viernes, 23 de febrero de 2018

La ministra Tejerina y el mito de la "huelga a la japonesa"

En pleno debate en torno a la huelga de mujeres convocada internacionalmente para el día 8 de marzo, la ministra de Agricultura, Isabel Tejerina, soltó ayer que lo que habría que hacer ese día es una "huelga a la japonesa". No me extrañó su respuesta, porque ya he oído esa expresión más de una vez en boca de gente perteneciente a medios políticos conservadores. La última vez, a una compañera de trabajo que pretendía justificar su negativa a secundar una de las huelgas que se convocaron hace unos años para protestar contra las medidas tomadas por los gobiernos del PSOE y el PP al comienzo de la crisis económica. Aliados, como son los círculos conservadores, de las empresas, cuando se convoca una huelga dicen que, en vez de no trabajar, habría que hacerlo más. Lo sueltan así y se quedan tan a gusto.

Las palabras de la ministra están siendo motivo de un amplio tratamiento de distintos medios de comunicación, con un amplio consenso a la hora de desmontar lo que no deja de ser un mito. Hasta el diario El País ha informado de su consulta en medios diplomáticos japoneses en España y el desconocimiento que en ellos tienen acerca del significado del término "huelga a la japonesa". No ha faltado tampoco la reacción en algunos grupos feministas, que han denunciado que muchas mujeres ya viven cada día el exceso de trabajo derivado de su actividad extradoméstica y la que realizan en el hogar.  


Indagando en algún libro y la misma red electrónica, no he conseguido obtener algo que leí o escuché hace unos años sobre el origen del término. Partiendo de que no es una práctica extendida en Japón, habría sido una forma de presión laboral en el contexto social de ese país. En ese sentido, el incremento intencionado de la producción no sería por amor a la empresa y sus dirigentes, sino para conseguir reivindicaciones laborales. Y la aparente originalidad tendría una razón más que poderosa: se hizo en el contexto del conocido como toyotismo, un sistema de organización de la producción muy extendido en Japón desde los años cincuenta. 

El toyotismo, derivado del nombre de la famosa empresa de automoción, tiene un objetivo inverso al de otros métodos de producción. En lugar de fabricar artículos con anterioridad para después venderlos, se hace desde una demanda previa, evitando de esta forma la acumulación de stocks y con ello se evita el riesgo de pérdidas para la empresa. 



Se entiende así la forma de presionar que en alguna ocasión podría haberse dado en Japón: trabajar más para provocar pérdidas a la empresa. Al fin y al cabo ése siempre es el propósito de cualquier huelga.


En todo caso, haya o no ocurrido, no deja de ser un mito que gusta utilizar y cultivar a quienes aman tanto al sistema económico imperante.

Trump y la matanza de Florida

Donald Trump salió ayer con otra de sus genialidades. En plena conmoción por la enésima matanza en un centro de enseñanza, no se le ha ocurrido otra cosa que proponer que se dote al profesorado con armas de fuego para hacer frente a quienes intenten provocar tiroteos. Lo hizo durante la recepción en la Casa Blanca de sobreviviente y familiares de víctimas de la matanza de Florida, acaecida la semana pasada.

La violencia que emerge en cada momento en EEUU refleja la situación en que se encuentra una sociedad enferma, basada en el principio de la obtención de beneficios individuales a corto plazo, cuesten lo que cuesten. Todo ello aderezado con el sentimiento de pertenencia a una gran nación, poderosa y caprichosa, que se siente heredera de una tradición que hinca sus raíces en el mito del designio divino de haber sido elegida como salvadora del mundo. Las armas son, además de instrumentos de dominio para conseguir las cosas, la simbolización de que todo el mundo, desde su particularidad, puede participar en esa empresa. Con un arma cada individuo defiende su propiedad, aunque para mucha gente sólo represente su miseria material, y de esa manera se siente parte de un colectivo gigante, la gran nación americana, capaz de dominar el mundo.   

