viernes, 8 de diciembre de 2017

Rajoy, Iceta y la sombra del 155

Mariano Rajoy ha dicho que está dispuesto a apoyar a Miquel Iceta si Inés Arrimadas no consigue apoyos para ser investida presidenta de Catalunya. En el caso de que los partidos del 155 consiguieran escaños suficientes, claro, lo que resulta alto improbable. Pero como una posibilidad, no está de más profundizar en el significado de las palabras de Rajoy. 

De entrada, no deja de ser una especie de abrazo del oso. Como ya ocurrió en el País Vasco en 2009, cuando Patxi López fue investido lehendakari con el apoyo del PP. Desde entonces el PSE-EE no ha levantado cabeza en ese territorio, a lo que no es ajeno, entre otros factores, esa alianza de gobernabilidad con el PP.

Es cierto que el PSC, con el respaldo de Pedro Sánchez, ha anunciado que no va a apoyar a Inés Arrimadas. Quiere evitar que se le vincule directamente con la derecha y con lo que suponen en Catalunya tanto Ciudadanos como el PP. Éste, por descontado, apoyaría a Arrimadas. Implícitamente Iceta está buscando ser investido president, presentándose como la equidistancia entre el independentismo y los unionistas de derecha. Para ello tendría que contar con el apoyo de Catalunya en Comú. Dadas las circunstancias, resultaría difícil, pues que este grupo también está atrapado por sus contradicciones y entre los bloques independentista y unionista. 

Lo cierto es que lo dicho por Rajoy no es producto de la improvisación. La sombra del 155 es bastante alargada. Y de ella forman parte el PSOE y el PSC. Tiene una enorme carga de profundidad, al margen de la probabilidad o no de que se cumpla. Para el PSC y el PSOE podría suponer una muestra más del más que atolladero en que se encuentra sumergida la mayor parte de la antigua socialdemocracia europea, inmersa en una crisis sin precedentes, con pérdida de votos y alejada en casi todos los casos del gobierno. La socialdemocracia del neoliberalismo, que en el caso de España se ha sumado a la tradición centralista encarnada por el PP y Ciudadanos, y en la que también se encuentran a gusto tanto la vieja guardia de González, Guerra y cía como la más nueva de Díaz, Pérez Vara y demás.

El 21 sabremos más cosas. Pero sospecho que, sondeos amañados o cocinados aparte, los resultados no marcarán muchas diferencias sobre la actual correlación de escaños entre los bloques. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

Honduras, otra vez intervenida

He estado esperando a conocer más y mejor sobre lo ocurrido en las elecciones presidenciales de Honduras celebradas el último domingo de noviembre. Las denuncias de fraude, realizadas por la oposición, parecen más que consistentes. Ya desde el primer momento surgieron después que, sabiendo cómo iban los resultados con algo más de la mitad del recuento de los votos, los datos que empezó a mandar el gobierno fueron invirtiéndose. Hasta ese momento parecía clara la victoria de Salvador Nasralla, candidato de la Alianza Opositora. Finalmente, desde el gobierno se ha dado como vencedor a Juan Orlando Hernández, presidente del país y candidato oficialista. Las denuncias de fraude, manipulando actas mediante distintas formas (no ha faltado la resurrección de personas fallecidas), han sido continuas y tienen un elevado grado de verosimilitud.

Los organismos encargados del recuento, sin embargo, no han sido capaces de dar una respuesta satisfactoria a lo ocurrido. El Tribunal Supremo Electoral, presidido por un militante del Partido Nacional, que es a su vez parte del bloque oficialista, ha anunciado el triunfo de Juan Orlando Hernández. Los datos que ha aportado le dan una ventaja de algo más de 50.000 votos, que suponen un 1,6%. Diferencia menor a las anunciadas días atrás, pero altamente cargadas de sospecha.

Tal están las cosas que ayer la OEA, nada sospechosa de estar del lado de los grupos de oposición, ha reconocido que los comicios han estado faltos de "garantías y transparencia", planteando incluso su repetición.

