domingo, 17 de diciembre de 2017

Número uno en su oposición, imagen del conservadurismo de su ciudad

1987, mes de julio, en la capital granadina... Un momento importante en mi vida. El de mi acceso a un mundo profesional, la enseñanza, que me ha estado acompañando en las tres décadas siguientes. Ya a punto de concluir el camino, me ha venido el recuerdo de entonces cuando me he encontrado con la imagen de quien fue el número uno de la oposición. Aún mantengo su imagen, una expresión llena de seguridad, poderosa en lo que decía y, a veces, entre excesiva y pomposa. No se me olvidan sus alusiones a Napoleón y al papel que le puede corresponde a los personajes en la Historia.  

Esta mañana le he dedicado un tiempo visualizando una entrevista suya emitida en un lugar de la red. Y aunque esa imagen que conservaba de antaño se ha mantenido en cierta medida, ahora aparece algo tamizada. Como si hubiera un comedimiento propio de quien se siente -es un decir- un poco sabio. Ya no sobreactúa en sus expresiones y es la voz de la experiencia adquirida la que fluye con mayor naturalidad en sus palabras. 


Por lo que he estado escuchando, sus palabras transmiten con claridad su forma de entender el mundo, su cosmovisión de la vida, donde confluyen lo que parece un pasado idílico durante su niñez y adolescencia, y el reino del conservadurismo en que se ha convertido la ciudad donde nació y donde sigue viviendo. La misma donde llegué a vivir durante algún tiempo. Llevo años pensando en el proceso vivido por esa ciudad. Quizás peque de exageración o simplemente yerre, pero es así como contemplo desde hace tiempo a lo que fue conocida como la perla del sur e incluso tachada de roja. Cuando estuve en ella, intuí un diamante en bruto de una nueva modernidad. Envejecida por el paso del tiempo y muy estropeada por la voracidad del dinero y los desmanes de la dictadura, creí ver un potencial hacia algo nuevo, donde se fundieran la innovación en sus formas y la solidaridad entre sus gentes. Alejado por razones profesionales, durante un tiempo albergué la posibilidad de regresar en cuanto tuviera la ocasión. Luego la idea se fue desvaneciendo.


Y es en esta ciudad en la que mi acompañante en este reencuentro virtual ha acabado encontrando su plenitud profesional. En parte, en el mundo de la docencia, a la que ha dedicado unos cuantos años. En mayor medida, en el de la investigación histórica, donde ha plasmado su labor a través de varias publicaciones y donde ha obtenido el reconocimiento de la academia local. Pero creo que lo ha conseguido, sobre todo, en la gestión cultural de dos instituciones locales, que lo han situado en una cima más alta. Desde ella mira la vida, la suya, y el pasado, la Historia. Y se recrea sobre todo en unos momentos, no muy lejanos, que los ancla en la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX. Allí encuentra cosas que le atraen, como el campo de los avances técnicos y científicos que son la base de nuestra realidad actual. Y destaca también un personaje, nacido en su ciudad y tan del gusto del conservadurismo patrio, como es Antonio Cánovas del Castillo. Una preferencia que supone todo un autorretrato de mi protagonista de hoy.