El primero de esos referentes, cuando acaba el puerto y se inicia la playa de Huelin, fue la escultura "El Marengo", de la artista Elena Laverón. Hecha en bronce, data de 1963, si bien fue instalada en el paseo en 1996. Sus 5 metros de altura representan a un hombre que parece tirar de una gruesa cuerda para arrastrar una jábega hasta la orilla. Es un homenaje a las gentes del mar, en cualquiera de sus oficios: pescadores, cargadores, constructores de barcas, rederas, cenacheros... Una obra que en sus formas nos recuerda el estilo organicista que el artista británico Henry Moore fue desarrollando desde mediados del siglo XX, alternando los vacíos con las masas estilizadas y onduladas.
Lo siguiente que puede contemplarse es el monumento "La palera", de Miquel Navarro, que fue erigido en 2002. Tiene 26 metros de altura y está hecha en hierro. En esta ocasión el autor ha hecho uso de formas geométricas abstractas, con unas formas que evocan, a la vez, la naturaleza y lo humano, o el pasado y el presente... Aunque el nombre alude a la palabra con la que en el Levante peninsular se menciona a la chumbera, en la parte inferior podemos intuir a una persona andando y en la parte superior, coronando el monumento, se percibe una chimenea, a modo de guiño al pasado industrial de la zona.
Y es así como llegamos a lo que fue la Chimenea de la antigua Fábrica de Abonos La Trinidad, perteneciente a lo que fue la empresa Unión Española de Explosivos. Su silueta, de casi 40 metros, se yergue hacia el cielo como un rastro del pasado flanqueado por dos edificios de la modernidad.
El punto más lejano que alcancé, ante un sol que se mostraba cada vez más impenitente, fue la Chimenea de la Fundición Los Guindos, la fábrica que se dedicó a fundir la galena obtenida en las minas de Jaén para obtener plomo. Su silueta se contempla desde bastante lejos, a lo que no son ajenos los 96 metros de altura que se elevan desde su base, uniéndose entre sí los enésimos millares de ladrillos refractarios que la sostienen. Su construcción acabó en 1922 y la fábrica estuvo funcionando entre 1923 y 1979.
Mi paseo acabó en la Alameda, no sin antes detenerme en el Puente de Hierro situado en la desembocadura del río Guadalmedina. Un vestigio más del patrimonio industrial de la ciudad, que se construyó en 1913 para el tránsito ferroviario entre el puerto y la parte alta del valle del Guadalhorce, con final en el municipio de Coín.
Y en ese tránsito de lo que acabó yéndose y lo que llegó para instalarse, con el año 1978 como referente, el escritor Antonio Soler ha dejado escrito en las primeras líneas de su novela El camino de los ingleses:
"En el centro de nuestras vidas hubo un verano. Un poeta que no escribió ningún verso, una piscina desde cuyo trampolín saltaba un enano con ojos de terciopelo y un hombre al que una noche se llevaron las nubes. Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados".