Honduras ya conoció en 2009 un golpe de estado que depuso al presidente Manuel Zelaya, apoyado por los grupos de izquierda y populares. La mano oculta del imperio estuvo detrás y no faltó la represión, si bien no tan extrema como la habida en América Latina en otros tiempos. Hoy, de nuevo, el imperio ha vuelto a actuar. Sigue haciendo todo lo posible para detener el ciclo de gobiernos progresistas en el continente y con ello cortar el último proceso de liberación, inaugurado en Venezuela en 1998.

martes, 5 de diciembre de 2017

Diálogo sobre la corrupción y la justicia

-El PP irá al banquillo. 
-¿Por corrupción? 
-No, por destrucción de pruebas que le incriminaban por corrupción.
-Explícate.
-Uno de los jueces que han estado actuado en la causa de Javier Bárcenas, un tal Ruz, solicitó hace unos años al PP que le facilitara los ordenadores en los que operaba su antiguo tesorero en la sede central del partido. Después de varias semanas mareando la perdiz, el juez hubo de enviar a un grupo de policías para que se hicieran con ellos. Y cuál fue la sorpresa que se descubrió que los discos duros fueron formateados y hasta golpeados a martillazos para que no quedaran rastros de lo que contenían.
-Ya. ¿Y qué pasará ahora?
-Pues que la jueza que lleva ahora el caso ha decidido que se trata de un delito de ocultación de pruebas en una investigación judicial que califica de grave.
-¿Y quién se va a sentar en el banquillo? 
-No lo sé. Me imagino que la tesorera actual y algún informático.
-¿Y el jefe? Vamos, Rajoy... o la Cospedal, que era y sigue siendo la secretaria general.
-Pues, como suele ser habitual, seguirán en su puestos como si nada.
-Ya.
-Cosas de la ley. Quienes se conocen los recovecos, saben lo que hacer. Hay toda una maquinaria de profesionales de la abogacía que se las saben todas y se forran por ello. Y luego están los aparatos del estado, con los servicios jurídicos de la abogacía del estado y el aparato judicial. El primero, el de la abogacía del estado, es un cuerpo al servicio de quien manda, siempre que sea parte del sistema y, sobre todo, de la clase dominante. Llevan a su servicio desde el siglo XIX. Por parte de la fiscalía, a quien le corresponde tomar las iniciativas para denunciar delitos, están quienes suelen ser muy diligentes para unas cosas y quienes no ven nada en otras. Y entre quienes tienen que juzgar, también hay de todo. 
-¿Entonces qué pasará?
-Ya veremos. Pero lo que sí es seguro es que hasta ahora el PP, con sus dirigentes a la cabeza, sigue saliendo de rositas. El número de militantes y cargos públicos bien que se les haya imputado o bien castigado es muy elevado. Algunas consideraciones por parte de la fiscal en el caso Gürtel son muy claras. También las declaraciones en el Congreso del inspector jefe de la UCO cuando se refería al cobro de sobresueldos por la cúpula del PP.
-Todo está a su favor. Jueces, su electorado, muchos medios de comunicación...
-Bueno, más que jueces, importantes sectores del sistema judicial. En éste hay de todo, aunque la mayoría, quizás, cojea del mismo pie. En buena parte sus orígenes sociales son elitistas y su ideología es conservadora. Por eso seguimos viendo en la cárcel a los nuevos "robagallinas", que son la inmensa mayoría, pero también están o han pasado por ella personas vinculadas a la izquierda o que son insumisas del poder: tuiteras, titiriteras, cantantes, independentistas, manifestantes..., con acusaciones de apología del terrorismo o de la violencia, humillación de las víctimas... 
-Sí y la gente sigue votando al PP.
-O lo hace a Ciudadanos, que parece ser su relevo generacional. El PP se basa en la gente mayor, pero el partido de Rivera tiene más apoyos en tramos de edad más jóvenes. Y aunque este partido se muestre en contra de la corrupción, participa del sistema como el que más. Si se produjera un sorpasso en la derecha, seguiríamos dentro del mismo tipo de medidas económicas: neoliberales y en favor de la gente rica; pero caminaríamos también hacia una recentralización del estado.
-He oído que en otros países no se hubiera permitido que Rajoy y demás siguieran en sus puestos.
-Está mal visto que existan sospechas sobre cualquier delito o irregularidad. Pero aquí nunca pasa nada, entre otras cosas porque se lo permite la gente. No existe eso de la responsabilidad política. Pero lo más importante es que los delitos existen y siguen impunes quienes los han cometido.     

domingo, 3 de diciembre de 2017

En Málaga, conmemorando el 4 de diciembre y por García Caparrós

Mañana se cumplen 40 años de la muerte de Manuel José García Caparrós. Fue víctima de los disparos de la Policía Armada, que todavía hacía de la violencia una de sus formas de actuación más frecuentes. Dos años antes había muerto Franco y en junio ya se habían celebrado unas elecciones después de 41 años. 

