viernes, 11 de febrero de 2022

11 de febrero de 1873: aniversario de la efímera Primera República española


Tal día como hoy se proclamó la Primera República española. Lo fue en un contexto peculiar, cinco años después del derrocamiento de la reina Isabel II y con ella de la dinastía borbónica. Fueron años convulsos, como ocurre en los momentos de cambio político o de intentos para que se lleve a cabo. Pero mejor será que nos vayamos al momento concreto, entre los años 1868 y 1874, para poder entender lo que fue, y en lo que quedó, la efímera Primera República.

La Revolución de 1868

Desde mediados de la década de los sesenta había aumentado el descontento político con los gobiernos moderados. A las medidas autoritarias y la corrupción se unió la crisis económica derivada en parte del fin de la primera fase de construcción del ferrocarril y el malestar en el campo, sobre todo en Andalucía, donde se estaban dando rebeliones campesinas. El descontento político se extendió a los otros grupos del sistema, como la Unión Liberal y el Partido Progresista, que firmaron en 1866 en Ostende (Bélgica) un pacto contra el gobierno e incluso contra la propia reina Isabel II.

En septiembre de 1868 se dio un nuevo golpe de estado, dirigido por el general Juan Prim, acompañado de una importante movilización popular, articulada a través de las juntas locales, poniendo fin al gobierno moderado y provocando la salida del país de Isabel II. En su tiempo se denominó Revolución Gloriosa y durante los seis años que le siguieron se fueron sucediendo cambios políticos de una manera rápida.

Partidarios del cambio fueron, además de unionistas y progresistas, que gobernaron hasta 1873, los conocidos como demócratas, que habían surgido en la década de los cincuenta desde las filas progresistas con el afán de introducir el sufragio universal y ampliar los derecho individuales. Los todavía débiles grupos republicanos también apoyaron el cambio, pero añadían sobre lo anterior una jefatura de estado electiva. En contra estaban los antiguos moderados y el carlismo.

En un primer momento el gobierno tuvo al frente al general Francisco Serrano, mientras se celebraron elecciones y se formaron unas Cortes constituyentes. Desde que se aprobó la Constitución, en junio de 1869, hasta febrero de 1873, cuando se proclamó la Primera república, destacaron como jefes de gobierno los progresistas Práxedes Mateo Sagasta y Manuel Ruiz Zorrilla.

La Constitución de 1869 y el reinado de Amadeo I

La nueva Constitución, comúnmente caracterizada como democrática, fue la más avanzada hasta ese momento entre las españolas. Mantuvo la monarquía, pero introdujo importantes novedades, como fueron el sufragio universal masculino, una mayor separación entre los poderes, la reducción de las competencias reales, la separación entre la Iglesia y el Estado, o la ampliación de los derechos individuales (asociación, reunión, etc.). El Senado siguió siendo una cámara elitista, si bien, a diferencia de constituciones anteriores, era elegida por sufragio indirecto.

Teniendo en cuenta la marcha de Isabel II, quedaba vacante el trono.  Al año siguiente las Cortes debatieron sobre la dinastía que debería sustituir a la borbónica, donde no faltaron las presiones de las principales potencias europeas. Toda una concatenación de propuestas y vetos sobre los candidatos: Leopoldo de Hohenzollern, el duque de Montpensier, Fernando de Coburgo y Amadeo de Saboya. Finalmente se optó por este último, que se vio favorecido por la tradición liberal de su familia, reinante primero en el reino de Saboya, participante en el proceso de unificación italiana y finalmente reinante en la nueva Italia. Su principal valedor era el general Prim, pero su asesinato poco antes de la llegada del nuevo rey y la inestabilidad política permanente hicieron que su reinado fuera efímero: de noviembre de 1870 a febrero de 1873.

La inestabilidad derivada de la oposición de las fuerzas monárquicas, con una especial actividad del carlismo, y la evolución de la guerra colonial que se había iniciado en Cuba en 1868. En 1872 había surgido la conocida como Tercera Guerra Carlista, focalizada en las provincias vasco-navarras. Y en el caso de la isla caribeña, Carlos Céspedes y el general Máximo Gómez dirigieron un proceso que contó con el impulso de la burguesía criolla y tuvo el apoyo del campesinado, e incluso de la población esclava de origen africano.

La Primera República

La marcha del Amadeo I, el mismo 11 de febrero de 1873, conllevó la proclamación de inmediato de la Primera República. Su duración, sin embargo, fue corta, pues apenas llegó al año. Las Cortes, compuestas en ese momento por una mayoría republicana, se marcaron entre sus objetivos elaborar una nueva Constitución, en cuyo proyecto se contemplaba como principales novedades  la elección de un presidente y la organización federal del territorio.

Los gobiernos republicanos heredaron la inestabilidad política e incluso la vieron incrementada. Por un lado, por parte de las patrullas carlistas y, por otro, por las disputas entre los propios grupos republicanos. Una muestra de ello fue el que llegara a haber cuatro presidentes de gobierno en sus once meses de existencia: Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar.

Los intentos de los nuevos gobernantes por acabar o aliviar los problemas fracasaron. En el caso cubano, Pi y Margall quiso dotar de autonomía a la isla dentro de un estado federal, pero la guerra continuó incluso hasta 1878, con el correspondiente coste de vidas y económico elevado. 

Durante estos meses apareció en numerosas ciudades el cantonalismo, un movimiento político que defendía la máxima autonomía de los municipios dentro de una república federal. Tuvo en ciudades como Cartagena, Málaga o Cádiz (donde Fermín Salvochea llegó a ser alcalde) un gran alcance, y en algunos casos adquirió una dimensión social, al ser apoyado por los grupos obreros de carácter anarquista y socialista que iban naciendo.

Frente a la República se situó claramente el carlismo, que intensificó la guerra iniciada un año antes. No faltaron tampoco las conspiraciones militares alfonsinas, que apoyaban a Alfonso de Borbón,  hijo de Isabel II. Una de ellas, la del 3 de enero de 1874, protagonizada por el general Manuel Pavía, depuso al gobierno republicano. Con su caballo y sus tropas entró en la cámara de diputados, abriendo una periodo de provisionalidad, en el que, sin poner fin formalmente a la República, tampoco se proclamó la institución monárquica.

El gobierno del general Serrano

A lo largo de  1874 se dio una situación de interinidad política, con un gobierno presidido de nuevo por el general Serrano, hasta que el 31 de diciembre otro general, en esta ocasión Arsenio Martínez Campos y de nuevo mediante otro golpe de estado, abrió las puertas de nuevo a  la dinastía borbónica en la personas de Alfonso XII. Se iniciaba de esta manera el periodo de la Restauración.


Bibliografía orientativa

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(Imagen: "La Niña Bonita", de Tomás Padró, alegoría de la I República publicada en la revista satírica La Flaca).