miércoles, 16 de octubre de 2019

La sentencia del Tribunal Supremo sobre el procès y más allá del procès

No hubo rebelión, porque no hubo violencia. Se descartó, así, que lo ocurrido el 27 de septiembre y el 1 de octubre de 2017 en Catalunya fuera dirigido contra el orden constitucional. Pero sí hubo delito de sedición, porque hubo un alzamiento tumultuario que afectó al orden público. A lo que se añade que esa gente alzada (con urnas y papeletas, que no se olvide) participando en el referéndum lo hizo engañada por quienes lo orquestaron. Ahí es nada. Se dice entre juristas que la sentencia, siendo inapropiada, cuando no injusta (e imprudente, añado), va a tener como resultado que se pueda penalizar como sedición cualquier acto de protesta que sea calificado de desobediencia o desacato a la autoridad. La carga de autoritarismo está presente. Son numerosos los artículos que se están publicando estos días en los que se critica la decisión del Tribunal Supremo mediante argumentos técnicamente jurídicos. En uno de ellos, "La rebelión del Tribunal Supremo", publicado en Cuarto Poder y firmado por Ana Almirón Mengíbar y Francisco Miguel Fernández Caparrós, de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), se concluye (y concluyo) con estas palabras: "no se han criminalizado actos de protesta porque desde ahora los actos de protesta pueden ser tipificados como sedición, lo que supone una contundente rebelión contra el núcleo del ordenamiento jurídico".

martes, 15 de octubre de 2019

Lo que hay detrás del ataque turco al Kurdistán sirio

El Kurdistán sirio está siendo atacado por Turquía. Busca aislar mediante un cordón militar las comunidades kurdas de ambos lados de la frontera. El presidente Emine Erdogan pretende, además, desviar la atención a la opinión pública de su país, preocupado como está por los reveses electorales. Y a la vez no le importa presionar a los países europeos, amenazando con la apertura de fronteras a las personas refugiadas en su país.  

Pero no es sólo eso. El presidente Donald Trump, con su farol de no apoyar el ataque y retirar tropas en la zona, está escondiendo dos cosas: sus intenciones y sus debilidades. Sobre lo primero, no le importa romper la alianza que durante la presidencia de Barak Obama trazó EEUU con las fuerzas kurdas de Siria y acabar con su república de Rojova, pues lo que quiere es que Siria siga fragmentándose lo más posible, como ya ha hecho con Irak y Libia. Rojova es una república peculiar, pues resulta un ejemplo en lo político y social por su apuesta pluriétnica, plurirreligiosa y hasta feminista. Sobre sus debilidades, Trump mantiene un pulso interno con el establishment, que no acaba de admitir su autonomía en la política exterior. Ahora está inmerso en una nueva batalla, impeachment incluido, que le está llevando a dejar ver que con su actitud está reduciendo gastos militares. 

Todo un panorama complejo, que tiene, por ahora, al propio gobierno sirio y a Rusia expectantes. Lo que puedan hacer en estos días va a resultar decisivo en lo referente al éxito de los planes de Erdogan. Y sobre el comportamiento de Trump. 

Recomiendo un artículo de Nazanín Armanian, "El ataque de Trump a los kurdos de Siria y dos hipótesis", salido ayer a la luz en Público. Ayuda a entender mejor las cosas dentro de la complejidad.

El realismo en la pintura de Iván Kramskoi





































El arte ruso conoció desde el siglo XVIII un proceso de cambios que conllevó la adaptación a las formas estilísticas occidentales. Fue paralelo en cierta medida al acercamiento a los países europeos, que tuvo en el traslado de la capital del imperio a San Petersburgo su punto de arranque. 

En el mundo del arte conllevó el gusto sucesivo por lo barroco, lo rococó, lo neoclásico y, ya en el siglo XIX, por lo romántico, el realismo y el impresionismo y sus secuelas. Pero lo que en las formas fue digiriéndose sin grandes sobresaltos, no lo fue tanto en cuanto a los contenidos. Los temas a tratar y, por ende, el público a quien se dirigían las obras e incluso la actitud vital de los artistas se convirtieron en motivo de discusiones y de rupturas. 


















































Si entre la generación de artistas románticos se tendió a romper con los formalismos rígidos del clasicismo y a buscar nuevos objetos (sobre todo humanos) que llevar a los lienzos,  la generación que le sucedió, abrazada al realismo, acabó por romper el equilibrio débil que pudiera haber entre lo que estaba establecido y lo que se aportaba como novedoso.

