domingo, 17 de febrero de 2019

Molière, a través de Una provinciana en París


Ayer estuve en Zahara de los Atunes viendo Una provinciana en París, de Moliére. Un acto organizado por el Ayuntamiento de la entidad local menor, que tuvo lugar en el colegio Cervantes, y con la compañía Teatro Estudio 21 como protagonista. Un grupo ligado a EmE-Teatro Centro de Formación Teatral Cádiz, que tiene en su  dirección a Germán Corona.

Se trata de una obra breve (de poco más de media de duración). Una especie de sainete. "Escrita a modo de divertimento", se dice al principio del folleto que nos entregaron. Una obra menor, si la comparamos con las obras mayores del autor y que tanta fama le dieron (El TartufoEl avaroEl burgués gentilhombre, El enfermo imaginario...). Pero no por ello dejamos de estar ante el auténtico Molière. El mismo que lanzaba diatribas a diestro y siniestro contra la hipocresía o los convencionalismos sociales. Que se mofaba de la nobleza y de la burguesía. Que compaginaba su sentido crítico con la comicidad. Exagerada, estridente, gesticulante... e ingeniosa. Lo que le costó caro a veces, porque, dentro de su fama, no le faltó el castigo. Eran los tiempos del naciente absolutismo en Francia, con Luis XIV en el centro del poder, paraíso del formalismo en todas las facetas de lo humano. 

En Una provinciana en París está todo eso. Pero sintetizado. Molière se ríe de la provinciana llamada Croquette que quiere hacer carrera en el París del reciente Versalles para encontrar un buen partido. Lo hace también de un noble despechado, el marqués de La Grange, que busca vengarse por ello a través de dos de sus criados. De éstos, que, en su afán por cumplir con el papel encomendado, llegaron para su señor demasiado lejos. Y de la madre, muy preocupada como casamentera por que su hija aprovechara la oportunidad perdida. Sólo la criada se salva, pese a su nombre de Pánfila, mientras observa sumisa y sonriente el ir y venir de las situaciones que se suceden en la casa. Y acaso, el criado Mascarilla, elevado efímeramente a la condición de marqués, quien, ya desnudo y vuelto a su condición de vasallo, lanza su mensaje final relativo a que se ve antes el engaño que la virtud.    

No lo hicieron mal, primero, actores y actrices en formación. Buen trabajo el de Álvaro Villalba, en su papel de Mascarilla, con interesantes cambios en la modulación de voz y los gestos. Y aceptable la dirección de Germán Corona y, dentro de la sobriedad, la puesta en escena, con agilidad en los movimientos de los personajes, y el vestuario de Emma Rubio. No debemos olvidar la naturaleza de la compañía, dedicada a la formación de actores y actrices. Una escuela, pero también un medio de difusión de obras de teatro. Lo que no es poco.

viernes, 15 de febrero de 2019

Nuevas elecciones, en una partida de ajedrez con final imprevisible

Hace un par de semanas los presupuestos del estado estaban en juego, a la espera de que ERC y PDeCat tomaran una decisión final. Mientras tanto, al inicio del juicio del procès en el Tribunal Supremo le quedaba poco. Por eso el movimiento del gobierno de Pedro Sánchez anunciando la formación de una mesa de diálogo con un relator internacional parecía el gesto que buscaban los dos partidos catalanes. La reacción del conjunto de la derecha española fue rápida y contundente. También lo fue la de los sectores del PSOE que lo defenestraron en 2016 y siguen viéndolo con desconfianza. Con la convocatoria de la manifestación en Madrid PP, Ciudadanos y Vox habían dado un jaque que parecía ganador. Pero un nuevo movimiento del gobierno, casi inmediato, esta  vez rompiendo la mesa de diálogo, sorprendió a la derecha española. Que fuera o no la causa de la escasa asistencia a la manifestación del domingo no lo sabemos. Quizás no, pero el movimiento del gobierno le abrió un horizonte más despejado. Es verdad que supuso que los presupuestos acabaran siendo rechazados, pero lo fueron con el voto conjunto de la derecha española y los dos partidos catalanes. El gobierno había dado la vuelta a la tortilla. Se desprendía así de los independentistas como aliados, que pasaban a serlo ahora del PP y Cs. 