El 4 de diciembre el pueblo andaluz salió a la calle masivamente. Todas las capitales andaluzas acogieron manifestaciones en demanda de la autonomía, con una presencia multitudinaria de cientos de miles de personas. Fue el primer gran acto de una lucha colectiva que hubo de durar varios años, incluido el referéndum del 28 de febrero de 1980. Fue la exposición apoteósica de su bandera, la verde, blanca y verde, que acabó constituyéndose en símbolo de un pueblo. En Andalucía no se quería ser menos, pero no por envidia de otros territorios, sino por la voluntad de querer ser libre.

Y en ese día, el 4 de diciembre, tan glorioso por lo conseguido, se pagó un alto precio: la muerte de García Caparrós. Fue un crimen, porque simbolizó la resistencia del fascismo al deseo del pueblo andaluz por dejar atrás siglos de ignominia. Y sigue siendo un atropello, porque desde los poderes ocultos del estado no se permite que se investigue sobre lo ocurrido. Se impide el acceso a los documentos oficiales para que no salgan a la luz. Lo están pidiendo familiares de la víctima, también lo está haciendo IU, pero… La sombre del fascismo es alargada.

He viajado este fin de semana en Málaga y he aprovechado mi estancia para ir a la manifestación convocada por la Plataforma 4-D. Quería ser partícipe del recuerdo de la fecha y del mártir andaluz a quien segaron su vida. Como miles de personas llegadas de distintos rincones de Andalucía. Había mucha gente del mundo rural, de los pueblos jornaleros que luchan incansablemente desde hace décadas por dar vida a uno de los versos del himno andaluz: "Andaluces [andaluzas], levantaos, / pedid tierra y libertad". 

sábado, 2 de diciembre de 2017

Buitres y gaviotas

Sí, eso es. Pero no se trata de dos especies animales, sino humanas. Las dos, con intereses comunes. Una, buscando carroña en forma de viviendas para adquirir lo que se va soltando por quienes no pueden hacer frente a sus deudas o quienes, como veremos, buscan liquidez en sus arcas. Adquiriéndolas a precio de saldo para luego rentabilizarlas al máximo volviéndolas a poner en el mercado, esta vez como alquileres. Pero no baratos, sino con precio de mercado. Un chollo.

La otra especie también resulta necesaria. Porque deja hacer y pone las cosas a disposición de la primera. Lo justifica en nombre de la libertad, que llaman liberalismo y que en realidad es la forma nueva que ha adquirido en los nuevos tiempos. Las gaviotas hacen leyes que dejan mano libre a los buitres para que actúen y también les ofrecen, en este caso, viviendas que estaban destinadas a la gente más humilde. Consiguen, así, tres cosas: poner en práctica su doctrina, obtener fondos para lo que administran y, de paso, llevárselo en B, C o lo que sea a Suiza, los paraísos o los altillos de sus casas.

Sí, buitres y gaviotas. Entre los primeros está la compañía inmobiliaria Blackstone, la segunda mundial de ese tipo, propietaria, entre tantísimas cosas, de los alquileres protegidos que en Madrid puso en venta la alcaldesa Botella, esposa del señor Aznar; y propietaria también de los narcopisos de Barcelona en el barrio del Raval. Para saber más, invito a leer el artículo de Fátima Martín "Blackstone, el casero buitre global".

viernes, 1 de diciembre de 2017

Vida en la oscuridad

Podrían ser las nueve y media de la noche. Menos papá y mamá, que solían hacerlo antes, estábamos cenando mi hermano, mi hermana y yo mientras veíamos el telediario. Se oyó el timbre de la puerta y de inmediato sentimos cierto encogimiento, a la vez que nos miramos fugazmente, quizás buscando información por lo que pudiera ocurrir. No sé qué pasó por la cabeza del resto, pero estoy seguro que pesaba el recuerdo de no hacía tres meses antes, cuando de madrugada llegó la policía a casa para llevarse a mi hermano. No era normal que alguien llamase a la puerta a esas horas y menos en el invierno que acababa de llegar. Sí lo eran las llamadas telefónicas, que abundaban en mi casa a lo largo del día, incluida la noche. Pese a la brevedad de ese instante, fue mi hermana la que se levantó rauda, como solía hacerlo en casi todo, para abrir la puerta. Pronto volvió a entrar en el comedor y se dirigió a mí para decirme: “Es para ti”.