La segunda mitad del siglo XIX fue el momento de los Miasoedov, Kramskoi, Savrasov, Gue, Perov, Prianischnikov. Schischkin..., conocidos como "los Catorce" y más tarde como peredviyniki (itinerantes, ambulantes, vagabundos...), jóvenes talentosos y atrevidos que fueron capaces de enfrentarse a la academia. Primero crearon en 1863 el Artel de Artistas, a modo de comuna, y luego, ya en 1870, la Sociedad de Artistas Itinerantes. A su afán renovador añadieron el no perder la perspectiva de la tradición rusa, dentro de una corriente interna que se ha venido a considerar como el reflejo del "alma rusa". Su actitud de querer pintar sin corsés en un principio supuso su apartamiento de los circuitos oficiales, si bien con el tiempo sus componentes fueron derivando hacia situaciones personales diferenciadas, que en algunos casos llegaron a la integración en lo que previamente habían denostado. 







































Iván Kramskoi (1837-1887) quizás sea quien mejor represente lo que fue esa nueva generación. Nacido en una ciudad de la región de Vorononey, al sur de Moscú, fue en San Petersburgo donde cursó sus estudios artísticos. Y fue en la capital rusa donde participó desde el primer momento en los avatares de los peredviyniki y desarrolló su labor artística, cortada a la edad temprana de 50 años. Alma de los peredviyniki, participó en las actividades y exposiciones que organizaron a los largo de los años. En sus obras tuvo siempre presente un compromiso político en favor de los demócratas revolucionarios, lo que explica su apuesta no sólo por el realismo como estilo, sino también desde una dimensión crítica.

Retratista portentoso, pintó a personajes famosos como el escritor Lev Tolstoi, el empresario y mecenas del arte Pavel Tretiakov o el zar Alejandro III; o menos famosos, si no anónimos, en especial gente del mundo campesino o mujeres. Uno de los cuadros más famosos, "Mujer desconocida", generó desde el primer momento una gran controversia, al considerarse que el semblante de la joven retratada era un acto de inmoralidad. No le faltó tiempo para cultivar también los temas religiosos, entre los que está su "Cristo en el desierto", que destaca 
por el tratamiento humanizado que hace de su figura.


En la Galería Tretiakov de Moscú tuve ocasión de ver las obras de Kramskoi que en él están expuestas, algunas de las cuales atrapé como mi cámara fotográfica. Son las cuatro que aquí aparecen: "Retrato de Lev Tolstoi", "Aflicción inconsolable", "Chica con la trenza suelta" y "La esposa del artista". 

Como ya indiqué en otra ocasión, el arte ruso de los siglos XVIII y XIX había sido para mí un gran desconocido. Poco a poco he ido sabiendo más de él y comprendiéndolo. Lo que merece la pena.


Documentación de referencia

"Pintura rusa de la primera mitad del siglo XIX" (https://rusopedia.rt.com/cultura/pintura/issue_188.html).
"Pintura rusa de la segunda mitad del siglo XIX" (http://rusopedia.rt.com/cultura/pintura/issue_356.html).
Veronica Capasso y Julia Hang. "Arte y sociedad: Rusia y la pugna entre lo viejo y lo nuevo'" (http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/39331/Documento_completo.pdf?sequence=1&isAllowed=y).
Carlos Gómez Menor (1987). "Siglo y medio de pintura rusa. Pintores rusos del siglo XIX. Del neoclasicismo a la revolución" (http://biblioteca2.uclm.es/biblioteca/ceclm/ARTREVISTAS/Toletum/tol22/toletum22_gomezsiglo.pdf).
"La revolución rusa de la pintura: del realismo al impresionismo" (https://www.artycultura.net/2016/12/la-revolucion-rusa-de-la-pintura-del.html).
"El realismo ruso y los pintores ambulantes" (https://www.artehistoria.com/es/contexto/el-realismo-ruso-y-los-pintores-ambulantes).
"Iván Kramskoi. Realismo ruso. Grupo 'Los Itinerantes'"(http://pensaipinta.blogspot.com/2010/11/portrait-of-woman.html). 

