lunes, 28 de abril de 2025

Conmemorando, una vez más, la Segunda República


El pasado jueves, 24 de abril,  Izquierda Unida de Barbate volvió a organizar un acto conmemorativo de la Segunda República. Como ya ocurrió el año anterior, además de lo propiamente político, donde la alusión a la historia y la memoria juegan un papel importante, se añadió una faceta cultural a través de la literatura y la música. No faltó tampoco un recordatorio de Barbate y de quienes sufrieron la represión del 
 fascismo en cualquiera de las formas, y especialmente quienes entre 1936 y 1937 fueron asesinados.

Se contó con la colaboración del grupo de teatro La Aurora, tres de cuyos componentes leyeron los textos literarios, y con Manolo Relinque, que diseñó el cartel anunciador.  



Durante la hora que duró el acto, las imágenes estuvieron acompañando a las palabras y la música, pudiéndose ver, a modo de ilustración, personajes y situaciones del momento.

La portada de la presentación de imágenes es un guiño al profesor y artista Luis Valverde Luna, autor del cartel del acto que IU organizó en 2006. Su recuerdo, por tanto, honra la trayectoria de un grupo de personas que lleva más de tres décadas de presencia en Barbate, aportando con su esfuerzo lo mejor que tiene.


Haciendo un poco de historia

La proclamación de la República el 14 de abril de 1931 fue un acto político extraordinario, después que se fuera tomando conciencia por amplios sectores de la población de lo ocurrido en las elecciones municipales del día 12: el triunfo de las candidaturas republicanas y socialistas en la mayoría de las capitales y ciudades más pobladas del país, precisamente donde la influencia del caciquismo estaba menos presente. Fracasó, así, lo que había sido una operación política por parte de quienes habían gobernando tras el golpe militar de septiembre de 1923. Agotada la dictadura, y con ella la monarquía, la oligarquía buscaba legitimarse de nuevo para seguir ostentado el  poder.



Éibar, de madrugada, fue la primera ciudad donde el Ayuntamiento proclamó la República y desde ese momento se fue haciendo lo mismo de una manera sucesiva en las ciudades y pueblos de buena parte de la geografía española. La alegría popular se erigió en uno de los rasgos más llamativos de la jornada, con una presencia masiva de la gente en las calles y plazas, que gritaban y cantaban para hacer valer que comenzaba un nuevo tiempo.  

La audición de la copla “Chiclanera”, interpretada por Carlos Cano, ilustró musicalmente ese ambiente. Como en su día nos recordó el artista granadino, que reivindicó ese género en el álbum Quédate con la copla, esa canción se convirtió en una especie de himno republicano popular en muchos lugares de Andalucía y, sobre todo, en la provincia de Cádiz. 
 
Proclamada la República, se procedió a la elaboración de una nueva Constitución, después que el 28 de junio las candidaturas de la conjunción republicano-socialista triunfaran de una manera aplastante en las elecciones convocadas para tal fin. El texto, finalmente aprobado el 9 de diciembre, sentó las bases de un sistema democrático, quizás el más avanzado de la Europa de ese periodo, en el que se estableció la supeditación de la economía al interés general, se dio origen a la descentralización administrativa, se estableció un estado laico, se equiparon jurídicamente hombres y mujeres, se hizo de la educación y la cultura dos de sus pilares...

En el proceso de elaboración de la Constitución no faltaron contradicciones, como el comportamiento de amplios sectores del republicanismo, que se opusieron al voto de las mujeres argumentando que "no era el momento", ya que se corría el peligro -decían- que votaran en masa a los grupos monárquicos. Una postura que, sorprendentemente, también mantuvieron Victoria Kent, del Partido Republicano Radical-Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE. Kent, que como Directora General de Prisiones se había convertido en la primera mujer que ostentó un alto cargo en el gobierno, mantuvo un arduo debate con Clara Campoamor, del Partido Republicano Radical, que defendió el derecho de voto. Suyas fueron las palabras que se reproducen en la imagen siguiente:


La incorporación de las mujeres a la vida pública, fuera política, profesional o cultural, se fue haciendo una realidad cada vez más palpable. Fueron aflorando más que nunca como diputadas, dirigentes políticas, escritoras, artistas, enseñantes, periodistas, deportistas, estudiantes universitarias etc. Y, a la vez que aumentó la escolarización en general, lo hizo de una manera especial la de las mujeres, tradicionalmente las más castigadas por el analfabetismo.  


La creación literaria en el año 1935 

La segunda parte del acto se centró en la lectura de varios textos literarios que, en forma de poesía y teatro, se escribieron o publicaron en 1935. Obras de la historia literaria española que, en su mayoría, son bastante conocidas. 

A la vez, se hizo un homenaje a Salvador Bacarisse, músico  contemporáneo de la generación de escritores y escritoras de esos años, y que sufrió el exilio, uno de los dramáticos sinos con que se castigó a partir de 1939 a buena parte de esos hombres y mujeres. Fruto de su trabajo fue la musicación de poemas de, entre otros, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti o Luis Cernuda. En el acto escuchamos la "Romanza", del Concertino para guitarra y orquesta en la menor, opus 72, que, aunque compuesta en 1957, deja constancia de su recuerdo de lo que fueron esos años.  


La lectura de los textos literarios, declamados magníficamente, corrió a cargo de Sergio Román, Cati Díaz y José Versaci.  