En la puerta de casa estaba ella, a la que hice pasar al despacho, que estaba situado al lado, frente al propio comedor. Sorprendido por la visita y todavía impactado por lo que pudiera haber sido, no sé si mostrando mi nerviosismo, procuré mantenerme tranquilo. Con su voz tenue y su aspecto tranquilo me habló del motivo de su visita: “Mañana va a llegar una camarada de Valladolid. Tiene problemas con la policía y va a pasar unos días aquí, aunque no se sabe cuántos. Hemos pensado que podría estar contigo en el club del barrio. Mañana mismo te avisaré para presentártela y así podréis quedar”. Apenas emití alguna palabra que no fuera el simple asentimiento a lo que me dijo. La conversación fue corta y en poco tiempo se fue.

Cuando regresé al comedor, lo primero que hizo mi padre fue preguntarme quién era. No me resultó difícil contestar, improvisando un asunto que podía ser creíble: “Era una compañera del Femenino. Ha venido por lo de las actividades culturales que organizamos entre los dos institutos”. No fue una respuesta descabellada, pues yo estaba metido en esas cosas de las actividades culturales y además de los dos institutos, el Masculino y el Femenino. Sabía también que los sábados por la mañana iba a la residencia de las monjas de la avenida a ver la películas del ciclo de cine que habíamos organizado. Lo que no era verdad era que ella se dedicase a esas actividades y fuese del grupo de cine, y menos que la razón de su visita hubiera estado relacionado con eso. Pero como se trataba de salir del paso, creo que la respuesta fue convincente y mi padre no fue más allá en sus preguntas o en mostrar su curiosidad por saber más.

Distinta fue la reacción de mi hermano, que un poco más tarde, cuando nos quedamos a solas, se puso muy serio conmigo para echarme una pequeña reprimenda: “No debía haber venido a casa y menos a esas horas”. Resultaba evidente que no fue idea mía y que fui el primer sorprendido, por lo que le contesté algo así como: “Y yo qué sé. No ha sido cosa mía”. “Pues diles que eviten venir a casa a esas horas”, me replicó.

Sé que mi hermano se encontraba todavía bajo el golpe de su detención y posterior encarcelamiento. También de su marcha de casa hacía pocos días, tras la muerte de Franco, como medida preventiva por si la policía llevaba a cabo una redada dentro de lo que se había llamado “operación Lucero”. Quería evitar también que en casa hubiera más malestar del que ya se había creado por todo eso. No dejaba de estar preocupado, aunque no tanto por lo que le ocurrió a él personalmente como por el hecho de que su libertad provisional le había costado a la familia el pago de una fianza de bastante elevada. Sé que sufría, como también lo hacia por la presión que ejercía papá para que dejara de “meterse en líos”. Era una situación dura, donde tomar una decisión era un verdadero dilema. Elegir entre el compromiso político y la familia resultaba bastante doloroso.

Al día siguiente me vi con ella durante la hora el recreo de media hora que teníamos a las once. Como los dos institutos estaban contiguos y coincidían en los horarios, era normal que nos viéramos frecuentemente, casi a diario, aunque evitando que fuera todo el tiempo. Era a la vez una medida de seguridad y una forma de  mantener relación con otra gente. Teníamos por norma vernos nada más que lo imprescindible los miembros de la célula de "la Joven" que formábamos entre los dos institutos, para así poder pasar desapercibidos. De esa manera también podíamos realizar lo que llamábamos “trabajo de masas”, que consistía en estar con la gente normal, la de la calle. Una forma de ser como ella y sentir cómo vivía, como un medio de  captación para los círculos en los que nos movíamos políticamente. Se veía mal que estuviéramos solos por nuestra cuenta, lo que no era ni útil ni seguro, excepto en lo necesario. No se veía bien tampoco estar con la gente de otros grupos políticos, en especial con la de "las Jotacé", de las que decíamos que sólo les iba lo de hablar y discutir. Era nuestra forma de actuar, coherente con las intenciones, aunque, hay que decirlo, resultaba difícil de cumplirla a rajatabla.

Conocido, pues, el lugar y la hora de la cita, que fue el mismo día, ya era de noche cuando me entrevisté con la camarada de Valladolid. El invierno hacía que las últimas horas de la tarde se cubriesen del manto de casi oscuridad en el lugar donde habíamos quedado. El tramo final de la Avenida estaba desierto y su iluminación resultaba más que tenue. En la práctica hacía de frontera, como una tierra de nadie, entre el barrio donde vivía y las barriadas contiguas algo más alejadas, ya en el extrarradio de la ciudad. Poca gente transitaba por allí, por lo que me resultó fácil localizarla. Llevaba ella el anorak corto de color azul oscuro que me habían indicado y seguramente me distinguió por mi trenca azul turquesa, muy propia esos años como indumentaria de la gente que conspiraba contra la dictadura. Su aspecto era el de una muchacha joven y estudiante. Era baja, de pelo oscuro y con una melena corta que no impedía que su pelo se erizara por los rizos no excesivamente pronunciados. Hablamos durante un rato, mientras paseábamos por esa parte de la Avenida, y acabamos conviniendo que al día siguiente la llevaría al club juvenil del barrio para presentarla a la gente. Y eso fue lo que ocurrió. Bueno, eso y que su estancia en la ciudad fue efímera. Al poco, quizás dos o tres días, desapareció, regresando a Valladolid. Eso es lo que me dijeron. No supe por qué.

(12 de mayo de 2013)

Rajoy, el nombre de tu calle tuvo que ver con la masacre de la carretera de Málaga a Almería

Preludio: el recuerdo de un episodio cruel 

En 2013 publiqué en este cuaderno una entrada que titulé "Málaga arada por la muerte y perseguida por los precipicios", dedicada a uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil: la huida por la carretera de Almería de decenas de miles de personas tras la toma de la capital malagueña por las tropas sublevadas durante el mes de febrero de 1937. Conocida popularmente como la "espantá" o "desbandá", supuso el desplazamiento principalmente de población civil en unas condiciones agónicas. Los ametrallamientos y los bombardeos permanentes de la artillería de tierra, la aviación y los buques de guerra fascistas acabaron con la vida de mucha gente, con unas estimaciones que oscilan entre 3.000 y 5.000, en muchos casos de niños, niñas y mayores.

Y entre los militares que perpetraron esa masacre estuvo un tal Salvador Moreno Fernández, al mando del crucero Canarias. Un militar que había sido partícipe del golpe militar del 36, que destacó por el bombardeo de diferentes ciudades costeras y que, una vez finalizada la guerra, llegó a ser nombrado por Francisco Franco ministro de Marina como premio por sus méritos.

Acto único: el desprecio del jefe de gobierno 

Ayer Mariano Rajoy, dentro de un acto militar en la escuela naval de Marín (Pontevedra) en su condición de jefe de gobierno, dijo no saber "por qué le han quitado el nombre a la calle [Salvador Moreno]". Y como si tratara de unos dulces recuerdos de su niñez, añadió que a otra calle con el mismo nombre en Pontevedra a la que también se lo han cambiado "le [sic] sigo llamando así". 

El PP, con su presidente al frente, que también lo es del gobierno, sigue dando muestras de su prepotencia. Fiel heredero del franquismo, no dudan sus dirigentes en ensalzar cuando pueden a quienes lo hicieron posible y en seguir humillando a sus víctimas. Incumplen sistemáticamente la Ley de Memoria Histórica, cuando no se vanaglorian de que no le dedican los recursos económicos necesarios para su aplicación. En una ocasión llegó a decir en una entrevista que "cero euros". Sí lo hacen, sin embargo, a asociaciones como la Fundación Francisco Franco o permiten que la familia del dictador siga siendo propietario del Pazo de Meirás y disponga a su antojo de dos esculturas que pertenecieron al Pórtico de la Gloria.

Que el militar de marras haya sido responsable de tantas muertes, en especial las que provocó en la costa mediterránea andaluza, no parece que le preocupe al señor presidente. Sus palabras, más que ser en sí misma una muestra de su ignorancia, huelen ante todo a desprecio hacia las víctimas del fascismo. Vencedor hace casi ocho décadas, quienes han recogido su herencia siguen paseando sus glorias entre el disimulo y el descaro. 

