jueves, 13 de diciembre de 2018

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: y 7) perspectivas fuera de Andalucía

Los resultados de las elecciones andaluzas siguen dando mucho que hablar. Y así seguirá en las semanas que vienen. Los medios de comunicación y los corrillos de la gente hierven. Se habla de Andalucía, pero también del conjunto del estado, de España, de Cataluña, del independentismo, de Vox, del fascismo, de la xenofobia, de la tumba de Franco...  

En clave andaluza lo previsible es un gobierno de la derecha. Veremos, pues, a Juan Manuel Moreno, por el que nadie daba un duro antes de las elecciones, en la presidencia de la Junta de Andalucía y a Juan Antonio Marín, de vicepresidente. 


En clave estatal, la cosa resulta bastante diferente, por lo que intentaré explicarme. Después del avance habido por la derecha en Andalucía, de los sondeos hechos para el ámbito estatal con anterioridad al 2 de diciembre en el ámbito estatal y de los que están saliendo estos días, la suma de PP, Cs y Vox ha aumentado hasta colocarse por delante de la que permitió que triunfase la moción de censura contra Mariano Rajoy en junio pasado.


Se está hablando que con el desplazamiento hacia a la derecha de PP y Cs, además de su radicalización, el PSOE estaría recuperando el espacio del centro. Puede ocurrir que sea así, pero no se está teniendo en cuenta otro factor: el desplazamiento hacia la derecha de la opinión pública.Y aquí entra un aspecto que ya se empezó a resaltar en los análisis realizados tras las andaluzas: el papel que están jugando los sentimientos de identidad, en este caso el de la identidad española. 


En Andalucía se habría votado en clave española, de manera que, además del cansancio generalizado de tantos gobiernos ininterrumpidos del PSOE, se ha dejado al lado lo propiamente andaluz. La única candidatura que se ha centrado preferentemente en ello ha sido la de Adelante Andalucía. Formada en torno a una alianza entre Podemos e IU, permitió la integración de parte de los restos del antiguo Partido Andalucista. Y sobre todo se centró en aspectos propiamente andaluces, con un acento en lo social, la vertebración territorial o la defensa del medio ambiente. Estaría por ver hasta qué punto eso habría sido una frontera y no otros aspectos, como esa actitud de buena parte del electorado de izquierdas que se muestra hipercrítica en los apoyos electorales y genera desconfianza ante quienes pueden ser sus representantes. ¿Cómo, si no, entender la elevada abstención entre quienes votaron a Podemos e IU en 2015? 


Resulta evidente que el sentimiento de identidad española se ha disparado en el último año. La permanente presencia de Pablo Casado, Albert Rivera e Ignacio Abascal en los actos electorales, los mensajes lanzados en los discursos y el predomino de la simbología española a través de la bandera rojigualda han sido clarosY lo que pueda ocurrir en otros territorios, quitando algunos de ellos, como Cataluña o el País Vasco, nos puede llevar a sacar las mismas conclusiones. 


Ayer pudimos ver en el Congreso un debate muy sintomático. De un lado, Pedro Sánchez y su gobierno, atrapado por la línea marcada por la derecha e incluso por un sector de su partido, liderado por las baronías territoriales, pero con presencia en su propio gobierno, como es el caso de Josep Borrell. Intentando un equilibrio entre la firmeza y el diálogo. Frente a él, los líderes de las dos versiones parlamentarias de la derecha: Pablo Casado y Albert Rivera, crecidos ante las perspectivas que tienen, o se creen, que no pararon de lanzar diatribas anticatalanas, apelando a la aplicación del artículo 155, pronunciando lo del golpismo separatista, advirtiendo de la pérdida de la unidad de España, soltando disimuladamente lo de la complicidad... Y eso que faltó Vox, todavía sin presencia en esa cámara.


