viernes, 23 de junio de 2017

Del (sí al) CETA a la a(bstención)

El embrollo de ahora viene por el CETA. Primero votan que sí. Luego dicen que se van a abstener. Salen voces del felipìsmo/susanismo diciendo que eso es una locura. Acabo de leer que la nueva portavoz en el Congreso reconoce que lo de la abstención "ha sido un poco precipitado". Eso es el PSOE. Navegando a la deriva. Recordando al "OTAN de momento No". Buscando como sea recuperar electorado por la izquierda, declarándose de izquierda, radicalizando demagógicamente el discurso, dando una de cal y otra de arena. Engañando. Lo de siempre. El CETA. Ese tratado internacional de libre comercio entre la UE y Canadá que destila neoliberalismo en estado puro. El mismo que ha llevado a socialistas continentales y felipistas/susanistas a decir cosas como que la izquierda es internacionalista por naturaleza. Y lo dicen sin ninguna vergüenza, haciendo apología descarada y descarnada del internacionalismo capitalista. ¡Ay, si don Carlos levantara la cabeza! 

La justicia que suma y sigue...

Hace unos días la Audiencia de Madrid absolvió a las personas imputadas en el caso Guateque, una trama creada en el ayuntamiento de Madrid consistente en dar licencias con suma rapidez tras el cobro de las comisiones correspondientes. Ocupaba por entonces la alcaldía Alberto Ruiz Gallardón. La sentencia se ha basado en que la recogida de pruebas, llevada  a cabo  por la unidad de policía judicial dependiente de la Guardia Civil, se hizo mediante grabaciones que no contaron con la correspondiente autorización judicial. 

También hemos conocido la imputación de Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer, miembros de Ahora Madrid, a quienes se acusa, entre otros delitos, de prevaricación y malversación de fondos públicos en relación a su actuación en el Open Tenis de Madrid. La querella presentada por el PP madrileño fue asumida por la fiscalía y finalmente un juez de instrucción ha decidido llamarlos a declarar en el mes de septiembre. Sánchez Mato y Mayer habían denunciado la existencia de, cuando menos, irregularidades en la concesión del evento deportivo, llevado a cabo durante el mandato anterior del PP. En la instrucción se admite que dicha denuncia provenía del encargo de dos auditorías externas, sin que hubiera habido ni consentimiento por parte de la alcaldía ni un concurso público para su adjudicación. La reacción de la derechona, el PSOE y distintos medios ha sido la petición de dimisión, teniendo en cuenta que la imputación contradice el código ético de Ahora Madrid. Sánchez Mato y Mayer, que tienen el apoyo de su grupo municipal, así como de Podemos e IU, han aducido que los servicios jurídicos municipales declinaron investigar la situación; que el gasto de 50.000 euros por auditoría no supera lo estipulado en ese tipo de actuaciones; que se ha realizado para investigar lo que se considera que contiene irregularidades graves (entre otras cosas, se ha llegado a multiplicar por diez el gasto desde 2006); y que, en todo caso, no se ha hecho con ánimo de lucro propio o a terceras personas. Otra cosa es la actuación de la alcaldesa, Manuel Carmena, que desautorizó en su día a Sánchez Mato y Mayer, llegando incluso a retirarles las competencias municipales que les había atribuido.


Anteayer, por último, se ha conocido otra sentencia judicial, esta vez en Sevilla y relacionada con el caso Mercasevilla. En él estaban inculpadas varias personas, incluidas un concejal del PSOE y otro de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, a quienes se acusaba de haber vendido suelo público ilegalmente. La jueza Yolanda Sánchez ha decidido su absolución y, a la vez, ha sido muy clara a la hora de desautorizar a la jueza instructora, Mercedes Alaya, y a la fiscalía: no hubo amaños en la venta de suelo, Torrijos no intervino en las concesiones y no existen pruebas de que hubiera habido presiones para que se convocara un concurso con el fin de confabularse con otras personas acusadas. 


Dejo que se mastique bien cada caso, porque resultan muy jugosos.        


Post scriptum    

Acabo de leer unas declaraciones de Manuela Carmena. Recién llegada de un viaje a América Latina, ha dicho que está sorprendida por lo que se está diciendo sobre Sánchez Mato y Mayer. Entre otras cosas, porque, tras la lectura de la providencia judicial, no existe imputación, sino una llamada para declarar ante el juez. Carmena ha sido magistrada y me imagino que entenderá algo de esos formalismos jurídicos. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Macron y el futuro próximo de Francia

Después de lo ocurrido durante la recta final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, el resultado final puede considerarse como sorprendente. Cuando parecía que el panorama estaba cambiando, con el desmoronamiento de los dos partidos que habían mantenido la Vª República, parece como si se hubiera vuelto a la normalidad. El doble triunfo de Emmanuel Macron ha vuelto a poner las cosas en su sitio. La Francia del europeísmo neoliberal, que se ha ido forjando desde la segunda mitad del primer mandato de François Mitterrand, sigue su curso. 