Hace unos días califiqué de ridículo lo hecho por Pedro Sánchez, cuando decidió romper la mesa de diálogo con relator. Ahora me pregunto si fue algo buscado o encontrado. Me explico. ¿Buscó que se diera la situación en la que nos encontramos a partir de su propuesta? ¿O encontró la salida tras la reacción de la derecha española y de los sectores de su partido opuestos? El caso es que la convocatoria de elecciones para el 28 de abril favorece de entrada a Sánchez. Se está presentando como quien quiso hacer, pero no le dejaron. Se presenta ante la población buscando en las urnas apoyos para que, solo o en compañía, pueda disponer de escaños suficientes para gobernar con tiempo y holgura. 

Y para eso necesita tres cosas. Primero, rebañar votos por el centro, lo que podría conseguir favorecido del desplazamiento de Ciudadanos hacia la derecha. También, movilizar a quienes han pensado o piensan en clave de abstención o voto no partidario, sobre todo después de lo ocurrido en Andalucía. Y  por último, conseguir votos por su izquierda, favorecido por la crisis de Podemos, fragmentado y desorientado, y recuperando lo del voto útil que parecía perdido. Una especie de campeón del progresismo, como ya lo fuera José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que pueda ocurrir en Cataluña es otra cosa. En un principio ERC y PDeCat buscan dirimir quién será el más votado, para marcar el rumbo político de los próximos años. Si sus votos fueran necesarios para una investidura de Pedro Sánchez, se verá, pero, como ya ocurrió en junio pasado, no habría problemas para que sus escaños la permitiesen. 

¿Quién ganará finalmente la partida de ajedrez? Puede que lo sepamos el 28 de abril. Pero tampoco es seguro. El juicio en el Tribunal Supremo sigue su marcha. Y también, la vida de la gente. 

El “Monumento a la III Internacional”, de Vladimir Tatlin

Visité el domingo pasado en Málaga la exposición Utopías Modernas. Un recorrido por las colecciones del Centre Pompidou. En ésta hay pinturas (Picasso, Delaunay, Kandinsky, Malevich, Chagall, Miró, Saura, Immendorff, Doig...), esculturas (Gargallo, González...), instalaciones (Aeppli, Lalanne...), vídeos (Su-Mei Tse, Huyghe,  Bartana...), fotomontajes (Equipo Crónica...) y hasta maquetas de obras arquitectónicas (Le Corbusier, Tatlin, Arroyo...). Una muestra, en fin, más que interesante de artistas, obras y ramas artísticas 

Entre todas ellas me llamó la atención la presencia de la "Maqueta del monumento a la III Internacional", de Vladimir Tatlin. No fue la primera vez que he podido contemplarla. Corrían los últimos meses del año 1981 cuando la Fundación Juan March organizó la exposición Medio Siglo de Escultura. 1900-1945. Allí estuvieron expuestas obras de artistas tan famosos como Archipenko, Arp, Boccioni, Brancusi, Braque, Calder, Degas, Duchamp, Ernst, Gabo, Gargallo, Giacometti, González, Kodro, Matisse, Miró, Moholy-Nagy, Moore, Pevsner, Picasso, Renoir, Rodchenko, Rodin, Stenberg, Tatlin..., hasta un total de 39. Y entre el total de 123 obras destacaba la maqueta del famoso monumento de Tatlin. 