Está por ver lo que puede ocurrir con los apoyos electorales a lo que hoy son Unidos Podemos y las confluencias territoriales (en Galicia, Cataluña, País Valenciano, Baleares...). Está por ver si el caso de Andalucía puede servir de aviso a quienes podrían verse en la tentación de jugar con la abstención. Hay demasiadas cosas en juego. La desmovilización del electorado de la izquierda, ante una derecha envalentonada y raras veces pasiva, significaría abrir las puertas a algo que ya estamos viendo en Hungría, Polonia o Italia, en Europa, y en EEUU o Brasil, más allá del océano, y sigue creciendo en Francia, Alemania, Reino Unido,  Austria...     


Sería muy triste que Andalucía se convirtiera en lo que fue el lema de campaña del partido que consumó la sorpresa. Y frente a la reconquista, una esperanza basada en la solidaridad. 

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Lo suscribo: #nohayjusticia

Este sábado, día 15 de diciembre, se ha convocado en Madrid una manifestación con el lema #nohayjusticia. Lo han hecho más de cien colectivos y se ha elaborado para ello un manifiesto, en cuyo texto se deja constancia de las graves deficiencias existentes en la administración de justicia española:

"con frecuencia, se están dictando distintas resoluciones del Tribunal Supremo, el Constitucional y la Audiencia Nacional que, con una interpretación abusiva de la ley, son una clara vulneración de los derechos civiles y políticos. Esta dinámica genera indefensión en la ciudadanía, a la vez que alarma social producto de la creciente falta de confianza en la tarea del Poder Judicial". 



Una realidad tan evidente con desastrosas consecuencias que no podemos seguir permitiendo. Se requiere la movilización ciudadana para evitar que sea una justicia que beneficie a los detentadores del poder político y económico, mientras la mayoría de las personas se ven abocadas a tener que sufrir, cuando se da el caso, situaciones degradantes y, ante todo, injustas.

Es lo que se afirma con rotundidad al final manifiesto:



"Queremos poner en evidencia que el poder judicial protege las élites y que la judicialización de la vida política es un mecanismo que se aplica sistemáticamente contra toda forma de discrepancia política que quiere ser transformadora y que pretende actuar para superar el régimen de 1978. Por todo esto, denunciamos que, ahora hace 40 años, se instauró una transición que pretendía blindar la monarquía, perpetuar los privilegios de las oligarquías y restringir los derechos civiles y políticos, tanto de la ciudadanía como de las diversas Naciones del Estado español".

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 6) el voto a Vox

La sorpresa del voto recibido por Vox ha llevado a indagar sobre sus rasgos. Hemos ido sabiendo más en lo relativo a su localización territorial o procedencia de otros grupos según las elecciones de 2015. Ahora, siguiendo el estudio demoscópico publicado en El País, podemos acercarnos mejor al perfil de sus votantes, atendiendo, por un lado, a las razones político-ideológicas y, por otro, a variables como la edad, la ocupación socio-laboral, el nivel de estudios, etc.

Sobre lo primero no cabe la menor duda que se ajusta al perfil de votantes de derecha, claramente escorados al extremo, con una importante dosis de xenofobia y nacionalismo español. Eso se desprende, en relación a la xenofobia, por la preocupación por la inmigración (42%), que es la que está en primer lugar. Y en relación a lo segundo, por la preocupación por la unidad de España (33,7%, tercer lugar), para frenar a los independentistas (28%, en cuarto lugar) o la defensa de los símbolos nacionales (12%, en octavo lugar), razones que se complementan con una apuesta por el centralismo territorial desde el fin del estado de las autonomías (24,9%, en sexto lugar).  

La oposición al PSOE resulta clara cuando se refieren a echarlo del poder (34,2%, en segundo lugar) y el castigo a la corrupción (27%, en quinto lugar), algo que es común entre los otros grupos de derecha. Al fin y al cabo, en el imaginario de buena parte de la derecha ese partido representa los valores de la izquierda, interpretados, además, en clave negativa. No falta una alusión explícita al PP, de quien una parte considera que se siente defraudado (12,5%, en séptimo lugar). 