Pero el domingo pasado, en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, ha ocurrido otra cosa que es en cierta medida insólita y que ya se vislumbró la semana anterior: una participación muy baja, de sólo el 43% del electorado, sin contar a un número de personas, de unos 9,5 millones, que ni siquiera están registradas en los censos electorales correspondientes.


El triunfo de Macron ha resultado inapelable desde el punto de vista legal, lo que le va a permitir poder gobernar y legislar, en un principio, a su antojo. Inapelable, sí, pero también débil, pues su apoyo real es sólo del 16% del electorado. Esto puede conllevar que la abstención acabe siendo el caldo de cultivo de reacciones de uno u otro signo que pongan en entredicho ese triunfo.  

La inhibición de tanta gente, esto es, de 6 de cada 10, puede interpretarse de muchas maneras. Detrás de ella hay una mezcla de resignación, indignación, frustración, impotencia, castigo... El peso de cada uno de esos aspectos está por ver, pero pueden aflorar en cualquier momento. 

Que en la primera vuelta de las presidenciales se apostara ya en mayor medida por Macron, indicaba que la opción del europeísmo neoliberal suponía para mucha gente menos riesgos de cara al futuro. Su victoria rotunda en la segunda vuelta lo certificó. Teniendo en cuenta que Francia no deja de ser uno de los pilares de la UE, alejarse de ésta puede ser vista por mucha gente como un riesgo innecesario. Otra cosa es el sesgo personal que Macron pueda dar a su mandato presidencial, intentando elevar el protagonismo de su país ante una Alemania hegemónica.


Otra de las cosas que ha resultado más sorprendente ha sido el escaso apoyo recibido por las candidaturas de izquierda. Es cierto que el sistema electoral francés es malvado para que se refleje una representación real de la sociedad en la Asamblea Nacional. También, que ha habido división entre esas candidaturas. Pero el caso es que el resultado ha supuesto un nivel de apoyo bastante por debajo del obtenido por Juan-Luc Melenchon en abril. Se ha cuantificado que las candidaturas de izquierda han perdido el 60% del electorado recibido por el candidato de la Francia Insumisa. No es un consuelo que los 27 escaños obtenidos, sobre un total de 577, hayan permitido formar un grupo parlamentario propia, cosa que no ha logrado el Frente Nacional.


El malestar social existente en Francia es evidente. Pero está fragmentado. Frente a una parte importante de la sociedad que se siente satisfecha o que no quiere estridencias, como lo demuestran los apoyos a Macron o a las candidaturas propiamente de la derecha de matriz gaullista, las otras opciones políticas o la misma inhibición esconden realidades diferentes. Por otro lado, los sindicatos están divididos en asuntos esenciales, como se reflejó en el apoyo de la CFDT a las medidas de carácter neoliberal introducidas por Manuel Valls. Los sectores populares se están expresando de muy diferente manera, atraídos en una parte por la demagogia del Frente Nacional.


Pero no debemos olvidar que Francia siempre ha dado sorpresas. Buenas y malas. Entre las buenas, a modo de ejemplo, estuvo el ciclo revolucionario iniciado en 1789, impensable meses antes, aunque a posteriori se haya podido explicar; también, aunque de menor dimensión, el mayo de 1968 o el rechazo en 2005 al Tratado de la Constitución de la UE. Entre las malas está la reacción en 1940 de una buena parte de la sociedad ante la ocupación alemana; o, por supuesto, el atractivo de la política colonial por buena parte de la sociedad, con el eco posterior de apoyo al intervencionismo francés como potencia internacional. 


Macron, por ahora, ha dado un respiro al sistema dominante. ¿Será capaz de construir resorte suficientes para mantenerse?

martes, 20 de junio de 2017

¿Es Pedro Sánchez la segunda versión de Zapatero?

José Luis Rodríguez Zapatero es un político poco conocido. No en su figura, claro, pero sí en lo que realmente hizo. Cuando ganó en 2000 el Congreso de su partido se rodeó de un grupo de gente joven con vistas a renovar la fachada del partido y algunos aspectos del programa que lo hiciera más atractivo para la gente más joven. Pero en lo económico se inscribió en los parámetros del social-liberalismo, en la línea ya iniciada por Felipe González y François Mitterrand desde los años 80 y que luego, a finales de los 90, desarrollaron Tony Blair y Gerhard Schröder. No en vano su responsable económico en la ejecutiva fue Jordi Sevilla, para incorporar más tarde entre sus asesores a Miguel Sebastián. Ambos provenían de los círculos  de Carlos Solchaga, el hombre fuerte del felipismo en materia económica. Cuando le llegó el momento de forma gobierno en 2004, Zapatero nombró como ministro de Economía a Pedro Solbes, otro de los hombres económicos de González y el artífice como ministro, por ejemplo, de los célebres, pero nefastos, contratos basura. 