Por aquellos años ya había descubierto algo de la vanguardia cultural y artística rusa de principios del siglo XX a través de dos libros: uno, de Francesc Vives y el otro, de Giulio Carlo Argan. Con ellos había empezado a saber algo de las tendencias que se fueron conformando antes y tras la revolución de 1917, del pulso y la dialéctica existente entre el nuevo poder y el mundo de la cultura y arte, de lo ocurrido con la hegemonía/imposición artística a través del realismo socialista... Algo, cosas, que con el tiempo he podido ir ampliando y entendiendo mejor. 

Si bien ahora voy a centrarme en Vladimir Tatlin y su famoso monumento, a todo este mundo fascinante ya le presté atención en algunas ocasiones a través de sendas entradas dedicadas a las figuras de Kandinsky El Lisitski

Ideado en 1919, se trataba de un proyecto colosal, por las dimensiones que conllevaba: una gigantesca torre de 400 metros, que debería simbolizar el inicio de una nueva época en la historia de la humanidad y la grandeza de la empresa iniciada sobre las cenizas de lo que fue el Imperio Ruso, para transformarse en el faro de un nuevo mundo. La utopía de la igualdad llevada al mundo del arte, concebido desde el paradigma constructivista: integrador y superador de lo que eran las distintas ramas (arquitectura, escultura, pintura, diseño...), aunándolas con los avances existentes en el mundo de la ciencia y la técnica, y convirtiéndolas en pura funcionalidad. El artista acabó proponiendo su ubicación a orillas del río Neva, en Petrogrado, la antigua capital del imperio desde el siglo XVIII con Pedro el Grande y cuna de la revolución.

Estaba concebida como una gran estructura de hierro de color rojo sostenida por un armazón en diagonal, inclinado según el eje de rotación de la Tierra, del que a su vez saldrían dos rampas en espiral que, bajo una compleja red de soportes diagonales, ascenderían en sentido contrario hasta encontrase por encima del eje. La estructura debería albergar en su interior cuatro cuerpos en movimiento de hierro y acristalados por el exterior: el cubo, la pirámide, el cilindro y la semiesfera. Los tres primeros estarían asociados a funciones específicas, tal como el historiador del arte ruso Nikolai Punin describió en 1920 (citado en Kurz, 1991):

"El elemento interior (A), cúbico, gira en torno a su eje a la velocidad de una revolución por año; se destina a las actividades legislativas. Aquí pueden tener lugar las conferencias de la Internacional, las sesiones de los congresos internacionales y otras grandes asambleas legislativas. El elemento siguiente (B), que tiene la forma de una pirámide, gira en torno a su eje a la velocidad de una revolución entera por mes: está reservado a las actividades ejecutivas (Comité ejecutivo de la Internacional, Secretariado y otros órganos administrativos). Por fin, el cilindro superior (C), girando a la velocidad de una revolución por día, está concebido para ser un centro de información: oficina de  información, diarios, publicación de proclamas, folletos y manifiestos; en una palabra, allí se encuentra la variedad de medios de información de masas del proletariado internacional, en particular un telégrafo, aparatos de proyección para la gran pantalla situada sobre los ejes de un segmento esférico (al-B3) y una estación de radio cuyas antenas se elevan por encima del monumento".

Los diferentes ritmos en el tiempo representarían una especie de reloj que marcaría el tiempo basado en los movimiento del Sol, la Tierra e, incluso, la Luna.

Se ha escrito sobre la inspiración tanto formal como simbólica que tuvo Tatlin en el diseño de la obra. Por sus dimensiones enlaza con obras colosales de la Antigüedad, como los zigurats mesopotámicos, las pirámides egipcias o los colosos griegos. La forma helicoidal cónica del monumento, por ejemplo, recuerda al alminar de la mezquita de Samarra [fig. 1], al que se ha vinculado con la tradición mesopotámica. No falta tampoco una relación con la tradición monumental en la cultura rusa, concretada en algunos templos, como los de san Basilio [fig. 2] o Cristo Salvador en Moscú, o monumentos dedicados a los zares, como la columna de Alejandro I en San Petersburgo [fig. 3] . Y ya de la contemporaneidad, no podemos olvidar lo que representaba la Torre Eiffel  en París [fig. 4], recién construida y cuyos 300 metros de altura se erigían como el faro de la grandeza industrial de Francia. 

