador de "crimen organizado", pero que tuvo en el llamado terrorismo el primero de sus objetivos. Con el tiempo fueron entrando el narcotráfico o las mafias provenientes del exterior. Me pregunto si lo que ha hecho el juez Garzón investigando en la trama Gurtel no es hacerlo sobre otra forma de crimen organizado. Perfectamente organizado, actuando primero en Madrid y extendiéndose después a Valencia y Baleares. Una trama de criminal donde participan empresarios, cargos políticos, funcionarios, abogados y, quién sabe, por lo que estamos viendo, si también en instancias judiciales. Una trama criminal organizada y dedicada a traficar con dinero público, concesiones administrativas, operaciones fraudulentas y demás operaciones que están permitiendo el enriquecimiento desmesurado de un número importante de personas con el común denominador de su pertenencia al PP.  El que fuera fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, ha sido rotundo en unas declaraciones a elplural.com cuando ha dicho que "Los jueces del Supremo han hecho un gran servicio a la corrupción". Y no se ha quedado ahí, sino que ha calificado la sentencia como "infundada e injusta". Una opinión en la misma línea de Mercedes García Arán, catedrática de Derecho Penal, para quien no hay "rastro jurídico de prevaricación".

Juan Carlos Monedero ha sido claro hoy en su artículo "Estofado franquista de juez": "Los delincuentes de cuello blanco conocen bien el sistema en el que han prosperado. Niegan, dilatan -con las posibilidades que da el dinero a menudo obtenido fraudulentamente- los procedimientos hasta lograr la prescripción, buscan encubrir en las urnas los delitos, sobornan o amenazan". Es la ventaja de quienes tienen poder. Ahora, por lo que estamos viendo, acumulando el poder económico, los tres políticos y hasta el ideológico. Directamente o a través de sus voceros son capaces de macharcarnos con argumentos aparentemente creíbles y contundentes: que si la decisión ha sido unánime, que si el fin no justifica los medios, que la justicia vale para todo el mundo... Lo dicen quienes van camino de acumular la mayor cantidad de poder habido desde que muriera el dictador. Quienes ahora actuán en nombre de la democracia, cuando otrora lo hacían sin tapujos a sangre y fuego, y vulnerando cualquier garantía de respeto a los derechos. 

La sentencia ha sido un claro aviso para navegantes. Y es que las tres imputaciones sobre Garzón no han sido una mera coincidencia. La primera condena ha servido para liberar la presión contra el elevado número de cargos y gente del entorno del PP involucrados en la trama Gurtel. El aperitivo lo tuvimos días pasados con la declaración de "no culpable" en favor de Camps y Costa. Las evidencias de lo que vimos y oímos en el juicio no han significado nada frente a la decisión del jurado. Camps se expone arrogante aquí y allá para dejar constancia ante su gente de lo que él llama inocencia. Que hayamos oído que él estaba en la política para enriquecerse o que se hablara de favores de todo tipo como el que comenta el partido de la jornada, no es motivo de sonrojo para él. Se parece al alumno que, sabiendo todo el mundo que ha copiado en el examen, se vanagloria de haber aprobado. 

Pues bien, siguiendo con lo de Garzón, lo que se decida sobre su imputación por querer investigar los delitos contra la humanidad cometidos durante el franquismo, va a resultar de menor importancia. Por una razón clara: ya ha sido apartado como juez. Para Hernán Hormazábal, catedrático de Derecho Penal, "el Supremo necesitaba una sentencia condenatoria antes de la causa de la memoria histórica y, aunque está completamente fuera de lugar, la de las escuchas es la única que tenía posibilidades de construirse desde el punto de vista técnico".

