miércoles, 25 de noviembre de 2020

25 de noviembre, contra la violencia sobre las mujeres

 

(Imágenes: obras de Ángeles Agrela, Susana Pilar Delahante, Laura Dodsworth, Marlene Dumas, Angelica Mesiti, Pipilotti Rist y Coqui Calderón).

martes, 24 de noviembre de 2020

La derechona que nos acecha

Combatir los presupuestos generales del estado y la nueva ley de educación. Seguir haciendo de la pandemia un frente de combate contra el gobierno.  Apelar a la unidad de España, poner a Bildu y ERC como escusas, hablar de libertad para las familias y de la lengua vehicular o inventarse lo del fin de la educación especial. Defender la bajada de impuestos para quienes más tienen y enflaquecer los servicios públicos. Debilitar la atención primaria de salud, privatizar servicios y fortalecer el negocio del ladrillo en la construcción de hospitales. Negar la violencia de género y reírse de sus víctimas. Olvidarse de las víctimas del franquismo que aún no han sido desenterradas. Decir una cosa y la contraria, según convenga. Olvidarse de lo antes defendían o aludir a errores tipográficos para justificarlo. Anunciar que van a incumplir lo que apruebe el Congreso.  Ésa es la derechona española. Neoliberal en lo económico, negadora de realidades nacionales y excluyente en lo cultural. Heredera de una tradición negra que se alimentó de la explotación, la violencia y la intolerancia. Ahora, expresada a través de tres fuerzas políticas. Y lanzada a la ofensiva para acabar contra lo que califican un gobierno socialcomunista, terrorista y separatista. Un lenguaje que nos lleva a 1936 y lo que le siguió durante cuatro décadas. Esa derechona que en sus discursos y proclamas ha hecho desaparecer la masonería como enemigo -lo que el fantasma familiar del dictador- y hasta el judaísmo -necesario en su día cuando Hitler era su principal aliado-, pero que sigue manteniendo lo principal: la lucha contra todo lo que suponga redistribución de la riqueza, recorte de privilegios, ampliación de derechos, pluralidad cultural, solidaridad humana...  

domingo, 22 de noviembre de 2020

El felipismo (que queda) de nuestros días

 

El felipismo, entendido como una forma de hacer política que coadyuvó a la consolidación de España dentro del sistema occidental, capitalista en lo económico y atlantista en lo militar, se sigue resistiendo. 

En su momento supuso un paso adelante en la modernización de la estructura socioeconómica heredada del régimen franquista, muy rezagada en lo relativo al estado de bienestar y el modelo tributario. También dio un paso adelante en la presencia de España en las instituciones internacionales occidentales, ratificando la recién entrada en la OTAN aprobada por UCD e incorporándola a la entonces Comunidad Europea. Fue el principal pilar político en la legitimación de la monarquía, alejándola de su identificación con la derecha tradicional y creando eso que vino a llamarse como juancarlismo. Empezó a dar los primeros pasos hacia el modelo neoliberal, como limitaciones en el acceso a las pensiones, precarización en el empleo o privatización de empresas públicas, en la línea de lo que se denominó por entonces social-liberalismo. Siguió concediendo, aumentándolos, privilegios a la Iglesia Católica en materia de educación o tributos. En el combate contra la lucha armada de ETA, como ya hicieron los gobiernos anteriores desde la Transición, actuó dentro de los parámetros de la guerra sucia. No le faltó su vinculación a prácticas de corrupción, bien para la financiación del partido o bien para el aprovechamiento personal.

Ese cúmulo de factores fueron creando contradicciones internas en el seno del PSOE, con una fractura entre el oficialismo felipista y lo que pretendía ser la rebeldía del guerrismo. A la vez, en el exterior del espacio político, fue perdiendo apoyos electorales. Por su derecha, desde un PP reconvertido, con pretensiones de desprenderse de lo más rancio de su pasado y aderezado de una promesa de regeneración política. Y por su izquierda, desde una IU, que tenía a Julio Anguita a la cabeza, que combatía los excesos del neoliberalismo, el atlantismo, la guerra sucia y la corrupción. 