Kurz ha hecho un estudio iconográfico interesante que nos ayuda a entender todo esto. Ha destacado, en primer lugar, a dos obras recientes en su tiempo: la maqueta del "Monumento al Trabajo" [fig. 5], de Rodin, ideado a partir de una torre cilíndrica con friso helicoidal; y la escultura "Formas únicas de continuidad en el tiempo" [fig. 6], de Boccioni, icono del dinamismo futurista. En esta última precisamente estaría inspirada la disposición en diagonal de la torre de Tatlin y lo que se conforma, a modo de piernas, del arranque de las dos espirales. La misma disposición que años después, en 1939, serviría para que Mújina [fig. 7] nos ofreciera la conocida escultura monumental "El obrero y la koljosiana". Alude también Kurz a las pinturas de Kandinski y Ciurlionis [fig. 8], y la concepción espiritual que tenían del arte y el papel que jugaba la presencia de espirales, símbolos de superación de lo terrenal. O al cuadro "Bolchevique" [fig. 9], de Kustodiev, donde la figura de un coloso se yergue sobre la ciudad de Petrogrado.    

El destino del proyecto, en todo caso, quedó truncado. Primero fueron los años de una cruenta guerra, donde la revolución hubo de combatir a la intervención de las potencias extranjeras y a la guardia blanca impulsada y armada por ellas mismas. Pero luego surgieron otros contratiempos. De un lado, lo costoso del proyecto y los retos técnicos. Y de otro, quizás más decisivos, los avatares políticos habidos tras la muerte de Lenin en 1924 y sus repercusiones en el mundo de la cultura, en general, y de la arquitectura, en particular (Ferré, 2017). Todo ello conllevó que quedase finalmente en el olvido. 

Otra cosa es la viabilidad técnica del proyecto en sí. El que se le haya achacado a Tatlin la desmesura de sus dimensiones, puede desmontarse cuando algunos años después se construyeron en Nueva York sucesivamente el edifico Chrysler y el Empire State Building [fig. 10], dos iconos del capitalismo. Como nos señala Miranda (2008), estos rascacielos, representación de una imagen masculina, serían la negación del espacio colectivo, opuestos a la figura femenina que representaría la torre de Tatlin. Pese a ello, se han destacado las grandes limitaciones técnicas que hubiera tenido su construcción, en especial el desarrollo de los mecanismos previstos para el movimiento de los cuerpos interiores. Para Soto (2010) "se hundió en la imposibilidad", pese a haber sido "uno de los objetos más hermosos de la revolución".     

Lo que conocemos del proyecto proviene de varias fuentes, pero siempre escasas y limitadas. En primer lugar, de los dibujos hechos por el propio Tatlin [fig. 11] y de las fotografías conservadas de la maqueta construida entre 1919 y 1920 [fig. 12]. Se sabe que fue expuesta en Moscú y Petrogrado (desde 1924, Leningrado), e incluso que en 1930 llegó a ser trasladada a París. Las otras fuentes derivan de los textos publicados en su tiempo en la URSS, sin que faltara su difusión e interés en otros países, al convertirse en determinados círculos culturales europeos en un icono de la modernidad. Entre los textos conservados se encuentra el que escribió Punin para un folleto, datado en 1920, que es quien llevó a cabo la descripción más detallada del proyecto.

Sobre la presencia de la obra en la historiografía de la arquitectura, Fáundez nos ha ofrecido recientemente una interesante síntesis de cómo se ha ido tratando a lo largo del tiempo. A su vez, lo ha hecho atendiendo a aspectos descriptivos, valorativos e interpretativos.

