domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Una primicia literaria de Carmen Conde?

Anteayer hice un recordatorio de Carmen Conde. Hoy he decidido reproducir la pequeña obra teatral suya titulada La Luna que se escapó del cielo, que se publicó, quizás por primera vez, en 1938 en el número 13 de la revista Mujeres Libres. No sé si posteriormente se ha vuelto a editar, pero no importa. La localicé hace unos años en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, cuando preparaba el libro Anarcofeminismo en España, y ahora he decidido sacarla a la luz. Sí he aclarar que he hecho una pequeña corrección de estilo desde el texto original (algunas tildes, comas y erratas). 





La Luna que se escapó del cielo 

Carmen Conde  


LA LUNA.- Muy buenas noches, amigos (Por donde anda va una gran luz, rodeándola).

EL ABUELO.- (alargando las manos) ¿Quién entró?

LA LUNA.- Soy la Luna.

NIÑOS y NIÑA.- ¡La Luna! (maravillados).

EL ABUELO.- ¿Qué dice? ¿La Luna?

LA LUNA.- Sí; no te alarmes (dando vueltas). ¿No enciendes la lumbre, Rafaelito? Hace fío dentro de la casa

NIÑA.- (recobrándose). ¿Es que en el cielo no hace frío cuando va usted y viene sola?

LA LUNA.- No, porque entonces las estrellas me envían puñaditos de calor para sostenerme.

NIÑO.- ¿Y cómo dejó usted el cielo y se vino?

LA LUNA.- Porque soy franca; mirad (los arrima), ¿qué veis?

NIÑO.- Un aro flotando en el cielo.

LA LUNA.- Mi sitio. Es que hay eclipse hoy; el Sol me mira por detrás de la Tierra,  y me harté y vine con vosotros. ¿Os doy miedo?

NIÑA.- (suspirando) No, señora. Siéntese.

LA LUNA: (moviéndose con su luz redonda). Gracias; prefiero ver qué tenéis aquí.

ABUELO.- Señora Luna… señora Luna.

LUNA.- ¿Qué quieres, hombre? Habla sin miedo.

ABUELO.- No tengo miedo, es que me acordaba de cuando enseñaba a mis nietos a llamarla:
“luna, lunera,
cascabelera”.
¿Se acuerda usted? Ellos jugaban a la rueda en el patio, y usted se balanceaba en los hierros del aljibe, riéndose de la cancioncilla.

LUNA.- Entonces era verano. Yo salía por encima del monte, roja, roja…

NIÑA.- (interrumpiéndola). Y conforme iba usted subiendo la escalerita del cielo se ponía blanca, blanca…

NIÑO.- (interrumpiéndola). Y cuando llegaba arriba del todo, empezaba a andar, a andar, con bufandas de nubes, con pedacitos de estrellinas en los ojos… (Enciende el fuego).

ABUELO.- (sonriendo). Yo no veo, pero ellos me iban contando lo que ocurría. “¡Abuelito! Ahora vienen muchos elefantes de nube, y van a comerse a la Luna”. Luego, cuando usted salía limpia y alegre de entre aquellas nubes feroces, ellos me gritaban: “¡Ha ganado, ha ganado la Luna!”.

LUNA.- (satisfecha). Por eso que sé cuánto me quieren, he venido a verles, y a contarles cosas. ¿Si quisieran venir conmigo!

ABUELO.- (alarmado). ¿Y yo? ¿Qué voy a hacer yo solo y ciego?

NIÑA.- (entusiasmada) ¡Qué se quede Rafaelito! Diga usted, señora Luna, ¿me llevaría de la mano por el cielo?

LUNA.- Sí que sí.

NIÑA.- ¿Y sería yo una estrella con cola muy brillante?

LUNA.- Sí que sí.

NIÁ.- (loca de alegría) ¡Ay, que me voy, que me voy con usted! (Resuelta). Vámonos.

NIÑO.- (despechado) Yo, no; yo, no.

LUNA.- Porque no quieres, tonto.

NIÑO.- (esperanzado). ¿Me llevarías?

LUNA.- ¡Claro que sí!

NIÑO.- ¿Y sería yo un lucero muy grande que va siempre contigo?

LUNA.- Lo serías.

NIÑO.- (anhelante). ¿Y andaríamos los dos por todo el cielo, el uno con el otro, solitos, venciendo a las nubes y el viento?

LUNA.- (sonriente). Todo lo que quieras seríamos nosotros.

ABUELO.- (sollozando). ¡Ay, ay, ay!

NIÑA.- ¡Abuelín, abuelín mío! ¿Por qué lloras tú?

ABUELO.- (desconsolado). ¡Porque os vais con la Luna y me dejáis solo y ciego en el mundo!

NIÑO.- (apenado). No llores más, que no nos iremos.

LUNA.- No te aflijas, hombre; no se vendrán.

NIÑO.- (lo besa y se asoma a la ventana). Allí está tu aro, rueda que te rueda por el cielo.

LUNA.- ¿Qué hay en la ventana?

NIÑA.- Rosas.

LUNA.- Yo las volveré de plata.

NIÑA.- ¡No, que entonces no olerán!

NIÑO. ¡Silencio! ¿No oís un ruido sordo que viene poco a poco? 

ABUELO.- Yo lo oigo desde que vino la Luna.

NIÑA.- (asustada). ¡Es el mar que corre hacia aquí, todo el mar!

LUNA.- Ya comprendo. Es que como yo tiro del mar, pues vendrá hasta donde estoy.

ABUELO.- ¿Y nos ahogaremos?

LUNA.- Me iré, descuida.

NIÑA y NIÑO.- ¡Señora Luna! (suplicantes).

LUNA.- ¡Adiós! Si no me voy, os ahogará el mar.

EL MAR.- Uum.

ABUELO.- Váyase usted pronto, que yo soy ciego y no sé nadar.

LUNA.- ¡Adiós! (Desaparece por la chimenea).

NIÑA.- ¡Mírala, Rafaelito, cómo sube la escalerita del cielo! (asomados a la ventana).

NIÑO.- Abuelo, ya estamos solos los tres.

ABUELO.- ¡Qué miedo pasé por si os ibais con ella!

NIÑA.- (pensativa). Ser estrella y llevar cola de luz por el cielo!... (Suspira).

NIÑO.- (íd.) Ser lucero y acompañarla siempre por el cielo (íd.).
(En la puerta se oyen unos golpes secos: troc, troc, troc).

ABUELO.- ¿Quién será?

NIÑO.- ¡Pase quien llama!

ASTRÓNOMO.- (entrando vestido con túnica larga estrellada y cucurucho, desesperado) ¿Han visto a la Luna, que se me perdió hace media hora y no la encuentro?

NIÑA.- Venga usted a la ventana, señor astrónomo, y la verá. (El astrónomo saca su catalejo y la contempla).

NIÑO.- Se fue de aquí hace tres minutos.

ASTRÓNOMO.- (consultando su reloj). Justo: el tiempo que yo tardé en subir las escaleras. Muchas gracias. Buenas noches (Sale).

ABUELO.- (respirando) ¡Buenas las pasamos! Rafael, Candelita (ellos se acercan), ¿cómo era?, ¿de qué vino vestida la Luna? Hace muchos años que no la veo…

NIÑA.- Sólo traía la cara, abuelo: muy blanca, redonda, casi transparente.

NIÑO.- Parecía de rosas blancas, y de agua ligera. Me gusta mucho, más que la lumbre.

NIÑA.- Alguien sube, ¿oís? (Se abre la puerta y entra una flor muy grande, balanceándose).

ABUELO.- ¿Quién es?

FLOR.- (con voz dulce). Soy una flor que se le cayó a  la Luna cuando volvía a su sitio y que me vengo donde ella estuvo.

NIÑA.- ¡Qué bien huele, abuelo!

NIÑO.- ¡Qué hermosa es, abuelo!

ABUELO.- (alargando sus brazos). ¿Dónde está? Será la flor que la Luna cogió del patio donde jugabais cuando pequeñitos, una noche que yo regaba la tierra.

FLOR.- No puedo sostenerme sin agua: colocadme en un vaso.

NIÑA.- (la lleva junto a la ventana y la reclina allí). Para ti no tenemos vaso, eres muy grande; te hace falta un río.
(Un rayo de luna viene por la ventana y se vuelca en el suelo, formando un río estrecho, de cristal).

FLOR.- La Luna me cuidará.

ABUELO.- Venid, hijitos, a mi lado, tengo miedo.

NIÑA.- Te queremos mucho, abuelo.

NIÑO.- No temas nada.
(Un gallo, afuera: ¡Ki, ki, ri, ki!).

FLOR.- (se achica hasta quedarse del tamaño natural y cae).

ABUELO.- ¿Es el Sol?

EL SOL.- (entrando por la ventana). ¡Esa loca se escapó y vino a asustaros! Ya estoy yo aquí: ¡tened confianza en mi fuerza!

ABUELO.- (levantándose y avanzando). ¡Sol, Sol!

NIÑO.- (yendo a un rincón y durmiéndose). ¡Sí, pero ser lucero e ir con ella!…

NIÑA.- (acostándose junto a la chimenea). ¡Ser estrella y llevar cola de luz!...
(el gallo: ¡Ki, ki, ri, ki!).
(se asoma por la ventana y mueve la cresta muchas veces).