¿Qué se puede pedir de un presidente que, grado de inteligencia aparte, sólo entiende las relaciones humanas a base del empleo a su antojo de la fuerza bruta? Trump no deja de ser expresión de un forma de entender la vida y el mundo, claramente enraizada en su país. Ha hecho uso del poder que le confiere ser una persona lo suficientemente rica como para hacer sentir a mucha gente, incluso quienes hasta poco o nada poseen, que puede ser como él, como si fuera un espejo de ilusiones. Con su llegada a la presidencia pretende trasladar su forma de gestionar sus empresas a la esfera de la administración imperial. Y para ello hasta vale proponer que el profesorado añada una más a sus funciones: la de convertirse en pistoleros.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Peligra la libertad de expresión y la de creación artística

La libertad de expresión y la libertad de creación artística están en peligro. Ayer condenaron al cantante rapero Valtonyc a tres años y medio de cárcel; hoy una jueza ha secuestrado cautelarmente un libro del periodista Nacho Carretero; y también hoy se ha censurado en la feria ARCO una colección fotográfica de Santiago Sierra. Por medio se encuentran acusaciones de injurias a la corona y enaltecimiento del terrorismo en canciones; la mención a un exalcalde del PP que se le ha vinculado al narcotráfico; o la denuncia como presos políticos de personas encarceladas con motivo del referéndum catalán del 1-O. Decisiones judiciales que van en una sola dirección y/o que pecan de desproporción. Una decisión empresarial que resuelve evitar que se visualice un problema político. 

No son los únicos casos. Son muestras de una situación que se está envenenando. A la que se une el procesamiento, cuando la prisión preventiva, por motivos políticos. Lo estamos viendo en Catalunya, con el desfile de llamamientos judiciales y el encarcelamiento de varias personas, o en el caso de Altsasu, en Navarra, con varios jóvenes en prisión y peticiones elevadas de penas bajo la acusación de terrorismo. 


Decisiones judiciales, en fin, que están siendo motivo de duras críticas, incluso desde sectores del propio ámbito de la judicatura, en los que se rechazan determinadas acusaciones o se considera desproporcionadas algunas medidas. Lo que contrasta con otros casos, donde las personas implicadas en diversos delitos no son procesadas, se les aplica eximentes, se les permite vivir fuera del país...   


Estamos, pues, asistiendo a un claro retroceso de los derechos y las libertades en general. La libertad de expresión y el de creación artística, entre ellas. Y el mundo de la justicia está tomando parte.

martes, 20 de febrero de 2018

La versión empalagosa y embarazosa del himno

El otro día la cantante Marta Sánchez estrenó su versión del himno de la España monárquica. La novedad más destacable, más que el estilo de cantarlo, ha sido hacerlo con letra, que, además, ella misma la ha escrito. Con ello podría desaparecer el "la-la-la-la..." que entonan la aficiones de las distintas selecciones deportivas o incluso podría sustituir la versión franquista -la del "¡Viva España, / alzad los brazos, / hijos del pueblo español / que vuelve a resurgir..."-, escrita por José Mª Pemán y que todavía mantiene más de uno o una. 

Ha habido dirigentes políticos -de la derecha, por supuesto- que no han desaprovechado la ocasión  para saludar el gesto de la cantante. Mariano Rajoy, Albert Rivera, Rosa Díez... han lanzado sus mensajes, dejando muestra de su fervor. Incluso el propio González Pons ha propuesto que sea cantado en la final de la Copa del Rey de fútbol. Varias plumas también han querido dejar constancia de lo que en el fondo consideran un hito, pues vendría a tapar ese hueco aún no rellenado.

Pero no está de más aclarar algunas cosas. Tengo el recuerdo de su presencia en los momentos previos a la primera guerra habida contra Irak, entre 1990 y 1991, animando a las tropas españolas que pasaron por el golfo Pérsico. Su amor patrio me recuerda al de esa clase de artistas, deportistas o gente famosa, siempre con posibles, que le gusta ubicar su residencia fiscal allende las fronteras, buscando el calor de lugares más ventajosos para sus bolsillos.  

Por mi parte poco más puedo decir. Como sobre gustos no hay nada escrito, que disfrute quien quiera de la versión musical, intensamente empalagosa, y de la letra, calificada por un articulista de El País de "embarazosa". Que sigan con su "a Dios le doy las gracias por nacer aquí".

jueves, 15 de febrero de 2018

Lo que dijo y lo que hace el magistrado Llarena

Según informó ayer eldiario.es Mireia Boya, exdiputada de la CUP, interpeló al magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena durante el interrogatorio judicial diciéndole que él mismo había defendido "una solución política para Catalunya". El magistrado contestó matizando el contenido de esa alusión, añadiendo los términos "esencialmente" y "frecuentemente". 