Teniendo en cuenta todos los avatares sufridos por el proyecto, sólo las imágenes de la maqueta construida entre 1919 y 1920 son las que nos permiten que nos acerquemos de una forma más fidedigna a lo que pudieron ser sus aspectos formales. Desaparecida la maqueta, sin que se sepa cómo, cuándo e incluso porqué, fueron bastantes años después, en 1967, cuando se hizo una reproducción para el Museo de Arte Moderno de Estocolmo. Luego vinieron otras, como la de Royal Academy de Londres [fig. 13], el Centre Pompidou de París o la Galería Tetriakov de Moscú, ésta ya en la década de los 90.  

No han faltado simulaciones de cómo podía insertarse el monumento en el espacio previsto junto al río Neva en Petogrado/Leningrado (actual San Petersburgo) y cómo podría contemplarse el funcionamiento de sus cuerpos interiores. Lo hizo Lutz Becker en 1941 [fig. 14], mediante un cortometraje, y en los años noventa, el arquitecto japonés 
Takehiko Nagakura [fig. 15], utilizando una animación virtual. 

En el año 2000, nueve años después de la desaparición de la URSS, se emitió en Rusia un sello alusivo a los símbolos del socialismo [fig. 16], donde aparecen dos obras: en la parte izquierda puede verse el "Monumento a la III Internacional" y en la derecha, la escultura "El obrero y la koljosiana". Curiosamente se trata de dos obras que, como hemos visto ya, tienen relación en lo concerniente a su fisonomía y al dinamismo que se desprende como símbolos de lo que se consideraba una nueva era y una sociedad que avanzaba hacia el futuro.

Nos encontramos, pues, ante una obra de la que podemos decir dos cosas, aun cuando parezca paradójico: es algo que pudo ser y no fue; pero también es algo que sigue siendo. Lo primero, porque el proyecto, razones aparte, se quedó sólo en eso. Y lo segundo porque tenemos la idea original, las imágenes y los textos de los primeros momentos, así como las reproducciones, más o menos fidedignas, de lo que fue la primera maqueta. De todo ello, quizás lo más importante sea la idea original. Cuando se contemplan las maquetas, nos acercamos a ella. Y como idea, posibilidades y dimensiones aparte, no deja de ser un canto a la utopía de un mundo mejor.   


Bibliografía de referencia

Argan, Giulio Carlo (1977). El arte moderno, v. II Valencia, Ediciones de la Torre.
Faúndez, María Paz (2016). "El monumento a la III Internacional de Vladimir Tatlin. Antecedentes iconográficos", en https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/795859/la-desaparicion-del-monumento-a-la-tercera-internacional-en-la-historiografia-de-la-arquitectura-moderna
Ferré, Rosa (2017). "En el frente revolucionario del arte. Creación y experimento en la primera cultura soviética", en Juan Andrade y Fernando Hernández Sánchez (eds.), 1917. La revolución rusa cien años después, pp 153-179. Madrid, Akal.
Kurz, Juan-Alberto (1991). "El monumento a la III Internacional de Vladimir Tatlin. Antecedentes iconográficos", en El arte en Rusia. La era soviética, Instituto de Historia del Arte  Ruso y Soviético, Valencia, 1991, pp.231-247, https://books.google.es/books?id=nKt1tGNqgUQC&pg=PA230&lpg=PA230&dq=juan+alberto+kurz,+El+monumento+a+la+III+Internacional+de+Vladimir+Tatlin&source=bl&ots=D-srY-aPdH&sig=ACfU3U3EZ60H_dzmsSvtwq8EDnH1ByWWKg&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwixtr310rjgAhWLsBQKHWyxCJ4Q6AEwDHoECAUQAQ#v=onepage&q=juan%20alberto%20kurz%2C%20El%20monumento%20a%20la%20III%20Internacional%20de%20Vladimir%20Tatlin&f=false
Miranda, Antonio (2008). "La torre Tatlin", en Revista Minerva, n. 7,  https://studylib.es/doc/4673704/la-torre-de-tatlin---c%C3%ADrculo-de-bellas-artes
Soto Aguirre, Álvaro (2010). Útiles del proyecto. Tiempo y memoria en los edificios. Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid,  http://oa.upm.es/5288/1/ALVARO_SOTO_AGUIRRE.pdf
Vives, Francesc (1975). Arte abstracto y arte figurativo. Barcelona, Salvat. 