Existen otras razones, propias de la derecha, si bien con un menor peso, donde se mezclan lo heteropatriarcal, lo religioso y lo económico: derogación a la ley de la violencia de género (11,1%), defensa de la familia tradicional (5,6%) y defensa de los valores católicos (2,8%). 

La aceptación de sus propuestas económicas (7,3%), si bien no se especifican cuáles en la encuesta, se inscriben, según el programa, en el modelo neoliberal y con ello en la rebaja de impuestos, la disminución del gasto público, el mantenimiento de la reforma laboral, etc. 

Si lo anterior aporta los rasgos ideológicos, muy previsibles sobre la idea previa que se podía tener, interesantes son otras variables, que ayudan a completar el perfil de quienes optaron por Vox. 

La variable de sexo no aporta grandes diferencias sobre la población general, repartidas en la práctica por igual. En la variable de edad, en el grupo de mayores de 65 años (28%) se sitúa por encima de la población (21%), lo contrario que en el grupo 18-24 años (2%, frente a una población del 9%). 

En cuanto a la situación socio-laboral se sitúa por encima en las personas jubiladas y pensionistas (33%, frente a una población del 25%) y en las que están ocupadas (49%, frente al 43% de población). Esto último, que resulta en sí un cajón de sastre, se puede aclarar algo atendiendo al nivel de renta: ha tenido muy pocos apoyos en las rentas más bajas (2%, frente al 10% de su población), mientras que los ha tenido mayores en los sectores medio-bajos (19%, frente al 15% de población) y los medio-altos (19%, frente al 12%).

El nivel de estudios corrobora en parte lo anterior: tiene mayores apoyos entre quienes tienen el nivel de secundaria (13%, frente al 10% de población) y los estudios de postgrado (12% y 7%, respectivamente); por el contrario, son menores entre quienes tienen el nivel de estudios más bajo (8%, frente al 10% de población) y estudios secundarios de 2º grado (41% y 37%, respectivamente). 

La última variable, la del tamaño de los municipios, refleja también importantes diferencias: ha tenido más éxito en los que tienen 10.000-20.000 (17%, frente al 12% de población), 50.000-100.000 (24% y 15%, respectivamente) y más de 500.000 (19% y 15%, respectivamente); y lo ha tenido menos en los menores de 10.000 (19% y 10%, respectivamente), entre 20.000-50.000 (18% y 13%, respectivamente) y 100.000-500.000 (21% y 17%, respectivamente).

Si buscamos un perfil más ajustado de quienes han votado a Vox, se puede sintetizar en lo siguiente:

1) de derechas y radical, con una fuerte defensa de los valores del nacionalismo español, no sólo en cuanto a lo propiamente territorial y simbólico, sino ante lo que consideran el peligro que conlleva la inmigración; a su vez, con un rechazo de los valores de izquierda;  

2) con más presencia entre las personas mayores de 65 años y, como consecuencia, entre personas jubiladas o pensionistas;

3) con mayores apoyos entre las personas ocupadas pertenecientes a los sectores sociales medio-bajo y medio-altos; entre los primeros coincide con el predominio de la pequeña propiedad agraria e intensiva y entre los segundos, con cuadros técnicos y profesionales de alta cualificación; así mismo, se corresponde con un nivel de estudios de secundaria para los primeros, y superiores y de postgrado en los segundos;

y 4) con una mayor presencia en los pueblos  mayores (10.000-20.000 habitantes) las ciudades pequeñas (50.000-100.000) y en las de mayor población (más de 500.000, esto es, Sevilla y Málaga); en el primer caso, relacionadas en muchos municipios con la inmigración, y en el segundo, además, con la competencia por el espacio político ocupado antes por el PP.     

lunes, 10 de diciembre de 2018

A 70 años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Han pasado 70 años desde que el día 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de la ONU aprobara la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El documento político más importante de nuestro tiempo. Quizás, de la historia. Un tratado internacional de obligado cumplimiento por todos los estados que lo han firmado. Un texto que delimita las coordenadas éticas por las que debemos transitar las personas, sin que nada ni nadie las vulnere y sin que ningún ser humano tenga que sufrir atropellos que atenten contra sus derechos inalienables. Nacer libres, iguales y con dignidad. Y vivir, claro está, libres, iguales y con dignidad. Insistir para que se cumpla la Declaración es una obligación. Recordarlo no está de más. 