domingo, 13 de octubre de 2019

A la espera de un sentencia (ya conocida) sobre el procès

El Tribunal Supremo está en el centro de atención. Hace unos días dejó claro la exhumación de Franco. Mañana, previas filtraciones ya hechas públicas, dictará sentencia sobre el juicio de la cúpula del procês. No habrá calificación de rebelión, pero sí de sedición, a la que se une la malversación de fondos públicos. Las penas, sin embargo, serán duras, que se prevé que superen los diez años de cárcel en la mayor parte de los casos. Es lo que tenemos. Una derecha nostálgica del franquismo que está rabiosa. Una mayoría de partidos políticos, desde Vox al PSOE, pasando por PP y Ciudadanos, que siguen haciendo de Catalunya su granero de votos fuera de ese territorio. Y un poder judicial nada indulgente, pretendiendo que se vea que es equidistante en sus decisiones. Con todo esto poco puede hacerse.  

sábado, 12 de octubre de 2019

La calle Arbat de Moscú y el rapsoda Bulat Okudyaba














































Paseando por la tarde por la bulliciosa calle Arbat de Moscú, después de nuestra visita al monumental metro, me topé con la escultura de Bulat Okudyaba. En ese momento no reparé en quién era, salvo la fotografía con que busqué mantener el recuerdo de una de las calles más emblemáticas de la ciudad. 


Poeta y cantante, quizás sus facetas más conocidas -indisolubles, asociadas-, fue como supe de él ya durante mi estancia -lejana en el tiempo- en Bulgaria. Ahora he sabido que ha sido mucho más: novelista destacado y editor de la revista literaria soviética más prestigiosa en su tiempo -ya desaparecida-, la Literaturnaya Gazeta.

Nacido en el propio Moscú e hijo de georgiano y armenia, acabó haciendo del barrio de Arbat su ecosistema existencial, lo que explica la ubicación del monumento hecho en bronce que le han dedicado. Su autor, el artista armenio Giorgi Frangulian, lo concibió como el deambular del personaje por los callejones y patios del barrio, en cuyos arcos ha dejado grabados muchos de sus versos. Erigido el 8 de mayo de 2002, la elección de la fecha no fue un mero azar: coincide con su día de nacimiento y con lo que en la Rusia de hoy, como se hacía en la antigua URSS, se conmemora el Día de la Victoria contra el nazismo.

La vida de Okudyaba resulta paralela a la propia existencia de la URSS. Hijo de militantes comunistas, que sufrieron los rigores de la represión estalinista, fue combatiente durante la Gran Guerra Patria, tras la cual inició su carrera en el mundo del periodismo y la literatura. Su dedicación a la poesía y la música fue secundaria, si bien con el tiempo se convirtió en lo que le dio mayor satisfacción y notoriedad. Sus canciones, de melodías sencillas y con un estilo inspirado en George Brassens, se difundieron a través de grabaciones caseras hechas mediante magnetófonos. 

Precisamente fue así como las conocí durante mi estancia en Sofía. Era a mi compañero de habitación en la residencia universitaria, Georgi Szondy, a quien gustaba escucharlo, sin que por mi parte fuera capaz de entender el significado de las letras, más allá de sus breves comentarios sobre su estilo de rapsoda. Y como anécdota, en algunas ocasiones llegamos a hacer un pulso entre las canciones que reproducía con su aparato y las que por mi parte cantaba de Pablo Milanés.

Estos días he estado buscando sus canciones y, a la vez que las he escuchado, he recopilado algunas de sus letras traducidas al castellano, cuyo contenido poético resulta más que interesante. Una muestra la podemos ver en "Los patios de la calle Arbat", un poema de 1959 y una de las tantas canciones que dedicó a su barrio: 

No quiero honores ni riquezas,
ni nada más por el camino,
a excepción de mi barrio
que es la única gran cosa que tengo.
   
En mi mochila lo puse
preparándome para el paseo
por el patio no tan reputado,
pero con un alma humana.
   
Soy amable con eso, fuerte, seguro y sano.
¿Qué más necesito por una vez?
Toco su suelo afectuoso
para calentar mis manos congeladas.

viernes, 11 de octubre de 2019

La cesta de flores secas
























Fueron los primeros momentos de su tiempo entre costuras. Y su taller no fue nada menos que el comedor de la casa. La cosa -y la casa- no daba para más. Pero en ese espacio todo se hacía compatible, porque se montaba y desmontaba, en palabras de mamá, "en un santiamén". La tele llegó tarde, a finales de 1968, y el gran Schneider Boreal de no se cuántas pulgadas se entronizó en uno de los rincones del comedor para erigirse por la noche en el centro de atención en blanco y negro. Para entonces, previa cena familiar, el taller ya se había desmontado y se habían recogido los numerosos hilos que alfombraban el suelo. En cierta ocasión -no recuerdo cómo: ¿algunos de los regalos navideños a papá?- llegó a casa una cesta con flores secas y acabó coronando el televisor. Desde su lugar acabó siendo uno de los referentes silenciosos del comedor, pero no el principal. Y es que resultaba imposible que  pudiera desbancar el prestigio del Corazón de Jesús, las fotografías de Pili y de la familia, el cuadro bendecido de Juan XXIII o los dos tapices descoloridos que había heredado papá. La cesta, aun así, fue testigo de las labores de costura que mi hermana, ayudada durante un tiempo por una amiga, hacía mañana y tarde, y cuando urgía, hasta de noche, después, eso sí, de que acabara la sesión televisiva. Fue testigo de sus conversaciones, de las idas y venidas de tanta gente que pululaba por una casa de familia numerosa y las clientas que se presentaban para elegir modelo, tomarse las medidas y hacerse las pruebas. Lo de recoger las prendas era otra cosa. Solía ser mi hermana la que las entregaba y a veces, cuando los destinos eran lejanos, con mi compañía. Y a veces también era yo mismo quien lo hacía, sosteniendo sobre mi brazo izquierdo la prenda, mientras el derecho quedaba libre para llevar la factura desglosada y escrita a mano. Casi siempre me pagaban y casi siempre recibía una propina que me sabía a gloria. ¡Ay, hermana, qué primeros tiempos esos entre costuras! 

viernes, 4 de octubre de 2019

En busca de los votos de la extrema derecha, la derecha y el centro-derecha

Ayer Isabel Díaz Ayuso (PP) e Ignacio Aguado (Ciudadanos) sacaron a relucir en la Asamblea de Madrid lo de la quema de iglesias en 1936, como una posibilidad que pueda repetirse y en medio del debate sobre la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco. Hoy Javier Ortega Smith (Vox) ha dicho que las Trece Rosas lo que hacían era "torturar, asesinar y violar [sic] vilmente" a sus víctimas. Mientras tanto, Pedro Sánchez (PSOE) se muestra ufano por la sentencia del Tribunal Supremo que da luz verde para que -¡por fin!- pueda llevarse a cabo la exhumación. Y a la vez, saca a relucir el artículo 155. Están calentando motores  de cara a las próximas elecciones. La extrema derecha y la derecha, disputándose el voto. Y el PSOE, en busca del centro-derecha.  

Mientras dure la guerra, entre las contradicciones de Unamuno y de Amenábar


El título alude a la coletilla que se dice que añadieron algunos de los generales que eligieron a Franco como Jefe del Gobierno del Estado en septiembre de 1936. Cabanellas, Mola o Kindelán no se fiaban de él, so riesgo de perpetuarse en el poder. Lo que vino después, ya lo sabemos.  El otro protagonista de la película, más presente a lo largo de los más de cien minutos que dura, es Unamuno. He percibido en ella un enfoque de individualidades. O mejor, de comportamientos individuales. Si se quiere, desde atendiendo a su psicología como personas. 


Un Unamuno cambiante, impetuoso, incontenible... Utilizado por los sublevados tras su apoyo desde el primer momento al golpe y su causa. Capaz de hacer lo contrario que antes había hecho, de mostrar frialdad por el curso de los hechos y de justificar lo que estaba viendo. Y sabía que iba habiendo detenciones, violencia, asesinatos, desapariciones... Como en el otro lado, se justificaba, pero los ahora suyos defendiendo la civilización cristiana occidental frente a la barbarie roja, bolchevique, de los hunos... Ese Unamuno retratado en sus contradicciones, lo van mostrando poco a poco equidistante y al final, después de escenificar en el Paraninfo universitario su vuelta a ser lo que había sido, aparece, ya confinado en su casa, arrepentido... ante su Dios.

Un Franco que aparenta ser pasivo, que se percibe como tontuno y que es  motivo de mofas por algunos de sus compañeros de armas. Pero sibilino, consciente que puede conseguir lo que desea. Y rodeado de quienes lo quieren encumbrar. Entre ellos, su calculador hermano Nicolás y el primario Millán Astray. No aparece, empero, el vacío dejado por las muertes de Calvo Sotelo y Sanjurjo. Mola queda desdibujado, cuasi temeroso, pese a haber sido el Director. Cabanellas es el más estridente, el que manifiesta en mayor medida el peligro que supone darle todo el poder. Y faltan los italianos, que aportaron el primer apoyo, y los alemanes, que vieron en Franco el militar a utilizar.

Me gustó más el tratamiento del personaje de Salvador Vila. Coherente hasta su muerte. Era su sino. Como el de García Lorca. También, el de la mujer de Casto Prieto Carrasco -por cierto, republicano azañista, no socialista-, el alcalde fusilado, sorprendida por la traición -¿es que acaso no lo fue?- de Unamuno y su dedo acusador. 

La familia, pese a ser numerosa, ha quedado reducida a dos de las hijas, de personalidades distintas como la doble cara de una moneda, un nieto que hace de testigo y el permanente recuerdo de la mujer/madre/abuela fallecida.

Se ha hablado de algunos errores históricos. No voy a entrar en ellos. Como tampoco en las palabras que se pronunciaron en el Paraninfo el día 12 de octubre. O en si Unamuno salió solo y regresó andando a casa, en vez de haberlo hecho en el coche de doña Carmen Polo de Franco (por cierto,  ignoro de dónde ha salido una dama tan atenta por lo culto).  

He percibido errores espaciales del paisaje salmantino: las vistas desde la casa de Unamuno, los trayectos por las calles, la residencia/cuartel general de Franco, el Paraninfo con graderío, las entradas y salidas de la ciudad, la vivienda del pastor evangelista Atilano Coco... Pasión de oriundo. No me gustó el escenario que se montó en la escena cumbre sucedida en el Paraninfo: parecía un estadio de fútbol, siendo algo mucho más recogido.  

Y dos aspectos más. Uno, el de las banderas, que ya en el propio inicio de la película aparece con el paso de los grises hacia los colores republicanos y que luego se inunda con la bicromía monárquica. El otro, el del himno monárquico y la confusión de letras o recursos para cantarla. Un mensaje para nuestros días, como Amenábar, en cierta medida equidistante, ha resaltado en alguna entrevista. 

En fin, una película interesante, pero también, como en tantas otras del mismo tema, con un enfoque decepcionante. Y es que tantas individualidades nos han impedido ver que detrás había enormes colectividades.   

La tesis doctoral plagiada y de 113 páginas de otro alto cargo del PP

Ha salido estos días a la luz la noticia (destapada por ABC) que Concepción Canoyra, directora general de Enseñanza Concertada de la Comunidad de Madrid, ha plagiado gran parte de su tesis doctoral. Que lo ha hecho con simples copia-pega de información proveniente de portales electrónicos como Wikipedia o Rincón del vago, o sin entrecomillar textos ni citar su autoría. Que la extensión del trabajo es de 113 páginas, más otras 200 de un anexo con encuestas que ayudaron a que engordara (la tesis, aclaro). Que la universidad que la ha validado, con su tribunal docente correspondiente, es la madrileña Camilo José Cela. Privada, sí. La mujer lo ha reconocido, pero medio quitándole hierro, como si lo hecho hubiera sido pecata minuta. También ha acabado dimitiendo. ¿Y el tribunal que la juzgó?   

miércoles, 2 de octubre de 2019

La catedral de Cristo Salvador de Moscú (lo que fue, lo que dejó de ser y lo que ha vuelto a ser)
























Uno de los lugares que más me llamó la atención de Moscú fue el de la catedral de Cristo Salvador. Como nos contó la guía, el edificio era de reciente reconstrucción, pues había sido destruido en los años treinta y en su lugar, ya a principios de los años sesenta, durante el mandato de Nikita Jruschev, se había instalado una piscina al aire libre de agua climatizada que funcionaba a lo largo de las estaciones del año. En 1994, desaparecido el régimen soviético, fue cuando se tomó la decisión de volver a levantar la antigua catedral.


Durante la visita percibí el asombro de la mayor parte de quienes componíamos el grupo de la excursión, teniendo en cuenta lo que puede verse en su interior en cuanto a los materiales utilizados y los elementos decorativos resultantes, donde, a imitación de lo que hubo hasta 1931, se mezclan, a modo grandioso, el lujo y lo religioso.

