El pasado día 7 de enero hemos podido ver por televisión unas imágenes impactantes, cuando un agente federal del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU (ICE) disparó a bocajarro sobre una mujer en Minneapolis, la capital del estado de Minnesota, provocando su muerte. La víctima es Renée Nicole Macklin-Good, reconocida poeta, que también era luchadora por los Derechos Humanos. Cuando un agente intentó detenerla abriendo la puerta del coche, Renée arrancó, momento en que sufrió los disparos mortales.
Las versiones oficiales resultan contrapuestas, según sean federales o del estado de Minnesota, pero las imágenes no dejan lugar a dudas. Las primeras, a través de las autoridades de Seguridad Nacional, han dicho que la actuación fue en “defensa propia”, mientras que las segundas, en boca de su Gobernador, la han considerado injustificada. Y si buena parte de la opinión pública internacional ha quedado conmocionada por lo que ha visto, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le faltó tiempo para acusar a la fallecida de ser una “agitadora profesional”.
Por las redes está circulando un poema de Renée Nicole Macklin-Good, que fue ganador en 2020 del premio concedido por la Academy of American Poets. Lo ofrezco para su lectura en inglés y a través de la traducción hecha al castellano por Julián Axat.
On Learning to Dissect Fetal Pigs
i want back my rocking chairs,
solipsist sunsets,
& coastal jungle sounds that are tercets from cicadas and pentameter from the hairy legs of
cockroaches.solipsist sunsets,
& coastal jungle sounds that are tercets from cicadas and pentameter from the hairy legs of
i’ve donated bibles to thrift stores
(mashed them in plastic trash bags with an acidic himalayan salt lamp—
the post-baptism bibles, the ones plucked from street corners from the meaty hands of zealots, the
dumbed-down, easy-to-read, parasitic kind):
remember more the slick rubber smell of high gloss biology textbook pictures; they burned the hairs
inside my nostrils,
& salt & ink that rubbed off on my palms.
under clippings of the moon at two forty five AM I study & repeat
ribosome
endoplasmic—
lactic acid
stamen
at the IHOP on the corner of powers and stetson hills—
i repeated & scribbled until it picked its way & stagnated somewhere i can’t point to anymore, maybe
my gut—
maybe there in-between my pancreas & large intestine is the piddly brook of my soul.
it’s the ruler by which i reduce all things now; hard-edged & splintering from knowledge that
used to sit, a cloth against fevered forehead.
can i let them both be? this fickle faith and this college science that heckles from the back of the
classroom
now i can’t believe—
that the bible and qur’an and bhagavad gita are sliding long hairs behind my ear like mom
used to & exhaling from their mouths “make room for wonder”—
all my understanding dribbles down the chin onto the chest & is summarized as:
life is merely
to ovum and sperm
and where those two meet
and how often and how well
and what dies there.
[Sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo
Quiero de vuelta mis mecedoras,
los atardeceres solipsistas,
y sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de las cucarachas.
He donado biblias a tiendas de segunda mano
(las aplasté en bolsas de basura de plástico con una lámpara de sal ácida del Himalaya;
las biblias postbautismales, las que saqué de las esquinas de las manos carnosas de los fanáticos, las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias):
Recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las ilustraciones brillantes de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos
dentro de la nariz,
y la sal y la tinta que se me pegaron en las palmas.
Bajo los recortes de luna a las dos cuarenta y cinco de la madrugada, estudio y repito.
Ribosoma
endoplasmático—
ácido láctico
estambre
en el IHOP de la esquina de Powers y Stetson Hills—
repetí y garabateé hasta que se abrió camino y se estancó en un lugar que ya no puedo señalar, tal vez
mi intestino—
tal vez ahí, entre mi páncreas y mi intestino grueso, está el insignificante arroyo de mi alma.
Es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; de bordes duros y astillados por el conocimiento que
solía sentarse, un paño sobre la frente febril.
¿Puedo dejarlos a ambos en paz? Esta fe voluble y esta ciencia universitaria que me abuchea desde el fondo del aula
ahora no puedo creer que la Biblia, el Corán y el Bhagavad Gita me deslicen el pelo largo detrás de la oreja como solía hacerlo mamá y exhalen por la boca “hagan espacio para la maravilla”.
Todo mi entendimiento se desliza por la barbilla hasta el pecho y se resume en:
La vida es simplemente
el óvulo y el espermatozoide
y dónde se encuentran
y con qué frecuencia y qué tan bien
y todo muere allí].
y sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de las cucarachas.
He donado biblias a tiendas de segunda mano
(las aplasté en bolsas de basura de plástico con una lámpara de sal ácida del Himalaya;
las biblias postbautismales, las que saqué de las esquinas de las manos carnosas de los fanáticos, las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias):
Recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las ilustraciones brillantes de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos
dentro de la nariz,
y la sal y la tinta que se me pegaron en las palmas.
Bajo los recortes de luna a las dos cuarenta y cinco de la madrugada, estudio y repito.
Ribosoma
endoplasmático—
ácido láctico
estambre
en el IHOP de la esquina de Powers y Stetson Hills—
repetí y garabateé hasta que se abrió camino y se estancó en un lugar que ya no puedo señalar, tal vez
mi intestino—
tal vez ahí, entre mi páncreas y mi intestino grueso, está el insignificante arroyo de mi alma.
Es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; de bordes duros y astillados por el conocimiento que
solía sentarse, un paño sobre la frente febril.
¿Puedo dejarlos a ambos en paz? Esta fe voluble y esta ciencia universitaria que me abuchea desde el fondo del aula
ahora no puedo creer que la Biblia, el Corán y el Bhagavad Gita me deslicen el pelo largo detrás de la oreja como solía hacerlo mamá y exhalen por la boca “hagan espacio para la maravilla”.
Todo mi entendimiento se desliza por la barbilla hasta el pecho y se resume en:
La vida es simplemente
el óvulo y el espermatozoide
y dónde se encuentran
y con qué frecuencia y qué tan bien
y todo muere allí].