Se fueron sucediendo, así, Vicente Aleixandre, con su poema "Hija del mar", de La destrucción o el amor. Alejandro Casona, con fragmentos de la obra de teatro Nuestra Natacha, cuya protagonista, la primera doctora en Pedagogía, emprende con valentía la ardua tarea de dirigir el Reformatorio de Damas Azules. Rafael Alberti, con el fragmento final de "Yo también canto a América", tan cargado de actualidad, incluido en Bandas y 48 estrellas. Poema del mar Caribe; un libro escrito con motivo del viaje que ese mismo año realizó junto a María Teresa León a los países del entorno del mar Caribe. Federico García Lorca, con fragmentos de Doña Rosita, la soltera, o El lenguaje de las flores, una reflexión sobre la forma idealizada y alienada de concebir el amor para las mujeres; ese prolífico escritor granadino que en ese mismo año  nos dejó Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Sonetos del amor oscuro y Seis poemas galegos, este último escrito en gallego y castellano. Luis Cernuda, con unos versos de su poemario Invocaciones: "Las estatuas de los dioses". Concha Méndez, con fragmentos de su bella pieza de teatro infantil El carbón y la rosa, en la que se plantea la necesidad de aceptar las diferencias, romper con lo establecido, abrirse al mundo… Y Miguel Hernández, con la emotiva "Elegía" que dedicó a su amigo Ramón Sijé, "a quien tanto quería", y que en el año siguiente incluyó en El rayo que no cesa).

No se leyeron, por la limitación del tiempo, textos de otras dos obras: "Liberación de octubre", de María Teresa León, incluido en el libro Cuentos de la España actual; y el fragmento final de la novela Mr. Witt en el Cantón, de Ramón J. Sender, con la Cartagena del año 1873 como trasfondo. Los dos textos, no obstante, pueden leerse en el anexo final  de la entrada. 
 

Un recuerdo de los barbateños asesinados por el fascismo 

No faltó dedicar un momento a aquellas personas que sufrieron la represión fascista en cualquiera de sus formas, con una especial dedicación a aquellos vecinos de Barbate, Zahara de los Atunes y San Ambrosio que perdieron la vida entre 1936 y 1937: los hermanos Juan y Manuel Caro Marín, Francisco Braza Basallote, Manuel Abel Romero, Francisco Tato Anglada, Antonio Oliva Ramírez, Juan Porta Crespo, Francisco Domínguez Benítez, Francisco López Ramírez, José Melero Ladrón de Guevara, y los hermanos Francisco y José Utrera Rivera. 



Para ello se leyó el poema “La tumba de Tato”, que el poeta barbateño Francisco Malia Sánchez dedicó a uno de ellos. 

La despedida se hizo con la audición del Himno de la República, que en esta ocasión pudimos ver a través de la interpretación llevada a cabo en 2013 por  la Banda Municipal de Tolosa. 

Un nuevo homenaje, en fin, a unos años en los que, más allá de las contradicciones habidas, se pusieron de manifiesto cosas como la emancipación, la autoestima o la conciencia de sentirse como personas, sobre todo entre quienes hasta entonces habían sido olvidadas. 


Anexo: los textos

"Hija del mar"



Muchacha, corazón o sonrisa,
caliente nudo de presencia en el día,
irresponsable belleza que a sí misma se ignora,
ojos de azul radiante que estremece.

Tu inocencia como un mar en que vives
qué pena a ti alcanzarte, tú sola isla aún intacta;
qué pecho el tuyo, playa o arena amada
que escurre entre los dedos aún sin forma.

Generosa presencia la de una niña que amar,
derribado o tendido cuerpo o playa a una brisa,
a unos ojos templados que te miran,
oreando un desnudo dócil a su tacto.

No mientas nunca, conserva siempre
tu inerte y armoniosa fiebre que no resiste,
playa o cuerpo dorado, muchacha que en la orilla
es siempre alguna concha que unas ondas dejaron.

Vive, vive como el mismo rumor de que has nacido;
escucha el son de tu madre imperiosa;
sé tú espuma que queda después de aquel amor,
después de que, agua o madre, la orilla se retira.

(Vicente Aleixandre, La destrucción o el amor).


Nuestra Natacha
(fragmentos)



ESCENA XI
NATACHA Y LALO


Lalo: ¿Adónde va ese loco?

Natacha: ¡Hacia la vida!

Lalo: ¿Hacia la vida? Pues con esas gafas y esa manera de correr, como se le ponga un árbol delante, no llega.

Natacha: La que se le ha puesto delante es Flora.

Lalo: Ah, ya...

Natacha: ¡Otro que se nos va! (Pausa).

Lalo: Y tú... ¿cuándo?

Natacha: Yo tengo que terminar aquí mi obra. Les he prometido a estos muchachos una vida libre, y lo cumpliré. Cuando puedan tenerla, cuando esta granja sea suya, yo buscaré también mi camino.

Lalo: ¿Y si esa vida libre la tuvieran ya?

Natacha: ¿Qué quieres decir?

Lalo: Tengo una cosa que entregarte como despedida (Saca un documento de su cartera). Es el acta de cesión a nombre de ellos. La granja es suya.

Natacha: ¡No!

Lalo: ¿Qué era para mí esta tierra? Una ruina abandonada. La doy a los que han sabido trabajarla.