Por mi parte, durante la visita hice un esfuerzo por intentar aunar lo que estaba viendo y lo que ya conocía de la historia del templo, con la atención puesta en las palabras de la guía y con el recuerdo, falto de detalles, que tenía de lo que había leído en alguna ocasión. Fue hace unos años cuando leí el libro El Imperio, del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, en uno de cuyos capítulos, "Templo y palacio", narra su proceso de construcción y de derribo, así como lo que vino después, que no fue otra cosa que un proyecto truncado.



La idea de construir un templo en ese lugar surgió en tiempos del zar 
Alejandro I, como gratitud por la derrota infligida sobre Napoleón en 1812. Desatendida u olvidada, fue su hermano y sucesor, Nicolás I, quien en 1830 retomó la idea, de manera que, siguiendo los planos del arquitecto  Konstantín Ton, en 1838 se inició por fin su construcción. Inspirada en la basílica bizantina de Santa Sofía, fue concebido como un edifico de planta central y forma de cruz griega, en cuyo centro se levantó una gran cúpula semiesférica sobre pechinas. 

Después de casi medio siglo, fue el zar Alejandro III a quien correspondió bendecirlo, convirtiéndose el templo en una de las referencias espirituales de la entonces segunda ciudad de Rusia. Su cercanía al Kremlin y el que se encontrara junto al río Moksva, propicio para las correspondientes abluciones religiosas, lo reforzaban. 

Según los datos que aporta Kapuscinski, la mole gigantesca que se levantó equivalía a más de 30 pisos y tenía unos muros de más de tres metros de grosor, formados por 40 millones de ladrillos y recubiertos con placas de mármol traídas de otros lugares del imperio. Sobre ella se situaba una gran cruz de 10 metros sobre la cúpula central y 14 campanas, distribuidas en 4 campanarios, con un peso de 65 toneladas. Para acceder al interior se abrieron doce puertas de bronce de 140 toneladas. Y ya dentro, sólo en su iconostasio había una acumulación de oro que alcanzaba los 422 kilos; sobre las 167 placas de mármol de su parte inferior estaban grabados los nombres de batallas y jefes militares, así como el número de muertos; y por encima de ellas se situaban cuadros en los que podía verse una sucesión de retratos de santos y diversos pasajes bíblicos; sus autores, artistas tan renombrados como Bruni, Vereschaguin, Kramskói, Litovchenko, Sétov o Súrikov.  

La revolución rusa, empero, cambió su signo. Moscú pasó a ser desde 1918 la capital del nuevo estado, que desde 1922 fue conocido con el acrónimo de URSS. En julio de 1931 un decreto del gobierno estableció el derribo de la catedral de Cristo Salvador con el fin de construir en su lugar el Palacio de los Soviets. Se buscaba con ello sustituir el referente simbólico del espacio: lo que fuera la morada divina, fundida con el poder temporal de los zares, había de transformarse en la sede del nuevo poder surgido en 1917, en el que los soviets, como instituciones representativas del pueblo, se habían erigido en el elemento formal definitorio.

Las obras de derribo del templo tuvieron dos fases. La primera, que duró apenas cuatro semanas, consistió en la extracción de los tesoros artísticos albergados en el templo y de los materiales que, como el mármol, podían reutilizarse para otras obras. La segunda, más duradera y costosa, supuso la demolición en sí misma, una tarea que se concluyó a finales de año. 



El proyecto de Palacio de los Soviets fue encargado al arquitecto Iofán, 
quien, dentro de los cánones del colosalismo clasicista de la época de Stalin, diseñó un edificio de mayores dimensiones. La altura prevista pretendía llegar a 415 metros, incluyendo una estatua colosal de Lenin que estaría situada en su parte superior. 

Llegada la Segunda Guerra Mundial sólo se había construido parte de los cimientos y a su término, con un país devastado, el proyecto quedó paralizado, hasta que se instaló la piscina pública y al aire libre, para lo que se aprovecharon las aguas termales que fluyen en el subsuelo.

La presidencia de Boris Yeltsin, ya desaparecida la URSS y al frente de la nueva Rusia, supuso un intento de recuperación de los símbolos de otras épocas, incluyendo los religiosos. La catedral de Cristo Salvador se convirtió, pues, en una de las prioridades. Es lo que ayuda a entender que su reconstrucción se consiguiera en el tiempo récord de los cinco años que transcurrieron entre 1995 y 2000.