Epílogo: la palabra de los poetas

Me gusta acudir a la poesía para ilustrar sentimentalmente lo que escribo. Lo ocurrido en Málaga en febrero de 1937 encogió el corazón de mucha gente y, por supuesto, de poetas. El peruano César Vallejo, el chileno Pablo Neruda o el malagueño Emilio Prados nos dejaron unas palabras que encogen el corazón. Hasta el Guernica de Pablo Picasso puede contener las sensaciones, incluyendo algunas formas, que el pintor tuvo cuando su Málaga natal sufrió la agresión fascista. 
   
Neruda se refirió a lo ocurrido en Málaga en un fragmento del poema "Tierras ofendidas", incluido en el libro España en el corazón:

Málaga arada por la muerte
y perseguida entre los precipicios
hasta que las enloquecidas madres
azotaban la piedra con sus recién nacidos.

También lo hizo Vallejo en otro fragmento, esta vez más largo, del poema "Batallas", de su libro España, aparta de mí este cáliz:

Málaga sin padre ni madre
ni piedrecilla, ni horno, ni perro blanco!
Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos
y murió de pasión mi nacimiento!
Málaga caminando tras de tus pies, en éxodo,
bajo el mal, bajo la cobardía, bajo la historia cóncava, indecible,
con la yema en tu mano: tierra orgánica!
y la clara en la punta del cabello: todo el caos!
iMálaga huyendo
de padre a padre, familiar, de tu hijo a tu hijo,
a lo largo del mar que huye del mar,
a través del metal que huye del plomo,
a ras del suelo que huye de la tierra
y a las órdenes iay!
de la profundidad que te quería!
iMálaga a golpes, a fatídico coágulo, a bandidos, a infiernazos
a cielazos,
andando sobre duro vino, en multitud,
sobre la espuma lila, de uno en uno,
sobre huracán estático y más lila,
y al compás de las cuatro órbitas que aman
y de las dos costillas que se matan!
iMálaga de mi sangre diminuta
y mi coloración a gran distancia,
la vida sigue con tambor a tus honores alazanes,
con cohetes, a tus niños eternos
y con silencio a tu último tambor,
con nada, a tu alma,
y con más nada, a tu esternón genial!
iMálaga, no te vayas con tu nombre!
iQue si te vas,
te vas
toda, hacia ti, infinitamente en son total
concorde con tu tamaño fijo en que me aloco,
con tu suela feraz y su agujero
y tu navaja antigua, atada a tu hoz enferma
y tu madero atado a un martillo!
iMálaga literal y malagueña,
huyendo a Egipto, puesto que estás clavada,
alargando en sufrimiento idéntico tu danza,
resolviéndose en ti el volumen de la esfera,
perdiendo tu botijo, tus cánticos, huyendo
con tu España exterior y tu orbe innato!
¡Málaga por derecho propio
y en el jardín biológico, más Málaga!
¡Málaga, en virtud
del camino. en atención al lobo que te sigue
y en razón del lobezno que te espera!
¡Málaga. que estoy llorando!
¡Málaga, que lloro y lloro!

Y para acabar, esta vez con Emilio Prados, el poema "Soledad de Málaga", que escribió en prosa y para ser escenificado, un fragmento del cual dice:

A montones nos salimos cuando la negra metralla tronchó el último jardín y la fuente más lejana. Por los montes, por los riscos, por las carreteras anchas, Junto a las aguas del mar, por las estrechas cañadas, como un rebaño perdido nuestro dolor rebosaba. ¡Qué agudas alas de muerte por las nubes acechaban! ¡Qué alucinación el mar, dragón de hierro en sus aguas, erizando sus cañones clavó en nosotros sus garras! Entre las sombras del monte, bajo el crujir de las balas, perdí lo que más quería, perdí lo que más amaba. Hijos ¿dónde os encontráis? Vuestros pies, ¿por dónde marchan? ¿Os mueve acaso la vida o vuestra sangre cuajada en las piedras del camino aguardan nuestra venganza? Mala noche, viento negro Que aún desgarra mis entrañas. Cuchilla de mi dolor ¡qué honda por mi pecho bajas!