La sensación de mucha gente -no sé cuánta, la verdad- es que esto no va a acabar aquí y que nos esperan tiempos muy duros. El fascismo fue derrotado en Europa hace más de seis décadas. Aquí, en España, no lo fue.

martes 7 de febrero de 2012

Tàpies, entre la materia y el espíritu

"Prefiero creerlo un germen transformador de la realidad social". Con esas palabras respondía Antoni Tàpies a una pregunta sobre si el arte era un lenguaje transmisor de la realidad social (Francesc Vicens, Arte abstracto y arte figurativo, Barcelona, 1975). 

He acudido a esta cita por ser uno de los componentes primordiales del conocido artista catalán que acaba de fallecer. Uno de los exponentes más relevantes del arte surgido después de 1945, de las variadas tendencias y vanguardias que se fueron sucediendo y, a la vez, simultaneando durante décadas. Un arte heterogéneo y heterodoxo que resurgía tras la implosión de la segunda guerra mundial, que recogía en herencia muchos de los logros de los años anteriores para redefinirlos e interpretarlos de múltiples maneras. Un arte donde lo figurativo y lo abstracto diluían las fronteras que tradicionalmente los había separado. Un arte heredero, si no continuador, de la estela marcada por tantos artistas que fueron abriendo nuevos caminos y, principalmente, de Paul Klee y Joan Miró. Técnicas, materiales y pigmentos se mezclaban, no a rebujo, sino como una forma más de aportar un lenguaje atrevido y ajustado a los nuevos tiempos. 

Iniciado en la abstracción geométrica y, ante todo, en el informalismo desgarrador que reaccionó contra los desastres de la guerra recién terminada, Tàpies es quizás la figura más destacada de la conocida como pintura matérica, inspirada en objetos tomados de la realidad, de la que recogía los objetos más insospechados para integrarlos en sus cuadros. Sacos, sombreros, barras de metal, trozos de madera... y hasta la barretina catalana con la que quería reflejar la existencia y su pertenencia a un pueblo que hubo de luchar duro para deshacerse de la dictadura. Una lucha a la que se vinculó desde el principio, para llegar a decir que "el gran artista debe aspirar a cambiar el mundo".

Tàpies fue una persona que como artista quiso aunar lo que aparentemente podía resultar contradictorio. El mundo de la realidad material, con el espiritual. La cultura europea de la racionalidad, con el espiritualismo oriental. Su adscripción al comunismo, con la defensa de la libertad humana. No le faltó un claro posicionamiento contra aquello que detestaba o simplemente no le gustaba en lo político y lo artístico. Fue rotundo en sus críticas demoledoras hacia el realismo socialista, al que veía anquilosado, o el arte conceptual, del que decía que era artificioso.     

En una época donde el centro de gravedad del mundo del arte, y especialmente el mercado de obras, se trasladó a EEUU, Tàpies desarrolló su  obra en Europa. Fue consciente de ello y, ante todo, no tuvo reparos en denunciar todo aquello que suponía reducir la creación artística al puro consumismo, que, por lo demás, suele conllevar a que acaba convirtiéndose en algo efímero. Supo observar y participar de las numerosas tendencias que conoció, bebió de ellas para aportar un sentido personal de su creación. En una entrevista concedida hace dos años (Lidia Penelo, Público, 14-05-2010), hizo un repaso de lo que fue su trayectoria vital, llegando a decir, fiel a su visión comprometida del arte, que "encontrando mi verdad, creo que hago algo útil para la sociedad".  
 