Lo ocurrido en los años siguientes ha quedado como esfumado por un doble efecto: el de los años de bonanza de la burbuja, que Zapatero y su equipo económico mantuvieron; y el de las medidas avanzadas en materia de derechos sociales y civiles, como el matrimonio igualitario, la atención a la dependencia o la memoria histórica. Pero en lo fundamental todo siguió igual. En política exterior, más allá del discurso retórico de la alianza de las civilizaciones, la retirada de las tropas de Irak o el gesto de de no levantarse ante una bandera de EEUU en un desfile militar, siguió con la política atlantista, con el envío de tropas a Afganistán o el apoyo a intervenciones militares en países como Libia. Y en materia económica, favorecido por la coyuntura de crecimiento de base especulativa, no se separó un ápice de los cánones del neoliberalismo. Tanto fue así, que en 2009, ya en plena crisis, fue el gobierno que inició los recortes presupuestarios, afectando a los gastos sociales y a los salariales del sector público. También fue el que impulsó la reforma de la Constitución en su artículo 135 para garantizar el pago de la deuda exterior en beneficio de los bancos y las instituciones internacionales. 

Zapatero supo atraer a buena parte de los sectores de la izquierda. Mucha gente se dejó engatusar por su política entre demagógica y oportunista, que se justificaba en muchos casos con ese recurso tan pobre y rastrero del voto útil. Tuvo la suerte de aprovecharse del 11M de 2004, tras la burda manipulación del gobierno del PP, entonces con José Mª Aznar. Y digo suerte, porque mucha gente de izquierda votó al PSOE con la nariz tapada de "para evitar que gobierne la derecha". En 2008 lo tuvo más fácil, cuando se aprovechó de esa ola de prestigio barato por sus medidas progresistas, aderezadas del bienestar ficticio aportado por la burbuja especulativa. No importaba, sin embargo, que la ley de dependencia se financiara por debajo de las necesidades o que la ley de memoria histórica se hubiese quedado corta. 

Desde 2009 Zapatero pasó a ser un maldito: de la derecha, por supuesto, que lo vilipendió hasta el extremo y utilizó como excusa para aplicar un plan de medidas neoliberales sin parangón; pero también de la izquierda, de esa que se sintió defraudada por lo que hizo al final de su mandato, sin entender que era parte de un antes.

En la batalla por posicionar al PSOE tras elecciones de 2015 y 2016 Zapatero se alineó desde el primer momento en el espacio de las baronías y las viejas glorias del PSOE. Participó a su manera en el derrocamiento de Sánchez, en dejar gobernar al PP y, más recientemente, en la apuesta por Susana Díaz. Un vivo retrato de lo  que siempre fue: un social-liberal, que no deja de ser la versión "progresista" del neoliberalismo. 

Ahora estamos descubriendo quiénes son las personas que rodean a Sánchez y, en particular, en el área económica. Y, vaya, el nuevo responsable de este área en la ejecutiva federal es Jordi Sevilla. Lo que defendía cuando trabajaba para Zapatero, ya lo sabemos, como también sabemos qué ocurrió realmente durante sus dos mandatos. Por eso me pregunto si Sánchez es un Zapatero 2, si es, o será, una segunda versión de Zapatero.
 

lunes, 19 de junio de 2017

Memoria, demagogia sobre la memoria y antimemoria

El Parlamento de Andalucía aprobó hace tres meses la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, lo que, como ya apuntamos en su día, ha supuesto un logro sin precedentes. Se trata de un documento jurídico avanzado, que da satisfacción en gran medida a las demandas del movimiento memorialista, superando en mucho a la Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada por las Cortes durante el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La ley andaluza fue, además, la culminación de un trabajo iniciado a instancias de IU cuando formó parte del gobierno andaluz y que tuvo a Diego Valderas, vicepresidente de la Junta de Andalucía, como principal impulsor institucional.

Sin embargo, en estos últimos días saltó la noticia de que Susana Díaz había intentado nombrar al propio Valderas como Comisionado para la Memoria Histórica, un cargo que no aparece en el texto de la Ley, lo que llevó al coordinador de IU, Antonio Maíllo, con el apoyo de la dirección andaluza, a denunciar lo que consideraba una maniobra política tendente a perjudicar a su organización. En su intervención en el debate parlamentario Maíllo volvió a incidir en lo sucedido, dentro de una crítica general a la gestión de la Junta de Andalucía por parte del gobierno andaluz. Le recordaba a Díaz que su obligación es la de poner en marcha la Ley y, dentro de ella, su financiación y la formación de los órganos consultivos y de participación correspondientes. 


