Mujeres que vais de luto…
Mujeres que vais de luto porque el odio os trajo la muerte a vuestro regazo, ¡negaos a concebir hijos mientras los hombres no borren la guerra del mundo!
Negaos a parir al hombre que mañana matará al hombre hijo de tu hermana, a la mujer que parirá otro hombre para que mate a tu hermano!
Negaos a parir al hombre que mañana matará al hombre hijo de tu hermana, a la mujer que parirá otro hombre para que mate a tu hermano!
(Carmen Conde, 1936-1939)
Gacela de la muerte oscura
Quiero dormir el sueño de las manzanas,
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.
No quiero que me repita que los muertos no pierden la sangre,
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.
Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo,
pero que todos sepan que no he muerto
que hay un establo de oro en mis labios
que soy el pequeño amigo del viento Oeste
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.
Cúbreme por la aurora con un velo
porque me arrojará puñados de hormigas
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.
Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra,
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.
(Federico García Lorca, 1931-1934)
(Octavio Paz, 1944)
Elegía para recordar a un amigo en el Día de los Difuntos
Ojalá que ahora
tu camino infinito
tu camino infinito
te conduzca al país
que no tiene horizontes
ni paisajes oscuros.
Ojalá que los prados
donde ahora descansas
y los valles de luz que refrescan tus ojos,
te permitan lograr
lo que siempre buscabas.
Ojalá que tu voz
se diluya en la voz
de los ríos eternos
que no tienen orillas
y que no desembocan.
Ojalá se te olviden
nuestros nombres
y te alejes dormido
en un coche de agua
silencioso y perenne.
Ojalá que nosotros
encontremos la calma,
recordando tu risa,
mientras llega el momento
de encontrarnos
contigo.
(José Gilabert, 2026)
Silencio
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
La última inocencia
Partir
en cuerpo y alma
partir.
Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.
que duermen en la garganta.
He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
(Alejandra Pizarnik, 1956)
Algún día llegará la noche…
(Fragmento del cuento Talpa)
Algún día llegará la noche. En eso pensábamos. Llegará la noche y nos pondremos a descansar. Ahora se trata de cruzar el día, de atravesarlo como sea para correr del calor y del sol. Después nos detendremos. Después. Lo que tenemos que hacer por lo pronto es esfuerzo tras esfuerzo para ir de prisa detrás de tantos como nosotros y delante de otros muchos. De eso se trata. Ya descansaremos bien a bien cuando estemos muertos.
(Juan Rulfo, 1950)
Las tinieblas inundan la atmósfera…
Las tinieblas inundan la atmósfera,
su silencio enmudece la tarde.
No hay sosiego, existe llanto,
no hay palabras, existen lágrimas,
nada tiembla, todo se derrumba,
nadie grita, todos callan.
Este mundo firma su propia muerte,
siente su trágico destino,
desentraña sus estúpidos secretos,
se erige en defensor de la nada.
La muerte existe lejana,
pero expectante.
Se muestra prudente,
no sumisa.
Nadie levanta la mano,
nadie digna defenderse,
todos caminan ligeros
y esperan que un día les manden bajar la cabeza,
arrodillarse ante la imagen ausente
y disponer su propia vida
para que hagan de ella la masa de la muerte
y un día, en la oscuridad más malsana,
no exista una gota de sangre,
porque el tiempo se encargó de barrerla.
(Diego Sánchez, 1981)
Hoy
mi cuerpo
fue una masacre televisiva.
Hoy
mi cuerpo
fue una masacre televisiva
que tuvo que adaptarse
a clips de sonido
y limitación de palabras
lo suficientemente
rellenadas con estadísticas
contadores, medidas, respuestas,
para las que he tenido
que perfeccionar mi inglés
y he aprendido mis resoluciones
de las Naciones Unidas,
pero, aún así,
él me ha preguntado:
"Srta. Ziadah,
¿no piensa que todo se arreglaría
si dejasen de enseñar tanto odio a sus hijos?".
(Pausa)
Busqué dentro de mi la fortaleza
para ser paciente,
pero la paciencia no está
en la punta de mi lengua
mientras las bombas caen sobre Gaza.
La paciencia simplemente
se ha escapado de mí.
(Pausa)
(Sonríe)
Nosotros enseñamos vida,
señor.
(Pausa)
Nosotros enseñamos vida,
señor.
Nosotros, los palestinos,
enseñamos vida
después de que ellos,
hayan ocupado el último cielo.
Nosotros
enseñamos vida
después de que ellos
hayan construido sus asentamientos
y sus muros del apartheid
después del último cielo
Nosotros enseñamos vida,
señor.
Pero hoy mi cuerpo
fue una masacre televisiva
fabricada para adaptarse
a clips de sonido
y limitación de palabras.
"Pero danos tan sólo
una historia,
una historia humana,
sabes,
esto no es política,
nosotros tan sólo queremos
hablarle a la gente sobre ti y tu gente,
así que danos
una historia humana,
no menciones las palabras
apartheid y ocupación,
esto no es política
tienes que ayudarme,
como periodista,
a ayudarte a contar tu historia,
la cual no es una historia política".
Hoy mi cuerpo
fue una masacre televisiva.
¿Qué hay si nos das la historia
de una mujer en Gaza
que necesita medicación?,
¿qué hay acerca de ti?
¿tienes "los huesos suficientemente rotos"
para cubrir a tu hijo,
entregarme a tu muerto,
y darme la lista de sus nombres
en un límite de 1200 palabras?.
Hoy mi cuerpo
fue una masacre televisiva,
fabricada para adaptarse
a clips de sonido
y limitación de palabras
y movido por aquellos insensibles
a la sangre de terroristas
Pero ellos lo sienten.
Lo sienten
por el asedio sobre Gaza.
Así que, les di las resoluciones
de las Naciones Unidas,
y las estadísticas,
y lo condenamos,
y lo lamentamos,
y lo rechazamos.
Esto no son dos bandos iguales,
ocupante y ocupado,
y un centenar de muertos,
dos centenares de muertos
y un millar de muertos,
y en medio de este
crimen de guerra y masacre
he construido palabras
y una sonrisa exótica,
sonrisa no terrorista,
y conté, y reconté
un centenar de muertos,
dos centenares de muertos
un millar de muertos,
¿Hay alguien ahí fuera?
¿Habrá alguien
que escuche?
Desearía poder llorar
sobre sus cuerpos,
desearía simplemente
poder correr allí,
a cada campo de refugiados,
y sostener a cada niño,
taparles los oídos para que
no tuvieran que escuchar
el sonido de las bombas
por el resto de sus vidas,
como yo hago.
Hoy mi cuerpo
fue una masacre televisiva
y dejadme decir
que:
no hay nada que
vuestras resoluciones
de las Naciones Unidas
hayan hecho
jamás sobre esto.
Y ningún clip de sonido,
ningún clip de sonido
que haga
(no importa
cuán buen inglés tenga)
ningún clip de sonido
ningún clip de sonido
ningún clip de sonido
ningún clip de sonido
les devolverá
a la vida.
Ningún clip de sonido
arreglará esto.
Nosotros enseñamos vida,
señor.
Nosotros, los palestinos,
nos levantamos cada mañana
para enseñarle al resto del mundo
Vida, señor.
(Rafeef Ziadah, 2009)