domingo 5 de febrero de 2012

Alfredo y Carme

Alfredo ha ganado por pocos votos de diferencia -22, concretamente-, lo que refleja, de partida, que estuvo a punto de no hacerlo. Me pregunto qué habría ocurrido si la ganadora hubiera sido Carme. Uno, desde 2006, y otra, desde 2007, coincidieron en el gobierno presidido por José Luis. Representan generaciones distintas de su partido: él, veterano, fuertemente ligado al felipismo; y ella, más joven, al zapaterismo. Él, universitario brillante y promesa en el mundo de la investigación, acabó atrapado desde los ochenta en una carrera de cargos relevantes en el ministerio de Educación, del que acabó siendo su titular, y luego en el de Presidencia, que compartió con la portavocía del gobierno, en el momento más difícil del felipismo (GAL, corrupción…). Ella, más corta en su formación, se inició en cargos de menor relevancia. Recién elegido José Luis como líder del partido en 2000, Alfredo fue el hombre al que se confió negociar con el gobierno del PP un nuevo pacto antiterrorista, que dos años después se transformó en la polémica Ley de Partidos, mediante la que se agilizó la ilegalización de los grupos de la izquierda abertzale vasca y se persiguió obstinadamente a sus dirigentes. Esa legislatura fue la del estreno de Carme como diputada. En el intento de José Luis por aunar fuerzas en 2004, tras la inesperada victoria electoral, Alfredo y Carme formaron parte de la dirigencia parlamentaria cuando él fue elegido portavoz del grupo en el Congreso y ella aumió una vicepresidencia de la Mesa de esa institución. A los dos años Alfredo fue designado ministro del Interior, desde donde protagonizó un nuevo intento de negociación con ETA. En plena burbuja inmobiliaria a Carme se le encargó en 2007 que desde el ministerio de la Vivienda pusiera un imposible orden en la permanente subida de los precios y los alquileres. Con la segunda victoria electoral José Luis ratificó a Alfredo en Interior, mientras Carme ascendía a un ministerio de casi exclusivo componente masculino, el de Defensa, donde, pese a su aparienca frágil, se creó una imagen de mujer fuerte, teniendo que torear además los efectos colaterales de la guerra de Afganistán. En plena debacle política, derivada de la gestión de la crisis y con un José Luis que perdía sus réditos a mansalva, en 2010 Alfredo asumió la vicepresidencia del gobierno y en 2011 fue proclamado candidato para las anunciadas elecciones generales. Carme, que se había postulado como candidata en las primarias, se vio forzada a renunciar ante las duras presiones internas, incluidas las de los líderes del pasado. Alfredo fue presentado por quienes le apoyaron como la única alternativa viable a un Mariano que tenía todas la de ganar, quedando ella como una joven inexperta y de poca talla para hacer frente al líder del PP. A ella la presentaron sus apoyos como una mujer joven, decidida y con capacidad para iniciar una renovación generacional. El papel de José Luis en ese momento fue una incógnita: ¿cedió ante Alfredo por los argumentos que daban sus defensores?, ¿traicionó a quien había sido una de sus principales valedoras en la dirección del partido y en el gobierno? Lo que ocurrió el 20 de noviembre pasado sólo permite hacer cábalas. Pertenece al mundo de la ficción si con ella la cosa le hubiera ido mejor la partido o si hubiera sido aún peor. Lo cierto es que enseguida el uno y la otra vovieron a postularse para liderar a un partido derrotado y fuertemente deprimido. Ambos han hablado de reformarlo, pero en sus discursos han dado pocos argumentos para saber cómo. Lo que ha resultado más fácil de detectar han sido los apoyos recibidos. A Alfredo le han venido desde las generaciones más veteranas, la gente de la vieja guardia, tanto felipista como guerrista, y las federaciones del norte, sobre todo las más apegadas a la idea del nacionalismo español. Carme los ha recibido entre la gente más joven, la mayoría de los apoyos que tuvo José Luis desde su inicio, los sectores más sensibles al nacionalismo periférico, en especial el PSC -de donde proviene la propia Carme- y la buena parte de la federación andaluza, donde la división interna llevó circunstancialmente al presidente José Antonio a optar por Carme. De sus programas sabemos poco. Además de los acentos distintos en materia de organización territorial, en lo económico han tenido algunas diferencias, buscando recuperar el electorado que han perdido por su escoramiento al centro, es decir, por un mayor enteguismo al neoliberalismo. Él ha buscado un mayor equilibrio entre la tradición social-liberal de su partido y tímidas insinuaciones socialdemócratas sobre la banca o los impuestos a las rentas mayores. Ella ha dejado entrever la vuelta al modelo socialdemócrata.  El problema proviene de la credibilidad que pueden reportar. Sobre todo, Alfredo, que ha sido el vencedor. Ambos son corresponsables de las decisiones políticas tomadas por los gobiernos presididos por José Luis. Apoyándolas desde el grupo parlamentario o directamente desde el gobierno. Negarlo sería, cuando menos, una necedad. Atrás ha quedado una política económica claramente neoliberal –como lo fue la del felipismo, no lo neguemos-, que hasta 2007 reforzó las prácticas especulativas financieras e inmobiliarias, que se endureció en 2010 con la reforma laboral, la bajada de las pensiones, el castigo al funcionariado o la subida de la edad de jubilación, y que culminó con el acto simbólico de la reforma antidemocrática de la Constitución en 2011, consagrando el principio neoliberal del déficit 0. Una política fiscal basada en el mayor pago de impuestos directos e indirectos por las rentas de trabajo, mientras las más altas y las grandes empresas ven reducida la presión, el fraude fiscal apenas es tocado y, además, se protege, e incluso se indulta, a banqueros. Una política que ha entregado dinero público a los bancos para sanearlos y que ha permitido la privatización de las cajas de ahorro, entregadas a precio de saldo a los propios bancos. Una política que sigue privatizando empresas públicas y externalizando servicios de las administraciones públicas. Una política social que ha seguido dejando a nuestro país por debajo de la media europea en gasto público, reduciendo desde 2008 las partidas presupuestarias de sanidad, educación o dependencia. Una política inmigratoria gravemente lesiva con los derechos humanos, que, entre otras cosas, mantiene a miles de personas en los campos de internamiento para extranjeros. Una política exterior seguidista de EEUU, apoyando el despliegue del escudo antimisiles y cómplice en las guerras de Afganistán y Libia. Unas relaciones con el Vaticano que continúa dando privilegios a la Iglesia Católica, que es financiada a través de los presupuestos generales, recibe sustanciosos subsidios en los centros de enseñanza y está exenta del pago de impuestos. Una política que castiga con dureza las movilizaciones populares y sociales. Una tímida política sobre la recuperación de la memoria de la represión franquista que ha dejado la resolución de las reclamaciones en manos de una admistración de justicia que tiene importantes sectores contrarios a aplicarla. El apoyo a la institución monárquica... Demasiadas cosas para pretender frenar una caída que no se sabe hasta dónde va a llegar. Demasiado lastre. Para ella, hasta ayer, y ahora, para él.                