Natacha: Pero eso no puede ser... ¡No lo harás! ¿No ves que sería echarlo todo a rodar? Yo he venido aquí a hacer una obra de educación. No quieras reducirla a una obra de misericordia. Piénsalo bien, Lalo; un esfuerzo más, y ganarán por sí mismos lo que tú ibas a darles hecho. ¿Has visto la emoción que han sentido hoy al comer su pan? Nunca lo habían sentido con el pan del Reformatorio. Dame. (Toma el documento). Hagamos hombres libres, Lalo. Los hombres libres no toman nada ni por la fuerza, ni de limosna. ¡Que aprendan a conseguirlo todo por el trabajo! (Rompe el documento).

Lalo: Está bien, Natacha..., está bien. Pero si ellos lo supieran, ¿les parecería lo mismo?

Natacha: Hoy, quizás no; están empezando. Algún día me lo agradecerán.

Lalo: Entonces... ¿hasta cuándo?

Natacha: ¿Os vais ya? Despídeme de todos... yo no podría ahora. Y que no haya tristeza delante de los muchachos. Vosotros erais el alma... Que no sepan qué amargo va a ser el trabajo a partir de mañana.

Lalo: ¿Y cómo dejarte así? ¡No, Natacha! Di una palabra y me quedo.

Natacha: No puedo todavía. Espera. Vosotros tenéis vuestra vida lejos. Yo tengo aquí la mía.

Lalo: ¿Tan poca cosa soy para ti?

Natacha: Más de lo que piensas. ¿A qué vendría ocultarlo ahora? Aquí he aprendido a conocerte; aquí te he visto el alma hasta el fondo. Te he visto luchar como lucha un hombre delante de una mujer... Te quiero, Lalo.

Lalo: ¡Natacha!...

Natacha: Pero déjame terminar mi obra. Necesito todas mis fuerzas para ella. Estos muchachos irán encontrando su camino, y volarán libremente. Aquí quedará Marga. (Marga, acompañada de Juan, pasa por la ventana de fondo). Mírala... Tampoco Marga quedará sola. Cuando esta granja sea suya, y para ese niño que ha nacido en ella, entonces seré yo la que vaya humildemente a tu puerta a preguntarte: ¿Me quieres todavía?

Lalo: ¡Te esperaré siempre!

Natacha: Gracias, Lalo... Hasta entonces. (Le besa las manos. Sale. Pausa. Entra don Santiago).

ESCENA XII
NATACHA Y DON SANTIAGO. LUEGO, MARIO.

Don Santiago: Va a arrancar el automóvil. ¿No sales?

Natacha: Lalo me despedirá de todos...

Mario: Perdóname... Te había prometido quedarme... Pero yo entonces no sabía...

Natacha: No tienes que decirme nada. Quiérela mucho, Mario. Es una gran muchacha.

Mario: ¿Pero tú sabes? ¡Soy feliz! Te regalo los escorpiones rubios. Vigílalos de noche, y escríbeme lo que haya. ¡Don Santiago!... Adiós, Natacha... Soy feliz, feliz... (Sale.)

Don Santiago: ¿También Mario se va?

Natacha: También. ¿Usted?...

Don Santiago: Yo no; ya lo saben. ¿No me necesitas ahora contigo?

Natacha: (Le estrecha las manos). Gracias. ¡Qué amargo es esto, tío Santiago! Sentir cómo el amor estalla a nuestro alrededor por todas partes, y cuando una vez nos llama, tener que responderle: espera, no he terminado todavía...

Don Santiago: Lalo sabrá esperar. Lo recordaremos juntos... (Se oye, lenta y triste, la canción de los estudiantes). ¡Ya se van! (Se asoman los dos y responden con un gesto de despedida. La voz de Lalo llega desde lejos).

Voz de Lalo: ¡Natacha! (Ella, en una repentina crisis de llanto, se retira escondiendo el rostro entre las manos).

Don Santiago: Natacha, hija...

Natacha: No puedo... Creí que era más fuerte.

Don Santiago: Pobre pequeña..., estás temblando...

Natacha: Temblando, tío Santiago. Con lágrimas y son gloria... ¡Pero estoy en mi puesto!

TELÓN FINAL

(Alejandro Casona).


"Yo también canto a América"
(fragmento final)



Yo también canto a América, viajando
con el dolor azul del mar Caribe,
el anhelo oprimido de sus islas,
la furia de sus tierras interiores.

Que desde el golfo mexicano suene
de árbol a mar, de mar a hombres y fieras
como oriente de negros y mulatos,
de mestizos, de indios y criollos.

Suene este canto, no como el vencido
letargo de las quenas moribundas,
sino como una voz que estalle uniendo
la dispersa conciencia de las olas.

Tu venidera órbita asegures
con la expulsión total de tu presente.
Aire libre, mar libre, tierra libre.
Yo también canto a América futura.

(Rafael Alberti, Bandas y 48 estrellas. Poema del mar Caribe).


Doña Rosita, la soltera, o El lenguaje de las flores
(fragmentos)



Rosita (arrodillada delante de su tía): Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que él se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y todo este tiempo he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aún a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubierais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie: muchachos y muchachas me dejan atrás porque me canso, y uno dice: “ahí está la solterona”; y otro, hermoso, con la cabeza rizada, que comenta: “a esa ya no hay quien le clave el diente”. Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos y no moverme más, nunca más, de mi rincón.

Tía: ¡Hija! ¡Rosita!

Rosita: Ya soy vieja. Ayer le oí decir al Ama que todavía podía yo casarme. De ningún modo. Ya perdí la esperanza de hacerlo con quien quise con toda mi sangre, con quien quise y… con quien quiero. Todo está acabado… y sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía… ¿es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad?. Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretara sus dientes por última vez.

