El pasado viernes Bonanza acogió al presentación de mi libro Manuel Abel Romero (1905-1936): más sobre sobre la vida y el asesinato del maestro de Zahara de los Atunes. Tuvo lugar en el salón de la Asociación de Mujeres Ager-Veneriensis, cuya presidenta, Loli Rodríguez Galán dio la bienvenida a las personas asistentes. Ifigenia Bueno, del Foro por la Memoria de Sanlúcar de Barrameda, fue la encargada de hacer la presentación del libro. Éstas fueron sus palabras.
"Buenas tardes a todos y todas, os doy la bienvenida a Jesús Montero, autor del libro y a Francisco Guerrero, compañero memorialista de la Mancomunidad de la Janda.
No estamos hoy en Bonanza simplemente para presentar un libro, ni para cumplir con un acto cultural más en la agenda. Estamos aquí para nombrar una injusticia, para traer al presente una historia que fue silenciada de forma deliberada y que sigue sin una reparación real.
Porque la memoria democrática no es una cuestión del pasado. Es una tarea
pendiente del presente.
El libro que hoy presentamos, Manuel Abel Romero (1905–1936), nos habla de una persona concreta, con nombre y apellidos, pero también de algo mucho más amplio: de la violencia política organizada que el franquismo ejerció contra quienes representaban la educación pública, el pensamiento crítico y la dignidad de la escuela republicana.
Manuel Abel Romero nació aquí, en Bonanza, en 1905. Fue maestro en Zahara de los Atunes. En agosto de 1936, mientras se encontraba de vacaciones en su casa familiar de este barrio, fue detenido y posteriormente asesinado en Puerto Real.
Conviene decirlo con claridad, sin eufemismos ni excusas históricas: no lo mataron por estar en el lugar equivocado ni por el caos de una guerra, lo asesinaron porque era maestro, porque era republicano y porque formaba parte de una escuela pública que enseñaba a pensar.
Ese fue su delito.
Y el propio prólogo de este libro lo deja muy claro. Dice así:
“Sabíamos que Manuel Abel Romero fue asesinado durante el llamado ‘verano caliente del 36’, un hecho reconocido desde el primer momento por las propias autoridades golpistas, que lo justificaron mediante la aplicación del bando de guerra. Sabíamos también que, incluso después de muerto, fue sometido a un proceso de depuración profesional que concluyó con su expulsión del cuerpo de Magisterio”.
No solo lo asesinaron. Lo borraron administrativamente. Necesitaban que no constara ni siquiera como maestro, porque la educación pública era uno de los principales enemigos del nuevo régimen. La depuración post mortem es una forma de violencia de Estado continuada
El franquismo entendió muy pronto que para imponerse no bastaba con ganar militarmente. Había que destruir la educación pública, eliminar a quienes enseñaban a leer el mundo con espíritu crítico, a quienes abrían horizontes a los hijos e hijas de la clase trabajadora.
Por eso la represión contra el magisterio fue sistemática. No fue una suma de excesos ni de venganzas personales. Fue una estrategia política consciente: depuraciones, expulsiones, cárcel y asesinato. Eliminar a los maestros era una forma de castigar al pueblo entero.
Cuando se elimina al maestro, no se silencia solo a una persona: se condena a generaciones enteras a la obediencia, al miedo y a la ignorancia.
No es casual que este acto se celebre aquí, en Bonanza. No estamos en un lugar neutro. Estamos en un barrio popular, marinero, obrero, en el lugar donde nació Manuel Abel Romero y del que fue arrancado. Volver a nombrarlo aquí es un acto de reparación simbólica, pero también de justicia.
Queremos agradecer de manera especial a la Asociación Ager Veneriensis Bonanza, no solo por la cesión del local, sino por su compromiso con la memoria democrática y con la dignidad de este barrio.
Agradecemos también a la Mancomunidad de La Janda y a la Diputación de Cádiz su apoyo a la publicación de este libro, recordando algo que no deberíamos tener que repetir: la memoria democrática es una obligación de las instituciones públicas, no un favor ni una concesión.
Y, cómo no, a todos los familiares de Manuel Abel, que han sabido guardar su
memoria, y con sus testimonios, documentos y la investigación en archivos, han servido para poner nombres, fechas y responsabilidades, y eso es esencial, porque sin verdad no hay justicia y sin justicia no hay reparación.
Con este acto no solo presentamos un libro. Reivindicamos a Manuel Abel Romero y a tantos maestros y maestras represaliados por un régimen que quiso destruir la educación pública para dominar conciencias.
Mientras haya fosas sin abrir, víctimas sin reconocer y discursos que blanquean el franquismo, nuestra democracia seguirá siendo incompleta.
La memoria no se hereda.
La memoria se ejerce.
Y hoy, aquí, en Bonanza, estamos ejerciéndola.
Muchas gracias".
(Fotografías: Felisa Rico Amores).