Si entre 1993 y 1996 el felipismo consiguió salir a flote gracias a un triunfo electoral ajustado y el inmediato pacto con la derecha nacionalista catalana y vasca, la derrota de 1996 le resultó amarga. El combate electoral fue duro, campaña del dóberman incluida. Lo que vino después fueron ocho años de travesía en el desierto, con un líder retirado, y serias dificultades por encontrar otro líder, que fuera sólido y capaz de recuperar el terreno perdido.

Curiosamente, los dos que llegaron a la jefatura del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, lo hicieron en el primer momento con el apoyo del núcleo del felipismo y quien fuera su líder. Curiosamente, una vez en el gobierno, se vieron criticados, a veces muy duramente, por ese núcleo, cada vez más envejecido en quienes fueron sus cabezas, pero con residuos importantes en el ámbito de las baronías territoriales. 

En la actualidad las críticas desde lo que va quedando del felipismo están siendo cada vez más exacerbadas. A la batería de ataques de los González, Guerra, Ibarra, Corcuera, Leguina, etc. se une lo que están lanzando Díaz, Lambán, García Page o Fernández Vara. No les gusta la presencia de Unidas Podemos en el gobierno, ni las medidas sociales que se están tomando, ni los apoyos de EH-Bildu y ERC a los presupuestos... Preferirían un gobierno de la derecha o de una gran coalición a la alemana, sin la presencia y/o el apoyo de la izquierda que está más allá del PSOE.

Quienes vieron un dóberman en 1996, cuando todavía no había dado señales de su ferocidad, con el paso de los años han convertido  a la figura política de ese momento, José María Aznar,  en su aliado, incluido todo  lo que representacoinciden  en el estilo de vida, se fotografían con él y, ante todo, airean casi las mismas cosas... Monarquía, neoliberalismo, anticomunismo...

¡Ay!

sábado, 21 de noviembre de 2020

Tres poemas para Ascen y Marcos por su "Paquita"

Ascen y Marcos están muy tristes. Se les ha muerto "Paquita", su perrita. Años atrás "Sura" se quedó reposando en el pinar y "Flora" se adelantó junto a la marisma para recibir a Luis. También hace años Jose, Tere y sus niñas se quedaron sin "Bruno", que tanto gustaba recibirnos con sus saltos y ladridos. No sé qué habrá sido de "Rony", el mismo que se refugió entre mis piernas cuando la "Flora" en celo buscaba darse satisfacción. Amigo de las escapadas aventureras, me contó Josemari que un día dejó de volver.  Ahora le ha tocado a "Paquita". Aguanta, "Neuri", que aún me quedan por darte unas cuantas chucherías.

   

A “Niebla”, mi perro
 
“Niebla”, tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
 
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
 
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
 
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
 
“Niebla”, mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

(Rafael Alberti)
 

Mi perro ha muerto
 
Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una máquina oxidada.
 
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
 
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.
 
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
 
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
 
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba en mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestare nunca,
y sin pedirme nada.
 
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
 
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
 
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
 
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

(Pablo Neruda)


Perro convaleciente
 
Estaba a duras penas comprendiendo
y me encontré en la calle como perdido
los gritos y bocinas se colaban
insolentes en mi áspera congoja
 
palpé las cicatrices que dejó tu mirada
ignoraba si era azul o castaño o verdosa
pero la sabía fatalmente buena
de algún modo notaba que aún estaba vivo
que no había sucumbido a una endémica angustia
así que empezaron de nuevo a funcionar
mis articulaciones y mis candores
 
fue sólo entonces que olfateé el mundo
como un perro convaleciente
y sentí que a ese aire concurrían
rostros y móviles y sombras y manos
que aquí y allá empezaban a sonar
rebeldías como vientos armándose
y también que muchísimas piernas se apoyaban
sobre las muertes y los sacrificios
y empezaban a andar y caminábamos
 
y aunque estaba en la calle como perdido
perro convaleciente que lame sus heridas
de pronto supe que tu ausencia y yo
estábamos rodeados por un abrazo prójimo
y sin pensarlo dos veces me fui
con tu ausencia y con ellos
a faenar desconsuelos
a bregar otra vez por el hombre.

(Mario Benedetti)

viernes, 20 de noviembre de 2020

Cómo se recordaba la muerte de Franco en 2005 (por el profesorado del Trafalgar)

 

Corría el curso 2005-06 y en la asignatura de Sociología de 2º de Bachillerato puse en práctica un proyecto didáctico que titulé "Memoria de tres generaciones de Barbate". Para ello dispuse un plan de actuación, basado principalmente en la obtención de información mediante una encuesta y complementado con la recogida de materiales que nos permitiera ilustrar el contenido. Una de las partes del proyecto estaba relacionada  con el hecho de que en el principio del curso iba tener lugar el 30 aniversario de la muerte de Francisco Franco. Por distintas circunstancias -sobre todo relacionadas con la especificidad del curso, muy condicionado por la Selectividad- no pudimos presentar los resultados y hacer la exposición prevista, pese a que el trabajo previo se había desarrollado con éxito. 

El proyecto continuó en el curso siguiente, en esta ocasión dentro de otra asignatura, conocida como Proyecto Integrado. Pero la desgracia se cebó cuando, acabada la segunda temporada, la mayor parte de la información se perdió. En el aula donde se guardaba alguien no reparó en su contenido y decidió enviar la documentación, que ocupaba varias cajas, a la papelera. 

He conservado algunos datos fragmentarios del trabajo que llevamos a cabo durante esos dos cursos académicos y también algunos materiales. Y como estamos en el 45 aniversario de la muerte del dictador, he decidido publicar el contenido de las respuestas a una de las preguntas de la encuesta de 2005, concretamente en la que se formulaba "¿Cómo te impactó [la muerte de Franco]?".

Sólo me voy a referir a las respuestas del personal docente del momento, que he dividido en tres grupos según la edad que tenían en 1975: quienes tenían más de 21 años -entonces el inicio de la mayoría de edad- , que se encontraban en los últimos cursos de sus estudios universitarios o ya estaban trabajando; quienes se encontraban en plena juventud, bien estudiando el Bachillerato y el COU, o bien en los primeros cursos de la Universidad; y quienes aún eran niños o niñas, estudiando lo que entonces se denominaba como EGB.    

Adultos jóvenes

"Empezaba una época nueva" (varón, tenía 23 años).

"Me alegré enormemente" (varón, tenía 29 años).

"Esperanza ante el futuro y posibilidad de democracia" (varón, tenía 22 años).

Jóvenes y adolescentes

"Sospechaba que todo iba a cambiar" (mujer, tenía 15 años).

"Fue una liberación"  (mujer, tenía 18 años).

"Lo primero con preocupación al observar el miedo de mis padres, aunque también con alegría, porque suponía varios días sin clase" (mujer, tenía 16 años).

"Se esperaba desde hacía tiempo. Fue una madrugada en la que mi compañero de piso me preguntaba continuamente que si ya había muerto" (varón, tenía 21 años).

"Me alegré muchísimo. Era algo esperado. Me fue a buscar la policía  a mi casa y salí por la 2ª puerta" (mujer, tenía 18 años).

"Para mí fue una alegría, aunque no era aún plenamente consciente de sus repercusiones. También me produjo cierto desconcierto, porque terminaba una situación que ocupó toda mi niñez" (varón, tenía 15 años).

"Por un lado, alegría, porque moría el dictador. Pero, sobre todo, miedo, porque había rumores de detenciones a opositores al régimen. Un hermano se fue de casa unos días" (varón, tenía 17 años).

"Felicidad enorme. Nos cogimos una juerga. Pero también perplejidad" (varón, tenía 20 años).

"Un poco de incertidumbre de oír a nuestros padres y profesores" (mujer, tenía 15 años).

