jueves, 22 de agosto de 2013

El Priorat, adusto y cautivador










































He recorrido hace unos días la comarca del Priorat, en el corazón de la sierra del Montsant. Un paisaje abrupto de pizarras blancas, acompañadas de calizas, yesos, areniscas y conglomerados, cubierto todo de un tapìz verde entre natural y mimado por la mano humana. Se esparcen, así, los olivos, los avellanos y, ante
  todo, las viñas. Y es la fusión de las cariñenas y garnachas, los suelos ácidos de la llicorella, el clima suave y la sabiduría ancestral de sus gentes la que ha dado como resultado unos caldos singulares, que son duros y deliciosos a la vez. Durante dos días he surcado sus parajes y sus pueblos. En Bellmunt he descendido a sus entrañas, horadadas otrora a base de sudor y muerte en busca de minerales. He estado en el abrigo natural de La Bisbal de Falset que fue un hospital de campaña improvisado durante la Batalla del Ebro y he llegado a imaginar por un momento el dolor de quienes allí arribaban para acabar con sus sueños, si no para acabar muriendo. He pisado las alturas del recóndito lugar de Siurana, refugio rocoso de la última comunidad musulmana medieval en esas tierras. He visitado las ruinas, en parte restauradas, del monasterio cartujo de Escaladei que nucleó la servidumbre feudal de la zona, donde la payesía laboraba la tierra y transformaba sus frutos mientras el silencio de los monjes les prometía el acceso a la escalera hacia el cielo. He visto en Pradell de la Teixeta, rodeado de avellanos, las estrellas fugaces de la noche y los primeros haces de la luz del amanecer, y hasta las huellas del abandono de una cantera de yeso y su viejo horno. He disfrutado los soportales de las calles de Falset y también de las carreras en que sus infantes se disputaban la gloria. He paseado por Porrera, contemplado su puente y apreciado el olor de una de sus bodegas. El mismo pueblo al que Lluis Llach canta en su homenaje a la comarca, una “tierra adusta, de mirada morena y labios llenos”...

Aquesta terra adusta,
mirada bruna i llavis plens,
la sento en el meu ventre
com si dins meu hi fes arrels,
tornaveu de solituds,
pas a pas la reconec
i en l'amor la sento altiva i tendra.