Y esto mismo es lo que acaba de hacer el grupo parlamentario de IU, que ha presentado una iniciativa por la que se pide impulsar el cumplimiento de la Ley mediante, otras cosas, una dotación presupuestaria adecuada, la conformación de los órganos colegiados e incluso la celebración del Día del recuerdo, fijado para el 14 de junio. No ha faltado una petición para que se reclame al gobierno central la documentación relacionada con la muerte de José Manuel García Caparrós, fallecido el 4 de diciembre de 1977 por la acción de las fuerzas policlales durante una de las manifestaciones habidas en demanda de la autonomía para Andalucía.

Y es que el problema principal que ahora tiene Andalucía relativo a la memoria histórica no consiste en la ausencia de instrumentos, en este caso jurídicos, sino en la falta de voluntad política de quienes tienen la responsabilidad de aplicar lo que se aprueba. Por ahora, no deja de ser una forma de demagogia, pues quienes así actúan se llenan la boca con vanaglorias sobre lo que dicen que hacen, cuando la realidad no deja de ser un incumplimiento de sus obligaciones.


Y en el caso del gobierno central lo que se hace es nada. Al margen de que ni impulsan la Ley de 2007 ni la dotan presupuestariamente, el mismo jefe de gobierno ha presumido varias veces de ello. El gobierno del PP y el propio partido están llevando a cabo una política de antimemoria, porque lo que quieren es que todo siga igual, es decir, no hacer o dificultar que se haga. Que las víctimas del fascismo no sean reconocidas ni reparadas, que quienes hayan desaparecido sigan en la misma situación, que no se pueda investigar en la localización de lugares de enterramiento, que los cuerpos aparecidos no puedan ser exhumados para su reconocimiento... Fomentar el olvido, que es una de las armas que utilizó el fascismo desde el primer momento para borrar la memoria sobre sus víctimas.


Y en ésas estamos: entre quienes defienden la memoria, quienes lo hacen demagógicamente y quienes ejercitan la antimemoria.   


domingo, 18 de junio de 2017

Homenaje a las personas fusiladas en Puerto Real en 1936

He estado esta mañana Puerto Real, en el cementerio de San Roque, con motivo del XII Homenaje a las personas fusiladas en 1936. Lo ha organizado la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, Social y Política de ese municipio, vinculada a la CNT local. Ha sido un acto breve, pero emotivo y necesario. 

Se han leído dos poemas; se ha escuchado una canción interpretada por Daniel Viglietti y con la letra del poema "Desaparecidos", de Mario Benedetti; y se han depositado flores en el monolito levantado por el ayuntamiento en 2005.   

También se ha hecho un repaso de los trabajos de exhumación de la fosa común sita en el mismo cementerio: se han localizado 185 personas, de las cuales 141 mantienen sus restos primarios y las 44 restantes los tienen alterados; en 152 casos se ha tratado de muertes violentas; la mayoría, 139, se corresponde con varones; la edad tipo está en torno a 30 años y en nueve casos estaría alrededor de 17 años. Se sabe cuál es la identidad de 90 personas, por lo que se ha hecho un llamamiento para que quienes tengan algún vínculo familiar con las víctimas se acerquen por la sede de la Asociación con el fin de proseguir con las identificaciones, completar la información y conseguir un entierro digno.   

Al final, se ha formado una cadena humana en las proximidades del lugar de los fusilamientos. 81 años después.
   

El miedo a la república

Los partidos gustan de líneas rojas. La república es una de ellas. Me estoy refiriendo a Podemos y al PSOE, pues IU no la ha trazado. 

Podemos, sí. Dicen que no es algo prioritario. Mencionan, eso sí, de una forma permanente lo del régimen del 78. Y en ese régimen está la corona y todo lo que conlleva. ¿O acaso sus ocupantes no son parte sustancial de la casta y de la trama?  Sin embargo, Podemos no reivindica la república y toma distancia de las banderas republicanas. 


Ayer se intentó debatir en el Congreso del PSOE una propuesta de las Juventudes Socialistas sobre la república. Pero no fue posible, porque el ahora gran jefe ha dicho que no procede. Me imagino que para evitar asustar al electorado más moderado, del que, sin embargo, no temen que el Congreso esté aprobando cosas que suenan a radicalidad, poniendo el acento en la izquierda o reconociendo el estado como plurinacional. Esto último, claro, como devolución del favor que ha hecho el PSC. Y lo primero, como forma de disputar a Unidos Podemos su electorado. 


La república sigue dando miedo. Quizás vergüenza. O las dos cosas. Cuando no deja de ser una expresión de democracia. Qué miedo las tienen. ¡Ay!