(…)

Tía: Te has aferrado a tu idea sin ver la realidad y sin tener caridad de tu porvenir

Rosita: Soy como soy. Ahora lo único que me queda es mi dignidad. Lo que tengo por dentro lo guardo para mí sola.

(…)

Yo sé que los ojos los tendré siempre jóvenes, y sé que la espalda se me irá curvando cada día. Después de todo, lo que me ha pasado les ha pasado a mil mujeres.

(Federico García Lorca).


"Las estatuas de los dioses"



Hermosas y vencidas soñáis,
vueltos los ciegos ojos hacia el cielo,
mirando las remotas edades
de titánicos hombres,
cuyo amor os daba ligeras guirnaldas
y la olorosa llama se alzaba
hacia la luz divina, su hermana celeste.

Reflejo de vuestra verdad, las criaturas
adictas y libres como el agua iban;
aún no había mordido la brillante maldad
sus cuerpos llenos de majestad y gracia.
En vosotros crecían y vosotros existíais;
la vida no era un delirio sombrío.

La miseria y la muerte futuras,
no pensadas aún, en vuestras manos
bajo un inofensivo sueño adormecían
sus venenosas flores bellas,
y una y otra vez el mismo amor tornaba
al pecho de los hombres,
como ave fiel que vuelve al nido
cuando el día, entre las altas ramas,
con apacible risa va entornando los ojos.

Eran tiempos heroicos y frágiles,
deshechos con vuestro poder como un sueño feliz.
Hoy yacéis, mutiladas y oscuras,
entre los grises jardines de las ciudades,
piedra inútil que el soplo celeste no anima,
abandonadas de la súplica y la humana esperanza.

La lluvia con la luz resbalan
sobre tanta muerte memorable,
mientras desfilan a lo lejos muchedumbres
que antaño impíamente desertaron
vuestros marmóreos altares,
santificados en la memoria del poeta.

Tal vez su fe os devuelva el cielo.
Mas no juzguéis por el rayo, la guerra o la plaga
una triste humanidad decaída;
impasibles reinad en el divino espacio.
Distraiga con su gracia el copero solícito
la cólera de vuestro poder que despierta.

En tanto el poeta, en la noche otoñal,
bajo el blanco embeleso lunático,
mira las ramas que el verdor abandona
nevarse de luz beatamente,
y sueña con vuestro trono de oro
y vuestra faz cegadora,
lejos de los hombres,
allá en la altura impenetrable.

(Luis Cernuda, Invocaciones).


El carbón y la rosa
(fragmentos)



El Duende 1 (amigo del carbón, dirigiéndose al público): Duermen. Cuando alguien duerme yo vengo en busca del secreto de su sueño. Para mí no hay puertas cerradas, ni oscuridad, ni silencio. Puedo atravesar todos los muros, ver en todas las tinieblas, escuchar los menores sonidos. El sueño de la rosa lo siento en su perfume, y el sueño del carbón en su fuego. He venido para conocer otra vez el misterio del olor de una rosa y el misterio del calor de una llama.

(…)

Carbón: Si el jardinero se confunde y vierte el agua en la estufa y no en la maceta…

Rosa: Te hubieses apagado.

Carbón: Te equivocas. Me hubiese mantenido ardiendo porque en un descenso en la temperatura te hubiese perjudicado y yo sé todo lo que vales y lo que para mí eres para consentir tal cosa. Sí. Me hubiese mantenido ardiendo. La voluntad puede mucho. (La rosa ríe y coquetea, girando por la escena) ¿Te causa risa lo que dije?

Rosa: Me divierten tus pretensiones. Poco menos me has venido a decir que te debo la vida, o por lo menos mi salud. (Vuelve a reír]).

Carbón: Sí, ríe, ríe, ¿pero qué harías sin mi calor en este invernadero?

Rosa: ¿Y tú, siendo carbón, qué otra cosa puedes hacer que quemarte por mí?

Carbón: En el mundo hay muchos niños que tienen frío.

Rosa: ¡Pues vete con ellos!

(…)

Rosa: Yo vivía en el invernadero dejándome servir, llena de orgullo, de vanidad. Ahora esto ha de acabarse. ¡Todos a vivir al aire libre, sin encantamiento, en donde haya luz y flores, compañeras, y las brisas lleven música y olores!

(Concha Méndez).


"Elegía"



(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería).

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa).


"La tumba de Tato"


A Francisco Alvarado Tato, nieto, y familia.
Y a Jesús Montero Barrado.

La barbarie, la sinrazón, la oscura
negrura de lo vil y lo perverso,
lo atroz a contraluz y a contraverso,
lo contrahumano y lo contranatura.

Allí, a ras de suelo -solo, inmerso-;
quedaron sus huesos y su figura
en la desangelada sepultura
desafiando ella sola el universo.

Un grito de rabia y de lacerio,
de furia contenida y de arrebato,
el ánimo abatido y el gesto serio.

Vierte la sombra de un asesinato
el pálido ciprés del cementerio
sobre la tumba de Francisco Tato.

(Francisco Malia Sánchez, Azul y verde). 


Liberación de octubre
(fragmento final)



Balbuceaba de tal modo, que no acertaba a sentarse en sus propias sillas y en su propia casa. ¿Quién le mandaba meterse en todo aquello? La vista de Rosa le había vuelto al electricista sin importancia que hace instalaciones por su cuenta y cobra comisión por los conmutadores y el flexible.

—¿Adónde vas? ¿Adónde vamos? Habla.