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 5) la fidelidad en el voto

Vamos sabiendo más sobre las elecciones andaluzas. Ayer El País publicó un nuevo estudio demoscópico que añade a la abstención y el desplazamiento del voto entre los grupos varios aspectos nuevos: la fidelidad en el voto, los nuevos y las nuevas votantes, las razones de quienes votaron por Vox... 

Quizás lo más llamativo sea lo que ya se intuía la misma noche electoral y estudios demoscópicos como el de El Mundo corroboraban: la abstención ha perjudicado en mayor medida a PSOE y Adelante Andalucía. De esta manera, en relación a 2015 el 8,6% de los votos obtenidos por el PSOE, el 11,6% de Podemos y el 13,5% de IU habrían tenido ese destino. A esto se puede añadir otro aspecto, en gran parte relacionado, que es el de los votos nulos y en blanco. Aquí el estudio lo incluye junto al voto a otros partidos que no han obtenido representación parlamentaria (PACMA, PCPE, AxS...), lo que, en todo caso, nos ayuda a entender mejor el distanciamiento hacia los grupos que votaron en 2015. Así, del PSOE se habría ido el 8,6%; de Podemos, el 11,6%; y de IU, el 5,6%. Y en la suma de ambos aspectos, el PSOE habría perdido el 18,5%;  desde  Podemos, el 20,5%; y desde IU, el 19,1%. 

Los grupos de derecha se habrían visto menos afectados, aunque, en comparación con el estudio de El Mundo, la diferencia con los grupos de izquierda habría sido menor. El PP habría perdido el 13,4% de esos votos (5,4%, en la abstención) y Ciudadanos, el 16% (10,1%, en la abstención).   

En cuanto a los trasvases de votos entre grupos hay en general una gran coincidencia en los datos aportados. Y de entrada cabe destacar lo que ha sido la poca fidelidad de voto sobre el de 2015. La más alta se ha dado entre quienes votaron a IU y Podemos, que en esta ocasión lo han hecho en un 73,9% y un 68,9%, respectivamente, por Adelante Andalucía. Algo menor ha sido la de Cs, que se ha quedado en un 62,1%. Y bastante baja la han tenido PP y PSOE, para los que el 49,3% y el 42,6%, respectivamente, les ha supuesto la pérdida de, al menos, la mitad de su electorado.

Y entramos, así, en los trasvases de votos entre los grupos contendientes. El PSOE habría perdido el 13,3% hacia Adelante Andalucía, el 8,8 hacia Cs, apenas un 1,2% hacia PP y otro 1,2% a Vox; y habría recibido el 3,7% de Podemos, el 3,8 de IU, el 3,3% del PP y el 1,7% de Cs. 

Cs, por su parte, se habría beneficiado del 8,8% de quienes votaron al PSOE en 2105 y del 13,5% que lo hicieron por el PP. La sangría de este partido se completaría con las pérdidas que se han orientado hacia Vox, al que se habría ido el 21,6% de sus votantes.

Vox, por tanto, se ha alimentado en su mayor medida del PP, con el referido 21,6%, pero también de Cs, que habría perdido el 10,9%. Estos datos supondrían, respectivamente, más de la mitad y casi la cuarta parte de los casi 400.000 votos obtenidos por Vox.