Las palabras de Llarena forman parte de unas declaraciones suyas al diario  El Mundo en octubre de 2012, cuando era el presidente de la Audiencia de Barcelona. Entre otras cosas manifestó que la cuestión entre Cataluña y España tiene "una solución esencialmente política"; que existen "sentimientos generalizados de la ciudadanía" que necesitan de una respuesta política; que "Lo que no se puede pretender es que toda la cuestión relativa a atribuir un espacio significativo a la individualidad catalana y toda esta cuestión relativa a la integración de Cataluña en España se vaya a resolver judicialmente, porque no tiene que ser así"; que quienes deben resolver el problema son "los que llevan la gestión política en Cataluña y en el Estado"; que "los jueces no tienen ninguna capacidad ni ningún instrumento de solución"; o que, sobre una consulta, "en todo caso la respuesta de los tribunales a la cuestión concreta de la identidad catalana y de la integridad del Estado español no tiene una respuesta judicial sino política".

Teniendo en cuenta el cargo que ostentaba entonces, las palabras de Llarena ya resultaban relevantes. Sin embargo, su sentido difiere claramente del comportamiento que está mostrando en la actualidad como miembro del Tribunal Supremo. Se ha convertido en un instrumento del estado, condicionado por las decisiones del gobierno, tendente a hacer de la intervención judicial la base de la resolución del conflicto político existente.

Si hace seis años mostraba un distanciamiento acerca de que lo judicial interviniera en el espacio de lo político, entendido éste como propio del ámbito de quienes gestionan los poderes legislativo y ejecutivo, no cabe la menor duda que en el momento presente el magistrado lo que ha hecho ha sido cambiar, al menos en los hechos. En la realidad política lo que está ocurriendo es lo contrario. Desde el gobierno se ha confiado en el poder judicial para que sea el pilar que asiente su postura. Muy lejos, por tanto, de esas palabras suyas de que "los jueces no tienen ninguna capacidad ni ningún instrumento de solución".    

Defiendo que el poder judicial también es un poder político. A diferencia de los otros dos, una de sus especificidades se encuentra en que quienes lo ejercen necesitan de una capacitación técnica en materia jurídica. Pero sus componentes no tienen el don de la exención sobre la realidad en la que viven y actúan. Son parte de ella y, como todo individuo, disponen de una personalidad propia, formada por una trayectoria vital, unos valores y hasta unos intereses, que marca su manera de concebir las cosas. Eso es lo que explica tantas decisiones judiciales controvertidas en diferentes asuntos. 

Y en el caso que nos ocupa, las altas esferas del poder judicial han asumido un papel peligroso: participar de las decisiones emanadas del poder ejecutivo central. Si Llarena se mostró hace años celoso por mantener la autonomía del poder del que forma parte, ahora ha sucumbido. Y es que acusar a personas de delitos como el de rebelión o sedición resulta sumamente grave. Como también lo es  mantenerlas en la cárcel. O seguir llamando a declarar a más gente bajo las mismas acusaciones.  