Él no quería decir que era un compromiso de café. Compromisos de 5 de octubre. ¿Sería posible que tomasen el Poder los proletarios?

—¿Qué es esto que ocurre que no entiendo?

Ramón tampoco entendía bien. Se había comprometido a cortar las conducciones eléctricas. Por algunas casas debían suceder escenas parecidas. La vela de los trisagios seguía ardiendo.

—Nos han engañado y nos la tienen que pagar.

—¿Quién?

—Ellos, el Gobierno, ese que engaña siempre a los que tienen hambre.

Ramón no sabía muy bien adónde iba. Pero delante de Rosa tenía que aparentar. El timbre de la puerta les sorprendió como el silbido de una bala. Abrieron y entraron tres hombres y luego otros tres.

—Aquí nos han dicho que dejemos esto.

A la luz del cirio, brillaron los cargadores y las culatas. Rosa dio un grito agudísimo. Alguien se precipitó a cerrar el balcón. Ramón bajó la cabeza.

—Bueno, vamos.

—Camarada, ¿comprendes? Estos sacrificios se hacen solo un día. Tú eres un obrero desorganizado. No puedes comprender muchas cosas. Estamos unidos.

—Los anarquistas de Gijón mandan dos mil hombres.

—Los de la cuenca minera, veinte mil.

—Los de la fábrica de Trubia, cañones.

Solo Ramón no comprendía bien. Los jóvenes bromeaban al sujetarse las pistolas. Ramón hubiera dado algo por comprender mejor lo que sucedía aquella noche espesa como légamo. Parecía como si la aurora no pudiese llegar nunca.

—Estamos por la República. ¿No?

—Estamos por nuestra libertad.

¡Nuestra libertad quería decir tantas cosas para Ramón!

Cuando todos estuvieron preparados, besó a Rosa.

—¿Comprendes? Si toman el Poder, no está bien que nosotros nos quedemos sin nada.

Los más jóvenes marchaban, sin vacilar, a la muerte. Él, Ramón el electricista, no acertaba a seguirlos.

—Creo que debo ir.

Si Ramón no comprendía y la tibieza de su casa le volvía blando, si estaba aguardando que Rosa se interpusiese entre él y los fusiles, si le acariciaba la cabeza y se sentía atado a su pelo y a sus ojos pasivos y obedientes, Rosa comprendía muy bien. Rosa se precipitó en la revolución. Adivinaba que libertad quiere decir liberarse de la angustia del jornal miserable, de la espera de la muerte con los brazos cruza dos, día a día; el padre, de la azada; la madre, de los largos partos de las vecinas de su pueblo. Rosa adivinó que el hombre sentía miedo, notó que pretendía rescatarse en ella y por ella del gran silencio de la noche de octubre, deberle la vida. Ramón aguardaba una palabra para librarse de aquellos muchachos decididos que repetían a media voz consignas como jaculatorias al final de sus párrafos. Esperaba que Rosa lo hiciera nacer con un grito de sus entrañas sordas. Pero la mujer ni contestó. Ya no volvería a esperarle, ni se miraría al espejo, ni oiría el ruido de los cuchillos al guardarse, ni el agua última perdiéndose desaguada en la tierra. Alcanzó al camarada que llevaba los fusiles.

—Dame uno. Los revolucionarios no comprenden lo insólito.

—Ten.

La puerta se cerró tras ellos. Sobre la cómoda ardía siempre en la botella la vela de las tempestades. El grupo se perdió entre la tensión amarilla del amanecer. Era el 5 de octubre lo que clareaba. Debajo del farol, el borracho seguía tendido con una bocanada de vino tinto a la altura de la cabeza, como si fuera el primer muerto.

(María Teresa León, Cuentos de la España actual).


Mister Witt en el Cantón
(fragmento final)


Y sin esperar la respuesta, salió; preparó un baúl, y encargando a su marido que no aludiera para nada a la muerte de Yuste —que se enterara la muchacha por sí sola después—, esperó que llegara la tartana que había contratado ella misma. En el instante de comenzar la tregua, en medio de un silencio que hacía meses ignoraban los vecinos de la ciudad, llegó el vehículo. Salieron hacia las murallas. Milagritos no había hecho el menor comentario. En su expresión no se advertía sino una tranquilidad a veces afectada. Mister Witt se dejaba llevar. Su mujer se dio cuenta de que bajo el paletó Mister Witt llevaba el revólver amartillado. Procurando que el conductor no la viera, extendió la mano y ordenó:

—Dame eso.

Mister Witt vaciló un instante, pero por fin le dio el revólver. Ella lo ocultó en el manguito. Cuando salieron de la ciudad lo arrojó al camino. Mister Witt no acababa de comprender que todo cambiara de aquel modo, tan repentinamente. Quedaba atrás la pesadilla de Carvajal, de Colau. Iban a otra parte, lejos, donde el mundo fuera nuevo. Y lo salvaba ella, Milagritos.

—Nadie más que Bonmatí ha oído tu nombre —le dijo ella, con una mezcla de odio y de compasión en los ojos—. Nadie más lo oirá. Me ha jurado llevarse el secreto a la tumba.

Pero Mister Witt no quería hablar de aquello. Seguía haciéndose el sordo. “Se desprecia demasiado —pensó ella—, y teme hablar”. Tampoco ella volvió a hablarle. Pero veía en el fondo de Mister Witt una pasión sorda, tenaz, por ella, y una debilidad infinita. Milagritos iba a Madrid dispuesta a curarse su esterilidad. Por la tarde, en el tren, le repitió aquellas palabras que un día le había dicho:

—A la vuelta me calas hondo, ¿eh?

Mister Witt le dijo que no volverían nunca, que se irían a Londres; pero Milagritos saltó:

—Yo vuelvo a Cartagena; tú verás. Antes de llegar nosotros a Madrid se habrá acabado el Cantón.

Mister Witt fue abandonándose a la confianza con su mujer, que lo trataba como una madre. Al obscurecer, Milagritos calló, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo. Cualquiera pudo creer que dormía; pero Mister Witt observó que lloraba. Era hermosa su garganta, con una lágrima resbalando bajo la oreja. ¿Por quién lloraba? ¿Por Carvajal? ¿Por Colau? ¿Por el Cantón? ¿Por sí misma? “De todos modos —se dijo Mister Witt, con su seco y vergonzante egoísmo— estoy entrando en la vejez y es lo único que me liga a la vida”.

(Ramón J. Sender).





(Imágenes: José Manuel Malia Alba y el autor del texto).

miércoles, 23 de abril de 2025

Por Castilla, con los pueblos

 

Los libros


Siempre he vivido rodeado de libros.

Formaron parte de mi paisaje diario,

situados entre las estanterías del despacho familiar.

Libros del pasado y del momento,

que iban y venían,

y que poco a poco íbamos leyendo.

Sigo viviendo entre libros.

Son como árboles de papel 

que están llenos de vida,

ricos en contenido y en matices.

Siento gusto por ese paisaje,

me deleito en su contemplación 

y, a la vez, en la lectura.

Lo heredé -lo heredamos- de mi padre.

Bonita herencia.

Cultura pura.

 

(2010/2025)

domingo, 20 de abril de 2025

Geografía de la fragilidad, nuevo poemario de José Gilabert Ramos


Hace un par de meses recibí de Pepe Gilabert el poema "La luz del calendario", incluido en su poemario Geografía de la fragilidad (Granada, Támesis, 2024). Eso me llevó, casi de inmediato, a responderle con otro mío, "La luz que no olvida",  publicándolos en mi cuaderno dentro de la entrada "Dos poemas sobre  la luz".  Al poco, gracias a su generosidad, me llegó un ejemplar del libro, que me entregó el buen amigo común Paco Malia.  

No estamos ante un trabajo largo en extensión, pero sus poemas están llenos de intensidad, tratando de "buscar la luz que acompaña nuestras vidas". Tal como ha declarado en el periódico Ideal en clase, ha querido "que la fragilidad sea la gran metáfora que atraviese todos los poemas del libro". 

Dividido en cuatro partes, sus títulos también aparecen en sendos poemas homónimos: "La luz del calendario", "Lugar de residencia", "Otoño en las aceras" y "Geografía de la fragilidad".

Con ésta ya son cuatro las ocasiones que le he dedicado una entrada a este vejeriego, criado en Barbate, que es José Gilabert Ramos. En abril de  2022 lo hice con Nacen las claridades y siete meses después, en noviembre, con Lo que susurra el agua.

He aquí algunos de los poemas de Geografía de la fragilidad.



La mano del tiempo

¡Ay!, quién pudiera hacer que el sueño 
fuese la vida.
Juan Ramon Jiménez

El tiempo nos engaña con sus trucos 
haciéndonos creer que hemos vivido 
eso que ayer era tan solo sueño.

Fantasmales amigos de la infancia, 
personajes varados en los libros, 
lluvias que regresan como pájaros, 
hijos que huyeron lamentablemente.

El sueño es un camino en la memoria 
como una flor abierta sin perfume 
que se nos vuelve ortiga y alacranes 
cuando toca el tiempo en su mano.


Promesa

La luz se vuelve parda y resignada 
por detrás de los muros de la sierra.

Mírala, amor mío, acariciando 
la dura gravedad de los tejados.

El día fue suave y placentero, 
pero la tarde cae lentamente.

Te llevaré a París, amada mía, 
antes de que la noche nos sorprenda.


Granada

Esta ciudad me recibió una tarde 
de otro siglo, 
ya hace muchos años.

Yo llegaba, 
ingenuo e inocente, 
a la ciudad de las puertas cerradas 
y nadie se asomó 
detrás de los visillos 
a mirar la emoción 
que cargaban mis ojos.

Luego, más tarde, 
se confabularon todos 
para herirme la voz 
y ensuciarme de barro 
la mirada.

Pero yo, cada tarde, 
buscaba el mar 
por detrás de los bloques 
de las casas baratas 
y aprendía a perdonar 
la altivez de las torres, 
el desdén de sus ríos 
y la herida constante 
de su luz avanzando 
a la par de mis pasos.

Yo soñaba encontrar 
el olor a salitre 
y la arena caliente 
y sus calles me daban 
bofetadas de asfalto 
y semáforos rojos.

Eso fue en otro tiempo... 
ahora ya no me duele 
el oscuro desprecio 
de sus patios cerrados 
ni la lenta agonía 
de sus viejos palacios.

Ahora paso las tardes 
contemplando en sus ojos 
mi alegría perdida 
y aceptando la paz 
de su extraña belleza.


La guerra y el exilio

La vida es una guerra y un exilio.
Marco Aurelio

Marginal, fronterizo, 
como los matorrales 
que no alcanzan a ser árboles, 
sobrevivo la noche 
abrazado al hastío 
en los amaneceres 
que siempre llegan tarde.

Aunque sé que esta guerra 
está perdida, 
salgo a pelear mi batalla 
cada día, 
en el fragor del tráfico, 
tratando vanamente 
de tropezar conmigo 
cuando cruzo enajenado 
por los pasos de cebra.

Atempero mis pasos 
al compás de la música 
que me impone la vida,
sin renegar de nada, 
aceptando en silencio 
esta guerra 
y este exilio 
que no me pertenecen.


La fragilidad

Nadie logra tocar 
con sus propias manos 
la fría plenitud del universo.

La inconsciente solidez 
de nuestra carne 
es el pan nuestro de cada día, 
la única piel que puede 
cubrir la desnudez del alma.

Es vana pretensión 
la resistencia. 
Flaquear es un arte 
y la vulnerabilidad 
un instrumento.

Somos esta carne que se apaga, 
este desvalimiento del deseo.
Nuestra fragilidad nos hace humanos.

sábado, 19 de abril de 2025

Presentado el número 4 de la revista Carmen



A finales del pasado mes de marzo se presentó el número 4 de la revista Carmen. Cuaderno de poesía de Barbate, editado por la concejalía de Cultura, que inició su andadura en 2022. Como ha ocurrido en las anteriores ocasiones, contiene colaboraciones que suponen una variada muestra del panorama poético local. He seleccionado varios de los poemas, entre los que he incluido uno propio.


Lo que siento

Cuando el sol se viste de oro
con los primeros rayos de la amanecida,
la aurora se abre paso
con su sonrisa de luz infinita.

El prematuro silencio despunta
y en su capazo me arrullo
y viendo clarear el día
al baile de colores me uno.

Y entonces me hago de sueños
y dejo acunar los sentimientos
y al horizonte lejano me encamino
entregándome a los brazos del destino.

Mis pasos irrumpen en la orilla
de una playa solitaria
y en el cristal de sus aguas me sumerjo
y fundirme es todo lo que quiero.

El mar arrastra la brisa
que me llega como un torbellino
y me hago de espuma y salitre
y su aliento es mi destino.

Y mis pasos que el agua borra
pero que guarda la arena dorada
van dejando una estela de versos
para todo lo que siento y amo.

(Isabel Alcaraz Rocha)


Cuándo

(Antonio Aragón Fernández)


Silencioso grito

¿Dónde estoy?
¿Por qué me envuelve esta angustia?
Una desesperanza me parte el alma.
Grito y no oyen, porque mi voz
no sale de mi garganta.
Mi cuerpo se vuelve cada vez más pequeño, 
sin fuerza para moverse.
¿Quién es ésta que está aquí?
¿Dónde está mi esencia?
¿En qué momento la perdí?
Ríos de lágrimas recorren mis mejillas 
que van dejando surcos de tanto fluir.
Quiero salir...
volver a reír, a sentir esperanza, 
sin ninguna cuerda invisible 
que coarte mi libertad, 
que me tenga maniatada, 
que casi no me deja respirar.
Poderoso subconsciente que manipulas mi mente 
y eres capaz de crear una imagen que no existe en realidad.
Me he enfrentado a muchas cosas, 
he librado mil batallas, 
he caído y levantado y ahora tú me anulas, 
me debilitas, me haces caer y caer...
Pero no podrás conmigo, voy a seguir trabajando 
para conseguir vencerte.
Dejarás de gobernarme, volveré a ser la que fui 
y por fin podré salir de esta cárcel inexistente 
que sólo se crea en mi mente.

(Mari Ángeles Coello)


Tu perfecta imperfecta

Me rompí, un día me rompí
y ahí estabas tú, en silencio
como en segundo plano.
Y por mucho tiempo me sentí rota,
pero ahí seguías tú.
Y gracias a tu silencio, tus llantos
insonoros e invisibles ante los demás,
tu comprensión incomprensible,
los besos en la distancia,
los abrazos que alimentan el alma
aunque la piel no se tocara.
Y así me compuse,
gracias a tu silencio,
a tus llantos, a tus besos, a tus abrazos...
Pero ahora siento tu piel con la mía.
Y así me compuse,
para ser tu perfecta imperfecta.

(Mariluz Corrales Corrales)


En el pescante

En el pescante, siempre en el pescante,
como un héroe de la Iliada,
como John Wayne,
en su diligencia delirante,
como don Quijote sobrecogido
sobre el lomo de su Rocinante.

En el pescante, las bridas en la mano,
como un patrón de pesca
contra el viento de levante,
como un remero que remara
a ritmo de sus sístoles y de sus diástoles,
como un Ayrton Senna al volante.

En el pescante, siempre en el pescante.
Que la vida lleve aparejado
sus caballos galopantes,
siempre al galope, siempre en el pescante,
como en un Pegaso que sobrevolase
todos los océanos y todos los mares.

En el pescante, siempre en el pescante,
aunque la vida nos empuje
con su empuje electrizante,
la mirada al frente,
los ojos penetrantes,
cabalgar por las praderas verdes,
por los áridos desiertos deslizarte
hasta perder la noción de ser,
hasta desnaturalizarte.

En el pescante, siempre en el pescante,
con el gesto firme y la mirada arrogante,
defender cada minuto de esta vida
como si fuera el último de los instantes,
como si definitivamente Dios
hubiera dejado de importarte.

En el pescante, siempre en el pescante.
Que no dirijan tu vida ni los vientos
traicioneros de la vida ni los temporales.
Que cuando la muerte, por fin, te dé alcance,
tu corazón no esté anclado a nada ni a nadie.

(Francisco Malia Sánchez)


Golondrina

Aquí está mi golondrina
revolando este cantar;
remando va cantarina
de esta parte de la mar.

Detente frente a su puerta
para darle este recado:
"¡Sal de la cama, despierta!
que está aquí tu enamorado".

Tengo yo una golondrina
volandera
que me trina
cantarina
cuando viene en primavera.

Oscurita de plumaje,
tan alegre y tan graciosa,
vienes tú sobre el oleaje
a rozarte con mi rosa.

En la puerta de mi amor
has colgado un nuevo nido;
dile con dulce candor
que mi amor ha florecido.

Tengo yo una golondrina
volandera
que me trina
cantarina
cuando viene en primavera.

(Francisco Malia Varo)


Afrodita iluminada

Fuiste concebida cuasi desnuda,
pero tu cuerpo desprende una sensualidad contenida.
Naciste con el nombre de Afrodita,
para tornar después a la Venus luminosa,
presente durante las noches al alba.
Te han representado siempre como la más bella
y por eso tu embrujo seduce a quien se acerca.
De ti se han inventado mil historias
-de celos, de desencuentros, de peleas…-
y hasta han llevado tu morada a la boca de un volcán.
Tu figura, pintada o esculpida,
se la han disputado, hasta sublimarla, los mejores artistas.
Muchos han mostrado tu desnudez con recato
y tantos otros lo han hecho en toda su plenitud.
Hay quien se acordó de tu nacimiento
y te retrató llegando del mar sobre una concha,
empujada por Céfiro y recibida por la Primavera.
Está ese genio que -pudoroso, acaso temeroso o virtuoso-,
jugó con el mito y la realidad,
situándote vuelta de espaldas,
pero sin olvidarse de tu cara,
que, aun difusa, quedó reflejada en un espejo.
Se dice también que eres la que, desde una ventana,
apareces en medio de un bombardeo,
portando una vela con tu mano derecha
y alertando sobre la destrucción de la vida.
En cierta ocasión te hicimos posar para retratarte
y te situamos sobre una silla.
No sé qué fue de lo que hicieron los otros
-¿lo recuerdas, hermano?-,
tan sólo lo que mis ojos vieron.
Dejé de lado ese tinte de bronce simulado que tenías
para iluminarte con trazos encendidos.
Y ahora puedo contemplar el contorno de tu silueta
y los colores que te recubren.

(Jesús María Montero Barrado)


Atún muerto

En la orilla de un chorro
hay un atún muerto
más amarillo que rojo
y más apestoso
que saco ardiendo.

¡Qué pena de atún salvaje!
Pienso en mis adentros
morir en una orilla
pudiéndote coger el Kañejo
o pudiendo acabar
en los fogones de El Campero.

¡Pobre atún sin almadraba!
Aunque en verdad pienso
o lo ha desbarrigado un esparte
o le ha echado huevas al cepo
y no se ha dejado atrapar
por las redes del comercio.

Ya vienen a ronquearlo
algunos desde el pueblo
y tumbado en mi toalla
desnudo como el atún muerto
observo la mar y el ronqueo
¡Vaya dos mundos opuestos!
Minas de boyas de oro
y navajas que recogen los desechos.

(Sergio Román)


La ironía

Pienso y existo,
existo mientras
no pienso.
Acaricio y toco,
toco pero
no raspo.
Encuentro recuerdos,
y al recordar
solo me pierdo.
Siento y noto,
pero noto
que no siento.
Quiero y deseo,
pero deseo
que no quiero más.

(Pedro Sibello)

viernes, 4 de abril de 2025

El grupo, un cortometraje de Sergio Román que alerta sobre los riesgos de la incomunicación y la insensibilidad


Ayer, jueves, se estrenó en Zahara de los Atunes el cortometraje El grupo, escrito y dirigido por Sergio Román, y con fotografía y montaje de Jesús Sotomayor.  La interpretación corre a cargo de jóvenes componentes del grupo teatral La Aurora.

Un grupo de jóvenes tienen el móvil como base de sus relaciones. A una de ellas, Vero, que está ausente en los primeros momentos, su padre y madre le han prohibido su uso, lo que está haciendo que discutan sobre el nombre a poner por del grupo: si "los 4" ó "los 5".  La situación toma un giro radical cuando, al incorporarse,  Vero les comunica que ha sufrido una situación muy grave por parte de un allegado del grupo, lo que en la práctica da lugar a muestras de indiferencia por el resto. Finalmente, otro grupo de jóvenes se acerca a ella, pero en esta ocasión dándole muestras de solidaridad y cariño.



El cortometraje pone de relieve comportamientos en algunos sectores de la gente joven en los que el abuso del móvil conlleva, entre otras cosas, la incomunicación y la insensibilidad. El final, sin embargo, ofrece un rayo de esperanza de que existe una salida para evitarlo, incluyendo la imagen del joven que lleva un libro.  

Dentro del coloquio que siguió se resaltó el hecho simbólico de que la proyección se hubiera llevado a cabo en la Biblioteca municipal, poniendo en valor ese ámbito cultural y la necesidad de fomentar la lectura de libros. 

Con El grupo estamos ante un trabajo muy interesante e intenso en su contenido, pues nos lleva a una reflexión profunda sobre el problema. que se plantea. 

Y sin olvidar, por otra parte, la excelente interpretación que ponen de manifiesto los chicos y las chicas que salen en la pantalla.