sábado 4 de febrero de 2012

A vueltas con la salud pública

Hace unos días la viceconsejera de la Comunidad de Madrid, una tal Patricia Flores, soltó en público la pregunta "¿tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?". A lo largo de su intervención estuvo dando vueltas sobre la misma idea para, finalmente, plantear una de las bases del discurso neoliberal: lo público cuesta mucho dinero, por lo que hay reducir servicios y que cada cual se responsabilice de adquirirlos. En empresas privadas, claro.

La derecha es... la repera y evito así soltar el taco. O, para ser más claro, es la clara expresión del egoísmo humano. En nuestros días está conjugando como nunca dos discursos: el neoliberal y el del integrismo religioso. Los utiliza a la vez o los modula en favor de uno u otro según le interese. Igual recurre al ataque de lo público desde la defensa del individuo per se, como recurre a un moralismo, embadurnado de religioso, para que sea asumido por todo el mundo. Y quien piense o haga lo contrario, que se fastidie. Dispone de una variedad de grupos de diversa índole que actúan según corresponda. 

Entre sus temas favoritos está el de la defensa de la vida, al que se refieren cuando está en juego la interrupción voluntaria del embarazo o lo que se llama "píldora del día después". Les importa un bledo lo que les pueda ocurrir a las mujeres que han tomado cualquiera de esas decisiones. También las circunstancias en que se ha tomado esa decisión. Para los más liberales, que cada cual se busque la vida. Para los más rigoristas de lo moral, una expresión más del laicismo pecaminoso. 