"La viví como un acontecimiento extraordinario, la expectación del cambio de régimen, el tener una monarquía. Fue algo nuevo, pero a la vez esperanzador, por el futuro que se abría a España"  (mujer, tenía 18 años).

Menores

"Me impactó mucho. Recuerdo todo perfectamente. Durante más de un mes las Noticias daban partes repetidamente sobre el estado de salud de Franco. Su muerte se esperaba. Me acuerdo de que esa noche pusieron en televisión la película Objetivo Birmania, con Errol Flynn. Tras la película nos acostamos y al día siguiente mi hermano y yo fuimos al colegio en autobús, como todos los días. Al llegar nos lo encontramos cerrado y el portero nos dijo que no había clase porque Franco había muerto. Nos volvimos a casa. Antes de llegar pasé por un quiosco y vi las portadas de los periódicos con la imagen del dictador y el titular de la noticia. Creo que compré uno. Ya en casa nos sentamos delante del televisor y vimos a Arias Navarro lloroso anunciar oficialmente la muerte de Franco. Hubo varios días de luto, largas colas ante su féretro, etc. Otro recuerdo claro que tengo es que tanto su entierro como la proclamación de Juan Carlos I lo seguí por un televisor en color de unos amigos; era la primera vez que veía la tele en color. ¡Ah! Ese domingo no pusieron en la tele La casa de la pradera, porque aún duraba el luto. El lunes volvimos ya a clase. Recuerdo también que en el colegio un compañero me contó que había estado en Madrid con su padre para visitar la capilla ardiente" (varón, tenía 9 años).

"No me impactó de ninguna forma"  (mujer, tenía 9 años).

"En casa recuerdo que estaban esperando un cambio para nuestro país. Era un momento de esperanza después de años de Dictadura" (varón, tenía 9 años).

"No me impactó su muerte. Sí recuerdo que era el comentario en todas partes" (varón, tenía 9 años).

"El miedo de mi padre hizo que mi familia no saliera de casa en 2 meses. Para mí significaba 2 meses de vacaciones, perdí el curso y me hicieron repetir" (mujer, tenía 11 años).

"Recuerdo las imágenes de TV, pero con esa edad lo que recuerdo con agrado son los días sin clase debito al luto oficial" (varón, tenía 10 años).

"Apenas me di cuenta de la repercusión política de este hecho" (varón, tenía 10 años).

"No era demasiado consciente" (varón docente, tenía 13 años).

"No fue consciente del día hasta años más tarde. Recuerdo el comunicado que leyó Arias Navarro" (mujer, tenía 11 años).

"No me acuerdo" (mujer, tenía 11 años).

"En ese momento era muy pequeña. Sé que no hubo colegio" (mujer, tenía 9 años).

"Desconcierto. No saber qué ocurría a mi alrededor" (varón, tenía 12 años).

martes, 17 de noviembre de 2020

Otro caso más de sexismo machista en un partido de fútbol femenino

El sexismo machista en el mundo del deporte está en aumento. Sobre todo en los deportes que tradicionalmente han sido un coto cerrado para varones. Como ocurre con el fútbol. El domingo pasado, durante el partido de la Liga Femenina entre el Real Madrid y Athletic de Bilbao, la árbitra recibió un duro balonazo, fortuito, sobre su cara, que hizo que quedara tendida sobre el suelo y acabara sufriendo un hematoma en uno de sus ojos. Aunque el partido estaba a punto de finalizar, tuvo que ser retirada del campo. Pese a ello, algunos comentarios subidos en la red, lejos de mostrar lástima por el percance, lo que han hecho ha sido reflejar un elevado grado de crueldad, por un lado, y de machismo, por otro. Porque lo es decir cosas como ésta: "Aunque recibas ese balonazo no puedes perder la profesionalidad de tirarte al suelo y llorar como una niña". No está de más recordar la actitud de tantos futbolistas varones, algunos famosos y multimillonarios, que han hecho de la exageración teatral en el césped una de sus prácticas favoritas. ¿Serán también niños?    

lunes, 16 de noviembre de 2020

El abrigo de piel de leopardo de las nieves y la soledad que dicen de quien fue rey

 

Se sigue sucediendo el conocimiento de los escándalos financieros de quien fuera rey de España hasta 2014 y pasara después a tener la condición de rey emérito. Escándalos con un lejano antes y un reciente después, relacionados con el cobro de comisiones multimillonarias, la posesión de cuentas ocultas en otros países, incluidos paraísos fiscales, el impago de los tributos correspondientes, el empleo de testaferros... Todo ello aderezado de viajes por doquier, de fiestas, compañías femeninas y cacerías.