No podemos dejar al lado el comportamiento de los nuevos y las nuevas votantes. Se abstuvo el 23% y votó nulo, en blanco o por grupos sin representación parlamentaria el 13,5%. La suma (36,5%) resulta elevada y aumenta más todavía si le unimos el 18,4% cuya respuesta ha sido "no sabe/no contesta". Por lo demás, los apoyos a los distintos grupos, teniendo en cuenta el total del electorado, se han repartido así: PSOE, el 18,2%; Adelante Andalucía, el 13,8%; Vox, el 6,6%; Cs, 3,6%; y PP, 3%.  

sábado, 8 de diciembre de 2018

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 4) el trasvase de votos y la abstención

Estos días se ha hablado mucho sobre la influencia que ha tenido la abstención en las elecciones andaluzas, centrándose de una manera especial en el PSOE y Adelante Andalucía. El Mundo nos ofrece hoy un reportaje sobre la transferencia de voto entre los grupos contendientes, incluyendo la que ha habido hacia la abstención. Unos datos interesantes, que, a falta de un contraste con otros estudios demoscópicos, ayudan a ir comprendiendo mejor lo ocurrido.

Sobre esto último puede apreciarse que, en efecto, la inhibición electoral ha sido una cosa que ha afectado en una mayor medida, y de forma decisiva, al PSOE y a Adelante Andalucía. En este último caso, desde los votos que recibieron Podemos e IU por separado en 2015: casi 300.000 de la primera y 115.000 de la segunda, una prueba evidente de la desconfianza que ha habido en el electorado de ambas formaciones. En el PSOE, por su parte, la abstención habría afectado a 254.000 votantes de 2015. Datos de las tres fuerzas políticas que contrastan con los de los partidos de la derecha, que habrían sumado sólo unas 67.000 abstenciones.

Otra cosa es la transferencia de votos habida entre partidos y la encuesta ofrece una información también muy interesante. Y aquí el caso de Adelante Andalucía resulta altamente sorprendente. De entrada habría perdido más votos en la abstención, unos 413.000, que recibido votos desde Podemos (233.000) e IU (124.000), que habrían sumado sólo 357.000. En el balance con el PSOE habría resultado beneficiado en 72.000 votos. 


Este último partido ha tenido un balance negativo con Ciudadanos de casi 90.000, lo que, aun no siendo muy llamativo, coincide con la pérdida de voto del centro político en favor del partido que parece que se ha aprovechado mejor que otros.

El fenómeno Vox es fundamentalmente un voto procedente del PP, pero no de una forma tan decisiva como se creía: 178.000, que supondrían casi la mitad (45%) de los recibidos por el partido de la extrema derecha. El resto de votos provendrían de Ciudadanos (15%), la abstención (10%), Podemos (7%), PSOE (6,5%), IU (1,3%)... La procedencia de la derecha (60%) parece clara sobre la de la izquierda (15%), pero falta por conocer de una forma más concreta el perfil de ese votante.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Reflexiones tras las elecciones andaluzas de 2018: 3) preguntas, respuestas, dudas...

Es lo que me están provocando los resultados de las elecciones del domingo. El día anterior ya escribí el título de una entrada en interrogaciones: "¿Habrá importantes novedades en las elecciones andaluzas?". Y las ha habido, pero no en la dimensión que apuntaba. Pero vayamos por partes

Los sondeos han fallado estrepitosamente en tres de las fuerzas contendientes: han sobrevalorado al PSOE y a Adelante Andalucía. A la primera, muy por encima de lo que a la postre han sido los peores resultados de su historia, por debajo incluso del 30%. La Susana Díaz que se creía invencible en Andalucía, ha fracasado. La misma que apostó fuerte en su partido para dirigirlo en Madrid y postularse como aspirante a la presidencia del gobierno central. La misma que está empezando a ser puesta en la picota por quienes sufrieron sus embates de poder, llegando a provocar episodios de guerra fratricida contra Pedro Sánchez. Su partido ahora puede perderlo todo en lo que parecía un fortín inexpugnable. Consecuencia del cansancio de mucha gente, de cierta desidia en la campaña electoral, de errores como dar cancha a Vox para dividir aún más a la derecha...
Por todas esas cosas, juntas o por separado, se le ha quedado gente en casa, se le han ido votos a Ciudadanos..., mientras las huestes de la reconquista se han envalentonado. Y perderlo todo supondría el fin de muchas cosas, incluido el modus vivendi de quienes se acomodaron a la sombra de un poder en forma de poltronas, puestos de trabajo, prebendas, corrupción... 

