domingo, 5 de julio de 2026

Un paseo, entre el pasado y el presente, por las playas occidentales de Málaga



Mi paseo mañanero de hoy por Málaga ha discurrido por las playas del oeste: Huelin, San Andrés, La Misericordia... Lo que fue la antigua zona industrial de la ciudad, hoy, donde acaba el espacio que ocupa su gran puerto, está transformada en otra zona de uso preferentemente residencial y turístico. Cuando me bajé del autobús en la Estación de Ferrocarril, que lleva el nombre de la escritora veleña María Zambrano, me dirigí hacia la glorieta donde está instalado un monumento dedicado al general Torrijos, que se conoce como Cruz de Torrijos, y está próximo al lugar donde fue fusilado en diciembre de 1831. 


Desde ahí fui caminando hacia el oeste, aprovechando el paseo que discurre paralelo a la línea de playa y por donde me fui encontrando con varios referentes dignos de mención, bien lo sean en forma de arte o bien de vestigios de un pasado fenecido hace casi medio siglo, en el que convivían lo industrial y lo marinero

El primero de esos referentes, cuando acaba el puerto y se inicia la playa de Huelin, fue la escultura "El Marengo", de la artista Elena Laverón. Hecha en bronce,  data de  1963, si bien fue instalada en el paseo en 1996. Sus 5 metros de altura representan a un hombre que parece tirar de una gruesa cuerda para arrastrar una jábega hasta la orilla. Es un homenaje a las gentes del mar, en cualquiera de sus oficios: pescadores, cargadores, constructores de barcas, rederas, cenacheros... Una obra  que en sus formas nos recuerda el estilo organicista que el artista británico Henry Moore fue  desarrollando desde mediados del siglo XX, alternando los vacíos con las masas estilizadas y onduladas.


Lo siguiente que puede contemplarse es el monumento "La palera", de Miquel Navarro, que fue erigido en 2002. Tiene 26 metros de altura y está hecha en hierro. En esta ocasión el autor ha hecho uso de formas geométricas abstractas, con unas formas que evocan, a la vez, la naturaleza y lo humano, o el pasado y el presente... Aunque el nombre alude a la palabra con la que en el Levante peninsular se menciona a la chumbera, en la parte inferior podemos intuir a una persona andando y en la parte superior, coronando el monumento, se percibe una chimenea, a modo de guiño al pasado industrial de la zona.


Y es así como llegamos a lo que fue la Chimenea de la antigua Fábrica de Abonos La Trinidad, perteneciente a lo que fue la empresa Unión Española de Explosivos. Su silueta, de casi 40 metros, se yergue hacia el cielo como un rastro del pasado flanqueado por dos edificios de la modernidad. 


Siguiendo por el paseo nos topamos con la escultura "Espetero", obra de Machú Harras. Modelada en hormigón, fue instalada en 2006, como un homenaje a uno de los oficios tradicionales más conocidos de Málaga: el de las personas que preparan las sardinas a la brasa, hincando sobre la arena de la playa 
las cañas que las sostienen trepanadas


El punto más lejano que alcancé, ante un sol que se mostraba cada vez más impenitente, fue la Chimenea de la Fundición Los Guindos, la fábrica que se dedicó a fundir la galena obtenida en las minas de Jaén para obtener plomo. Su silueta se contempla desde bastante lejos, a lo que no son ajenos los  96 metros de altura que se elevan desde su base, uniéndose entre sí los enésimos millares de ladrillos refractarios que la sostienen. Su construcción acabó en 1922 y la fábrica estuvo funcionando entre 1923 y 1979. 


Durante mi regreso, ya en en el puerto malagueño, me topé con una sorpresa: la Maqueta del Muro de Cisjordania. Levantada en 2024, como una réplica de la realidad a escala 1:3, se trata de un espacio de exposición reivindicativo y solidario. No pude entrar, pues se encontraba cerrada, pero desde el exterior sentí, aunque fuera simbólicamente, el efecto que se puede percibir por la ominosa y genocida red de muros de hormigón que las autoridades sionistas de Israel han ido levantando desde hace décadas para segregar a la población palestina.


Mi paseo acabó en la Alameda, no sin antes detenerme en el Puente de Hierro situado en la desembocadura  del río Guadalmedina. Un vestigio más del patrimonio industrial de la ciudad, que se construyó en 1913 para el tránsito ferroviario entre el puerto y la parte alta del valle del Guadalhorce, con final en el municipio de Coín.  

Y en ese tránsito de lo que acabó yéndose y lo que llegó para instalarse, con el año 1978 como referente, el escritor Antonio Soler ha dejado escrito en las primeras líneas de su novela El camino de los ingleses:

"En el centro de nuestras vidas hubo un verano. Un poeta que no escribió ningún verso, una piscina desde cuyo trampolín saltaba un enano con ojos de terciopelo y un hombre al que una noche se llevaron las nubes. Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados".