Ayer estuve en Bonanza, Sanlúcar de Barrameda, presentando el libro Manuel Abel Romero (1905-1936): más sobre su vida y asesinato. El acto estuvo organizado por el Foro de la Memoria Democrática de Sanlúcar de Barrameda y se celebró en la sede de la Asociación de Mujeres Ager-Veneriensis. Su presidenta, Loli Rodríguez Galán, dio la bienvenida a las personas asistentes, que llenaron el salón.
Tuve la compañía y el calor de Cristina, de su padre, Eugenio Abel Maroto, sobrino del maestro, y de numerosos familiares, que, además de Sanlúcar, se desplazaron desde distintos lugares: Chipiona, Huelva, Almonte, La Rinconada, Madrid... También estuvieron Ifigenia Bueno y Eugenio Pérez, miembros del Foro sanluqueño, y Paco Guerrero, vicepresidente de la Mancomunidad de La Janda.
Ifigenia Bueno fue la encargada de hacer la presentación del libro, cuyo contenido reproduciré en otra entrada.
En mi intervención fui exponiendo a grandes rasgos el contenido del libro: sus orígenes en Bonanza; su dedicación a la enseñanza como maestro desde 1930, primero en Fonteta-Alllande (Asturias) y luego, desde 1931, en Zahara de los Atunes; su entrega en favor de las personas humildes, sus amistades y hasta sus problemas en el pueblo costero gaditano; su detención el fatídico 22 de agosto de 1936 en Bonanza, cuando disfrutaba de sus vacaciones con la familia, por un carabinero de Vejer de la Frontera conocido como "el Choco"; su inmediato traslado a Puerto Real, en cuyo término municipal lo asesinaron e hicieron desaparecer; el hecho de que un día antes fuera asesinado en Barbate Francisco Tato Anglada, alcalde pedáneo, sobre lo que se ha manifestado que fue llevado a cabo por un carabinero con el mismo apodo; su depuración como maestro, después de haber fallecido, y finalmente su separación y baja definitiva en el escalafón.
Recordé, así mismo, algunas frases que, por escrito u oralmente, pronunciaron los que fueron responsables de su castigo. Como la que José María Pemán, al frente de la Comisión de Cultura y Enseñanza, reflejó en una instrucción dada en octubre de 1936:
"no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar, a los envenenadores del alma popular primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado de duelo la mayoría de los hogares honrados de España".
O ese informe emitido desde Barbate en enero de 1938, en el que se reflejó que
"fallecio al principio del glorioso movimiento Salvador de España victima de sus yerros"
O las palabras que Pedro Sainz Rodríguez, ministro de Educación Nacional desde enero de 1938, pronunció durante los años de la Transición ante un conocido periodista, dirigiéndose en estos términos a las maestras y los maestros que sufrieron la represión:
"es que era gente muy mala, hijo mío, gente muy mala".
Maestro, tus Sueños ahora son nuestros Sueños; las olas traen hasta tu casa en Bonanza tus ansias de Libertad.
Al final del acto Eugenio Pérez nos hizo entrega a Cristina, como representante de la familia, y a mí de una cerámica del Foro.