Famoso fue el viaje a Boswana de 2012, con caza de elefantes, compañía de su amiga Corinna y rotura accidental de su cadera incluidas. Fue el momento de una de sus frases para la posteridad: "Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir".


En efecto, el mismo monarca que en los comienzos de la crisis económica había aludido en su mensaje de Navidad de 2009 a eso de "las familias angustiadas, no solo por la pérdida de ingresos, sino por la falta de horizontes en sus vidas laborales y personales". O en el de 2011 a lo de "Todos somos iguales ante la ley", intentando marcar las distancias con su yerno Iñaki y su hija Cristina por lo del escándalo del caso Nóos. Pero daba igual, porque la pendiente por la que iba a deslizarse ya estaba a la vista y había que preparar el terreno para que la caída fuera lo menos dura posible. Su abdicación en 2014, lejos de moderarlo, lo lanzó a la vorágine de una especie de barra libre. Y la cosa se puso tan cruda, que hace un año desde el entorno de su sucesor en el trono e hijo empezó a pergeñarse una estrategia para evitar lo peor. 

Fue durante el comienzo del confinamiento general por la pandemia del covid-19, con el país pendiente de la emergencia sanitaria, cuando se eligió el momento para hacer público el comunicado del rey Felipe VI renunciando a la herencia de su padre. No lo hizo por altruismo, sino porque su olor a podrido era demasiado  evidente y llevaba a que la opinión pública siguiera desmarcándose aún más de la institución monárquica. Y es que las noticias que estaban llegando de Suiza y la acción de su justicia no eran buenas. La investigación de su padre por delitos fiscales y económicos era un salto cualitativo en el problema. 


Y mientras las malas noticias se iban sucediendo y la corte de aduladores del emérito salía en su defensa, tuvo lugar la fuga en el mes de agosto a los Emiratos Árabes. Un acto llevado a cabo con nocturnidad y alevosía, que marcó un nuevo punto culminante, porque, entre otras cosas, no dejó de ser el reconocimiento implícito de que algo se estaba ocultando. Por el propio Juan Carlos, por el rey Felipe y su entorno, y por los círculos del poder.


Entre la sucesión de escándalos, hace unos días salió uno sobre algo acaecido en 2002, con motivo de uno de los viajes internacionales del entonces rey y hoy emérito, cuando fue invitado a participar en una cacería de cabras salvajes por el presidente Kazajistán, Nursultán Nazarbéyev. Se cuenta que cuando se despedía del rey español, el presidente de la república centroasiática hizo el siguiente comentario a uno de sus allegados: "¡Míralo, es el rey de un país, pero no tiene nada...! Yo lo ayudo como puedo". La ayuda consistió en la suma de 5 millones de dólares (equivalentes a unos 4'2 millones de euros), sin contar los pormenores sustanciosos de la estancia y el regalo de una abrigo de piel de leopardo de las nieves. Quizás fuera calderilla en comparación con otras sumas bastante más elevadas de las que se tiene conocimiento, pero no deja de ser parte de ese sustancioso suma y sigue.


Desde hace unas semanas se viene diciendo que el emérito se siente solo y se aburre en tierra de moros. Se habla que se está planeando su desplazamiento a otras latitudes cálidas en lo climático y más fáciles de llevar, donde el cha-cha-cha caribeño, que tanto le gusta, le pueda levantar el ánimo que siente decaído. 

 

Y en ésas seguimos.