Imagen principal: fotografía del autor de la "Maqueta del Monumento a la III Internacional", tomada en la exposición Utopías Modernas. Un recorrido por las colecciones del Centre Pompidou.

Figuras complementarias

(Fig. 1, Alminar de la mezquita de Samarra: fig. 2, Catedral de San Basilio, Moscú)



   
(Fig. 3, dibujo de la construcción del monumento a Alejandro I en San Peterburgo; fig. 4, fotografía de la construcción de la Torre Eiffel en París)


  
(Fig. 5, maqueta del "Monumento al Trabajo", de Rodin; fig. 6, "Formas únicas de continuidad en el tiempo", de Boccioni)


(Fig. 7, "El obrero y la koljosiana", de Mújina; fig. 8, "Castillo. Cuento de hadas", de Ciurlionis)


 
(Fig. 9, "Bolchevique", de Kustodiev; fig. 10, fotografía del Empire State Building en Nueva York durante su construcción)


 
(Fig. 11, dibujo hecho por Tatlin sobre el proyecto del "Monumento a la III Internacional"; fig. 12, fotografía de la primera maqueta del "Monumento a la III Internacional")


 
(Fig. 13, fotografía de la reproducción de la maqueta del "Monumento a la III Internacional" en la Royal Academy de Londres; fig. 14, fotograma del cortometraje de Lutz Becker)


  
(Fig. 15, fotograma del cortometraje de Takehiko Nagakura; fig. 16, sello conmemorativo en Rusia del "Monumento a la III Internacional" y "El obrero y la koljosiana")

viernes, 8 de febrero de 2019

Paseando, y reivindicando, por las lagunas de La Janda

Hace seis días estuve en la marcha organizada en defensa de las lagunas de La Janda, dentro del Día Mundial de los Humedales. Casi 20 kilómetros, entre la ida y la vuelta, transitando en medio de un paisaje fascinante, en buena parte siguiendo la senda que marca el río Barbate. Cuando llegué hace tres décadas a estas tierras del sur, pude contemplar desde la carretera que une los municipios de Vejer y Tarifa lo que fue el espacio ocupado por las antiguas lagunas, mientras me imaginaba cómo podía haber sido. A los pocos meses, tras un mes de enero especialmente lluvioso, esa ilusión se convirtió en una efímera realidad cuando se abrió de nuevo el paisaje anegado por el agua y poblado por las aves que antaño lo colonizaron. Alguna que otra vez vuelve a ocurrir, pero sigue siendo un humedal perdido. Las distintas lagunas, juntas, llegaron a conformar lo más extenso de la Península Ibérica, hasta que en los años cincuenta del siglo pasado una decisión política preñada del desarrollismo franquista la convirtió en tierras de cultivo. El paseo de hace unos días lo fue reivindicativo. Y no fue poca gente, pues nos juntamos alrededor de un millar de personas. Pedimos la regeneración de lo que se perdió (o, al menos, de su mayor parte) y, mientras tanto, el libre tránsito por los caminos. Que son públicos.    