Volviendo a las palabras de la viceconsejera, sin que pueda sorprendernos su contenido, resulta sintomático de la sensibilidad que muestran hacia una realidad de nuestras sociedades. Cada vez vivimos más y hay más gente mayor, por lo que aumentan las dolencias crónicas. Según se desprende de sus palabras, esas personas resultan caras, por lo que habría que desprenderse de ellas en su atención pública. Quienes puedan, que paguen; y quienes no, que dependan de la caridad. El resultado sería claro. Sólo basta con mirar hacia Estados Unidos y contemplar lo que nos allí nos ofrecen. ¿Por qué en ese país la esperanza de vida es inferior a la de los países europeos occidentales? ¿Y por qué su mortalidad infantil es superior? ¿Por qué hay cincuenta millones de personas en ese país que no tienen atención médica porque no pueden pagarse un seguro médico? ¿Por qué no existe una sanidad universal? ¿Por qué no existe el derecho a la salud?

Recuperar la memoria es dar argumentos para la historia


1977 fue el año elegido. Más concretamente, coincidiendo con las elecciones del 15 de junio. Las primeras que fueron libres desde 1936 (pese algunas restricciones para algunos partidos: los comunistas, excepto el PCE, y los republicanos tuvieron que hacerlo con nombres "camuflados"). Estando en la mar, el hombre huyó de su localidad, Conil, en el momento del golpe militar de julio de 1936. Lo hizo hacia la zona fiel al gobierno republicano, enrolándose como soldado de lo que acabó siendo el Ejército Popular. Combatió en varios lugares del frente sur hasta el final de la guerra. De inmediato tuvo que sufrir, como tantos soldados, la cárcel y cuantos castigos le infligieron. Cuando regresó a su lugar de origen, decidió asentarse en la localidad vecina de Barbate. Fue donde vivió largos años hasta su muerte, que no fue hace mucho. Lo hizo habiendo interiorizado el miedo que el fascismo inoculó a buena parte de la sociedad española.

El régimen tuvo muchos apoyos. Los de quienes apoyaron y participaron activamente en el golpe del 36 y lo que vino después. No faltaron los de los estómagos agradecidos. Y también de quienes treparon al abrigo de las oportunidades que se fueron presentando. Resistir era difícil. Combatir, más todavía. Mucha gente hizo una cosa y otra, arriesgando su vida. Sumirse en la resignación, para sobrevivir como fuera, lo hizo mucha gente, quizás la mayoría. Con el paso de los años la represión, el miedo, la propaganda, la emigración o las expectativas de ascenso social de los años sesenta fueron asentando un régimen que acabó durando cuatro décadas. Fue en ese magma social donde los reformistas del régimen quisieron buscar los apoyos políticos y electorales para que su maniobra tuviera éxito. La llamaron mayoría silenciosa. Silenciosa, sí, pero en una buena medida también silenciada.

La transición selló un pacto entre quienes habían participado en la guerra y también entre quienes habían tomado partido en la dictadura. La amnistía de 1977 fue el botón legal. Durante los años siguientes parecía que todo habia quedado en el olvido, salvo algunos conatos de investigación histórica y periodística que proponían saber más. Fueron años también de eliminación de pruebas o de obstáculos para conseguirlas. Nos ha contado Francisco Espinosa (La justicia de Queipo, 2006) que entre 1965 y 1985 se destruyeron numerosos y muy valiosos documentos: los judiciales relacionados directamente con la represión de los primeros años, y archivos como los de Falange (curiosamente ha aparecido el de Conil, como Magdalena González sabe: Memoria del tiempo presente en Conil de la Frontera.1931-2011), los gobiernos civiles, las prisiones provinciales o la Cruz Roja. No ha faltado la desidia del abandono en la custodia y la simple desaparición como papel bruto puesto en venta.

