viernes, 1 de diciembre de 2017

Rajoy, el nombre de tu calle tuvo que ver con la masacre de la carretera de Málaga a Almería

Preludio: el recuerdo de un episodio cruel 

En 2013 publiqué en este cuaderno una entrada que titulé "Málaga arada por la muerte y perseguida por los precipicios", dedicada a uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil: la huida por la carretera de Almería de decenas de miles de personas tras la toma de la capital malagueña por las tropas sublevadas durante el mes de febrero de 1937. Conocida popularmente como la "espantá" o "desbandá", supuso el desplazamiento principalmente de población civil en unas condiciones agónicas. Los ametrallamientos y los bombardeos permanentes de la artillería de tierra, la aviación y los buques de guerra fascistas acabaron con la vida de mucha gente, con unas estimaciones que oscilan entre 3.000 y 5.000, en muchos casos de niños, niñas y mayores.

Y entre los militares que perpetraron esa masacre estuvo un tal Salvador Moreno Fernández, al mando del crucero Canarias. Un militar que había sido partícipe del golpe militar del 36, que destacó por el bombardeo de diferentes ciudades costeras y que, una vez finalizada la guerra, llegó a ser nombrado por Francisco Franco ministro de Marina como premio por sus méritos.

Acto único: el desprecio del jefe de gobierno 

Ayer Mariano Rajoy, dentro de un acto militar en la escuela naval de Marín (Pontevedra) en su condición de jefe de gobierno, dijo no saber "por qué le han quitado el nombre a la calle [Salvador Moreno]". Y como si tratara de unos dulces recuerdos de su niñez, añadió que a otra calle con el mismo nombre en Pontevedra a la que también se lo han cambiado "le [sic] sigo llamando así". 

El PP, con su presidente al frente, que también lo es del gobierno, sigue dando muestras de su prepotencia. Fiel heredero del franquismo, no dudan sus dirigentes en ensalzar cuando pueden a quienes lo hicieron posible y en seguir humillando a sus víctimas. Incumplen sistemáticamente la Ley de Memoria Histórica, cuando no se vanaglorian de que no le dedican los recursos económicos necesarios para su aplicación. En una ocasión llegó a decir en una entrevista que "cero euros". Sí lo hacen, sin embargo, a asociaciones como la Fundación Francisco Franco o permiten que la familia del dictador siga siendo propietario del Pazo de Meirás y disponga a su antojo de dos esculturas que pertenecieron al Pórtico de la Gloria.

Que el militar de marras haya sido responsable de tantas muertes, en especial las que provocó en la costa mediterránea andaluza, no parece que le preocupe al señor presidente. Sus palabras, más que ser en sí misma una muestra de su ignorancia, huelen ante todo a desprecio hacia las víctimas del fascismo. Vencedor hace casi ocho décadas, quienes han recogido su herencia siguen paseando sus glorias entre el disimulo y el descaro. 

Epílogo: la palabra de los poetas

Me gusta acudir a la poesía para ilustrar sentimentalmente lo que escribo. Lo ocurrido en Málaga en febrero de 1937 encogió el corazón de mucha gente y, por supuesto, de poetas. El peruano César Vallejo, el chileno Pablo Neruda o el malagueño Emilio Prados nos dejaron unas palabras que encogen el corazón. Hasta el Guernica de Pablo Picasso puede contener las sensaciones, incluyendo algunas formas, que el pintor tuvo cuando su Málaga natal sufrió la agresión fascista. 
   
Neruda se refirió a lo ocurrido en Málaga en un fragmento del poema "Tierras ofendidas", incluido en el libro España en el corazón:

Málaga arada por la muerte
y perseguida entre los precipicios
hasta que las enloquecidas madres
azotaban la piedra con sus recién nacidos.

También lo hizo Vallejo en otro fragmento, esta vez más largo, del poema "Batallas", de su libro España, aparta de mí este cáliz:

Málaga sin padre ni madre
ni piedrecilla, ni horno, ni perro blanco!
Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos
y murió de pasión mi nacimiento!
Málaga caminando tras de tus pies, en éxodo,
bajo el mal, bajo la cobardía, bajo la historia cóncava, indecible,
con la yema en tu mano: tierra orgánica!
y la clara en la punta del cabello: todo el caos!
iMálaga huyendo
de padre a padre, familiar, de tu hijo a tu hijo,
a lo largo del mar que huye del mar,
a través del metal que huye del plomo,
a ras del suelo que huye de la tierra
y a las órdenes iay!
de la profundidad que te quería!
iMálaga a golpes, a fatídico coágulo, a bandidos, a infiernazos
a cielazos,
andando sobre duro vino, en multitud,
sobre la espuma lila, de uno en uno,
sobre huracán estático y más lila,
y al compás de las cuatro órbitas que aman
y de las dos costillas que se matan!
iMálaga de mi sangre diminuta
y mi coloración a gran distancia,
la vida sigue con tambor a tus honores alazanes,
con cohetes, a tus niños eternos
y con silencio a tu último tambor,
con nada, a tu alma,
y con más nada, a tu esternón genial!
iMálaga, no te vayas con tu nombre!
iQue si te vas,
te vas
toda, hacia ti, infinitamente en son total
concorde con tu tamaño fijo en que me aloco,
con tu suela feraz y su agujero
y tu navaja antigua, atada a tu hoz enferma
y tu madero atado a un martillo!
iMálaga literal y malagueña,
huyendo a Egipto, puesto que estás clavada,
alargando en sufrimiento idéntico tu danza,
resolviéndose en ti el volumen de la esfera,
perdiendo tu botijo, tus cánticos, huyendo
con tu España exterior y tu orbe innato!
¡Málaga por derecho propio
y en el jardín biológico, más Málaga!
¡Málaga, en virtud
del camino. en atención al lobo que te sigue
y en razón del lobezno que te espera!
¡Málaga, que estoy llorando!
¡Málaga, que lloro y lloro!

Y para acabar, esta vez con Emilio Prados, el poema "Soledad de Málaga", que escribió en prosa y para ser escenificado, un fragmento del cual dice:

A montones nos salimos cuando la negra metralla tronchó el último jardín y la fuente más lejana. Por los montes, por los riscos, por las carreteras anchas, Junto a las aguas del mar, por las estrechas cañadas, como un rebaño perdido nuestro dolor rebosaba. ¡Qué agudas alas de muerte por las nubes acechaban! ¡Qué alucinación el mar, dragón de hierro en sus aguas, erizando sus cañones clavó en nosotros sus garras! Entre las sombras del monte, bajo el crujir de las balas, perdí lo que más quería, perdí lo que más amaba. Hijos ¿dónde os encontráis? Vuestros pies, ¿por dónde marchan? ¿Os mueve acaso la vida o vuestra sangre cuajada en las piedras del camino aguarda nuestra venganza? Mala noche, viento negro Que aún desgarra mis entrañas. Cuchilla de mi dolor ¡qué honda por mi pecho bajas!