El (algo más que) ridículo de Pedro Sánchez

Sí. Ridículo, porque ha hecho valer eso de "donde dije digo...". Ya no hay diálogo. Así lo ha anunciado la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo. Y por ello no habrá ni relator ni nada de eso. Lo que se diga, no dejarán de ser excusas. La postura del PDeCat ante los presupuestos ha ayudado. Pero no debemos olvidar el trasfondo. La reacción furibunda de las derechas españolas, convocando una macroconcentración para el domingo, que ha puesto a Sánchez y su gobierno sobre aviso. La falta de apoyo en su partido, con los barones asustados ante lo que pueda ocurrir en unas cercanas elecciones y las viejas glorias haciendo uso del discurso de las derechas, que los ha alertado. ¿Y qué hay de más? ¿Alguna llamada? ¿De quién? ¿De quiénes? Aquí manda(n) quien(enes) manda(n). Otra cosa es cómo va a quedar ahora Sánchez tras el ridículo protagonizado. Debilitado y mucho. ¿Y el futuro? ¡Ay!

jueves, 7 de febrero de 2019

La ofensiva de la derecha contra el gobierno de Pedro Sánchez

La derecha española, en sus tres versiones de partidos  (PP, Ciudadanos y Vox), ha convocado para el próximo domingo una concentración en Madrid con el lema "Por una España unida. Elecciones ya". Pretenden llenar de gente la plaza de Colón para protestar contra la presencia de un relator internacional en la mesa de diálogo sobre la situación de Catalunya. La proximidad del inicio del juicio contra los y las dirigentes del procès catalán está en el trasfondo. Y los ojos de mucha gente en el mundo están pendientes de lo que pueda ocurrir.

Los discursos que están lanzando los dirigentes de los tres partidos están siendo durísimos, con el empleo reiterado de términos  inimaginables hasta ahora. La palma se la está llevando con diferencia Pablo Casado, que está haciendo gala de un lenguaje extremo, más propio de Vox, al que busca emular, cuando no sobrepasar. La palabra traición es la que mejor sintetiza esos discursos, que nos llevan a ocho décadas atrás, en plena Segunda República, cuando el viejo bloque de poder tomó la decisión de poner fin al experimento democrático surgido en 1931. 

Una situación que también, salvando las distancias, me lleva a pensar la Venezuela actual. Sí, el país donde un también joven político llamado Juan Guaidó se autoproclamó Presidente durante una masiva manifestación contra el gobierno bolivariano. Me llama la atención que el gobierno que preside Pedro Sánchez sea considerado como ilegítimo desde los partidos de la derecha. La unidad de España está en juego, dicen. Hasta en su propio partido existen voces que acompañan a ese coro.

Una excusa, eso de la unidad de España. O la excusa. Recuperar el gobierno para seguir marcando la senda del neoliberalismo económico, la pérdida de derechos y libertades civiles, y la recentralización territorial. Y también, claro está, para seguir tapando la corrupción endémica del PP. 

Sánchez podría verse enredado en un escenario parecido al que se da allende los mares y en el que ha participado como uno de los protagonistas. Sólo que esta vez siendo él el muñeco al que hay que sacrificar. Es el signo de los tiempos. Con nubarrones demasiado oscuros.   

La escultura "Árbol atún", de González Quirós, en su nueva ubicación

Hace unos meses dediqué una entrada, titulada "El atún que salió de un árbol, de González Quirós", a la escultura que ese artista estaba creando in situ. Aprovechando la base de lo que antes había sido un ciprés, fue horadando en la madera para ir dando forma a esa especie marina tan relacionada con Barbate. 

Inicialmente la idea había sido dejarla en el lugar de donde emergió, el jardín de la plaza del Ayuntamiento, pero finalmente se optó por trasladarla al interior del Mercado de Abastos, que se ha convertido desde el 1 de noviembre pasado en su nueva morada. Una forma de protegerla de las inclemencias del tiempo o de cualquier otro percance, sin que por ello pierda la posibilidad de ser contemplada. Como se trata de un lugar muy transitado, sólo limitado -eso sí- por el horario de la actividad comercial que en él se lleva a cabo, lejos de verse desmerecida la obra, lo que se produce es un realzamiento mutuo. 

González Quirós ha contado con la ayuda de Antonio Ríos, Miguel Sánchez Roble y Miguel Sánchez Braza. Y el trabajo artístico, titulado "Árbol atún", resulta impecable, como puede apreciarse en directo e incluso a través de la fotografía.