miércoles, 14 de febrero de 2018

Murió Josefina Samper, siempre luchadora

Hace un par de días nos dejó Josefina Samper. Una fiel compañera en todo. Militante comunista desde joven, la inició en la ciudad africana de Orán, que formaba parte de la colonia francesa de Argelia. Era un destino muy frecuente de quienes vivían en el ángulo sureste de la Península, de ese campesinado pobre que buscaba en la emigración allende los mares el futuro que no encontraba en su propio país. Josefina pertenecía a una familia originaria de la alpujarra almeriense que emigró en los años treinta. Y en ese destino conoció algunos años después de la Guerra Civil a Marcelino Camacho. Fue una elección difícil, porque el protagonismo que fue adquiriendo su compañero en la lucha antifranquista fue llevándola a una situación de duros sacrificios. De vuelta en España, ya a finales de los años cincuenta, hubo de afrontar las secuelas inherentes a las represalias derivadas de la lucha política. Fue el sostén de la familia cuando Marcelino era internado en las cárceles. Pero no actuó sólo en su pequeño ámbito privado, porque como militante comunista asumió la solidaridad con quienes sufrían la misma situación. Participó por ello en las redes que se fueron creando, formadas en su mayoría por mujeres, jugando un papel muy activo. Es frecuente verla sonriente acompañada de su compañero, dando la impresión de haber sido una figura de segundo orden. Pero se olvida que en las luchas colectivas cada persona juega un papel tan importante como el de las demás. Hace dos años, gracias a la labor de IU y el PCE, fue galardonada con un reconocimiento simbólico: la Medalla de Andalucía. Con Josefina se va una más de las pocas personas que van quedando de una generación de personas, nacidas en las primeras décadas del siglo XX, que tuvo la dignidad de mirar de tú a tú a quienes llevaban ostentado el poder desde siglos atrás. Una generación que tuvo en su seno a muchas mujeres como Josefina y muchos varones como Marcelino que nunca se doblegaron.      

(Imagen: retrato de Josefina Samper realizado por David Padilla)  

martes, 13 de febrero de 2018

Rememorando a Els Comediants y su Sol, solet

Ayer vi en La 2, dentro de "Los imprescindibles", un programa que me retrotrajo a 1979. Dedicado al grupo Els Comediants, reviví el espectáculo con el que un día de primavera nos sorprendieron a miles de personas por las calles de Salamanca. Teniendo ese curso las clases por las tardes, al acabar la jornada nos topamos en la misma Plaza de Anaya, entonces el corazón universitario de la ciudad, con una tropa de músicos y saltimbanquis. Iban ataviados con trajes y disfraces, a cuáles más variopintos, con la figura del sol como centro de referencia. Dejándonos llevar por su música y sus movimientos, una riada de gente se fue formando a lo largo de la calle la Rúa hasta llegar a la Plaza Mayor. Como colofón, varios de sus componentes, en forma de cabezudos y representando los poderes fácticos municipales, nos ofrecieron el correspondiente saludo desde el balcón principal del Ayuntamiento.

Era la primera primavera tras las elecciones municipales habidas casi dos meses
antes. Las elecciones que trajeron aire fresco a muchas ciudades y muchos pueblos del país después de la larga noche del franquismo. Salamanca, como en tantas otras capitales, conoció el triunfo de las candidaturas del PSOE y el PCE, que juntas gobernaron durante cuatro años. El episodio que protagonizaron Els Comediants, representando la obra Sol, solet, vino a simbolizar lo que ese año supuso para mucha gente. Una esperanza que albergaba el deseo de cambiar muchas cosas, aun cuando lo que fue llegando años después, tras la hegemonía del primero de los partidos antes citados, acabara siendo un fiasco.

En el programa de televisión emitido ayer, realizado cuatro años antes, se hizo un repaso de las cuatro décadas de historia de la compañía. De los objetivos iniciales, todavía en el franquismo, de hacer algo diferente con respecto al teatro tradicional, fundiendo, con representaciones muy abiertas a la gente, la música, el circo, el teatro, la danza... Un tipo de espectáculo muy mediterráneo, por su enmarcamiento en las calles y las plazas para llenarlas de colores, sonidos, luces, movimientos...

Fue tal la emoción que me llenó ese día, como le ocurrió a mis compañeros de clase y a tanta gente que lo vivió, que hasta le dediqué unos versos. Helos aquí.

Día de luz, sol y alegría

Sencillamente 
bueno, bello y divertido.
Color,
luz,
alegría,
sombras, 
penumbra,
melancolía,
sol,
luna,
estrellas,
mar,
tierra,
aire,
árboles,
flores,
plantas,
día,
noche,
lluvia,
frío,´
calor,
amor,
corazón, 
aventura,
risas,
palmas,
gritos,
baile,
música,
tambor...
y ese día
la gente,
engalanada con aire de fiesta,
se despidió del viaje
y esperó la llegada del sueño
de una manera distinta.
¡Que vuelvan els comediants!
¡Qué vuelvan otros sol solet!
Porque ese día
el aire se vistió de fiesta
y respiró alegre de alegría.

(22-05-1979)