No sé con detalle lo qué le pasó por la cabeza a nuestro hombre durante ese periodo. Pero sí sé que sus hijos nunca supieron lo que pasó su padre durante la guerra y la inmediata postguerra. Fue un secreto que sólo lo desveló ese día de junio de 1977. Por esos años mucha gente quiso hacer borrón de lo ocurrido. Durante los últimos años mucha gente está reclamando saber más. Conocer lo que se ha ocultado por el régimen. Y lo que se guardaron por miedo quienes sufrieron la derrota y la represión. Se habla de una nueva generación, la de los nietos y las nietas de las víctimas, que ha decidido dar el paso adelante. Recuperar la memoria. Hacerlo es dar argumentos para conocer la historia. Eso es la memoria histórica.
   

lunes 30 de enero de 2012

Manipular en favor de la corona

Acabo de leer una noticia en Público sobre el logo de la candidatura de Madrid para los juegos olímpicos del año 2020 (ya sabemos, lo hace por tercera vez y de una forma seguida), cuyo autor, inicialmente, es el estudiante de Bellas Artes Luis Peiret. El muchacho ha colocado cinco rectángulos irregulares de coloración degradada y mezclada en las zonas de intersección, sobre los que ha superpuesto en blanco la inscripción m20. Según su autor, alude a la vez a la Puerta de Alcalá, por su forma, y a los cinco continentes. En la nueva versión se han cambiado los colores originales, que además han pasado a ser planos, y se han estilizado las letras de la inscripción, que se hace ahora más complicada de leer. Es algo que se puede ver observando un poco cada logo.

La profesora María Maza ha denunciado que el resultado "es horroroso" y que "han destrozado" el trabajo de su alumno. En las redes sociales hay quien se pregunta si lo que realmente se ve es 20020, en vez de m20. Creo que tienen razón, pero me atrevo a ir más allá. Lo que ahora se percibe es la  figura de una corona. Y una corona alude a la monarquía. ¿No será, pues, que lo que realmente se ha buscado ha sido visibilizar el símbolo de esa institución? Visibilizarla para popularizarla, claro. Por cierto, una institución que está sufriendo en estos días un fuerte desgaste. Una modificación que suena a manipulación.
   

sábado 28 de enero de 2012

Contra el olvido

Primo Levi, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, escribió en 1958 este poema titulado "Si esto es un hombre":

Los que vivís seguros
En vuestras
casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre

Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:

Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,

La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Años antes, en 1944, el escritor soviético Vasili Grossman acababa así "El infierno de Treblinka", la crónica que escribió  sobre los horrores que vio en ese campo de concentración acompañando al Ejército Rojo: 

La idea imperialista de la nacionalidad, de la raza y de cualquier otro exclusivismo condujo lógicamente a los hitlerianos a la construcción de Maidánek, Sabibur, Belzhitse, Osvéntsim y Treblinka.

Debemos recordar que los fascistas van a sacar de esta guerra no sólo la amargura de la derrota, sino también la dulzura del recuerdo de los fáciles asesinatos en masa.

De esto debe acordarse diariamente y de manera severa todo aquel que aprecie el honor, la libertad, la vida de todos los pueblos, de toda la humanidad.

Treblinka, Auschwitz y tantos más. Campos de concentración, de muerte, de  exterminio. Millones y millones de víctimas. Rebajadas hasta la peor de las condiciones. Tortura, inanición, explotación, gas... Horror. Terror. Lo nunca visto. El de Treblinka fue liberado en el verano de 1944. El 27 de enero de 1945, el de Auschwitz. 

En 1961 el poeta Luis Cernuda dedicó unos versos a un brigadista internacional anónimo en su poema "1936". El primero de ellos tiene tanto valor simbólico, que sirve para tenerlo siempre presente. También para lo ocurrido durante los años del fascismo: "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros".