lunes, 23 de febrero de 2026

Dos reflexiones de 1981 al calor de la intentona golpista del 23 de febrero


Han pasado 45 años. Fue durante la tarde de ese día, cuando se estaba celebrando la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. Hacía poco que Adolfo Suárez se había visto obligado a dimitir. Desde las alturas del poder ya no les servía. El rey de entonces y hoy emérito, Juan Carlos I, jugó su papel para que se apartara. En su partido, la UCD, habían surgido grandes disensiones, de manera que cada vez se iba viendo más solo. Entre los círculos militares con apego a la dictadura no dejaban de organizar tramas involucionistas. Y desde los EEUU no creían que fuera la persona idónea para completar sus planes en la plena integración de nuestro país en la estructura de la OTAN. 

Durante esos días hice dos reflexiones por escrito sobre lo ocurrido, mientras iban circulando muchos rumores. La primera, a los cuatro días:  

"El intento de golpe de estado fascista que hace cuatro días nos amenazó, aún colea. Ya tendré tiempo, creo, de extenderme más sobre el tema. Ahora sólo quiero trazar una serie de líneas que puedan servir, más que como conclusiones, de interrogantes. Los medios de comunicación, el estado y los partidos parlamentarios tratan de interpretarlo como un golpe a la democracia. Sin embargo, fue este mismo estado, su gobierno y los partidos parlamentarios los que no hicieron nada para atajarlo. La 'Operación Galaxia' o las razones que obligaron a dimitir a Suárez, conocedor del intento, nos muestran el poco interés [del gobierno] por sofocar la sublevación contra la democracia o, en el caso de la 'oposición', las presiones que hayan podido ejercer para denunciar públicamente las maniobras y exigir una depuración seria. A mi modo de ver el golpe en sí no va contra el concepto abstracto de democracia. No está exento de estar inmerso en la lucha de clases. De hecho, hoy se está utilizando para forzar a la 'oposición' a apoyar una derechización del gobierno so pretexto de salvar a la democracia. Yo me pregunto: ¿a quién le interesa el golpe fascista? ¿No se ha dicho que la 'democracia' supone una forma de dominación más acorde a los nuevos tiempos y requisito indispensable para poder tener la burguesía española más dinámica relaciones con la europea? A mi modo de ver el fascismo (de cualquier tipo: a los años 30, a lo Franco o a lo actual) es una forma de dominación del gran capital financiero que se utiliza cuando se necesita, cuando peligra su forma de dominación. Aquí, en España, la herencia de 40 años de franquismo ha dejado sus secuelas y se tienen que dejar sentir. Pero hay más: yo no me creo que las supuestas intenciones de los golpistas de suspender ciertos artículos de la Constitución, acabar con el terrorismo de forma contundente y devolver el poder a los civiles con unas elecciones sean las únicas. En España, en la lucha contra el fascismo, ha surgido una generación de cuadros forjados en su lucha que tienen la suficiente capacidad como para potenciar, o al menos ser el embrión, de futuras bases de lucha contra el sistema. Contra ésos iría dirigido el golpe. Conseguido eso, harían falta muchos años para volver a reconstruir lo perdido" (27-02-1981).

Ya en el mes de marzo escribí un artículo para la revista Voz Universitaria. Era una publicación que habíamos puesto en funcionamiento estudiantes de varias facultades salmantinas y que tenía la finalidad de dejar constancia de nuestras inquietudes. 

"Todavía sigue coleando el tema de la intentona golpista del pasado febrero. Mientras vamos teniendo la impresión de que no todos los golpistas serán castigados y que los detenidos serán tratados benévolamente (con los riesgos trágicos que ello conlleva), nos vamos enterando cada día de más datos sobre su extensión y sus objetivos. Aunque en otras partes de la revista se trate el tema en su conjunto, hemos de resaltar en este artículo uno de esos objetivos, por afectarnos de lleno a los universitarios y, en concreto, a todos los que pretendemos cambiar esto.

Según una información de la revista Sábado Gráfico, uno de los puntos de una supuesta junta cívico-militar a formar sería el de detener a todas aquellos estudiantes de tendencia izquierdista. Que un órgano de información lo diga, ya es importante (se dice que en nuestro país el rumor es la antesala de la noticia) y máxime esa revista, que no es nada sospechosa.

¿Qué supone este punto represivo? Además de reconocer la importancia de la Universidad como un lugar donde la oposición a todo tipo de golpismo y fascismo sería casi seguro (no olvidemos que durante el franquismo jugó un papel muy importante para su caída), significaría, nada más y nada menos, que todos aquellos estudiantes que no nos conformamos con el sistema nos ofrece, con lo que la Universidad nos da y con lo que sus rectores nos escatiman, cometemos delito. Que todos los estudiantes que queremos cambiar lo que nos rodea, para hacerlo accesible a todos, menos injusto, más solidario y más participativo, cometemos delito.

Ya sabemos lo que nos espera a los estudiantes inquietos y rebeldes, que hablamos en las asambleas, pegamos carteles, participamos en coordinadoras o nos manifestamos en la calle. Todo lo que hicimos y hagamos, es delito. Quizás nuestra misión [debía haber] sido la de callar y bajar la cabeza, copiar apuntes como borregos, dedicarnos a organizar 'pasos del Ecuador' y 'viajes fin de carrera', y, como máximo, dirigir unas asambleas para fijar las fechas de los exámenes y luego decírselo al profesor.

Fascistas puros, enemigos del saber y de la cultura, asesinos de vidas y de esperanzas, chantajistas y cobardes, eso es lo que son los golpistas y sus cómplices. Y desde aquí, con el rasgo más fuerte de nuestra escritura, y desde las aulas, con la voz más fuerte de nuestras gargantas, nos opondremos a cuantos intenten forzar la soberanía popular y privarnos de la libertad con la fuerza de los tanques" (Voz Universitarian. 2, marzo-abril de 1981).