El PP, casi sin creérselo, se ha encontrado en las puertas de la Junta de Andalucía. Aun bajando en votos, perdiéndolos por el centro y por el extremo derecho. Y Ciudadanos, esperanzado, se ha quedado con la miel en los labios de haberlo soprepasado. Ha salido victorioso en el crecimiento, en muchas áreas, en algunas capitales y ciudades más pobladas. ¿Quién de los dos acabará ocupando la presidencia andaluza? ¿O acaso ninguno, porque pueden volver a celebrarse nuevas elecciones? Lo dudo, esto último, pero es posible.

Como lo era que Vox obtuviera algún escaño, como así ha sido, pero finalmente en una cuantía que ha superado todas las previsiones. Eso sí, con unos sondeos que iban previendo un aumento en los apoyos. Sobre todo los que se hicieron, sin poder ser publicados oficialmente, durante la última semana. Para al final convertirse en la más sonada de las sorpresas. Algo que puede abrir la puerta en otros ámbitos y niveles. Un peligro que nos atemoriza a quienes  vivimos la dictadura. A quienes hemos sido conscientes que el franquismo seguía instalado, aunque pareciera dormido. Que se ha dejado ver en los últimos meses cuando han defendido la figura, la memoria y los restos del dictador. Y en las banderas, con águila o sin ella, que han acompañado a gritos como el "A por ellos". Que lleva años alimentándose del odio a las personas diferentes. Que hace de las inmigrantes los chivos expiatorios. Que en Andalucía han resucitado el mito de la reconquista.     

¿Y Adelante Andalucía? Disputando el segundo puesto y apostando a acercarse más al PSOE, al final ha quedado cuarta, separada incluso de PP y Cs entre dos y casi siete puntos, y por detrás con el aliento de la extrema derecha de Vox. Y han vuelto los desencuentros. Que si hay gente en Podemos que no le gusta IU; que si en ésta ocurre lo mismo, pero al revés; que si Podemos no ha sido Podemos y se ha desdibujado; que si ha sido una coalición moderada; o lo contrario, demasiado escorada a la izquierda; que si la campaña lo era en clave española... Y el caso es que mucha gente se ha quedado en su casa o se ha ido por ahí. Otra, menos, se ha mudado a otros partidos, sobre todo al PSOE.

Ahora hay jóvenes manifestándose contra el fascismo en las calles de algunas ciudades. Les ha asustado lo de Vox. Sospecho que buena parte se inhibió el domingo. Así han respondido algunos y algunas cuando se les ha preguntado. Como también que, de haberlo sabido, habrían ido a coger la papeleta de Adelante Andalucía. A buenas horas, añado yo ahora. Demasiado poco mirando al horizonte, demasiado poniendo el dedo para poder divisarlo o demasiado mirándose el propio ombligo. Y no aprendemos.   

Pero, a pesar de todo, aún quedan aldeas irreductibles. En pueblos, en barrios, en algunas ciudades. Los Teba, Conil, Trebujena, Casares, Puerto Serrano, Alcalá el Valle, Arriate, Marinaleda, Casabermeja, Martín de la Jara, Humilladero, Pedrera, Badolatosa, Casariche, Arenas, Doña Mencía, Nueva Carteya, Montemayor, Almodóvar, Aracena, Peñaflor, Palomares del Río... O Puerto Real, Cádiz... Y tantos barrios de ciudades de Málaga, Sevilla, Granada y tantas otras ciudades más. Es, son, donde "Su secreto es la travesía nocturna. / Se orientan entre sí palpando oscuridades, /trenzando brumas".